Hola, dejo capitulo. Espero les guste y sino ya saben lo que tienen que hacer. Muchas gracias por seguir conmigo y también gracias por los comentarios que dejan en la otra historia. Un besototote. Se los/las quiere.

Descargo: Glee no me pertenece. SI fuera mio, en este momento estaría haciendo fumar a Dianna Agron (leer entre líneas)

NO SOY PARA TI

Capítulo 26: "¡DING!"

Departamento de Rachel

Rachel subía las escaleras del edificio rumbo a su departamento, escalón por escalón, totalmente agotada y cabizbaja. Es que desde que dejó la cama de Quinn su día no pudo haber sido peor. La morena agitaba su cabeza resignada, nunca tendría que haberse levantado de la cama, tendría que haberse dedicado a besar muchas veces más a Quinn, a acariciarla, a mirarla, a hacerle el amor de vuelta, a bañarse con ella, a hacerle el amor en la ducha, tendría que haber desayunado con ella y porque no, a hacerle el amor una vez más pero esta vez sobre el desayunador. Tendrá que aprovechar cada momento en que Quinn estaba junto a ella, después de todo, la morena no sabía cuánto tiempo la ex rubia iba a aguantar a su lado, a lo mejor ahora mismo la pelirroja ya se había cansado de ella y ya no quería verla más.

Rachel suspiró resignada por haber tomado una mala decisión. En vez de quedarse en la cama como se lo pidió su novia, tuvo que ir al estudio a trabajar. Pero no fue el trabajo lo que la cansó, al contrario, el tatuaje que tenía para hacer era una de sus técnicas actuales preferidas. Tuvo que hacer un hermoso tatuaje mecánico, de esos que parece que si se raja la piel abajo hay un robot, en el brazo de un simpático chico que estaba tan contento con el resultado del dibujo de la morena que no se fue del estudio hasta que consiguió otra cita, dentro de dos meses para que la morena tatuara su pecho. Lo que la cansó y sacó de quicio fueron sus empleados. Primero tuvo que discutir nuevamente con Jesse porque el chico no respetó el deseo de una clienta y cambió el diseño del tatuaje sobre la marcha y sin consultarle. Cuando la mujer vio su tatuaje puso el grito en el cielo y con un llanto desconsolado, empezó a pelear con el tatuador y a decirle todo tipo de cosas. Todo terminó cuando Rachel salió de su oficina y logró calmar a la clienta diciéndole que ella podía arreglar el diseño o en todo caso hacerle uno nuevo como ella quisiera y por supuesto todo gratis. Obviamente, La mujer salió del local con una sonrisa de oreja a oreja, no todos los días alguien consigue un tatuaje de Rachel Berry gratis y sin esperar.

Después de que Rachel echó por vigésimo cuarta vez a Jesse del local se tuvo que encargar del lió que Jhon estaba haciendo con sus citas. Esa mañana la morena lo había tenido que sacar a rastras de la cama de Brittany para que se dignara a trabajar, pero Jhon tenía semejante resaca que suspendió todos los tatuajes que tenía para esa tarde, lo cual no hubiera sido problema si los tatuajes que suspendió no hubiesen sido los mismo que había suspendido el día anterior para irse temprano al departamento de la bailarina. Las quejas de los clientes se sintieron sin parar y nuevamente Rachel tuvo que arreglarlo prometiendo tatuajes hechos por ella misma y sin cargo alguno mientras mandaba a Jhon a su casa inmediatamente.

Y eso no era todo, apenas la morena terminó de solucionar esos problemas, tuvo que encargarse de una inconsolable Tina, que lloraba en el baño haciendo uso de todas sus cuerdas vocales y de toda su reserva de lágrimas. Al parecer la chica había tenido una gran pelea con su novio, Mike, y esta pelea la había puesto en estado tal que había destrozado prácticamente un hermoso tatuaje de un colibrí en el tobillo de una chica. Cuando la morena examinó el tatuaje de la ofuscada clienta, se dio cuenta que no solo el dibujo estaba mal ubicado, sino que una de las alitas del ave salía prácticamente de su cabeza y las patas estaban dibujadas tan juntas que parecía que el colibrí tuviera una sola. Rachel tuvo que pedirle a Mika que apretara sus horarios del día siguiente y ubicara a la joven entre ellos para que la morena le pudiera arreglar el tatuaje.

Cuando le faltaban dos pisos por subir respiró hondo nuevamente pensando en su abultada agenda. Rachel se sentía más decepcionada que nunca por sus dos amigos, y a medida que subía las escaleras se sentía más cansada que nunca. Para colmo aun le quedaban las entrevistas para elegir a sus nuevos compañeros de cuarto. Su psicóloga le había dicho que no era necesario que volviera a buscar acompañantes de departamento sino quería, pero también le había mencionado que conocer gente extraña le iba a hacer bien para su relación con Quinn y eso a la morena la convenció en segundos. El problema era que de tan solo pensar que tenía que conocer gente nueva, los temblores aparecían en su cuerpo y obligaban a que la tatuadora cerrara sus ojos y se concentrara en las manos de Quinn acariciándole la espalda, o en el aroma de Quinn, o en los ojos verdes de la ex rubia, o en lo que sea de Quinn. Pensar en su novia la tranquilizaba pero la excitaba a la vez y tener una erección en frente de una persona que no fuera su novia, no le gustaba para nada.

- Quinn… - Dijo en un susurro frenándose en el descanso de la última escalera que le quedaba por subir. La pelirroja le había dicho a Rachel que ella misma quería estar cuando la morena hiciera las entrevistas, y Rachel antes de salir del estudio para su departamento dudo en ir a buscar a su novia a su oficina o simplemente no molestarla para esas cosas. Pero la duda se le terminó cuando recordó como era el edificio donde trabajaba su chica, la cantidad de dinero que la madre de Santana y el mismo Russell habían mencionado que manejaban y lo importante que era el trabajo y los negocios de su novia. En ese instante de duda, Rachel, se obligó a no molestar a Quinn con sus tonteras y manejar hacia su casa, no podía interrumpir a la ex rubia para que la ayudara con sus tontos miedos, ella ya era grande y podía arreglársela sola o podía intentarlo al menos.

- ¡Carajo! – fue lo primero que dijo cuando vio la enorme fila de gente que estaba en su piso. Enseguida se alejó lo más que pudo hasta que la pared del pasillo la frenó. Cerró los ojos rápidamente tratando de controlar su respiración y maldijo no haber dejado que otra persona se encargara de esta tarea, alguien que fuera más inteligente y más fuerte que ella, alguien como Santana, Brittany o como Quinn, cualquier otra persona era mejor que ella para hacer esto. Respiró profundo, agachó su cabeza y caminó hacia su departamento sin mirar a nadie, tenía que sacarse esto de encima lo antes posible así podía encerrarse en su estudio a preparar el tatuaje de los Señores Fabray, el de Quinn y sus amigos, los tenía que dejar listo antes de irse a Londres sea como sea.

Abrió la puerta pensando que a lo mejor podía meter todos los nombres en una bolsa y sacar dos papelitos para elegir a sus compañeros de departamento, capaz así ni siquiera tenía que hablar con la gente, solo tenía que lograr que pusieran su nombre en la bolsa del sorteo. Sus ideas cambiaron apenas entró en la sala y vio a Santana sentada en su sillón cama con su computadora encendida. Inmediatamente se dio cuenta de que algo no andaba bien – Santana… - la morena se había quedado clavada en la puerta - ¿Qué… que… porqué estás… - Quinn apareció con dos tasas de café desde la cocina haciéndole olvidar la forma en que tiene que articular dos palabras para formar una oración.

- Hola – Quinn se acercó a ella con una sonrisa en su rostro al ver la forma en que Rachel la miraba - ¿Te sorprendí? – en realidad las intenciones de la pelirroja no tenían que ver con sorprender a su chica, sino más bien de tener controlado la gente que entraba al departamento de su chica.

Rachel asintió rápidamente - ¿Qué… qué… hacen aquí? – no era que le molestaba sino que no se esperaba verlas.

- Me dijiste que podía venir cuando tu hacías las entrevistas – le explicó Quinn - ¿Te molesta? – por las dudas preguntaba.

La morena agitó su cabeza en negativa - Pensé que… yo iba a ir a… pensé que tenías mucho trabajo – le dijo

- ¡Y lo tenemos rari, lo tenemos! Yo estaba en mi oficina disfrutando del hermoso trasero de mi secretaria… – Habló Santana desde el sillón – Pero tu novia aquí presente, no me iba a dejar tranquila hasta que no pusiera a disposición todos mis conocimientos – en realidad era la forma de intimidar de Santana lo que Quinn pretendía de ella – para ayudarte a encontrar compañeros de piso – Asique si podemos empezar estaría mejor, porque se me parte la cabeza. Y quiero que sepas que espero una cena de tu parte después de hacer esto rari ¿Capiche? – Que raro Santana queriendo algo a cambio.

Rachel asintió sin mirar a la latina. Sus ojos estaban concentrados en la chica que tenía enfrente mirándola con intensidad.

- Estás cansada – aseguró Quinn – Te ves cansada – repitió en tono más grave y llevando su mano al rostro de Rachel para que su palma se apoyara en la mejilla de la morena. Rachel cerró los ojos y dejó que su cara se relajara con el roce - ¿Te sientes bien? ¿Comiste? – Quinn estaba preocupada.

Rachel abrió los ojos rápidamente y asintió para después negar. Quinn la miró con el ceño fruncido – Te sientes bien pero no has comido – Había interpretado perfectamente los gestos de la tatuadora – Rachel, no me gusta que no comas. No me gusta que no duermas y se que anoche prácticamente no dormimos…

- ¡Oigan! Si empiezan a hablar sobre sexo en frente mío, les advierto que voy a agarrar a la primera mujer de la fila de afuera y le voy a hacer todo lo que yo quiera sin importarme que ustedes estén mirando – les advirtió Santana

Rachel miró a la latina, torció su cuello y abrió la boca – Pensé que tu… ayer conocí a… ¿Y tu novio? - la pregunta de Rachel hizo que Quinn largara una carcajada.

- No te pases de viva rari – Santana le apuntó con su dedo.

Quinn abrazó a su confundida novia – No le hagas caso a Santana cariño, al parecer el amiguito de su "novio" anoche estuvo de paro y no quiso levantarse – explicó.

Rachel miró a su novia con la misma cara que hace rato había mirado a Santana - ¿Quiere decir que… que… que… bueno… no pudo…

- No se le paró – desde que Santana les había contado, Quinn no perdía oportunidad para burlarse de su amiga

Rachel volvió a mirar a la latina confundida - ¿Te desnudaste? Porque conmigo funcionó – para la morena era una ecuación simple, como un dos más dos.

Santana miró a Quinn con su mejor sonrisa sobradora, pero Quinn miraba anonadada a Rachel – Ay rari, rari, rari – Santana agitaba su cabeza – Aunque te adoro por lo que acabas de decir, déjame decirte que no son cosas que tienes que decir delante de tu novia – enseñó.

Rachel miró a su novia y se encontró con la peor mirada que hasta el momento Quinn le había dirigido - ¿No está bien decir eso? – le preguntó confundida, ella solo quería hacer sentir bien a Santana.

Quinn se acercó a la morena y le agarró el rostro – Tu solo miras mi cuerpo desnudo ¿De acuerdo? – las cosas como son.

Rachel asintió rápidamente, tampoco es que pensaba mirar a otra persona desnuda, y si lo hiciera estaba segura de que nadie le iba a hacer sentir lo que le hacía sentir el cuerpo de Quinn. Tan solo tener a Quinn enfrente de ella en este momento le estaba haciendo sentir cosquillas por todo su cuerpo y ni hablar de lo fácil que manejaba Quinn a su miembro, la ex rubia parecía controlarlo a control remoto.

- Así me gusta – Quinn aprovechó los labios salidos de su chica y le dejó un rico beso en sus labios para luego dirigirse al sillón para sentarse al lado de su socia. La pelirroja agarró su Tablet mientras que Rachel se sentó en una de las banquetas del desayunador cerca del sillón.

- ¡QUE PASE EL PRIMERO! – Gritó Santana para hacerle saber a la gente que estaba esperando que empezaban con las entrevistas.

Acto seguido un chico con lentes y de pelo corto entró en la sala – Hola – saludó el chico. Las dos sentadas en el sillón hicieron sus respectivas anotaciones mientras Rachel agitaba la mano para responder el saludo. El chico le sonrió a la morena y siguió – Mi nombre es Juan y necesito un…

- Limítese a responder nuestras preguntas – lo frenó Santana. Rachel la miró inmediatamente.

- ¿Y su nota de presentación? – Santana extendió su brazo sin mirar al chico. El muchacho se apuró para sacar una hoja de una pequeña carpeta que traía y se la pasó a una impaciente latina.

- ¿Cuál es su situación laboral? – la que hizo la pregunta fue Quinn.

El chico miró a Rachel nervioso – Bueno… yo actualmente soy desempleado pero…

- ¿Y cómo piensa pagar la renta entonces? – De vuelta fue Quinn la que habló.

- Yo… yo… pienso buscar apenas tenga un lugar para vivir…

- Cualquier cosa te llamamos – lo interrumpió Santana – EL QUE SIGUE – dio por finalizada la entrevista.

El chico miró de vuelta a Rachel pero la morena solo miraba a las otras dos confundida y con su ceño fruncido. Finalmente el muchacho decidió abandonar el departamento.

- ¡Hola! – una jovencita muy guapa, vestida con una mini falda y una remera que no alcanzaba a taparle todo su torso, era la siguiente. Quinn y Santana la miraron y luego se miraron entre ellas. Rachel la saludó con entusiasmo - MI nombre es…

- EL QUE SIGUE – el grito de Quinn sorprendió tanto a la joven como a la morena que inmediatamente miró a su novia.

- Espera… espera un poco… por favor - le dijo Rachel a la chica para luego pararse de la banqueta y caminar hacia el par sentado en el sillón - ¿Por qué… puedo… puedo preguntarle cosas? – para Rachel todos merecían una oportunidad.

- Pero Rach, tiene pinta de… de… de…

- De puta - agregó Santana

- ¡Exacto! – la apoyó Quinn.

Rachel giró su cuello para mirar a la chica que se había quedado esperando cerca de la puerta – Disculpa – le dijo - ¿Tu eres… tu trabajas… haces el amor por dinero con mucha gente? – le preguntó finalmente.

La chica miró a Rachel y después a las otras dos - ¿Me preguntas si soy prostituta? – esa pregunta era más clara. Rachel asintió con su rostro colorado y la chica frunció su ceño enojada - ¿Esto es una broma o qué? – preguntó.

Rachel negó con su cabeza - ¿Lo… lo eres? – re preguntó la morena. La chica refunfuñó enojada y con un portazo se fue del lugar. La morena miró a las otras dos – Se fue – les dijo algo obvio.

Santana se acercó al oído de Quinn – Eso fue más fácil de lo que pensé – Quinn asintió a lo que su amiga dijo - EL QUE SIGUE – Santana dio paso a la próxima entrevista mientras Rachel volvía su banqueta.

Rachel ya estaba saludando a la linda señorita con voluptuosos pechos que estaba entrando cuando escuchó el grito – EL QUE SIGUE – le morena miró a Quinn

- Ni se te ocurra – con la debilidad que Rachel parecía tener por los pechos Quinn no se pensaba arriesgar.

Una hora más tarde

Poco a poco la fila de posibles ocupantes se había ido acabando. Santana y Quinn se había encargado de entrevistar uno por una de las personas, en realidad entrevistar, así como la palabra lo indica, habían entrevistado a los hombres y a aquellas mujeres mayores de cuarenta años, excepto a aquellas que aun parecían "cogibles" según las palabras de la latina.

- Bueno yo esta – Santana se paró del sillón después de cerrar su laptop - Yo me quedaría con la abuelita sorda y el gordito simpaticón que parecía más interesado en el tamaño de la heladera que en el resto del departamento – opinó la latina.

- Acepto al gordito, pero no me gusta la abuelita – rechazó Quinn – Tiene dos nietas adolescentes que la visitan todo el tiempo según dijo y eso no me gusta nada – definitivamente no quería adolescentes hormonales en el mismo departamento que su novia – Prefiero a… - Quinn revolvió entre las cartas de presentación - ¡Esta! – le pasó la foto a Santana.

- ¿La vieja con cara de perro buldog más agria que un limón? – Preguntó su socia – De acuerdo, no me gusta su sentido de la moda pero al menos con esta y el gordito este departamento va a oler a sexo solo cuando tú te pases a darle a tu rari una visita conyugal – le dijo - ¿Te encargas tu de…? ¿Dónde está la rari? – No se habían dado cuenta pero Rachel hace rato había abandonado su banqueta – No está en la cocina – informó Santana volviendo de ese lugar.

Quinn y ella se miraron para luego ambas mirar la rendija de luz que Salía por debajo del cuarto de Rachel – Es mejor que vayas tu Q, eres la única que puede entrar sin autorización – le dijo Santana.

Quinn asintió y caminó al lugar decidida, aun así apenas llegó a la puerta decidió golpear antes de abrirla – Permiso – le dijo a la morena. La chica estaba prácticamente recostada sobre su tablero de dibujo y Quinn nunca había odiado tanto algo como ese tablero que le robaba la atención de su chica – Se supone que tienes que estar con nosotras eligiendo tus compañeros de habitación – le dijo la pelirroja un tanto enojada.

- Ya los elegí – Le dijo Rachel sin mirarla y sorprendiendo a Quinn

- ¿Perdona? – No le gustó nada lo que escuchó - ¿Podrías mirarme cuando me hablas al menos? – Logró que Rachel dejara el lápiz sobre el tablero y la mirara con su cuello torcido – Santana y yo creemos que los mejores son el gordito y la señora cara de buldog – no había nombres, de hecho en las formas que se habían encargado de llenar les habían puesto así.

La morena agitó su cabeza de inmediato – Elegí a otros – le dijo sin mayor información.

Quinn levantó sus dos cejas - ¿A otros? ¿A quiénes otros? – la pelirroja estaba mordiéndose la lengua para controlarse.

Rachel pensó y se rascó su cuello – Un chico… el primero… Tenía un ojo dibujado en su mano derecha – Quinn giró los ojos, por supuesto que su novia iba a acordarse de los tatuajes de los entrevistados - …que no tenía dinero y… y… la otra chica, con un montón de estrellas en su clavícula…

Quinn abrió los ojos, recordaba esa chica a la perfección – No Rachel, esa chica no – sentenció – Y el chico tampoco, no quiero a nadie que puede llegar a armar fiestas aquí ni nada por el estilo. El gordito y la otra mujer están bien y esa es la decisión final – no iba a admitir ningún cambio – Aquí están los números de teléfono ¿Te encargas tu o le digo a Olivia que lo haga? – la pelirroja no pensaba aflojar.

Rachel agachó la cabeza y estiró su brazo para agarrar el papel que Quinn le ofrecía sin agregar nada más.

- Bien – se forzó a decir la pelirroja – Ahora vamos a comer que Santana… - la cabeza de Rachel moviéndose en forma negativa la frenó - ¿No qué? – preguntó ofuscada.

- No quiero… no… voy a… tengo que terminar varios esquemas – se negó a la invitación.

Quinn la miró por varios segundos. La pelirroja quería obligar a la chica que tenía en frente a que ya mismo fuera a comer con ella, pero en lugar de eso mordió aún más su lengua y con un fuerte pisotón dijo – Me dijiste que no habías comido al mediodía – le recordó.

Rachel solo se encogió de hombros.

Quinn apretó aún más fuerte sus dientes, odiaba lo caprichosa que podía ser su novia cuando quería - Bien. Como tú quieras entonces – Le dijo y salió del estudio con más impulso del que había entrado.

- ¿Qué pasó? ¿Comemos o no? Muero de hambre – Santana ya tenía puesta la servilleta

- Vámonos San – Quinn agarró sus cosas y enfiló hacia la salida, si se quedaba un minuto más en su ex departamento la cosa no iba a terminar para nada bien.

- Pero… - Santana miraba con tristeza el cuarto de Rachel, otra vez se quedaba sin su comida casera.

- Vámonos dije. Compramos algo por el camino – sentenció Quinn ya desde el pasillo.

Santana la siguió enojada, y tal vez si ninguna de las dos no hubiera estado tan ocupada enojándose con Rachel, alguna de ellas hubiera notado el sobre que estaba debajo de la puerta. Parece que otra vez le va a tocar a la morena recogerlo.

Dos días después – Oficina de Quinn

- ¡NO! ¡NO! ¡NO! ¡Y MIL VECES NO! ¿ACASO ME ESTAN TOMANDO EL PELO? – Quinn estaba furiosa con sus empleados. La pelirroja le dio un fuerte golpe a su intercomunicador e hizo saltar varias cosas que tenía encima de su escritorio - ¡OLIVIA, VEN INMEDIATAMENTE! – no pasaron ni dos segundos que su secretaria ya estaba entrando en la oficina.

La mujer mayor divisó a Santana sentada en el sillón leyendo una revista de negocios y se acercó a ella mientras seguía escuchando como su jefa retaba a sus compañeros – Señorita López… - llamó la atención de la latina - ¿Puedo preguntarle algo? – tenía una duda terrible y necesitaba sacársela.

- Si me vas a preguntar por la rarita como me preguntó el guardia de la entrada al que Quinn casi hecha porque la detuvo para corroborar su identidad, o como los empleados del segundo piso a los que Q les va a descontar los minutos que estuvieron charlando mientras esperaban el ascensor, o como mi propia secretaria a la que Quinn acaba de echar porque al parecer no sabe ni siquiera tipiar una nota de suministros, o como el delivery de Sushi que tu jefa pidió hoy al mediodía y que así como llegó volvió sobre la cabeza del repartidor porque no venía su rol preferido, o como muchos empleados más que se vieron amenazados en lo que va del día por la idiotez que se carga Quinn. Si me vas a preguntar por la rarita, que a mi criterio es la culpable de todo esto, déjame decirte que no la he visto desde que antes de ayer salimos de su casa – le aclaró la duda dejándola con la boca abierta – Y déjame decirte algo Olivia, no solo ustedes la están sufriendo, yo estoy aquí porque al parecer a mi querida socia no le gusta como cerré la negociación con la editorial y lo cual tiene mucha razón porque vi afectada mis facultades mentales cuando la editora en jefe apareció con un terrible escote al cual no pude sacarle el ojo durante toda la negociación – todos iban a caer en las garras de Fabray hoy.

- ¿Puedo hacerle otra pregunta? – Olivia tenía varias por hacer.

- SI me vas a preguntar si Quinn se peleó con la rarita como me preguntaron los mencionados con anterioridad, te voy a contestar que sí, que se peleó y que por eso hoy estamos sufriendo todos aquí. Y eso no es nada, deberías haberle visto la cara a Brittany esta mañana cuando Quinn echó del departamento al estúpido de su novio – contó riendo – Créeme cuando te digo que la próxima vez que el negro ese quiera pasearse en calzones por el departamento, la va a pensar dos veces – agregó con más risas.

Olivia volvió a mirar a su jefa, esta vez la encontró hablándole a centímetros de su cara al jefe de tesorería, el hombre estaba a punto de desmayarse. La secretaria dejó escapar un suspiro de lamento, habían pasado pocos días y ya extrañaba a la señorita Berry - ¿Puedo preguntarle algo más? – era la última pregunta esperanzadora.

- No creo que se reconcilien – Santana estaba a full con la lectura de mentes – Se lo dije a Brittany esta mañana, se lo dije a Mika hace un rato, se lo dije a los del tercero que me preguntaron y te lo digo a ti, Quinn es demasiado orgullosa y no va a mover un solo dedo hacia la rarita – dijo ojeando la revista de piernas cruzadas.

- ¿Puedo preguntar por qué…?

- ¿Por qué pasó esto? – Seguíamos adivinando – Sencillo. Quinn da órdenes que a ella le parece que todos nosotros tenemos que seguir ¿Cierto? – la secretaria asintió. Nadie mejor que ella para entender esa premisa – Si haces lo que ella quiere, estás en su lista blanca y sino ¡BUM! Lista negra y fin de la historia – contó con sencillez

- ¿Debo asumir entonces que la señorita rarita… digo la señorita Berry no hizo lo que la señorita Fabray quería? – Olivia se estaba pasando y lo sabía.

Santana largó una sonora carcajada – Si hay algo que me gusta de la rari es que no le hace caso a nadie, mucho menos a Quinn – enfatizó su sonrisa – Antes de ayer Quinn le dio los números de teléfono de dos personas que tanto ella y yo creíamos adecuadas para vivir con ella, la rarita había elegido a otras dos personas pero Quinn se las prohibió y le exigió que se contactara con las que ella quería – explicó algo que a Olivia le sonaba mucho a algo que su jefa podía hacer - ¿Qué paso cuando fuimos ayer a ver qué tal le había ido a la rari con sus nuevos inquilinos? – Era una pregunta retórica.

- ¿Qué pas…

- ¡BUM! – Santana la interrumpió asustándola – La rari había llamado a los que ella había elegido – explicó – Imagínate la cara de Q cuando vio a la morocha de hermosas piernas vestida con un mini short y una sencilla musculosa arrastrando cajas hacia el departamento de la rari… - Olivia agitó su cabeza – Exacto – Santana lo había presenciado – Igual fue divertido ver como Q le tiraba las cajas por el agujero del ascensor – cambió de página – Y yo le ayude obvio, porque es mi amiga y porque donde hay lio Santana López siempre está – ese era su lema.

- ¿Y…

- ¿Qué pasó después vas a preguntarme? – Santana estaba "on fire" mientras Quinn seguía decapitando cabezas de empleados – Bueno como le conté a Judy hoy – al parecer Santana era la vocera oficial de la relación – Quinn no dejó la pocilga, y tan solo para no tener que escuchar otra de tus estúpidas preguntas te voy a aclarar que la pocilga es el departamento de la rari o la raricueva si quieres decirle así – Santana ser rió de su chiste – Como decía, Quinn no se fue de la rari cueva hasta que no le dejó bien en claro a la rari que o se hacen las cosas como ella dice o no se hacen. Y lo mejor de todos es que la muy picuda de la rarita, con su pose torcida…

- Es adorable cuando hace eso – Opinó Olivia haciendo que Santana girara los ojos

- ¿Me puedes dejar de interrumpir? – Cara rota la latina – Como te decía, la rarita se puso en su "adorable" pose y le dijo que no era su decisión con quien tenía que vivir ella o con quien no ¿Puedes creerlo? La rarita, nuestra tímida rari, le dijo a Quinn, nuestra posesiva y caprichosa Quinn que algo no era su decisión – Santana soltó una risa y luego un suspiro – En fin… Esa fue la última vez que la vi con vida – exageró – Después de eso solo tuve que seguir a Quinn rumbo a la salida y aquí estamos – Señaló a su socia que ahora mismo estaba repasando punto por punto la inutilidad de sus contadores para diseñar un proyecto de inversión – por culpa de la rarita de esta no se salva nadie… ni tu – Era hora de hacer sufrir un poco a la secretaria

Olivia abrió grande sus ojos y miró a la latina – Disculpe señorita Lopez, entendí mal o dijo que yo también voy a… - no le gustaba para nada lo que estaba implicando la latina

- Algo curioso pasó hoy cuando llegábamos al edificio – Santana parecía cambiar de tema pero en realidad estaba profundizando más sobre el mismo – Nos acercábamos a un grupo que estaba esperando el ascensor, al que te dije que Quinn les iba a descontar, cuando sentimos a una de las mujeres hacer referencia al tamaño del miembro de la rari con una clara efusividad – A Olivia no le estaba gustando por donde iba la conversación - ¿Por esas casualidades sabes cómo llegó el rumor del rarón a la oficina? – Era el turno de Santana de preguntar -Porque solo tres personas de aquí lo sabemos, yo no dije nada y no creo que Quinn lo haya hecho por lo tanto solo queda… - por primera vez en lo que va de la charla Santana miraba a la mujer

- Eee – la mujer se aclaró la garganta nerviosa - ¿El rarón? No se… no se de qué habla señorita López – la sonrisa maligna de la latina la ponía peor.

- Olivia, Olivia… ¿Acaso no sabes porque Quinn te llamó toda enfadada? ¿Crees que te llamó para felicitarte o para ordenarte que redactes la nota que la estúpida de mi secretaria no pudo hacer? No, no, no, no, no – los no iban con un tono musical muy empalagoso – Te llamó para cuestionarte acerca de porque el tamaño del pene de su novia está en boca de todos los empleados – La mujer tragó saliva – Después de que me agarre a mí, sigues tu mi estimada, y después no digas que no te avisé – Los empleados anteriores iban saliendo uno por uno con la cabeza agachada. Más de uno tenía lágrimas en sus ojos y otros tantos salían repitiendo algo así como "todo lo que hago para poder mandar a mi hijo a la universidad", sin contar que la mayoría le dedicó unas lindas palabras de recuerdo a la Señora Judy Fabray.

- Ahora es mi turno – Santana dejó la revista en la mesita y se paró del sillón – ve preparándote – le dijo sonriente a la temerosa secretaria.

Olivia se puso tan nerviosa que empezó a transpirar, le temblaban las piernas y se le habían cerrado tanto los oídos que ni siquiera podía escuchar lo que su jefa le decía a la señorita López. Lo único que podía ver era como la ex rubia señalaba una hoja que tenía en frente y hasta llegó a rompérsela en la cara de su socia. Quinn estaba enfurecida con la latina, y al contrario de lo que la mayoría podría pensar, Santana solo se limitaba a asentir y a mirar a Quinn, de hecho Olivia solo había visto a Santana aguantarse los gritos de Quinn así, la vez que la latina había perdido el contrato con la empresa constructora porque el dueño la agarró acostada con su hija.

- ¡OLIVIA! – La mujer recuperó la audición y se encontró con su jefa mirándola con una mirada que prendía fuego y con Santana sonriéndole de costado mientras retomaba su lugar en el sillón agarrando nuevamente la revista - ¿Necesitas que te mande un memo para que me escuches? – Quinn no estaba para buenos tratos.

- Disculpe señorita Fabray es que me siento un poco… - la mujer se abanicaba con su propia mano – Me siento un poco mareada – dijo.

- Se está poniendo pálida Q – acotó Santana sin disimular su sonrisa

Quinn miró a la mujer – Siéntate – le ordenó a su secretaria mientras buscaba el vaso de agua que tenía en su escritorio y se lo pasaba a Olivia que ya se había acomodado en el sillón en la punta contraria a la de la latina. Latina que amablemente había tomado la revista que estaba leyendo para abanicar a la mujer mayor.

Luego de varios minutos, la mujer ya había recuperado el color de su piel - ¿Te sientes mejor? – le preguntó Quinn.

- Si, muchas gracias – la mujer le devolvió el vaso vacío – Es mejor que vuelva a mis tareas… - buen intento.

- Siéntate Olivia – ordenó nuevamente la pelirroja. La secretaria volvió a recurrir a Santana y esta vez se encontró con la atención de la latina. Santana le gesticulaba con la boca algo así como un "es tu turno" acompañado de un corte de cuello con su mano.

- Señorita Fabray yo le juro que no lo hice a propósito – Era hora de confesar – Estaba muy impactada por lo que había visto y… y… y… llamé a mi hermana para contarle porque ella siempre anda diciendo que el pe… bueno que el miembro de los hombres está sobreestimado y que no existe uno tan grande capaz de dar todo el placer que una mujer necesita… - tomó aire y siguió – Yo tenía que contárselo a alguien o me iba a volver loca. De todas formas ella no me creyó, dice que ese cuento es algo así como el abominable hombre de las nieves y que no lo va a creer hasta no verlo y que yo estoy obsesionada porque hace mucho que… - la mujer se frenó – Bueno usted sabe que yo soy viuda y… - había cambiado el color pálido por el colorado – Después de mi difunto marido nunca más volví a… ustedes entienden – no era necesario contar más.

- Olivia…

- Yo le juro que no sabía que Frank me estaba escuchando – Frank era de la limpieza – El debe haber llevado la información por toda la oficina. Yo lo siento mucho señorita Fabray, pero por favor no me despida. Prometo que jamás vuelvo a hablar del enorme pe… del miembro de su… de su… - ¿Ex o novia? – Y prometo que no vuelvo a desearlo ni nada por el estilo – Rachel despertaba pasiones.

- Olivia tranquilízate por favor – Quinn estaba impresionado por los nervios de la mujer y por lo que acababa de decir también – Respira…. Respira … ¿Mejor? – le preguntó.

La mujer agitó su cabeza – No quiero que me eche – agregó

- No te voy a despedir Olivia, eres mi mejor secretaria – aduló – Sólo quería pedirte que redactes la nota de suministro que no pudo hacer la inepta de la secretaria de Santana.

La mujer la miró sorprendida - ¿No piensa que yo le dije a la gente sobre el… bueno sobre lo que tiene Rachel? – preguntó curiosa mirando a Quinn y después a Santana.

Quinn giró los ojos – Esa información ya se encargó Santana de desparramarla por toda la empresa Olivia. Hasta mando un memo de título "Prohibido mirar al rarón" con explicaciones gráficas – explicó.

La mujer miró inmediatamente a la latina de mala manera. Santana apretaba fuerte su boca para no soltar la carcajada.

- ¿Puedes hacer eso entonces? – Quinn insistió con la nota despabilando a la mujer

Olivia asintió y se paró del sillón rápidamente – Ahora mismo Señorita Fabray – caminó hasta la puerta.

- Y Olivia… - Quinn la llamó y la mujer volteó a verla – Apunta tus deseos para otro lado ¿De acuerdo? – la mujer asintió colorada y terminó de salir de la oficina para dos segundos después volver a entrar.

- Señorita Fabray…

- Olivia son casi las diez de la noche y se me parte la cabeza, por favor no me digas que no sabes hacer un pedido de suministros – llevaba todo el día tratando de que alguien hiciera el puto pedido para que ella pudiera tener su puto cartucho de tinta.

- No es eso – la mujer estaba más que preparada para hacerlo – Es que hay alguien en el lobby esperándola – anunció

- No quiero atender a nadie, sácamelo de encima – ordenó.

- ¿Aunque se trate de la Señorita Berry? – preguntó la mujer. Quinn no pudo evitar mirar el mural que la misma Rachel le había pintado en su oficina cuando escuchó a Olivia mencionarla.

Por segunda vez Santana levantaba la vista de su revista - ¿La rari está aquí? – preguntó

- Está en las sillas de espera – dijo la secretaria.

Quinn no podía creer lo que escuchaba asique se paró y salió de su oficina por su cuenta. Olivia no mentía, ahí sentada en las sillas de espera estaba nada más y nada menos que Rachel Berry. La morena estaba sentada con las piernas cruzadas sobre la silla, en forma de indio, mientras nerviosa jugaba con los cordones de sus converse negras. Una bolsa de consorcio negra estaba a su lado.

- ¡RARI! – al parecer Santana también quería ver por su cuenta a Rachel - ¿Qué haces aquí? – Rachel giró rápido su cabeza hacia Santana y hasta las tres personas que estaban en su oficina pudieron escuchar el crujido que hizo su cuello.

- ¡Auch! – La morena se quejó volviendo a la posición erguida mientras se acariciaba la zona afectada. Quinn giró los ojos y se metió adentro de su oficina.

- No estoy para nadie Olivia – La ex rubia no iba a dar el brazo a torcer. Santana y Olivia miraron como Quinn cerraba la puerta y al mismo tiempo como Rachel agachaba su cabeza tristemente.

Una hora más tarde

- ¡Mierda! ¡Mierda! – Quinn se sacó los lentes y apoyó los codos en la mesa después de que revoleó el bolígrafo. Puso su cabeza entre los brazos – Esto es imposible – su voz retumbó en el techo de su enorme oficina. Desde que se metió a su oficina había tratado de ponerse a trabajar en el estúpido negocio que Santana había echado a perder, pero cada vez que hacía cálculos el resultado era siempre el mismo "Rachel". ¿Cuánto aumenta la rentabilidad con una tasa del 2,5%? Rachel. ¿Cómo vamos a financiar la nueva emisión de acciones? Rachel. ¿Cuántas acciones nos convienen rescatar? Rachel. Rachel, Rachel. Todo en su vida tenía la misma respuesta… Rachel.

- ¡Basta! ¡Basta! – golpeó sus puños en el escritorio y apagó la luz de la pequeña lámpara de escritorio. La oficina solo quedó iluminada por la luz de techo – Basta de Rachel por hoy – agarró su chaqueta del perchero junto con su cartera y caminó hasta la puerta – No hay nada que una buena cena, un buen vino y un buen baño no pueda arreglar – Apagó las luces y salió – Basta de Rachel por hoy… ¡Rachel! – la morena seguía sentada en el mismo lugar, pero en vez de estar sentada como indio había puesto sus manos en su cola y se levantaba con la fuerza de sus brazos para balancearse.

La voz de Quinn hizo que Rachel se asustara aflojando sus brazos y acabara en el piso. La pelirroja hizo fuerza para clavar sus pies en el piso y no correr a levantar a la morena –Hola – La saludó con su mano desde el piso.

Quinn caminó pasando por su lado hasta que llegó a al ascensor y apretó el botón - ¿Qué haces aquí? Ya no queda nadie, deberías haberte ido – le dijo secamente dándole la espalda.

Rachel se paró sin dificultad y torciendo su cabeza contestó – Santana… ella… ella me dijo que podía quedarme a esperarte… Tu… tu… la señora y ella se fueron hace un montón – le dijo nerviosa.

- Y tu deberías haber hecho lo mismo – El ascensor se abría y Quinn no demoró en entrar en él – Buenas noches Rachel – la saludó mientras las puertas automáticas se cerraban. La cabeza y el corazón de la rubia pedían a gritos que la morena frenara las puertas. Pero eso no pasó, y lo último que Quinn vio la mirada triste de la otra chica despedirse de ella.

- ¡Carajo! – El ascensor bajaba y Quinn se maldecía por lo bajo, a ella y a su maldito orgullo. De repente miró al tablero que marcaba los pisos que el ascensor iba bajando y cayó en la cuenta de su estupidez. Se abalanzó sobre los botones y empezó a apretar rápida y repetitivamente el piso donde estaba su oficina - ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Tengo que volver! ¡Tengo que volver! – su morena estaba en arriba y ella seguía bajando al subsuelo – ¡Maldita chatarra! – Le pegó un puñetazo al tablero - ¡Estúpida Santana y su estúpido servicio de ascensores más barato y seguro! – A poco de llegar al piso del estacionamiento se acordaba desde el fabricante de ascensores hasta del que los limpiaba.

- ¡DING! ¡Subsuelo! – anunciaba la voz de mujer programada para indicar los pisos.

Ni lerda ni perezosa Quinn se abalanzó hacia el tablero para apretar el piso más alto, si se apuraba tal vez la morena seguía allí – Vamos, vamos, vamos… - la puerta automática se estaba cerrando a pedido de Quinn pero una mano la detuvo - ¡Qué carajo…! ¡Rachel! – tenían que dejar de sorprenderse una a la otra.

La morena había parado el ascensor para después tratar de hablar. El problema era que había corrido tanto que su respiración agitada a penas la dejó juntar fuerzas para frenar las puertas. Cesó en su intento de dialogo y agachándose un poco apoyó sus manos en sus rodillas, quizás esa posición le ayudaba a juntar aire. Quinn se quedó en la puerta del ascensor frenándolo mientras la morena se recuperaba. Después de varios segundos la tatuadora se enderezó y miró a Quinn nerviosa y ya ubicada en su clásica pose. La boca de la morena estaba abierta pero nada salía de ella.

- Rachel yo creo que…

- Te amo – finalmente las palabras salían de la boca de la morena.

- Yo creo que… ¿Qué dijiste? – la ex rubia pensó que había sufrido una laguna mental - ¿Qué dijiste? - insistió.

- ¡DING! - de la sorpresa se había olvidado de frenar el cierre de la puerta y las automáticas volvían a cerrarse

- NO, NO, NO – Quinn apretaba los números del tablero con desesperación – Estúpidas puertas, estúpido ascensor, tienen que abrirse para que yo pueda escuchar que mi novia me ama… ¡RACHEL! – Las puertas se abrían volviendo a mostrar a una sonriente y divertida morena - ¡DEJA DE JUGAR CON LAS PUERTAS Y DIME QUE DIJISTE! – la ex rubia estaba desesperada por escuchar esas dos palabras de nuevo.

Rachel asintió y dio dos pasos hacia adentro del ascensor - Te amo – repitió mirando directamente a la pelirroja.

Quinn la miró confundida, la misma chica que días atrás le había dicho que no sabía lo que era el amor hoy le estaba confesando que la amaba – Rachel no es nece… - ambas manos de la morena en su cintura la hicieron callarse. Quinn miró hacia abajo para asegurarse que no eran sus propias manos las que deliraban y una vez que reconoció el color moreno que la sujetaba volvió su mirada a los ojos de su novia – Rachel… ¡DING! – las puertas automáticas se cerraron y el ascensor obedecía las últimas ordenes que había dado Quinn.

- Una vez… una vez cuando… cuando yo estaba en… en… Francia aprendiendo a tatuar, una pareja de señores grandes, viejitos, un hombre y una mujer – aclaró – Me preguntaron si… si… si podía escribirles la palabra amor a cada uno de ellos – contó con toda la atención de Quinn sobre ella – Como yo estaba practicando y… y… y necesitaba practicar les dije que si… que si. La señora quiso que empezara con ella y cuando… cuando llevé la aguja hacia su pecho me frenó. Yo la miré confundida porque pensaba que…. Yo ya había hecho algo así y casi… casi siempre lo quieren debajo del corazón – Era lo normal para esa clase de tatuajes románticos – Entonces ella me preguntó si yo alguna vez había estado enamorada. Y yo… y yo…

- ¿Qué contestaste? – la historia la había atrapado y poco le importara que el ascensor siguiera subiendo.

- Que no – respondió rápidamente – que nunca lo había estado – agregó – Entonces ella me dijo que el día que lo esté, cuando yo esté verdaderamente enamorada voy a saber por qué les tenía que hacer sus tatuajes en cinco partes – Quinn abrió los ojos cuando Rachel nombró el número cinco.

- ¿Le tatuaste cinco veces la palabra amor? – preguntó la ex rubia sorprendida. Rachel asintió.

- Una detrás de la oreja, otra dentro del labio, una tercera palabra en las manos, otra muy pequeña en su nariz y la última en los párpados de uno de sus ojos. Al señor se los hice en el mismo lugar pero de forma opuesta – Es decir en la otra mano, en el otro ojo y así.

La mirada de Quinn era casi igual de confusa a la que tenía Rachel el día que hizo ese tatuaje - ¿Te dijo por qué? – preguntó

La morena agitó su cabeza en negativa y Quinn se decepcionó, aunque la decepción se le fue apenas escuchó la voz de Rachel – Pero… pero ahora… ahora creo saberlo – le dijo casi segura

- Dímelo por favor – le susurró Quinn

- Si hoy… cuando… si hoy llegara a perder mis cinco sentidos – habló Rachel – Si hoy los perdiera solo recordaría cinco cosas. Recordaría como fue verte la primera vez en el departamento, con tu semblante serio y… y con tu cara de chica importante que se lleva al mundo por delante – la morena iba ganando confianza en sus palabras – Recordaría de forma perfecta el sonido de tu sexy y rasposa voz, el color hermoso de tu risa y la tristeza que me ocasiona oírte llorar. Si mi olfato muriera hoy mismo, sería casi imposible olvidar el aroma de tu piel recién enjabonada. Y definitivamente recordaría la perfecta combinación del cacao que tiene tu crema corporal con la transpiración de tu cuerpo mientras hacíamos el amor.

El aire del ascensor estaba pesado y definitivamente se había encargado de envolverlas. La boca de Quinn estaba seca pero por diferentes razones – Sigue por favor… - suplicó agarrándose de los hombros de Rachel, no sabía por qué, pero pensaba que podía desmayarse en cualquier momento.

- Si perdiera el gusto… - lejos había quedado la insegura morena – Estoy segura de que al relamer mis labios sentiría el sabor de tu boca. Lo podría hacer tantas veces como quisiera y podría describir a la perfección el placer, el deseo que me producen tus besos. No importa cuánto tiempo pasara y aun así podría sentir el gusto a carne de tu lengua…

Quinn no pudo resistir más y fue directo a atrapar la boca de Rachel con la suya. Pero la morena fue más rápida y con una de sus manos la frenó - ¡DING! ¡Décimo piso! – Otra vez la mujer anunciaba la llegada al piso deseado.

Ni lerda ni perezosa y sin separarse de ella, Rachel sacó a la rubia del ascensor y la llevó hasta apoyarla en una de las paredes del piso de su oficina. La mano de la tatuadora seguía sosteniendo el mentón de la ex rubia e impidiendo el beso.

La morena pasó el dedo gordo de su mano por el labio inferior totalmente seco de Quinn. Después sumó su otra mano y al mismo tiempo que la otra la usó para acariciar ambos brazos desprotegidos de la empresaria. Las caricias hicieron que inmediatamente la cabeza de Quinn fuera hacia atrás desprotegiendo su cuello. Rachel pegó su boca a la descuidada parte y pasó sus labios sin piedad – Si nunca más pudiera tocarte… - Dios no lo permita pensaron las dos al mismo tiempo – Si me robaran el placer de poder acariciarte… - las manos de Rachel viajaron hacia el sur y recorrieron los muslos de la pelirroja sin timidez. Sólo una fina falda impedía el contacto piel con piel. – Si me quitaran el tacto, solo haría falta que cerrara los ojos y podría recordar cada centímetro de tu piel – dijo casi en un susurro. A Rachel le estaba costando tanto como a Quinn mantener la compostura. Las manos cruzaron la barrera de la tela y se aferraron a la cola de la pelirroja como si de ello dependiera su vida – Podría recordar cada músculo de tu cuerpo – siguió – Podría describir a la perfección la forma de tu culo – no era momento para ser educada – Y estoy casi segura… no… estoy completamente segura de que podría concentrarme y dar un detalle exacto de tu apretada vagina… - bruscamente y sin demoras la mano derecha de Rachel toqueteó de arriba abajo el centro cubierto por una delicada bombacha de Quinn.

- Rachel… - Quinn no soportaba más, podía sentir todo su cuerpo al borde de la explosión.

La morena sacó la mano que peligrosamente amenazaba con la integridad de la empresaria y la usó para agarrar el rostro de su novia – Por eso te amo – le dijo con seguridad y mirándola directamente a sus ojos –Te amo porque aunque perdiera mis cinco sentidos podría recordarte por completo y con eso me bastaría para vivir – terminó de decir en forma agitada.

Fueron segundos o minutos o nunca supieron cuánto tiempo estuvieron mirándose – Quiero hacerte el amor – dijo Rachel rompiendo el hechizo.

Ahora si Quinn se abalanzó sobre la morena y consiguió lo que quería salvajemente. En segundos cruzaron el lobby solo unidas por sus bocas. Rachel empujó la puerta con el pie para cerrarla mientras atrapaba a Quinn contra la pared. Ya estaban perdidas en una locura, ya no había freno alguno. El beso no bastaba y las manos hacían poco para calmar la desesperación. Quinn clavaba las uñas en el cuero cabelludo de Rachel, la quería adentro de ella de la misma forma que la lengua de Rachel estaba invadiendo su boca. Deslizó sus dedos sobre la remera y le apretó sus pechos, le acarició los músculos tensos de sus hombros y descendió hasta que sus manos notaron las curvas que se formaban por el comienzo de la cola de la morena. Sin pensarlo enterró sus dedos en los glúteos de la chica. La sintió tensarse y también sintió la humedad en su cuello cuando Rachel respiró por su boca bruscamente. Dejó tranquila su cola y se movió hacia adelante, hasta hallar el bulto que levantaba la tela de su pantalón de cargo. Rachel apoyó sus manos sobre la pared, en los costados de la cabeza de Quinn y tiró su cabeza hacia atrás mientras separaba las piernas para permitir que las manos de la pelirroja navegaran libremente por donde quisieran.

- Por favor… - suplicó Rachel

- Si ya se – le susurró Quinn y, le desajustó el cinturón para bajarle los pantalones y los boxers para liberar su miembro. Se quedó mirándolo sin entender por qué la calentaba tanto cuando en realidad se trataba de una parte del cuerpo tan enorme pero poco hermosa. Le pasó la punta del dedo del poco bello que había entre el ombligo y el pene, la sintió delirar y supo que esa caricia la volvía loca. Rachel llevó una de sus manos a la boca y se la mordió cuando Quinn le sostuvo los testículos y no reprimió su grito cuando la otra mano de Quinn se apretó en su miembro. La mano de Quinn estaba volviendo loca a Rachel y eso Quinn lo disfrutaba. La morena no esperó lo que siguió. Una convulsión le arquéo la espalda y se le escapó un grito desgarrador. Incrédula, bajó el rostro para comprobar lo que estaba pasando, Quinn, de rodillas frente a ella, tenía su pene en su boca.

- Dios mio Quinn… ¡DIOS MIO!...

Quinn estaba concentrada para no equivocarse mientras trataba de recordar a la perfección los consejos de Santana y Brittany y la clase práctica con las bananas y las naranjas. Rachel le hizo daño al clavarle los dedos en el brazo izquierdo para ponerla de pie.

- ¡Súbete la falda! – los papeles se invertían, era Rachel la que daba las órdenes mientras de atrás de su pantalón sacaba un condón y rasgaba su envoltorio.

Rachel estaba muy incómoda con los pantalones y sus zapatillas puestas, pero no había tiempo para esas tonteras. Ambas actuaban como si algo no las dejara pensar, como si les hubieran quitado la razón. La pasión las envolvía impacientes y poco exigentes a ciertas condiciones. Se devoraron las bocas hasta que Rachel la obligó a darse vuelta contra la pared. Quinn se inclinó y guió la cabeza del pene de Rachel hasta ella. Las dos liberaron suspiros de alivio que enseguida se convirtieron en gritos y gemidos de padecimiento mientras las embestidas adquirían velocidad. Quinn tuvo un orgasmo casi de inmediato. Rachel se inclinó y le besó la mano que trepaba la pared casi con desesperación. Ahí descansó la frente para seguir con las penetraciones. Quinn podía sentir como Rachel se frenaba, a veces se movía lento, otros más rápidos, soltaba un quejido como si le doliera.

-Quiero que nos corramos juntas – dijo la morena, y tanteo la vulva de Quinn hasta dar con su clítoris. Lo masajeó en un movimiento coordinado con sus impulsos para calzarse dentro de ella. A la pelirroja le sorprendió la velocidad con que volvió a excitarse. Explotó por segunda vez a los pocos minutos y Rachel la siguió con unos gritos que taparon los sonidos de la ex rubia. Quinn estaba segura de que al día siguiente iba a encontrar varios y profundos moretones en su pelvis por culpa de la fuerza que los dedos de Rachel habían hecho al sujetarla mientras se corría adentro de ella. La firmeza con que Rachel la sostenía le impidió convulsionarse durante el segundo orgasmo. La morena embestía dentro de ella con golpes secos y violentos. La quietud a la que la había llevado de algún modo la fuerza de Rachel, hacía que su placer se multiplicase. De pronto sintió como un vació oscuro la inundó.

A la mañana siguiente

Olivia era la primera en llegar como todos los días. A veces llegaba segunda después de Quinn y por la puerta de la oficina cerrada de su jefa, Olivia predijo que ese era uno de esos días. Mientras ordenaba su escritorio enfrente de la puerta, sintió el chirrido que hacía la misma cuando alguien la abría

- Buenos días señorita Fab… ¡O DIOS MIO! – se llevó la mano a la boca cuando vio que en vez de Quinn, era Rachel la que estaba parada y completamente desnuda mirándola con su clásica pose.

- Hola – saludó la morena con una de sus manos mientras la otra estaba ocupada tapando su miembro, ¡va!, lo que podía tapar de el – Dice Quinn si puede ir a la farmacia a comprar una caja de preservativos… Iría yo pero… - la morena se miró a ella misma

- NO, NO, NO – la mujer se apuró a Salir de su escritorio de tal forma que tiró la mayoría de las cosas – No se preocupe señorita Rarón… digo Señorita Rachel… yo voy… ya mismo voy… ahora mismo… en un segundo voy – la mujer no sabía que tenía que hacer, se movía sin sentido alguno.

- Tome – Rachel le pasó dinero sacándola de la confusión

- EL DINERO – gritó la mujer tratando de estirar su mano lo más posible para agarrarlo sin acercarse tanto – Claro… Necesito dinero para comprar… - agarró el billete y salió rápido rumbo al ascensor.

- SEÑORA – le gritó Rachel frenándola - Extra grandes por favor – insistió en el tamaño.

- ¡DING! ¡Décimo piso! – la voz del elevador le dio paso a Olivia para meterse dentro y suspirar una vez que cerraron las puertas

- Extra grandes… por supuesto – de eso estaba segura de que no se iba a olvidar.