Todos los personajes pertenecientes a Harry Potter son propiedad de JK Rowling, lo único de mi autoría y aquello por lo que puedo exigir reconocimiento es la trama en sí; sin embargo en ningún momento es mi intención comercializar está historia, es un hobbie.
Capítulo 26: ¿La Boda del siglo...?
Clipsham, sábado 21 de junio de 2003
Se despertó más por el sonido del agua corriendo, que por el fulgor de la luz de la mañana que se colaba por las gruesas cortinas de su habitación; aún un poco somnoliento se estiró hacía el lado izquierdo de la cama pero estaba vació y lo suficientemente frío como para concluir que ella llevaba unos cuantos minutos levantada, extraño, Ginny no era de las que madrugaban y no es como si la noche anterior ellos fuesen dormido mucho.
Abrió los ojos con cierta parsimonia y se asombró al ver la hora, vale las once menos veinte de la mañana, era mucho más tarde de lo que se imaginaba, pero era sábado, no tenía trabajo, ni nada que hacer hasta la tarde, motivo por el cual tenía planeado disfrutar de la mañana en esa habitación con su persona favorita, en cuanto ella saliese del baño. La verdad es que no se hizo esperar demasiado, Ginny apareció en la puerta, que comunicaba ambas habitaciones, envuelta en una insulsa toalla, con la piel enrojecida por el agua caliente y el pelo del color del fuego totalmente mojado pegándosele a la piel del cuello y los hombros, inmediatamente le dedicó una de esas sonrisas que podían dejar sin respiración a los mismísimos dioses.
-Buenos días- saludó caminando directamente hacia el vestidor – ¿Te he despertado?- preguntó, aunque su voz se vio amortiguada por el sonido de la toalla con la que se frotaba el cabello.
-no- mintió descaradamente y ella obviamente se dio cuenta, no podía dormir mucho tiempo seguido si ella no estaba a su lado, no importaba lo cansado que estuviese, era un hecho irrefutable –porqué no vuelves a la cama- sugirió Harry con esa voz cargada de mucho más que deseo y promesas de algo realmente maravilloso que reservaba para cuando estaban así totalmente solos. Ginny soltó una carcajada exuberante, que hubiese podido despertar a todo la casa de no haber estados absolutamente solos, hace más de dos semanas que Sopie y Kreacher se iban pronto en las mañanas hacia Bodilandia (Como había bautizado irónicamente al lugar que Ginny había elegido para la ceremonia).
-la verdad Potter, es que no dejas de sorprenderme, creí que desearías un poco de descanso después de lo de anoche…- contestó.
-vamos preciosa, creo que después de tanto tiempo sabes perfectamente que se necesitan mas de…- no terminó la frase por que ella volvió a la habitación enfundada en un par de vaqueros oscuros que se ajustaban como una segunda piel, acompañados sólo por el sujetador de encaje de un tono borgoña que hizo que toda la sangre de su cuerpo circulara hacía un punto en concreto y que sus neuronas dejaran de ser coherentes, ella le sonrió a través del espejo.
-Decías- apremió al tiempo que se colocaba los diminutos aros de plata, que eran más de una niña que de una mujer hecha y derecha, seguidos del brazalete que él le había regalado por su mayoría de edad y el colgante que le dio una playa desierta de las costas australianas casi seis años atrás, y le gustaba que en eso no fuera cambiado, a pesar de que con el paso del tiempo él le había regalado joyas de un valor mucho mayor, ella seguía siendo la misma muchacha sencilla, a la que no le importaba ensuciarse las manos, utilizar sus vaqueros desvaídos que tenía desde los diez y siete y tampoco temía en enfrentársele con ese genio endemoniado que se gastaba, no podía haber hecho una elección mejor en su vida, ni aunque viviese mil años la haría.
-nada- contestó rápidamente -¿A dónde vas?- quiso saber mientras ella se abrochaba una camisa verde esmeralda, casi del mismo color de sus ojos.
-ha llegado un lechuza de una indignadísima Hermione porque habíamos quedado a las nueve, así que llego casi dos horas tarde- explicó a las carreras mientras se colocaba un par de zapatos de tacón imposible y comenzaba meter cosas al bolso.
-Creo que Hermione lo superará, en caso de que eligieras quedarte y pasar el resto de la mañana conmigo…- Ginny le miró de arriba abajo y se obligó a cerrar los ojos mientras denegaba con un gesto de cabeza.
-creo que ya se han roto demasiadas cosas en está boda como para arriesgarnos que haya un noviacidio o como quiera que se diga eso, además tengo una lista de cosas gigantesca por terminar, una de ellas es asegurarme que la nueva cocinera que me recomendó la señora Griffin haya congeniado con mamá lo suficiente como para no tener más problemas con el menú, de allí debo ir a la joyería por las alianzas el señor Treviño ha dicho que tendría las inscripciones para esta tarde.
-¿Quieres que haga algo por ti?- se ofreció.
-Sí, la verdad, podrías llevar a Teddy con Madame Malkins, tiene que volver a hacer unos ajustes en su túnica de gala, has visto el estirón que ha pegado en las últimas semanas, es como si cada vez que parpadeamos creciera dos centímetros.- Harry asintió sabía a lo que se refería su pequeño saltamontes no paraba de crecer. –Te veo en la noche entonces- se despidió ella acercándose a la cama –te amo- añadió después de un beso.
-yo más- aseguró él, devolviéndole el beso, antes de que ella se escapara de sus manos, si seguían así Hermione terminaría convertida en estatua o en un monumento antiguo.
(*)
El lugar estaba arrebozar de brujas y magos elegantes y de realengo, las más nobles y antiquísimas familias se reunían allí, para tomar el té, cerrar tratos de negocios o perder el tiempo entre chismorreos y disertaciones que algunos podrían considerar poco honestas, no era que el lugar les gustase en demasía, es más todas ellas habrían preferido reunirse en un sitió menos encopetado y lúgubre, pero había que reconocer que el saber estar de las gentes que frecuentaban el sitio, les aseguraba una velada tranquila y sin interrupciones y serían pocas las personas que se les quedarían mirando durante horas. Ginny divisó a Hermione junto a Luna en una de las mesas mucho antes de que el servicio reparara en su presencia, sus amigas cuchicheaban en medio del salón rodeadas de magos y brujas con túnicas opulentas que iban y venían de un lado a otro y que miraban con cierta desaprobación su atuendo muggle.
-Señorita Weasley- le saludó un elfo doméstico con la misma simpatía de siempre Riyadh, que así se llamaba el jefe de personal del salón, le sonrió mientras la acompañaba a su mesa, era uno de esos escasos especimenes, que se sentían privilegiados de tener su libertad y adoraba a Hermione por su ayuda. -¿Les acompañarán los señores esta mañana?- cuestionó el elfo cuando estaban a sólo unos pasos.
-No Riyadh, pero yo mataría por un desayuno decente, se que la cocina está cerrada pero…-
-Lo mismo de siempre- le interrumpió el Elfo con una sonrisa elocuente.
-Por supuesto- y con esas dos palabras por parte de Ginny el elfo doméstico desapareció.
-lo siento, lo siento, lo siento- se disculpó cuando al sentarse Luna y Hermione dejaron de parlotear, para mirarla una de ellas se le habría tirado al cuello de haber podido.
-No entiendo como puedes ser tan irresponsable en ocasiones- el reproche de Hermione perdió el sentido ante la mirada picara de Luna y el comentario que acompañó el gesto.
-Espero que nuestra espera, por lo menos haya sido a favor de el mejor polvo de tu vida…- Ginny no enrojeció ante el comentario, estaba acostumbrada a lo directa que podía llegar a ser la ojiazul.
-puedes estar segura que ha sido memorable –Luna soltó una de esas risas elocuentes que algún tiempo atrás habían sido tan frecuentes en ella -¿De que hablabais?- inquirió mientras atacaba el plato de frutas tropicales y queso fresco que había aparecido frente a ella.
-¡Fruslerías!- contestó la rubia encogiéndose de hombros – ¿qué planes hay para hoy?- cuestionó cambiando de tema hábilmente, Ginny les tendió la agenda que la acompañaba a todas partes en los últimos tres meses y que contenía rigurosamente todos los detalles de lo que quedaba por hacer a una semana y media de la boda. –me pido ir a por los regalos para los invitados- la pelirroja la miró sorprendida, teniendo en cuenta que Luna le había recomendado el lugar, era una tienda de artículos de artesanías vendían de todo y siempre piezas únicas, Luna lo había descubierto sólo por que estaba a dos pasos del periódico para el que Dean solía trabajar.
-Vale- cedió Gin, sin hacer alusión alguna a este hecho y Luna lo agradeció.
-Entonces yo iré a la floristería- se ofreció Hermione, cuando la tarea tomó prioridad en la agenda resaltando ampliamente sobre las demás.
-Bien, así yo sólo tendré que ir a la joyería y de allí a la mansión para asegurarme de que mi madre no vuelve loca a mi nueva cocinera…- Hermione y Luna soltaron una risita cómplice, Molly había logrado que las últimas tres se despidieran en unos cuantos días, estaba indignadísima con su hija y futuro yerno por atreverse a contratar a una cocinera cuando ella estaba allí a sólo un palmo de distancia y ni siquiera la perorata de disculpa de Ginny asegurándole que lo hacia sólo para que ella no tuviese que acarrear con tanto trabajo y pudiese disfrutar de todo junto a ella había logrado calmarla, ella seguía en sus treces. Ginny sonrió junto a sus amigas, hasta caer en la cuenta del hombre que se les acercaba.
Un hombre de mediana edad, algo canoso pero de compleción atlética que recordaba a los años en los que había sido un As del Quidditch, Gin le dedicó una sonrisa que él correspondió mientras se detenía junto a su mesa.
-Señor Perry- saludó.
-Por favor Ginevra, que tiene de malo Lionel- le recordó –No sabía que frecuentaras lugares como estos- señaló el hombre, podía haber contestado que su futuro marido había heredado la membresía de su padrino y que ella lo utilizaba como cuartel general para escapar del bullicio y la algarabía que formaba su presencia en Diagon, pero prefirió callar –Aunque he de decir que tu presencia es un soplo de aire fresco entre tanto abolengo y apellido- ella sonrió en deferencia -justo hablaba de ti con Pierre y Gwenong- comentó señalando un par de mesas por delante de la suya, el primero le dedicó un gesto con la mano y una sonrisa que ella correspondió a su vez –podrías unirte a nosotros sólo un entremés o lo que prefieras, si a tus acompañantes no les molesta claro, aun no he tenido el placer de felicitarte como es debido.
-¿Por qué exactamente, Lionel?- cuestionó haciendo énfasis en el nombre.
-por tu boda y por tu premio, no creo que unas flores y una nota sean suficientes para elogiar a la mejor jugadora de mi equipo- vio como Ginny vacilaba ante la manifiesta hostilidad de la capitana de las Holyheads Harpies, por lo que agregó -puede que a Gwenong no le guste la idea pero yo sigo siendo el jefe.- Ginevra miró a sus amigas quienes asintieron quedamente, mientras el hombre le apartaba la silla. Una vez a solas Hermione y Luna retomaron la conversación exactamente donde la habían dejado.
-Definitivamente, un té ¡por Circe! Hermione- bufó Luna por vigésima quinta vez como mínimo –una fiesta del té no es lo que se espera en una despedida de soltera…-
-pero Ginny dijo-
-Ginny dijo- la cortó Luna – Ginny puede decir misa, pero vamos a celebrar su última noche como soltera, nuestro deber como sus amigas es recordarle explícitamente todos lo placeres mundanos a los que renunciará…-
-No está renunciando a nada, va a casarse con un hombre maravilloso…-
-se parcial en esto pero del lado de Gin ¿quieres? no estamos discutiendo si Harry es o no el hombre ideal, si la quiere o si la venera, ni siquiera si son o no la pareja perfecta, porque es más que evidente que es así, se trata de que Ginny disfrute de un último banquete para los sentidos y que al final de la noche vuelva a casa con Ha-rry.- separó el nombre para hacer más énfasis.
-y tú pretendes llevar a un boys a mi casa-
-No tiene que ser en tu casa- le recordó Luna.
-he enviado ya las invitaciones y he encargado el catering, así como también he invitado a Molly, Andrómeda y a mi madre-
-vale, lo haremos a tu manera- cedió Luna – pero al caer la noche, todas nosotras nos iremos al sitió que yo elija y le daremos a Ginny una dosis coherente de los placeres mundanos a los que renunciará en cuanto firme su contrato nupcial.
-como quieras, pero estás como un cencerro-
-es eso lo que me hace tan adorable- refutó Luna antes de que Ginny volviese a unírseles para marcharse. -¿Tan pronto?- indagó la rubia extrañada, no había tardado más de dos minutos.
-me ha invitado a comer, con Aletheia y otras personas a las que quiere presentarme, asi que pongámonos en marcha si he de volver a tiempo…-
(*)
Mientras tanto Harry paseaba por entre la multitud que abarrotaba el callejón Diagón, iban vestidos iguales y fue una mera coincidencia puesto que cuando fue a recoger a Ted a casa de Andrómeda, el pequeño llevaba un par de vaqueros oscuros, camisa gris debajo de la sudadera roja que hacía juego con las deportivas y la gorra y todo ello era una versión en miniatura de lo que llevaba su padrino.
El caso es que pasar tiempo a solas con Ted nunca era un desperdicio, el niño era tan sagaz que se empapaba de todo por mínimo e insignificante que pudiese parecer el detalle en su momento, observaba como la gente le saludaba y que todo el mundo parecía conocerle y respetarle (A Harry) e incluso se había percatado de que la gente tenía una empatía especial hacía él (Teddy) y obviamente tenía un montón de preguntas para hacer ¿Por qué la gente les trataba así? ¿De qué le conocían? ¿Qué tenia él de especial? Eran sólo unas cuantas de la larga lista que tenía para hacer y todas tenían respuesta que en su intento por protegerle y darle una infancia despreocupada y feliz se obligaba a posponer con evasivas "te lo diré cuando seas mayor", era la replica favorita de Harry aunque Ginny resoplaba y miraba hacía otro lado porque no estaba de acuerdo, pero era su historia y era él quien debía decidir el cuando y el como, aunque al parecer Ted no estaba muy de acuerdo con ello, pues no paraba de preguntar cada vez que se encontraban si ya era lo suficientemente mayor.
El caso es que ese día en especial se había levantado meditabundo, pensaba en todas las cosas magnificas y de trascendencia que estaban pasando en su vida y la boda aunque se les había ido de las manos era algo por lo que estaba dispuesto a pasar, sólo por poder estar el resto de su vida con la mujer que amaba y aunque el momento era perfecto y de genuina y total felicidad, en el fondo de su alma no podía evitar desear que Sirius, Remus, el profesor Dumbledore y aun más importante sus padres estuviesen aquí para verlo, una cosa era saber que donde quiera que estuviesen ellos estarían con él en espíritu y que estarían felices por él y otra muy distinta tener la posibilidad de abrazarlos a todos y decirles una vez lo mucho que les amaba.
Teddy le miraba desde su posición sosteniéndole la mano, su padrino estaba algo taciturno esta mañana, cuando normalmente era todo sonrisas y bromas cuando estaban juntos.
-Reese Hale una chica de mi clase dice que la gente que se casa no está triste- comentó obligando a Harry a prestarle toda su atención –y ella sabe mucho de bodas su madre se ha casado ya tres veces- añadió.
-¿y por qué presupones tú que yo estoy triste?- cuestionó Harry devuelta frunciendo el ceño, Teddy se encogió de hombros y siguió caminando.
-Por nada- contestó el pequeño después de un rato en un tono de absoluto desenfado pero con ese aire de sinceridad típico de la inocencia –sólo que ni siquiera hablaste conmigo desde que me recogiste en casa, siempre preguntas por el colé y cosas así-
-lo siento- se disculpó rápidamente -¿Qué tal ha ido el colé esta semana?- Ted lo miró con cara de malas pulgas, ante la que Harry capituló –no ocurre nada campeón sólo pensaba…-
-¿En qué pensabas?- inquirió inmediatamente con esa curiosidad tan genuina que te otorgan los seis años de edad.
-cosas de mayores- contestó Harry, apartándose del camino de dos niños revoltosos que se manchaban la ropa con uno de los pringues de sortilegios Weasley.
-Algún día seré lo suficiente mayor…- bufó Teddy por lo bajo, haciendo que su padrino se riera.
-Pensaba en la vida renacuajo… y en que desearía que ciertas cosas fueran de otra manera…- añadió en un brote repentino de nostalgia y sinceridad.
-ya no quieres casarte con mi titi ¿Ya no la quieres?- las palabras de Ted fueron seguidas de una rotunda y enérgica negación por parte del moreno.
-no cariño, incluso la quiero más cada día que pasa, además tengo la certeza de que ella y tú son dos de las mejores cosas que me han pasado en la vida, el caso es Ted que es complicado me gusta mi vida… pero hay veces que no puedo evitar echar de menos otras cosas que no tengo- el niño le devolvió una mirada confundido y Harry se detuvo y se agachó frente a él para explicárselo –recuerdas el día de la familia que celebro tu colegio está primavera…- el pequeño metamorfago asintió –lo pasamos bien ¿No es así?-
- cierto- aceptó Teddy – ganamos el título de mejor equipo y fuimos lo primeros en la carrera de tres piernas…- agregó con una sonrisa de completa felicidad.
-exacto, tú lo disfrutaste y te divertiste horrores junto con tu titi, tu abuela y conmigo, pero aun así esa noche cuando te metí en la cama y te di el beso de buenas noches me dijiste que desearías que tu papá y tu mamá hubiesen estado en el picnic y que les echabas mucho de menos… bueno es más o menos así como yo me siento ahora- añadió, la reacción de Teddy fue exactamente la misma que él había tenido en su momento le abrazó con toda la fuerza que tenía en su cuerpo y antes de separarse dijo.
-lo sé, pero me tienes a mí ¿Lo sabes?- Harry sonrió, era divertido ver como podían cambiarse las tornas sin son ni ton y que un niño de seis años terminase "consolando" al adulto que se suponía estaba para protegerlo.
-lo sé- afirmó el moreno levantándolo del suelo y poniéndose en marcha de nuevo ante la mirada de los curiosos que empezaban a agruparse sin ningún pudor –que tal si vamos a medirnos esas túnicas y después a por helado de esos que tanto te gustan…- el pequeño Lupin asintió enérgicamente.
-¿Podemos ir a la tienda de astronomía? Había un nuevo telescopio…-
-no sólo iremos a la tienda, compraremos ese telescopio ¿Qué te parece?-
-¡Hala!- exclamó el pequeño aun más ilusionado –y me enseñaras a diferenciar las estrellas, podríamos buscar el cinturón de Orión, la estrella polar y si nos apresuramos podríamos ver a Andrómeda.-
-por supuesto- aceptó Harry.
Casi tres horas después con cinco paquetes distintos en la mano (Las túnicas, los zapatos, el telescopio) y con un niño hiperactivo lo que le recordó escuchar a Ginny la próxima vez que le dijera "no le des tanto azúcar" Harry subía en su coche por acantilado siguiendo el tortuoso camino que llevaba al hogar de sus antepasados, la auténtica y real mansión Potter, una pequeña fortaleza estilo Tudor situada sobre un acantilado a orillas del mar había sido reformada a lo largo de los siglos, para adaptarlas a las necesidades de cada época, asi en muchas zonas la fría roca de la construcción original había sido sustituida por el vidrio que permitía la entrada de grandes ases de luz o en otras zonas había sido recubierta por armazones de madera sobre los cuales crecía madre selva y rosales en un sin fin de tonalidades, confiriéndole a la estructura una apariencia ecléctica que según las dotes de banquero de Bill se vendería de maravilla si esa fuese su intención, el caso es que aunque no la utilizase pensaba que deshacerse de ella se equipararía a desdeñar parte de su historia, al fin y al cabo su padre, su abuelo y una larga lista de etcéteras se habían criado allí, en la que supusó en algún momento tuvo que ser el hogar más acogedor del mundo, aunque realmente le parecía una monstruosidad de lo grande que era, había contado diez dormitorios antes decidir que prefería no saberlo, había tres salones enormes un comedor en que tranquilamente podían caber tres generaciones Weasley al completo y los jardines más hermosos a pesar del relativo abandono el que se había mantenido la propiedad en los últimos años, pero Ginny no la había elegido por todo eso, aunque era la bastante grande para poder acomodar a un regimiento de invitados, lo había elegido por que tenía las vistas más preciosas que podían encontrarse en todo Cornualles, pero sobre todo porque estaba junto al mar y haciendo eco de las mismas palabras que había utilizado cuando aceptó ser su esposa ella lo había convencido diciendo: Todos nuestros grandes momentos han sido cerca del agua ¿lo recuerdas? asi que el mar en toda su esencia, formaba parte importante de todo esto.
En cuanto detuvo el coche Kreacher salió a ayudarle con los paquetes.
-Amo- saludo con una reverencia.
-Hola Kreach- contestó Harry a su vez tendiéndole sólo los tres paquetes más pequeños –ha llegado Ginny ya…-
-no señor, la amita envió una nota diciendo que se retrazaría, que había aceptado comer con su jefe, el señor Perry, pero que estará aquí a eso de las tres…
-gracias Kreacher, puedes dejar esos en el cuarto que se ha destinado para los niños, sobre la cama en la que dormirá Ted y asegúrate de que toma algo decente para almorzar-
-Por supuesto amo- Kreacher hizo una nueva reverencia haciendo desaparecer los paquetes a su destino y después añadió –las señoras están en el salón principal, hablando con la nueva cocinera- Harry asintió –amo Ted- llamó al niño que se puso justo a su lado yendo en dirección contraria a su padrino.
Cuando entró en el lugar, que estaba formado por tres paredes de enormes ventanales que iban del suelo al techo y que daban acceso a los jardines traseros, las señoras, Andrómeda, Molly y una mujer de mediana edad a la que no conocía pero que obviamente era la nueva cocinera, interrumpieron su diatriba.
-ha llegado el novio- señaló Andrómeda desde su asiento mientras el moreno se acercaba, la señora Weasley por su parte se levantó para saludarle en el mismo tono y con la misma efusividad que cuando tenía once años, como la madre que era para él.
-Harry querido- el ojiverde devolvió sin ningún tipo de problema los besos que ella le obsequiaba en cada mejilla y al final le dio uno el la frente -¿Has comido ya? ¿Vino Ginny contigo?-
-no, he venido con Ted- contestó tranquilamente mientras saludaba a Andrómeda con un beso en la mejilla –le he enviado con Kreach para que almuerce algo decente…-
-aparte de los helados y golosinas con los que estoy segura le has alimentando durante la mañana- Harry sonrió sintiéndose culpable.
-y no Molly no tengo hambre, pero gracias de todas maneras.- la matriarca de los Weasley asintió y pasó a hacer las presentaciones debidas.
-Harry cariño permíteme que te presente a la señora Mcklazky – el pelinegro le tendió una mano a la mujer que farfulló un –es un placer conocerlo señor Potter- algo alborozado y tímido al tiempo.
-lo mismo digo- contestó con aquellos modales suyos que hacía que Molly se sintiese orgullosa.
-Andrómeda y yo intentábamos convencer a Philipa, de que un postre como el suflé de chocolates y frutos rojos es un final demasiado extravagante para una cena de cuatro platos, tú que opinas…-
-ese es el postre favorito de Ginny- le recordó.
-lo sé querido, pero no creo que a mi hija, la que por cierto debería estar aquí hace horas, le importe demasiado unas pequeñísimas modificaciones al menú- estuvo a punto de contestar "Otra vez" pero prefirió ser neutral, en esta batalla entre madre e hija el se había convertido en Suiza, sabía perfectamente que Gin odiaba que su madre intentase controlarlo todo y hacerlo todo a su manera, cambiando los planes sobre la marcha, pero sabía también que Molly no actuaba de mala fe, es más todo lo hacia pensando única y exclusivamente en la felicidad de ellos dos.
-Estoy seguro de que tomaréis la decisión más acertada…-aseveró Harry con una sonrisa condescendiente.
-hombres- bufó Andrómeda –puedes tomar decisiones mucho más peligrosas y no eres capas de opinar respecto a que postre servir en la entrega de regalos de tu matrimonio…
-yo pondría el suflé es lo que Ginny quiere- dijo –aunque también dejaría una segunda opción por si alguien quisiese algo distinto- agregó –ahora si me disculpan tengo que arreglar unas cuantas cosas…- se despidió encaminándose rápidamente a la salida, antes de que tuviese que tomar otra decisión de la que sin duda no podría salir tan estoico como en ésta.
Escuchó a Molly decir que su idea sería la mejor antes de salir de la habitación; caminó por los pasillos sin rumbo fijo durante un par de minutos, todas las ventanas de la casa se habían abierto de par en par para que el olor a humedad y encierro desapareciese, Ginny había contratado a un batallón de elfos libres para que limpiasen hasta el último resquicio de polvo e incluso ellos habían tomado parte de la limpieza como en sus peores días en el número doce de Gridmauld Place y fue así precisamente como encontró el lugar hacía el que ahora se dirigía.
Hermione se había quedado extasiada cuando lo encontraron, la mejor colección de libros que ella había visto en su vida sólo por detrás de la biblioteca de Hogwarst y bastante por encima de la suya propia, el lugar era la versión de Hermione del paraíso con libros tan antiguos que estaban escritos en runas imposibles sobre papiro, pero a él le había llamado la atención por otra cuestión, los retratos, eran las fotografías y los cuadros lo que le hacían volver allí una y otra y otra vez, las fotografías que eran un reflejo de la familia que debió haber tenido, sus abuelos bailando a la luz de la luna, su padre junto a Sirius y Remus cuando eran unos crios, pero para ser francos volvía por el único cuadro que estaba habitado por una copia fiel de quien era James Potter a los siete años, el niño estaba sentado frente a una mesa de ajedrez y permanecía enfurruñado y apenas Harry podía estar seguro de que le entendía o que por lo menos era un retrato tan mágico como los que llenaban Hogwarst porque el niño del retrato le seguía con la mirada mientras se paseaba por la estancia, volvía a diario porque esperaba que en algún momento el retrato cambiase de estrategia y hablase con él y también porque tenía la vaga esperanza de encontrar a los habitantes de los dos lienzos en blanco que colgaban a cada lado de el del niño.
Pero tal y como esperaba el niño seguía en su lugar con la cara apoyada sobre el puño y sólo le dedico una mirada antes de concentrarse nuevamente en su partida de ajedrez.
-¿Quieres que juegue contigo?- le hacía a diario esa pregunta y al principio por lo menos se dignaba a mirarle, ahora sólo lo dejaba allí de pie hasta que se marchaba.
-Alfil a A5- la voz le llegó de su izquierda e inmediatamente volteó a mirar a la mujer del retrato, no podía tener más de diez y nueve años, iba vestida de blanco con el pelo castaño rojizo brillando al sol y los ojos marrón chocolate abiertos por la expectación, el pequeño James movió la ficha.
-has tardado mucho- le reprochó.
-y tú has sido un insolente- señaló ella, sin apartar la mirada de Harry –cualquiera diría que no te he enseñado modales…-
-lo lamento mamá-
-no soy yo quien merece las disculpas- dijo dedicándole una sonrisa.
–Lo lamento- se disculpó mirando de nuevo hacia Harry.
–James ha heredado el temperamento de su padre y siempre es igual de amigable con los desconocidos…- el ojiverde no contestó, por lo que la mujer del retrato continuó –yo soy Dorea, Dorea Potter, tú vas a decirme tu nombre o tampoco te han enseñado modales…-
-Ha… Harry, me llamó Harry James Potter.
-¡Harry!- exclamó –me gusta y se te parece mucho James ¿No lo crees?
-Yo no tengo ojos de sapo…- contestó el niño.
-pues déjame decirte cariño, que son lo ojos más bonitos que he visto en años- el ojiverde se la quedo mirando como si fuese un espejismo asi que ella continuó -No va a venir, ¿Verdad? –por un momento no entendió a lo que se refería pero luego se dio cuenta de la forma en que miraba a James y denegó.
-lo siento- parecía que estaban en la hora feliz de las disculpas, estuvo seguro de que se iba a poner a llorar, pero lo único que hizo fue cambiar el peso de un pie a otro, como si estuviese cansada.
-he venido aquí todas las semanas y me he quedado en este lugar durante horas esperando a que vuelva a casa, porque él me prometió que lo haría, volvería a casa y daría un gran baile, porque yo los adoraba y vendría con Sirius y con Remus y también traería a su nueva novia; y venía aquí a esperarlo aunque Dorea, quiero decir mi otro yo me decía que era inútil, supongo que porque cuando pintaron su retrato ella contaba ya con un instinto maternal hiper desarrollado, mientras que yo sigo viendo las cosas con la ingenuidad de los veinte años…- los tres se quedaron en silencio durante un rato –sabes que cuando Dorea murió, él sólo tenía diez y ocho años, diez y ocho años y lo dejamos solo y él vino aquí y se paró igual que tú, en el mismo lugar y me dijo que me odiaba por hacerle esto, que no tenía derecho alguno para abandonarlo y se nos partió el corazón por igual a las dos. Cómo se supone que he de decirle que nuestros peores temores se han hecho realidad después de tanto tiempo y que ya no hace falta que le espere porque se ha ido, ella siempre ha sido fuerte pero la voy a destrozar ¿sabes?- no había llorado una sola vez, supusó que porque era un retrato un recuerdo fugaz de alguien, pero su cara había perdido la sonrisa con la que lo recibió.
-¿Hay más retratos?- la pregunta salió de la boca de Harry sin darse cuenta.
-Sí- contestó ella –James los escondió para que estuviesen a buen recaudo, dijo que era una medida temporal, pero los desmontó uno a uno, siglos y siglos de historia y nos apiló a todos en la sala de las señoras.
-¿Dónde está?- quiso saber él de inmediato.
-¿para qué? ¿Ya qué sentido tiene?-
-para mi todo… quiero verlos a todos, quiero conocer mi historia, quiero ver a la abuela y al abuelo y…-
- eres igual que tu padre ¿No es así?- era una pregunta retórica –bien si estás dispuesto a enfrentarte con décadas de polvo, sígueme, voy a mostraste el pasado, pero tú me hablaras del presente y del futuro- apuntó –a las dos nos encantará escucharte.- y cuando ella se apartó esta vez dejo al descubierto una puerta que él no había visto antes.
(**)
-entonces ¿Crees que podrás hacerlo?- Hannah le lanzó una mirada ofendida
-sé que podré- contestó la pelirroja tomando apuntes detallados de lo que Luna acababa de pedirle.
-gracias…- dijo la ojiazul apretándole la mano brevemente –se que soy la persona más horrorosa del mundo por pedirte algo como esto cuando tu boda está a sólo unos días pero…-
-basta por Merlín, no es nada; además Ginny también es mi amiga y es un placer poder ayudar en algo…-
-no te compliques demasiado vale, sólo algo sencillo para acompañar a los litros de alcohol; Hermione ha preparado un catering para el tiempo que estemos en su casa.-
-bien entonces será algo ligero y exquisito del tipo nutritivo y sin calorías como le gusta a Ginny…- Luna rió junto a ella.
-Cuéntame ¿Cómo te va todo? ¿Has entrado ya en la etapa voy a matar a cualquiera que se interponga en mi camino o sigues con las risas histéricas y los momentos al borde las lagrimas?
-la verdad es que sigo pensando que el mundo es maravilloso y que no hay un sólo problema que no pueda solucionar mañana- Luna estaba sentada frente a ella en la barra del Caldero Chorreante, pero Hannah hacía veinte cosas más mientras mantenían esta conversación…-
-así que por el momento no hay ningún ataque neurótico…-
-no, supongo que es por que no tengo ningún tipo de presión, Augusta se ha encargado del lugar, las flores, la comida y de organizar a los invitados y Justin ha ido conmigo a todas las pruebas del vestido, sinceramente es el mejor amigo que una chica pueda tener, así que mi única preocupación por el momento es que Neville termine cambiando de opinión y decida que no puede casarse conmigo…-
-cosa que no hará, porque te adora…-
-en ocasiones yo no sé si creerlo…-Luna la miró fijamente con las cejas levantadas de forma escéptica –A ver, no es como si creyera que no me quiere, porque sé que me quiere, es que en ocasiones siento como si hubiese un muro enorme entre nosotros ¿Sabes? Es como si a pesar de que esté justo a mi lado nos separarán kilómetros y kilómetros de distancia.
-disculpa que te quite la ilusión, pero Nev es así con todos nosotros, tiende a aislarse del mundo.-
-contigo parece hablar de todo…- le recordó.
-la mayor parte del tiempo nos sentamos uno frente al otro y nos quedamos en silencio, Hannah, asi que hazme el favor de sacarte esas tontas ideas de la cabeza, vas a casarte con un hombre maravilloso, el chico perfecto…-
-Camarera, mesa para tres por favor…- exigió la voz de una voz de mujer a sus espaldas.
-se supone que debería estar atendiendo esto- dijo comenzando a amontonar platos a lo largo de su antebrazo, mientras que una bandeja llena de bebidas flotaba tras ella –debo entregar todos estos pedidos y…-
-vamos entrega esos pedidos y yo me encargo de los nuevos…- Hannah la miró con cara de interrogante –venga no seas tonta ¿Dónde les pongo?- con un breve vistazo al salón que estaba a rebozar contestó.
-llévalos a la cinco, la única mesa libre en medio del salón- explicó –y por el amor de dios que no quieran un reservado porque mi ayudante ha desaparecido, te he dicho que no estaba estresada, mentira voy a morir de una apoplejía pero a causa de este negocio- Luna la vio alejarse con los platos y se dirigió directamente hacía la entrada que daba al callejón Diagon.
-Síganme por aquí por favor- les pidió a la mujer y a la niña esperaban por la atención
-¿no deberíamos esperar a papá?- quiso saber la pequeña tirando del brazo de quien Luna supusó era su madre.
-esto no es muy grande, podrá encontrarnos por si solo…- La rubia les llevó hasta la mesa que Hannah le había indicado -¿No tiene algo más privado?- quiso saber la mujer mirándola directamente a la cara por primera vez, tenía los ojos del tono exacto de la malaza, idénticos a los de la pequeña que estaba de pie a su lado, Luna los encontró vagamente familiares pero no fue capaz de conectarlos con nadie.
-no, lo lamento; pero como ven estamos al completo ¿Puedo ofrecerles algo de beber?-
-Zumo de calabaza para mí por favor…-pidió la niña mientras se sentaba.
-Hidromiel, de la mejor calidad y por favor que esté muy frío…-
-enseguida- aceptó la ojiazul volviendo inmediatamente al mostrador donde estaba Hannah.
-¿Qué tal tu primera incursión en el mundo de la hostelería?-
-Bastante bien…- respondió –que tal si me pones la bebida…-
-la verdad es que no tienes porque molestarte Luna yo…-
-no es molestia y además no voy a dejarte en la estacada- le interrumpió de nuevo la ojiazul –para serte sincera he terminado ya con mis recados y estoy intentando mantenerme ocupada el mayor tiempo posible, así evito tener que volver a casa, papá quiere que hable y yo no quiero hablar con él de ciertas cosas.- Hannah no insistió y le tendió una bandeja con su pedido, para cuando regresó a la mesa numero cinco el tercer ocupante ya había regresado y lo reconoció de inmediato aunque estaba de espaldas.
-aquí tienen sus bebidas ¿Desea usted algo señor?-
-¿Lovegood?
-jefe- saludó ella.
- no sabía que te pluriempleabas-
-no lo hago- contestó Luna dejando cada vaso en el lugar que le correspondía –estoy ayudando a una amiga y siendo sincera no pensé encontrarte en un sitio como éste.
-¿Por qué? Me consideras demasiado Snob para el lugar.
-no, es un lugar al que la gente viene a socializar y no parece que ese sea tu fuerte…- Rolff no encontró una replica lo suficientemente buena, por lo que al final optó por reírse ese tipo de comentarios sólo podía hacerlos ella.
-permite que te presente…- le pidió –mi hija Faith.
-hola…- saludo la pequeña concentrándose en su zumo.
-y la señora Devemport-
-Diana Devemport- corrigió ella –nacida Scarmander, mi hermano suele olvidar nuestro parentesco- añadió pasando la mirada de uno a otro, haciendo énfasis en la forma en que su hermano miraba a Luna.
-Luna Lovegood- se adelantó ella –es un placer conocerlas a las dos…- comentó para cortar el incomodo silencio.
-¿Quieres acompañarnos?- pidió él.
-lo lamento, pero he de volver al trabajo ya sabes el sueldo de un investigador no es suficiente para llegar a fin de mes…-
-¿Trabajas con papá en la selva?- inquirió la pequeña sorprendida.
-si- contestó Luna.
-no pareces una investigadora…-
-¿Por qué no?- quiso saber la rubia, intrigada por la mirada de la niña.
-la tía D, dice que todas las investigadoras son gordas, feas y que no se depilan las piernas- Diana enrojeció –tú eres bastante guapa…
-que tal si os dejo para que decidáis lo que vais a comer…- comentó Luna antes de salir por piernas.
-Todo bien- la interrogó Hannah en cuanto llegó a la barra -¿Qué es tan gracioso?-
-nada, acabo de encontrarme con mi jefe…-
-El señor Scarmander aquí, no sabía que Newt Scarmander frecuentará Diagon Alley desde su retiro…- estaba a punto de corregirla pero no hizo falta Scarmander se le adelanto.
-Lovegood, podemos hablar un momento- la mirada de Hannah pasaba de uno a otro y se detuvo levemente en Scarmander con el ceño fruncido a causa de la sorpresa.
-permíteme que te presente, Rolff Scarmander, mi jefe- dijo en advertencia –Hannah Abbot, la posadera.
-Es un placer conocerla señorita- y la sonrisa fue de lo más franca, asi que Luna se percató de que podía ser encantador si se lo proponía –será sólo un segundo.
-Sabéis voy a mirar si está el pedido de la mesa nueve- se excusó Hannah para dejarlos a solas, maldición cuanto tiempo exactamente tendría hasta que todos se dieran cuenta de esto, lo malo de ser tan íntimos es que es físicamente imposible que uno haga algo sin que los otros se enteren.
-¿Qué querías?- cuestionó ella una vez estuvieron a solas.
-me preguntaba si tu oferta seguía en pie- comentó –me refiero a lo de hacerme de guía por Londres, llevo años sin pisar la ciudad, además si no estoy mal dijiste que me invitarías al mejor japonés – Luna le miró, estaba tentada, pero se suponía que ella había renunciado a cualquier posible sentimiento romántico, aun así le pareció descortés retirar su oferta después de lo bueno que él había sido con ella durante esas semanas y en especial en el viaje de vuelta, así que arrancó un trozo de papel de la libreta que Hannah había dejado sobre la barra y escribió su dirección.
-bien, pásate pasado mañana sobre las doce y media- un lunes al medio día no podía considerarse una cita romántica.
-estaré allí- por supuesto que estaría y lo más idiota es que posiblemente ella le estaría esperando –nos veremos entonces…- añadió antes de dejarla sola frente a la tortura que se le venía encima, maldito Rolff Scarmander, es que no habían más posadas a lo largo y ancho de este país.
-Tu jefe…- la entonación de Hannah dejó claro que más que una pregunta era la constatación de un hecho – cuando mencionaste el apellido Scarmander y dijiste que ibas a trabajar para la fundación Newt Scarmander, tenía la sensación de que tu jefe sería un hombre regordete, medio calvo, de una inteligencia fascinante pero que tranquilamente podía rondar los noventa años.
-técnicamente trabajo para ese Scarmander, Rolff sólo lleva la fundación en su nombre.
-ya, sé que tú y yo no somos demasiado intimas y todo eso, pero puedo ser indiscreta…-
-adelante…- seguró que por mucha indiscreción que cometiera, no sería nada comparado con Neville, Ginny, Hermione, Ron y Harry.
-no es un poco arriesgado mezclar placer y negocios, digo si lo vuestro no funcionase aun así tú tendrás que seguir trabajando para él ¿Cuánto? Dos años más como mínimo.-
-Voy a decir esto una sola vez, por lo que puedes citarme con Neville si te parece, entre Scarmander y yo no hay nada, absolutamente nada y sólo por refrescarte la memoria yo estoy fuera de circulación.
-bien remitiéndome a las pruebas, acabas de aceptar una cita con él- le recordó la pelirroja –y por otra parte, vas a cumplir veintitrés años y estás en tu mejor momento, salirte de circulación por que te encontraste con un imbecil en el camino no es propio de ti Lovegood, a veces hay que besar a muchas ranas para encontrar al príncipe azul.
-el caso es que yo he dejado de creer en los cuentos de hadas.- contestó la rubia –será mejor que me vaya o papá se enfadará debido al poco tiempo que le he dedicado desde mi vuelta…- Hannah asintió mientras Luna recogía sus cosas –te pediría que no se lo contaras a Nev, pero sé que es inútil.
-si no quieres que se lo diga…-
-es igual Hannah, la verdad es que no sé tener secretos y mentirle a Neville es tiempo perdido, te veré en un par de días…- agregó dándole un par de besos en las mejillas antes de salir por la puerta que daba al Londres muggle.
(*)
Cuando llegó al salón principal, se dio cuenta de que había pasado mucho más tiempo del que esperaba al otro lado, la noche había caído aunque se mantenían las temperaturas calidas y el olor del mar se colaba por los ventanales abiertos.
-¿Dónde te habías metido?- la pregunta la hizo Ginny desde el otro lado del salón, se había recogido el pelo en una coleta y había dejado los tacones en un rincón para comandar a un pequeño ejercito de elfos domésticos que acomodaba mesas redondas de ocho ocupantes a lo largo del salón formando un semicírculo.
-me puse a investigar por la casa y se me olvido el tiempo por completo.
-¿Has encontrado algo interesante?- cuestionó.
-nada en particular- mintió Harry acomodándole un mechón de pelo que se le había escapado, después le dio un beso en la frente -¿Qué tal ha ido tu día?- la sonrisa en la cara de Ginny se ensanchó.
-Espera aquí- pidió y literalmente voló hasta el bolso que había dejado junto a sus zapatos en un rincón –mira lo que tengo- pidió acercándosele con una cajita de terciopelo azul marino, Harry la abrió y sacó la alianza más gruesa, la hizo girar entre sus dedos para poder leer la inscripción.
-Desde siempre, por siempre y para siempre…- leyó en un susurró – ¿en que parte exacta de tus votos sale eso?
-qué sentido tiene haberlos guardado tan cuidadosamente para desvelártelo ahora- le recriminó ella, haciendo lo propio con el aro de oro que unos cuantos días sellaría su unión. - … y más allá si tú me dejas- esta vez fue ella la que se quedo con las ganas de saberlo y antes de que pudiese preguntar Harry la atajó diciendo.
-¡Que sentido tiene contártelo ahora! ¿Recuerdas?
-ayúdame con las sillas por favor, quiero dejar el mobiliario de este lugar distribuido para la cena que daremos en la entrega de regalos- Harry la retuvo para besarla como dios manda.
-no te enfades- le pidió -¿Quieres que me encargue yo de guardarlas?
-no te ofendas cariño, pero me fió más de mi memoria –otro beso en los labios –las sillas Harry…-
-si, las sillas claro…-
(**)
Ministerio de magia; Londres, Lunes 23 de junio…
-Necesito tu ayuda- fue el saludo que le dio a Hermione el lunes por la tarde mientras se sentaba en una silla del despacho que ella compartía con otras dos juristas.
-buenos días Harry ¿Qué tal has dormido?- replicó ella de vuelta –por cierto no se supone que estás vacaciones.- cuestionó enfocándole por primera vez.
-lo estoy- señaló él mostrándole la identificación de visitante que colgaba de su camisa.-
-¿Ocurre algo?- preguntó Herms levemente preocupada -¿Qué quieres?- le apremió.
-¿Te ha dicho Ginny algo sobre las joyas que llevará el día de la boda?- Herms frunció el ceño – ya sabes ha elegido algo en particular.
-Ha elegido un par de antigüedades en una joyería de Diagon, un brazalete y unos pendientes de planta con incrustaciones de turquesas y zafiros- fue la contestación de Hermione -¿Para qué quieres saberlo?
-He estado hablando con mi abuela- la cara de la castaña se contrajo en una mueca extraña de perplejidad, confusión e incredulidad, por lo que Harry comenzó el relato desde el principio -¿Recuerdas la sala de lectura del primer piso?
-¿En la mansión?- cuestionó, Harry asintió –Sí, ¿Qué pasa con ella?
-los lienzos en blanco, uno a cada lado del retrato de mi padre, son retratos de mi abuela pintados en dos épocas distintas, el primero días antes de su boda y el segundo veinte años después, tendrías que conocerla es inteligente y divertida y la mujer más dulce que puedas imaginarte…-
-¡Por los pantalones de Merlín! ¿Se lo has dicho a Ginny?-
-no se lo he dicho a nadie más y no importa por el momento, a lo que iba me pidió que encontrará algo para ella o mejor dicho para Ginny- el interrogante en la cara de Hermione se hizo más evidente, Harry le tendió una foto de la boda de sus padres -el collar Hermione, ha estado en mi familia durante siglos y todas las mujeres Potter lo han llevado el día de su boda, la abuela quiere que Ginny lo lleve el sábado, yo no pienso imponérselo sólo quiero encontrarlo en deferencia a ella.
-bromeas, le encantaría llevarlo, es precioso- dijo admirando la gargantilla que Lily Potter llevaba el día de su boda, la esmeralda y el jade se intercalaban unas con otras engarzadas en oro blanco, los tamaños variaban desde la uña de un dedo meñique él más pequeño, hasta la uña de un dedo gordo el más grande, una pieza tallada con tal maestría que reflejaba destellos de luz en todas las direcciones incluso dentro de la fotografía.- Harry le sonrió a su mejor amiga en agradecimiento.
-no sé donde está- confesó el moreno con apatía –la abuela me aseguró que no puede estar en la mansión, papá se lo llevo con él el día que se marchó y no puso un pie en ese lugar después de la muerte de la abuela.- dijo –he revisado palmo a palmo las dos cámara que mi padre tenía en Gringots, me estoy quedando sin ideas y falta menos de una semana para la boda.
-¿has probado en Godric?- quiso saber la castaña.
-Hermione, mi padre se tomó demasiadas molestias en ocultar todos los recuerdos importantes de la familia Potter, era una guerra no creo que lo dejará en casa y no sólo por que debe valer una fortuna, me refiero a que ese collar era importante para su madre.-
-y también para la tuya- señaló la morena –era un regalo, las mujeres somos un poco maniáticas con nuestras joyas y aun más si se trata de un legado familiar, era un regalo de boda, si mi futuro marido me sorprendiera con una joya de semejante calibre yo no me separaría de ella ni a palos.
-pero mi madre era una chica sencilla, sin pretensiones no le gustaban las joyas en exceso ni llamar la atención, por lo que sé de ella, las únicas cosas de las que no se separaba nunca eran los pendientes de perla que sus padres le regalaron cuando cumplió los diez y seis, el anillo de ópalo negro que mi padre le regaló en su primer aniversario de novios y el relicario que heredó de su madre y todas esas cosas me las entregó Sirius.
-Eso es Harry- exclamó la castaña –Sirius, Sirius es la clave-
-¿Qué?-
-míralo así, lo quieras o no hay una sentencia de muerte bailando tras de ti y tienes un hijo pequeño, no puedes saber si vas a estar allí para verlo cumplir los dos años así que tampoco puedes asegurar que podrás entregarle el legado familiar el día de su boda para que se lo de a su prometida ¿Qué harías tú?
-entregárselo a la persona a quien le voy a confiar la vida de mi hijo…-musitó el moreno –tiene lógica- Hermione le miró con cara de mis deducciones siempre tienen lógica.
-Sirius, él tenía que tenerlo- concluyó Herms.
-otro callejón sin salida, él no está aquí ¿Cómo demonios se supone que voy a encontrarlo?
-Gridmauld Place- sugirió.
-Si mis padres le entregaron ese collar cuando se recluyeron en Godric como suponemos, Sirius ya no era bienvenido en el número 12, su madre le desheredo, por lo que no hay forma de que lo haya escondido allí y por otra parte dudo que mi padrino llevase el collar encima todo el tiempo y te recuerdo que pasó doce años en Azkaban, no podía tenerlo él y si lo hubiese tenido me lo habría dicho, lo habría mencionado, me lo habría entregado.
-Harry, estábamos en una guerra y tú eras un crío de quince años- le recordó –Sirius ni siquiera debió acordarse de que tenía el collar, para él su prioridad eras tú…-
-¿Pero dónde pudo haberlo escondido?- preguntó a la nada -¿Dónde lo esconderías tú?
-volvemos a Gringots, es el lugar más seguro que se me ocurre…-
-a Sirius le habían desheredado, no tenía dinero ni acceso a ninguna de las cámaras de su familia.- repuso Harry con cierta frustración, después de todo un fin de semana de búsqueda exhaustiva esto pasaba a tener tintes surrealistas.
-Eso no es cierto Harry- replicó Hermione de repente con su sonrisa de sabelotodo –Sirius no tenía acceso al dinero de sus padres, pero su tío le dejo todo cuanto tenía y eso incluye una cámara de Gringots, a la que tú como legitimo heredero tienes total acceso.- le recordó Hermione –tiene que estar allí – añadió con suficiencia Harry se estiró sobre el escritorio y le dio un beso en la frente.
-sabía que hice bien en salvarte de ese Troll en primer curso-
-idiota- le contestó -Avísame si lo encuentras- le ordenó la castaña –nos veremos mañana por la noche.-
-Herms-
-lo sé ni una palabra a Ginny.-
-no era eso lo que iba a decir- señaló él –gracias, me aseguraré de que Ron te regale una de esas piezas de joyería única para vuestra boda- dicho lo cual desapareció.
(**)
Londres, Martes, 24 de junio de 2003…
-¿Estás segura de que no quieres venir?- preguntó Neville por enésima vez como mínimo –aún estás a tiempo…-
-Nev, es vuestra noche, ve allí y diviértete; además tengo la pensión a rebozar.
-puedes dejar a Anthony al mando y…-
-vamos, déjalo ya, es vuestro ritual y lo comprendo, ve allí y diviértete con tus mejores amigos y luego vuelve a casa y diviértete conmigo.- añadió con una sonrisa tentadora mientras le acomodaba la corbata; Nev se desordenó el cabello otra vez.
-Eso está hecho preciosa- contestó besándola fugazmente en los labios para después añadir -sigo sin sentirme cómodo con esto-
-te ves guapísimo- aseguró Hannah –además se trata del restaurante de moda en Londres, por lo que Justin me ha dicho hay una lista de espera de hasta tres meses para obtener una mesa.
-entonces supongo que hemos tenido mucho suerte- Hannah puso los ojos en blanco es que a Neville se le olvidaba con quien iba a cenar.
Al otro lado del país en algún lugar cercano a Ottery Saint Catchpole…
-papá, me voy ya- anunció Luna a voz en grito al pie de las escaleras.
-espera un momento cariño, tengo algo para ti.- el hombre bajo las escaleras a una velocidad bastante fascinante para una persona de su edad, Xeno llevaba una túnica color magenta plagada de estrellas plateadas que resplandecían y se quedó admirando la belleza de su hija durante un par de minutos –tan bella como tu madre- la elogió llevaba un vestido de corte oriental estampado con flores, ceñido y bastante corto, zapatos de tacón vertiginoso y un bolso que de no ser un baúl sin fondos literalmente hablando no había podido contener ni un sickel -llegó esto para ti mientras te preparabas- comentó señalando el jarrón de hortensias que decoraba la mesa del salón –creo que tiene una tarjeta- añadió mientras Luna se acercaba y rebuscaba con delicadeza entre las flores.
Se trataba de un rectángulo de papel grueso y de primera calidad, no tenía un ribete, ni nada que pudiese identificarlo justo en el centro del rectángulo escrito con una caligrafía pulcra y estilizada habían escrito cinco palabras que le robaron la sonrisa.
Gracias por una velada maravillosa
RS
-¿Alguien en particular?- no es que pretendiera sonsacarle información, es más capto la más pura y genuina curiosidad, algo normal teniendo en cuenta que no había hablado con él de su ruptura con Dean y que le había prohibido a sus amigos contarle cualquier cosa por insignificante que pareciera y por mucho que su padre fuera una de las mentes más brillantes que conocía seguía siendo tan inocente que no podía pensar que a él se le llegase a ocurrir que había pasado entre ellos.
-llegó tarde papá te veo luego- se despidió guardando la tarjeta en su bolso sin fondo.- por el rabillo del ojo pudo captar como su padre subía nuevamente las escaleras moviendo la cabeza de un lado para otro.
En Cardiff mientras tanto…
-Ronald Weasley- chilló Hermione desde la planta baja de su casa –si no bajas inmediatamente…- el pelirrojo apareció al inició de la escalera acomodando su americana
-sabes, cuando gritas así me recuerdas a mi madre- comentó –y no es nada sexy…-añadió en voz muy baja, para evitar que le escuchase.
-¿Por qué no te has puesto la corbata?- cuestionó ella pasando por alto su comentario y reparando en que el cuello de la camisa blanca que llevaba estaba desabrochado.
-porque voy a llevar una túnica de gala el sábado y tengo que ponerme un esmoquin el viernes por la noche, no voy a someterme por voluntad propia a otra tortura similar…- Herms le miró furiosa mientras él bajaba las escaleras –además te recuerdo que para equilibrar las cosas tú pones el cerebro, la belleza y la elegancia; yo por mi parte me encargo de la estrategia y la diversión, por cierto te he dicho ya que te ves preciosa- una vez estuvo a su altura la besó lentamente hasta que ella rompió el beso.
-debemos irnos- le recordó en un susurró y sin rastro alguno de su reproche -a Ginny no le importará que lleguemos media hora tarde…-
-Ron- bufó la castaña, poniendo fin el intercambio de caricias antes de que fuera más allá, cogió su juego de llaves del recibidor y abrió la puerta de la casa dejando que se colará la brisa veraniega, el ojiazul descolgó del perchero de la entrada un abrigo ligero para ella y salió a su zaga.
-tendrás que explicarme alguna vez por qué las mujeres enloquecéis con las bodas- dijo él ayudándole a colocarse el abrigo antes de que llegará a la acera como tal.
-no enloquecemos con las bodas- contestó la castaña mientras avanzaban calle abajo tomada de su brazo –y no se trata de una boda cualquiera, se casa mi mejor amiga, tu hermana, con mi mejor amigo a quien quiero como a un hermano incluso más si es que es posible, y además te das cuenta que es la última vez que nos sentamos los seis a la mesa siendo solteros.
-parece como si no fuésemos a cenar juntos de nuevo, se casan Jane, no van a morir o algo parecido…-
-Me refiero a que es el fin de una era, ya pasamos la adolescencia y los cambios de hormonas juntos, pasamos una guerra juntos, después hemos estado uno al lado del otro, viendo como encaminábamos nuestras vidas, tenemos al profesor, la zoóloga-escritora, el auror, la estrella del Quidditch, el director financiero de una compañía de éxito, la letrada; hemos superados crisis profesionales y personales, nos hemos ido a vivir en pareja, algunos han roto y han vuelto a empezar de cero y con todos los cambios nosotros seguimos juntos, los seis seguimos juntos compartiendo cada alegría por mínima que sea y cada tristeza incluso la más inmensa.
-lo vez, lo que yo decía las bodas te vuelven una sentimental…-
-vale puede que un poco sí…- cedió mientras se colaban el parque desierto- es que ves a Ginny y a Harry tan radiantes, muertos de ganas por que llegue el sábado y sabes que van hacer tan felices y después ves a Neville y a Hannah igual de pletóricos y están a menos de un mes de convertirse en marido y mujer que no puedo evitar contagiarme de esa felicidad.-
-por supuesto- aceptó el pelirrojo observándola fijamente cuando se detuvo en medio de la oscuridad que proporcionaba un grupo de farolas rotas, le besó las manos sosteniéndole la mirada antes de desaparecerles rumbo a Londres.
Cuando Luna entró en el establecimiento llamó la atención de la mayoría de los miembros masculinos del lugar y también la de gran parte del público femenino, los hombres la deseaban y las mujeres la envidaban, era bastante irónico lo que podía hacer un par de zapatos de tacón, un vestido ceñido, una gota de maquillaje y un poco de seguridad en si misma, quien podría decirle en sus años en Hogwarst cuando apenas era una niña que algún día se convertiría en el centro de atención y no por su fama de lunática.
Neville la saludó con un movimiento de cabeza desde su posición privilegiada en el bar y ella le devolvió el saludo, mientras era escoltada por un camarero.
-Hola- dijo a la vez que su mejor amigo, éste le cedió el taburete después de besarla en las mejillas -¿Qué ocurre?-
-política de empresa, no podemos sentarnos hasta que no estemos la mayoría- Lu asintió -¿Qué quieres tomar?-
-¿Qué tomas tú?- inquirió ella señalando el liquido cristalino que estaba en el vaso de él.
-Ginger ale-
-muy saludable- Neville se encogió de hombros.
-soy abstemio- le recordó mientras el barman se les acercaba.
–Ponme un martini con doble ración de aceitunas si es posible- le pidió al camarero con una sonrisa irresistible y sosteniéndole la mirada.
-¿Sabes el efecto que puede tener esa sonrisa en un hombre?- Luna rodó los ojos –no me extrañaría que ese chaval estuviese hipérventilando justo ahora y tampoco me extrañaría que volviese con un cuenco lleno de aceitunas sólo para ti.
-eres un exagerado- bufó la rubia.
-perdona, pero nunca he sido un buen mentiroso, así que digo las cosas tal y como las veo, por cierto estás preciosa esta noche…-
-si Hannah te escucha diciendo eso te meterás en un buen lío… y hablando de la reina de Saba ¿Dónde la has dejado?-
-no ha venido, quería que tuviésemos un poco de intimidad, dijo que entendía que fuese nuestra pequeña tradición y que no le importaba- vio la replica en los ojos de Luna, así que añadió –le pedí que viniese, por poco me pongo a suplicarle, pero no hubo forma de hacerla cambiar de opinión.
-te he dicho ya que adoro a esa chica…-
-y yo…. Por cierto, ya que estamos necesito tu opinión respecto a algo…-
-Su martini señorita- interrumpió el camarero dejando la copa frente a ella, en el palillo que flotaba dentro habían tres aceitunas pinchadas y justo al lado de su bebida el camarero depositó una pequeña fuente ovalada con seis pinchos exactamente iguales al que flotaba en su copa, la mirada de Luna era clara "ni se te ocurra ir por ahí"
-mi opinión respecto ¿A qué?- cuestionó intrigada tras dar un sorbo a su bebida.
-respecto a esto- respondió el castaño dejando la cajita de un anillo sobre la barra del bar, Luna lo abrió con extremada delicadeza desvelando así, una sortija de oro coronada por una flor cuyos pétalos conformados por numerosos citrinos envolvían delicadamente un brillante.
-es muy bonito- señaló –a Hannah le encantará
-es la sortija de mi madre.
-entonces lo adorará, sabe lo importante que es esto para ti…
-no estoy tan seguro, es totalmente diferente a sus gustos es anticuado y no va para nada con su personalidad, la abuela me la dio para que se la entregase pero yo no sé si es buena idea no quiero que la acepte por que se siente obligada o comprometida y…
-Neville- le interrumpió –cariño eres tú quien se casa, así que Augusta podrá soportar la decepción si decides no dársela a Hannah, pero ella te quiere y sabe lo importante que son tus padres para ti, al darle la alianza de tu madre se sentirá honrada sea o no el tipo de joya que ella compraría para sí misma, es el tipo de mujer que sabe valorar esos pequeños detalles- Neville no contestó y se quedo mirando por encima del hombro de ella hacía a la puerta por la que entraban Ron y Hermione les hizo una señal con la mano para que les vieran asi que Luna volteó a saludar a sus amigos al tiempo que Neville ponía la sortija a buen recaudo en el bolsillo de su chaqueta.
-No han llegado aún- afirmó Ronald mientras se les unían.
-ya sabes como es Ginny- contestó Luna rápidamente.
-Lu, estás radiante- elogió el pelirrojo logrando que la rubia rodara los ojos, sus amigos podían ser ciertamente exagerados.
-tú tampoco estás mal- respondió la rubia con una sonrisa –aunque seguro que yo no le llego ni a los talones a Hermione ¿No es así?
-pero no es culpa tuya la verdad es que nadie puede compararse con ella...-aseguró el ojiazul mientras las chicas se saludaban entre ellas.
-si gustan pueden pasar a su mesa- les informó el maître del establecimiento-
-excelente/ fantástico/ maravilloso/ la verdad es que muero de hambre- contestaron todos al unísono.
Harry estaba de pie junto al tocador de Ginny arreglándose una vez más los puños de su camisa, comprobó que su varita estuviese en el bolsillo de la americana que llevaba y se acomodó de nuevo el reloj de oro que tenía en la mano izquierda.
-sólo un minuto más- pidió Gin desde el fondo del vestidor.
-como quieras- un minuto bien podría ser una hora o un minuto de verdad con ella era difícil saberlo sobre todo cuando se trataba de preparase para salir.
-¿Te dijo Hermione el porque de este cambio?
-en absoluto, sólo envió una nota y me pidió que te avisará que la cena sería en el restaurante y no en su casa y que procurásemos no llegar tarde- añadió él como quien no quiere la cosa.
-sólo un segundo por favor- Harry sonrió y se dejo caer sobre la cama –puedes ayudarme- pidió saliendo del vestidor sosteniendo el vestido con escote bandeja y de un suave tono amarillo con las manos, Harry se levantó para cerrar la prenda diligentemente.
-perfecta- le susurró al oído al tiempo que le acariciaba el cuello despejado por el recogido que se había hecho y la piel blanca y nívea de apariencia frágil como la porcelana contrastaba con el collar de rubíes que ostentaba; había sido su último regalo de san Valentí) que era la única pieza de joyería en todo su atuendo quitando su alianza de compromiso pero ese anillo era una constante.
-gracias- contestó Ginny a su vez besándole una de las manos que aún le acariciaban los hombros –debemos irnos- añadió en voz baja tratando de convencerse a sí misma -¿Cogeremos el coche?-
-será mejor aparecerse o llegaremos bastante más tarde…- dijo el moreno tomándola de la mano. Cuando estuvieron en el piso inferior se despidió en voz alta de los elfos domésticos –Kreach, nos vamos- inmediatamente el elfo se apareció frente a ellos con una reverencia.
-Que se diviertan amos- les deseó.
-gracias Kreacher- respondió Ginny con una sonrisa –y será mejor que Sopie y tú os vayáis a la cama pronto, no quiero encontraros a ninguno de los dos despiertos cuando volvamos está claro…-
-por supuesto amita.-
-buenas noches Kreacher- se despidió Harry saliendo de la casa junto a Ginny, les costó cinco minutos de caminata bajo la luz de las estrellas salir del escudo antidesaparición que rodeaba toda la propidad pero la fresca brisa de verano que mecía los árboles era tranquilizadora y el silencio entre los dos nunca era algo agobiante. Harry les desapareció hasta una calle perpendicular a Oxford Street y una vez en la calle principal tomaron un taxi hasta Pycadellys Circus, el lugar como siempre era un hervidero de actividad con gente que iba y venia de un lado hacia a otro, algunos locales tenían cola para entrar; el letrero de Le Femme escrito en una perfecta caligrafía con letras blancas sobre el fondo negro apenas destacaba frente a los demás letreros y anuncios de la zona pero aquello no evitaba que estuviese rodeado por un grupo de gente que suplicaban por una mesa.
-perdona, Le femme- se extrañó la pelirroja -no es el restaurante nuevo para el que Angelina hace la publicidad- cuestionó.
-no lo sé- contestó el moreno.
-si que lo es- aseguró –leí una crítica el otro día cuando lleve a Teddy con Karl, hablaban maravillas de este sitió y además hay lista de espera para entrar aquí, como han conseguido una mesa en…- no tuvo que terminar la pregunta Angelina tenía que estar detrás de todo esto.
El maromo de la puerta empezaba a impacientarse habían probado con Potter, con Granger, con Weasley, con Longbotton y Lovegood, pero ninguno aparecía en la lista.
-perdonr pruebe con Jhonson… Jhonson-Weasley- se corrigió Gin, el hombre que bien podría medir dos metros y poco se apartó con cierta desconfianza después de comprobar la lista; tras la puerta les esperaba un camarero vestido completamente de negro, el hombre les guió primero hasta la zona del bar cuyo esplendor poco tenía que envidiar a una sala de fiesta de los gloriosos años veinte, la pared de cristal que separaba ambas zonas permitía ver el concurrido comedor, pero en lugar de sentarse en una de las mesas exquisitamente puestas, coronados con un adorno floral y servilletas de damasco con una original forma origamí siguieron su camino atravesando el bar hasta llegar al pie de una escalera de caracol que subieron hasta la segunda planta descubriendo un salón más pequeño decorado con la misma finura sólo había una pareja en el rincón más alejado de la habitación y justo en la esquina opuesta junto a las ventanas por las cuales se colaban las luces de Pycadellys se encontraban sus amigos quienes les recibieron con un fuerte aplauso.
-tarde como siempre- reprochó Hermione una vez el camarero se hubo retirado.
-lo sentimos…- se excusó Harry apartándole la silla a Ginny para que se sentará –el gigante de la puerta no quería dejarnos pasar…-
-no sabíamos a nombre de quien estaba hecha la reserva…- explicó la pelirroja mirando a su mejor amiga.
-es verdad olvide decíroslo, Angelina tuvo que hacer malabares para encontrar mesa…-
-¿Y podemos saber ahora a que se deben tantas molestias?- Quiso saber Ginny.
-¿Molestias?- musitó Luna.
-Vamos Chicos no puedo creer que no lo sepáis…- señaló Hermione.
-estamos celebrando, agasajándoos a vosotros…- dijo Neville sirviéndoles a ambos una copa de vino tinto.
-celebrando el fin de una era y por la puerta grande como os merecéis- añadió Ron –además estoy cansado de la comida tailandesa, china, irlandesa, mexicana y etc. Así como también de tener que recogerlo todo cuando cada uno se vuelve a su casa…-
-tienes invitados cada tres meses Ron, no puede ser el fin del mundo- le recordó su hermana pequeña –pero de verdad no creéis que lo estáis sacado todo de contexto-
-para nada- negó Neville de inmediato.
-quien se iba imaginar hace diez años que íbamos a estar aquí yo desde luego no…- dijo Ron tranquilamente.
-recuerdo cuando íbamos a tercer curso- musitó Luna –Ginny y yo nos sentábamos juntas en encantamientos, pociones y adivinación la mitad de sus apuntes estaban bordeados con el nombre de Harry.
-Oh Merlín- se quejó la pelirroja.
-es cierto, recuerdo que durante todo el baile de navidad Ginny no paró de preguntarme acerca de Harry y si le gustaba Parvati o alguna otra chica… pero después apareció Michael ¿Creo?
-y mi hermanita sufrió un lapsus momentáneo de mal gusto- comentó Ronald desde el otro lado de la mesa.
-y que se suponía que iba a hacer, Harry ni siquiera me registraba…-
-Si que lo hacía- repuso él –te registraba y sabía exactamente donde estabas en todo momento- Ginny le lanzó una mirada escéptica –vale, lo acepto no había nada romántico en la forma en la que te miraba en ese entonces, pero sabía que estabas allí y me parecías una chica asombrosa.
-lo que viene a corroborar mi versión de que me considerabas como a una hermana o peor aún como la hermana pequeña de tu mejor amigo y era un sentimiento espantoso créeme.-
-pero deje de verte como a una hermana pequeña ¿no es así?-
-eso es cierto- cedió ella con una sonrisa arrebatadora y Harry se inclinó para besarla. –absolutamente cierto- agregó devolviéndole el beso.
-chicos estamos en un lugar público…-
-asúmelo Ronald- le pidió Ginny volviendo a su posición original.
-el caso es que Ginny no fue la única cansina- dijo Hermione siguiendo con la conversación –cuando Harry se dio cuenta de que lo que sentía por Ginny de una u otra forma ya no tenía nada de filial… se convirtió en un verdadero dolor de cabeza – el moreno se atragantó con su bebida.
-pero si nadie se dio cuenta de aquello hasta que Harry la besó frente a toda la sala común en sexto-
-eso es verdad, procure mantenerlo en secreto en aras de mi seguridad, Ron apenas y podía ver a Corner pasear por Hogwarst sin tener ganas de cortarlo en rodajitas, y lo siento pero prefería mantener mi cabeza sobre mis hombros…- Luna, Ginny y Hermione intercambiaron una mirada de exasperación y musitaron a la vez.
-¡Hombres!-
-a Harry le empezó a gustar Ginny desde el verano anterior- señaló Hermione – tú no te diste cuenta porque… Bueno no te fijas en esas cosas y Harry tampoco quería reconocérselo a sí mismo -explicó –pero yo que os conozco lo suficiente me di cuenta inmediatamente del cambio, la forma en que la miraba como si el mundo girase entorno suyo, se quedaba embelezado durante horas…
-error Hermione…- corrigió el moreno –es algo que sigo haciendo a menudo- la castaña paso por alto el comentario y continuó.
-lo mejor cuando estaba celoso y él no lo sabía, Harry celoso de…- omitió el nombre premeditadamente –el caso es que se convierte en una bomba de relojería y es un espectáculo digno de ver, la forma en la que se le abren las aletas de la nariz, se le acelera la respiración y se le enrojecen las orejas.
-Podemos dejar de hablar de mi- pidió –te recuerdo Hermione que no soy la única que se ponía celosa en sexto curso. No fuiste tú la que le atizó a Ron con una bandada de pájaros en la cabeza-
-¡ouchhhh! Eso dolió- se quejó la castaña -queréis que sea sincera- dijo cambiando la entonación –hubo un momento en el que pensé que no lo lograríais- comentó –durante un determinado periodo todo estaba tan en contra que pensé que era una injusticia tratándose del tipo de amor que sentís el uno por el otro y quería creer que si de verdad existía un Dios no debía permitir que algo tan grande muriera antes de comenzar… así que aunque sea un topicazo creo que debemos brindar por vosotros, por que seáis más felices de lo que sois ahora si es que se puede y por que nosotros podamos presenciar esa felicidad…-
-por Harry y Ginny- brindo Luna haciendo eco de los sentimientos de Hermione.
-por el amor – deseó Ronald.
-por que seáis muy felices- pidió Neville.
-por que sea para siempre- musitó Harry.
-para que sea eterno- añadió Ginny uniendo su copa a la de los otros cinco y tras un trago agregó –y por nuestra amistad, para que continué estemos donde estemos- miró a Luna directamente a los ojos –y para que todos encontremos la felicidad aunque no nos lo esperemos…-
-por la amistad- musitó Luna.
-por nuestra amistad- corearon los otros cuatro.
La velada fue maravillosa entre bromas, viejas anécdotas, recuerdos de un pasado maravilloso a su manera; sentados los seis a la mesa era como volver a ser unos crios, como cuando se reunían en la sala común, o a la orilla del lago, incluso parecido a los mejores tiempos del ED, sólo que con la satisfacción añadida de tener una vida tranquila, en paz y llena de felicidad a su manera. Tras la cena pasearon por la ciudad durante horas, sin rumbo alguno, sólo caminar juntos entre risas y bromas hasta bien entrada la madrugada, antes de continuar cada uno con su vida.
(**)
Miércoles, 25 de junio de 2003
El aire caliente le arrebolaba las mejillas, tenía la respiración agitada y el sudor le perlaba la frente y el cuello haciendo que algunos mechones de su pelo se le pegasen a la piel, sonrió cuando pudo divisar la línea de casas que daban comienzo al pueblo aunque aun le quedaban doscientos metros de carrera salir del sendero que atravesaba el bosque ya era un pequeño triunfo, cruzó velozmente la carretera comarcal que atravesaba Clipsham de norte a sur y que ellos utilizaban como línea de meta, se detuvo en cuanto alcanzó la acera para así poder controlar sus pulsaciones, Harry hizo lo mismo con apenas diez segundos de diferencia, le había vuelto a ganar y no precisamente porque él la hubiese dejado. En todo caso victoria incluida o no, los cinco kilómetros de carrera habían logrado su objetivo, la habían despejado y tranquilizado por lo menos durante las siguientes tres horas.
-¿Quieres desayunar en el pueblo?- preguntó el ojiverde recuperando el aliento.
-seguro, necesito mi dosis de cafeína…-
-un café no es precisamente lo que tenía en mente anoche apenas y dormiste un par de horas…- Ginny iba a rebatirle pero él continuó ceñudo – necesitas descansar y eso es un hecho-
-descansaré todo lo que quiera y más el domingo por la noche cuando toda esta locura haya terminado-
-¿Te estás arrepintiendo?- cuestionó él al tiempo que la tomaba de la mano y empezaban a caminar hacia la cafetería.
-en absoluto, sólo desearía que todo esto terminase de una vez, basta ya de preparativos y de cosas por terminar, lo único que deseo es tender una manta sobre el césped de nuestro jardín trasero y tumbarnos allí a contemplar las estrellas como el señor y la señora Potter por supuesto, pero prescindiendo absolutamente del convite y los invitados…- Harry la abrazó para animarla -…aun estamos a tiempo ¿Sabes? Podemos ir mañana al ayuntamiento, Neville y Luna nos servirían de testigos, por supuesto que Hermione y Ron se enfadarían pero no hay forma de invitarles a ellos sin que lo sepa toda la familia, después de la ceremonia comeríamos en cualquier restaurante y desapareceríamos por los siguientes veinte días…-
-no voy a hacerle eso a tu madre…-
-pero estás dispuesto a hacerme pasar a mi por ese calvario… odio tener a mi madre encima de mi todo el día recordándome que aun quedan tres mil cosas por hacer, odio que la tía Muriel se sienta ofendida porque he rehusado llevar su tiara… odio que cada pariente mujer que tengo, y son muchas, esté empeñada en enseñarme a llevar una casa y a como complacer a mi futuro marido, pero sobre todo odio que el que se supone ha de ser el momento más perfecto y maravilloso de nuestra vida sea presenciado por gente con la que apenas hemos cruzado un hola en toda nuestra existencia, voy a jurarte amor eterno por quincuagésima vez y como todas las demás me gustaría que fuese algo intimo, algo entre tú y yo, presenciado sólo por aquellas personas que saben por todo aquello que hemos tenido que pasar para llegar a este momento y en cambio tengo a doscientos cincuenta invitados de los cuales apenas y recuerdo el nombre…- Ginny suspiró.
-bien, pongamos todo esto en perspectiva, la tortura a la que dices te estoy sometiendo durará aproximadamente seis horas, ceremonia y celebración incluidas; de allí en adelante seremos tú y yo como siempre, no habrá una prima insidiosa, ni la posibilidad de encontrarnos con el primo del hermano del amigo de un tío tercero, tendremos veinte días para disfrutar de nosotros perdidos en algún lugar del mundo …- le recordó -…además el sábado después de la ceremonia no pienso separarme de ti ni un segundo, voy a cogerte de la mano y no pienso soltarte. –Ginny hizo un mohín para dejar claro que el discurso no la había convencido –Sé que esto no se parece en nada a lo que tú y yo queríamos, pero es importante para tu madre y teniendo en cuenta que es lo más parecido que yo he tenido a una no puedo hacerle semejante desplante, la destrozaríamos.-
-lo superará…-
-y tú también, no será para tanto y vamos a hacerla feliz…-
-¿Y mi felicidad no cuenta?-
-vamos Ginny no seas cría y en todo caso ya me encargaré yo de hacerte feliz a ti…-
-arrogante…- espetó con una sonrisa.
-La verdad, Creí que ese era parte de mi encanto…-
- ¿Quieres desayunar o no?- preguntó Ginevra señalando la puerta de la cafetería frente a la cual se habían detenido.
-seguro- contestó él siguiéndola al interior del establecimiento
(**)
El hombre le hizo un par de señas con la mano para llamar su atención y en cuanto ella le imitó las miradas pasaron de ella a él, algunos querían saber quien era el suertudo. Luna se sentó en la silla que estaba frente a la suya, con un vestido de algodón, el pelo algo enmarañado y sin una gota de maquillaje como siempre, pero aun asi pensó que era la mujer más bella que había conocido en años.
-Hola… Gracias por invitarme…- saludó Rolff al tiempo que volvía sentarse.
-Gracias a ti por venir en fin no sabía si tenías algún tipo de plan, perdona si te he molestado…
-en absoluto, me ha gustado que escribieras…- la situación era demasiado candida para el gusto de la rubia, la hacia sentirse incomoda.
-Recibí tus flores… preciosas… ¿Cómo supiste que me gustan las hortensias?
-la verdad, no lo sabía… sólo pedí algo que fuese bonito y delicado pero no rosas me parecen demasiado pomposas y extravagantes, nada que ver contigo…- ella le sonrió.
-aun así son preciosas…- se quedaron en silencio esperando a que el otro hablase, asi que Rolff hubo de romperlo.
-quieres algo de tomar- indagó preparándose para llamar al servicio.
-no gracias…- se negó ella –sólo me tomó un té por las mañanas.
-Bueno entonces puedo saber para que me llamaste…- inquirió -no quiero ser rudo, en absoluto… pero he estado en ascuas desde que recibí tu carta esta mañana.
-sólo quería agradecer el detalle de las flores… te lo creas o no, mi padre me inculcó bastante aquello de comportarme como un dama-
-El caso es que las flores las envié yo en agradecimiento… si tú me agradeces invitándome a desayunar supongo que tendré que agradecerte de nuevo y podríamos pasarnos la vida en esto es un buen plan, pero estoy seguro de que tienes miles de cosas por hacer… por cierto que hacías despierta hasta tan tarde, si puede saberse, tu carta me llegó a eso de las cinco y media.
-la verdad es que no podía dormir, llegue a casa como a las tres, estuvimos celebrando hasta tarde la "Despedida de solteros" de mis amigos, bueno en realidad las despedidas son mañana, lo de ayer era una excusa para salir por ahí y recordar viejos tiempos.
-es cierto dijiste que venias al matrimonio de tus mejores amigos ¿Cuándo es la boda?
–Ginny y Harry se casan este sábado-
-¿Harry Potter y Ginevra Weasley?- quiso saber –Son tus amigos…
-Si- afirmó ella - ¿Por qué se te hace tan estrambótico?- cuestionó ante el tono de su voz.
-no es eso, es que no te había conectado con ellos, por tu edad supuse que habrías ido a Hogwarst durante su época de estudiantes, pero jamás habría podido relacionaros eso es todo… además no es como si hablases mucho de tu vida…-
-Si, no suelo ponerlo en mi tarjeta de visita Luna Lovegood, amiga intima y confidente de Harry Potter y Ginny Weasley. Para mi son sólo Harry y Ginny ¿Sabes?
-por supuesto- accedió él -¿Y quien es el afortunado?
-perdón…-
-Tu pareja, a ese tipo de eventos siempre se va acompañado…-
-no tengo pareja y vamos a ir en grupo, lo cual es una gran mentira pues todos mis amigos tienen pareja y van con ellas a la fiesta, además las estadísticas aseguran que las bodas son el mejor lugar para conocer gente…-
-bueno, sea como sea si llegases a cambiar de opinión habrá una lista interminable de Jhon Doe esperando por llevarte a la recepción, mejor dicho para que tú les lleves…-
-no te creas, mi agenda está bastante reducida y todos sus miembros están comprometidos así que supongo que iré con mi padre…
-me ofrecería voluntario, sólo si tú quieres claro…- la ojiazul rió –lo digo en serio- aseveró él mirándola a los ojos antes de terminar su café –quieres dar un paseo, hace un día esplendido y vi una galería de arte cuando venía hacia aquí, dijiste que te gustaba la fotografía no es así…-
-me encanta…-
Caminaron unos quinientos metros hablando de todo y nada en particular, tratando de desvelar los secretos que se ocultaban uno a otro pero sin descubrirlos; aun así había un halo a su alrededor que lo hacia todo enigmático y casi perfecto. El lugar del que Rolff había hablado era un local ubicado en la planta baja de un edificio de apartamentos, todas las paredes estaban caladas en blanco para hacerlo más espacioso o por lo menos para dar dicha sensación, justo a la entrada bajo el nombre de la galería había un rotulo sencillo un fondo negro sobre el cual resaltaban las brillantes letras plateadas que rezaban "LAS FASES DE LA LUNA"
Rolff le sonrió –cuando lo leí pensé que era una premonición-
-¿Por el nombre?- indagó ella al tiempo que cruzaba la puerta que él mantenía abierta.
-Tiene que tratarse de un designio del destino…-
-… ya no creo en esas cosas.-
-De verdad- comentó extrañado –tienes pinta de ser de las que creen…
-la mayoría de las veces las apariencias engañan…-
El local estaba en penumbras, aunque se escuchaban los murmullos de las personas que estaban en su interior, había música ambiental sonando de fondo…
-¡Bienvenidos!- dijo alguien a sus espaldas haciendo que Luna pegará un bote –perdone, no quise asustarla…-
-no importa- contestó la rubia.
-desean visitar la exposición-
-nos encantaría…- repuso Rolff.
-perfecto…- respondió la mujer que les atendía -¿Quieren hacerlo por libre o prefieren un guía, para que les cuente la historia?
-un guía estaría bien- accedió Lu mirando a Rolff –anteriormente cuando venía ver cosas como ésta siempre tenía un guía personal para explicármelo todo- comentó sin saber muy bien por qué.
-ah sí, ¿Quién?- inquirió interesado.
-nadie en particular…- mintió ella.
-síganme, por favor- la voz del hombre aunque enérgica era suave y armoniosa…- empezaremos con un poco de historia…-añadió mientras caminaban hacia el primer marco que colgaba de la pared de la derecha –las fases de la Luna son un conjunto de fotografías y dos lienzos en los que el autor ha querido rendir tributo a las mujeres en general, así pues recoge cronológicamente momentos importantes desde la más tierna infancia- y en ese momento la fotografía frente a ellos se iluminó dejando al descubierto la figura de un bebé, una niña, dedujo Luna pues el único foco de color del retrato provenía de los patucos rosas que tenía en sus diminutos piececillos, tenía los ojos fuertemente apretados al igual que los puños que reposaban junto a su cabeza y la boca abierta en un bostezo formando una "O" perfecta –a la vejez- y el retrató que colgaba a su espalda se iluminó del mismo modo que el anterior dejando al descubierto a una anciana sentada junto al fuego en una mecedora, tenía el pelo trenzado reposando en uno de sus hombros y a su alrededor se agolpaban un grupo de niños "la nueva generación"
Al cruzar a mano derecha otro rotulo les descubría la parte de la colección que reflejaba la niñez, la infancia feliz y esplendorosa en la que te sientes seguro y protegido por que sabes que siempre hay alguien velando por ti, desde el bebé de menos de un año que ríe a carcajadas mientras enseña su primer diente, una pequeña de tres llorando por los brazos de su madre en su primer día de colegio, hasta la niña de trece que escribe en su diario a escondidas el nombre de su primer amor, todas en blanco y negro y resaltando un único punto de color, el bolígrafo con el que escribían, el color de su pelo o de sus ojos.
Al pasar a la siguiente habitación el rotulo cambiaba LUNA LLENA, la sala estaba vacía, en comparación con la anterior que había estado atestada de retratos ésta sólo contaba con una fotografía y los dos oleos que el guía había mencionado. La fotografía mostraba a una muchacha que aparentaba veinti pocos debido al desarrollo de su cuerpo, la chica estaba apoyada contra un árbol, a la orilla de un rió, tenía un libro abierto ante sus ojos así que lo único de su cara que podía verse con claridad era la boca del color de las cerezas y con dientes que brillaban como perlas, le encantaba esa foto, Dean se la había regalado por su cumpleaños número diecisiete, el primer regalo que le había hecho como pareja… Inmediatamente su atención pasó al cuadro que colgaba de la pared del fondo. Se trataba de un desnudo a todo color nada obsceno, la modelo había sido retratada de espalda parada frente a un espejo que intentaba limpiar con la mano, en el único trozo que había alcanzado a despejar del vapor del agua caliente se reflejaban sus ojos azules cristalinos como el agua de un riachuelo, el pelo rubio como el oro le llegaba hasta las caderas. Recordaba esa escena en particular como si se la fuesen grabado a fuego, había ocurrido pocos días antes de su ruptura y Dean había hecho el bosquejo mientras ella salía de la ducha y trabajo en el lienzo día y noche ¡Será mi obra maestra y tu regalo de San Valentín! Asi mató dos pájaros de un tiro. Esas exactamente habían sido sus palabras.
-¿Cuánto?- indagó sin apartar la vista del retrato.
-Perdoné- preguntó el guía.
-los tres retratos ¿Cuánto quiere por ellos?-
-Lo siento señorita, pero ninguno de los cuadros de esta habitación están a la venta.
-¿Esto es una galería de arte no? Vendéis arte… bien pues quiero comprarlos.
-Luna no creo que…-la mirada de la ojiazul hizo que Rolff desistiera.
-El artista dejo bien claro que ninguno de estos retratos estaban a la venta…- explicó el empleado pacientemente.
-¿Dijo el por qué?- indagó la rubia observando el último retrató tenía su rubia melena desordenada, la mirada perdida y las lagrimas se escapaban circundándole el rostro; era la imagen viva de la desolación.
-dijo que retrataban a la única mujer que había amado en su vida… y que le pertenecían a ella que de un modo u otro se lo debía.-
-eso dijo- musitó -…vaya, al parecer sigue mintiendo igual de bien cuando quiere…-
-¿Conoce usted al artista señorita?- cuestionó el galerista intrigado.
-Soy yo la que está pintada en esos retratos…- confesó intentando contener las lagrimas que se agolpaban en su garganta; el hombre hizo la conexión cuando una lagrima se le escapó y Luna desvió la mirada del tercer retrato. -¿Podemos marcharnos ahora Rolff? Por favor…- pidió la ojiazul encaminándose hacia la salida sin esperarlo siquiera.
Caminó lo más rápido que pudo y se alejó de la galería a mayor velocidad incluso, con Scarmander pisándole los talones; pero no llegó muy lejos, estaba hipérventilando de nuevo así que se vio obligada a detenerse en el primer soportal que encontró, se recostó contra la pared y se abrazó a si misma intentando mantener en su lugar los jirones de su maltrecho corazón.
-Luna ¿Estás bien?- indagó Rolff de pie frente a ella.
-déjame sola…- bufó de inmediato tratando de recuperar la candencia de su respiración a la vez que controlaba sus lagrimas.
-yo lo siento mucho… de haberlo sabido yo…-
-no fue tu culpa…- le disculpó la ojiazul –ni siquiera yo me di cuenta y soy una imbecil por montar semejante espectáculo…-musitó secándose las pocas lagrimas que se había permitido derramar.
-En absoluto…- intervino con absoluta convicción – no sé lo que haya pasado entre vosotros; pero por lo que te conozco el único imbécil en esta ecuación es él-
-Sabes Scarmander, no necesito la compasión de nadie…-
-no es compasión Luna, alguien que tiene una mujer como tú en su vida y acaba con el brillo de sus ojos, con la dulzura de su mirada y con esa sonrisa que puede iluminar el mundo si se lo propone y sobre todo lo hace cuando ha sido capaz de retratarla de la forma en la que él lo ha hecho, cuando ha sido privilegiado con tu confianza, cuando le has dejado entrar hasta conocer todas tus facetas, si es capaz de destruir todo aquello, es que no se lo merece- respondió –no hay nada ni nadie en este mundo que merezca la pena lo suficiente como para cambiarlo por la mujer que yo he podido conocer en los últimos días, que por lo que he podido ver en esos retratos no es ni una decima parte de lo que puede ser…- y mientras lo decía le obligó a mirarle a los ojos levantándole la barbilla oro y agua enfrentados.
-debo irme… tengo miles de cosas por hacer para mañana.- comentó la rubia rompiendo el contacto.
-¿Quieres que te acompañe?- se ofreció él –no creo que sea buena idea deambular por ahí en tu estado…-
-Gracias, pero no…- negó y sin darle lugar a replica se alejó sin más.
(**)
Era de uno de esos primeros días de verano en los que el sol arrecia, el calor se hace insoportable; el típico día en el que la buena gente se deshace de las últimas prendas de abrigo y busca refugio en lugares frescos, la sombra de un gran árbol en medio de un parque, una cabaña en la montaña o una casa en la playa; mientras que los menos afortunados se quedan en las ciudades cumpliendo con sus obligaciones.
Hermione debería de encontrarse entre esos muchos menos afortunados pero gracias a su ahora histérica mejor amiga, en esos momentos tenía una refrescante piña colada en las manos. Ginny le había escrito a la hora del almuerzo, lo irregular de la letra le hizo pensar a Hermione que hacia mucho había pasado del tercer café del día. La carta era en toda regla un grito desesperado en la que entre otras cosas hacia alusión a la misteriosa desaparición de Luna con quien había quedado para almorzar y hacer unas últimas compras. Ginevra estaba a punto de tener un sincope por eso Hermione sostenía una piña colada helada en su mano derecha y observaba de reojo a Ginny pasear de un lado a otro. -¿Para que necesitas todas estas cosas?- la pregunta la hizo sentada en el diván de color borgoña que estaba colocado junto al ventanal de la recamara de Harry y Ginny; Frente a ella la castaña tenía un baúl a rebozar de cosas de su mejor amiga.
-Harry no me ha dicho donde vamos a pasar la luna de miel, luego necesito estar preparada…-
-Un jersey de lana, una parka y un pluma, no va a llevarte al polo norte- aseguró la castaña.
-¿Tú sabes algo?- cuestionó la pelirroja mientras llenaba un neceser con sus enceres personales, cremas, perfumes, peines y maquillaje, volteó para encarar a su amiga –y bien…-
-Nada en absoluto- respondió la ojimiel –Harry lo ha mantenido oculto todo el tiempo…-
-¿Y Ron…?- musitó Gin esperanzada, pero su amiga negó.
-si Ronald lo supiera, yo lo sabría…-
-Y me lo dirías…- señaló la pelirroja.
-por eso Harry no nos lo ha dicho a ninguno de los dos- aseveró Hermione al tiempo que acomodaba con ayuda de su varita los objetos que Ginevra había apilado previamente sobre su cama.
-Si, no ha soltado ni prenda al respecto y es frustrante no tener ni idea de donde voy a pasar las próximas tres semanas, odio tanto secretismo…-
-Vamos Ginny a ti te encanta las sorpresas…- le recordó.
-Me encanta que me regale flores sin motivo aparente, o que me sorprenda para la cena con mi plato favorito, me encanta que vaya a buscarme a un entrenamiento sólo para darme un beso rápido ante de volver al trabajo, amo que me espere en las escalinatas de la entrada de casa los días que tengo sesión doble o después de una derrota y realmente me fascina que deje notas sobre la cama cuando se marcha a trabajar y yo todavía sigo dormida… eso me encanta; respecto al resto de mi vida quiero tenerlo todo bajo control.-
-Bueno, tranquilízate ¿Quieres? Piensa en este viaje como unas vacaciones normales siempre desaparecéis sin que nadie tenga la más mínima idea de a donde vais-
-Si, la diferencia está en que en esos viajes yo siempre sé el lugar exacto en el cual voy a pasar la noche y ahora no sé nada absolutamente nada… Harry no ha soltado prenda… y para colmo está comportándose de una manera extraña desde hace días…- dijo la pelirroja –hoy por ejemplo salimos a correr bastante temprano, desayunamos juntos y después volvimos a casa tomamos una ducha rápida y desapareció con un "Tengo que arreglar un par de cosas, te veo luego"- añadió ella haciendo una burda imitación de la voz de Harry -… ni siquiera me dio tiempo a preguntar a donde iba , te veo luego ¿Desde cuando se despide de mi con un simple te veo luego?-
-estás paranoica…- aseguró Hermione, intentado contener la risa – deberías tomarte un descanso, métete en la bañera y toma un baño con sales o lee un libro, siéntate en el salón a beber té y escuchar música o…-
-Hermione si tuviese tiempo para hacer todo eso tú no estarías aquí, yo no estaría histérica y con mi madre a punto de enloquecer y arrastrarme a mí en el camino…-
-entonces busca el tiempo- le interrumpió la castaña –el sábado es tú gran día, vuestro gran día- se corrigió –has soñado con ello durante años, no dejes ahora que un poco de estrés y toda la presión añadida del con quien te casas y el quien eres te lo arruine…- la pelirroja asintió -¿Sabes lo que vamos a hacer?-
-¿matar al inventor de la santa institución del matrimonio? O mejor aun hacerle un obliviate a todos los invitados, Harry y yo nos escapamos, nos casamos en algún paraje paradisiaco, mientras tanto Ron y tú buscáis algún tipo de hechizo que evite la rabia desbordante de mi madre y al final de julio cuando regresemos a Inglaterra como marido y mujer hacemos pública la notica- Granger pasó por alto la perorata insensata de su amiga y cuñada, y le explicó.
-Conozco un magnifico hotel en Londres con SPA incluido, iremos allí mañana y no voy a aceptar un no por respuesta va ser mi regalo de bodas particular.-
-Mione, mañana es mi despedida de soltera ¿Lo has olvidado?-
-iremos por la mañana, me he pedido un puente largo en el trabajo, la verdad es que empezaba el viernes pero aun tengo días de vacaciones del año pasado así que no les importará que empiece el jueves le enviaré una nota a Audrey y a Jhamie; el caso es que iremos a ese SPA, nos depiláremos de la cabeza a los pies, nos harán un masaje tailandés, reflexología, también un pilin facial y el tratamiento estrella una mascarilla cutánea de oro de veinticuatro kilates. ¡Ah! y para rematar la faena la manicura y la pedicura…-
-eso suena fantástico…- aseguró la pelirroja.
-Perfecto, voy a enviarle una nota a las chicas ahora mismo…- contestó la morena yendo hacia el escritorio donde Ginny guardaba las plumas y el papel.
-Las chicas, ¿Qué Chicas?- quiso saber.
-Luna por supuesto y pensaba en Hannah y Angelina, la pobre está agobiada con lo del embarazó necesita mimos, Fleur, si tú quieres y Audrey tal vez… por lo menos eso es lo políticamente correcto.
-A la mierda lo políticamente correcto, las cuatro primeras perfecto, tendré que soportar a Audrey durante la tarde y vérmelas con su cara de algo apesta aquí el viernes y el sábado.-
-Entonces que sean Hannah, Luna, Angie y Fleur a las nueve y media así podríamos desayunar juntas…-
-suena ideal- accedió la pelirroja un poco más animada - voy a buscar a Smag…-
Hermione escribió en cuatro trozos de pergamino el mismo texto exactamente:
Ginny necesita un respiro, sesión de belleza en el Palace a las nueve y media, desayunaremos allí. Besos Hermione- además garabateo en el mensaje que destino a Luna un -¿Dónde te has metido?
.
(*)
El día anterior se le había hecho imposible ir a buscar la gargantilla y era algo que se sentía en la obligación de hacer personalmente, por eso no le pidió a Bill que la retirase y se la llevase a casa como hacía normalmente cuando necesitaba algo de una de sus cámaras, procuraba mantenerse alejado de Gringots lo máximo posible y ya que su cuñado trabajaba allí y era un as con las finanzas no le pareció mala idea nombrarle como su contable y administrador cuando aun era un crió de diecisiete años; un trabajo que Bill desempeñaba a la perfección y por el cual recibía una alta bonificación fuera de su sueldo habitual. Por eso y sólo por eso tenía acceso a todas sus cámaras y había podido constatar en tiempo record que el collar seguía en la número 517.
Cuando hizo reunificar sus pertenencias en dos cámaras, manteniendo separado el dinero de los Potter y de los Black, los gnomos no habían tenido en cuenta la número 517 porque técnicamente el tío de Sirius no era un Black, puesto que había sido borrado del tapiz familiar.
Bill le esperaba de pie en las escalinatas de la entrada y le saludo a lo lejos con un movimiento de cabeza hasta que estuvieron a un metro o así de distancia, el lugar se hallaba casi igual que siempre incluyendo a los gnomos y su mala leche.
-Como te va- saludó el mayor de los Weasley con una sonrisa que hizo que las cicatrices de su rostro tuvieran un aspecto un tanto siniestro. Harry se encogió de hombros antes de contestar.
-como crees…-
-Si, las mujeres y las bodas, mi hermanita te está poniendo de los nervios y haciendo que te preguntes porque demonios estás haciendo esto ¿No es así?-
-Si- respondió el ojiverde –pero sólo porque no come, no duerme, parece un autómata, estoy seguro de que sigue respirando porque es una función involuntaria del cuerpo…- Bill rió mientras avanzaban por el gran Hall del banco entre el bullicio de los clientes y las miradas furtivas que le lanzaban al moreno los curiosos.
-bueno tranquilízate… ira a peor te lo aseguró…-
-¡Oh! Es un consuelo saberlo…- ironizó.
-el viernes se tirará de los pelos y el sábado se subirá por las paredes, pero cuando todo termine pensarás que ha merecido la pena, confía en mi chaval he pasado por eso…-
-lo sé… el caso es que… es agotador –Admitió -… y para rematar la faena estoy en medio de las dos, no puedo hacer feliz a una sin que la otra se enfade, así que estoy entre ella y tu madre, todo el tiempo…-
-eso es cuestión de equilibrios y prioridades Harry, mamá puede ponerse realmente pesada si se lo propone pero no lo hace con mala intención y Ginny, que te voy a contar que tú no sepas… mantente al margen tanto como puedas y luego una de cal y otra de arena… -Harry sonrió había llegado a la zona de vagones que descendía hacía las cámaras y uno de los guardianes de gringots les esperaba de pie junto a uno de ellos. -¿Quieres que te acompañe?-
-por supuesto, no hay nada que esconder…- ambos hombres subieron al vehículo acompañados por el gnomo de aspecto desagradable -¿Por qué viene él?- indagó el ojiverde en voz baja.
-es una cámara de seguridad, sólo un gnomo puede abrirla- contestó la ofendida criatura.
-Puedo preguntar que hay dentro de la caja- indagó el pelirrojo para desviar la atención.
-no la abriste- se extrañó el pelinegro.
-claro que no… me pediste que comprobara que se encontraba en la cámara no…
-Bill- le cortó el moreno –no tienes que darme explicaciones, di por sentado que la abrirías eso es todo…- el hombre asintió –sabes guardar un secreto…- inquirió.
-seguro- respondió el pelirrojo.
-es un regalo de boda para Ginny…- explicó secamente –lo verás ahora…- el vehículo comenzó a aminorar la marcha progresivamente y se detuvo frente a la puerta sin pomo de la cámara 517; el gnomo hizo un par de movimientos circulares con sus uñas sobre la gruesa puerta de madera que se abrió instantáneamente.
-les esperaré aquí- gruñó el pequeño gnomo mientras ellos traspasaban el umbral y la puerta se cerraba a sus espaldas; la habitación era sólo un poco más grande que la que él había utilizado durante sus años de colegio aun lado estaban apiladas en prolijas columnas los galeones, nuts y los sikels; al otro colocados contra una pared y tapados con una manta varios cuadros, retratos de familia supusó él moreno y en la única estantería del lugar rodeada de un montón de artefactos extraños todos los cuales tenían tallado el monograma de los Black, destacaba una caja de terciopelo granate en cuyo centro bordado con hilos de oro se encontraba el escudo de la familia Potter.
Harry lo abrió separando las dos partes del escudo familiar –mira esto- pidió a Bill –era de mi madre.- le informó Harry, Bill se quedó mudo por un segundo.
-A Ginny le encantará…- vaticinó.
-la verdad, espero que así sea.-
(**)
Jueves 26 de junio de 2003…
A la hora de la verdad sólo tres de ellas pudieron asistir a sus sesión de belleza, Angelina se disculpó porque tenía que ir a buscar a su madre al aeropuerto, Hannah dijo que tenía la posada hasta arriba, Fleur declinó la oferta porque Dominique tenía la gripe y no quería separarse de ella durante mucho tiempo, aunque todas ellas aseguraron que llegarían al té en casa de Ron y Hermione a eso de las cuatro y media.
Por su parte Ginny, Luna y Hermione salieron del spa con la piel tan tersa como la de un bebé y los músculos tan relajados que era como si flotasen en el aire; después de todo una sesión de baños termales, la pedicura, un pilin facial y un masaje de reflexología puede equiparse a volver a nacer. Serían cerca de las tres menos cuarto cuando volvieron a Cardiff, dónde la señora Granger como buena madre había tomado la batuta del mando y estaba organizando el catering y a los camareros, las habitaciones que serían utilizadas para la fiesta habían sido decoradas por Hermione previamente por lo que Ginny jadeo cuando llegaron a la casa.
-¡OH! Hermione esto está precioso- exclamó la pelirroja con una sonrisa los arreglos florales en los que dominaban las orquídeas estaban distribuido a lo largo de las tres habitaciones de la planta, junto con velas aromáticas que rezumaban su olor a sándalo y canela por todas las estancias. La morena le sonrió.
-Me alegra que te guste…-
-Como no iba a gustarme… siempre has tenido buena mano para estas cosas…-
-Exagerada…- Ginny la abrazó.
-gracias…- musitó la pelirroja ostentando una de esas sonrisas asombrosas.
-porque no vais a prepararos….-pidió la castaña –voy a comprobar que todo está en orden y subo a cambiarme, utilizar el cuarto de invitados.
-vale- accedió la rubia encabezando la comitiva, Hermione y Ginny intercambiaron una mirada de preocupación ante la apatía que había demostrado durante todo el día.
Ginny fue directo al punto una vez estuvieron a solas -¿Qué te ocurre?- indagó. La ojiazul se concentró tanto como pudo en sacar una a una las cosas que tenía en la bandolera, un par de zapatos de tacón, un pantalón corto de color negro y un top en color nude que se lazaba en el cuello.
-Nada en absoluto- respondió en voz baja, cuando calibró que Ginny perdería los papeles de un momento a otro.
-Joder Luna, ¿habla conmigo quieres?-
-Sabes que ese lenguaje es más propio de un criador de dragones o bestias que de una dama de buena cuna…- bromeó, pero a Ginny no le hizo ni pizca de gracia. –Sé que estás aquí vale, sé que si necesito hablar con alguien estás a un tiro de piedra, pero no quiero hablar de ello OK.-
-Dean ¿no? ¿Os habéis visto? Ha confirmado su asistencia a la boda… esta misma mañana…- intentó excusarse pero Luna la interrumpió.
-lo suponía…- respondió con un tono de voz neutra quitándose la camiseta que llevaba para acto seguido desabrochar el cinturón y la cremallera de sus vaqueros.
-yo podría…-
-Ginny, eres mi amiga, no se trata de prepotencia ni nada que se le parezca; si no me sintiese capaz de verle te lo diría… pero ya he sido humillada lo suficiente como para darle el gusto de ir por ahí diciendo que cancelaste su invitación porque yo te lo pedí… El es vuestro amigo a pesar de lo que pasó entre nosotros…-
-Lu, él puede ser amigo, tú eres familia y eso prima sobre cualquier otra cosa.- le recordó la pelirroja.
-Bien entonces has esto por mi quieres, deja que vaya…
-y permitir que te pasee a esa… por los morros…- Luna sonrió
-si es lo que quiere, que lo haga, que la lleve de la mano y le compre un par de zapatos caros… por mi no hay ningún problema.
-y tú vas a ir del brazo de tu padre para que él se sienta el amo del mundo…-
-Ginevra- la voz de Luna era bastante cauta –en primer lugar no tengo que demostrarle a Thomas absolutamente nada, él no es nada y has oído bien él no es NADA en mi vida y en segundo lugar tengo pareja para la boda…
-¿Quién es?- quiso saber Ginny curiosa.
-el sábado, te lo presentaré el sábado tras la ceremonia….- aseguró la rubia –ahora se supone que esto es tu despedida de soltera, que tal si terminas de vestirte y bajamos a disfrutar de la fiesta- dicho lo cual desapareció dentro del lavabo.
Casi cuarenta minutos después Luna fue la primera en volver a la planta baja donde la madre de Hermione como anfitriona daba los últimos retoques y las órdenes finales al personal. Jane le sonrió al verla acercarse, la mujer llevaba unos vaqueros holgados y un jersey ligero de color azul noche, el pelo pulcramente peinado en una media melena de cabello lizo, sedoso y brillante y de no ser por las patas de gallo y las arrugas en la comisura de los labios pocos creerían que se tratase de una mujer de mediana edad.
-estás bellisima- elogió cuando la ojiazul se detuvo junto a ella –son leganitas… pensé que eran una leyenda urbana…-
-regalo de cumpleaños de Ginny- explicó Luna mirando sus zapatos –puede que tenga un lado hippie hiper preocupado por la naturaleza, pero sigo teniendo una debilidad por los buenos zapatos de firma. Ginny los encontró en una tienda de segunda mano es cojonuda en esas cosas. – la señora Granger rió con ganas a su lado.
-¿Cómo te va por Brasil?-indagó cambiando de lugar un jarrón con orquídeas blancas.
-no puedo quejarme- musitó – el trabajo me mantiene ocupada, es agotador y a la vez muy satisfactorio, es algo por lo que he trabajado desde que tengo memoria y la gente es estupenda…-
-entonces te sentirás como en casa- vaticinó la madre de Hermione, más Luna no tuvo tiempo de responder porque sonó el timbre de la puerta y Hermione irrumpió en la habitación en el mismo momento, uno de los dos camareros vestidos de negro se dispuso a abrir la puerta que daba a la calle, mientras la castaña se les unía. Durante una fracción de segundo Luna pudo apreciar sin lugar a duda el parecido entre madre e hija, la misma barbilla, la forma de las cejas y la nariz, el mismo tono de piel y el color exacto de cabello.
La castaña llevaba un vestido de escote haltler, en un tono violeta y se había alisado el pelo, de manera que los mechones más largos le llegaban allí donde la espalda pierde su casto nombre.
-me gusta tú vestido- elogió la señora Granger -¿Es nuevo?- preguntó, la castaña asintió levemente.
-No es demasiado pomposo-
-en absoluto…- aseguró su madre.
-¿Quién ha llegado?- quiso saber la castaña y la pregunta quedó respuesta al instante cuando las hermanas Jhonson hicieron su aparición…. Emma le sonrió parada junto a Angelina, llevaba el pelo mucho más cortó que las veces anteriores, el mechón más largo apenas se sostenía tras la oreja, llevaba zapatos planos, que con su metro setenta y nueve de estatura no eran un gran problema, pantalones vaqueros ceñidos y un top negro cuyo escote atraía toda la atención, como joyas sólo un par de pendientes de oro diminutos y colgada del cuello la cámara de fotos de la que no se separaba nunca.
En contra posición a su hermana, Angelina llevaba un conjunto pre mamá, formado por un par de vaqueros rectos y un top de corte imperio que se ensanchaba bajo el busto de color rojo, el pelo negro y largo cogido en una coleta, zapatos planos más por su estado que por gusto propio, pendientes largos de plata y aparte de su sortija de compromiso y su anillo de boda un brazalete de oro colgando en la muñeca contraria.
-¿Dónde se dejan los regalos?- indagó la pequeña de las Jhonson señalando el paquete que llevaba en las manos; el camarero tendió los brazos hacia ella, asi que Emma se lo entregó -¿Cómo te llamas?- indagó.
-Joan- contestó el joven que al igual que ellas debía bordear la veintena, veintipocos en realidad.
-Bien Joan; yo soy Emma- se presentó –voy a estar rondando por la fiesta sin mezclarme porque como vez soy la fotógrafa, sólo bebo vodka con zumo de naranja natural y mucho hielo, que no me falte cariño…-
-¿Qué tontería es esa de no voy a mezclarme con las demás… también eres mi invitada?- señaló Ginny desde mitad de las escaleras, con el pelo ondulado enmarcándole el rostro y con un vestido de manga asimétrica que ceñía a su cuerpo hasta encima de las rodillas, que se sostenía con un broche dorado sobre el hombro izquierdo a juego con sus zapatos.
-párate allí- pidió Emma destapando el lente de su cámara profesional para hacerle una foto, la pelirroja rodó los ojos mientras la pequeña de las Jhonson repetía la acción un par de veces desde distintos ángulos –si dejas el deporte de elite dedícate al modelaje.
-Para que a Harry le de un ataque- señaló ella en cuanto pudo acercarse lo suficiente –perdona pero paso….- la saludó con un par de besos –Gracias por venir y por aceptar encargarte de todo esto…-
-bromeas, es un honor para mí, ya sabes "Harry Potter y Ginny Weasley" en el mundillo la gente vendería su alma por encargarse de este evento y sin embargo lo tengo yo una novata sin mucho nombre que trabaja la mayoría del tiempo en el mundo muggle.
-¿Así que esto aumenta tu caché?
-en el mundo mágico sí- se encogió de hombros Emma al tiempo que fotografiaba a Luna, Hermione y Angelina que habían formado un corillo un par de metros por delante de ellas –en el mundo muggle sólo debo poner hija de K A Jhonson y la gente responde "bromeas, era una artista excelente"- bromeó Em.
El timbre de la puerta volvió a sonar y desde ese momento ya no paró hasta dos horas después. Molly y Andrómeda llegaron, en segundo lugar, después Fleur y su hermana adolescente de diez y siete años, seguidas por Audrey, Lavander, Parvati y Padma, Alicia llegó poco antes de las cinco y poco después se les unieron Kate, Terry, Aletheia, Hannah, Otras compañeras del equipo y algunas viejas compañeras de Hogwarts a eso de las cinco y media había en la casa cerca de treinta mujeres, en un corrillo de conversaciones, comiendo, bebiendo y escuchando música suave que se filtraba desde el equipo de sonido del salón a todas las habitaciones.
-Cuando exactamente llega el boys- preguntó Kattie hablando sin tapujos –Ginevra, dime que te has salido del cliché de los bomberos y has elegido algo un poco más despampanante.
-pregúntaselo a Hermione y Luna la fiesta la organizaron ellas- Luna optó por la vía rápida y bebió un sorbo de su bebida .
-Granger- Kattie levantó la voz para atraer la atención de Hermione desde el otro lado de la habitación y con ésta la de todas las demás –Cuando llegan los chicos.
-¿Qué chicos?- cuestionó la castaña.
-los que van a quitarse la ropa, no os ofendáis muchachos- agregó mirando a los dos camareros que paseaban llenando copas por la estancia –pero esperaba algo más de sustancia…- las muchachas soltaron una risita colectiva mientras Molly desencajaba la mandíbula Hermione pasó la mirada hacía Ginny.
-¿Querías un boys?- indagó –porque si mal no recuerdo me dijiste explícitamente nada de hombres quitándose la ropa, algo con clase.
-si, lo dije, pero que esperabas que dijese si tenía a Harry a un metro de mi y escuchando todo cuanto decíamos.
-El caso, hay espectáculo o no hay espectáculo- apremió la cazadora de las Holyheads Harpies.
-lo siento chicas si vinisteis con la firme intención de ver a un tío en paños menores, os recomiendo que guardéis las energías para cuando volváis a vuestros hogares con vuestros, maridos, novios, amigos con derecho a sexo, vibradores personales o lo que sea que os espere en casa- número Luna –esto como ha quedado claro es una fiesta con clase para celebrar que nuestra amiga Ginny va a pasar a ese maravilloso estado de la vida que se llama matrimonio- ironizó – así que por Ginny y por su valentía para dejar la soltería a la que la mayoría de nosotras nos aferramos con ahínco…-
-Por Ginny- corearon todas, los cuchicheos volvieron a avivarse a lo largo de la estancia.
-Ginny- intentó excusarse la castaña -yo no… quiero decir que pensé que hablabas en serio cuando dijiste…-
-déjalo Hermione, de verdad no importa la fiesta es un éxito y tal y como dijo Luna yo soy de las que vuelve a casa con su todavía novio al final de la noche, le pediré que me haga un striptease privado, la verdad es que merece la pena.- Granger sonrió mientras Luna esparcía la noticia al otro lado de la habitación comenzando por Kattie Bell.
-pásale esto al resto de las chicas, pero que Ginny no lo vea…-
-¿Qué es?-
-la dirección de un night club muggle, dónde lo único que va a llevar ropa seremos nosotras, que lleven dinero muggle y hacer posible billetes de cinco libras porque las monedas no son nada sexy y estos chicos merecen la pena…-
-esto va a ponerse interesante.
-absolutamente…- la noticia del remate de la noche en el night club se extendió como pólvora.
-Chicas…- llamó Fleur para atraer la atención de todas –apagte del espectáculo que ya sabemos no va haber… se supone que en la despedida de soltera el propósito es poneg en evidencia a la novia…-
-no me gusta como funciona su mente, cuando deja que surja su vena malévola…- musitó Ginny junto a un par de ex compañeras de clase con las que hablaba –y menos si Luna tiene algo que ver con esto…- agregó al ver como la otra rubia recorría la habitación junto a uno de los camareros rellenando copas y repartiendo tragos.
-cuando me prometí mis amigas del colegio hicieron esto para mí.- explicó la mitad veela señalando el tablero que dejo sobre el suelo.
-vamos a jugar a un juego de mesa- preguntó una de ellas con incredulidad
-no aun juego de mesa cualquiera… Este tablerito te obliga a decir la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad, en el centro hay una especie de bola de cristal que se pone azul si dice la verdad y roja si alguien miente, dentro también hay una serie de indicaciones, beber, realizar una prueba de éstas que están aquí…- agregó dejando sobre el tablero un taco de cartas con una interrogación en el reverso –contestag a una pregunta de éstas- repitió la acción con otro juego de cartas -hacerle a alguien una pregunta, elegir a alguien cualquiera para que te haga la pregunta que quiera y en casos concretos salvarte de contestag y la pregunta rebotaría a quien tú quiegas. Obviamente quien no quiega jugar está en su derecho, Ginny tú no tienes voz ni voto…- aunque la gran mayoría se sentaron en los cojines en torno al tablero sosteniendo sus bebidas sólo la mitad accedió a seguir el juego… -Ginny tú comienzas.
La pelirroja presionó levemente la bola de crista y en la superficie surgió la frase CONTESTAR A UNA PREGUNTA. Fleur levantó la tarjeta amarilla e indago -¿A cuantos chicos has besado?
-Venga ya…-
-Vamos…-
-eso no es una pregunta de interés…-
-debiste quitar todas las preguntas moñas y de buen gusto…- sugirió otra.
-vamos chicas dejad que conteste- pidió la mitad veela – la cosa se pone interesante a partig de la segunda o tercega pregunta.
-tres.- respondió la pelirroja sin pensarlo si quiera, la bola se puso roja inmediatamente –oh vamos Michael, Dean y Harry son tres…- el color rojo persistió por lo que ella hizo memoria aunque una de sus ex compañeras de habitación se le adelantó…
-… y el chico de Hufflepuff al que le hiciste un moco murciélago, el que te besó en segundo curso.
-¡Oh merlín!- recordó la pelirroja –pero eso no cuenta, él me besó a mí y a cambió recibió uno de los mejores hechizos que he hecho en mi vida- la bola de cristal se tornó azul por lo que al parecer si contaba.
El juego siguió avanzando y con el pasar de los turnos las preguntas fueron subiendo de tono… cuando le tocó a Fleur por ejemplo, la pregunta fue del tipo que hace que se te suban los colores -¿Aproximadamente cuantas veces a la semana?-
-NO- musitó la francesa –definitivamente no pretendereis que responda…-
-absolutamente, todas lo hemos hecho- le recordó Kattie.
-pego está Molly…- señaló –y mi hermana pequeña…-
- lo siento pero es la ley…- sentenció Ginny.
-vale- cedió la rubia –os recuerdo que tengo dos niñas en casa y la cuestión se reduce a cuando tenemos tiempo o no estamos cansados...-
-al grano –pidió el público.
-bueno siete, nueve o incluso diez veces a la semana depende…-
-pero si la semana tiene sólo siete días- comentó Audrey, quien había rehusado a jugar; pero lo escuchaba todo desde su posición al final del salón.
-si pego nadie dice que lo haga una vez al día o todos los días, somos padres, pero también una pareja joven…
-Amen por eso rubia…- brindo Luna.
-Amen- le siguieron las demás.
-Lovegood- llamó Fleur para que se acercara –te toca a ti…- la rubia colocó la mano sobre el cristal y la palabra PRUEVA se reflejó claramente, tomando la tarjeta que coronaba el montón leyó en voz alta.
-Ve hacia el primer chico que te encuentres y pregúntale cuanto mide su miembro viril- en ese preciso momento Joan el camarero veinte añero hizo su aparición y todas rompieron a reír. La ojiazul se levantó y se acercó hasta el muchacho decidida.
-Joan, te llamabas ¿No?- el joven asintió repasándola de arriba abajo, piernas largas y delgadas, caderas redondeadas, cintura estrecha y un buen pecho… la chica tomó un trago, miró a sus amigas y le puso una mano en el hombro para acercarle –verás ves el grupo- señaló a las muchachas –una de mis amigas está embarazada y le habéis dado un picatoste como lo llamáis…- Luna le susurraba directamente al oído para que las demás no escuchasen.
-un entremés…- respondió con voz queda y la garganta seca.
-Entremés, eso es exacto… con pan de centeno si no estoy mal y le ha encantado y a una mujer embarazada no puede negársele absolutamente nada, quería comprobar que quedase suficiente pan de ese para la cena…-
-por supuesto señorita aun queda media hogaza, tal vez un poco más- tartamudeo el chico, sonrojando por la cercanía de Luna.
-a grosso modo- está vez se separó y levantó la voz para que las demás les escucharan –no hace falta que lo midieras con una vara ¿Cuánto mide? Más o menos…-
-aproximadamente quince o veinte centímetros…-
-quince o veinte centímetros- repitió la rubia en voz alta y haciendo mímica con las manos -¿no es un poco exagerado?-
-En absoluto- contestó el muchacho imitándola.
-y Joan que tan gruesa es- indagó Luna mirándolo directamente a los ojos al tiempo que le sonreía.
-en torno a los ocho o diez centímetros.
-eso es bastante, deberías presumir…- Luna se volteó a mirar hacía las otras y volvió a su asiento entre chiflidos y risitas…
-mono, veinte centímetros en alguien de su tamaño…- susurró Emma –diríamos que está bien dotado o que está echándose un farol.
. -querida, la mayoría de las veces la ley de la pistola es infalible…- aseguró Katty
-¿La ley de la pistola?- cuestionaron la mayoría, por lo que Katty estirando el pulgar y el índice contestó.
-hombre pequeño… y viceversa…-
-eso es fácil de saber…. Hermione- llamó Parvati – tú sales con el tío más alto de todas las que estamos aquí, exceptuemos a Dean eso serían dos clichés en un solo hombre…
-¿Cuanto mide Ronald?- indagó Gabrielle, ganándose una mirada reprobatoria de su hermana –en estatura quiego decig-
-uno ochenta y cinco, ochenta y seis tal vez- respondió Lavander.
-Y bien Granger, estás satisfecha o te sientes estafada cada noche…-
-no hay nada en este mundo que vaya hacerme contestar a eso- aseguró la castaña.
-no seas tan remilgada…-
-es tú turno querida…- le recordó Aletheia, Granger puso la mano sobre el cristal y las letras HAZLE LA PREGUNTA QUE QUIERAS A LA PERSONA QUE QUIERAS.
-Ginny- señaló Hermione.
-Pregúntale cuando y dónde fue su primera vez….- sugirió una de sus compañeras de equipo.
-lo siento pero esa información la conozco de primera mano y sin necesidad de jugar a nada…-
-pero a Molly le gustaría saberlo- le recordó Angelina… se trata de ponerla en un apuro…-
-No definitivamente, Ginny sería muy capaz de ponerme a mi en un buen aprieto- agregó la castaña señalando a su madre sentada al fondo del salón junto con Audrey, Andrómeda, Molly y otro par de chicas que habían pasado del juego.
-el sitió más raro dónde…- no pudo terminar la frase sin enrojecer.
-Vamos Hermione dilo en voz alta dónde te lo has montado…- completo Luna sin ningún apuro.
-que alguien se asegure de que Lovegood no beba un trago más- pidió Padma.
-puedo contestar a lo de dónde y cuando…-
-No…- negaron a coro todas.
- esto tiene que ser cojonudo para que no quieras decirlo en voz alta…- Ginny miró directamente a su madre que en ese momento estaba totalmente atenta a lo que hablaban ellas y enrojeció por primera vez en toda la tarde. Apartó la mirada se tomó de un trago su copa de Champagne y estiró el brazo para que se la rellenaran.
-esto no va a servir de nada para quien no haya estado en mi casa, quiero decir en casa de mis padres con anterioridad- de refilón vio como a su madre casi se le saltaban los ojos de las orbitas - y exceptuando a mis cuñadas, Hannah, Luna, las Patil, Lavander y Katty sois la gran mayoría…- se quedó en silencio y se mordió el labio, mientras el color se extendía por su cuello hasta lograr mimetizarla con su cabello -vale el cobertizo y no estoy hablando del de las escobas-
-el cobertizo de tu padre- corroboró Luna antes de echarse a reír.
-sólo fue…- decidió que mentir era una pésima idea –la maldita bola la delataría –han sido un par de ocasiones, nada más y no pienso entrar en detalles al respecto….-
-tranquilízate Ginny, pasado mañana serás una mujer felizmente casada y tus acciones serán tan venerables como la que más… ninguna de las aquí presente hemos hecho voto de castidad o algo por el estilo- le recordó Terry-
-eso es cierto… pero creo que Molly está perdiendo el concepto honorable, de buena señorita inglesa que tenía de su hija- señaló Aletheia.
-En absoluto- respondió la matriarca de los Weasley –Yo también he sido joven…-
-Y eso que significa exactamente…- preguntó Ginevra.
-Dónde crees tú que fuiste engendrada… una casa llena de niños no se presta precisamente para el amor…- Ginny desencajo la mandíbula.
-déjalo… no quiero saberlo- musitó fehacientemente.
-vamos cariño, no creerás a estas alturas que te trajimos de Paris o que eres fruto de un hechizo.-
-Vamos señora Weasley por qué no juega con nosotras… esto se pondría realmente interesante-…- pidió Emm.
-No querida…- se negó Molly –A Ginny le daría un ataque si contase mis intimidades en público, sobre todo lo que tiene que ver con su concepción y el cobertizo de su padre…-
Después de un par de rondas más en el juego los tragos ya empezaban ha hacer efecto por lo que las negaciones o los remilgos habían desaparecido en su mayoría… era el turno de Luna, pero utilizando un comodín que había ganado en la ronda anterior remitió su pregunta a Ginny CUENTANOS LA ULTIMA COSA RARA, RARA, RARA QUE HAYAS HECHO EN LA CAMA.
Ginevra se quedó pensativa durante un par de segundos haciendo memoria y empezó hablar a borbotones.
-Cuando me rompí la pierna a final de la temporada, el fisio del equipo me recomendó unos días de reposo absoluto y os juro que Harry es absolutamente pesado con esas cosas…- comentó –el caso es que yo estaba muerta de hambre y no lo suficientemente cansada como para poder dormir con el estomago vació y mi prometido en lugar de permitir que fuese a prepararme un sándwich de pavo, con mayonesa, mostaza, escarola y mil calorías, fue a buscarme algo de comer a la cocina y obviamente como cualquier hombre eligió la vía fácil…- soltó una risita del tipo que lanzan las personas cuando han bebido un poco de más -trajo un bol a rebozar con cerezas recién recogidas, porque yo siento una fijación por esas frutitas y un bote de nata montada, porque tiene azúcar y por que aquí entre nos a Harry se le ocurren cosas muy buenas cuando tiene nata entre las manos… Lavander todo lo que aquí se dice es off the record (Expresión periodística que significa que no puede ser escrito o publicado)- advirtió -en su momento pareció una idea la mar de buena comerme las cerezas y la nata directamente de su piel y el caso es que me termine comiendo veinticinco pares de cerezas que colgaban….- se interrumpió las miró a todas y continuó –el caso es que me comí cincuenta cerezas y todavía quedaba espació para un chorrote de nata montada, lo que provocó que a mitad de la noche tuviésemos que darnos una ducha porque estábamos pringosos y además cambiamos las sabanas porque también lo estaban y parte de culpa la tenía la nata…-
-intento visualizarlo… ¿Dónde exactamente tenía Harry colgando las cerezas?- preguntó Luna.
-lo siento pero no voy a entrar en más detalles…
-Vamos Ginny…- corearon la gran mayoría.
–Eso no es justo- acotó Parvati.
-el tablero cree que si…- dijo la pelirroja, todas voltearon a mirarle y la bola de cristal era azul, el timbre sonó por lo que la pelirroja se levantó –Oh salvada por la campana…-añadió mientras el camarero rubio de ojos oscuros abría la puerta.
Un hombre imponente se adentró en la habitación, de tez blanca y rasgos caucásicos tenía los ojos negros y el cabello castaño cortado al estilo militar, en las manos llevaba un baúl de madera con un enorme lazo rojo de aproximadamente cincuenta centímetros de largo, veinte de alto y más o menos lo mismo de profundidad. Tras él venía una mujer bastante más pequeña de cabello oscuro y liso y rasgos orientales, en brazos llevaba a una niña de dos o tres años también de ojos castaños pero en cuyos rasgos podía apreciarse la mezcla de ambos padres, la mayoría de las chicas pertenecientes al ED se quedaron estupefactas cuando la pelirroja la saludo como si se tratase de viejas amigas.
-No tenías que molestarte…- aseguró Hermione poniéndose de pie –podías haberlo enviado vía lechuza…- el hombre dejo el baúl en el suelo.
-De ninguna manera, y arriesgarnos a que desaparecieran… además no es ninguna molestia… a Mike le encanta conducir y hemos pasado el día en el zoo ¿Verdad Keiko?- la niña asintió mientras Ginny le hacía carantoñas -lamento la tardanza y no poder quedarme pero mañana debo estar de pie muy temprano y aun tenemos varias horas de viaje…-
-Tomaos algo, por lo menos…- pidió Ginny.
-no podemos …- negó Cho incomoda por la mirada de las demás -sólo quería entregarte mi regalo- explicó tendiéndole una caja rectangular envuelta en papel negro y con un lazo de gasa blanco, las novias necesitan algo nuevo, viejo, azul y algo prestado… bien aquí tienes algo azul y sé que es el tipo de cosas que un hombre quiere ver bajo el vestido de novia…- Ginny le sonrió y Cho correspondió a su gesto –ha sido un placer veros a todas…- saludo a las demás –te veré el sábado en la recepción- añadió antes de encaminarse hasta la puerta con su familia.
-Señoras- chilló Hermione cuando Chang, su hija y su marido se marcharon –ha llegado el momento de que Ginny habrá sus regalos prenupciales…-
-Empezando por el nuestro…- agregó Luna ayudándole a Hermione a levantar el baúl del lazo rojo y acercándole hasta el corillo que formaban las demás que aun no se reponían de la visita.
-No teníais que…-
-no sigas por allí o te convertiremos en chicuca- aseguró Luna -además es un regalo colectivo de parte de Angie, Hannah, Hermione y claro está mió…-
-¿Qué es?- Ginny se sentó de nuevo junto a las demás.
-Tú que crees…- musitó Angelina – ¿Qué se le puede regalar a una novia?
- aunque en realidad es más un regalo para Harry que para ti…- aseveró Luna sentada a su izquierda. Ginny abrió el baúl en periquete… ¡Ahh! La exclamación fue colectiva, en cuanto apartó el papel que cubría las prendas, encontró un camisón de satén y encaje en color crudo.
-Es sublime… musitó mirando a sus amigas.
-bueno nos pusimos en la tesitura de que Harry conoce todo tú cajón de lencería y aunque eres una asidua de VS y tiendas similares, nosotras decidimos sorprenderos a ambos con algo más clásico pero igual o incluso mucho más sexy.- explicó Hannah.
-ya sabes que yo puedo ir vestida con harapos; pero bajo la ropa siempre llevo algo que me haga sentir como una dama, de los pies a la cabeza y la buena lencería siempre cumple sus propósitos…- señaló Luna.
-estás chalada…- aseguró Ginny –pero te quiero igual…- La rubia rodó los ojos en un gesto más teatral que otra cosa y seguidamente respondió.
-por amor a dios, sigue sacando cosas, todas quieren verlo.-la pelirroja pasó el camisón hacía su derecha para que las otras pudiesen apreciar el detalle del encaje en el pecho. Gin continuó sacando prendas del pequeño baúl por lo que le pareció una eternidad, varios camisones más de color rojo, negro, blanco en satén o seda; unos cuantos ligueros, sujetadores de encaje y unas braguitas que daban vergüenza sólo con mirarlas por lo minúsculas que eran… pero la joya de la corona fue indiscutiblemente la última pieza de la colección un corcet de color rojo que rivalizaba con su cabello, la pieza era una autentica obra de arte, hecho en seda natural, la parte izquierda estaba bordada con una tira de satén negra formando un diseño floral que comenzaba en el pecho y bajaba por la cintura, la parte trasera se ataba con una tira de satén también negra y a juego llevaba un culote rojo y negro y un ligero del mismo color.
Tras el regalo de la chicas, siguió abriendo uno a uno los de las demás, Fleur había tenido una idea similar a Hermione, Luna y las demás pero lo había hecho traer de Paris, el juego completo contaba con un camisón blanco que dejaba poco o nada a la imaginación una bata de seda en el mismo color y lo que su cuñada denominó zapatos de dormitorio; las Patil la obsequiaron un juego de aceites aromáticos e inciensos traídos de la India con propiedades afrodisíacas según sus propias palabras; Las chicas del equipo le regalaron el tipo de cosas que preferías que no viese tu madre en su vida, era como si fuesen asaltado una tienda erótica y luego la envolvieron en papel regalo, desde una pluma la mar de inocente, hasta un látigo de nueve colas con esposas incluidas. Cuando Ginny preguntó quien había elegido esto último.
-Ya sabes que siempre tenemos que llevar la voz cantante…- musitó Katty con una sonrisa leve.
-la verdad, Bell no quiero imaginarme que demonios haces con esto…-
-Vamos tesoro se trata de fantasías, nada que se salga de los conanones marcados y siempre con pleno y absoluto consentimiento.-
-bueno pese a parecer sosa yo soy de las que prefieren acurrucarse al lado de su chico y dormir abrazados cursi o no, es lo que me va.-
-y a mi, pero es otra forma de ponerle picante al asunto, nadie te está diciendo que te pases al BDSM, pero siempre es bueno tener todas las posibilidades…- una risita nerviosa se extendió por toda la habitación.
Los camareros abrieron las puertas francesas que daban directo al comedor, hora de la cena.
(*)
A varios cientos de kilómetros de allí, la fiesta de los chicos se desarrollaba con total tranquilidad; Lee había cedido su loft para convertirlo en una sala de "convenciones" en las que primaba la testosterona sobre cualquier otra cosa. La casa que apenas contaba con unas cuantos tabiques para separar el lavabo del resto del lugar, estaba ubicada en una zona industrial de Liverpool y lo que normalmente era un sito confortable y espacioso se sentía bastante más pequeño puesto que estaba abarrotada de hombres que bebían wiskey, cerveza, coñac e incluso tequila; al tiempo que fumaban puros o tabaco de liar.
La cacofonía producida por una veintena de tíos hablando al mismo tiempo y la música rap que sonaba a todo volumen podría haber sido abrumadora o molesta de no haber llevado ya varias copas de más.
Jordan, George y gran parte del departamento de aurores de Inglaterra se lo estaban pasando de lo lindo, Harry por su parte se tomaba la tercera cerveza de la noche, alejado del barullo de todo lo demás junto a Neville, Kingsley, Arthur, Percy y Hagrid.
El timbre de la puerta llamó la atención de todos, Lee con una sonrisa de oreja a oreja se apresuró a abrir dándole paso a media docena de mujeres, cada una de las cuales saludándole por su nombre, con una sonrisa y un beso en la mejilla se acomodaron a su vera.
-Señores…-dijo Jordan levantando la voz sobre la música –ha llegado el plato fuerte de nuestra velada; sólo las veleidades más despampanantes para nuestro amigo Harry…- las chicas soltaron todas una risita. La que obviamente si no era la jefa propiamente dicha, era la líder del grupo volteó a mirar a Lee.
-¿Dónde será el espectáculo?- cuestionó.
-en el salón- contestó Lee señalando la habitación que por esa noche carecía de más mobiliario que una mesa baja de roble, le sonrió y le tendió un CD –bien ya sabes lo que hacer, nosotras vamos a cambiarnos – el le devolvió el gesto.
-siéntete como en tu casa- musitó.
-como siempre tesoro…- aseveró ella orgullosa, encabezando la marcha hasta el segundo piso.
El grupo de mujeres se perdió escaleras arriba en medió de una lluvia de silbidos y comentarios.
-Buena elección- aseguró Seamus Finigan; a pocos pasos -¿Puedo quedarme a la rubia?- indagó.
-Son bailarinas Finigan, no están en venta ni nada por el estilo- retrucó Lee.
-Esto es denigrante…- comentó Percy con su tono de voz moralista de siempre, comentario que fue acallado con un firme abucheo por parte del resto de los invitados.
-Nadie te ha dicho que te quedes…- respondió el moreno sin disimular en lo más mínimo el mar humor que le causaba -…y en todo caso el espectáculo es para Harry no para ti, asi que cállate y disfruta si puedes…- se hizo el silencio en la habitación –Potter siéntate aquí- ordenó Lee, arrastrándolo hacia el butacón de cuero que había aparecido frente a la mesa de madera sobre la que las chicas bailarían; le cambió la cerveza por un vaso de wiskey y añadió –vas a necesitarlo…-
-Que va a ser, un espectáculo tipo chica coyote- indagó George –porque Magda es una experta, si mal no recuerdo…- los amigos intercambiaron una mirada breve, antes de que Lee contestará.
-en absoluto, Harry se merece algo con más estilo, con más clase, un espectáculo de burlesque tipo años cincuenta con todo lo que ello supone.
La música cambió al instante que las chicas dieron la señal, un sólo instrumental de música suave, en el que algún entendido pudo diferenciar un clarinete, un saxo y un bajo… antes de que se abriese la cortina del dormitorio como un telón descubriendo a las seis mujeres.
Una a una bajaron las escaleras del segundo piso, sobre unos tacones de vértigo que se anudaban en los tobillos, todas llevaban ropa que te hacía retroceder cincuenta o sesenta años en el tiempo, vestidos que dejaban entrever la voluptuosidad de sus cuerpos en contraste con la estreches de sus cinturas, como único maquillaje labios de un vivido tono rojo, y los ojos parcialmente ocultos por la malla de color negro de sus tocados que les tapaba el rostro hasta la nariz.
El grupo chicos se dividió en dos cuando todas estuvieron en la planta baja, la coreografía planificada al milímetro, continuaba con guante derecho e izquierdo fuera y cayendo al piso como el pétalo de una flor, al unísono se llevaron la mano al cuello y lentamente en una caricia casi inexistente bajaron por el pecho dejando entrever la lencería, recorrieron la cintura y bajaron por los muslos hasta la rodilla, dónde revirtieron el camino hasta llegar a la cadera, todas con una sonrisita irónica y maliciosa, continuaron el camino con paso firme hasta la mesa.
Durante diez minutos, en la habitación reino el silencio roto sólo por la música que salía del equipo de sonido, la canción parecía interminable y el baile de las muchachas era hipnótico, no era tanto el hecho de quitarse la ropa, si no forma de hacerlo, sensual, lento, artístico.
Una a una, todas bailaron para Harry en exclusiva durante unos cuantos segundos, por lo que faltando un minuto o tal vez dos sólo una de ellas segía vestida de los pies a la cabeza, la joven vestida de blanco y negro (Supusó Harry por idea de Lee) bajo del improvisado escenario con un ligero contoneo de cadera, se detuvo frente a Harry con un sonrisa y se llevó las manos a la cabeza, despacio sin ninguna prisa, primero las orquillas de un lado y luego las del otro (a diferencia de las demás que llevaban un tocado, ella llevaba una pamela lo que le impedía verle el cabello y el rostro) el golpe de efecto fue perfecto, el sombrero cayó a un lado de la butaca, al tiempo que el pelo rojo le caía en cascada por el rostro y la espalda.
Harry pudo escuchar la risita burlóna de sus compañeros de trabajo, a demás de los comentarios de Neville, Ron, Kingsley y Arthur.
Debía reconocerle a Lee que se había esmerado, el parecido con Ginny era ciertamente asombroso, pero los ojos de su novia eran como mínimo un millar de veces más hermosos más profundos, más atractivos. La chica le sonrió insinuante una vez tuvo toda su atención, comenzó a desabrochar uno a uno los cuatro botones que mantenían la chaquetilla en su lugar, cuando la dejó caer al lado contrario de su pamela, siguiendo el ritmo de la música deslizó la cremallera de la falda desde su lugar al lado derecho de su cuerpo, justo bajo el pecho hasta la cadera, siguiendo el ritmo de la música; la falda se deslizó suavemente hasta quedar arremolinada en su tobillos, dejando al descubierto un camisón de satén perlado que dejaba entrever un liguero que adornaba unas piernas esbeltas, rodeadas por unas medias oscuras. Levantó la pierna derecha en un ejercicio de acrobacia y la colocó en el apoya brazos en el que Harry reposaba la mano izquierda. El moreno apartó la mirada, no por pudor sino por respeto. Por lo que ella le tomó la barbilla para que la mirara a la cara, le sonrió pero esta vez una sonrisa de solidaridad y en perfecta sincronía se quitó el camisón y lo dejó caer en el momento justo en que terminaba la canción, dejando al descubierto un conjunto de lencería vintage de color rojo y negro que contrastaba con el níveo tono de su piel. La chica se agachó y le besó en la mejilla al tiempo que le musitaba al odio.
-¡Qué seas muy feliz!- inmediatamente se levantó y miró directo a Lee, mientras el resto aplaudían ferozmente y sus acompañantes recogían la ropa –Se ha sonrojado- comentó.
-te dije que lo haría es un buen chico- le recordó Jordan mientras se les acercaba.
-Creo que la última vez que un tío se sonrojó delante de mi, yo tendría unos diez y seis… Anda que apartar la cara, has acabado con mi autoestima –bromeó mientras Lee le tendía el camisón que acaba de quitarse.
-lo siento, estoy comprometido…- aseguró Harry ya de nuevo en pie.
-chica con suerte entonces.- comentó poniendo morritos –guapo y fiel…- miró a Lee –es una mezcla poco convencional.
-algo de beber cariño- ofreció el moreno zanjando el tema.
-Wiskey como siempre- pidió ella con una sonrisa.
-Susane- la sonrisa de la pelirroja se ensancho al voltear, todas sus amigas se habían diseminado por la fiesta, algunas como Susane más vestidas que otras
-George Weasley- saludó con un abrazo y un beso en la mejilla – ¿Cuándo fue la última vez que te vi? Hace tanto tiempo ya que ni si quiera lo recuerdo- él le devolvió el beso en la mejilla y le sonrió a su vez –me has abandonado- le recriminó, George levantó su mano izquierda como defensa mostrándole su anillo de bodas –FELICIDADES ESTONCES- dijo ella dejando entrever cierto acento irlandés –hay una especie de epidemia, debería preocuparme por ti Lee…-
-Va de reto Satanás…- bufó el moreno entregándole la copa, ella rió porque le conocía lo suficiente.
-¿Qué tal se ha portado mi futuro cuñado?- cuestionó el pelirrojo de pie junto a ellos; Susane, pasó la mirada de Harry a George y sonrió.
-Como un caballero, aunque ahora comprendo que haya mantenido las manos sobre la butaca durante todo el espectáculo, por un momento pensé que perdía facultades con los hombres.
-Este es un santurrón de todos modos- vaticinó Lee y George asintió.
-aun estando solos, podías haberte hecho vieja- apostilló con una nota de humor -¿Qué te parece Harry se parecen o no?- el moreno asintió -Susane nunca me ha creído cuando le digo que mi hermana es idéntica a ella.
-tanto como idénticas…-
-vale- interrumpió el pelirrojo –a tus ojos Ginny siempre va a ser más guapa, pero la primera vez que la vi bailar; estuve a punto de bajarla del escenario y llevármela a casa en hombros.- ella se rió.
-pero en lugar de eso, pagaste tres bailes…- le recordó.
-no bailaste para mí, hice que te sentaras a mi lado durante los siguientes cuarenta minutos, hasta que me asegure de que en lugar de mi hermana pequeña eras una desconocida…-
-George Weasley- la voz llegó de su espalda, antes de que le besaran la mejilla.
-Magda- saludó él a su vez, ella se apartó un poco y saludo a Harry con un asentimiento de cabeza.
-Lee, ¿quieres ayudarme con algo…?- le pidió.
-todo por una dama- masculló el moreno tendiéndole su copa a Harry y alejándose con la morena.
-No va a cambiar nunca ¿No es así?- soltó Susane con una ligera sonrisa.
-la verdad, lo dudo- contestaron los dos hombres al unísono.
(**)
Viernes, 27 de junio de 2003.
Sentía la boca pastosa, los parpados le pesaban una tonelada mínimo y cuando giró sobre si misma para quedar boca arriba creyó por un momento haber invertido el universo al completo, escuchó el chirrido de la puerta de la habitación al abrirse y parecía como si un par de amplificadores se le fuesen colgado al oído.
-Buenos días dormilona…- el dolor de cabeza empeoró a pesar de que el saludo había sido pronunciado en voz monótona y bastante suave.
-baja la voz… por favor.- replicó, Harry rió y sintió su peso cuando se sentó a su lado, abrió los ojos lentamente para acomodarse a una luz inexistente ya que todas las cortinas seguían echadas, miró a un lado y al otro algo confusa, pues no reconocía nada del mobiliario ni de su distribución.
-la mansión…- contestó Harry a la pregunta que debió cristalizarse en sus ojos marrones, bostezó y trató de incorporarse -¿Café?- indagó su prometido tendiéndole una taza humeante de café negro. Le dedicó una sonrisa antes de llevársela a los labios.
-¿Cómo es que estás tan fresco?- indagó Ginevra, mirándolo de hito en hito; no tenía ojeras, ni cara de estar siendo torturado por un dolor de cabeza insoportable, ni siquiera parecía que fuese sensible a la luz.
-me he levantado pronto, salí a correr por la playa un par de kilómetros, me di una buena ducha y después baje a la cocina a desayunar, aunque creo que el secreto se encuentra en que anoche no bebí más de tres o cuatro cervezas.
-¿No te divertiste? Por regla general las fiestas de Lee y George son un desmadre.
-la fiesta fue bastante bien, pero deje el alcohol en mano de los expertos, creo que todos tus hermanos tienen una cogorza de tres pares de narices, al departamento de aurores de Inglaterra le faltan como mínimo un cuarenta por ciento de sus efectivos y el cien por cien de sus fuerzas de elite y si no me equivoco el guardián de las llaves de Hogwarst deben estar KO.- Ginny le dedicó una ligera sonrisa mientras el café y lo que fuera que llevara por añadidura empezaban a hacer efecto. -¿y tu fiesta? Fue un éxito absoluto supongo-
-Supones bien, al menos la parte que recuerdo, que te lo creas o no, es la gran mayoría; mi conciencia se nubla un poco a eso de las tres de la mañana, cuando uno de los camareros del PUB le cedió a Luna la batuta de mando y se volvió loca sirviendo chupitos de tequila; hasta ese momento recuerdo todo lo demás.- hizo una pausa y continuó –por cierto no creo que papá y mamá vayan a perdernos de vista nunca más cuando estemos en la madriguera, Fleur llevó un juego y tuve que contar un montón de intimidades delante de mi madre; como lo del cobertizo de papá…- Harry le apartó el pelo de la cara.
-eso es lo de menos, contaste un montón de cosas más cuando Angelina os trajo a casa en la madrugada- Ginny abrió los ojos, interrogándole con la mirada –bueno primero despertasteis a toda la casa entre Hermione y tú cantando a todo pulmón una ranchera o algo por el estilo aunque sólo repetisteis el estribillo una y otra y otra vez algo asi como Estoy borracha ¿Y qué? – Se rieron al mismo tiempo –la cosa es que Ronald, George y yo os esperábamos en la entrada, cuando llegasteis gritando a más no poder despertasteis a los elfos, tus padres y Andrómeda; la pobre Andrómeda se llevó a Gabrielle. bastante más perjudicada que vosotras; de inmediato para que pudiese dormir algo, Gracias a Merlín… por que entonces te pusiste hablar a borbotones y a toda prisa- explicó el ojiverde –me contaste que las chicas te habían regalado un montón de lencería fina, describiste con todo lujo de detalle el conjunto que habías elegido para esta noche… todo esto delante de tus padres por supuesto y de Ron, George, Angie y Hermione; luego recordaste que tus compañeras del equipo te habían dado un surtido de juguetes eróticos y me contaste paso a paso las ideas que te habían surgido a partir de unas botas de tacón de aguja, unas esposas, una mascara de cuero, una mordaza y una fusta… cuando empezaste a describirlo y me cree una imagen mental abrumadora decidí optar por la vía fácil ya que no había forma humana de que caminases para llegar al dormitorio…- en este momento la boca de Ginny estaba casi a ras del suelo -… te tome en brazos y te traje hasta aquí, para cuando te puse sobre la cama estabas completa y absolutamente dormida… A pesar de todo creo que tu padre tiene una idea bastante errónea de nuestra vida sexual, demasiado Bondage y sadomasoquista- Ginny enrojeció hasta alcanzar el color de su pelo -… Te he dicho alguna vez lo adorable que te vez cuando te sonrojas de esa manera…-
-Adorable, en plan niña tonta, ñoña y ridícula.
-no- corrigió él –adorable en plan sexy, seductora, del estilo femme fatal…- Ginny se rió – sabes tengo una imagen metal bastante buena de lo que me describiste anoche…- le besó el mentón, la comisura de los labios, retrocedió hasta la oreja y bajo por el cuello.
-pero no tenemos aquí ninguna de esas cosas…-
-creo que podremos improvisar…-
-¿La fusta también la improvisaremos?- le preguntó con cierto rintintín.
-bien…- Contestó Harry en un ronco susurró -…dejaremos aquello de la dominación para otra ocasión, ya sabes que soy propenso a darte todo cuanto pides.- Ginny echó el cuello hacía el lado contrarió para permitirle besarla más cómodamente.-
-Lo haremos a la manera tradicional entonces…- accedió ella, él le dedicó una sonrisa y le quitó la taza de la mano para dejarla sobre el buró, la sabana había resbalado hasta arremolinarse en su cintura dejando al descubierto la diminuta prenda de lencería que cubría sus pechos, realzándolos y moldeándolos.
-Tenías razón- musitó el ojiverde quitando con manos expertas el broche frontal del sujetador –me encantan tus nuevos regalos…- las pupilas se le habían dilatado eclipsando casi por completo el verde de sus ojos, aun así tenía ese brillo en la mirada que sólo lograba excitarla más; Harry se humedeció los labios con la lengua, pero golpearon a la puerta en el momento justo en que iba a besarle los pechos hasta que estos quedaran doloridos.
-Harry, Ginny ¿Estáis ahí?- el ojiverde lanzó una maldición y vio como Ginny bufada indignada.
-ignórala- pidió la pelirroja –se irá si no le contestamos…-
-Es Hermione- le recordó el moreno de mal humor.
-Chicos, sé que estáis ahí, es importante…-
-¡Lárgate Hermione!- ordenó Ginny levantando la voz, lo suficiente como para que se escuchara tras la puerta de roble macizo…-
-Ha llegado la florista- contestó Granger, sin amilanarse ante tono de voz de su mejor amiga.
-Y no puedo encargarse mamá de ello.
-tu madre está en la cocina con la cocinera y tú dijiste que te avisáramos, que querías encargarte de esto personalmente- esta vez quien tuvo que maldecir fue Ginny; miró a Harry con cierta frustración y luego hacía la puerta de roble.
-No importa- aseguró el pelinegro con una sonrisa –ve…- ella volvió a mirar de un lado a otro.
-Hermione…- llamó –empezad con la decoración, desde el camino de entrada hasta el hall… estaré abajo en media hora…-
-pero Ginny…-
-Joder Hermione, es media hora…- La castaña dejo caer un par de improperios antes de marcharse mal humorada.
-¿Dónde estábamos?- preguntó con desparpajo, él volvió a besarle con la misma pasión durante medio minuto, incluso menos antes de separarse; Ginny se extrañó.
-la casa está a rebozar de gente y me apuesto lo que quieras que en menos de cinco minutos habrá alguien más llamando a nuestra puerta; lo siento pero quiero hacerte el amor, suave, tranquila y concienzudamente durante unas cuantas horas…- Ginevra hizo un mohín con la boca, dejando claro que se oponía totalmente.
-¿Recuerdas cuando fue la última vez que estuvimos juntos así? Porque yo no…-
-exagerada…- respondió él besándola fugazmente –fue el lunes por la noche…-
-y estamos a viernes por la mañana, ha pasado mucho tiempo…-
-podemos esperar hasta la noche ¿no? Cuando se acabe la fiesta y todo el mundo se vaya…-
-no dormiremos juntos esta noche- le recordó –se supone que no puedes verme hasta mañana a la hora de la ceremonia…- esta vez fue él quien hizo un gesto de desagrado.
-bien entonces supongo que podremos esperar hasta la noche de boda ¿no es cierto?-
-Si, claro, seguro…- Ambos rieron.
-comerás conmigo…- Ginny se extrañó.
-Claro que comeremos juntos, toda la familia habrá llegado para la hora del almuerzo…-
-solos, tú y yo- Ginny le miró con cierta perspicacia y él le besó la frente en respuesta –te espero en la biblioteca del primer piso a eso de la una ¿Te parece?-
Ella asintió y el volvió a besarla fugazmente antes de ponerse en pie y salir de la habitación.
Pero el tiempo pasó sin darle ninguna tregua, había estado corriendo de un lado a otro "apagando incendios" como decía Angelina, aunque sus cuñadas estaban echando una mano, Ginny revisaba por lo menos tres veces cada cambió que se daba aunque fuera milimétrico. Estaba en medio del salón donde se llevaría acabo la fiesta de entrega de regalos de esa noche; los elfos domésticos montaban las mesas con la vajilla y los cubiertos que había elegido previamente, los esbeltos y altos jarrones con orquídeas, en cuya base una composición de velas de distintos tamaños creaban juegos de sombras y destellos con el agua que mantenía las flores en perfecto estado; estaban en su posición el centro de cada una de las mesas vestidas con manteles color borgoña y un sobre mantel blanco que hacía juego las sillas.
Ella seguía sumergida en la decoración de los ventanales, perfeccionista como era, no estaba del todo convencida con el efecto que producía la madreselva, las peonías y los tulipanes ; no se percató del pasó del tiempo ni de la hora.
Harry la encontró en el salón llevando un vestido de verano rojo con topos amarillos y zapatos planos también amarillos, su exuberante melena la llevaba recogida con palillos chinos, por lo que algunos mechones irreverentes se le desperdigaban por la cien y el cuello confiriéndole la apariencia de una adolescente, apariencia que difería por completo de su actitud de sargento de las fuerzas armadas. Carraspeó para atraer su atención y en cuanto le vio allí los ojos se le dilataron.
-¿Qué hora es?- indagó a nadie en particular aunque la mirada la tenía concentrada en él. Alguien a su espalda contestó con un débil las dos y media y Ginny maldijo en voz baja.
-lo has olvidado…- aunque la entonación fue más una afirmación que una pregunta ella sintió.
-lo siento… de verdad…- se excusó apenada- ¿Has almorzado ya?- indagó Harry le señaló el plato con el sándwich y el zumo de calabaza que llevaba en las manos y los dejo sobre la mesa más cercana; Teddy que estaba de pie junto a su padrino se sentó en la silla que éste le había acercado.
-la verdad es que hay un caos total en la cocina, parece zona de combate y es imposible conseguir algo comestible, sólo pude robar algo para Teddy antes de que me echaran ¿increíble?- ella no contestó –te he estado esperando…- añadió con una sonrisa tendiéndole una mano –Campeón si preguntan por nosotros di que nos hemos escapado…- pidió guiñándole un ojo; el pequeño metamorfago asintió pues tenía la boca demasiado llena para poder articular una palabra coherente –Kreacher, tráele un trozo de tarta de chocolate a Teddy cuando se haya terminado su almuerzo.- pidió el moreno al elfo doméstico que lideraba una de las cuadrillas de trabajadores.
Ginny le tomó de la mano y se dejo guiar.
¿Qué hay en la biblioteca?- inquirió como quien no quiere la cosa cuando estuvieron a pocos metros de lugar.
-Quiero presentarte a unas cuantas personas.- la pelirroja le miró confusa.
-los invitados no empiezan a llegar hasta las siete y apenas y son las tres menos veinticinco; además la mayoría de la gente que hay trajinando de un lado a otro o son empleados o son familia.- le recordó.
-lo sé….- contestó él sin ninguna otra explicación la pelirroja se detuvo recelosa.
-¿Y?- cuestionó. Harry le acomodó un mechón del cabello rojo tras la oreja y rodando los ojos respondió.
-deja los aspavientos Ginevra… sólo quiero un momento de tranquilidad para ti y para mi.- Ella asintió –quieres sonreír un poco, ellas van a pensar que me caso con un ogro o que te estoy obligando…- no entendió muy bien a lo que se refería con "ellas", pero aun así le siguió la corriente y compuso una sonrisa cortes antes de que él abriese la puerta.
Se extrañó al ver la habitación tan vacía como siempre, a excepción del cuadro de James Potter frente a la mesa de ajedrez no había ningún otro ser animado en toda le estancia. El retrato que por lo general ignoraba la presencia de cualquier ser humano, levantó la vista y les dedico una pequeña sonrisa, que a Ginny le recordó la forma en la que sonreía Harry cuando estaba rodeado de desconocidos, El pequeño James Potter del retrato pasó la vista de uno al otro y se detuvo durante una fracción de segundo en sus manos entrelazadas.
-¿Es ésta tu novia?- le preguntó con voz bastante grave para alguien de su edad.
-Asi es…- contestó con una sonrisa de orgullo, el ojiverde cerró la puerta tras de si y continuó adentrándose en la estancia en la que había hecho poner un jarrón con las flores favoritas de Ginny orquídeas violáceas; llegó justo hasta al borde de la pintura de su padre sin soltar la mano de su prometida y se quedó mirando el tablero durante un par de minutos –yo probaría con otra apertura- aconsejó –va a machacarte en tres movimientos.- el pequeño James hizo un mohín con la boca encogiéndose de hombros.
-Va a machacarme igualmente- aseveró – ella siempre lo hace…- añadió con fastidió, antes de soltar una risotada.
-Puedes ir a llamarla…- le pidió Harry, el retrató asintió y desapareció de la vista de ambos por el lateral izquierdo de su marco, durante un instante Ginny estuvo preparada para verlo aparecer en el marco contiguo al suyo pero no fue así.
Estuvieron allí de pie por lo que a ella le pareció un porrón de tiempo, tiempo en el Harry siguió con el misterio, sin dignarse a contarle nada mientras que con su pulgar acariciaba la mano de ella que tenía entrelazada con la suya, dibujando círculos entornó a su muñeca y poniéndola cada vez más y más nerviosa.
El retrató de James Potter regresó tras lo que se le hizo una eternidad y con una sonrisa se quedó mirando a Ginny y comentó como quien habla del tiempo –no sé porque… pero me gustas- ella le sonrió de verdad por primera vez desde que había entrado en la habitación y se volteó hacia Harry.
-Le gusto a tu padre… eso significa que tengo ganada la batalla…- comentó
-la verdad es que el problema suelen darlo las madres, no los padres…- acotó una voz de mujer a sus espaldas, el lienzo que hacia unos cuantos segundos había estado completamente vació, se encontraba ahora ocupado por la majestuosa figura de Dorea Potter vestida con una sencilla túnica blanca y con una fastuosa gargantilla de oro blanco y esmeraldas reposando sobre sus delicados omoplatos –Hola Ginny- saludo con una sonrisa que se desbordaba incluso en su mirada – me han hablado mucho de ti…- reconoció a Dorea por lo que había leído sobre ella y su foto en el anuario de su promoción en el colegio, era una mujer hermosa y radiante de pelo largo y lizo de un vivo color castaño que a la luz del sol tenía destellos rojizos como se apreciaba en el retrato y tenía los ojos del mismo tono que los de James sentado frente a su mesa de ajedrez en el retrato de al lado.
-Hola…- contestó Ginny sin podérselo creer, mirando a su prometido -¿Desde cuando lo sabes?- indagó pero Dorea le interrumpió.
-podemos contarte esa historia luego- pidió –las señoras nos esperan y todas mueren por conocerte.
-¿Las señoras?- la pregunta fue hecha en un débil susurró.
-las mujeres de la familia querida…- contestó Dorea con una sonrisa –Hay por lo menos cuatro siglos de historia esperando a conocerte y con unas ganas tremendas de darte la bienvenida a nuestra familia.- El retrató de Dorea desapareció tal y como había venido previamente, dejando en su lugar una puerta de madera que Harry abrió inmediatamente para dejarle pasó.
La sala que en algún momento previo debió ser un invernadero, era un recinto rectangular con techo de cristal, por el cual se colaba la luz del sol. Había una fuente al final de la sala, el murmullo candente del correr del agua se escuchaba desde allí junto al murmullo constante de voces, que murió al momento en que ella entró la habitación.
Por lo menos cincuenta pares de ojos todos femeninos se clavaron en ella, durante una fracción de segundo se sintió inspeccionada de los pies a la cabeza pero la sensación cesó en el momento en que Harry se detuvo frente al retrato más cercano a la puerta de entrada, reconoció a Dorea de nuevo, no sólo por que el retrato que les había permitido la entrada estaba justo a su lado. La mujer de la otra pintura, aunque con aproximadamente veinte años más, conservaba los mismos rasgos que la joven novia, tenía el pelo castaño recogido en un elegante peinado de fiesta, estaba sentada en una butaca vestida de negro entero, sin más maquillaje que un ligero rubor en sus mejillas y como única joya el ostentoso collar que era el común denominador de todos los retratos.
-abuela…- la mujer sonrió acentuando su parecido con la joven Dorea.
-me costará un poco acostumbrarme a ese apelativo, Harry…- comentó antes de centrar toda su atención en la pelirroja –Supongo que tú debes de ser Ginny.- dijo acentuando aun más ese aire de distinción y aplomo que parecía envolverlas a todas.
-Ginevra- se presentó la pelirroja –Ginevra Weasley…- no pudo evitar echar un vistazo alrededor, algunos murmullos de aprobación respecto a su linaje y sonrisas tímidas y bien intencionada por parte de otras.
-Bien Ginevra… ¿Puedo llamarte Ginny?- indagó, la pelirroja asintió antes de contestar.
-por supuesto señora…-
-por favor querida llámame Dorea…-pidió –y hablo por todas cuando digo que es un placer conocerte…-
-una chica preciosa…- acotó otra.
-una elección excelente querido Harry- murmuraron varios retratos más.
-Weasley, una familia maravillosa… estábamos estrechamente relacionados, sus hijos y las nuestros solían jugar en la playa durante las vacaciones de verano…- Ginny miró con cierto desconcierto a la mujer de rasgos afilados y pelo rubio vestida con un traje de gala propio del siglo diez y seis -…eran una prole considerable, pero personas excelentes todos ellos; que tiempos tan maravillosos.-
-las tienes en el bolsillo…- acotó de nuevo la joven Dorea atrayendo su atención –la primera vez que yo entre aquí fui juzgada con demasiada dureza… por decirlo de algún modo.
-eso fue porque eras ruidosa, altanera y prepotente- le recordó una mujer de pelo rizado y ojos rasgados al otro lado del salón –una Black completa y absolutamente. Dorea se encogió de hombros.
-la verdad es que debes agradecérselo a Harry, él nos ha hablado tanto de ti que es como si te conociéramos desde siempre…- explicó una de las mujeres.
-aunque claro, puesto que vas a formar parte de tan selecto club todas estamos habidas de conocerte mejor- aseguró la Dorea vestida de blanco – queremos saber absolutamente todo de ti de primera mano… Harry se parece demasiado a su padre y su abuelo en ese sentido y es demasiado parco en palabras ¿Sabes?-
-basta- la atajó su homónima –tendremos toda una vida para ello y estoy segura que los chicos tienen aún miles de cosas por terminar- hizo una pausa y miró a Harry directamente -¿quieres entregárselo? Por favor- pidió, el pelinegro fue hasta la mesa rectangular que ocupaba la mitad de la estancia y recogió el estuche con la gargantilla –es nuestro regalo de boda- se explicó el retrato -…y también una muestra de afecto por parte de la familia… tradicionalmente y me refiero a desde 1550 o asi es la madre del novio quien lo entrega, pero las cosas no han sido muy tradicionales en las últimas bodas de esta familia…- Harry se acercó hasta ella con el estuche y lo abrió para que pudiese apreciar la joya, Ginevra jadeó antes de recuperarse lo suficiente para pasar los dedos de su mano derecha por las gemas –es un regalo querida, nuestra forma particular de darte la bienvenida a la familia Potter, te lo entregamos ahora con la esperanza de que dentro de unos años seas tú quien lo transmita la nueva señora de la casa.
-no sé qué decir…- musitó la pelirroja asombrada.
-no tienes que decir nada querida… nadie espera que lo hagas.- aseveró la mujer del retrato con una sonrisa, Ginny levantó la mirada de la joya al rostro de Harry.
-me encanta…- aseguró con una sonrisa.
-me alegro…- respondió él con un simple encogimiento de hombros tratando de no darle demasiada importancia, pero el brillo en sus ojos echaba por tierra todos sus intentos -¿Quieres comer ahora?- indagó -le pedí a Kreacher que nos trajese algo al jardín de atrás- Ginny pasó la mirada por la habitación y se detuvo en los retratos de Dorea.
-Es precioso…- murmuró emocionada, ambas mujeres sonrieron pero antes de que pudiesen decir nada el estomago de Ginny se reveló provocando la risa de su prometido al tiempo que la pelirroja se sonrojaba. La habitación entera soltó una risita.
-será mejor que la lleves a comer algo…- señaló el retrato más joven de Dorea, a lo que el ojiverde asintió, abriendo la puerta para que saliese su prometida.
Los setos que bordeaban el camino de entrada hasta la casa estaban adornados por zumbantes hadas resplandecientes el fulgor que creaban se entremezclaba con la risa de los niños que corrían por el jardín de un lado a otro, con la música suave que animaba la recepción a punto de empezar y por las voces de los invitados que iban llegando uno a uno; el sol se ponía en el horizonte y el aroma del mar era arrastrado por la cálida brisa de verano. Ginny y Harry estaban de pie justo delante de la puerta principal recibiendo a sus invitados como marcaba el protocolo; los amigos se mezclaban con los conocidos, los familiares lejanos, los compañeros de trabajo a los que se invita por obligación y algún que otro personaje cuya asistencia no era explicable…
Habían saludado ya a todos los miembros de la plantilla de Hogwarts, Flitch había llegado junto con Vector y la profesora McGonagall; Hagrid con madame Maxine, Sprout y su esposo entre otros; las compañeras del equipo de Ginny todas con sus respectivos acompañantes, todas incluida Jones, Aletheia y como no Pierce; del ministerio se encontraban desde el mismísimo Kingsley y su mujer, a todo el departamento de aurores; todo el mundo había elegido sus mejores galas para la ocasión los señores de esmoquin o túnica todos ellos, las señoras con vestidos de fiestas; la procesión de invitados parecía interminable endulzada sólo, única y exclusivamente por la aparición ocasional de un buen amigo; la llegada de Neville por ejemplo, flanqueado por su abuela y su novia, el pobre había terminado pisando el bajo del vestido de Hannah y por poco termina en el suelo. Luna por su parte había llegado exuberante con un vestido palabra de honor de color azul añil, acompañado por un sobretodo tejido en un tono naranja rojizo, el pelo despeinado lo había apartado de su cara con un broche azul y junto a su padre, les recordaba a la Luna del colegio.
-cinco minutos más y dimito…- susurró Harry al oído de Ginny mientras las últimas personas que acababan de saludarles se internaban en el salón de la recepción –ellos están allí bebiendo, charlando, bailando… en definitiva disfrutando de nuestra fiesta y nosotros aquí esperando a…-
-Amos…- Kreacher les interrumpió con los siguientes invitados –los señores Krum.- Ginevra habría podido reconocer a Vicktor a kilómetros de distancia, las cejas negras y gruesas que hacían ver sus ojos negros aun más pequeño y la mujer a su lado era una copia exacta de Fleur de no ser por los ojos violáceos.
-Chéri…- exclamó la rubia – es un placer volver a verte…- comentó con un ingles casi perfecto –en realidad a veros.- se corrigió mirando al ojiverde.
-Harrry, Ginny- saludó Vicktor –nuestrrros mejorrres deseos a ambos…-
-Gracias; Vicktor, Margarite bienvenidos. Esperamos que disfrutéis de la fiesta.- contestó Harry con una sonrisa, al tiempo que el búlgaro escrutaba a los invitados que se agolpaban en el hall de la casa. –Hermione está dentro del salón- acotó Harry como quien no quiere la cosa ganándose por ello una mirada reprobatoria de su futura esposa.
-También Fleur- señaló la pelirroja, dijo que moría por veros.
-Mercy…-
-no hay de qué…-
-Eso…- le reprendió Ginny –fue descortés e inapropiado por tu parte…-
-bueno si estoy destinado a morir por aburrimiento he de divertirme a costa de otros…-
Oh sí, bastante maduro ¿Conoces a Ronald? Mi hermano, tu mejor amigo; puede ser realmente un cazurro si se lo propone.
-Mujer de poca fe…- le susurró Harry –Ronald tiene más que superado lo de Vicktor…- Ginny le miró con una risita sardónica –vale puede que no lo tenga del todo superado, pero no hará nada.-
-por tu bien espero que así sea.- refutó ella cruzando los brazos.
-realmente te ves bastante guapa cuando te enfadas…- la elogió -sobre todo esa parte en la que frunces el ceño y lanzas tu mirada de basilisco; porque entonces me permite hacer esto.- le susurró al oído atrayéndola por la cintura hasta pegarla a su pecho, le besó la mejilla, el cuello, la punta de la nariz y los labios…-
-¡Harry!- exclamó ella con poca convicción –hay como cien pares de ojos mirándonos- recordó
-No veo que esté haciendo nada malo, estoy en mi casa besando a mi prometida, con la que por cierto me caso mañana… eso no es ningún pecado.
-no, no lo es… besarla de la forma en la que la estabas besando sin embargo…- Ginny enrojeció tres tonos más de lo normal en ella, antes de encarase con su interlocutor.
-Lyonel- saludó lo más calmadamente que pudo.
-Es un cambio agradable mi querida Ginevra; Harry, muchacho, un gusto volver a verte- dijo al tiempo que le apretaba las manos. – ¿Recordáis a mi esposa Elena?- indagó señalando a la mujer de pelo negro y finos rasgos a su lado.
-Un placer volver a verla señora Perry-
-el placer es todo mío- comentó la mujer con una sonrisa compresiva –querido creo que los chicos agradecerían un par de minutos de intimidad.
-por supuesto…-accedió de inmediato –aunque dudo que sea muy extenso aun quedan un par de rezagados en el portón de la calle… yo de vosotros, me lo tomaría con calma- comentó antes de entrar al salón.
Para cuando por fin hubieron terminado recibir a los distintos invitados y pudieron hacer su entrada más de la mitad de las parejas estaban en la pista de baile y otras cuantas caminaban de un lado a otro con copas de vino o champan en las manos, intercambiando impresiones, saludos o comentarios.
Tras un último vals y un aplauso general al cuarteto de cuerda que amenizaba la velada, las luces de la estancia se atenuaron y los comensales ocuparon sus respectivas mesas para dar inicio a la cena; Ginny había dispuesto una mesa para ellos solos, así podían evitar la incomodidad de una mesa medió vacía; la cena fue tan amena que durante unos minutos fueron capaces de olvidar que se encontraban rodeados de gente que no paraba de observarlos aun cuando el tintineo de los cubiertos y las copas no cesaban. Por eso se sobresaltaron cuando Luna pidió la atención de todos los comensales.
-Gracias a todos por su atención- dijo la rubia con una sonrisa una vez todos estuvieron en silencio; Ginny y Harry intercambiaron una mirada de intriga. Mientras Nev y Luna estaban de pie en medio del salón.
-Harry y Ginny van a matarnos por hacer esto sin su permiso…- bromeo el castaño -pero es lo que tienen los mejores amigos, la confianza a veces da asco chicos; os lo hemos advertido…-
–Veréis todos estamos aquí para la entrega de regalos, aunque doy fe de que algunos lo han enviado con varios meses de antelación… No os vamos a agobiar con discursos sensibleros o cursis; para eso tenemos mañana a los padrinos principales que harán un excelente trabajo.- comentó lanzándoles a Ron y Hermione una mirada perversa –nosotros y con esto me estoy refiriendo a los cuatro; sólo queríamos darles a Harry y Ginny un pequeño obsequió y digo pequeño, porque es difícil encontrar algo que estas dos personitas que dicen tener todo lo que desean para ser feliz en la vida no tengan ya.
-nos ha costado horrores encontrar algo especial y único- aseveró Longbotton -… y la verdad es que esperamos que sea de su agrado…- Dos elfos aparecieron llevando consigo un retrato de casi un metro de alto; Ginny jadeo al verlos a ambos (ella y Harry) con el uniforme del colegio, besándose a la luz de la luna, en los jardines de Hogwarts y con el castillo de fondo había atesorado ese recuerdo durante todos sus meses de ausencia, sólo Luna lo había compartido con ella.
Cuando la pelirroja se acercó pudo leer la inscripción al pie de la imagen –lo ha escrito Luna con tinta indeleble- le susurró Neville; las letras plateadas brillaban tenuemente.
"Recordad que el final del camino es el mismo comienzo, que el amor hay que construirlo día a día para que sea eterno, que el peor error es dar algo por sentado, que decir TE AMO en voz alta a diario nunca es cansino, que las penas entre dos se llevan mejor, y que sois compañeros, guía y apoyo el uno del otro durante todo el viaje… pero sobre todo Recordad durante los días grises el por qué estáis juntos y todo ello se resume en una única palabra AMOR."
