¡Hola! Ya es domingo y bueno, toca actualización. En compensación del capítulo pasado, ya éste está medianamente decente OwO9 Y creo que las cosas se están poniendo "interesantes", por no decir, que hay ansias de que la sangre corra, especialmente para dos personitas XD. ¡Así que espero disfruten la lectura! ¡Muchas gracias por todos sus sensuales comentarios, los valoro mucho *-*! Gracias también a quienes leen mi historia entre las sombras y bueno, a todos en general por seguir leyéndome. ¡Abrazos, besos y que tengan un gran domingo e inicio de semana! ¡Matta ne!

Capítulo 26

Porque ella es desagradable hasta la punta de los dedos

No era la primera vez que visitaban el departamento de aquel troglodita, pero sí era la primera ocasión que tenían un recibimiento como ése. No es como si estuvieran acostumbrados a que una chica les abriera la puerta, sintiéndose para nada inmutable el encontrarse únicamente con aquellos boxers negros y esa blusa rosa de tirantes que dejaba a la vista su llamativo piercing.

Y quizás lo peor es que recién había salido de bañarse y continuaba secando su cabello al tiempo que atendía la puerta.

—Taiga, ya llegaron los chicos –pronunció para que el pelirrojo le escuchara, ya que éste se encontraba en la cocina terminando de preparar lo que restaba de la comida-. ¿Qué les ocurre? –notó extrañados a los recién llegados, entiéndase Hyuuga, Izuki y Mitobe.

—¿No deberías…llevar más ropa…encima? –preguntó Juumpei señalando cada área de piel notoriamente expuesta.

—Es verano Hyuuga y no me gusta usar ropa que me acalore. Además, a Taiga no le molesta en lo más mínimo. Es como si estuviera viviendo con Marko, Hadrien o Leo –sentenció sin más. Ahora se disponía hacia su habitación, misma que se encontraba prácticamente al frente que la del pelirrojo.

—¡Maldito suertudo! –le gritaron Hyuuga e Izuki a un extrañado Taiga.

—¿Pero de qué están hablando?¿Y en qué momento llegaste Kuroko? –sí, nadie se había percatado de que el chico ya había llegado y que incluso se había sentado cómodamente en la sala.

—Tomamos el mismo autobús, e incluso caminamos juntos hacia aquí.

—Maldición, otra vez no lo hemos notado…-mascullaron todos por igual.

—Y entonces Kagami, ¿cómo es la vida viviendo con Axelle? –interrogaba Hyuuga con interés.

—Umm…Supongo que normal. Por las mañanas nos vamos juntos ya que ella tiene práctica de Kendo y yo de Basquetbol. Quedamos que entre semana me encargaría de cocinar y que ella haría los quehaceres.

Después de las cuatro ella trabaja, por lo que no la veo hasta la hora de la cena. Y el sábado trabaja hasta las tres o cuatro de la tarde –enunciaba.

—Suena terriblemente aburrido Kagami…Aunque…

—Se escucha como si fueran una pareja de recién casados…-decía Shun pensativamente.

—¿Y qué hay sobre su padre?¿Sabe que vive con un sujeto barbárico y sin corazón como tú? –dramatizaba el capitán.

—¿A qué viene eso Hyuuga-senpai? Y no, no lo sabe. Él cree que sólo se cambió de departamento y que trabaja para costearse sus gastos personales y demás. Así que más vale que ustedes cierren el pico –se las sentenció.

—Kagami-kun, yo soy una tumba.

—¡Especialmente tú, quédate calladito! –le gritó a su sombra.

—No sé por qué piensas cosas como ésas de mí, Kagami-kun. Me ofendes gravemente.

—Pero sí es la jodida verdad, Kuroko.

—Yo iré a abrir –pronunciaba nuevamente Axelle tras salir de la habitación. Parece que las vistas estaban lejos de terminarse-. Riko, hola…Tú debes de ser Kiyoe, ¿verdad? Encantada, soy Daishi Axelle.

—Hola –le saludó sonriente la chica.

—Lamento llegar tarde, pero pasé por algunos bocadillos a la pastelería –agregaba la castaña, ignorando la mirada asesina de Taiga por haber invitado a cierta chica.

—Tu departamento es muy bonito y amplio, Taiga –comentaba casual Kiyoe, intentando pasar por alto a la rubia que le había permitido pasar y cerraba la puerta justo detrás de que pasaran.

—Por favor no vayas a desordenarlo ni a romper nada –sentenció. Después regresaría su atención a la cocina. Los chicos se trasladaron a la sala al tiempo que la entrenadora colocaba aquella caja de pastelillos sobre la mesa de cristal.

—No soy una desordenada ni nada de eso –se sintió ofendida ante tales palabras. ¿Desde cuándo tienes una cosa de éstas? –los rosáceos ojos de la chica se depositaron en el pequeño aparato que permanecía bajo el mueble del televisor. Incluso había muchas cajas en el tercer espacio del inmueble.

—Eso no es de Taiga, es mío –aclaró Axelle, tomando asiento al lado de los chicos.

—¿Una chica jugando cosas como éstas? –parpadeó confusa.

—¿Hay algo de malo en ello? A mí me divierte mucho –confesó sonriente.

—No, no lo hay. Solamente que se me hace muy particular.

—¿Por qué? –preguntó con interés.

—Es algo que no es muy popular entre nosotras las chicas.

—Kagami me contó que se conocen desde pequeños y que eres la hermana menor de un gran amigo suyo. Y que hasta hace poco continuabas estudiando en América.

—Exactamente. Pero ahora vine a Japón a estudiar…Mis padres decidieron que lo mejor era que estuviera aquí ya que Tatsuya ha regresado –relataba al tiempo que se sentaba al lado de Riko. La tenía justamente en frente.

—Suena muy bien. ¿Y ya has pensado en qué universidad entrar? O mejor dicho, ¿qué carrera deseas tomar?

—Todavía no he pensado de todo en ello, pero medicina me atrae mucho.

—Es una buna carrera –agregó.

Así que ella es Axelle…La verdad no pensé que luciera de este modo…-su mirada analizó cada detalle de la chica, desde su suelta cabellera hasta sus descalzos pies-. Hay muchas cosas que puedo objetar en esta mujer.

—Axelle, ¿crees que podrías ir a comprarme algunas cosas?

—Por supuesto Taiga. Sólo hazme la lista e iré de inmediato –se levantó para dirigirse hacia el chico.

—Y ni se te ocurra salir así vestida –le amenazó con la mirada.

—¿Pero por qué? Hace mucho calor allá afuera e ir en bermudas es lo más cómodo y refrescante del mundo.

—¡Pero esas no son bermudas! Ve y cámbiate de una buena vez. –le regañó.

—Te comportas como el tonto de Hadrien –bufó y se dirigió a su habitación sin más elección que cambiarse de ropa.

—Estoy admirado del modo en que has logrado hacer de Axelle una chica tan obediente –comentó Riko.

—No quiero que vuelva a pasar lo que hace un par de días, es todo –explicó de forma resumida.

Parece que realmente se preocupa por la seguridad de esa chica.

—¿Ocurre algo Kiyoe-chan?

—No, en lo absoluto, Riko-san.

Al poco tiempo que aquella chica abandonara la frescura del departamento, el resto de los invitados arribó. Y eso seguramente sólo incrementaría el futuro dolor de cabeza que el pelirrojo tendría por la convivencia prolongada con semejantes personalidades.

—Kagamin, perdona que hayamos llegado tarde, pero es que Dai-chan se entretuvo de camino a acá.

—Debiste de haberlo dejado y punto. Es solo un idiota fastidioso.

—Esto sabe bastante bien –a Aomine esos comentarios se los pasaba por el arco del triunfo. Lo que importaba era comer una de esas deliciosas rebanadas de pastel que Riko había traído para degustar mientras esperaban por la comida.

—Kagami, lamentablemente no había de la salsa soya que querías, pero he traído otra que podría funcionar del mismo modo –Axelle al fin había regresado con una mano ocupada por las bolsas de las compras y la otra con un polo helado de fresa.

—Bien, no importa. Sólo lleva todo a la cocina.

—No hay problema –la chica saludó de forma general tanto a la peli rosa como al moreno. Ella tampoco estaba muy feliz de que Aomine estuviera allí, pero debía comportarse y no darle el gusto a ese egocentrista hombre.

—Si quieres podemos ayudar en la cocina, Taiga –se ofreció Kiyoe con enorme ánimo.

—Nosotras también ayudaremos, Kagamin.

—Déjanoslo a nosotras. Ya has hecho suficiente con invitarnos a comer –enunciaba con una amplia sonrisa Riko.

—Lo siento, pero aquí en la única mujer que confío para que cocine algo, es en Axelle –concluyó Kagami. El resto de los chicos le apoyaban silenciosamente porque al menos conocían lo horrible que cocinaban tanto Riko como Momoi.

—¿Ha?¿Pero cómo te atreves Bakagami? –Riko estaba furiosa ante semejantes palabras.

—Yo cocino muy bien, Taiga –Kiyoe trataba de que no le englobaran dentro de la misma categoría que esas dos mujeres.

—He mejorado desde la última vez que le preparé algo a Tetsu-kun.

—Kiyoe, tu comida prácticamente parece estar viva…Eres un asco cocinando.

—Vamos, deja que lo intenten. Seguramente ya pueden preparar algo bueno –sugería Axelle.

—¿Quieres apostar? –le cuestionó.

—Sabes que no puedo resistirme a esa palabra, Kagami –confesó cínicamente.

—Entonces hagámoslo. Si su comida sabe mal, entones tendrás que responder a la pregunta que te hice ayer.

—Umm…Está bien. Una apuesta es una apuesta y responderé a tu pregunta si es que pierdo –le sonrió burlonamente.

—¡Dejen de estar haciendo apuestas ustedes dos! –les gritaron las tres chicas.

—Iré de una vez por el botiquín de primeros auxilios –decía Hyuuga seriamente.

—Mejor tengamos el 911 a la mano –alegaba Izuki.

—Existen maneras menos dolorosas para morir –comentaba Aomine.

—Debo pensar seriamente en buscarme otra luz.

Las ofendidas mujeres se dirigieron hacia la cocina, dudando absolutamente nada en colocarse los delantales y hacerse de esa cocina. Los chicos por su lado consideraban que ponerse a jugar era mucho más entretenido y placentero que estarles mirando; después de todo, ¿quién puede rechazar una partida de basquetbol virtual donde las cosas se podían poner muy emocionantes?

—Te voy a derrotar, Bakagami.

—Ya quisieras tú. Mi equipo es mucho mejor que el tuyo –refutaba.

—Kagami, deberías darle unos puntos en habilidad y resistencia a tu jugador número 12, después de todo es poste.

—Deja de estarle dando consejos –chasqueaba Aomine.

—Tú te enfadas si te aconsejo, Aomine –le miró de forma indignada.

—De igual modo no vas a derrotarme, Kagami.

—No puedo creer que hasta en un videojuego de basquetbol sea así de competitivos –Hyuuga suspiró. El resto sólo miraba cómo jugaban aquel par.

—Son rivales en todo…

—Es la manera en que Aomine-kun y Kagami-kun disfrutan de su amistad.

—¡Mejor cállate Tetsu, idiota! –gritaron esos dos encolerizados hombres.

—Sé que en el fondo los dos se quieren mucho –comentó burlonamente Axelle. Y aunque esos dos la miraban de mala manera a ella poco le interesaba.

—Mejor vete a cocinar con esas mujeres –demababa el moreno. Ya suficiente tenía con lidiar con el hecho de que ahora vivía bajo el mismo techo que Kagami como para soportarle esos comentarios.

—Alguien quiere que le dé una paliza en este videojuego, ¿verdad? –se burló. Esto sólo provocó una mueca de disgusto en el hombre.

—Ya quisieras. La última vez que jugamos superé tu mayor récord.

—Fue suerte de principiante, Aomine.

—Ya empezaron esos dos de nuevo –volvió a suspirar el de lentes.

—¿Puedes sentir la tensión sexual que hay en el ambiente? Es casi como la que hay cuando Riko y tú están a solas –Izuki ya no podía decir nada más, se encontraba inconsciente y estampado contra el suelo.

—Tal vez aun no sea demasiado tarde para cambiarme de equipo –mencionó Kuroko.

La verdad es que no sabían cuánto tiempo había transcurrido desde que esas tres chicas se había puesto a cocinar, lo único cierto y apreciable era que la cocina era un verdadero asco. Pero como la comida se encontraba ya sobre la mesa poco importaba el desastre que habían dejado tras su paso esas mujeres.

En la barra que separaba la cocina del comedor se colocaron los platillos a evaluar. Todos lucían engañosamente bien. Quizás habían mejorado, quizás.

—Bien, empecemos –sentenciaba Kagami con unos palillos en mano, acto que fue imitado por Axelle. Riko sería la primera en ser evaluada.

—He preparado Tofu Hamburguer, disfrútenlo –les sonrió cándidamente.

El primer bocado siempre era el más difícil, especialmente por el historial de la castaña. No obstante, la mirada de ambos mostraba enorme asombro; sabía bastante bien.

—Te has lucido Riko.

—No puedo creer que sepa bien –mencionó incrédulo Taiga.

—Ungh…¿es mi imaginación o sabe algo diferente esta salsa de soja?

—Creo que tienes razón.

—Seguramente es porque la he preparado con esto –los dos miraron con cierto horror la bolsa que descansaba en las manos de la chica. Se trataba de proteínas en polvo para hacer licuados.

—Con permiso –Axelle fue la primera en salir corriendo, directo al baño a enjuagarse la boca de aquel terrible sabor. Kagami no demoró en hacer lo mismo.

—Pero si no sabe tan mal –se quejaba Riko.

—Bien, ya que nos hemos recuperado, prosigamos –dijo la rubia tras volver al lado del pelirrojo. Estaban preparados para lo siguiente.

—Yo preparé Kabura furofuki –ilustró la peli rosa. Ante los ojos de esos dos todo lucía impecable.

—Pues que aproveche –ambos tomaron una pequeña rodaja de nabo, dándole el primer mordisco. Uno que se quedó en un mero intento.

—Hmp…Esto…está demasiado duro…-Kagami no era el único con un reverendo dolor de muelas, Axelle también estaba con ese mismo padecimiento.

—Pero deberían de estar suaves –Momoi simplemente no entendía qué había ido mal.

—Ni yo me lo explico, Momoi.

—Bien, está claro que no pasó. Por ahora sólo resta…el platillo de Kiyoe –por alguna razón tenía miedo de probar el último platillo.

—Yo hice anpan –presentó alegremente la chica. Los bolillos dulces relucían.

—Amo los anpan –a Axelle se le iluminaron los ojos mientras tomaba una pieza de pan entre sus manos-.

—Provecho.

—Axelle, ten cuidado –le advertía el pelirrojo.

—¿Por qué? Luce bastante bien, incluso huele delicioso.

En el momento en que le dio el primer mordisco supo a qué se refería el pelirrojo. Nunca en su vida había probado un relleno tan poco convencional como ése. No solamente se trataba del extraño sabor del mismo, sino de su textura que recordaba al natto en combinación con otras cosas viscosas y su color poco agradable.

Tragó aquel bocado gracias a su enorme fuerza de voluntad, pero el resto del pan permanecería en su respectivo plato.

—¿Q-Qué…ha sido todo eso…? Jamás había probado un relleno como ése en todo el tiempo que llevo viviendo en Japón…Y creo que eso de que los videojuegos te dañan la vista, es cierto, Kagami…porque estoy viendo cosas ya…

—No, no es tu vista lo que está mal Axelle –Kagami definitivamente no probaría esa cosa ni aunque su vida dependiera de ello.

—Entonces…¡¿ese pan realmente se está moviendo?!

Definitivamente no eran alucinaciones de la rubia, no cuando los que no habían sido víctimas de aquel pan relleno se encontraban observando aquel alimento, completamente incrédulos.

Es que debía de ser una alucinación grupal porque no existía manera humanamente posible de que el relleno de aquel pan se encontrara retorciéndose como si estuviera vivo, como si fuera una criatura en agonía infinita que clama por ser mandado al otro mundo en la brevedad posible.

—E-Esa cosa…se está moviendo…

—Así es Hyuuga-senpai.

—No creí que algo como esto fuera posible –añadió Shun con una cara tanto de espanto como de sorpresa.

—Incluso yo estoy sorprendido –hasta Kuroko estaba más que expresivo.

—Te dije que su cocina nos iba a asesinar.

—Pero no pensé que fuera tan literal, Kagami –refutaba la rubia.

—Está claro que gané la apuesta.

—Y yo un trauma –agregaba Axelle antes de sentir que el estómago le daba de vueltas por lo que había ingerido-. Creo que no me siento nada bien.

Con esas tres mujeres lejos de la cocina, donde resultaban un verdadero peligro, todos pudieron comer en paz y sin temer por sus vidas. Después de todo, el buen sazón de Kagami era bien apreciado y superaba con demasiadas creces a los que esas chicas poseían.

Al final estaban agradecidos de que no las hubieran dejado cocinar o todos estarían ya en el hospital.

—Por lo menos lo intentaron –comentó Taiga, yendo ya por su cuarto plato.

—Definitivamente las apariencias son engañosas –para la fortuna de Daishi su malestar estaba cediendo poco a poco.

—Riko, ¿entonces cuál fue la razón por la que nos has reunido? –preguntó curioso Hyuuga. El resto también se hacía dicho cuestionamiento.

—Es que logré conseguirme una grabación de los partidos de la Universidad de Tohoku para que podamos verlos. Incluso el del resto de las universidades –pronunció con una sonrisilla y con un agudo mirar.

—Ya veo. Creo que está bien que veamos su desempeño en los torneos que debieron enfrentar –mencionaba Izuki con seriedad.

—Eres buena para esas cosas, Riko.

—En realidad Momoi me ayudó a recolectarlos.

—Quedarán igual de sorprendidas que todas nosotras.

—Pero ya es un poco tarde, ¿no? –señalaba la pelinegra clavando sus ojos en el reloj. El tiempo se les había ido volando y ya eran prácticamente las siete de la tarde.

—Es mejor que los veamos mañana, ya que son siete universidades compitiendo de forma simultánea en los diferentes torneos de verano de su región –sugería Axelle.

—Ciertamente no terminaríamos a una hora prudente –comentaba Hyuuga.

—¿Qué les parece si mañana nos vemos en mi casa? –todas las miradas se colocaron en Kuroko, quien les hacía la cordial invitación.

—Por mí no hay problema alguno –decía Aomine.

—Ésa ha sido una buena idea, Tetsu-kun –mencionaba emocionada Momoi. Era la primera vez que conocería la casa del peli azul y le llenaba de mucha ilusión.

—Mañana a medio día sería una buena hora –estipulaba Tetsuya.

—¿Estás bien? –esa era Kiyoe mirado detenidamente a Axelle.

—Sí, no moriré por ese apan –bromeó. Y tal vez había visto mal, pero pareciera que aquel comentario causó cierta desilusión en la peli negra-…No me digan que esta chica es de esa clase…

—¿Puedo preguntarte algunas cosas, Axelle-chan?¿Puedo llamarte así, verdad?

—Claro, aunque debería ser yo la que te diga así, porque es claro que soy mayor que tú –sentenció con una pequeña sonrisa, una que estaba causando una reacción en Kiyoe.

—¿Cuántos años tienes? Yo acabo de cumplir los dieciocho este año.

—Tengo 19 y cumpliré los 20 este año. Gracias a que cumplo en Noviembre, podría decirse que "perdí" un año.

—Te ocurrió lo mismo que a Dai-chan y a mí.

—Es algo tedioso sin duda –compadecía Kiyoe-. Sabes, cuando te veo de alguna manera me recuerdas a Alex, ya sabes, la entrenadora de Taiga en América.

—Me lo ha dicho Taiga desde que empezamos a convivir a diario. Marko y los demás también me lo mencionaron en alguna ocasión. Supongo que los conociste, porque estudiaron la secundaria en América, asistiendo al mismo colegio que Kagami y Himuro.

—Marko…Hadrien…Leo…-los enumeró-. Sí, claro que sí. Son un grupo bastante particular de chicos.

—Son mis amigos de la infancia –le sonrió-. Ahora están en Japón, fastidiando a Kagami.

—Y vaya que lo hacen. De por sí me llamaban ocasionalmente, pero ahora que saben que estás aquí lo hacen más seguido –refunfuñaba el pelirrojo.

—Sí, me han contado cosas muy divertidas sobre ti, Taiga. Ahora sé por qué le tienes fobia a los perros.

—¿Qué…es lo que te han dicho esos tres…? –Kagami tenía miedo ante lo que esos tontos pudieron revelarle.

—Nada, nada, Kagami. Y también me mandaron unas lindas fotos –no era lo cínica que podía ser ella, sino que había usado esa fotografía vergonzosa de fondo de pantalla.

—¡No le enseñes a nadie esa fotografía! –le gritó notoriamente apenado, siendo incapaz de controlar el sonrojo de sus mejillas. Y ella simplemente se echó a reír, guardando el celular de inmediato-. ¡Maldito Marko, me las va a pagar!

—También tengo fotos comprometedoras de todos ellos –rió.

—Entrégame ese celular en este preciso momento.

—No, porque vas a borrarla. Es mía, así que vive con ello –le refutó.

—Creo que se llevan mejor de lo que podría haberme imaginado…-murmuraba Hyuuga sin despegar la mirada de ese par que continuaban hablando sobre acontecimientos que sólo ellos parecían conocer. Y claro, Taiga intentaba tomar el celular de la chica sin importar que éste se encontrara en su bolsillo y que todo el jaleo pudiera malinterpretarse.

—Es mi imaginación…o el ambiente se siente algo "tenso"…-revelaba Izuki, tragando saliva pesadamente.

—Más que "tenso", yo diría que se siente como algo… "asesino"…-proseguía el de gafas.

—Eso rimo, debo anotarlo.

—Izuki, toma tus cosas y lárgate.

—Creo que aquí hay un par…que no está tomándose nada bien lo que están viendo…-susurraba Momoi.

Y no, ninguno de ellos exageraba con sus comentarios. Después de todo, esas afiladas y desaprobatorias miradas, cortesía de Aomine y Kiyoe no parecían mostrar mucho aprecio por lo que estaban viendo. Es que simplemente tan buena y sana convivencia por parte de esos dos, les resultaba inadmisible.