Advertencia:Cualquier parecido que veas en ésta historia con otras ajenas a mi persona, es la simple señal de que lo que te estás fumando no es nada bueno, o que necesitas urgentemente comprarte una vida.

Disclaimer: Odio decirlo, pero "Axis Powers Hetalia" como obra maestra no me pertenece, sino a Hidekazu Himaruya. No es mi intención lucrar con su creación, sino hacer de ésta historia una actividad de mero entretenimiento para quien se interese en leerla.


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Guest: ¡Apuesto a que nadie se esperaba a que usara ese meme para el fanfic! Y créeme, habrán más sorpresas como esa más adelante.


XXVI

La sobremesa tras el banquete propiciado por el Conde Miguel fue, a su modo, tensa e incómoda para sus visitantes. Mientras todos y cada uno de ellos trataba de plantear seriamente el asunto de la "llama" –que se encontraba comiendo alfalfa en el establo-, Miguel cambiaba a temas menos serios que casi rayaban en lo infantil, interrumpiendo a los allegados.

— Como le decíamos, alteza: no es un regalo ¡Es nuestro ami-¡

— ¡¿No les parece acogedor mi palacio?! ¡A toda la gente aquí en Perú le gusta! A veces, cuando estoy solo y aburrido, me gusta que mis sirvientes canten para mí y jueguen conmigo a toda clase de rondas.

— ¡Muy lindo, alteza! Pero creo que debería escucharnos un momento— dijo nerviosamente Antonio — La llama que traíamos con nosotros…

— ¡Es verdaderamente linda! ¿Y sabes qué le sentaría muy bien? ¡Un disfraz! ¡Me encanta ponerle disfraces a mis mascotas! Oh, y a mis sirvientes también ¡Hay veces que decido disfrazarlos por todo el día! Mira, ya pensé en una manta multicolor, puesta como pañoleta en torno a su cuello. Y prendedores ¡Muchos de ellos! Enganchados en todo su largo y sedoso pelo ¡Ah, y un antifaz! ¿No se vería genial?

— ¡Oye weon, te están diciendo que la wea de llama no e' pa' vo…!— interrumpió irritado Manuel, golpeando la mesa con los puños — ¡Venimo' a pedirte una pócima pa' volverlo a su forma normal!

— ¿Uh?

— ¡Es un humano, bastardo! ¡Esa llama es mi hermano! — añadió Lovino.

— ¡Pero qué graciosos son ustedes! — carcajeó animadamente Miguel — Juguemos entonces. Tú dices que la llama es tu hermano ¡Muy original! Entonces yo diré que soy el primo tercero del cuñado de la sobrina de su tía abuela ¡Oh, cómo amo los juegos de rol…!

— ¡Hey…!

— ¡Y tú podrías ser la tía vieja con cara de callo malayo…!— señaló el peruano, mirando a Ludwig — ¡Y Manuel sería tu mascota faldera!

— No sé qué pretende este tío, pero hace unos chistes y juegos de palabras muy malos.

— ¡Vamos a jugar! ¿Saben saltar la cuerda?

— Uh…

— ¡Vamos, tía cara de callo malayo, tú vas primero…!

— ¡Oh, por Cristo…! ¿Cómo podemos hablar con este sujeto seriamente…?— bufó cansinamente Ludwig.

— Você tem que manter o seu jogo.

— ¿Qué? — preguntaron todos a coro.

— Luciano dice que tienen que seguirle el juego— aclaró Julio, luego de suspirar con resignación.


La reunión dio un inesperado vuelco. Lo último que recordaba Ludwig era que estaba sentado a una ostentosa mesa con varios platos y bandejas, antes colmado de platillos a base de maíz y patatas, y en menos de un suspiro, estaba brincando la cuerda a la vez que chocaba las manos con Antonio en una secuencia al ritmo de una pegajosa canción infantil.

— ¡Monitos en la cama saltan sin parar…!— coreó Miguel.

— ¡Uno se cayó, y se puso a llorar! — respondió Antonio.

— ¿Cuánto más tendremos que soportar esto? — preguntó Lovino, quien sostenía la cuerda del extremo contrario que el Conde peruano.

— Noventa y ocho monos más…— respondió Ludwig.

— ¡A la que cuente tres, entras tú, Julio! ¡Y Manuel, tú me reemplazas! — indicó Miguel — ¡Tres!

En eso, el chamán culpable de la desgracia de Feliciano se aprontó a sujetar la comba, y Julio y Miguel, a la vez, pasaron a conformar parte del grupo que brincaba al ritmo de la canción de los monos saltarines.

— ¡No lo haces nada mal, tía cara de…!

— ¡Ya sé, ya sé…!— protestó el alemán — No necesito que me llames así cada vez que quieras hablarme.

— ¿Quando eu entrar?

— ¡Weon, me pudro de aburrición[1]! ¡Tu cagá de juego gay me da progeria…!

— ¡Monitos en la cama saltan sin parar…!

En eso, irrumpió en el salón principal un nuevo integrante. Ricamente vestido con traje celeste y blanco, una larga capa azul bordada con hilo dorado y varias joyas, se delató su naturaleza noble. Estaba completamente empapado, y su cabello, rubio, cubría gran parte de su rostro. Con ambas manos, cargadas de anillos, el hombre retiró el pelo mojado de su cara, descubriendo un par de bellísimos ojos claros.

— ¡Che, boludo! ¡Todavía no me explico para qué tenés dos palancas…!

— ¡Martín…!— exclamó emocionado Miguel, y brincando fuera del juego, fue a recibir a su nuevo invitado.

— ¿Quién demonios es él?

— ¿Yo? ¡Ja! Mirá, pibe, tenés frente a ti al re-groso Conde Martín, de Argentina.

—Un muy buen amigo mío— declaró el noble peruano.

— ¡Ah, linda la wea[2]! Pa que cachen: los dos mayores saco-e-weas[3] son nobles; y uno aquí, por ser brujo ¡No! Confórmate con una cagá de casucha to'a picante a la chucha del mundo…

— ¡Ja! ¿Envidia? ¿Dónde?

— ¿Quieres jugar con nosotros, Martín? — preguntó Miguel.

— ¡Oh, lo siento! Pero hoy no va a poder ser, querido. Quizás para otra vez me copo. Esta vez vengo por algo serio— dijo el Conde argentino.

— Cuéntame.

— ¿Te acordás de esa vez que me dijiste que se armaría el re-quilombo si Vene no tomaba sus medicinas? Bueno, ayer se le acabaron. Y todos en el Reino sabemos que si de hierbas se trata, vos tenés la solución.

— ¡Claro! Ven sígueme. Te llevaré a mi laboratorio secreto.

Los forasteros compartieron una mirada atónita. Y siguiendo el sabio consejo de Luciano, fue Antonio quien tomó la iniciativa.

— ¿Y podemos nosotros también ir con vosotros? ¡Digo! Para ver… ¡Nos intriga mucho tu laboratorio!

— ¡Oh, no…! Mi laboratorio es algo muy serio como para que vayan así nada más… ¡Necesitan una muy buena razón, como mi amigo Martín, para que los lleve hasta allá!

— ¡Anda, por favor…!

— ¡Realmente queremos ver esa parte de tu palacio! ¡Ha de ser muy divertida…!— añadió Julio, forzando su dramatización — Y queremos seguir divirtiéndonos contigo, Miguel… ¿Sí~?

— Ya que lo dices así ¡Claro! Pero les advierto que por ningún motivo deben tocar lo que encuentren allí sin mi autorización.

— ¡Vale!


El trayecto por el palacio del Conde fue serpenteante, laberíntico y confuso. Escaleras que se entrecruzaban, subían y bajaban; paredes cortando caminos, puertas que los llevaban a estrechos pasillos cada vez más oscuros y profundos; aire caliente y ninguna ventana para dejarlo fluir fuera del lugar.

Finalmente, y tras seguir largamente a su anfitrión, los forasteros llegaron a uno enorme habitáculo iluminado de violeta. Estanterías, camillas y mesas de banquete repletas de tubos de ensayo y vasos de precipitado donde burbujeaban sustancias fosforescentes , expeliendo vapores inodoros en diferentes cantidades y de variante densidad.

— ¡Sígueme por aquí, Martín! — invitó el noble peruano — Y ustedes, chicos, no toquen nada: ¡Sólo mirar!

— Entendido— asintieron a coro y con notable sarcasmo el resto de los invitados.

Más aún, en cuanto el Conde les dio la espalda, lo primero que los seis forasteros hicieron fue separarse para cubrir mayor terreno de investigación, y de inmediato, hurgaron entre los diferentes recipientes llenos de jarabes y los frascos sellados que se ordenaban en las estanterías, sin ninguna clase de cuidado que pudiese disimular su maniobra. El ruido de cristales chocando entre ellos inundó la habitación.

— ¡¿Ven algo que diga "cambio de forma"?!

— ¡Sólo veo un montón de basura de colores…!

— ¡Eh, vengan! ¡Creo que ya encontré algo…!— llamó Julio — Esta estantería tiene dibujitos en sus tablones… veamos…

— ¡Apártate! — reclamó el príncipe italiano, abriéndose paso a empujones, comenzando a inspeccionar el armario — ¡Ya veo! Hay perros, osos, gatos, dragones, serpientes, escorpiones…

— ¡Un ave! Y una tortuga… ¿Esto qué es…? ¡Ah, una mariposa…!

— ¡¿No hay nada que ponga "humano"…?!

— ¡Voilá…!— celebró Lovino, tomando el último frasco que quedaba sobre el ícono de un monigote a base de palos y círculos, tallado en la madera. Era un frasco que perfectamente podía envolver con toda la mano. Verdaderamente pequeño, y lleno de una sustancia rosada de consistencia líquida, muy ligera.

— ¡Hecho! ¡Ya podemos irnos…!

— ¡Oigan…! ¡Les dije que no tocaran nada…!

Cuando los seis foráneos voltearon, encontraron el rostro iracundo de Miguel encendido en un rojo intenso, los ojos desorbitados y el entrecejo fruncido. Caminó hacia ellos con las manos empuñadas fuertemente, y los dientes apretados hasta el punto que podía oírseles chirriar de forma espantosa.

— ¡No me gusta que tomen mis cosas sin permiso…!

— ¡Lo necesitamos! ¡Con esto haremos que Feliciano deje de ser una llama…!

— ¿Feli…? ¡¿PRETENDEN ARREBATARME MI LLAMA…?! ¡¿LA MISMA QUE ME OBSEQUIARON CUANDO LLEGARON A MI CASA…?!

— Uh oh…

— ¡NI LO SUEÑEN…!

En seguida, se desató una persecución que tomó la totalidad de la vasta extensión de la habitación, e incluyó a Lovino, Antonio y Ludwig tirándose de forma alternada el frasco con la solución cuando Miguel estaba a punto de alcanzarlos, a lo que luego se sumó Manuel, mientras Luciano, Julio y Martín observaban atónitos desde un punto en medio del caos.

— Miguel olha irritado…

— Mira la que están montando…

— ¿Podés explicarme qué mierda está pasando?

— Es una larga historia, Conde Martín…

De pronto, una cabecita peluda asomó por un compartimiento lateral del cuarto.

— ¡Ola ke ase!

— ¡Che, qué simpático animalito! — carcajeó, aproximándose a abrir más aún el pasadizo para que el cuerpo entero de la "llama" pasara por él —¿Te habés perdido, amiguito?

— ¡Feliciano…!

En seguida, la "llama" tomó en su boca un frasco con una sustancia, y la dejó caer. El cristal se hizo trizas contra el suelo, y Miguel, al pisar el charco de la solución derramada, resbaló.

— ¡Bien hecho!

— ¡Vámonos de aquí cuanto antes…!

En eso, Feliciano sujetó algo más en su boca, haciendo ademán de comérselo. Lovino lo sujetó por las riendas, e inmediatamente, lo dirigió hacia la muesca de la cual había salido.

— ¡No hay tiempo, idiota!

— ¡Todos, sígannos! ¡Si Feliciano llegó por aquí al laboratorio, significa que este túnel nos lleva hacia afuera del palacio…!— explicó Ludwig.

La tropa de invitados, incluido Martín, corrieron a través del túnel. Cuando ya habían atravesado casi los primeros cincuenta metros, vieron al Conde peruano asomarse, aún más furioso que antes, retomando la persecución que poco antes había tenido lugar en su cuarto de experimentos.

— ¡Hay que agradecer que este chico, aún siendo animal, es todo un genio! — halagó Antonio.

— ¡Weon, cacha[4]…! ¡El túnel…!

— ¡Maldición, se divide en siete caminos…!— gruñó Lovino.

— ¡¿Qué hacemos ahora?!

— ¡Vayamos por el primero de la derecha! — sugirió el conde argentino, al ver un curso de agua lo suficientemente rápido, abundante y fuerte, sobre el cual flotaba una pequeña barcaza amarrada a una saliente de la pared, similar al carro que los había llevado al salón principal del palacio de Miguel.

—¡ ¿'Tai seguro, weon?!

— ¡Boludo, confiá en mí!

En seguida, el grupo abordó la barcaza de madera con Martín al y cortó la cuerda que la sujetaba. Ludwig, quien iba en la popa de la nave, volteó a ver a su persecutor. En seguida, el rostro del noble latino, que antes se torcía de odio, ahora presentaba un semblante más bien preocupado y entristecido.

El caballero supo de inmediato que algo no iba bien…

— ¡Ja, chúpate esa…!— festejaba Lovino con tono burlesco, agitando el frasco con la poción en su mano mientras realizaba señas obscenas con ella.

— ¿No estás feliz, chaval? ¡Volverás a ser humano…!— reía Antonio.

— ¡No puedo creer que hayamos escapado con vida de la ira de Miguel! — apoyó Julio, siendo secundado por Luciano con una serie de gritos de victoria y aplausos — Ahora sólo debemos proceder con el hechizo, una vez fuera del palacio, y podrán continuar con su viaje.

— ¡Y todo gracias a mi grosa idea…!— proclamó el argentino. En seguida, su rostro palideció hasta un puno cadavérico, y sus ojos de abrieron de par en par — Oh-oh…

— ¿Qué, qué…?— preguntaron los demás pasajeros, tratando de mirar hacia adelante por sobre los hombros del noble de cabellos rubios. Lovino en seguida estableció la lógica relación entre la preocupación de Martín, y el cauce de agua que conducía la barcaza hacia afuera.

— No me digas… ¿Hay una gran cascada por la cual caeremos una vez que lleguemos al final del túnel?

— Sí— respondió secamente el argentino.

— ¿Con piedras filosas con las cuales impactaremos al final de ella?

— Posiblemente.

Los pasajeros de la barcaza, a centímetros de ver la luz del día a plenitud, compartieron una mirada seria y cargada de frustración y temor.

—… va a doler…

En seguida, la barcaza se precipitó por una larga caída hacia el foso que adornaba los alrededores de la ostentosa construcción, con sus pasajeros gritando a todo pulmón, levantando sus oraciones y maldiciones a los dioses de su preferencia.

Cuando el vehículo que los albergaba llegó al agua, el impacto fue en gran parte frenado por él –aunque se destruyó por completo-, y sus pasajeros, asombrosamente, sólo recibieron golpes leves y un gran susto. Más aún, la suposición de las rocas había sido tan sólo un tormento de su imaginación.

— Estamos vivos… ¡Estamos vivos…!— jadeó incrédulo Ludwig.

— ¡La vi cerca, weon, te juro que casi me meo…!

— Vamos sair antes que atacou o crocodilo.

— ¡Todos, fuera del foso ante que los cocodrilos nos encuentren!

Mientras los fugitivos nadaban hacia la orilla rápidamente, siendo Ludwig quien sostenía a la llama para evitar que se hundiera, oyeron tras ellos la voz del furioso conde peruano, que asomándose por una ventana de su palacio, vociferó:

— ¡Jamás volveré a invitarlos a jugar a mi casa…!


Una vez fuera de los límites del Cuzco, los forasteros y sus acompañantes americanos se detuvieron a descansar. Empapados, fatigados y apenas pudiendo mantenerse en pie, hallaron buen refugio a la sombra de una frondosa arboleda que los escondió de la vigilancia de los curiosos, dando a Manuel el espacio y comodidad propicios para realizar su hechizo y transformar a Feliciano en Humano otra vez.

— Y… ¿Qué tenemos que hacer con la pócima? — preguntó Ludwig.

— O livro diz que a chama tem que beber.

— Tienes que dársela de beber, Manuel— tradujo Julio.

En seguida, el joven chamán, ayudado por Ludwig y Lovino, consiguió verter el contenido del frasco en la boca del animal. En vista del desagrado que mostró con su sabor y sus intenciones de escupirla, el alemán envolvió el prominente hocico de la "llama", forzándola a tragarse el brebaje junto con aquello que desde el palacio el "animalito" había puesto en su boca. Algo que, aparentemente, quedó atravesado en su garganta.

— Oye, está tosiendo mucho ¿Eso significa algo? — preguntó el español.

— ¡Date prisa, bastardo! ¡Trae a mi hermano de vuelta!

— ¡Ya, weon…!— protestó molesto Manuel. Comenzó a agitar su bastón de arriba abajo, y la densa nube verde que creó con su bastón envolvió al italiano, elevándolo a dos metros del suelo. La toz aún no cesaba.

Cuando ya fue imposible distinguir la silueta por entre la neblina, un resplandor más claro, casi cegador, brotó desde el centro de la nubareda, y los quejidos roncos de la llama comenzaron a ser reemplazados por una voz más sutil y dulce que continuó con la toz.

— Funciona…

La dispersión de la neblina verdosa pronto mostró los resultados del hechizo. Ya no era un cadrúpedo lanudo y rumiante lo que ocultaba la neblina, sino a un joven muchacho cuya silueta descendía lentamente hasta tocar el suelo, lugar donde permaneció tendido hasta que la nube se dispersó completamente, permitiendo la visión plena del éxito del chamán en su labor.

— ¡Feliciano…!

— ¡Chaval…!

— ¡Idiota, has vuelto…!— celebró Lovino. En vista de que su hermano se encontraba desnudo, se despojó de la primera capa de abrigo antes provista por la Reina María, y la aventó a su consanguíneo — ¡Vístete!

— ¡Che, Manu, te luciste! Y yo que pensaba que sólo sabías meter la pata cada vez que hacías esta clase de cosas.

— De hecho, alteza, todo esto fue culpa de Manuel— expresó inmediatamente el chamán más bajo —Él fue quien convirtió en primera instancia al Príncipe Feliciano en una llama.

— ¡Vo callao, weon! Nadie te preguntó.

Con gran horror, Ludwig apreció que Feliciano no reaccionó normalmente. La piel de su cara comenzó a tener un tono morado en señal de ahogo, y su toz era cada vez más débil. Sin esperar mucho más, el alemán procedió a abrazar al noble por la espalda y comprimir su estómago con ambas manos: una empuñada, y la otra afirmándose de la muñeca contraria. Cinco intentos fueron necesarios para desatascar de la garganta del noble europeo, y que éste expulsara un gran óvalo tallado que centelleaba una luz color plateado.

— ¿Qué…? ¡De nuevo metiéndote cosas raras a la boca…!— reprendió Lovino, incrédulo — No comprendo cómo pudo caberte eso ahí.

— Quizás porque su boca de llama era más grande, por eso no se ahogó hasta que la tragó.

— Feliciano ¿Estás bien? — preguntó Ludwig.

— V-ve~… ¿Por qué tengo tanto frío?

El alemán suspiró aliviado. Tomó el sweater antes arrojado por Lovino, y auxilió a su amigo para colocárselo cuando antes.

— Ya te contaremos después.

— Santo cielo…

— ¿Qué sucede, Antonio?

— ¡Tío, mira nada más…!— celebró el español, levantando la pieza gris del suelo — ¡Lo que se había comido el chaval era una Pieza de la Llave Sagrada! ¡La obtuvo del palacio del Conde Miguel, y ahora es nuestra!

— ¿Uh…?— atónito, Lovino observó de cerca el objeto que Antonio sostenía en sus manos como si se tratara de un tesoro — ¡Es cierto…!

— ¿Qué cosa…? ¡No entiendo nada! ¿Qué sucedió…? ¡¿Y por qué mi aliento huele a establo sucio…?! ¡Qué asco! — gimió Feliciano.

— Como dije, ya te contaremos… ahora, regresemos a lo nuestro. Pero primero que todo, considero que sería lo correcto regresar con su alteza, la Reina María, y agradecerle por habernos apoyado en nuestro viaje al Cuzco.

— ¡Vamos!


De vuelta hacia los dominios de la Reina María, una duda asaltó a los viajeros. A tan sólo unos metros del límite que enmarcaba la jurisdicción de la soberana, se atrevieron a preguntar a Mrtín:

— Por cierto, alteza— dijo Julio —Dijo usted en el palacio del Conde Miguel algo acerca de unas medicinas para su majestad, la Reina María… ¿De qué se trata?

— ¿Está enferma la reina? — preguntó inocente Feliciano, quien por cierto, había logrado vestirse gracias a la generosidad de sus compañeros, improvisando un poco elegante atuendo que, por lo menos, le ayudó a abrigarse y cubrir sus vergüenzas en lo que regresaban al reino.

— ¡Mierda, lo olvidé por completo…!— exclamó Martín, a la vez que su rostro mostraba un asomo de miedo y preocupación — Che, bueno, vos sabés lo complicada que se pone la piba cuando del gringo se trata ¿No?

— Sí.

— Y que toma medicinas para controlar sus estados de ánimo, sobre todo para disminuir sus arranques de ira ¿No?

— Sí.

— Pues...

— Weon, no me digai que se le acabaron, y debías ir en busca de ellos al palacio del Conde Miguel y se te olvidaron— bufó pesadamente Manuel.

— ¿Qué comés que adivinás, boludo?

— Va a que'ar la mansa cagá[5]…

Desde la plaza principal del reino, ya se podían escuchar los histéricos gritos de la soberana.

— ¡YA HEMOS SOPORTADO SUFICIENTE! ¡ESTO ES EL COLMO! ¡MUERTE AL DEMONIO BLANCO! ¡TODOS, A POR SUS ARMAS! ¡ESE YANKEE MUGROSO VA A CAER…!


Diccionario Chileno – Español (Pronunciación real / Significado)

[1]Aburrición: (Se lee tal cual) / Aburrimiento (Sí, ha inventado una nueva palabra…)

[2]Linda la wea: Linda la huevada / Qué ironía.

[3]Saco-e-weas: Saco de huevas / Imbéciles.

[4]Cacha: (Se lee tal cual) / (en este contexto) Mira.

[5]Va a que'ar la mansa cagá: Va a quedar la mansa cagada / Se va a armar un gran problema.


Notas de la Autora

¡Mea culpa... mea culpa! Me siento PÉSIMO. Soy LA PEOR PERSONA DEL MUNDO. Dejo botadas las actualizaciones, y no hay excusa que valga ¡Lo sé! Lo admito. Me vicié viendo Shingeki no Kyojin, maté muchos de mis tiempos libres devorando capítulo tras capítulo, y el resto lo consumía la Uni... ¡Lo siento, perdón, perdón...! Además, tuve que re-escribir muchas veces este capítulo, hasta lograr un resultado que me dejara conforme. Lo sé. No tengo perdón de Dios...

Sin embargo, aunque tarde, aquí les traigo la vigésima sexta entrega de este fanfic.

Feliciano por fin ha dejado de ser una llama. Y no solo eso: ¡Tienen en su poder una nueva pieza de la Llave Sagrada! Eh, esa no se la esperaban ¿Cierto? ¡Estaba en el Palacio de Miguel, entre sus cachivaches mágicos!
Un nuevo problema surge en América: La Reina del Sur, a falta de sus medicinas, ha entrado en un estado de ira tal que es capaz de abrir la Caja de Pandora (en palabras elegante, traduciendo lo que dijo Manuel), y al parecer, un "yankee" tiene que ver en esto ¿De qué se tratará?

¡Descúbranlo en el siguiente capítulo de este no tan clásico cuento de hadas...!

Una vez más, quisiera agradecer a quienes se dan el tiempo de comentar mi trabajo: Guest, Kayra Isis, Sorita Uchiha y Dazaru Kimchibun. Lamento haberlos hecho esperar tanto para esta actualización: ¡Sepan que no he muerto, sólo andaba de parranda...!

A los demás que leen, los insto a dejar su huellita: Agregando a favoritos o dejando su comentario en este fic. Toda crítica, opinión o alcance, cualquier sugerencia o idea que quieran proponer, será bien recibida, a diferencia de otros fics, donde al parecer las autoras lo único que desean es recibir halagos, pero cuando les llega algún comentario no del todo positivo de su relato, responden con mordacidad, sarcasmo y desdén, como si la opinión de ese "alguien" que se tomó el tiempo de manifestar su parecer acerca de la obra valiera menos que nada.
En ese sentido me considero abierta y tolerante. Y créanme, si alguien tiene una crítica o alcance que hacer ¡Sea cual sea! Dígamelo. Aunque no lo crean, eso ayuda a construir un relato mucho mejor a futuro, a no caer en errores y a aprender de ellos para enmendarlos y seguir creciendo como persona y artista.

Desde ya: ¡Toda atención se agradece!

¡Infaltable! La pregunta de esta ocasión es:

¿Cuál es a su parecer la mejor batalla "Héroe v/s Villano" de Disney? (Pueden elaborar su Top 5). Las mías son:
5.- Los siete enanitos v/s Lady Grimhilde (de "Blancanieves"): ¡Oh God mío...! Era muy pequeña cuando la vi por primera vez, pero juro que hasta los días de hoy esa escena ocupa un lugar importante en mi memoria porque, en serio, está muy bien trabajada y Grimhilde tuvo su merecido final como la villana que era. Además, no es el príncipe quien enfrenta a la villana ¡Son los simpáticos hombrecillos que reciben a la princesa! Algo para salir de lo común ¿No?
4.- Erik v/s Úrsula (de "La Sirenita"): ¡Mira que usar un barco hundido para atravesar a ese gigantesco monstruo marino! Y la expresión de dolor y derrota de Úrsula cuando va desintegrándose, recorrida por los rayos de su mismo poder ¡Buen trabajo, Erik!
3.- Milo v/s Rourke (de "Atlantis"): La destaco por sobre otras, aunque la película no sea exactamente de mis preferidas, porque por un momento esta pelea me puso los nervios de punta. Milo, ni príncipe no fortachón (sino más bien un hombre "patético y mediocre", en apariencia), haciéndole frente al sujeto genial del grupo que planeaba hacerse un pastón con la princesa de la civilización perdida... ¡Pero el ingenio es más fuerte que los esteroides!
2.- Mulán v/s Shan Yu (de "Mulán"): ¡Eh, es la primera chica que recuerdo tiene el mérito de golpear al villano! Pateó su cara, y clavó su capa al techo antes de que Mushu le diera al huno una muerte digna de películas, con fuegos artificiales y luces por doquier, mientras Mulán descendía por la cuerda de lamparitas chinas "Like a Boss".
1.- Príncipe Phillip v/s Maléfica, convertida en dragón (de "La Bella Durmiente"): Simplemente ÉPICA. No tengo otra palabra para definir esta escena ¡Es que es simplemente una obra de arte! El valiente príncipe enfrenta a la terrible bruja que hechizó a su amada, y con ayuda de un poco de magia, logra derrotar a los poderes de Lucifer ¿No suena un poco a cliché? Pues para mí no. Hasta donde recuerdo: es el único príncipe que pelea contra un dragón, como buen caballero...

Hay varias que se me quedan fuera, como Simba v/s Scar, Aladdin v/s Jaffar, o Quasimodo y Esmeralda v/s Frollo (en serio le tengo demasiado cariño a la película "El Jorobado de Notre Dame"), o Bestia v/s Gastón... ¡Pero esas cinco son las que más me gustan!

¡Nos estamos leyendo!