Beyond of Times
by
Aline S.V.
Disclaimer: Como siempre, los personajes de Inuyasha pertenecen a Rumiko Takahashi.
Capítulo XXVI: Everyone against him!
Williams me miró con una sonrisa arrogante cuando tendió ante mí la carpeta con mi último trabajo, no sé por qué, pero supe de inmediato que no había nada bueno para mí este día. Y no me equivoqué, pues al abrir mi ensayo, una enorme D marcada en lápiz rojo sobre la primera plana de mi trabajo… me quería morir, aunque aquello no se lo demostré directamente a él.
Suzanne se inclinó a mi lado, con su trabajo también extendido, con una B marcada de una forma más sutil en el papel. Ella me miró e hizo una mueca.
Le hice una sea para que no comentase nada mientras esperaba a que Williams se alejara lo suficiente para hablar de él sin que este lo notase.
―Revísalo, usa el mío como referencia―dijo, sin muchos preámbulos. Supe de inmediato lo que quería decir: ¿Había sido imparcial al calificarme o su xenofobia había salido a flote? ―su sonrisa no me agradó nada―comentó y yo asentí.
Al dar la vuelta a la primera hoja, Suzanne dejó escapar un pequeño alarido que se perdió con el bullicio del resto y no era para menos, las quince páginas que componían mi ensayo, en su mayoría tenían anotaciones superfluas sobre el tema o simples comentarios racistas ante mi presencia en el instituto.
―Mira, ese párrafo incluso es parecido a este de mi trabajo―señaló con su dedo a una página equis. Una pequeña nota de buena valoración se encontraba sobre este.
―Lo veo―musité.
― ¿Kagome, te sientes bien? ―me preguntó en un susurro. Supuse que estaba pálida, aunque más tenía presente que me picaban los ojos y en cualquier minuto me iba a poner a llorar.
¡¿Al tipo qué le importaba si mi familia era o no china, qué le importaba el motivo por el cual estaba en Canadá y cómo se atrevía a decir que seguramente le había hecho favores a alguien para entrar a la institución?
La rabia me tomó por sorpresa, nunca había sentido ese cúmulo en mi ser desde que me enfrenté por primera vez a Naraku.
―Dime si hice o dije algo para que se las tomara conmigo―dije despacio y con un tono tan amenazador que Suzanne se estremeció a mi lado.
―No, de hecho, has pasado de sus burlas y sus falas de respeto por completo―chasqueé la lengua.
Maldito arrogante narcisista, claro, tantas veces lo había ignorado que se las veía conmigo.
―Maldito imbécil―se escapó de mi boca en un siseo.
―Kagome…―advirtió mi amiga, sus ojos hicieron una seña a Williams, que volvía a acercarse para entregar otro trabajo.
Oh, claro que no, ahora iba a conocer a Kagome Higurashi.
La Monstruosa Kagome Higurashi.
― ¿Kagome? ―escuché a mi amiga tragar duro, sin embargo, no la tomé en cuenta cuando me puse de pie.
― ¿Sucede algo, señorita Higurashi? ―Williams, maldito mentecato y, aún más, cínico. Más encima, el tono, el tonito despectivo con el que dijo señorita… lo iba a matar.
―Sí, tengo un reclamo―dije sin mayor preámbulos. El hombre se giró con una sonrisa arrogante y el salón se sumió en el silencio.
― ¿Se podría saber cuál es o sólo es un berrinche por su baja calificación?
― ¿A usted qué le interesan los motivos por los que vine desde Japón a Canadá? ―contesté con la misma voz fuerte y clara que me caracterizaba cuando me enojaba―le voy a decir al señor Williams, si va a calificar un trabajo sólo por la calidad racial del estudiante, entonces no merece estar aquí sonriendo como un hipócrita.
Al hombre se le borró la sonrisa de la cara para dar paso a una expresión amenazante.
―No tiene justificación para decir eso, su trabajo está...
― ¡Mi trabajo y una mierda! ―respondí en un grito que lo calló―la única razón por la que no he recibido una F es porque usted no encontró más excusas para darme esa nota, ¿cómo es posible que por un pues mal ubicado me joda todo un párrafo sin tomar en cuenta el contexto?, ¿y cómo se atreve a siquiera insinuar que soy una puta o denigrar a mi familia?
―Usted no está calificada para demandarme nada, Higurashi.
―Eso es lo que usted cree―respondí.
El hombre rió sin gracia y negó la cabeza.
―Su escándalo sólo me da a entender que es una chiquilla caprichosa y el insulto también merece un castigo―una sonrisa se expandió por su rostro.
Suzanne tomó la manga de mi abrigo de inmediato.
―Kagome, discúlpate o será peor―me advirtió. Sólo volteé a verla un segundo, pero bastó para que ella me soltara y se encogiera en su asiento.
―Una F quedará bastante bien en su expediente.
―Hágalo, mi calificación es lo de menos, porque yo no pararé hasta que usted se arrodille y pida disculpas por su mala práctica―dije en total confianza.
―No logrará nada, muchacha―asintió. Recordé el incidente que me habían contado mis amigos el primer día que salí de este salón, sin embargo, también sabía que no valía la pena quedarse callado. Mi orgullo me lo impedía, inclusive, mi honor me pedía a gritos que me hiciera valer.
―Más vale intentarlo que quedarse callado, como lo han hecho tantos a los que ha pisoteado―dije.
Suzanne y los mellizos me taparon a palabra suelta por los pasillos, exclamando lo loca que estaba al intentar enfrentarme al sujeto ese, más aún, me recordaban una y otra vez el incidente de aquél chico, sin embargo, me centré en guardar en mi mochila con sumo cuidado la prueba de la falta de respeto por parte del profesor.
― ¿Hay alguien en este instituto que sepa de biología, aparte de ese? ―pregunté al llegar a mi casillero.
―Kagome… ―volvió a decir Suzanne.
― ¡Ya basta! ―rugí― ¿cómo pueden, simplemente, dejarlo pasar? ―comenté con enojo― cada calificación negativa que reciban les perjudicará en su acceso a la universidad o en la obtención de becas, ¡¿cómo pueden dejar que él les joda una posible oportunidad por una estupidez?
―Kagome, no se trata de eso―dijo Leila―es peligroso, sabes, puede suspenderte y el director, además, lo apoya completamente. La situación podría perjudicarte más.
―He estado en situaciones de vida o muerte antes, Leila―recité. La chica me miró con ojos desorbitados― ¿qué, realmente creían que siempre volvía a casa sin un rasguño? ―me reí sin gracia y continué―no podría contar las veces en que estuve a punto de morir envenenada, quemada… incluso descuartizada. Me extrajeron el alma varias veces, me he quemado con ácido, me han cortado con espadas y flechas, me han sometido a maltratos psicológicos peores a los que Williams provoca y aún estoy viva―mis amigos me miraron sin decir una palabra―pero por sobre todo, hay algo que no permito… mi familia es mi familia y se respeta.
― ¿Cuál era tu pregunta anterior? ―musitó Samuel.
― ¿Hay alguien en el instituto, aparte de Williams, que sepa de biología? ―pregunté.
―El profesor de química, el señor McGregor―salté en mi puesto y me giré― ¿por qué necesitas a alguien que no sea Williams? ―preguntó mi prima. Ni cuenta me había dado de que estaba allí. Inuyasha, con una mirada bastante extrañada, y el resto estaban allí.
― ¿McGregor, el viejo que está por jubilar? ―Keiko alzó una ceja, se le veía a leguas que no le agrada el apodo que Samuel le había dado al señor.
―Sí, ese viejo tiene dos títulos de docencia―dijo con sorna.
― ¿Dónde está ahora? ―dije mientras guardaba el cuaderno para la próxima hora.
―En su oficina, supongo―respondió― ¿podrías explicar por qué lo necesitas?
―A Kagome le ha sacado el demonio por unas faltas de respeto que escribió sobre ella y su familia.
Keiko miró a Suzanne sorprendida y luego el rojo inundó sus mejillas.
― ¿Qué clase de faltas de respeto a nuestra familia? ―dijo.
― ¿Qué ha dicho sobre ti? ―la mandíbula de Inuyasha estaba tensa y no era para menos, alguien me había insultado… yo era su esposa, su compañera eterna y así como yo no iba a dejar nadie le pasara encima, él tampoco dejaría que alguien lo hiciera conmigo.
―De toda clase―respondí sin preámbulos―necesito que me lleves con él.
―Dalo por hecho―respondió Keiko―movámonos antes de que inicie la siguiente clase.
La campana del fin del receso sonó, sin embargo, el hombre; anciano mejor dicho, siguió con la vista fija en mi trabajo. Ambos estábamos solos en su oficina, el resto estaba afuera esperando por mí. Era lo correcto que entrara yo sola, después de todo, soy yo la que necesita la opinión de un buen profesor.
―Si le soy sincero, señorita… ―musitó con una voz potente, incluso para su edad.
―Higurashi―respondí.
―Señorita Higurashi―completó―su trabajo está para una B positiva y está claro que el señor Williams no fue imparcial al calificar su ensayo―sonreí―y no puedo dejar pasar el hecho de que ha puesto… cosas, en sus correcciones, bastante ofensivas hacia su persona. ¿Me ha dicho antes que por reclamar le ha de anotar una F?
―Así es―asentí―quiero reclamar al director por la práctica del profesor Williams, pero me han dicho que la situación puede revertirse, no sé si usted conoce el caso de este estudiante que reclamó hace unos años por la misma situación…
―Sí, conocí al joven Hansen―asintió―lástima que no lograra nada con ello, el chico era brillante, él también tomaba química conmigo.
―Supe que se cambió de instituto.
El hombre suspiró cansado.
―Así es, el joven Hansen, decidió que era mejor así, pues el siguiente año iba a tocarle de nuevo tomar clases con el profesor Williams, y su posición económica no le permitía perder una beca por malas calificaciones―tragué duro.
― ¿Por qué usted no tomó el puesto de profesor de biología? ―el hombre rió suavemente.
―Porque me incorporé a esta institución, dos años después de Williams, nada ni nada menos―asintió―tengo bastante suerte, eso sí, de tener dos títulos profesionales.
Sonreí.
― ¿Qué debo hacer, señor? ―le pregunté con cuidado, el hombre me miró con ojos brillantes.
―Siempre he estado del lado de la justicia y siempre le he dicho al director que las prácticas del profesor Williams son poco éticas―mi corazón tamborileó―aquella oportunidad, hace dos años, el señor Hansen cometió el error de no reclamar su examen cuando se enfrentó a Williams, en este caso, tienes las pruebas en tu mano―señaló la carpeta y luego la levantó con sumo cuidado hacia mí―si quieres que te de un consejo, deberías plantearle el asunto al director; y por ningún motivo te despegues de tu ensayo, y luego… utiliza todo medio que te ayude a reclamar.
― ¿Internet es una buena opción? ―él sonrió.
―Yo no soy muy amigo de las computadoras, pero sí, es una buena opción―calló un momento y luego dijo: ―por otra parte, cuente conmigo en su cruzada, señorita Higurashi.
El director me miró con el ceño fruncido.
―Está usted perdiendo su tiempo, señorita―asintió para sí―el señor Williams es una de nuestras más brillantes figuras educacionales.
―Eso no le da derecho a ningunear a sus estudiantes ¿o sí? ―rebatí. El hombre, sin embargo, ni se inmutó.
―Entiendo, pero actualmente los jóvenes se han convertido en chicos sin ningún tipo de respeto a sus superiores―lo miré incrédula, ¿en qué lugar me había inscrito para estudiar? ―el señor Williams me comentó que usted le faltó el respeto por una simple D y que su falta de comprensión le valió una sanción. Sin embargo, el profesor me comentó que como usted nunca había le había faltado al respeto, no necesitaba un castigo mayor…
―Castigo mayor… ―musité en son de burla― ¿y qué sanción se le da a él por comentarios racistas y despectivos hacia un alumno?, ¿acaso eso no cuenta?
―Claro que cuenta.
―Entonces, demuéstrelo.
―Señorita Higurashi―dijo mientras su mano volvía a deslizarse por la primera plana de mi ensayo, al que le había dado un vistazo por encima―a usted la he aceptado en nuestra institución, aún a pesar de sus certificados estudiantiles de Japón.
Le miré sin creerlo.
―Es bastante destacada en su instituto previo, creo que se eximió de exámenes con una calificación perfecta en biología el año anterior―yo asentí―aunque llama bastante la atención que en secundaria, sus notas fueran irregulares y bajas…
Fruncí el ceño.
―Eso a usted no le compete―dije y mi mano se lanzó a agarrar la carpeta que él, muy disimuladamente, intentaba llevar hacia él. La retiré del escritorio con cautela, para que no notase mis intenciones reales para conservar mi trabajo.
―Por supuesto que me compete―respondió―es un precedente, podría usted estar pasando por un bajón estudiantil ¿no cree?
― ¿Qué está insinuando? ―mascullé.
―Alguna recaída, drogas, alcohol… quién sabe―dijo sin quitar su vista de la carpeta.
―Yo no tomo, no fumo, ni soy ninguna drogadicta―espeté―lo único que estoy pidiendo, justamente, es que se le den las sanciones correspondientes al profesor Williams por su imparcialidad y por la poca ética que muestra al dirigirse a estudiantes de otras razas.
―Lo cual no ocurrirá―dijo con voz firme―Williams, como dije, es uno de nuestros mejores docentes y no puedo permitir que su imagen quede manchada.
―No―dije―lo que usted está buscando es no tener que admitir que hizo caso omiso a los reclamos de sus estudiantes.
―Señorita Higurashi, no provoque que la suspenda―advirtió.
―Buenas tardes―dije y di media vuelta.
Al cerrar la puerta de la oficina del director, la secretaria me dirigió su vista. No sabía si se compadecía de mí o simplemente estaba atenta a nuestra conversación por metiche.
Caminé hasta la salida, en el pasillo vacío, me encontré con mis amigos reunidos. Inuyasha me abrazó con cuidado para darme apoyo. Seguramente había escuchado todo, él seguía teniendo un oído más agudo que el de la media humana.
Alessa quitó de mi bolsillo un aparato rectangular. Apretó un botón rojo y sacó una pequeña cinta.
―Más tarde probaré la grabación, a ver qué tan bien se escucha―declaró. Yo asentí. Suerte de tener una amiga que tomara la clase de música y se grabara para mejorar.
― ¿Me ayudarás con la campaña en internet, cierto? ―Samuel asintió.
―Esta noche compro un dominio para hacer públicos los reclamos―respondió.
― ¿Alguien sabe dónde está Steve? ―Keiko alzó el rostro, como si se tratara de un resorte.
―Debe estar en el entrenamiento del equipo, creo que tienen partido el viernes.
―Bueno, creo que en estos momentos nos serviría mucho su popularidad―sonreí con malicia.
―Tienes una mente maquiavélica―musitó Inuyasha, a mi lado.
―Tú me conoces mejor que nadie―susurré―esto no se iba a quedar así sin más.
Miércoles 03 de Agosto, 22: 51 hrs.
¡Por fin, tuve un atacaso y mi musa volvió!, espero que se mantenga conmigo, porque aún hay diez capítulos qué publicar y terminar. Lamento el mes y tanto de demora, no era mi intensión, sólo que tuve una sequía literaria (y a cambio me regresó la musa del dibujo)
Un regalo para ustedes Inuyasha sin el encanto: h t t p : / / m o o n l i g h t k a o r i . d e v i a n t a r t . c o m / a r t / I n u y a s h a - B o F - S t y l e - D o n e - 2 4 4 8 6 2 8 3 7 (sólo junten los espacios y espero que lo disfruten)
Próximo capítulo: Stop and say goodbye
