CAPÍTULO 025

Kate llegó cinco minutos antes de la hora acordaba y con los nervios a flor de piel. Antes de salir del hotel habían vuelto a coordinar el plan de forma exhaustiva pero, a pesar de ello, cierta incertidumbre se instaló en la boca de su estómago.

Cuando el ascensor se detuvo en la quinta planta, respiró profundamente y caminó con seguridad hacia el despacho principal.

- ¿Agente Beckett?

- Sí.

- Encantada de saludarla. Capitán Victoria Gates.

- Igualmente.

- Acompáñeme. Mi equipo ya está esperándola.

Kate fue tras los pasos de Victoria Gates.

- Le presento a Espósito y Ryan. Ellos serán quienes le acompañen.

- Hola chicos. Encantada de conoceros.

- Igualmente. - contestaron ambos a la vez.

- Tengo entendido que viene otro compañero suyo. - Gates.

- Sí, para este operativo. Del resto que suceda en el estado me encargaré yo sola, junto a los cuatro compañeros que hay en la sede de Nueva York, más el equipo que usted nos facilite.

- Espósito y Ryan tienen prioridad a atender sus casos.

- Gracias.

- ¿Ya estamos todos? - Will hizo acto de presencia con una perfecta sonrisa en su cara.

- ¿Sorenson? - Gates.

- El mismo.

- Entonces, estamos todos. Comencemos.

- Todos, todos, no. - apareció Richard con semblante serio.


Victoria Gates sonrió. Se levantó de su silla y se acercó hasta Richard. Le tendió un sentido abrazo. - Pensé que llegarías más tarde.

- He resuelto todos los problemas antes de tiempo.

- Esto es una broma, ¿no? - preguntó Will incrédulo.

- ¿Una broma? - Gates sonrió - ¿Por qué pregunta esto?

- Él no puede estar aquí.

- ¿Quién lo dice? - Gates.

- La normativa. - Will.

- Rick... - susurró Kate incapaz de pronunciar nada más.

- La normativa dentro de este edificio la impongo yo y sus superiores saben que yo trabajo de cerca con el señor Castle. No es la primera vez que trabaja con alguno de mis equipos. Lo cierto es que es la primera vez que trabajará con Espósito y Ryan. Aunque creo que ya se conocen. - Gates.

- Sí, fue una noche un tanto especial. - reconoció Richard.

- ¿Y qué va a hacer este aquí? ¿Qué aporta?

- Le sorprenderá averiguarlo. Se lo aseguro. Cuando empezó, tenía todas las reticencias del mundo. Ahora, debo reconocer que me equivoqué. - Gates.

- Por si usted no lo sabe estos dos mantienen una relación que puede perjudicar la misión. - lanzó Will con rabia señalando a Kate y Richard.

El escritor estuvo a punto de lanzarle un nuevo puñetazo pero Gates se puso en medio.

- No me importa ni me interesa la vida privada de mi equipo. Usted debería hacer lo mismo.

- ¿De verdad? ¿Quiere tener a la prensa detrás todo el día? - Will.

- ¿Le da miedo tener a la prensa detrás? - Gates.

- Al senador no le va a gustar esto. Su hija está secuestrada. Cualquier error puede ser mortal. - Will.

- Entonces, no cometamos errores, ¿no cree? - Gates.

- ¡Me niego a trabajar con un escritor! - gritó Will - Llamaré a mi superior ahora mismo. - salió de la sala.

- Creo que voy a seguir sus pasos antes de que cometa alguna estupidez. - Gates persiguió a Will.

- Y nosotros os vamos a dejar solos porque Gates nos lo ha pedido. Estamos al tanto de todo. - anunció Espósito antes de cerrar la puerta.


- ¿Qué es todo esto?

- Tiene una explicación, Kate.

- ¿Qué haces aquí?

- Llevo un tiempo colaborando con Gates, por temas de documentación. Siempre ha sido en días puntuales pero ha funcionado bastante bien.

- Sigue. - le instó Kate.

Richard dejó el periódico que tenía en la mano sobre la mesa.

- Era algo que se mantenía en secreto. Nadie lo sabía. Esta mañana ha aparecido en primera plana. Anunciando que es en la misma comisaría donde realizarás tu primera colaboración en un operativo bajo secreto. Si lees la columna verás que afirman un montón de barbaridades de los dos.

- Más que de los dos, de mí. - susurró Kate al leer varias de las líneas.

- Es Will.

- ¿Qué?

- El que está pasando la información. Es Will.

- Rick...

- Hazme caso, ¿sí? - se agachó a su altura - No ha venido a trabajar. Ha venido a por ti. Esta es la mejor forma que ha encontrado.

- Es que me resulta complicado creerlo.

- ¿Confías en mí?

- Claro, por supuesto.

- He hablado con Gates en cuanto he visto el periódico. Está al tanto de todo y sus dos hombres de confianza también. Voy a colaborar con vosotros en este caso porque la única forma de controlarlo es estando cerca, manejando la situación.

- ¿Controlándome a mí? ¿No confías?

- No es eso, Kate. - se incorporó nervioso - No quiero dejarte sola con ese loco que es capaz de decir la mayor barbaridad de ti para que tú y yo nos enfrentemos. ¿Es que no lo ves?

- Soy agente del FBI. No puedo cometer errores. Mucho menos con la hija de un senador. Tenerte aquí, con Will, será un calvario. Sé cómo es y te va a pinchar hasta que saltes.

- Me controlaré.

- Si acabas de entrar y has estado a punto de golpearle. - se puso a su altura.

- Que se vaya él.

- Rick, ¿qué te pasa?

- Solo quiero que estés bien.

- Ahora no lo estoy. Me parece una locura todo esto. Hemos quedado en un plan. Esto no estaba dentro.

- Las cosas han cambiado.

- Si Will quiere hablar con la prensa lo seguirá haciendo y si te quedas aquí, sentirá más rabia y será aún peor.

- No puedo no hacer nada. No me pidas eso. Por favor... - acarició su mejilla.

- ¡Estás fuera! - entró Will enfurecido - ¡Lárgate!

- ¿Qué dices? - Richard.

- Que estás fuera. Largo. No pintas nada aquí. Dedícate a tocarte la barriga todo el día y si eso, cuando las musas te visiten, te pones a escribir esa bazofia tuya.

El golpe reventó la nariz de Will. Richard, enfurecido, lo golpeó en dos ocasiones más hasta tumbarlo.

- ¡Para, Rick! ¡Para ya! - gritó Kate, reteniéndolo con sus brazos.

- ¡Es un desgraciado! Es lo mínimo que se merece. Apuesto a que a este subnormal nadie le dio una buena ostia cuando era pequeño. Al resto de la humanidad nos hubiesen ahorrado muchos quebraderos de cabeza.

- ¡Para! - le exigió Kate.

- ¿Qué ha pasado aquí? - entró Gates.

- ¿Estás bien tio? - Espósito miró a Richard buscando su confirmación.

- Todo bien, gracias.

- Ahora si estás fuera. - rio Will desde el suelo.

- ¿Qué quieres decir? - Richard dio un paso adelante dispuesto a emprender una nueva pelea.

- La normativa. - susurró Gates.

- ¿Qué pasa? - Richard se alteró ante el tono de Gates.

- Aquel compañero que golpea a otro compañero en un operativo, es expulsado inmediatamente. - miró a Richard consternada mientras le informaba.

- Cabrón. - susurró el escritor golpeando, en un puñetazo seco, el marco de la puerta.

- ¡La mano! - Kate.

- Da igual. Si eso, cuando puedas, echa un ojo a la sección de sociedad, sale una increíble foto tuya y toda nuestra historia al detalle. Minuto a minuto. Imagino que se la contaste a este, en un intento de desahogarte. Te describen como la madre sin corazón que abandona a su hija. Paula... - miró su reloj - ...en cinco minutos enviará esta nota de prensa a todos los medios. - le tendió un folio que sacó del bolsillo de su pantalón - ¿Sabes? Tienes razón. Mejor me voy. - salió de la sala con la mano completamente reventada.


No escuchó la voz de Kate, ni sus reiterados llamamientos.

- ¡Rick! - lo sujetó con fuerza - ¿A dónde vas? - lo miró preocupada tras perseguirlo por media comisaría.

- A casa.

- Hablemos.

- No. Ahora no. No tendría que haber venido.

- Al menos déjame curarte la mano.

- Nos vemos cuando acabes. - intentó sonreír pero no lo consiguió y salió con una sensación de derrota inigualable.


Cuando pisó la calle, un remolino de periodistas, cámaras y fotógrafos le rodearon con cientos de preguntas sobre su relación con Kate, su reciente paternidad y si sería capaz o no de perdonar a una mujer que le había hecho tanto daño y a la que había herido con varias supuestas infidelidades.

En aquellos minutos fue consciente que había subestimado a Will y que caminaba varios kilómetros por detrás de él.