"La guerra es lo que sucede

cuando el leguaje falla."

-Margaret Atwood


Capítulo Veinticinco – Concluyendo las Negociaciones


Mirando por la ventana de su habitación temporal, Caryssa pensó en las palabras de Lady Melisandre.

¿Por qué había dicho que su Dios le había mostrado que Robb no duraría como Rey y que Caryssa y Stannis serían la Reina en el Norte y el Rey en el Sur?

Incluso aunque sucediera lo peor y Robb caía en batalla, Caryssa no sería considerada la siguiente líder del reino del Norte. El pequeño Bran era el siguiente en la línea y Rickon después de él. La loba ya estaba reacia a ser princesa, no tenía deseos de gobernar. Tampoco Robb, pero el título le fue forzado. No podía haber negado la voluntad de sus lores. Habría perdido su ejército y ellos habrían perdido cualquier esperanza de sacar a sus hermanas de la capital.

La bruja estaba equivocada.

Robb ganaría esta guerra por su familia, eso lo sabía en su corazón.

"A tu hermano le ha ido bien en la guerra hasta ahora."

Caryssa se dio la vuelta y miró a la sacerdotisa. Dacey había ido a organizar a sus hombres para su próximo viaje, así que Caryssa estaba sola en su habitación con Rhaenyra por única compañía. La loba huargo gruñó a su invitada, mostrando los dientes, pero la mujer roja simplemente sonrió impresionada. Hombres adultos se llenaban de miedo ante Rhaenyra, un par incluso habían llorado por temor a Rhaenyra o Viento Gris, pero no la sacerdotisa.

La princesa tronó los dedos y su compañera peluda se colocó a su lado, pero ella se mantuvo en silencio. Caryssa no quería tratar con la mujer, era evidente que había acudido a ella por una razón.

"Incluso tú debes saber que la suerte de un hombre se acaba eventualmente. Así fue con tu señor padre."

"Mi padre fue asesinado por el chico bastardo que se sienta en el Trono de Hierro. No tuvo nada que ver con la suerte. Fue asesinado porque sabía la verdad." Espetó Caryssa, aunque la expresión de Melisandre no cambió. "Mi casa no caerá."

"Yo no dije nada sobre tu casa." Los ojos de la sacerdotisa miraron a Ryssa misteriosamente, alterando ligeramente a la princesa y a su loba, quien se movió nerviosa a su lado. Caryssa acarició a su loba tras las orejas, intentando consolarla para que no se… descontrolara. Melisandre se adentró más en la habitación, perfectamente cómoda en presencia del gran e intranquilo animal que se encontraba entre ella y la mujer con la que hablaba. "Tus Dioses no se preocupan por las vidas de los hombres. Escudero, caballero, rey o esclavo, ellos tomarán su vida de cualquier modo."

Caryssa inclinó la cabeza, cerrando los ojos al sentir un dolor en su corazón ante la idea de perder a su hermano. Eso era lo que la mujer decía entre líneas, ella lo sabía. La mujer había 'visto' la caída de su hermano.

No sucedería.

Esto era una guerra, Ryssa lo sabía, y los hombres caían como hojas en otoño, pero no su hermano. No Robb. No podía permitir que sucediera. Caryssa pelearía contra el mismísimo Guerrero, de entre todos los Dioses, para asegurarse de que su hermano sobreviviera esta guerra.

Con ese renovado sentido de determinación, la loba levantó la cabeza, sus azules ojos tan duros como el acero mientras encontraban la centelleante mirada de Melisandre.

"Si lo que dices es verdad, no permitiré que llegue a suceder."

"Tenemos poca elección en los caminos que el Señor de la Luz pone frente a nosotros. Simplemente debemos andarlos y descubrir nuestro destino." Su mirada se había suavizado, intentaba ser amable, descubrió Caryssa, pero no es una amabilidad decirle a una mujer que no tenía elecciones en su vida o que no podría proteger a su hermano de un terrible final.

"Yo decido mi propio destino."

Afortunadamente, Caryssa fue rescatada de la bruja cuando Ser Davos y Dacey regresaron de informarle al Rey Stannis que su flota estaba lista para partir.

Melisandre no los acompañaría bajo cubierta, así que la princesa Stark estaba a salvo de su mirada desconcertante, sus sonrisas sospechosas y otras horribles predicciones que la bruja pudiera desatar sobre ella.

Qué pensaba exactamente la sacerdotisa saber sobre Caryssa, la princesa no lo sabía, pero hacía su sangre hervir de furia el que presumiera saber de lo que la hija de Eddard Stark era capaz. Su hermano viviría, o Ryssa lo salvaría.

Lo haría o moriría a su lado.

No viviría en un mundo sin su hermano. No podría vivir en un mundo sin la mitad de su alma.

No quería hacerlo.

Siguiendo a Stannis hacia su nave, fue dirigida hacia el camarote del Rey bajo la petición de Stannis, al considerarlo más seguro para ella estar bajo cubierta. Caryssa se sentó frente a Dacey, deslizando sus dedos entre el pelo de Rhaenyra mientras observaba a la osa afilar su espada.

Le recordó la época cuando se sentaba junto a su padre en los troncos frente el arciano en el Bosque de Dioses. Él afilaba su espada mientras ella le leía uno de los libros que el Maestre Luwin le había prestado ese día. La mayoría del tiempo, solo se sentaban en silencio disfrutando de su compañía.

Esos eran los únicos momentos de paz que Caryssa podía recordar de su infancia. Todo lo demás era ruidoso y lleno de las escandalosas risas de sus hermanos, lo que no era precisamente malo, pero a veces necesitaba estar en silencio y su padre la llevaba al Bosque de Dioses.

Le dolió más de lo que pensaba solo sentir ese sentido de familiaridad.

"Esa mujer… lo que dijo." Suspiró Dacey, colocando su espada a un lado y poniendo toda su concentración a su cargo. "No puede ser cierto."

Caryssa no se molestó en ocultar su preocupación ante su amiga, su miedo.

"Se dice que los Sacerdotes y Sacerdotisas Rojos de R'hllor pueden ver el futuro al mirar el fuego, y ella cree lo que las llamas le dicen, con toda el alma, lo vi en sus ojos." Caryssa tomó una mano de la osa entre las suyas, dándole un ligero apretón. "No podemos permitir que suceda. Debes prometerme que harás todo lo posible para mantener a Robb con vida."

"Le hice a tu hermano un juramento de vivir, luchar y morir a su lado en caso de ser necesario. Y no pienso romper esa promesa."

No había duda de la sinceridad en las palabras de Dacey, en su rostro, y Caryssa tampoco lo dudaba. Confiaba en Dacey más que en cualquiera fuera de su familia, y sabía también que sentía algo por su hermano. De no estar prometido a una chica Frey sin rostro ni nombre, le alegraría llamar algún día a Dacey, su cuñada.

Pero era solo otro futuro que jamás sucedería. Los únicos Dioses en los que Caryssa creía eran los Viejos Dioses. No creía en un 'Señor de la Luz' y que él demandara sacrificios. Ningún Dios sería tan cruel.

Melisandre era una falsa profeta y Robb estaría tan a salvo como podría estarlo un Rey en tiempos como estos.

Eso esperaba.


Caryssa pasó la cabalgata hacia el campamento de Renly discutiendo términos con Stannis. No fue sencillo. Aunque Caryssa había podido persuadir al Rey Robert a entrar en razón debido a su parecido con su difunta tía, Stannis no compartía el amor de su hermano por Lyanna Stark, o incluso por Ned Stark, y era mucho más difícil negociar con él. Especialmente con su sacerdotisa a su lado. Melisandre hacía las cosas mucho más complicadas e incómodas para Caryssa mientras hablaba con el rey.

Sin embargo, Caryssa descubrió ser muy buena para negociar, asegurando potencialmente el Norte y todas las tierras más allá del Cuello para Robb.

También discutieron la posibilidad de cementar su alianza con un matrimonio entre sus casas. La princesa Shireen era de edad similar que su hermano pequeño, Rickon, y muchas veces las guerras se ganaban por medio de matrimonios, o al menos eso había escuchado.

El prácticamente vender a su hermano como ganado la hizo sentir como una hipócrita, al haber reprendido a su hermano y a su madre por hacer lo mismo con Arya. La única diferencia, se recordó, era que Arya no tenía deseo alguno de ser la esposa de algún Lord, pero Rickon sí quería ser un Lord, como Padre, con una esposa, aunque no supiera en realidad lo que eso implicaba. Caryssa comprendía el razonamiento de Robb y de su madre un poco mejor ahora, incluso aunque aún lo odiara.

Discutieron lo que se haría luego del ascenso de Stannis al trono en caso de haber futuros conflictos. Caryssa estaba segura de que en caso de que el Sur pidiera ayuda al Norte, si la casa fuera justa, el Norte respondería como siempre lo había hecho durante el reinado de Robert.

Ambos, princesa loba y rey ciervo, casi tenían resueltos y decididos todos los detalles de su propuesta de alianza, y Caryssa se sintió orgullosa de sí misma por asegurar la alianza que su hermano tanto necesitaba. Especialmente porque significaba que no tenían que meterse en la cama con Balon Greyjoy.

Ahora, siempre y cuando su madre lograra convencer a Renly de detener sus tonterías, renunciar a su reclamo al trono y apoyar a su hermano, podrían derrotar a los Lannister con casi demasiada facilidad. En teoría, al menos.

El pequeño grupo de soldados y consejeros de Stannis, junto con sus invitados del Norte, se reunieron con el séquito de Renly, el cual incluía a Cat, en una colina, y la tensión se sentía en el aire. La princesa sabía que estas negociaciones no serían tan sencillas como lo habían sido las otras.


A Catelyn no le sorprendió ver a su hija cabalgando junto al rey cuando llegaron al punto de reunión, pero sí le sorprendió que Stannis no insistiera en que Rhaenyra fuera enjaulada o dejada atrás. No muchas personas fuera del Norte aceptaban la presencia de los lobos huargos, frecuentemente los gigantes animales incomodaban a los hombres, y a pesar de ello, la loba estaba donde siempre se la podía ver, junto a su ama.

El ver a su hija lucir casi como si siempre hubiera pertenecido a la realeza en su traje de montar, a la cabeza de los hombres del rey, le quitó el aliento a la matriarca de los Stark. Fue una visión que le recordó a Catelyn que su hija mayor era ahora una mujer y casi le dolía aceptarlo. Su hijo era un rey y su hija era una mujer casada negociando con un rey diferente. Cómo habían cambiado los tiempos desde que sus bebés eran exactamente eso, bebés.

'Luce como Lyanna en el torneo de Harrenhall.' Pensó Catelyn, la imagen de su difunta cuñada y Caryssa volviéndose una en su mente.

Eran sus ojos.

Aunque los ojos de Caryssa eran azul Tully, como los suyos, Catelyn podía ver la determinación de hierro de Lyanna en su hija. La sangre del lobo, la llamaba Ned; corría por las venas de su hija, justo como en las de la hermana de Ned. Justo como en las de Arya. Era una determinación de hierro que le daría incluso al guerrero más feroz, una razón para dudar.

Claramente, el Rey Stannis lo había notado también ya que no había separado a la joven de su lado. Su hija, tal vez, había logrado una alianza con el testarudo Baratheon, justo como Robb lo había predicho.

Ver a Caryssa en esa situación también le recordó a Ned. La gente había respetado a Ned, como Lord de Invernalia, como soldado, o simplemente como hombre, y Catelyn pensó que eso fue lo que vio en los ojos de Stannis cuando él volteó brevemente a mirar a la joven mujer que cabalgaba a su lado.

Si los Dioses eran buenos, esta reunión resultaría bien y podrían volver con Robb llevando buenas noticias.

Si los Dioses eran buenos.


Caryssa asintió a su madre a modo de saludo, quien le respondió con una breve sonrisa de alivio, antes de dirigir la mirada hacia el Rey Renly.

Llevaba una pulida armadura dorada y una corona con cuernos de ciervo a juego, que causaron a la loba unas ganas de poner los ojos en blanco. Todos sus hombres vestían con demasiada elegancia para ser soldados en espera de una batalla, demasiado extravagantes y demostrando que su rey no tomaba esta guerra con seriedad.

La hizo ver que su opinión era seguramente la correcta. Stannis sería el mejor rey para los seis reinos porque no lo vería como un juego. Renly… Renly sería amado por su gente, pero le faltaría el estómago para las decisiones difíciles que definitivamente vendrían con la corona. Era más que un bonito accesorio sobre su Cabeza y una silla especial sobre la cual sentarse. La corona, el trono, eran un compromiso con su gente, símbolos del juramento que les haría y Ryssa no creía que el más joven Baratheon lo comprendiera.

Tener el título, la corona y sentarse en ese trono de hierro no lo harían un buen rey. No había sido así con Aerys Targaryen, o con el Rey Robert.

Aun así, la joven princesa inclinó la cabeza con respeto, recordando las lecciones de etiqueta que la Septa Mordane le había enseñado ante una situación incómoda.

"Lady Lannister, no pensaba verla en las Tierras de la Tormenta." Saludó Renly, y Caryssa le sonrió ligeramente.

"Nunca antes había venido y son tan hermosas como el difunto rey me había comentado. La amistad de su Alteza significaba mucho para mí, y es por él que estoy aquí para ofrecer mi ayuda a ambos con la esperanza de que puedan reconciliar sus diferencias y que todos podamos continuar como amigos a partir de ahora."

Renly parecía complacido y reconfortado por su respuesta, así que dirigió su atención hacia su hermano.

"¿En verdad eres tú?"

"¿Quién más podría ser?" Respondió Stannis, y Caryssa sintió que ya sabía cómo terminaría esta reunión solo basándose en su interacción inicial.

"Bueno, cuando vi tu estandarte no pude estar seguro. ¿De quién es?"

"Es mío."

Caryssa había preguntado a Ser Davos acerca del estandarte cuando lo había visto. Un ciervo negro coronado colocado en el centro de un corazón rojo y rodeado de llamas amarillas en un campo blanco. Era el nuevo estandarte de la Casa Baratheon de Rocadragón, le había informado Ser Davos, y ella supuso que la casa se había separado en tres ramas diferentes ahora; la Casa Baratheon de las Tierras de la Corona, la Casa Baratheon de las Tierras de la Tormenta y la Casa Baratheon de Rocadragón.

Caryssa se preguntó cómo se sentiría su padre de haber visto esto. Si se tratara de sus hermanos, Ned Stark estaría destrozado al ver que sus hijos estaban en guerra entre ellos y que su casa se había desintegrado. 'El lobo solitario muere, pero la manada sobrevive,' siempre se los había dicho, otro pedazo de sabiduría que había compartido con sus hijos.

"Supongo que, si usamos el mismo estandarte, la batalla sería terriblemente confusa." Consideró Renly con una sonrisa juguetona que les permitió a todos saber que no tomaba esto con tanta seriedad como debería. "¿Por qué tu ciervo está en llamas?"

"El Rey ha tomado como insignia el corazón llameante del Señor de la Luz." Le informó Melisandre, lo que no ayudó a borrar la sonrisa del rostro del Baratheon más joven.

La joven loba no comprendía el repentino cambio de religión de Stannis, pero no se burlaría de nadie con diferente fe por sus creencias.

"Ah, tú debes ser la sacerdotisa de fuego de la que tanto hemos oído hablar. Oh, hermano, ahora entiendo porque encontraste la religión a tu edad." Se burló Renly, y Caryssa miró al rey a su lado y lo vio tenso ante la implicación.

"Cuida tus palabras Renly." Advirtió Stannis, su voz tensa indicaba que de ningún modo estaba con humor para bromas.

Esto no detuvo a su hermano de continuar con sus bromas infantiles.

"No, no, estoy aliviado. Nunca creí que fueras un fanático. Sin encanto, rígido, aburrido, sí, pero no un hombre religioso."

"Deberías arrodillarte ante tu hermano." Declaró Melisandre, y, por primera vez, Caryssa estuvo de acuerdo. Renly tenía los hombres, pero no el temperamento correcto para ser rey. "É les el elegido del Señor. Nacido entre sal y humo."

Incluso Caryssa tuvo que suprimir una mueca ante sus palabras. Renly no los tomaba con seriedad desde el principio, así que ¿por qué continuar con el aspecto de la religión?

"¿Nacido entre sal y humo? ¿Acaso es un jamón?" Bromeó Renly, y esta vez, Caryssa no pudo contener sus palabras.

"Rey o no, él es tu hermano mayor, deberías mostrarle algo de respeto."

"Mi hija tiene razón. ¡Escúchense! Si fueran hijos míos, los encerraría en una habitación hasta que recordaran que son hermanos." Añadió Catelyn, y Caryssa agradeció el apoyo ya que, técnicamente, había hablado fuera de lugar y, en su experiencia, no muchos hombres disfrutaban ser reprendidos por una mujer.

"Todos compartimos un enemigo en común, y eso debería ser suficiente para unirnos." Urgió Caryssa, con la esperanza de que recordarles a los Lannister, quienes actualmente tenían el Trono de Hierro, pondría fin a sus berrinches infantiles. Incluso sus hermanos, quienes eran más jóvenes que ambos hombres, jamás peleaban tan patéticamente como ellos. "Ellos quieren que peleemos entre nosotros."

"El Trono de Hierro es mío. Por derecho. Todos aquellos que lo nieguen son mis enemigos."

La sonrisa desapareció del rostro de Renly.

"El reino entero lo niega, de Dorne hasta el Muro. Los ancianos lo niegan con su aliento moribundo y los neonatos lo niegan en los vientres de sus madres." Espetó Renly, sorprendiendo a todos con el veneno en su voz. Tal vez se preocupaba más por su hermano de lo que dejaba ver, y ser llamado 'enemigo' lo hirió más de lo que quería admitir. "Nadie te quiere como su rey. Jamás quisiste tener amigos, hermano, pero un hombre sin amigos es un hombre sin poder."

Fue ese momento el que hizo que Caryssa quisiera bajar de su caballo, caer de rodillas y darse de cabezazos contra el suelo ante su frustración. Renly podría tener muchos amigos, pero ellos no le darían poder. ¿Por qué no podía ver que los Tyrell solo lo usarían para conseguir más poder para ellos y que él se había convertido en nada más que una marioneta en sus planes? El reino entero sabía sobre el poder de los Tyrell y que no era suficiente para ellos. No era ningún secreto, así que ¿por qué Renly lo permitía?

Entonces lo recordó, su mirada alejándose del joven pretendiente a rey y concentrándose en el caballero de armadura floreada.

Por amor. Lo hacía por amor.

"Por consideración hacia la madre que nos parió, te daré esta noche para reconsiderar. Baja tus estandartes, ven a mí antes del amanecer y te daré tu viejo lugar en el consejo. Lady Stark incluso ha negociado que te quedes con Bastión de Tormentas e incluso te nombraré mi heredero hasta que nazca un hijo mío." Stannis entregó sus términos justo como él y Caryssa lo habían discutido, aunque la norteña se sorprendió de que en verdad la hubiera escuchado. Él era un rey, aunque uno de muchos en estos días, y no tenía por qué tomar consejos de una mujer de diecinueve años sin experiencia alguna de guerras. "De lo contrario, te destruiré."

De haber sido ella, Caryssa habría tomado la amenaza con seriedad. Stannis había peleado batallas y una guerra cuando aún era lo suficientemente joven para ser considerado un chico. Sabía cómo dirigir un ejército; Renly no. No era un guerrero o incluso un soldado; ni siquiera participaba en torneos. No era un líder y tenía que saberlo.

Y sin embargo lucía tranquilo.

"Mira esos campos hermano." Todos miraron a los miles de hombres que estaban reunidos sobre la colina. Los reportes sobre el ejército de cientos de miles de hombres de Renly parecían ser ciertos. "¿Puedes ver todos esos estandartes?"

"¿Crees que uno cuantos pedazos de tela te harán rey?" Preguntó Stannis incrédulo a su hermano.

Los números ganaban batallas. Eso era lo que ella sabía. Stannis era un gran comandante, también eso lo sabía, pero ni siquiera él podía vencer a un ejército de cien mil hombres en el campo de batalla con la fuerza que tenía. Caryssa se preguntó qué plan de respaldo tenía Stannis para cuando las negociaciones fallaran, porque así sería. Había esperado que Renly fuera más razonable, pero podía ver que estaba equivocada.

"No. Los hombres que sostienen esos pedazos de tela me harán rey."

"Ya veremos, Renly." Respondió Stannis, alentando a su caballo a avanzar ligeramente, obviamente preparándose para partir. "Cuando llegue el alba, lo veremos."

El Rey comenzó a alejarse, la mayoría de su séquito, incluido Ser Davos, lo siguieron de cerca. Solo Melisandre y Caryssa, con Dacey y sus hombres, se quedaron un momento más.

"Piensa en tus pecados, Lord Renly, porque la noche es oscura y llena de terrores." Advirtió Melisandre, sus palabras diciendo más de lo hablado. Era una amenaza, Caryssa podía verlo, y ella miró hacia su madre preguntándose si ella también lo había escuchado.

Con la mirada, le rogó a su madre mantenerse a salvo, pero sus palabras fueron para su amigo.

"Hice lo mejor que pude para conseguir la paz entre tú y tu hermano, Alteza." Habló Caryssa, pero solo una vez que Melisandre se hubo alejado hacia el rey, quien la esperaba bajando la colina.

"Y yo agradezco tus esfuerzos miladi. Siempre fuiste amable conmigo durante tu tiempo en la capital. Es una pena que nos encontremos de nuevo bajo tales circunstancias." Ofreció Renly, su tono más alegre, como había sido al comienzo de su reunión. Estaba siendo mucho más amigable con ella, y ella estaba feliz por ello. Su pelea no era con ningún Baratheon, excepto con el niño que fingía ser hijo del Rey Robert.

"Por el bien de nuestra amistad y de tu vida, te pido que consideres la oferta de tu hermano. No deseo verte herido."

"Tengo un ejército de 100,000 hombres miladi. Esta no es una batalla que Stannis pueda ganar."

"Se han Ganado batallas con peores probabilidades. Por favor, solo piénsalo bien."

Solo cuando Renly asintió de acuerdo, Caryssa se giró a indicarle a Dacey que se marchaban. Mirando una última vez a su madre, llevó a su caballo aun ligero galope para darle alcance a Stannis.

Las negociaciones habían fallado, pero esperaba que Renly entrara en razón y asistiera con su hermano antes del alba. No quería pensar en las cosas que Melisandre podría hacer para disminuir su ventaja contra su elegido.

En silencio, mientras cabalgaba hacia el rey, envió una oración a la Madre para que cuidara a Catelyn, sabiendo que ambas estaban en peligro mientras estuvieran en dos campamentos diferentes.

Dioses, esperaba que Renly pusiera fin a esta locura.

Solo el alba diría si los Dioses responderían sus plegarias.


Fue justo antes del crepúsculo cuando Caryssa fue convocada a la tienda de Stannis, y no fue sola. Dacey, un par de guardias y Rhaenyra la acompañaron. Los soldados lucían ansiosos cuando pasó junto a ellos.

Caryssa entró en la tienda, justo cuando Ser Davos se retiraba, y solo el Rey quedó dentro, así que asintió a Dacey y le indicó que se quedara fuera junto con los guardias. Rhaenyra sería protección suficiente de ser necesario, aunque dudaba que lo fuera.

"Deseaba verme."

Stannis dejó de mirar sus planes de batalla para mirarla a ella, y asintió firmemente, indicándole que tomara asiento.

"Afirma que su hermano no desea ser Rey de los Siete Reinos."

"Así es." Respondió Caryssa simplemente.

"Lo jura."

"Por los Viejos Dioses y los Nuevos. Mi hermano no tiene interés alguno en el Trono de Hierro. Simplemente queremos la independencia del Norte y vengar a nuestro padre."

Se miraron mutuamente por un largo tiempo, ambos intentando adivinar lo que el otro pensaba, dónde se encontraban en esa situación, ambos encontrando dificultades para descifrar al otro. Eran similares en ese aspecto; cuando querían serlo, eran un libro abierto, pero si no querían que nadie supiera los que pensaban o sentían, sus rostros eran como un lienzo en blanco.

Finalmente, Stannis rompió el silencio.

"Me recuerda a su padre. Él era un buen hombre y un buen soldado, pero, sobre todo, era honorable y leal. Pudo haberse ido con mi hermano, pero se quedó a mi lado, incluso aunque probablemente él le agrade más que yo."

Nadie nunca la comparaba con su padre antes de su muerte. Siempre era su tía Lyanna. Ahora que Ned Stark estaba muerto, lo único que escuchaba era lo mucho que se parecían como padre e hija. Dolía. Se sentía como pequeños cuchillos clavándose en su pecho una y otra vez cada que alguien mencionaba su nombre, pero también era agradable. De algún modo, le recordaba que su padre no se había ido, porque ella llevaba una parte de él dentro de sí y eso jamás moriría.

"La capital es una sentina de mentirosos, asesinos y traidores, pero su hermano siempre fue amable conmigo y siempre estaré agradecida por ello. Pero…" Caryssa hizo una pausa, buscando las palabras adecuadas. "Sé a quién mi padre le daría su lealtad y quién creo que sería mejor para el reino, y no creo que ese hombre sea Renly. Su hermano es un buen hombre, pero no creo que sería el rey que el reino necesita."

Hubo otra pausa mientras Stannis consideraba sus palabras, ambos mirando a Rhaenyra trotar lentamente por la tienda hasta regresar junto a su ama, antes de que Stannis asintiera.

"La enviaré de vuelta con su hermano. Dígale que una vez que mi batalla con Renly termine, él puede tener todas las tierras más allá del Foso Cailin y proclamarse Rey en el Norte." Declaró Stannis, y Caryssa sintió esperanza surgir dentro de sí. Había tenido éxito y había negociado una alianza con el Baratheon más testarudo, el comandante de guerra que nunca cedía. "Siempre y cuando me haga un juramento de lealtad."

"¿Y qué clase de juramento sería?"

"El mismo que su padre le juró a mi hermano hace dieciocho años."

Caryssa sabía las palabras que su padre le había jurado a Robert, sabía lo mucho que le habían pesado cuando tuvo que decidir si se convertiría en la Mano del Rey o no, y se preguntó si pesarían igual sobre su hermano.

Ella lo ayudaría a llevar esa carga si era necesario.

"¿Y a cambio de la lealtad de mi hermano?" Preguntó Caryssa, era importante que volviera con toda la información posible para Robb.

"En cuanto haya destruido a mi hermano y tomado control sobre sus tropas, Stark y Baratheon marcharán juntos una vez más para vencer a nuestros enemigos."

Caryssa asintió, una sonrisa apareciendo en sus labios ante la idea de ese pequeño león muriéndose de miedo cuando las fuerzas combinadas del Norte y las Tierras de la Tormenta entraran en la Fortaleza Roja para tomar su cabeza y su trono.

"Y Joffrey Baratheon perderá la cabeza, usted tendrá su trono y mi familia finalmente podrá regresar a casa." Caryssa se puso de pie, chasqueando los dedos para llamar a su loba, quien había estado olisqueando la tienda. Le había sorprendido que Stannis no dijera palabra alguna sobre la loba, quien parecía creer que tenía todo el derecho de pasear por la tienda del rey como si fuera la suya propia. "Me marcharé antes del anochecer. Mi rey estará complacido con las noticias. Fue un honor Alteza."

"Que tenga un viaje seguro… princesa."

Caryssa sonrió antes de salir hacia Dacey y sus hombres, quienes la miraron con extrañeza. Le tomó un momento darse cuenta de que había pasado mucho tiempo desde que había sonreído genuinamente, y cuando lo hizo, la sonrisa comenzó a sentirse extraña en su rostro.

Dacey se acercó a ella mientras su sonrisa desaparecía.

"¿Qué dijo el rey?"

"Cuando Renly esté muerto en la mañana, tendremos una alianza. Robb y Stannis se reunirán para discutir los términos acordados." Les informó Caryssa, mientras caminaban hacia sus tiendas. Caryssa miró a uno de los soldados Mormont. "Ensillen los caballos, quiero partir antes del anochecer. Entre más pronto estemos de Vuelta en nuestro campamento, mejor."

"Si, princesa."

No se relajaría hasta estar de vuelta con su hermano, con su ejército y los hombres en quienes confiaba.

Probablemente no se relajaría incluso entonces.


A/N:

¡Hola chicos! ¡He vuelto!

Sé que ha pasado mucho tiempo desde la última vez que subí capítulo de esta historia, pero es que no había capítulos nuevos que traducir. Pero al parecer la autora ya volverá a publicar regularmente, así que ya tendremos nuevos capítulos.

En fin, muchísimas gracias a todos los que leyeron y siguieron esta historia, aunque no hubiera capítulos nuevos, en serio significa mucho para mí. En verdad, sin ustedes no tendría motivación para traducir, así que gracias. Espero estar haciendo un buen trabajo.

Por cierto, decidí que Renly les hablara de tú a todos, menos a Cat, debido a un sentido de respeto hacia ella. A Stannis le habla de tú porque además de ser su hermano, no creo que le tenga mucho respeto; y a Caryssa porque la considera su amiga, igual que ella a él. Espero que no sea muy confuso.

Pues esto es todo de mi parte por ahora, espero subir capítulo nuevo pronto.

Los quiero mucho.

Bren.