Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo la trama es mía y queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.
*Apuesto a que quieren ahorcarme por dejarlas así, pero ahora viene lo bueno, trataré de publicar lo más rápido posible, ya que también tengo varios asuntos que atender y otras historias que escribir pero sin dejarlas de lado.
Espero les guste y comenten MUCHO MUCHO, adoro a esas pequeñas seres que me siguen sin importar el tiempo que pase y en cuanto suspenso las deje, ustedes son las mejores.*
Capítulo veintiséis.
Me encontraba en un prado muy hermoso, con bellas flores de varios colores alrededor, creando una capa que te invitaba a dejarte caer en ella y perderte en la suavidad que prometía junto con la esencia que emanaban y perfumaba todo el lugar. .
Sentí a mi alrededor unos brazos fuertes, la fragancia que emanaba aquella persona se combinaba a la perfección con la del lugar y hacía que mi corazón diera un vuelco y todas las terminaciones de mi cuerpo se electrificaran, creando una sonrisa estúpida en mi rostro.
— ¿Te he dicho hoy lo hermosa que te ves embarazada? — Me habló una voz en mi oído, que me hacía sentir como si volara, enroscada en sus brazos me di la vuelta para ver la imagen misma de la perfección.
Piel pálida, complexión delgada, cabello cobrizo y muy sedoso, labios finos y suaves como la seda mostrando una maravillosa sonrisa con dientes blancos y alineados, nariz recta, pómulos altos, me enterré en su pecho, escuchando el latido fuerte y constante de su corazón, que llamaba al mío lleno de amor por aquel hombre hermoso.
—Me gusta que me lo digas— su musical risa no se hizo esperar, tomó mi rostro entre sus manos y comenzó a repartir pequeños besos de mariposa en él, terminando en mis labios y dejando un leve entumecimiento en ellos, era la misma sensación que siempre me producían sus besos.
—Te amo tanto, Bella, eres el ángel que ilumina mi vida y ahora traerá al mundo a un nuevo ángel— sonreí aun más si podía ante sus palabras, en cualquier momento mis mejillas se rasgarían de tanto sonreír, volví a bajar mi rostro hasta su pecho para depositar un breve beso en su corazón, que comenzó a latir más fuerte.
—Te amo tanto— susurré.
Justo cuando levantaba mi vista para mirarlo a los ojos, el ambiente cambió.
Ya no me encontraba en el prado hermoso y bien iluminado por el sol, la tarde era nublada y fría, pero reconocía el lugar, era el patio trasero de la casa de mis padres, por la puerta que conectaba con la cocina se veía a Charlie y a Renee limpiando cosas después de la cena mientras mi tío Marcus correteaba con Alice y Emmett, volteé hacia un lado para observar a la pequeña niña de cabello marrón que hablaba animadamente con mi tía Dídima, ella tenía entre sus manos su antiguo libro y le respondía de la misma manera, en un momento ambas se dieron la vuelta y me miraron, era yo.
Mi yo de niña se levantó presurosa y se acercó a mí, tomó mi mano y me guió hacia mi tía, quien me sonrió con afecto y acarició mi rostro como solía hacerlo.
—Tía, estoy muy confundida, ¿qué debo hacer? — gruesas lágrimas corrían por mi rostro, ella sonreía y las limpiaba con mucho cariño.
—Todo estará bien, mi linda Bella, tomarás la decisión correcta, recuerda que si se hace todo bien, más de uno se salvará y nadie se tendrá que sacrificar— No entendía sus palabras, mi yo pequeña asentía a las palabras de mi tía, como si para ella la solución también fuera muy simple.
—Ayúdame, tía, no sé qué hacer— lloré en su regazó, mientras ella acariciaba mi cabello.
—Encontrarás la respuesta en el libro— me aseguró, sin dejar de consolarme.
—Ya hemos buscado en el libro, sólo nos dice que ellos deben volverse humanos.
—Busca bien, Bella, yo sé que tú eres observadora, siempre lo fuiste— dijo susurrando, por alguna razón me fijé en la niña que estaba a nuestro lado, ella tenía el libro entre sus manos, ella desprendió la última fotografía, en donde estábamos mi hermano, Alice y yo y de ella cayó un papel muy doblado.
—Busca en el libro, Bella— volvió a decir mi tía, antes de que su imagen junto con la mía de pequeña se borrara y volviera a quedar todo sumido en la obscuridad.
—Bella— Me llamó una voz que reconocí después como la de Rose, estábamos las dos en penumbras en una habitación de hospital, el fuerte olor me hizo arrugar la nariz y querer volver a desmayarme.
— ¿Qué haces aquí? — pregunté una vez me acostumbré a la luz y al chocante olor, su mirada azul brillaba como si tuviera luz propia.
—Emmett ha tenido otra crisis y tuvimos que traerlo— me levanté inmediatamente, provocando un leve mareo.
—Hey, tranquila— me brindó sus brazos para que no cayera y me colocara sobre mis pies.
— ¿Está Alice aquí? — Rose asintió, sin saber qué me proponía. — Dime que has visto mi sueño— le pedí con voz ansiosa, ella negó.
—No podemos ver los sueños, se encuentran en una dimensión del cerebro que no comprendemos porque nosotros no dormimos— asentí y comencé a buscar mi ropa. — ¿Qué haces? — preguntó entre molesta y confusa.
—Tengo que ver ese libro, pero tengo que ir sola— encontré mi ropa en una silla en un rincón y comencé a vestirme.
—No puedes irte, Ed me mataría, por decirlo de una forma— me desconcertaron sus palabras pero no pregunté nada y continué vistiéndome—Ni siquiera tienes el alta— me recordó Rose.
Me alcé de hombros, terminé de colocarme mi abrigo y me cubrí la cabeza con la capucha de mi suéter. —Si Ed pregunta estaré en el departamento de Alice, cuiden a Emmett— pensé para Rose mientras salía, cuidando de que nadie me viera, ahora tenía una misión.
Rose trató de alcanzarme pero comencé a correr por entre los pasillos vacios, por una vez en la vida agradecía mi torpeza, debido a todas las visitas que hacía al hospital lo conocía de esquina a esquina, entré por un pasillo que pocos conocían y eché a correr por las escaleras hasta que llegué a la cafetería del hospital, había sólo unas cuantas personas, todas cabizbajas, pocos se darían cuenta de que yo faltaba, claro, al menos de que Rose dijera algo.
Salí del hospital y tomé uno de los taxis que esperaban afuera, le indiqué la dirección de Alice y me alejé, revisé que llevara todas mis cosas en los bolsillos, mi celular comenzó a sonar en ese momento, era Alice.
—Bella, ¿dónde estás? Ed está como loco— suspiré resignada, ya me esperaba eso.
—Déjame hablar con él— escuché cómo avanzaba y le tendía el teléfono.
—Bella— su voz estrangulada formó automáticamente un nudo en mi garganta, no podía concebir que estuviera mal, su dolor era el mío. — Dime dónde estás, iré inmediatamente— me pidió en un susurró roto.
—Ed, yo…— respiré hondo y traté de pasar el nudo que se hacía más y más grande— Tengo que hacer algo en el departamento de Alice, sé que vimos todos juntos el libro de mi tía pero siento que algo estamos perdiendo, debo saber qué es, quizás ahí encuentre la respuesta que necesito.
—Bella…— una traicionera lágrima se escapó de mis ojos— Te amo. — mordí el interior de mi mejilla y mi labio para cortar el sollozo que pugnaba por quebrar mi garganta.
—Yo también te amo, Ed— susurré lo más bajo que pude— Pero debes entender que no puedo…No puedo dejar que él muera… Sólo porque no quiero perderte, debes entender— le supliqué con un sollozo mal disimulado— No tardaré, lo prometo.
Terminé la llamada sin esperar a que me dijera nada, toda esta situación estaba sobrepasándome, lo peor de todo aquello es que no sólo me afectaba a mí, sino también a mi hermano, a mi prima, a otros tres ángeles y a la familia entera de Esme Cullen.
—Señorita, ¿se encuentra bien? — preguntó el conductor, yo asentí a duras penas y traté de controlar el llanto, lo menos que necesitaba era un conductor entrometido que quisiera hacerla de psicólogo, aunque no me vendría mal hablar con alguien, seguro él era el menos indicado.
Llegamos al apartamento, pagué y me bajé con piernas como de gelatina.
El condominio de Alice era muy parecido a ella en esencia, estaba a unos veinte minutos de mi casa en auto, y diez a pie, todo por el congestionamiento automovilístico.
Busqué entre las macetas la llave de repuesto y entré, apenas parándome a ver el completo desorden de telas, bocetos y fotografías de moda que había por todo el lugar, me dirigí rápidamente a la habitación de Alice y encontré el libro en el centro de su amplia cama.
Con manos temblorosas abrí el libro y comencé a pasar página por página, llegué a la última fotografía y como vi que hizo la niña en mi sueño, la desprendí. Fue mucho más fácil de lo que imaginé, al separar la fotografía una hoja bien conservada cayó de ella.
Era una carta y estaba dirigida a mí.
Bella: —comenzaba— Si tienes esta carta entre tus manos es porque ha llegado el momento de que tú, junto con tu hermano y tu prima se unan a sus almas compañeras.
No dudes de tus sentimientos Bella, ni de los de tu ángel, ustedes están destinados a estar juntos, no se preocupen por su protección, nosotros estaremos cuidándolos.
Para este punto ustedes sabrán que sus ángeles deben volverse humanos, así es como lo dictan las leyes, ustedes deben terminar el ciclo, este suceso se ha repetido desde hace mucho tiempo en la familia de tu abuela, sólo que sin saberlo, entre mi padre, tu abuela y yo hemos descubierto cómo terminarlo, la profecía lo explica claramente.
Tú eres quien debe decidir si es que la canalización se hará, sólo tú puedes hacerlo, decide con consciencia, sólo tú puedes cerrar el ciclo, lo harás bien, sólo debes saber una cosa: en cuanto los ángeles adopten por completo el cuerpo humano, todas sus experiencias pasadas se borraran, no recordaran nada de su vida como ángeles.
Recuerda no dudar, tus sentimientos te llevarán por el camino correcto, Bella.
Dídima.
Ahora sí estaba perdida, no sólo yo debía hacer la decisión más difícil de toda mi vida, sino que también, de una u otra forma, perdía a Ed, si la "canalización" no se hacía, en cualquier momento se podían ir los tres, Jazz, Rose y… Ed, pero si se hacía, los tres perderían sus memorias de ángeles, ¿eso incluía su amor por mí? Yo sabía que nunca podría dejar de amarlo, pero él…sí podía.
No entendía nada, mi tía decía que era el momento de unirnos, además debía cerrar ese absurdo ciclo, "Ay, Abuela, en lo que nos metiste" pensé con cierta amargura, pero ella no era la culpable de todo, yo también me había enamorado de un ángel y no podía hacer nada al respecto, el corazón ama a quien quiera amar, y yo amaba muchísimo a Ed.
Tanto, que no sabía qué hacer, dejar que siguiera como un ángel, no cerrar el "ciclo" en la familia y correr el riesgo de perderlo en algún momento, o dejar que se quedara en la tierra y correr el riesgo de que no me amara al olvidarse de mí, todo esto, me tenía muy consternada.
Tomé rápidamente mi teléfono y marqué a Alice.
— ¿Bella? —Contestó al primer tono.
—Alice, necesito hablar con Alistair— escuché de nuevo movimiento antes de que la voz de Alistair me contestara.
— ¿Qué sucede, Bella?
—Ya lo sé todo, supongo que tú harás lo que se necesario para la canalización, ¿no es así? —no escuché nada por lo que me pareció una eternidad, hasta que suspiró fuertemente.
—Dídima realmente sabía que eras la indicada, sabes lo que tienes que hacer, se lo comunicaré a los demás— asentí aunque supuse que él no me vería.
Terminé la llamada y me derrumbé a llorar todo lo que mi cuerpo me pedía, en estos momentos la decisión que cambiaría mi vida estaba a punto de ser tomada.
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