CAPÍTULO 26: EL TORNEO DE TIRO DE FLECHAS

Cuando Íntegra se despabiló aquella cálida mañana de verano, hacía rato que la luz de sol bañaba su cama. Aún medio dormida manoteó el reloj para chequear lo que ya sabía: eran diez minutos más tarde de lo habitual, luego Alucard se había atrasado en traerle el té a la cama, luego algo no andaba bien… era pura lógica aplicada. La líder de Hellsing se levantó rápidamente, se envolvió en su amada bata blanca y con el pelo aún revuelto y cara de dormida, se dirigió con prisa a la cocina. Allí se encontró de frente con la escena tan temida: Walter preparando MAL dos tazas de té.

-Buenos días, señorita –la saludó muy formalmente su viejo mayordomo de aspecto adolescente-. Estaba haciendo el té para usted y para el señor Alucard.

-Así no se prepara my simple english cup of tea –le señaló Íntegra notoriamente desmoralizada mirando el agua hervir a borbotones en un tarro cualunque de aluminio-. ¿Cuántas veces tengo que explicarte que…?... ¡El té en saquitos es para Alexandra; yo lo quiero en mi tetera de loza inglesa previamente calentada con agua en su justo punto, no así recontrahervida desde hace horas!

-Oh, my lady, perdóneme usted –se disculpó Walter-; ¡es que me he acostumbrado tanto a llevarle el tecito a Alexa que se me olvida cómo le gusta a usted!

-¡Olvídalo, Walter! –exclamó Íntegra con resignación mientras llenaba la pava con agua fría y la ponía ella misma al fuego-… Mayordomos eran los de antes, los de ahora no aprenden… Al menos Alucard hace su mejor esfuerzo a pesar de ser rumano. A propósito de Alucard, ¿qué le sucede a mi fiel sirviente que no me ha traído el té en bandeja a la cama? Debe ser grave para que te haya pedido que le prepares uno a él; Alucard no bebe té y menos aún te pediría algo a ti teniendo a Schrödinger a su servicio…

-Es que no le quedaba opción pues mandó al "gato" a Irlanda con un recado para Alexa –explicó Walter-… Y tiene usted razón en cuanto a la gravedad del señor Alucard: estaba yo por meterme a mi ataúd esta mañana cuando me llamó al celular y por su voz parecía estar al borde de la muerte. Me ordenó llevarle a usted un té y decirle que disculpara su ausencia porque había amanecido enfermo y no quería contagiarla… y que ya que iba a preparar té que le llevara uno a él también porque se sentía muy mal.

-Me imagino –comentó íntegra-. Yo me hago cargo de mi té y del de Alucard. En cuanto a ti, vete a dormir a tu sarcófago o se te irritarán los ojos por efecto de la luz solar.

-¿Cuánto tiempo más seré un "vampiro delicado"? –preguntó Walter con preocupación-. Recuerdo con nostalgia cuando era un vampiro poderoso.

-Dentro de dieciocho años, cuatro días, seis horas, veintisiete minutos y no sé cuántos segundos te sellaremos y serás nuevamente un vampiro poderoso –aseguró la líder de Hellsing consultando su reloj.

-¿Muy poderoso? –preguntó esperanzado el ex mayordomo.

-Poderosísimo –aseguró Íntegra-. Ahora vete a dormir o tus ojos perderán su tonalidad rojiza, se tornarán grises nuevamente y comenzarás a quejarte "¡No veo!, ¡no veo! ¡Perdí también mi aguda vista vampírica!"…

Un rato más tarde Íntegra se las estaba ingeniando para abrir el picaporte del dormitorio subterráneo de Alucard mientras sostenía una bandejita con su respectiva tacita de té en cada mano. Cuando lo logró, la habitación estaba por supuesto completamente a oscuras pues como se hallaba en el sótano no había ventanas en las paredes, de modo que ella prendió la luz. El conde emitió un agonizante quejido que salió del antiquísimo ataúd que alguna vez había sido el sarcófago del vampiro Drácula/Alucard, y que en su actual vida le hacía las veces de cama. Íntegra se le acercó y por un momento observó a su marido. Nunca antes había parecido tan muerto.

-Alucard –lo llamó ella con insólita ternura-… Alucard… ¡AAALUUUCAAARD! – se había acabado la ternura, con lo cual el conde finalmente reconoció a su mujer.

-ÍÍÍnn-te-gra –balbuceó moribundo-… Cuando fallezca… te encontrarás en la herencia… con algunos negocios míos… de los que no estás al tanto… y… y…

-No sigas, Alucard –lo detuvo su mujer-. No vas a morir hoy y seguramente en cinco minutos te vas a arrepentir de la confesión que estás a punto de revelar. Mejor déjame en la ignorancia sobre tus ocupaciones ilícitas hasta el día de tu deceso… probablemente cuando me despabile yo quiera estrangularte pero correrás con la ventaja de ya haber muerto… y ¿quién dice? Tal vez tengas suerte y yo fallezca antes que tú y no llegue a enterarme de nada…

-¡NO! –le rebatió el conde-. ¡Eso no lo digas ni en chiste!... ¡Tú no te mueres antes que yo!, no lo soportaría… Mi hora está llegando, Íntegra… tengo fiebre.

-Lo sé –respondió ella-. ¿Cuánto esta vez?

-El termómetro marca treinta y siete grados y medio –explicitó Alucard-… ¡PUFF!... de seguro moriré.

-De seguro que el Ibuprofeno del Dr. Argento te devolverá la cordura… ¡digo la compostura!... es imposible devolverte la cordura si nunca la tuviste –sentenció su mujer poniéndole una pastillita en la boca apenas entreabierta de su esposo y acercándole la taza de té con un sorbete para que pudiera beber la infusión sin siquiera moverse de la rígida posición horizontal en la que se hallaba.

-Grraaa-ciaaass –murmuró apenas hubo tragado el medicamento-. Envié a Schrödinger para que me despidiera de Alexa… Lamento que mi única y adorada hijita no esté a mi lado en mi último momento para cerrarme los ojos definitivamente…

-¡BASTA, ALUCARD! –le ordenó Íntegra-. No puedo permitir que involucres al chico cuántico en tus vanos intentos de crearle sentimientos de culpa a nuestra hija. ¡Ordénale a Schrödinger que regrese ya mismo o tendremos que almorzar comida hecha por Walter y eso sí podría matarnos!... ¡Mensajito de texto ya, sirviente! –el conde sacó de entre las sábanas de hilo del ataúd su teléfono celular para obedecer al instante, pero sus manos temblaban sin control impidiéndole marcar.

-No puedo, ama –explicó con voz desfalleciente-… ¡Mis dedos no responden!... ¡Hágalo usted por mí, por favor, ama!

-¡Bien! –replicó Íntegra apoderándose del telefonito de su marido y buscando en su directorio-… ¡Ay, Alucard! ¡No puedes tenerlo agendado como "inútil cuántico"!… ¡Con lo útil que resulta Schrödinger! –y escribió el mensajito: "Regresa a preparar el almuerzo inmediatamente"-. ¡Ya está!... Te sientes mejor, ¿verdad, esclavo mío? –y le puso la mano sobre la frente.

-No –disintió Alucard-. Hasta que mi temperatura no baje de treinta y siete estoy en peligro de muerte... Yo no soy un brujo de fuego como Merlín que resiste alto calor… Fui un gélido vampiro y soy un brujo de frío; el hielo es mi elemento… Si no fuera porque eres tan british, viviríamos cómodamente cual esquimales en un blanco iglú cerca del polo norte… Estoy afiebrado, Íntegra… me siento muy mal, me derrito…

-Está bien, sirviente –afirmó la líder de Hellsing-… ¡Córrete!, ¡hazme lugar a tu lado!

-¡Sí, sí, sí! –concedió solícito el brujo rumano poniéndose de perfil en su estrecho sarcófago-… ¡Ven a hacerme compañía!... La última vez que te metiste en mi ataúd fue cuando hicimos a Alexita… ¡Qué buenos recuerdos! Deberías venir más seguido de visita…

-¡A tu ataúd! –exclamó Íntegra conformándose con el estrecho espacio que le quedaba-. Lamento informarte que no me inspira en lo más mínimo… En cuanto a tu fiebre, Alucard, sabes muy bien a qué se debe –y ambos se enroscaron en un profundo abrazo.

-A que tengo anginas.

-No tienes anginas –discrepó ella-. Es emocional.

-No es emocional, son anginas –insistió el conde.

-¡Es emocional!

-Me duele mucho la garganta y la tengo rojita. ¡Mira! –y Alucard abrió grande sus fauces para que su esposa examinara el interior, pero Íntegra ni se inmutó para revisarlo.

-Yo sabía que te ibas a enfermar, Alexandra sabía que te ibas a enfermar, todos en la Organización Hellsing sabíamos que te ibas a enfermar –le anunció su esposa-… y te enfermaste. Era de esperar.

- Porque adivinan el futuro; son todos brujos en esta organización –razonó lúcidamente el conde.

-No hace falta adivinar el futuro, Alucard –le advirtió Íntegra-; basta con conocerte levemente. Eres ostensiblemente celoso; algo te iba a suceder...

-Gente celosa como uno también puede tener anginas.

-¡Por Dios! –exclamó Íntegra-. ¿Realmente no te das cuenta de que es la partida de Alexandra lo que te enferma? ¡Se fue ayer y ya hoy amaneciste con fiebre!

-¡No me lo recuerdes! –se quejó el conde-… ¡Mi Alexita lejos de mí!... ¡Mi nenita!... Dicho sea de paso, se portó muy mal conmigo. Hasta me arrojé al suelo de rodillas para implorarle que no dejara a su papi y se fue igual.

-Escena deplorable, por cierto –consideró su esposa-. Alexandra ya no es tu "nenita". ¡Acaba de cumplir diecinueve años!

-¡Fue, es y seguirá siendo siempre mi nenita! –refutó el conde-… Tan tiernita que me la quieren comer… Desamparada y solita en este mundo cruel… un mundo lleno de hombres con pésimas intenciones y ella con muchas ganas de conocerlos… ¡Y tú avalaste su partida!

-¡Cómo no avalar su partida! ¡Es un honor que Su Majestad la reina Serena le haya encargado que fuera a Irlanda a representarla! –replicó Íntegra-. Alexandra tiene condiciones naturales para la diplomacia y hace rato que lo viene demostrando contigo y conmigo. No sé cómo hace para convencernos pero siempre se sale con la suya con lo tercos que somos…

-Corrección: con lo terca que ERES –la interrumpió su marido.

-¡Y deberías ver con cuanta habilidad se mueve entre los miembros de la mesa redonda y los embajadores extranjeros! –continuó Íntegra sin prestarle atención-. Es todo un honor que Su Alteza Real haya depositado su confianza en nuestra hija… ¡Y ADEMÁS ESTARÁ FUERA DE CASA SÓLO UNA SEMANA, ALUCARD! ¡NO DA PARA QUE HAGAS TANTO ESPAMENTO!

-En una semana pueden pasar muchas cosas desagradables… Irlanda está llena de hombres que caerán sobre ella como moscas a la miel –se lamentó Alucard-… y la muy hechicera puso filtros para que yo no pueda seguirle los pasos con mi caldero.

-"Genes son genes" –reflexionó Íntegra-… "De tal palo, tal astilla"… ¿De dónde se te ocurre saca semejante inclinación por las artes oscuras? ¿A quién crees que se parece?

-¡A PAPÁ! –admitió con orgullo el conde-. Pero al menos hubieras enviado a la chica policía a vigilarla.

-¡Pobre Seras!, ¡no voy a interrumpir sus merecidas vacaciones con el Capitán Bernardotte en París! –se condolió la líder de Hellsing-. Además Alexandra no está "solita en el mundo"; la acompañan Cecy y Lucy…

-¡UFF!, ¡grandiosa defensa! –añadió Alucard-. Dos vampiresas adolescentes…

-Nuestra hija no está yendo a la guerra sino a actos oficiales que festejan la asunción del nuevo gobierno irlandés –le recordó Íntegra-. No necesita de la defensa de Seras sino del asesoramiento de sus amigas de cuna aristocrática… tú sabes del tema porque eres de origen noble: debe dejar una excelente impresión de Inglaterra y su gobierno… Confío en que los irlandeses quedarán encantados con ella…

-¡Eso es precisamente lo que me preocupa!, que los irlandeses queden ENCANTADOS con Alexita y se la quieran quedar para siempre –explicitó el conde y abriendo con los dedos la bata blanca de Íntegra, se deslizó ataúd abajo metiendo su cara entre los pechos desnudos de ella.

-Noto que ya estás mejor, Alucard –comentó su mujer-. ¿Ya te bajó la temperatura?

-Sí, pero me subió otro tipo de temperatura –le replicó Alucard-… ¡Estabas esperando que te llevara el tecito a la cama; me estabas aguardando entre tus sábanas blancas de seda así, como Dios te trajo al mundo, toda para mí!... ¡Y yo acá enfermo de anginas rojas te fallé, mi condesa!... ¡Imperdonable mi nulo desempeño!

-Pues parece que ya te estás "empeñando" con esmero, conde –musitó Íntegra sintiendo cómo sus pezones se tornaban turgentes con la suave estimulación erótica de la lengua de Alucard.

-¡NO DEBO, NO DEBO, NO DEBO! –se retiró súbitamente el conde estampando su espalda contra el latera de la caja del ataúd-. ¡TE VOY A CONTAGIAR MIS ANGINAS, DEMONIOS!

-No lo harás –le replicó Íntegra desbotonándole la camisa del piyama negro con rayitas rojas-. Lo tuyo es 100% emocional, no tienes anginas, no tienes nada… no tienes nada de nada de nada…

-Anginas tengo –deslizó el conde tímidamente mientras su mujer montaba sobre él y se quitaba la bata blanca.

-Pues entonces contágiame –le insinuó recostando sus pechos desnudos sobre el torso de Alucard y buscando la boca de él para sumergirse dentro de ella… y el anginoso conde no pudo resistir la tentación.


¡TING! El teléfono celular del chico cuántico dio su inconfundible señal sonora.

-Apresúrate Alexa que me ordenan regresar inmediatamente a preparar el almuerzo –comentó Schrödinger consultando perezosamente el mensaje de texto que acababa de entrarle.

-¡Todavía no, Shrö!, ¡quédate un rato más! –exclamó Lucy soltando el cuello del muchacho. Estaba montada sobre las piernas del chico gatuno alimentándose eróticamente de su yugular mientras que él se complacía en dejarse morder, sentado sobre un lujoso sillón en un rincón de la suntuosa habitación de la noble mansión irlandesa en la que se alojaba la heredera de Hellsing.

-Yo ya terminé –le explicó Alexa con aspecto resignado-. Es Cecy la que no acaba nunca su cartita de amor a Walter.

-Ya va, no me apuren. Tardo mucho escribiendo a mano –se quejó la joven vampiresa-. Walter está criado "a la antigua" y se niega a conectarse. Necesito contarle…

-¡Más vale que no le cuentes nada! –se apresuró en hablar la heredera de Hellsing.

-… lo mucho que lo extraño –terminó la frase Cecy-. ¡Ay, Alexa! ¡Ni que él fuera a traicionarnos y contarle a tu papá!

-No sé, pero por si acaso mejor te callas –la previno Alexa-. Walter es Walter… nunca se sabe con el Ángel de la Muerte…

-No hay motivos para que desconfíes de mi maestro –aseguró Cecy-… "Lo pasado, pisado"; nunca más una traición provendrá de él mientras yo esté en Hellsing… Eso dice tu papá, que aunque yo no lo recuerde soy la reencarnación de la hermana de Sir Arthur Hellsing, Madeleine, el gran amor de Walter y el único ser a quien él jamás traicionaría...

-Precisamente –afirmó Alexa-… Seas o no la reencarnación de su amada Madeleine, el punto es que está obsesionado contigo; se ve que nadie más le dio bola…

-¡Mentira! –se indignó Cecy.

-Si se te escapa decirle que vas a adoptar mi apariencia para tomar mi lugar esta noche, correrá a contarle a mi papá con tal de impedir que vayas por mí al baile de gala –le advirtió Alexa-… y seguramente papi hará algo impredecible para que no participe en el torneo de tiro con flecha…

-No es mala idea que no participes –le aconsejó Cecy-. Con esos lentes de contacto oscuros, el antifaz y aquella peluca de corte medieval que conseguiste, te van a confundir con a mi hermana Julia que de puro fanática hasta se tiñó el pelo de castaño claro para personificar mejor a Robin Hood...

-¡Porque me copió el disfraz! –se indignó Alexa-. ¡Yo fui la primera en vestirme de Robin Hood y la peluca la compré para que nadie me reconozca en este torneo MUCHO ANTES que tu hermana gemela se tiñera el pelo!

-Lo que importa es que se va a armar lío entre las dos –le previno Cecy-, y no te conviene que te confundan con ella porque Julia llamará la atención al representa a Inglaterra…

-¡Ni me lo digas! –la interrumpió Alexa molesta-. ¡Yo debería representar a Inglaterra!, ¡soy mucho mejor arquera que Julia! Le hubiera ganado por años luz de margen a la nerd de tu hermana gemela si mi papá no hubiera embrujado mis flechas en la precalificación del torneo nacional para que volaran en zig zag… Papi no hace más que sabotear mis tiros desde que el año pasado su "detector de hombres alexapeligrosos" señaló "alto riesgo de romance en un torneo"… A partir de ese momento no hay competencia en la que no encuentre un escollo puesto por él… Afortunadamente no está al tanto de la existencia de este torneo, y prefiero que así continúe siendo, por eso me tomo tantas molestias en ocultar mi identidad; de modo que… PROHIBIDO DECIRLE A WALTER; ¿entendido Cecy?

-Me lo dijiste mil veces, ya te oí –le replicó Cecy-… ¡Ojalá sea éste el torneo en el que de una vez por todas tengas el dichoso "romance" pronosticado! Te estás poniendo vieja y no hay hombre que te venga bien.

-¡No estoy vieja, tengo 19 años! –la corrigió Alexa-… Que Lucy y tú luzcan eternamente de 16 no significa que yo esté vieja… ¿¡Y qué quieres que haga si no aparece nadie que se parezca ni remotamente a mi papá!... ¡Y eso que hace rato que dejé de salir con chicos para fijarme en hombres maduros de su edad!... ¡Desgraciadamente ya no quedan hombres como él en este mundo!

-Deberías entrevistarte con mi psicoanalista, Alexa –le insinuó Scrödinger-… Tienes lo que él llama "complejo de Edipo"… "Ningún hombre es como papi" –y la imitó riéndose.

-¡Es que ningún hombre es como papi! -confirmó Alexa-. Ninguno le llega ni a la suela de los zapatos… y sino pregúntale a mi mamá. Ella estaría 100% de acuerdo si fuera consultada.

-¡Hey, Lucy, largando al chico cuántico que ya terminé la carta y Schrö tiene que regresar prontito a la mansión a cocinar! –anunció Cecy saltando de la silla para entregarle la carta al muchacho-… No te quejes, que esta noche Schrödinger te va a venir a visitar y por fin van a estar solos sin que el ama los vigile de cerca –y le guiñó un ojo-… Alexa participará en el dichoso torneo disfrazada para que nadie la reconozca y yo bailaré hasta la madrugada durante toda la noche de gala… ¡Lástima que no estará Walter para acompañarme!


-¡Ven, Luna! –le dijo Merlín a su hermanita lupina-. Tu baño negro está listo.

-¡Qué pena que soy una lobita que no aprendió a cambiar el color del pelo! ¿Estás seguro que te salió bien esta pintura para teñir vampiros, hermanito lobizón? –le preguntó la pequeña Luna mientras observaba con mirada preocupada el espeso líquido oscuro cual tinta china que llenaba una vieja palangana. Sin esperar respuesta tomó coraje y sumergió cuidadosamente en ella una patita-. "El brujo de la noche" iba con una lobita blanca, no negra… ¿Qué dice mi papá lobizón?

-Que no estamos en Argentina y que no podemos correr el riesgo de que alguien te reconozca en el torneo –le respondió el brujito-… Además dice que vas a quedar hermosa hecha una lobita toda negrita como él fue… una lobizona de primera.

-¡Che, loco, yo no dije nada! –se enojó el fantasma del lobizón que estaba recostado sobre la desvencijada cama de aquel sucio cuartucho de hotel-. ¡Aclarale a la nena que todo esto es pura idea tuya, yo no tengo nada que ver!

Merlín sonrió pero no dijo nada. La vampirita no tenía la capacidad de contactarse con las almas difuntas y como quería estar siempre conectada con su papá lobizón, acudía permanentemente a las funciones de médium de su hermano lupino, quien sacaba provecho de su privilegiada situación "traduciéndole" sólo lo que a él le convenía… Una de las pocas cosas que consideraba realmente "buenas" de ser un dhampiro brujo era que podía ver y hablar con sus muertos queridos como si estuvieran vivos. Su padre, su madre y su padrino lo habían acompañado desde que él había partido de Inglaterra hacía ya tres años, intentando cuidarlo y protegerlo no sólo a él sino también a Luna… especialmente a Luna. Los muertos protectores estaban muy preocupados por el bienestar de la pequeña vampirita quien seguía fiel e incondicionalmente los peligrosos pasos de Merlín sin cuestionarlo en lo más mínimo… era un amor de lobita, siempre bien predispuesta pero demasiado inconsciente e ingenua.

Habían pasado por mil peripecias desde la partida hacia Argentina pues Merlín no había regresado sólo para conocer la Corrientes natal de sus padres… Enojado con la vida que lo había dejado huérfano tan joven, no quería descargar su frustración sobre cualquier inocente, de modo que los injustos acosos de los que alguna vez habían sido víctimas sus padres le vinieron como anillo al dedo. Merlín había llegado dispuesto a tomar revancha en nombre de Zahn Argento y Creirwy Thompson… Sus dos lemas al respecto: "el que las hace las paga" y "más vale tarde que nunca" eran en realidad una mera expresión de esa sed de venganza que le carcomía el alma y efectivamente llevó su desquite hasta las últimas consecuencias: la poderosa fábrica papelera sobre el río Uruguay fue condenada sin juicio previo a arder en un incendio irrefrenable sin precedentes en la zona. Fue inexorablemente consumida por las llamas y a sus cenizas se las llevó el viento. Sucedió en una noche en la que el fuego abrasador se apoderó de aquellos pagos… porque dio la casualidad de que esa misma noche el gran terrateniente de la zona, un viejo inglés ex director de aquella fábrica de la que se había retirado hacía tantísimos años para dedicarse a explotar su latifundio (y la gente que allí residía también), repentinamente ardió por "combustión humana espontánea", como consecuencia de la cual fue internado y murió dos semanas después en el "Instituto del Quemado" tras una agonía atroz… La policía nunca detuvo ni se atrevió a interrogar al único testigo que presenció ambos lamentables sucesos: un joven extranjero de nacionalidad inglesa al que sólo se lo veía salir de noche acompañado por una vivaz cachorra blanca que más que una perra parecía una loba… Las malas lenguas decían que se trataba de "el brujo de la noche" y aseguraban que su mascota era en realidad una niñita que había sido encantada y a la que alimentaba con una mamadera que aparentemente llenaba con jugo de tomate pero que en realidad era sangre humana… habladurías nomás… ¡Vaya imaginación la de la gente de campo!

Una vez consumada la venganza y como no quería pedirle dinero a su madrina la reina de Inglaterra, Merlín decidió trabajar para costearse el largo y lento viaje por tierra hacia el Caribe mexicano. Allí vivía el padre fundador de la Orden Iscariote, a quien debía pedirle las bayonetas y guantes que le había dejado su padrino Alexander Anderson en herencia. Logró contactarse con un paupérrimo circo itinerante que iba rumbo al norte por Latinoamérica y cuyo director era un viejo gitano. Merlín montó un número espectacular con su ballesta donde él, vestido como Guillermo Tell, intentaba hacer blanco en el centro de una manzana que posaba sobre la cabeza de su hermanita menor… Ni sus muertos protectores aterrorizados por la dudosa futura supervivencia de la pequeña lograron detenerlo pues Luna estaba de lo más emocionada con la adrenalina de ponerse una manzana noche a noche y pueblo a pueblo sobre su vampírica cabecita… y conservarla aún pegada a su cuerpo después de un siempre certero pero peligroso disparo. El director del circo les daba en retribución carromato y comida más un modesto sueldo que ahorraban casi en su totalidad. Luna adoptó con cierta permanencia su forma humana de niñita gitana para que nadie sospechara de su naturaleza vampírica. No lo logró; los gitanos (que eran mayoría en aquel circo) se dieron cuenta casi en seguida aunque la aceptaron sin problema porque para los romaníes la convivencia con vampiros les venía de larga e histórica data. Además Luna les resultaba un nosferatu insólitamente mansito y amigable; quien más preocupó a los circenses fue el propio humano Merlín, cuyos extraños y peligrosísimos poderes eran a todas luces REALES y no meros "TRUCOS" como dijo un tal Mr. Satán, el verdadero dueño del circo, un empresario adinerado al que el director giraba las ganancias mes a mes, pero que solamente presenció una única función en toda la trayectoria recorrida desde Argentina hasta México...

Con esta singular manera de ganarse el sustento, los hermanos lupinos dejaron Argentina junto con el circo cruzando el río hacia Uruguay, subieron por Brasil hasta Paraguay y tomaron rumbo al oeste pasando por el sur de Bolivia y el norte de Chile. Luego subieron por Perú, Ecuador y Venezuela, se desviaron rumbo al este a Colombia y posteriormente regresaron al oeste para ingresar a Centroamérica bordeando el océano Pacífico hacia el norte por Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras y El Salvador. Allí finalmente se separaron: el circo siguió su rumbo hacia el norte mientras Merlín y Luna cruzaron Guatemala hasta Belice para luego subir por la costa atlántica hasta el Caribe mexicano, donde hallaron la cabaña del padre fundador de la Orden Iscariote.

Luna finalmente descansó a sus anchas en su ataúd rosa después del ajetreado viaje, pero Merlín no tuvo oportunidad ya que el susodicho cura se complació en impartirle el durísimo entrenamiento Iscariote aunque el brujito le había jurado y perjurado que jamás se ordenaría cura, que podía tolerar los votos de pobreza pero que la obediencia no era su fuerte y que la castidad estaba directamente fuera de sus posibilidades. El padre fundador terminó aceptando que el muchacho carecía de vocación religiosa pero no le permitió zafar del mencionado entrenamiento pues el difunto padre Anderson insistía en exigir que su ahijado se esforzara para merecer el honor de llevar sus guantes. Y así fue; después de un arduo entrenamiento, finalmente Merlín obtuvo su premio: sostener las bayonetas de su padrino con las manos enguantadas…

El brujito estaba presto a regresar a Inglaterra junto a su querida madrina la reina Serena apenas lograra aprender lo único que no dominaba (dirigir sin errores la misa dominical oficiada por su anfitrión), cuando se enteró del extraordinario evento que se llevaría a cabo en Irlanda. Se trataba de un inusual torneo de tiro con flecha que iba a realizarse en el contexto de los festejos por la asunción del nuevo gobierno. El torneo parecía hecho a su medida al punto que él interpretó de inmediato que IRLANDA lo estaba llamando a viva voz. No fue el único que lo vio de ese modo: la maga Merlina comenzó a perseguirlo cual fantasma acosador diciéndole que sacara urgente pasajes de ida a Dublín antes de que se agotaran; al mismo tiempo el padre fundador de los iscariotes repentinamente cambió de opinión y manifestó que no era para nada importante que Merlín dirigiera la misa sin cometer errores. Horrorizado por tal declaración de su superior en la Orden, el espíritu del difunto padre Anderson cuestionó al viejo sacerdote en su desempeño como "formador religioso", pero éste lo calló gritándole que "sólo metiera sus narices en lo que era de su incumbencia" y se retiró a su cabaña refunfuñando algo así como que "hasta un brujo de cuarta categoría sabe que no conviene hacerse el sordo cuando se es convocado por un sitio con tal intensidad"… En fin, el punto es que con la bendición del padre fundador de los Iscariotes, Luna y Merlín volaron a Dublín en un avión de la orden porque efectivamente se habían agotado los pasajes en las líneas aéreas de pasajeros…

Después de esta no tan breve exposición y volviendo a un oscuro cuartucho de hotel en Dublín, nos encontramos con una lobita saliendo de la palangana con un nuevo look negro azabache y Merlín con secador en mano y tijeras a un costado dispuesto a oficiar de peluquero canino. Lo que hay que reconocerle al brujito es que la dejó hecha una hermosura de lobita negra… "una lobizona de primera".


Aunque aún había luz natural, el sol acababa de ponerse en el condado de Wicklow, al sur de Dublín. Una multitud de personas cargando carcajes, arcos y ballestas se agolpaba para acercarse a las mesas en las que se realizaba la admisión al torneo, dispuestas justo en la entrada del bosque. Más lejos, cubierto hasta la cabeza con una negra túnica larga hasta los pies y sentado bajo un viejo roble con una oscura lobita a su lado, Merlín llenaba el formulario de inscripción. De pronto alguien le habló.

-Discúlpame. ¿Me prestas tu bolígrafo? Me olvidé de traer uno, ¡tanto preparar mi disfraz se me pasó!… Te lo devolveré en seguida.

Como podrán imaginar se trataba de Alexa, vestida con su atuendo de Robin Hood. Había recogido su alucardina cabellera negra y la escondía bajo una peluca de cabello lacio, castaño claro y largo hasta los hombros. Llevaba lentes de contacto oscuros sobre sus bellos ojos azules y un antifaz bastante grande con el fin de que nadie pudiera sospechar que tras ese aspecto se ocultaba la joven heredera de Hellsing… y nadie sospechó excepto Luna, quien reconoció al instante la presencia de su querida "hermana no lupina". La pequeña quedó conmocionada ante el inesperado y abrupto reencuentro cuya alegría no podía exteriorizar si pretendía que Alexa y Merlín no descubrieran mutuamente sus identidades… y su amo Alucard iba a enojarse mucho, muchísimo con ella si tal cosa sucedía por ser una vampirita exuberante en sus demostraciones afectivas… Por cierto Alexa ni siquiera reconoció a Luna puesto que siempre la había visto con la apariencia humana de una niñita gitana e ignoraba por completo la identidad lupina de su pequeña "hermana" vampira … Las negras patitas de la lobita comenzaron a temblar sin control por la súbita mezcla de emoción y nervios.

A Merlín, por su parte, se le paralizó el corazón al escuchar a Alexa; su voz era exactamente igual a la de Mina Murray en su vida anterior, cuando él era el viejo Abraham Van Helsing y amaba en doloroso y silencioso secreto a aquella lozana muchacha casada con su joven amigo Jonathan Harker… Merlín elevó la vista de los formularios y con el rostro semioculto bajo la capucha de su túnica, fijó su penetrante mirada en aquella chica parada delante de él. Mina había tenido una cabellera renegrida y tupida y los ojos de un color azul profundo e intenso... no tenía casi parecido con aquella jovencita castaña de ojos oscuros que lo observaba desde arriba, altiva y con los brazos cruzados… de modo que esa mujer que tenía adelante no era nadie… sólo una más entre tantas. Le extendió el bolígrafo en silencio sin quitarle los ojos de encima.

-Gracias –murmuró parcamente Alexa. Se desplomó delante del muchacho y se sentó con las piernas cruzadas sobre la hierba. Depositó con cuidado su longbow sobre el suelo y comenzó a completar el formulario.

-¿Te inscribirás como "Robin Hood"? –le preguntó Merlín al cabo de unos segundos-. He perdido la cuenta de cuántos he visto vestidos como tú. De seguro te darán un número.

-Insinúas que soy poco original –señaló Alexa sin prestarle demasiada atención-. No es un buen comienzo para ti conmigo.

-¿Y quién te dijo que quiero "un comienzo" contigo? –le retrucó el brujito. Alexa no le respondió, continuó llenando el formulario con indiferencia total. Al cabo de unos segundos Merlín prosiguió-... Apuesto a que tu correo electrónico es "robin hood 37654 bis arrroba donde más que obvio punto com".

Alexa dejó de escribir, levantó la vista y la clavó en el muchacho, cuyos rasgos se perdían entre las sombras de su cabeza encapuchada.

-Quieres mi dirección –aseveró la chica y continuó escribiendo despreocupadamente -. Pésimo método. Cero tacto el tuyo.

-Si quisiera tu dirección te la pediría –le replicó Merlín.

-Mueres por salir conmigo –agregó la chica sin levantar la vista del formulario.

-Si tus aciertos son directamente proporcionales a tu puntería con ese arco –ironizó el brujito-, me mantendré a distancia prudencial de ti durante el torneo.

-Mueres por salir conmigo pero yerras totalmente el camino –ratificó Alexa-… vas de mal en peor diría yo, chiquito.

-¿¡"Chiquito"! –se sorprendió Merlín quien no sólo era bastante musculoso y fornido sino que además pasaba el metro noventa de estatura.

-El tamaño no lo es todo –le explicó Alexa tras corroborar de reojos la considerable envergadura física de su joven interlocutor-… Lo siento, pero yo no acostumbro a salir con muchachos de tu generación. Son inmaduros y les falta experiencia en la vida –le devolvió el bolígrafo, recogió su arco y se incorporó. Antes de retirarse concluyó-… A tu edad los hombres suelen ser como tú; ni por asomo saben tratar a una mujer como yo –y se fue caminando elegantemente.

-¡Qué pendeja más engreída! –exclamó Merlín en voz baja mientras la observaba alejarse de espaldas y perderse entre la muchedumbre-… ¡Pero qué buen culo tiene!... ¡Vamos, Luna! Si no me apuro, voy a llegar tarde a la inscripción ¡y ni en la preclasificación podré participar!…


Atardecía nuevamente en el condado de Wicklow; misma hora y mismo lugar sólo que veinticuatro horas después. Había grandes pizarrones en los que figuraban los nombres de quienes habían clasificado y finalmente serían los participantes del torneo. El encapuchado Merlín había dejado a Luna descansando bajo el roble y estaba intentando verificar en qué equipo había quedado inscripto cuando se topó frente a frente con Alexa. Sin saludarla él se corrió hacia su derecha a la vez que ella lo hizo hacia su izquierda. Desconcertados ella se movió hacia su derecha pero él lo hizo hacia su izquierda. Rápidamente él dio un largo paso nuevamente hacia su derecha pero ella hizo lo mismo hacia su izquierda… siempre quedaban enfrentados. Por un instante permanecieron quietos observándose mutuamente.

-Si lo que buscas para salirte definitivamente de mi camino es mi bolígrafo, tenlo, te lo regalo –le dijo Merlín sacando dicho elemento del bolsillo de su túnica y ofreciéndoselo a Alexa.

-Gracias –replicó la chica apoderándose del bolígrafo y colgándolo por dentro de su pronunciado escote entre sus abultados pechos -. ¿Ves? Un hombre experimentado no hubiera perdido la ocasión de regalármelo ayer, pero por lo menos vas aprendiendo… "más vale tarde que nunca", chiquito.

A Merlín le resultó extraño escuchar uno de sus lemas en boca de otra persona.

-¿¡No me digas que verdaderamente tendré que cuidarme de tus flechas, "Robin Hood 48"! –le preguntó el muchacho con sorna leyendo el paño que colgaba de la cintura de la chica con el nombre que ella había elegido. Exactamente como le había preanunciado Merlín, el torneo había decido numerar a los superabundantes "Robin Hoods" dada la gran cantidad de este personaje entre los participantes.

-¡Vaya!, ¡tú sí que tienes poderes premonitorios, "Brujo de la Noche"! –fingió conmoción Alexa leyendo el paño donde figuraba escrito el nombre adoptado por su interlocutor-. ¡Hasta sabes leer y contar!, ¡muy bien!, incluso superas mis expectativas.

-Sólo por curiosidad –le replicó el brujito-. ¿Siempre eres tan engreída o sólo cuando pretendes impresionar como "mujer irresistible"?

-Sólo cuando un "carilindo" supone que ser descortés lo torna sensual –le contestó ella.

-Gracias por lo de "carilindo"; aunque no has visto bien mi rostro y no suele ser el tipo de elogios que recibo –le informó Merlín-... Te aconsejo que no intentes explicarte qué es lo que me "torna sensual". Te resulto sensual simplemente porque lo soy… "chiquita".

-¡Copión! –se enojó Alexa-. Eso no fue nada original para provenir de alguien que se las tira de original… Te daré una lección gratis, tal vez te sirva en un lejaaaano futuro venidero: lo que torna sensual a los hombres son los años, ¡lástima que no abundan en ti!…

-¡Ah, cierto que te gustan los vejetes decrépitos pero "experimentados"! –exclamó Merlín.

-Los hombres "maduros" –lo corrigió Alexa-, mientras no se pasen de "maduros", como la fruta… pero tú estás demasiado "verde" para apreciar la diferencia.

-A ver… Debo admitir que provocas mi curiosidad -reflexionó Merlín y comenzó a observar la multitud que circulaba alrededor de ambos-… Dime a quién de todos estos tipos considerarías… un hombre sensual, maduro, ni verde ni pasadito…

-¡Ése! –exclamó la chica con certeza absoluta y señaló con el dedo índice a un individuo que estaba de espaldas, sosteniendo una capucha en la mano y aparentemente disfrazado de cruzado medieval-… ¡Es ni más ni menos que un Caballero de la Orden de Malta!

-¿Cuál? –preguntó Merlín intrigado-, ¿ése que se hace el pendejo llevando el pelo recogido como yo? –y retiró hacia atrás de su cabeza la capucha de la túnica. No había cambiado su modo de peinarse: efectivamente seguía usando el cabello lacio largo hasta sus hombros y recogido con una gomita.

Alexa lo observó un instante. Era mucho más apuesto de lo que ella había imaginado, lo cuál por alguna extraña razón la incitaba a hostigarlo aún más.

-Precisamente, chiquito –se burló la muchacha-. No es una casualidad el largo del cabello de ambos: a ti te llega a los hombros y a él a la cintura. A tu pelo le falta crecer para estar a su nivel… Y por si no eres lo suficientemente sagaz para captarlo, no es lo único en ti a lo que le falta crecer…

-¡Buáh! –saltó Merlín en defensa de su masculinidad herida, la cual a su entender estaba siendo injustificadamente cuestionada-. ¡Eso a ti no te consta! Tu opinión sobre el tema es altamente INFUNDADA; doy fe que te llevarías una grata sorpresa…

-¡Hablo de tu pelo, idiota! –lo interrumpió Alexa enojada-… ¡Y la analogía es con tu SENSUALIDAD; no con tu…!... ¡NO ME HAGAS HABLAR DE MÁS!

En ese momento el cruzado se volteó y mostró su rostro de hombre "maduro".

-¡Ah, bueno! –exclamó Merlín-. ¡Qué mal gusto tienes, chiquita!... Ahora empieza a preocuparme que te hayas fijado en mí. ¿Así crees que me voy a ver yo cuando sea viejo?

-¡Olvídalo, estás a años luz de llegar a ser alguna vez como él! –le aclaró Alexa- Mientras tú recién me regalas un bolígrafo vulgar y ordinario… te avivaste con un día de atraso, ¡vaya rapidez la tuya!, él se las arregló para hacer en tres minutos todo lo que paso a detallar: acercarse y comunicarme que afortunadamente era integrante de mi equipo, invitarme a cenar en un exclusivo restaurante la noche posterior a la finalización del torneo y además… ¡mira tú qué caballero medieval y aprende! –hizo un segundo de silencio mientras sacaba algo de su bolsillo-… ¡me entregó su tarjeta personal! –y extendió una hermosa tarjeta grabada con letras góticas doradas que decía:

ENRICO MAXWELL

Arzobispo retirado del Vaticano

-¡No me digas que es un cura! –se escandalizó Merlín (Recordemos que la intensa práctica religiosa Iscariote había afectado irreparablemente su percepción del mundo).

-"Retirado", chiquito, "retirado" –puntualizó Alexa-… Además ¡qué me importa! Yo no soy católica y entre nosotros, los anglicanos, los ministros no hacen votos de castidad… se casan, tienen hijos…

-¡Encima de vegete es un cura que te quiere garchar! –exclamó el muchacho.

-¿Me quiere qué? –preguntó ella, desconocedora total de expresiones profanas argentinas.

-Nada, nada –evitó repetir Merlín-… Te lo diré en "fino y elegante" porque parece que no aprecias lo "vulgar y ordinario": sólo desea "tener relaciones sexuales contigo", por si no te diste cuenta…

-¡Además de descortés eres grosero y muy mal pensado! –se molestó Alexa-… Chiquito, no tienes remedio, saliste fallado desde fábrica –sentenció meneando levemente la cabeza de izquierda a derecha y sorteándolo por un costado, siguió su camino.


La lobita se hallaba apaciblemente reposando echada bajo el roble donde había acordado esperar a Merlín cuando comenzó a ver invadido su territorio por extraños que la desalojaban sin misericordia del sitio "como a un perro" (¡qué bochorno!; ¡confundirla a ella un perro!)… ¡Decir que el sol ya se había ocultado!, pero como le había prometido a Merlín esperarlo en aquel lugar, no podía irse, tampoco quedaba bien hacerse humo… sospechoso si se transformaba en nenita… Sólo le quedaba la opción de reacomodarse en los espacios menos concurridos y correr el riesgo de que la pisaran porque por ser cachorra pequeña parecía que nadie la veía y quienes la veían la ignoraban… ¡con lo que detestaba ella que la ignoraran!… ¿Sería culpa de la tintura negra que la gente no se acercara a acariciarle la cabecita? ¿Tendría aspecto de horrible lobo feroz y no de hermosa lobita blanquita?...

De pronto, un malvado hombre le dio un puntapié al grito de: "¡Fuera perro!" y voló por los aires infinitos metros… eso creyó al recibir el envión, pero en realidad fue desplazada apenas unos centímetros porque se estrelló contra piernas humanas anónimas. Emitió un quejidito agudo al sufrir semejante golpe y ya sobre el suelo se puso a temblar de patas a cabeza del pánico por ser maltratada. Inmediatamente unos conocidos brazos la levantaron del suelo la llevaron hacia un cálido y afectuoso pecho.

-¡Pobrecita! –exclamó Alexa condolida acariciando la cabeza de la lobita con ternura-. ¡¿QUIÉN FUE EL MALDTIO QUE PATEÓ A ESTA CACHORRITA? -gritó furiosa en voz alta, pero el responsable ya se había perdido entre la multitud. Luna seguía temblando del pánico, ya no de ser maltratada sino de ser de algún milagroso modo descubierta por su "hermana no lupina" aunque recordaba fehacientemente haberse manifestado ante Alexa sólo en su forma de nena gitana durante toda la existencia conjunta de ambas. Sin embargo pronto se tranquilizó al comprobar que Alexa no la había reconocido… ¡qué alivio!, y se dejó acariciar, consolar… adoraba ser mimada. Se puso a lamer afectuosamente aquella mano salvadora; aunque siempre que podía hablaban por Messenger con su hermanita no lupina, hacía tres años que no la veía y LA AMABA MUCHÍSIMO…

-¿Qué haces con mi cachorra? –preguntó Merlín interrumpiendo el idilio entre hermanas reencontradas a no sabiendas.

-¡No me digas que es tuya! –le replicó Alexa consternada-. Vi que ayer estaba a tu lado pero creí que la cachorra vivía bajo este roble y que estaba sola y abandonada…

-Le dije que me esperara bajo el roble porque no le gustan las aglomeraciones -explicó Merlín-… ¡y justo se vienen a juntar ustedes bajo el roble!

-Es el lugar prefijado para la reunión del equipo rojo. ¿Qué haces tú aquí si eres del azul? –le preguntó Alexa observando el color del brazalete que llevaba Merlín.

-Vengo a buscar a mi "Selene" –respondió el brujito inventándole un seudónimo "lunar" como nombre a la vampirita.

-Selene -reflexionó Alexa haciendo solemne entrega de la lobita a su supuesto dueño-. ¡Lindo nombre para esta cachorrita!

Luna, profundamente conmocionada, decidió buscar refugio en su hermano lupino. Se metió por la ancha manga de la amplia túnica negra y reptando vampíricamente por el cuerpo de Merlín, se escondió junto a su corazón. Al instante se sintió reconfortada y como tampoco quería perderse de observar a su querida Alexa, buscó el cuello de la prenda y por allí asomó su cabecita, quedando la suya debajo de la cabeza de Merlín. Desde esa altura tenía una magnífica vista panorámica de su hermanita no lupina.

-¡Ay!, ¡es hermosa! –se le escapó a Alexa quien sin poder contenerse llevó su mano hacia el hocico de la lobita quien le retribuyó lamiéndosela con vehemencia-… Es extraño pero me hace acordar a mi hermanita.

Luna se reconcilió al instante con su nuevo color azabache. Era plenamente aceptada por su hermana no lupina con su flamante look y eso era lo único importante. Comenzó a mover alegremente la colita bajo la túnica del brujito, mirando alternativamente a Merlín y a Alexa, feliz por la cercanía que la unía a ambos hermanos de su no vida.

-Le caes en gracia –admitió Merlín-. No entiendo por qué.

-Porque la rescaté de ser pisoteada –replicó Alexa-; no mereces a tu mascota, chiquito. Cuando te canses de cuidarla y quieras deshacerte de ella, no la dejes abandonada por ahí como has hecho. ¡Yo la quiero! Me avisas y juro que cuidaré de ella muy bien; mucho mejor que tú dejándola solita bajo un roble.

-Descuida, jamás me desharé de mi Selene –adujo el brujito-… Puede que sea un poco descuidado pero juro que con ella me esmero… Acepto que a veces no me sale bien –Luna levantó su cabecita y lo lamió cariñosamente bajo el cuello.

-¡Es un amor! –sostuvo Alexa mientras el muchacho emprendía la retirada-. Te envidio; eres muy afortunado de tenerla contigo.

-En eso estoy plenamente de acuerdo contigo –admitió Merlín entre dientes ya de espaldas a la chica. Y esta vez fue él quien se marchó.


-¡No! –exclamó de repente el brujito pasmado-... ¡¿Otra vez ella? ¡Imposible!

Hacía un buen rato que estaban en el punto de encuentro del grupo azul. La lobita observó que delante de ellos y parada de espaldas había una chica de cabello castaño claro y corto hasta los hombros vestida de Robin Hood. Sin embargo no era Alexa. Luna lo sabía porque no sentía la presencia de su querida hermana no lupina. Merlín se acercó a la muchacha y le tocó el hombro para que ella se volteara.

-¡No me digas que te gusto tanto que viniste a buscarme, chiquita! –bromeó el brujito acercándose a la supuesta Alexa…

La muchacha dio media vuelta y se quedó mirándolo con sus grandes ojos oscuros. No llevaba antifaz.

-¿Nos conocemos? –preguntó ella instalando en su cara una gran sonrisa que nunca más quitó.

-¿Robin Hood 48? –preguntó Merlín sólo por guardar las formas puesto que ya era consciente de que estaba en un error.

-No, Robin Hood 1; fui el primer participante del torneo en inscribirme… llegué doce horas antes, creo que estaba algo ansiosa –respondió la chica sin perder su imperturbable sonrisa-. ¿Y tú?

-"Brujo de la Noche" –se presentó Merlín-, y casi llego tarde a la inscripción… Suelo llegar tarde…

-"Más vale tarde que nunca" –pronunció ella la ya repetitiva frase de la noche-. Me llamo Julia y fui la ganadora del último Gran Premio del Campeonato Real Británico, así que vengo en representación de Inglaterra –dijo con orgullo-. Espero no defraudar a mi país, a mi reina, a mis padres… y sobre todo a mi entrenador… Por tu acento reconozco que eres inglés como yo, así que supongo que habrás oído hablar de mi entrenador, Sir Oliver James Sinclair; porque además de su descomunal destreza con el arco inglés, es un caballero de la mesa redonda muy cercano a Su Alteza Real y muy influyente en el gobierno…

-Sí, ya sé quien es –la interrumpió secamente Merlín. Era uno de los caballeros que peor le caían tanto a él como a la reina Serena.

-¿Y tú vienes en representación de…? –preguntó la chica y calló expectante.

-De Martín Artengo –replicó el muchacho con seguridad.

-¿De quién? –preguntó ella confusa.

-MARTÍN ARTENGO –vociferó él con gran claridad-. ¡Supongo que habrás oído hablar de la descomunal destreza con la ballesta del campeón internacional Martín Artengo!

-¡Ah!, sí, claro! –mintió la muchacha llena de inseguridad pues no quería reconocer ante él que jamás había escuchado siquiera mencionar tal nombre... ¿Y cómo te llamas tú?

-Martín Artengo –replicó el brujito dejando a la chica muy desconcertada.

Ciertamente ése era un nombre que Merlín había inventado para registrarse en el torneo bajo el seudónimo "Brujo de la Noche". No había querido inscribirse como "Merlín Argento" porque era de público conocimiento que así se llamaba el muchacho que la reina de Inglaterra había criado desde pequeño y no quería llamar la atención, de modo que había falseado su identidad intencionalmente.

-KLAP, KLAP, KLAP –aplaudió un hombre que llevaba el uniforme propio de los organizadores del torneo-. ¡PIDO ATENCIÓN POR FAVOR! –anunció por altavoz. Se hizo silencio y el anunciador comenzó a leer el reglamento del evento. El campeonato estaba por comenzar.


Como ya ha sido mencionado, El Gran Torneo de Tiro de Flechas formaba parte de una serie de festejos que se llevarían a cabo en el marco de la asunción del nuevo gobierno de Irlanda. Acababa de ser instaurado pero ya era único en su especie. Era un torneo de caza con arco o ballesta, pero a la vez era ecologista, razón por la cuál Alexa le brindaba su total apoyo ya que era socia de Greenpeace, afiliación ideológica que había heredado de su conservacionista madre, Sir Integra. Lo que se "cazaba" eran unos robots cibernéticos programados para imitar a perfección la conducta animal y que por fuera eran una perfecta imitación de la fauna autóctona que alguna vez había habitado el bosque de Wicklow: liebres, zorros, ciervos, jabalíes, lobos, osos, etc. Lamentablemente dicha fauna había desaparecido siglos atrás junto con el bosque, pero este último había sido replantado hacía más de cincuenta años, de modo que los árboles eran ya de gran porte. El magnífico pero deshabitado bosque era el sitio ideal para poblar con estos increíbles "animales cibernéticos" que parecían ser reales y por ese motivo había sido elegido como sede del torneo. Los participantes no sólo debían ser diestros tiradores sino también valientes, por no decir osados. Sabían que podían morir en la competencia pues estaban a punto de adentrarse DE NOCHE en un bosque plagado de "animales feroces", sin comunicación con el mundo exterior y armados exclusivamente con sus arcos, ballestas, flechas y cuchillos de caza… y esto sin contar con que se interpusieran involuntariamente en la trayectoria de una flecha, o que fueran confundidos con un animal por otro cazador en la oscuridad de la noche… Según Alexa definitivamente su padre no la hubiera dejado participar en tal torneo de haberlo sabido.

Análogamente a un buen colegio anglosajón, había cuatro equipos: rojo, verde, amarillo y azul. Cada participante llevaba un brazalete del color del equipo al que pertenecía. Como estaba prohibido adentrarse solo en la maraña de árboles, había que elegir a un compañero del propio equipo para que alguno de los dos pudiera pedir ayuda en caso de accidente.

La competencia consistía en "matar" la mayor cantidad de presas de caza posible hasta que saliera el sol de la mañana. Cada flecha llevaba un chip que registraba el nombre de su dueño y cuando impactaba "mortalmente" en un "animal", éste enviaba la señal de su "deceso" a la sala de comando informando quién había sido su cazador. Permanecer en la competencia no iba a ser simple puesto que para seguir participando había que obtener un puntaje mínimo en un lapso de tiempo muy breve. Además como cada animal tenía un puntaje diferente alguien podía quedar desclasificado y, al estar incomunicado del mundo exterior, no enterarse de ello hasta el final del torneo… ¡Linda sorpresa!

Estaban en juego dos grandes premios. Uno era para el equipo ganador, consistente en dinero a repartirse en partes proporcionales entre los integrantes del grupo. El otro era un único premio al participante que mayor puntaje obtuviera, el ganador indiscutido del torneo. Dicho premio consistía en un suculento importe de dinero sumado al prestigio personal obtenido por la consecución de la hazaña…

Todo esto era la luz del torneo… Luego también existían las sombras.

Decían las malas lenguas que detrás de dicha competencia se ocultaban mezquinos intereses económicos que justificaban las multimillonarias sumas invertidas en infraestructura, premios y sobre todo en prensa y publicidad. Dichos intereses anónimos pretendían mostrar en el mercado internacional el desempeño los chips que dirigían en este caso a los "animalitos" pero que podían servir para otros menesteres… tal vez de índole militar, tan conveniente en un mundo siempre en guerra…

Con sus luces brillantes y sus ocultas sombras, El Gran Torneo de Tiro de Flechas finalmente dio comienzo y desde distintos sectores aledaños al bosque fueron ingresando las parejas de cazadores… y perdiéndose en la espesura de los frondosos árboles…


-¡Creí que serías mejor arquero! –exclamó Alexa decepcionada de su compañero de equipo mientras observaba la flecha de éste clavada en el tronco de un árbol-… Con un arco compuesto de última generación y el visor que le has puesto, no deberías haber errado este disparo… ni el anterior… ni el anterior del anterior… Eres pésimo arquero, no hay mucho que puedas hacer al respecto.

-Está demasiado oscuro –se justifico Enrico Maxwell-. La luna llena iluminaba excelentemente bien a las afueras del bosque, pero acá adentro no se ve nada.

-El follaje de los árboles no deja pasar mucha luz lunar –aceptó Alexa -. Pero de todos modos con la que hay alcanza y sobra. ¿O es que nunca has salido a disparar unas flechas de noche para probarte?... ¿O para descargar tu frustración cuando tuviste un día terrible?

-¡Nunca siquiera se me ocurrió perder mi valioso tiempo en semejante estupidez! –advirtió Maxwell disgustado-. Se ve que no tienes nada más importante que hacer que andar tirando flechas al aire en la noche.

-¡"Al aire" no! –replicó Alexa ya enojada-. MIS flechas dieron en todos los blancos. Las TUYAS no acertaron ni uno solo. A esta altura ya debes estar descalificado.

-¡Y a mí qué me importa! –exclamó el ex Iscariote.

-¿¡Cómo que qué te importa! –se sorprendió la muchacha-. ¿Para qué viniste si no para competir en este torneo? No te entiendo.

-No tienes que entender –le advirtió él de modo enigmático-… Tal vez haya cometido un error contigo… y no seas quien supuse… Hay demasiados Robin Hoods y son todos parecidos…

-¿A qué te refieres? –preguntó Alexa.

-¿Por qué no quieres revelarme tu verdadero nombre? –le preguntó él directamente.

-¡Ya te dije que no tengo por qué decírtelo! –replicó ella inmediatamente-. En este torneo se puede participar bajo seudónimos y a mí me gusta de ese modo. No quiero revelar mi identidad y estoy en pleno derecho de no hacerlo…

-¡Está bien, no me interesa cómo te llamas! –la interrumpió él-. ¡Pero sí es verdad que conoces personalmente a Sir Oliver James Sinclair!; ¡eso es cierto por tus comentarios sobre él!

-No comprendo –balbuceó Alexa desconcertada-… Me has estado sonsacando información sobre Sir Sinclair todo el tiempo…

-Es tu entrenador de tiro ¿verdad? –le preguntó Enrico ya perdiendo la paciencia.

-¡NO! –refutó la chica al instante-. Que conozca a Sir Sinclair no significa que él sea mi entrenador…

-¡Pero me dijiste que eres la ganadora del último Gran Premio de Inglaterra! –gritó él.

-¡Te dije que soy la mejor arquera de Inglaterra y eso es verdad! –retrucó la chica-. ¡Pero la ganadora del último Gran Premio del Campeonato Real Británico no soy yo sino Julia…!

-¡Entonces tú no eres Julia! –la interrumpió nuevamente Maxwell notoriamente contrariado-. ¡Maldición!, ¡estaba convencido de que tú eras la tal Julia!... ¡Estúpida chiquilla!, me has hecho perder un tiempo precioso al lado de la persona equivocada... ¡Quién sabe dónde estará esa Julia ahora!... ¡Y cómo estará, si es que aún está!... ¡Envidiosa!, ¡No tienes idea del perjuicio que me causaste sólo porque quisiste tomar el lugar de Julia y jugar a "qué se siente ser la campeona de Inglaterra"…!

-¡Yo nunca me hice pasar por quien no soy! –se indignó Alexa-. Tengo razones personales para ocultar mi nombre pero si me hubieras preguntado si me llamaba Julia, te hubiera dicho que no. Fue tu error no preguntar… Además fue Julia quien copió mi disfraz de Robin Hood… ¡Y yo no dije ser la campeona de Inglaterra sino la mejor tiradora de Inglaterra! ¡Si te confundiste de chica es tu problema pero no mi culpa! –hizo una pausa, reflexionó un instante y prosiguió-… ¿Quién eres tú y qué quieres con Julia?... Ella no es mi amiga pero es la hermana de una amiga, así que ¡No te atrevas a meterte con ella o te las vas a ver conmigo…!

No terminó de hablar porque él le pegó un tremendo golpe en la cabeza con el arco. Los lentes de contacto, la peluca y el gorro de Robin Hood volaron por los aires a causa del impacto y Alexa cayó al suelo medio desmayada.

-… Así que "me las voy a ver contigo", jovencita –murmuró Maxwell entre dientes mientras se abría la bragueta del pantalón y se inclinaba sobre ella-… Me hiciste perder un tiempo muy valioso, pero ya que está perdido puedo demorarme un poco más contigo –se detuvo un instante al percatarse del movimiento de los matorrales a su alrededor. Hubiera jurado que "algo negro" lo había estado espiando entre el follaje. Sin embargo ya no estaba, había desaparecido… algún animal tal vez… ¡Pero no!, no era posible que fuera un animal… Entonces continuó con lo que se traía entre manos-… Tú te sacas la frustración tirando flechas de noche, linda; yo tengo un método mucho más placentero…


-¿Estás seguro que tu cachorra está segura andando suelta por este inseguro bosque en esta insegura noche oscura? –le preguntó redundantemente una aterrada Julia a Merlín. La chica iba un paso atrás del brujito literalmente pisándole los talones para que él la protegiera con su corpulento porte de los peligros que no cesaban de irrumpir.

-Te aseguro que Selene está bien –afirmó Merlín abriéndose paso entre unos arbustos con su ballesta lista para ser disparada-. La que no estará bien si te quedas aquí eres tú. Tienes que irte ya mismo de este bosque; debemos estar muy cerca de su límite, casi saliendo de él…

-Discúlpame –dijo ella sollozante-. Nunca creí que tendría que retirarme, es un completo bochorno… Y además te perjudico.

-¡Qué vas a perjudicarme! –la tranquilizó él-… Si del torneo se tratara, no paro de acumular puntaje. ¿No ves que hay robots por todas partes?; ¡hasta aquí!, lindando con el afuera –se detuvo en seco al escuchar el grito de un "animal" dirigiéndose hacia ellos. Era un gran oso que los atacaba. Julia se arrojó al suelo y se aferró de las piernas de Merlín, temblando de horror. No quería siquiera mirar, estaba paralizada del pánico. Merlín esperó pacientemente hasta que tuvo al úrsido casi encima. Entonces disparó su ballesta y la flecha se clavó entre los ojos del "animal", derribándolo al instante. Entonces continuó hablándole a la chica-… ¡Vamos!, no voy a dejar que te pase nada malo. ¡Ya está, otro menos, lo bajé!

-¡Ay!, ¡sácame de aquí, por favor! –le rogó ella-. No puedo disparar más, me tiembla el pulso…

-De todos modos al principio disparaste bastante bien –le reconoció el brujito ayudándola a incorporarse y emprendiendo los dos nuevamente la marcha-. Y no te lo digo para levantarte el ánimo. Tu puntería es excelente, Julia…

-Sólo que desmerecí el torneo –admitió ella consternada-; lo consideré más como una competencia de tiro al blanco que de cacería.

-No es tu culpa; esto más que una competencia de cacería parece una guerra –observó Merlín-. Venías acertando y acumulando buen puntaje hasta que te topaste con "lo que quedó" de esos dos pobres tipos del equipo amarillo…

-Sí, pero tú también te topaste con… eso… que quedó –balbuceó la chica-… Sin embargo no te paralizaste como yo.

-Yo no soy un tirador, Julia –le confesó Merlín-; sino un superviviente nato… Pero los demás competidores no. Apenas tú salgas de este bosque, volveré para sacar otra gente. No creo que muchos logren sobrevivir la noche.

-No comprendo –reflexionó la chica-. Sabíamos que había riesgos, pero esto… es aterrador… Esos "animales" están por todas partes y atacan todo el tiempo… salen de la nada para devorar gente… Eso no es normal, no es la conducta que tienen en la naturaleza. ¿Por qué se comportan así? Están fuera de control…

-No te confundas, no son animales y los robots no forman parte de la naturaleza –le aclaró el brujito-… Me parece que el torneo es una prueba piloto.

-¿Cómo? –preguntó la chica muy sorprendida.

-Julia, esto no es casual –le advirtió él-; y tampoco es un error de cálculo. Alguien preparó cuidadosamente esta competencia para mostrar al mundo la eficacia del microprocesador implantado en los robots. Si cargándolos con un programa que imita el comportamiento cazador de estos animales logran hacer la carnicería humana que están haciendo, ¡imagínate lo que harían si fueran cargados con programas bélicos más sofisticados!

-Pero… ¿Y los participantes del torneo? ¡Todos podemos morir! –exclamó la chica horrorizada.

-La idea precisamente es que mueran –replicó Merlín deteniéndose en un cerco-. ¡Llegamos! ¿Ves ese sendero? Salta el cerco, Julia. Yo te espero aquí hasta que te vea en él. Es un camino que lleva a aquella aldea allá a lo lejos. Ve y avisa lo que está pasando. ¡Pide ayuda!

-¡Cuídate mucho! –le gritó la chica mientras saltaba el cerco.

-Lo haré –le replicó él viéndola correr hacia el sendero.


Merlín se adentró en el bosque ni bien observó que Julia había emprendido la marcha hacia la aldea. No había caminado ni dos metros cuando Luna salió a su encuentro exaltadísima.

-¡Hermanito lobizón! –gritó la cachorra-. ¡Un hombre malo está haciéndole daño a… a Robin Hood 48!

-¿Qué? –le preguntó Merlín, quien no entendía de qué le estaba hablando Luna.

-¡Ven! –lo instó la pequeña y comenzó a correr a la mayor velocidad que le daban sus patitas… Ya era su especialidad personal llevar auxilio a las mujeres humanas de la familia cuando estaban en apuros con Maxwell.

Merlín la siguió lo más rápido que pudo, a pesar de varios ataques perpetrados durante el camino por algunos "animales" que fueron uno tras otro implacablemente derribados por un mortal flechazo proveniente de la ballesta del brujito. De pronto comenzó a escuchar los gritos de Alexa profiriendo insultos de lo más fuertes y variados. Apuró el paso detrás de Luna hasta que llegó al sitio donde Maxwell estaba intentando llevar a cabo la violación… con éxito relativo.

Si bien el golpe en la cabeza la había aturdido bastante, Alexa no era una presa fácil. Enrico había logrado tumbarse sobre ella y arrancarle la parte superior de su atuendo de Robin Hood, pero por mucho que la golpeaba, no conseguía dominarla. Aunque no había heredado "los dientes de yacaré" de Alucard, ella era digna hija de su padre… Como si fuera una experta en ataques orales, le estaba destrozando la cara a Maxwell a mordiscos mientras él intentaba sujetarle las manos que cual garras se le clavaban en sus glúteos desnudos.

Por un instante Merlín se quedó petrificado observando la escena. La que no perdió ni un segundo de tiempo fue la lobita, quien saltó sobre el trasero de Maxwell "hincándole el diente" y allí quedó aferrada a él cual lagarto sin soltarlo. Enrico Maxwell profirió un grito de dolor y se volteó para quitarse "eso que tenía encima". Fue cuando Merlín lo levantó de los pelos con la mano izquierda y le dio una trompada con el puño derecho que por poco lo desnuca. Lo lanzó al suelo y Maxwell cayó abombado y con la nariz sangrando. La lobita soltó su presa para consolar a Alexa con afectuosos lengüetazos mientras la chica se incorporaba, llorando de dolor, humillación y vergüenza. Merlín olvidó por completo a su oponente y ayudó a Alexa a ponerse en pie, ocasión que fue aprovechada por Enrico para huir del lugar precipitadamente… algo que sabía hacer muy bien.

-¡Se escapa! –anunció Alexa que no estaba en condiciones de perseguirlo, pero tanto Luna como Merlín estaban más preocupados por ella que por el frustrado violador.

-¿Estás bien? –le preguntó Merlín-. ¿Te hizo… algo?

-No llegó –reconoció Alexa angustiada-… pero casi…

-¡Déjame verte! –le pidió Merlín tomándola por debajo del mentón para verificar que no estuviera lastimada, y fue ese momento que la reconoció-. ¡Mina! –exclamó sorprendido al verla sin peluca, ni lentes de contacto, con su desprolija cabellera negra y hermosos ojos azules-. ¡Mina Murray!

-¡No! Me llamo Alionora Arcángela Lacudra –mintió Alexa apelando al falso nombre con el que se había inscripto en el torneo y volteándose le dio la espalda al muchacho y cruzó los brazos para cubrir la desnudez de sus pechos.

Dado que ella tenía sus ropas destrozadas, el brujito se quitó la túnica negra y se la entregó, quedándose sólo con los pantalones puestos. Mientras se estaba vistiendo velozmente, llena de vergüenza y humillada a más no poder, Alexa escuchó el berrido de un jabalí que estaba a punto de embestirla, y percibió de refilón cómo una saeta de Merlín pasaba volando a centímetros de su costado y derribaba al cerdo salvaje justo ante sus pies.

Aún confusa observó al muchacho. Estaba callado y alerta, con su ballesta ya nuevamente cargada, atento a los ruidos del bosque y como si estuviera preparado para otro ataque.

-¿Qué pasa? –le preguntó la chica haciendo un esfuerzo para salir de su consternación y centrarse en lo que estaba sucediendo a su alrededor… Comenzaba a darse cuenta de que si no hubiera sido por el certero disparo de Merlín, ese inmenso jabalí la habría arrollado.

-Esto no me gusta nada… nada de nada –reconoció el brujito más hablándose a sí mismo que contestándole a su nueva coequiper; y a su vez Luna se puso delante de su hermanita no lupina, cubriéndola para defenderla.

De la maleza comenzaron a salir lentamente. Era una jauría de seis lobos que los rodeaba por completo. Rápidamente Alexa salió del estado de consternación en el que se hallaba, sacó varias flechas de su carcaj y las clavó en tierra. Luego recogió su arco del piso y tensó una primera flecha, pegando el reverso de su torso contra el de Merlín y así quedaron durante unos segundos, en silencio y en guardia como un verdadero equipo; espalda contra espalda.

Finalmente los lobos atacaron, todos a la vez. Uno cayó por la flecha de Merlín y otro por la de Alexa, mientras la lobita usaba su velocidad vampírica para distraer a los demás y evitar que se arrojaran sobre sus hermanos antes de que éstos pudieran volver a tensar sus armas. Otros dos lobos fueron flechados y a continuación el último par restante.

-¡Larguémonos de aquí antes de que sea demasiado tarde! –la instó Merlín alzando a Luna del pellejo y echándosela sobre los hombros para que no dejar atrás sola a la lobita.

Alexa y el brujito echaron a correr uno junto al otro lo más rápidamente posible hacia los confines del bosque, disparando alternadamente para cubrirse mutuamente de los cada vez más frecuentes ataques de "animales feroces" hasta que Merlín la dejó adelantarse y gritó: "¡CORRE Y NO TE VOLTEES PARA MIRAR ATRÁS HASTA HABER SALTADO LA VALLA!". Alexa intuyó que era mejor no esperarlo y como si estuviera llegando al final de una maratón, dio el spring final dejando su último aliento al saltar el cerco perimetral. Cayó al otro lado y rodó por el duro suelo hasta quedar tendida boca arriba sobre la hierba… la lobita cayó sobre ella impactando sobre su vientre; Merlín la había arrojado por los aires sobre la cerca… un codazo casi le parte en dos la cabeza; era el brujito que acababa de "aterrizar" a su lado segundos después que ella.

-¡Ayyy! –esbozó Alexa como queja por el golpe recibido, pero no le quedaba ya ni fuerzas para quejarse.

-Excuse… me –se disculpó Merlín jadeando para recuperar aire pero repentinamente clavó la mirada en la lontananza y su rostro trasuntó una extraña expresión entre sorpresa y espanto. Los ojos de Alexa buscaron encontrar lo que él observaba tras la valla. Se estremeció. Jamás había visto una multitud semejante de animales salvajes de toda índole, cazadores y presas entremezclados sin atacarse, todos apiñados tras el cerco lindante del bosque… y mostrándoles los dientes con mirada asesina.


-¿Sabes cómo se llama el chico que te salvó? –preguntó Lucy horrorizada tras escuchar el relato de Alexa.

-Martín Artengo -le respondió Alexa a su vampiresa amiga-. Y él tampoco va a reportarse como sobreviviente ante la comisión del torneo.

-¿Por qué? –objetó Cecy-. Según las declaraciones de prensa que hizo mi hermana Julia, ese tal Martín Artengo era su compañero de equipo y está desesperada buscándolo… Dice que él la salvó y luego se internó en el bosque para sacar más gente…

-Por lo que me contó fue entonces que me encontró a mí –le explicó Alexa.

-Mi hermana cree que él fue triturado por los dientes de esos robots como todos los demás participantes. Si conozco a Julia, debe estar muriéndose de la culpa por haberle permitido regresar al bosque mientras ella pedía ayuda en la aldea –afirmó Cecy-. Entiendo que tú no quieras aparecer como sobreviviente ya que si lo haces tu padre se enterará de tu participación en el campeonato, ¿pero y él?... ¿Por qué no se presenta a reclamar el premio? Tú y él son quienes más puntajes acumularon… Si Julia ganó el torneo es sólo por ser la única en haber sobrevivido; se llevará los dos premios enteros: el individual y el de equipo. Sin embargo es una verdadera tragedia.

-El destino de tu hermana será ganar siempre sin merecerlo –se jactó Alexa-. En cuanto a Martín… Le pregunté, pero no me contó qué motivos tiene para no presentarse como sobreviviente y reclamar su justo premio… y no insistí porque tampoco quería contarle los míos.

-¿Le dijiste quién eres? –preguntó Lucy nuevamente.

-¡NO! –exclamó Alexa-. Le di como nombre mío el que inventé y usé para anotarme en el torneo: Alionora Arcángela Lacudra… Lo último que quiero es que él se entere quién soy. Es un chico inglés muy plebeyo por cierto, y si sabe que pertenezco a la nobleza seguramente va a inhibirse y no va a hablarme por Messenger…

-¡Le diste tu dirección! –se sorprendió Cecy.

-¡Tampoco! –negó la heredera de Hellsing-… Por mucho que cambie mis claves, mi papá siempre las descubre, así que me creé una nueva dirección, una que el mismo Martín me sugirió: "robin hood 37654 bis arrroba donde es más que obvio punto com"… Debo ser muy cuidadosa o papi me descubrirá y matará a mi coequiper antes de que me dé bola…

-¡TE GUSTA! Afirmaron asombradas las dos vampiresas al unísono.

La heredera de Hellsing no respondió pero no pudo evitar esbozar una sonrisa cómplice. Eso la delató.


En un antiguo aeroparque a las afueras de Dublín, el inmenso dirigible Hindenburg III con el emblema de la cruz esvástica estaba eficazmente oculto bajo el resguardo de un gigantesco hangar.

En la sala de comandos, el mayor de Decenium escuchaba ciertas informaciones brindadas por el mismísimo Enrico Maxwell en persona.

-¡Entonces es una absoluta casualidad que la muchachita esté viva! –se sorprendió el mayor.

-Es un verdadero milagro -le replicó Enrico-; evidentemente el Señor nos está favoreciendo. No sé cómo lo logró pero sobrevivió sin mi ayuda…

-Seguramente es una excelente joven tiradora y sus flechas han de dar siempre en el blanco, como alguna vez lo fue Rip Van Winkle con su mosquete de balas mágicas –recordó el mayor a su fiel Teniente Primera-… ¿Crees que también será tan ingenua como para hacer lo que tú quieres que ella haga?

-Es una jovencita muy solícita –explicó Enrico riendo al acordarse de la inocente Julia-. ¡Ni falta me hizo gastar dinero para invitarla a cenar a un restaurant de lujo! La chiquilla quedó fascinada simplemente con un desayuno en una confitería irlandesa típica y ella misma se ofreció para entregarle en mano a su respetadísimo entrenador una carta personal mía, Corien Wellmax, un supuesto viejo amigo de Sir Oliver James Sinclair... Me creyó todo lo que le dije; resultó tan fácil engañarla como nos había preanunciado Sinclair: ella nunca sospechó que su entrenador la había puesto en peligro sólo para utilizarla de correo privado; tampoco imagina que sin saberlo ella le está llevando a Londres mi carta con las condiciones en clave para la compra-venta del microprocesador…

-¡Qué ingenuidad la de las chicas de esa edad! –exclamó el mayor-. Uno las manda literalmente "al muere" y ellas van como ovejas al matadero… ¿Es por eso que te gustan tanto, Enrico?

-En cuanto al microprocesador -cambió de temática Maxwell, porque la edad y los años transcurridos no habían hecho más que agravar tanto su inclinación perversa hacia la violencia sexual como su rechazo a aceptar poseer dicha enfermiza propensión-… Te pasé mi informe por escrito. Constaté personalmente lo que ya sabíamos: el programa funciona a la perfección y va a ser más letal cuando lo carguemos para imitar la "conducta agresiva vampírica" en lugar de la "conducta agresiva animal". Además doy fe que cuando figuras en el programa como "objetivo a ignorar", los robots simplemente pasan a tu lado sin registrarte y como si no existieras… y como suponíamos tal escudo de protección abarca un área de tres metros a la redonda porque la chica que confundí con la campeona de Inglaterra no sufrió daño alguno mientras estuvo a mi lado…

-¿Estás seguro de que esa chica está muerta? –lo interrumpió el mayor-… Mira que podría identificarte.

-¡Imposible! –replicó Maxwell-. Anunciaron oficialmente que ningún participante sobrevivió excepto Julia, la alumna de Sinclair… ¡Tuvimos mucha suerte hasta con eso!, porque diga lo que diga la campeona inglesa, él creerá que fue por nuestra protección que su discípula está viva y que ganó la competencia… Siempre es bueno tener un aliado que esté en deuda con nosotros cerca de la reina de Inglaterra, entre los caballeros de la mesa redonda…

-¿Quiénes son esos caballeros? Sólo gentuza ambiciosa carente de importancia –reflexionó el mayor-… Sólo imbéciles que nos comprarán microprocesadores para fabricar estúpidos robots, burdos imitadores de vampiros…

-Sí, pero Sinclair y sus seguidores usarán los microprocesadores para intentar usurpar el trono y obtener el poder –agregó Maxwell-… Y con Hellsing ocupado combatiendo falsos robots vampiros en una guerra civil, aprovecharemos el caos imperante para introducir en una desprevenida Inglaterra nuestros verdaderos soldados vampiros…

-Fabricar monstruos –comenzó a enunciar el mayor como si fuera un loco fanático obsesionado-, armar monstruos, entrenar monstruos, organizar monstruos, suministrar monstruos, utilizar monstruos… ÉSA ES MI VIDA, ÉSE ES MI AFÁN…

-Es cierto que a esta altura Alucard debe saber que somos nosotros quienes estamos detrás de los microprocesadores –admitió Maxwell, ajeno al delirante mundo del mayor-, pero he sido muy cuidadoso y él no tiene modo de sospechar que el objetivo es venderlos en Inglaterra a Lord Sinclair… Además las falsas pistas tan diestramente dispersadas lo llevarán a suponer que los estamos comercializando en Medio Oriente. Si logramos engañar al brujo rumano, la victoria en esta guerra será nuestra…

-¿Te estás divirtiendo tanto como yo, Enrico? –preguntó el Mayor y se puso a cantar y bailar como un enajenado-. ¿Escuchas ya mi canción de la victoria? Un coro mezclado de agonías y llantos… Pronto sonará fuerte la melodía de la guerra y nadie será capaz de interrumpirla… Dirigiré los instrumentos que tocarán al son de mi batuta… ¿Escuchas el sonido de los vientos y las cuerdas de la orquesta? Tocan para sostener la guerra contra eternos enemigos… Más guerras, más batallas… Para la próxima guerra y también para la que siga a ésa y para la siguiente… Me voy a divertir mucho, mucho, Enrico… eternas guerras…

Y el mayor se retiró bailando, cantando y hablando solo por los pasillos del Hindenburg III.


-Te dije que eran anginas, te avisé que te ibas a contagiar –le recordó Alucard a su afiebrada ama sentado al borde de la cama de la líder de Hellsing sosteniendo en su mano una taza de té para su señora esposa-... ¡Pero no!, ella insistió en que "es emocional, es emocional" –e imitó la voz de Íntegra-… ¡EMOCIONAL YO!, ¡HABRÁSE VISTO ALGO TAN RIDÍCULO!...

-Es emocional, Alucard –insistió tercamente la líder de Hellsing-; también en mí... Alexandra no respondía los llamados y sólo hubo un sobreviviente en ese torneo de tiro de flechas… Me preocupé mucho; llegué a pensar que había participado a escondidas de nosotros…

-Lo hubiera hecho si no hubiese salido con ese hombre –le aclaró Alucard.

-¿Con qué hombre? –preguntó Íntegra intrigada-. ¡Otra vez la has estado espiando!

-¡No puedo evitarlo! –se quejó el conde-. ¡Es más fuerte que yo!

-¡Dime ya mismo lo que sabes, esclavo! –le ordenó su esposa.

-Te cuento –obedeció él solícito-: La mera existencia de ese torneo me daba mala espina, y me enfermaba que la ingrata de mi Alexita me hubiera puesto filtros para que yo no pudiera seguirle los pasos con mi caldero… ¡Pero a papá mono con bananas verdes!; tomé caminos colaterales de indagación que no serán tan precisos pero que me dieron una idea aproximada de la gravedad de la situación…

-Basta de preliminares, Alucard y ve al grano –lo instó Íntegra.

-No he podido descansar tranquilo desde que el año pasado mi "detector de hombres alexapeligrosos" pronosticó "alto riesgo de romance en un torneo"- confesó el conde.

-Eso lo sabemos todos –admitió Íntegra-. Has estado insoportablemente celoso con la chica desde ese momento, le has hecho la vida imposible siguiéndola a sol y a sombra…

-¡Pero todo solucionado gracias a que Alexita me puso sus dichosos filtros! –exclamó feliz Alucard-. Los caminos colaterales de indagación calderística indicaron cierta imprecisión en la predicción anterior: el hombre con alto riesgo de romance en realidad iba a "salvar" a mi nena de un torneo alexapeligroso… ¿Comprendes la diferencia, Íntegra? Me pareció oportuno dejar que el destino obrara como tenía previsto en lugar de interferir para evitar que mi nenita participara en ese maldito campeonato de tiro…

-Saca en conclusión que deberías confiar en el destino más a menudo –observó Íntegra.

-¿Confiar yo con lo incrédulo que soy? –objetó el conde-. ¡Imposible! Sólo "pongo las manos en el fuego" por ti, mi ama… ¡Ni siquiera confiaría en nuestra hija con lo mucho que la quiero!… ¡Fíjate que si hubiera "puesto las manos en el fuego" por Alexita, estaría chamuscado y lleno de ampollas! ¡Y lo peor sería que mis guantes habrían quedado negros en vez de blancos!

-¡Exagerado! –exclamó Íntegra.

-Son puntos de vista –observó el conde-. Pero debo admitir que confiar en el destino me alivió en esta ocasión…

-Lo que te alivió y curó fue el ibuprofeno del Dr. Argento –decretó Íntegra.

-Error –la corrigió Alucard-. Lo que alivió mi dolor de garganta fue aceptar la conveniencia de que ese individuo indigno al que tenía "atragantado" saliera con mi hija A CAMBIO de que me la cuidara del peligroso torneo. Lo que curó mis anginas fue que hicieras el amor conmigo en mi inmortal ataúd… El ibuprofeno no tuvo nada que ver.

-Alucard, ¿tú sabías que ese torneo iba a ser tan peligroso? –le preguntó Íntegra.

-Una cacería de cazadores –respondió el conde-. El mayor de Decenium está intentando colocar los microprocesadores que manejan esos robots en el mercado armamentista de medio oriente y necesitaba mostrar su peligrosidad… Supongo que cambiará el programa que imita ataques de animales por otro que imite ataques de vampiros; pero serán apenas burdas copias de sus soldados vampiros reales que fabricó con el microchip inventado por el doc… Los robots son inferiores; sin embargo puede obtener buen dinero con ellos pues seguramente serán letales donde planea venderlos…

-¿Por qué no me advertiste lo que sucedería en el torneo? –le preguntó Íntegra-. Podríamos haber evitado la masacre.

-Estaba escrito que así sería, Íntegra –le confesó Alucard-. ¡Palabra de brujo que cuando algo sale así en el caldero es inexorable! Por eso preferí no intervenir y dejar que el individuo ése saliera con Alexita y me la salvara del peligro como previó el destino… ¡Total hay tiempo de sobra para envenenarlo y quiero disfrutar del placer de planificar su lenta agonía…!

-¡No puedo creerlo, Alucard! –se indignó su esposa-. ¿Cómo puedes planear matarlo si él salvó a Alexandra? Cualquiera que proteja a mi hija merece vivir; ese hombre ya me está cayendo bien antes de conocerlo…

-Pues a mí no –replicó el conde-. Además es muy joven; tiene veinte años.

-¿Y eso qué tiene de malo? –preguntó Íntegra.

-De malo nada –explicó Alucard-; sólo que es algo muy raro, rarísimo… porque a la nena le gustan los hombres de mediana edad como yo y éste es una excepción… En realidad que sea de su generaión es una buena noticia porque la relación NO PUEDE FUNCIONAR; ella se va a aburrir como de costumbre porque su joven alma busca el alma de un hombre mayor… Debería relajarme y "let it be", pero no sé por qué no puedo… Contra toda lógica de brujo oscuro, algo me dice que el tipito ese se va a terminar quedando con mi niñita…

-Estoy acalorada, Alucard –lo interrumpió Íntegra sugerentemente-. ¿No piensas hacer algo al respecto, sirviente? ¿Me dejarás así en este estado tan lamentable, pudiendo aliviarme?

Se hizo un silencio.

-Usted sabe que estoy incondicional y gustosamente a su servicio, ama –le explicó Alucard-, pero no sería más indicado que usted se curara antes de… sus anginas… Tú sabes: yo te contagio, tú me contagias, nosotros nos contagiamos…

-Sí, Alucard; sé conjugar el verbo "contagiar" y por si no lo hubieras hecho adrede, te aviso que te salteaste a la tercera persona del singular –le indicó ella con sorna y luego gritó con una voz ronca que se desprendía dolorosamente de su irritada garganta-. ¡COMPLÁCEME YA MISMO, ESCLAVO! ¡ES UNA ORDEN!

-Sus deseos son órdenes para mí, ama –replicó el conde con una sonrisa de satisfacción en los labios-. ¡Adoro las anginas, Íntegra! Realmente te sientan de maravilla.

Y se entregaron a contagiarse mutuamente con indudable dedicación y placer.


¡Hola amigos! He hecho entrega de un nuevo capítulo y éste no ha sido triste… Oh, ¿por qué tendré tantos cambios anímicos? (¿Inestable yo?, NUNCA)

Unas palabras a los reviewistas de… "En el episodio anterior de SINGHELL":

Sircj: Notarás que la condición de Walter, indudablemente "el más sexy de hellsing para ti", ha suscitado gran preocupación generalizada. ¿De verdad pensabas que te sellaban al mayordomo así como así, hecho "un mar de hormonas" como dice Amane Amy y con un coeficiente de 14 años? Mayrae considera que a Walter le falta pagar aún más por su falta y estoy de acuerdo en que tiene que expiar de algún modo sus terribles culpas… ¿Te parece que diez años seguidos con catorce años de edad serán castigo suficiente por su traición? Tendrá que aprender nuevamente a preparar el té; pero ¡mira el lado positivo! Descubrirá el amor, algo que tenía olvidado desde su más tierna adolescencia.

Amane Amy: Luna también derramó sus lágrimas vampíricas de sangre y coincide contigo en que quería que su papá Argento la cuidara y jugara eternamente con ella a los lobitos en el bosque… ¡Pobrecita!, necesita consuelo y Merlín está en esa edad estúpida en la que la gente se cree grande y no quiere jugar… Muchacho desalmado… Ya lo va a agarrar Alucard…

Mayrae: Tu depresión y agonía por los inconvenientes con el disco duro me han conmovido hasta hacerme llorar. Murió, falleció, finalizó su exigua existencia. ¿Fue súbito o lento? ¿Sufrió mucho y decidiste practicar eutanasia con él, o lo asesinaste de un puñetazo en un intempestivo ataque de frustración cuando no pudiste abrir el archivo tan necesitado? Habrás notado que las compus tienen vida virulentamente enfermiza y deciden suicidarse justo cuando uno más las precisa. Te doy mi más sentido pésame y felicitaciones por haber salvado tus materias a pesar de la tragedia… ¡Admirable lo tuyo!… Pasando a tus comentarios, ¡YO TAMBIÉN QUIERO UN HANS!; tan buen lobo, callado, servicial y con un alto grado de honor… ¿Por qué no abundan en este bosque cruel?... MISTERIO… Respecto a Alucard, el conde tomó nota de tus sugerencias e intentó convencer a Merlín antes de su partida a Argentina… Le indicó todo lo relativo a tus sabias palabras respecto a tomarse todo el tiempo del mundo para regresar… o mejor aún para no volver nunca jamás en su vida: eso de que un año no es tiempo suficiente para resolver todos los problemas familiares de los Argentos, que tan hermoso país merece ser conocido a fondo, al igual que México, ¡que VISITE MÉXICO! porque había estado tan de chiquito que seguramente no se acordaba, que lo recorriera de sur a norte y de este a oeste permitiéndole a Luna disfrutar a sus anchas… ¡Nada, che! El brujito lo escuchó en silencio, asintió y después hizo lo que se le dio la real gana… o sea lo que tenía pensado desde el principio… ¿Qué hacer cuando se tiene un discípulo tan poco complaciente?... El conde insiste en la conveniencia de envenenarlo.

Bueno, amigos, espero que les haya gustado el capítulo. No olviden de dejar reviews y ¡Hasta la próxima entrega!