Capítulo 26: Encuentro y deber

i.

Por un instante, creyeron que se estrellarían contra el mar, pero no quedó más que un susto. Antes de penetrar en el Mar del Sur, tuvieron un pequeño encontronazo con el Arma de camino a Mideel. De no ser por la eficacia de Cid en el manejo de aquella aeronave, seguramente habrían salido muy mal parados. Al sobrevolar la pequeña isla, descubrieron un pequeño asentamiento en las costas que, al apreciar por su puerto, debía dedicarse a la pesca y a la importación para subsistir. Cid aprovechó la situación de una enorme playa para aterrizar la aeronave. Cuando todo estuvo en orden, Zack y Tifa bajaron por la escalera de mano y se encaminaron de inmediato al pueblo. Sólo el pensamiento de que Cloud podría estar allí los tenía muy inquietos.

Dentro de la aldea, Zack pudo apreciar mejor el tipo de casas y de gente que vivían. Los hogares estaban construidos en madera y sus habitantes parecían desanimados; éstos deambulaban sin rumbo entre casa y casa, esperando el final. ¿Pero quién no lo estaría sabiendo que un meteorito se acercaba al planeta? Tifa se apresuró a preguntar a la primera persona con la que se cruzaron: un anciano en cuyo rostro no dejaba de estar plasmada la preocupación.

—Perdone, señor —le interrumpió con educación—. ¿Sabe usted algo de un náufrago?

El anciano prestó toda su atención en ella y luego asintió.

—Oh, sí —puso las manos a la espalda—. Pobre jovenzuelo. Lo encontraron hace unos tres días en la orilla de esa playa —les señaló cerca del puerto.

Zack miró a Tifa con impaciencia, así que ella insistió con las preguntas.

—¿Y sabe cómo era?

El anciano titubeó pensativo y continuó:

—No, pero decían que tenía los ojos de un color extraño —explicó.

Aquélla fue la prueba definitiva que confirmaba la verdadera identidad del náufrago.

—Tiene que ser él —musitó Zack ansioso.

Tifa, sin remediarlo, preguntó con mayor apuro:

—Señor, ¿sabe dónde está? —se inclinó hacia él—. ¡Por favor, necesitamos verlo!

Aquel nerviosismo expresado por los dos, asustó al anciano, que los miraba estupefacto:

—Pues, eh... —miró a su alrededor y les señaló un pequeño edificio al final de la calle—. Creo que se lo llevaron a la clínica para atenderle.

Zack, nada más saber dónde se encontraba, agradeció al buen hombre su ayuda y tomó a Tifa de la muñeca para arrastrarla hacia la clínica médica. Estaba que casi daba brincos de alegría, mientras Tifa trataba de controlar sus emociones con una risa de felicidad.

—¡Cloud está vivo, Zack! —contuvo las lágrimas—. ¡No me puedo creer que vayamos a verlo de nuevo!

Con el mismo entusiasmo que Tifa, Zack se apresuró con grandes zancadas hasta la entrada de la clínica. Esperó a que ella le alcanzara y entraron. Zack sentía que el corazón se le iba a salir del pecho. Al ser un lugar bastante pequeño, buscó con la mirada al personal que se encargaba de la administración. Tras el mostrador vio a una mujer en bata, a la cual se acercó a toda velocidad.

—¡Perdona! —alzó la voz sin querer—. ¿Está el náufrago aquí? ¡Queremos verle!

La mujer miró a los dos extrañada.

—Madre mía —dijo con una ceja alzada—, me alegro que sólo sea eso. Pensé que el meteorito había caído ya.

El que se anduviera por las ramas, impacientó a Zack, quien juntó las dos palmas frente a ella.

—Por favor, nos han dicho que estáis cuidando a nuestro amigo aquí —insistió desesperado.

—Oh, el muchacho ese —se quedó con la boca abierta y asintió—. No os preocupéis, está en la sala de al lado —señaló la puerta con su bolígrafo—, pero su condición es...

Y antes de que acabara la frase, Zack escuchó a Tifa apresurarse al interior de la habitación. Casi estuvo a punto de hacer lo mismo, pero no le gustó nada cómo sonó el tono de la doctora. Se volteó hacia ella y preguntó preocupado:

—¿Cómo dices que está...?

—Ha sufrido una sobredosis de energía Mako —respondió—. Un caso bastante grave, jamás había visto algo así.

La mirada de Zack se ensombreció. Incluso cuando Bugenhagen les avisó de que el estado de Cloud sería mucho peor, la noticia le sorprendió. Quizás porque era incapaz de admitir que volvería a ocurrir, que lo había vuelto a perder.

Los sollozos de Tifa comenzaron a escucharse al otro lado del cuarto, haciendo que su corazón se estremeciera. Apretó los puños y, como si le costara, se encaminó hacia la habitación. Allí encontró a un enfermero y la desoladora imagen de Tifa, arrodillada a los pies de él, de Cloud. Su mirada se encontraba perdida, su cuerpo caía en peso muerto sobre una vieja silla de ruedas. Y aquella bata verde no lo hacía verse mejor. El llanto de Tifa era amortiguado en sus piernas mientras Cloud balbuceaba cosas sin sentido. Zack apartó la mirada y se llevó los dedos debajo de los párpados, aguantando las lágrimas.

—¡Cloud! —exclamó ella apenada—. Dime algo, por favor...

—No creo que te escuche —dijo el enfermero—. Es probable que ni siquiera sepa quién es ni dónde está ahora. Muchos pueblerinos han sufrido algunos síntomas parecidos debido a que vivimos muy cerca de un yacimiento de energía. Se dice que, si te acercas demasiado, es capaz de absorberte el alma para siempre.

—¿Qué...? —musitó ella al mirarle—. ¡Éso es horrible!

—Lo siento —agachó la cabeza—. Sólo pretendía informarla.

Las palabras del hombre destrozaron a Zack por dentro, pero, a diferencia de Tifa, ya había vivido eso una vez. Cierto que en la última ocasión acabó con el despertar de Cloud, pero nada garantizaba que ocurriría lo mismo. Lo único que podían hacer era estar a su lado y tener paciencia.

Zack ahogó la pena en su corazón y se acercó a Tifa y a Cloud, a quienes acompañó, arrodillado. Ella era incapaz de controlar sus emociones, así que se mantendría estoico por ella.

—Cloud... —dijo Tifa en un hilo de voz, mientras sujetaba su pálido rostro—. Dime que puedes oírme, por favor... —le suplicó desesperada—. Seguimos creyendo en ti, no estás solo...

Pero no había manera de hacerle reaccionar. Aquéllo le era tan familiar y más lejano de lo que creía. Fueron largas semanas en las que tuvo que cuidarle en ese estado. Llegó incluso a acostumbrarse a verle así, pero jamás hubo día que no suplicara por que despertara.

—No me puedo creer que ésto esté pasando... —sollozó Tifa.

—Todo irá bien —dijo Zack sin fuerza—. Al menos sigue con nosotros...

Finalmente, cuando sus lágrimas se agotaron, Tifa desistió. En el fondo, tanto Zack como ella, sabían que pudo haber sido peor. Sin embargo, ¿había alguna diferencia entre eso y la muerte?

La doctora entró a la habitación con un informe bajo su brazo, momento que aprovechó Zack para centrarse en otra cosa. Si se quedaba un segundo más observándolos, terminaría volviéndose loco.

—Doctora —la llamó mientras se incorporaba del suelo—, ¿Cloud está bien? ¿Sabes si se curará pronto?

—Siento decir que es imposible saberlo —se encogió de hombros—. Insisto, nunca había visto un caso tan avanzado como el suyo. De hecho, me sorprende que siga vivo, sin embargo mi pronóstico más positivo es que sólo un milagro podría hacer que se recuperara.

—Qué alentador... —murmuró Zack con la cabeza agachada.

—Oye, los milagros ocurren —dijo ella más brusca—. Sólo no perdáis la esperanza. Es demasiado joven para quedarse así para siempre.

Zack sacó el aire con lentitud y se llevó una mano sobre la frente. Sólo le quedaba confiar en que despertaría con el tiempo, quizás semanas en el mejor de los casos, pero con un meteorito a punto de caer sobre el planeta...

—¿Vais a hacerle compañía aquí? —preguntó la doctora.

La pregunta hizo que Zack le dirigiera una mirada a Tifa. Ella tampoco sabía muy bien qué responder.

—No lo sé... supongo —contestó él—. Cloud estará mejor aquí que en la aeronave.

Tifa se limpió las mejillas y se puso en pie.

—¿Cuánto costará mantenerle aquí? —preguntó a la doctora.

—Nada en absoluto. Sería muy cruel por mi parte cobraros mientras un meteorito se acerca a nosotros. No os preocupéis por eso.

Ella suspiró aliviada.

—Gracias... —dijo cansada y se giró hacia Zack—. Por favor, quedémonos con él un poco más, al menos hasta que Cait Sith nos avise de que Barret y Kunsel han acabado.

Zack no pudo negarse a ello. Tanto como Tifa, él deseaba permanecer el mayor tiempo posible con Cloud y ayudar en todo lo que pudiese.

ii.

No se separaron de Cloud en toda la tarde y, acompañados por el enfermero, lo ayudaron a alimentarlo y asearlo. No podía moverse, sus ojos tampoco reaccionaban a la luz ni su cuerpo a los estímulos externos; estaba profundamente perdido en algún lugar de su subconsciente. Aún así, la doctora les tranquilizó y les dijo que, aunque no diera signos de vida, era probable que sí fuese consciente de su alrededor. Zack no sabía qué pensar al respecto, pero lo que sí tenía claro era que no se rendiría. Ya había vivido la dependencia de su amigo y estaba dispuesto a cargar con él las veces que hicieran falta.

Había salido fuera a tomar un poco de aire. El sol comenzaba a ponerse sobre el océano y la brisa marina renovaba el aire de sus pulmones, pero también parte de su confianza. Tal vez estaba siendo muy optimista en cuanto a la condición de Cloud, sin embargo ahora los necesitaba más que nunca. Tifa salió poco después más tranquila. Había conseguido darle seguridad en las últimas horas y parecía que sobrellevaba mejor sus sentimientos. No lo decía, pero Zack sospechaba que sus lágrimas no habían sido exactamente por Cloud, sino por remordimiento. Al igual que ella, sentía como si aquel triste desenlace fuese el resultado de sus malas decisiones.

—Zack —le llamó silenciosa.

—¿Sí?

Zack, que se encontraba apoyado contra la pared de la clínica, giró la cabeza para ver a Tifa cabizbaja.

—Cait Sith dice que Barret y Kunsel ya han recuperado la materia —le informó—. Vendrán en cualquier momento.

Él se limitó a asentir y prensó los labios. Luego volvió a enfocar su interés en el ocaso.

—Quiero decirte algo —continuó ella—. He pensado que podría quedarme y hacerle compañía a Cloud. Aunque querría ir con vosotros, alguien debería quedarse con él.

—Lo sé —dijo Zack mientras se incorporaba—. Me gustaría quedarme también, pero no podemos descuidar el asunto de las Megamaterias. Además, tú le harías mejor compañía que yo.

Zack se rascó la nuca y apartó la mirada.

—Eres su mejor amigo —respondió ella extrañada—. Creo que valoraría mucho que los dos estuviésemos a su lado ahora.

Zack no podía evitar darle vueltas a eso. Desde que confirmaron que Cloud se encontraba allí, quiso pasar tiempo con él, como en aquellos días que vagaron por el mundo hasta alcanzar Midgar. Era un deseo algo egoísta y, aun así, creyó que esos momentos juntos fueron los que le hicieron despertar. Por eso, dejando de lado lo que pudiera pensar Tifa, sugirió:

—Podría llevarlo a la playa un rato —dijo Zack pensativo—. Le vendrá bien que le dé el aire.

Y antes de que ella dijese algo, Zack entró en la consulta. Con el permiso de la doctora, sacó a Cloud de su habitación con la silla de ruedas y salieron. Tifa los observó y dijo:

—¿Os acompaño?

Pero Zack sólo sonrió de lado.

—No hace falta, ¿verdad, Cloud? —se inclinó hacia él y le dio un par de palmadas en el hombro—. Ya nos las apañamos solos. Avísame cuando lleguen, Tifa.

Su repentino cambio de humor la descolocó.

—Claro...

Ambos poco a poco se fueron alejando hacia la playa. El suelo algo arenoso hacía que la silla de ruedas se atascara un poco y que Zack tuviera que disminuir el ritmo; no quería que Cloud cayera por el camino.

—Qué bien nos habría venido una de estas sillas la última vez —bromeó—. Aunque, ahora que lo pienso, tampoco nos hizo mucha falta.

Zack caminó hacia el pequeño paseo junto a la costa, donde algunas personas observaban el meteorito aproximarse. No obstante, ignoró la preocupación de la gente y se centró en su amigo que, aun sabiendo que no le escuchaba, le entregaba toda su atención. La madera de la nueva superficie hizo más fácil el manejo de la silla de ruedas y Zack lo aprovechó para alargar un poco más el paseo.

—¿Sabes? Estamos intentando salvar al planeta de Sephiroth —siguió hablando—. Shin-Ra sigue haciendo de las suyas incluso teniendo un meteorito a la vuelta de la esquina. ¿Te lo puedes creer?

Una vez llegado a las afueras del pueblo, vio una enorme playa extenderse hasta un cabo. Zack se detuvo y miró hacia el oscuro mar.

—Y no te puedes imaginar lo insoportable que está Barret —resopló—. Ahora entiendo por qué no lo aguantas. Uf, desde que no estás, la toma conmigo todo el rato. Qué pesado —entonces se le ocurrió algo—. ¡Oye! ¿Vamos a la orilla? Ya sé que acabas de salir del agua, pero te prometo que no te tocará.

Bajaron del escalón de madera a la arena de playa y, al momento de continuar, cayó en la cuenta de que las ruedas de la silla no rodaban sobre la fina tierra. Zack se inclinó hacia un lado para ver que éstas se habían quedado atascadas.

—Oh, mierda... —farfulló—. No ha sido mi culpa. La silla ya estaba para jubilarse —se encogió de hombros—. Bueno, ¡qué remedio!

Después de colocarse en frente de Cloud, se agachó y le miró sonriente. Era imposible afirmar si llegaba a ver algo o escucharle, pero aquéllo no le hizo borrar su sonrisa ni tampoco sus ganas de conversar.

—No te preocupes —le dio con suavidad en el mentón—. Nunca hemos necesitado una silla de ruedas para ir a donde queramos.

Zack se incorporó y, siendo cuidadoso, cargó con el cuerpo de Cloud. Apoyó su pecho sobre su hombro bueno y comenzó a caminar el largo trecho hasta la orilla de la playa.

—Ya, ya —sujetó bien fuerte las piernas de Cloud para que no cayera por un lado—. Sé que tengo el hombro un poco mal todavía, pero ha mejorado mucho en los últimos días. No te dejaré caer.

Cuando llegó al límite en el que el agua de mar mojaba la arena de playa, Zack poco a poco fue posando el cuerpo de Cloud sobre la superficie, prestando especial atención en que el agua no les alcanzara. Entonces, al ver imposible que se sostuviese sentado por sí mismo, Zack se ofreció a ser su apoyo. Tomó lugar detrás de él y, separando las piernas, dejó que apoyara la espalda contra su torso.

—Es genial —dijo Zack al contemplar el ocaso—. He perdido la cuenta de las veces que nos paramos a ver la puesta de sol. Aunque supongo que no te acuerdas... —dijo mientras observaba el horizonte, por el cual el sol ya había desaparecido—. Tifa me hizo una pregunta que hasta ahora no vi razones de responder y creo que, si no hubieses perdido tu memoria, me habrías preguntado "por qué", por qué di mi vida por ti.

Zack sofocó una risa avergonzada y terminó apoyando la cabeza en su hombro.

—Supongo que lo habría hecho por cualquiera —continuó—, pero éso le habría restado valor a nuestra amistad, ¿no crees?

La sonrisa de Zack comenzó a quebrarse lentamente. Esta se volvió más forzada cuanto más consciente era del silencio de Cloud; no podía mantener más aquella máscara de fortaleza. Por esa razón, en un intento de mantener a raya sus inquietudes, mantuvo su rostro oculto en su hombro y estrechó su cuerpo entre sus brazos.

—Cloud, siempre has sido muy especial para mí —se forzó a sincerarse ante él—. Necesitaba cuidarte, ayudarte... Y me he dado cuenta de que si tú no estás bien, yo tampoco lo estoy —tragó un poco de saliva y prosiguió—. Seguro que te parecerá raro, pero eres mi mejor amigo y haría cualquier cosa por...

No pudo aguantar más la pena y, en mitad de un sollozo incontrolado, las lágrimas comenzaron a caer sin cesar.

—Por favor, ponte bien... Necesito que estés bien... —dijo con un hilo de voz, destrozado.

No podía creer que lo hubiese perdido del mismo modo, que le hubiese fallado en el momento que más lo necesitó. Si hubiese sabido protegerle, si hubiese sabido escucharle... Creyó que, dándole espacio, podría recuperarse solo, pero se equivocó, se equivocó como tantas otras veces. Y lo peor de todo era que, aunque hubiese tenido al menos la ocurrencia, Cloud no se habría dejado ayudar. ¿Por qué no se lo permitió? ¿Por qué rehuyó de él?

Zack, tras un último y dolido suspiro, se limpió las lágrimas con el dorso de una mano y continuó hablando en un intento de provocar alguna reacción positiva en Cloud, aunque no lo escuchara.

—Sé que ahora intentarías convencerme de que no te mereces mi honestidad —dijo con más calma—, que no eres realmente Cloud y que nunca estuve en tu memoria, pero no me importa. Seas o no lo que dicen, no me importa... Nada cambiará lo que siento.

La voz de Tifa interrumpió el sincero discurso de Zack. Sus ojos se despegaron del hombro de Cloud y, antes de separarse de él, lo estrechó entre sus brazos una vez más.

—No olvides lo que te he dicho —le susurró.

Finalmente se incorporó del suelo y, con cuidado, levantó a Cloud consigo. Tifa se acercó a ellos con premura; parecía que los demás estarían al caer.

—Zack, están llegando —le comunicó con un suave jadeo.

Alzó la mirada hacia el cielo oscurecido y divisó el Highwind aproximarse hacia allí. Zack sonrió para disimular su caída de ánimo frente a ella y le señaló a Cloud con la mirada.

—¿Me ayudas? Es más pesado de lo que parece —dijo con una mueca.

Entre los dos cargaron con él y lo sentaron en la silla de ruedas una vez atravesaron la playa entera. Aquéllo le dio tiempo al Highwind a sobrevolar la isla y aterrizar al otro lado del pueblo.

—Barret quiere verte ya allí —dijo Tifa—. Tiene prisa en conseguir la siguiente materia.

—No tiene espera, ¿verdad? —suspiró Zack—. Está bien...

Tuvo que obedecer a regañadientes. Después de todo, se lo debía tras haber cedido ante su deseo de encontrar a Cloud.

—Zack, cuidaré bien de él mientras tanto —aseguró ella—. Por favor, vuelve pronto. Cloud te necesita también.

—Éso ni se pregunta —sonrió de lado y, antes de marchar, se despidió con una mano—. ¡Nos vemos!

Tifa lo vio alejarse de ellos con una forzada sonrisa. Y, a diferencia de Zack, a ella se le daba peor fingir felicidad. No obstante, debía permanecer fuerte, por Cloud. Ahora dependía de ellos y, si no eran capaces de mantener la entereza, muy probablemente Cloud no podría superar el coma.

—Estaré contigo —dijo ella—, durante todo el tiempo que necesites.

Suspiró en silencio y empujó la silla con suavidad por la superficie de madera. De pronto, escuchó a Cloud balbucear unas palabras que no llegó a entender. Tifa abrió los ojos sorprendida y se situó a su costado para observarlo mejor. Por una de sus mejillas distinguió una pequeña lágrima mientras sus labios se movían de forma errática. Trataban de decir algo que Tifa no llegaba a comprender.

—Cloud... —le llamó con el corazón encogido—. No te entiendo...

—Nú...me...o —farfulló—. Y... oh... No... Ugh...

Tifa era incapaz de comprender nada, lo que le desesperaba aún más. Aguantando las ganas de llorar otra vez, le limpió la mejilla y rodeó su cuello con un brazo.

—Te pondrás bien —le aseguró a pesar de que ella no estaba convencida—, ya lo verás...

Lo único que parecía tranquilizarla era el posible hecho de que Cloud fuese consciente de su alrededor. No sabía por qué, pero parecía saber que ellos estaban allí y que trataba de comunicarse. Quizás la doctora tenía razón al respecto. Si permanecían a su lado y mantenían las esperanza, se recuperaría.

iii.

Zack llegó de inmediato a la sala de operaciones. Allí les esperaban los demás, sólo Kunsel y Cait Sith curiosos por el estado de Cloud; Cid y Barret se centraban en el siguiente ataque contra Shin-Ra. Aún así, todos prestaron atención a las noticias que traía al respecto.

—Tifa nos ha dicho que Cloud no está muy bien —dijo Kunsel apenado.

—Tiene una sobredosis de energía Mako —Zack agachó la mirada mientras apoyaba las manos en la mesa central—. No se sabe cuándo va a despertar, pero...

—¿Y Tifa? —interrumpió Barret.

—Se ha quedado con él —respondió—. Ahora necesita que alguien le haga compañía.

Aquella respuesta hizo que Barret volviera a rechistar.

—No me puedo creer que sigáis con eso —dijo con hastío—. ¿De verdad estáis seguros de que podemos confiar en él? ¿Que no es un clon?

Zack gruñó y se apartó de la mesa con brusquedad.

—¡Pues claro que no lo es! —aseguró frunciendo el ceño—. ¡Es nuestro amigo!

Todos quedaron en silencio por la ciega convicción que poseía hacia Cloud, momento que fue usado por Cait Sith para romper el hielo y hablar de su siguiente destino.

—Bueno —se aclaró la voz—, deberíamos dirigirnos hacia el reactor de Corel del Norte. Además, se sabe por las noticias que Rufus planea lanzar todas esas materias en un cohete contra el meteorito. No sabemos si puede funcionar, pero no estará demás intentarlo, ¿no?

—Espera... —dijo Cid boquiabierto—. ¿Un cohete? ¡¿Piensa usar mi precioso cohete?!

—Que no te quepa duda —aseguró Kunsel—. No hay tiempo para construir otro.

—¡Hay que darse prisa! —exclamó haciendo aspavientos con los brazos.

Sin embargo, los planes de marchar de inmediato a Corel del Norte fueron pospuestos por Zack. Llevaba prácticamente un día entero sin dormir y necesitaba un pequeño descanso. Así que esperaron a que amaneciera en aquellas tierras antes de dar comienzo a la misión.

Después de aterrizar cerca del pequeño asentamiento de Corel, Barret, Cid y Zack se dirigieron hacia allí, aun sabiendo que Barret no sería bienvenido. Para su sorpresa, su llegada pasó inadvertida debido a una visita inesperada. Algunos soldados de infantería de Shin-Ra se adelantaron y se encontraban vigilando la estación minera. Los tres se ocultaron tras un montón de escombros, a la entrada de la villa.

—Va a ser imposible seguir adelante sin que nos vean —dijo Zack mientras observaba desde una esquina.

—Yo digo de cargárnoslos sin más —sugirió Barret—. Sólo son cinco soldados de nada.

—Sí, unos soldados que pueden llegar a dispararte si te descuidas —le rebatió—. Hay que pensar en algo más efectivo.

—Claro, si no te hubieses quedado durmiendo, a lo mejor ya estaríamos saliendo de aquí con la Megamateria —le criticó.

Zack resopló cansado y sacudió una mano.

—Bah, no voy a seguirte más el rollo.

—A ver, ¿no se supone que esta gente odia a Shin-Ra? —preguntó Cid con el cigarro en la boca.

—Pues sí... —respondió Barret—. ¿A qué viene eso ahora?

—Ya veréis.

Cid sonrió de lado y les dio un par de palmadas en la espalda a cada uno. De inmediato salió de detrás de la chatarra y Zack vio nervioso cómo se acercaba a un hombre que observaba a los soldados con desdén. Charlaron un momento y después se separaron. Cid finalmente regresó con ellos.

—Tíos —dijo Cid—, Shin-Ra ya está dentro del reactor y piensa transportar el pedrusco por los raíles esos —señaló la estación que estaban vigilando y luego sonrió—. No os preocupéis. Les he dicho a esta gente lo que planeamos hacer y van a ayudarnos. Sólo hay que...

De repente, varios disparos silbaron por los alrededores y, seguido de éstos, se oyeron una serie de gritos. Zack se asomó alarmado y vio cómo los pueblerinos se encargaron de la guardia de Shin-Ra.

—Bueno, parece que han acabado ya —dedujo Cid al asomarse también—. Qué haríais sin mí...

—No te eches tantas flores —farfulló Barret.

Los tres salieron del escondite y caminaron hacia la estación con la mirada de los pueblerinos encima.

Zack recordó la última vez que visitaron Corel del Norte y el profundo odio que profesaron hacia Barret. Sin embargo, aquella vez sólo los susurros y las miradas de desprecio fueron lo único que recibió. Fue muy valiente por su parte regresar aun conociendo las amenazas. Era evidente el deseo de Barret por redimirse ante su pueblo.

No fue necesario dar explicaciones a ninguno de los habitantes y, sin más, se dirigieron hacia el reactor. Éste, si no recordaba mal, estaba situado al final de los mismos raíles que siguieron la última ocasión. Y, tras largos minutos de carrera continuada, los tres llegaron a las puertas de la instalación energética. Los raíles seguían su curso al interior del reactor, muy conveniente para el transporte de la Megamateria. A las puertas del mismo, dos soldados de infantería guardaban el acceso. De pronto, éstos captaron su presencia de inmediato:

—¡Esos no son...! —exclamó uno de ellos mientras los señalaba.

—Mierda, nos han visto —musitó Zack.

Se vieron obligados a atacar. Barret se adelantó usando su brazo-pistola y Zack empuñó la Buster Sword, a la espera de que el tiroteo cesase para interceder. Poco después, Barret acabó con uno de ellos con un tiro en la cabeza y, mientras recargaba la pistola con nuevas balas, Zack se abalanzó hacia el siguiente. Bastó con dos forzados golpes, los cuales le hicieron recordar que su hombro no había terminado de sanar.

—Joder... —se tocó el hombro con dolor.

—No es tiempo para quejarse, Zack —espetó Barret, quien se adelantaba hacia el interior del reactor—. ¡Vamos ya!

Despuésde él, siguió Cid a toda velocidad.

Zack necesitó unos segundos para recomponerse y continuar, pero un sonido proveniente del interior del reactor le hizo detener sus pasos. Era el motor de una locomotora, la cual salió de unas compuertas al ser abiertas, sólo a unos metros de su posición. Sospechaba que era la Megamateria siendo transportada.

Pegó una fuerte voz para llamar tanto a Cid como a Barret, pero debido al ruido de los motores, su llamada fue ahogada. Resopló con hastío y salió corriendo detrás de la locomotora, la cual arrastraba unos tres vagones de mercancía más. Estaba seguro de que, uno de ellos, escondía la materia. No iba a permitir que escapara, sin embargo, y hasta que no se percató de la locura de su idea, le fue imposible correr a la misma velocidad que la máquina.

Zack se detuvo en mitad de los raíles mientras observaba la locomotora alejarse frente a sus ojos. Maldijo para sí mismo y, antes de darse cuenta, otro tren se aproximaba desde sus espaldas. Se giró y, por uno de los laterales, vio a Cid haciéndole señas para que subiera. Zack se apartó de los raíles a tiempo y, en el momento en el que la locomotora pasó por su lado, se aferró a uno de los asideros de ese costado. Necesitó unos segundos para adaptarse a la nueva velocidad.

—¡Serás...! —le reprochó Barret—. ¡¿Por qué te has quedado atrás?!

Zacl jadeó y alzó la mirada para ver a Barret manejar la maquinaria del tren.

—¡Estoy aquí! ¡¿Qué más da?! —exclamó sin aire—. Tú céntrate en alcanzar al otro tren.

—Chico, te falta el aliento —dijo Cid—. ¿Estás bien?

Zack suspiró y consiguió incorporarse a pesar de la fuerza del viento.

—Sí, es sólo que... —se tocó el hombro de nuevo—. Aún no me he recuperado del todo.

Al no tener mercancía que los retrasara, en cuestión de segundos divisaron el último vagón del otro tren. Cid instó a Barret para que acelerara y la locomotora en la que montaba chocó ligeramente con la mercancía delantera.

—¡Saltad ya! —ordenó Barret—. ¡Yo iré el último!

Tanto Cid como Zack no esperaron a que Barret se repitiera, así que, subiendo ambos a lo más alto de la locomotora, saltaron al vagón. Gracias a la lona que recubría la mercancía, les fue fácil agarrarse y mantenerse en la superficie. Zack echó la mirada hacia atrás y comprobó que Barret se apresuraba a saltar también, junto a ellos.

—¡Zack, no te preocupes por mí y sigue adelante!

Se limitó a obedecer sus órdenes y, después que Cid, continuó el peligroso trayecto hasta la cabeza del tren. Una vez lo alcanzaron, Cid aprovechó que el maquinista no era consciente del sabotaje para lanzarlo fuera de los raíles.

—¡Quita, imbécil! —se burló Cid mientras tomaba los mandos del tren.

Zack abrió mucho los ojos con sorpresa. Llegó a sentir cierta sorpresa por tan agresivo comportamiento; demasiado sanguinario para su gusto.

—¿Pero sabes manejar esta cosa, viejo? —preguntó Zack mientras se aferraba a un barrote.

—¡¿A quién llamas tú viejo, niñato?! —le gritó en la cara—. ¡Sólo hago tiempo hasta que llegue Barret!

En ese instante, saltó Barret frente a los comandos y apartó a Cid de un manotazo.

—¡Quita, Cid, que nos vas a estrellar en Corel!

Después de escuchar a Cid maldiciéndole, Barret tomó el mando de la locomotora y comenzó a frenar la máquina. Zack se agarró con todas sus fuerzas a la barra de hierro para no salir disparado hacia delante; mientras, observaba cómo se aproximaban peligrosamente hacia el asentamiento. Por suerte, el tren perdió velocidad justo a tiempo y alcanzaron la estación minera sin sobresalto alguno. Los tres respiraron con profundo alivio cuando cesó el movimiento bajo sus pies.

Fuera, los habitantes de Corel los recibieron con un clamor apagado y al mismo tiempo victorioso. De entre la multitud se dejó ver el alcalde de Corel, quien se acercaba a ellos, pero en concreto se dirigía hacia Barret.

—No esperábamos que Corel fuese tan importante para ti, Barret —manifestó—. Creímos que Shin-Ra volvería a pisotear nuestras vidas, pero tú y tus compañeros habéis conseguido que podamos vivir un día más —se lo agradeció con una sutil reverencia—. ¿Es cierto que vais a detener el meteorito?

—Bueno, es lo que planeamos, sí —dijo Barret mientras saltaba de la locomotora—. Traeré la paz y la prosperidad a Corel cuando todo acabe, lo prometo.

—Éso ya lo estás haciendo. Te esperaremos, Barret. Ya eres bienvenido entre nosotros.

Y nada más hubía que los retuviese allí. Cargaron con la Megamateria hasta el Highwind. Con ayuda del resto del equipo, la llevaron con la otra en la sala de máquinas. No era el lugar más seguro de la aeronave, pero sí donde se encontraban más ocultas. Zack estaba estupefacto por el tamaño y el potente brillo que desprendían ambos minerales; jamás había visto nada igual.

—Estoy deseando que vuelvan Tifa y Cloud para enseñarles esto —dijo Barret con los brazos cruzados, sin dejar de observar las dos piezas con orgullo—. Se van a caer de culo cuando lo vean.

Zack no pudo controlar una pequeña sonrisa por el comentario, uno que no matizó hasta que Cait Sith lo señaló:

—¿He oído bien? —miró a los presentes con duda—. ¿Acabas de meter a Cloud en la ecuación? Después de haberlo machacado una y otra vez...

—¡Calla! —se apresuró a decir con un puño en alto—. Puede que me haya apresurado al creer que nos estorbaría en nuestra misión, pero lo he estado pensando y creo que debería seguir entre nosotros.

Tal y como sonaba eso, Zack podía esperar cualquier cosa.

—¿Y a qué viene ese cambio de opinión? —preguntó.

—Escuchad, si Cloud es realmente un clon de Sephiroth, éso quiere decir que posee su misma fuerza, ¿verdad? —explicó Barret—. Nos ha demostrado en más de una ocasión su valía, así que me preguntaba si no nos vendría bien en nuestro equipo. Me cuesta admitirlo, pero puede que sea nuestra única posibilidad contra Sephiroth.

Zack desvió la mirada, no muy contento con lo que había dicho. Al final Barret demostraba que sólo le importaba Cloud por su utilidad en la misión, sin embargo tampoco podía quejarse. Al parecer estaban de acuerdo en que debía continuar con ellos y con eso le bastaba.

—Por fin, ya no tendremos que escucharos discutir más —dijo Cid aliviado.

—Otra cosa más —dijo Cait Sith—. Sólo nos falta recuperar la que tiene Shin-Ra en su poder y la que hay en el reactor subacuático de Junon. Sugiero que vayamos a por la última; Rufus todavía no ha dado la orden y es posible que, después de este último sabotaje, organice todo un comité de bienvenida cuando lleguemos.

—Pues que lo haga —dijo Zack con firmeza—. Pero antes me gustaría volver a Mideel. Quiero ver a Cloud.

Esperó recibir la bulla de Barret, sin embargo ésta no llegó. Debía admitir que le sorprendió. ¿Éso quería decir que él también quería verle?

—¡Me parece genial! —exclamó Cait Sith—. Podríamos ir todos esta vez. Seguro que se alegrará de vernos a todos.

No se habló más y, después de avisar a Tifa de ello, pusieron rumbo hacia Mideel. Zack no tenía muchas esperanzas con respecto al progreso de Cloud. Apenas había transcurrido un día desde que lo encontraron, sin embargo creía en una recuperación más temprana. Se suponía que ya recibió una intoxicación parecida, así que era posible que hubiese desarrollado cierta resistencia. Sólo el tiempo lo diría.