Capítulo 26
Cuando llegaron esa tarde a Longbourn, Jane salió a recibirlos fuera de la casa, corriendo. Abrazó a su hermana con mucho cariño. Siempre que estaban separadas, se extrañaban mucho y más aún en esas circunstancias.
—Lizzie, nos hacías mucha falta. Mamá ha llorado desde que supo la noticia. No he podido hacer nada para calmarla, tú sabes que Lydia es su hija preferida. Esto le ha dolido mucho. — Susurró al oído de su hermana, antes de saludar a sus tías. Después llevó a Lizzie y a los Gardiner a la habitación de su madre. De acuerdo a lo que le había dicho a Lizzie mientras la guiaba a ver a su madre, la señora Bennet había caído en cama apenas oyó lo de Lydia y llevaba los últimos días así.
—Nos hemos turnado para acompañarla y llevarle la comida a la casa. Dice que no quiere ver a nadie. — Dijo Jane, mientras subían las escaleras tras sus tíos.
— ¡Oh, Hermano! ¡Me alegro de que hayas venido! — Exclamó la señora Bennet al ver a el señor Gardiner entrar a su habitación. Su cuñada se sentó junto a ella en la cama y tomó la mano de la señora Bennet. —Lizzie, ¡qué agrado verte! Te extrañé tanto.
Lizzie levantó una ceja al oír el comentario de su madre. Ella nunca había mostrado tanto afecto por ella, pero en vista de las circunstancias, prefirió pasarlo por alto.
— ¿Por qué no salen? — Les preguntó la señora Gardiner. —Yo hablaré con su madre, y ustedes podrán descansar un poco. Me imagino que quieren descansar un rato, ya han hecho lo suficiente.
Lizzie y Jane salieron del dormitorio de sus padres y se dirigieron al segundo piso, arrastrando el bolso de Lizzie por las escaleras. Kitty escuchó el sonido de la voz de sus hermanas y salió corriendo de su habitación, abalanzándose sobre ellas.
— ¡Por fin llegaste Lizzie! ¡Te echaba de menos! — Gritó, abrazando a su hermana con cariño. Ella y Lizzie nunca habían sido particularmente cercanas, pero Kitty admiraba y respetaba a su hermana, y se sentía muy sola sin ella. Mary también salió de su pieza con un libro en la mano, pero se mantuvo a cierta distancia de sus hermanas. — ¡Te necesitamos tanto! ¡Mamá está inaguantable y Mary insufrible!
—Me imagino que ya sabes lo de Lydia. — Dijo Mary, con su habitual tono amargado, que hizo que sus hermanas rodaran los ojos. —Nunca pensé que de verdad fuera a hacer una idiotez como esa. Aunque claro, sabía que ella era tan tonta como para hacerlo. Lydia es capaz de cualquier cosa, porque nadie osó ponerle límites, y por eso, ahora arruinó su vida.
—No seas tan severa con ella. — Intercedió Jane, conciliadora como siempre. —Quizás no sea lo que pensamos. Puede ser que hayan tenido una emergencia… y hayan tenido que irse sin avisar a nadie.
Lizzie miró a su hermana, Jane siempre veía lo mejor de las personas. Ella no pensaba que Lydia y Wickham hubieran tenido una emergencia, por el contrario, estaba segura de que ellos dos se habían escapado juntos por molestar a sus familias.
— ¡Los Wickham dejaron deudas por todos lados antes de irse!— Exclamó Kitty, con aire de haber aguantado por mucho tiempo lo que tenía que decir. No era tan sorprendente, si se consideraba la cercanía de las dos hermanas. — Y ellos dos empezaron a salir hace meses. Lydia me dijo que está enamorada.
—Nada justifica que se haya escapado con él…— Empezó a decir Mary, con el tono de quien va a dar un sermón. Mary solía hacerlo, cuando la conducta de sus hermanas no le parecía apropiada, lo que era más seguido de lo que sus hermanas hubieran querido.
—Mary, por favor, cállate. Pareces sacada de una novela medieval. — Le pidió Jane, y Kitty le sacó la lengua, burlona. Mary cerró la boca inmediatamente. —-¿Qué más sabes? — Agregó, dirigiéndose a Kitty.
—Lydia supo hace meses que los Wickham iban a Brighton, y le pidió a Harriet Foster que la invitara allá. Ella y Wickham lo tenían todo planeado.
Sus hermanas le devolvieron una mirada interrogativa. Si lo que decía Kitty era verdad, significaba que Lydia de verdad había elegido fugarse con Wickham, seguramente estaba en serios problemas. Lydia siempre hacía ese tipo de cosas sin pensarlo. A veces podía ser tan tonta y despreocupada.
El señor Gardiner se detuvo para saludar a su hermana y siguió su camino hacia Londres, para ayudar a su cuñado en la búsqueda de Lydia. Su mujer se quedó en Longbourn para acompañar a su cuñada y sobrinas. La señora Bennet estaba en un estado de nervios, que encargarle su cuidado a sus hijas era una pésima idea, mal que mal, eran sólo chicas. Lizzie llevaba un par de días en la casa, y no habían tenido grandes noticias de parte de su tío y su padre. Ellos llamaban cada noche, para reportarse y decir que aún no había rastro de Lydia.
La señora Bennet, a pesar de que habían pasado varios días, aún estaba tirada en su cama, llorando y lamentándose por su hija preferida. El resto de la familia estaba agotado de los constantes lamentos y quejas de la mujer, y Lizzie y Kitty normalmente optaban por alejarse de su dormitorio, a menos que estuvieran cumpliendo con sus turnos.
— ¡Lydia! Mi bebé, mi niñita, mi ángel… ¿Cómo pudo hacerme esto? Lydia debe saber lo que le está haciendo a mis nervios. Sabe que no me hace bien el estrés… Ese Wickham, siempre supe que no era una buena semilla… — Decía la señora Bennet, a quien quisiera escucharla, generalmente a Jane o a Mary. Ambas chicas eran más cercanas a su madre y sabían cómo manejarla, por lo que pasaban más tiempo con ella.
—Tranquila mamá. — Dijo Jane, un día, acariciándole la mano a la mujer. Lizzie le besó la frente con cariño. Su madre podía ser un dolor de estómago cuando se lo proponía, pero ella la quería mucho. —Todo va a estar bien. Papá y el tío Robert están en Londres, buscándola. Lydia va a estar bien, te lo aseguro. No te preocupes.
Jane hizo a Lizzie a un lado, indicándole con señas que salieran de la pieza, para que su madre y su tía pudieran hablar tranquilas como hacían todos los días. La señora Gardiner creía que sus sobrinas no debían cargar con tanto peso sobre sus hombros y hablaba con su cuñada todos los día para aliviarles el trabajo de cuidar a su madre a sus sobrinas.
—Lleva así desde que supo la noticia, bueno, tú las has visto todos estos días. — Dijo Jane, cuando salieron. Lizzie se apoyó en la pared entre el living y el comedor y se deslizó hasta el suelo. —No sé cuanto más vamos a aguantar… Lizzie, te necesitábamos tanto…— Dijo, con la voz entrecortada, a punto de ponerse a llorar. Llevaba dos días soportando los llantos de su madre y estaba agotada. Las ojeras bajo sus ojos revelaban que apenas había descansado durante esos días. Lizzie la abrazó de vuelta, sin decir nada por un rato, sentía que Jane necesitaba que alguien la consolara y le dijera que todo iba a estar bien. Lizzie veía que Jane necesitaba descansar de ser fuerte.
—Tranquila Jane, Lydia va a volver. — Le dijo Lizzie, abrazándola, acariciando suavemente el cabello de Jane, como hacía siempre que su hermana estaba triste. —Revisemos los mails, quizás papá mandó algo… Sabes que no le gusta hablar por teléfono. — Dijo, era lo único que se le pasó por la cabeza para calmar a Jane. Jane asintió frente a las palabras de su hermana y con su ayuda se levantó del suelo.
Subieron al segundo piso, para sentarse frente al computador de Jane. Al oír los pasos de sus hermanas Mary salió de su pieza, donde había estado leyendo toda la tarde. Había adquirido el hábito de leer en su habitación, ya que el ambiente del resto de la casa no lo permitía. Kitty hizo lo mismo desde su pieza, donde había estado bailando y escuchando música. Ambas se acercaron a Lizzie y Jane y les preguntaron que iban a hacer. Cuando sus hermanas les respondieron que iba a revisar si había correo de su padre, ellas dijeron que también querían verlo.
Lizzie entró en la pieza de Jane, seguida por todas sus hermanas, que estaban igual de impacientes que Lizzie y Jane por saber las noticias, si es que había.. Jane prendió el laptop y todas se inclinaron sobre él, listas para recibir cualquier noticia. La bandeja de entrada de Jane mostraba un mail de su padre.
—Papá dice que no la han encontrado, pero que vuelve a casa mañana. — Dijo Jane, tras pasar rápidamente su vista por el correo. —No dice nada de Lydia…
— ¿Papá vuelve sin Lydia? — Preguntó Lizzie, levantando una ceja al escuchar a su hermana. La noticia la había sorprendido mucho, al igual que a todos sus hermanos. —Más le vale a esa mocosa que todo esto haya valido la pena. Mary tiene razón, Lydia es una idiota. ¿Cómo puede hacer algo así?
—No lo sé… pero papá no puede volver solo. No va a dejarla allá por perdida… — Dijo Kitty, sin poder creer lo que escuchaba. Nunca se había esperado que su padre se rindiera y dejara de buscar a Lydia. — ¡Tiene que seguir buscando!
—Seguramente el tío Robert se hará cargo allá, él vive ahí y le será más fácil. Papá no puede dejar el campo solo por mucho tiempo. — Dijo Jane, que tampoco terminaba de procesar lo que había pasado.
—No puedo creerlo… — Susurró Mary. A pesar de todos sus discursos morales y sermones a sus hermanas, ella las quería mucho y la idea de no volver a ver a la tonta de Lydia, hacía que el estómago se le retorciera. Mary adoraba a su familia, y la idea de que algo o alguien le hicieran algo, hacía que se sintiera insegura y con ganas de atacar a quienquiera que fuera quien atacara a su familia.
—Y eso que todavía falta lo peor, ¿Quién se lo dice a mamá? — Dijo Lizzie, tirándose de espaldas sobre la cama de Jane. Sus hermanas la miraron sorprendidas. Ella tenía razón, ¿Cómo le iban a decir a su madre que su marido volvía a casa sin su hija preferida? Mary se sentó sobre un puf que Jane tenía en el suelo, y Kitty se tiró de espaldas en el suelo, aferrando un cojín.
—Yo voy. — Dijo Jane, levantándose y dirigiéndose a la puerta de su habitación. —Soy la mayor, este tipo de cosas son mi trabajo.
Jane desapareció por las escaleras, dejando a sus hermanas en su pieza. Lizzie les sonrió a Mary y a Kitty, animándolas. Las últimas noticias las habían deprimido sobremanera.
—No sacamos nada con quedarnos despiertas hasta tarde, y por lo menos yo, estoy agotada. Lo único que quiero es tirarme en mi cama. Buenas noches. — Dijo Lizzie, levantándose, saliendo de la pieza de Jane, y entró en su pieza, bostezando.
Las otras dos chicas se miraron entre ellas, se encogieron de hombros y se dirigieron a sus respectivas piezas esa noche.
Lizzie entró a su pieza y se tiró sobre su cama, frustrada. Todo el asunto de Lydia la tenía muy complicada, pero en el lado bueno, todo el problema había impedido que pensara en Darcy. Durante los últimos días casi no había tenido tiempo de pensar en lo que había pasado en Pemberley. Darcy había estado a punto de besarla tres veces, y las tres veces habían sido interrumpidos por alguien o algo. Lizzie se dio vuelta en su cama. Ella había querido besar a Darcy tanto como él había querido besarla a ella. Se sonrió al darse cuenta de que estaba pensando en a quien unos meses antes odiaba. Era divertido como todo puede cambiar de repente. Lizzie se giró en la cama, de nuevo. La verdad es que nunca lo había admitido con toda claridad: estaba enamorada de Fitzwilliam Darcy, y moría por verlo de nuevo.
¿Les gustó? Aquí tenemos las reacciones de la familia Bennet frente al caso de Lydia. Lo que más rabia me da de esta parte es que a ella le da lo mismo el sufrimiento que le causa a su familia. ¿Qué piensan ustedes?
¡Gracias a todas las que dejaron reviews y a las que leyeron sin comentar!
¡Hasta el próximo capítulo!
