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Aquél lugar, a pesar de estar cerca de la feria, parecía desierto.

- Me gusta cómo se ven desde aquí. ¡Y no hay nadie! ¡Quizás sea un lugar secreto!

- … - Dió un tirón para que la soltara la mano.

- Ah… e-esto siento haberte traído hasta aquí de repente. Yo quería verlos contigo fuera como fuera. Son preciosos, ¿no crees?

- … Sí…

- Ha sido divertido venir todas juntas… pero el año que viene, preferiría que vinieramos las dos solas.

- Oye Yuzu… - Se puso la mano encima de donde tenía el anillo colgando.

- ¿Nh?

- Démonos un beso. Aquí y ahora. - Mirándola fijamente.

- ¿Aaah? - Gritó sorprendida. - ¿A-aquí? ¡Alguien podría vernos! - La morena cerró los ojos molesta.

- Ya estoy harta… - Girando la cabeza al lado contrario y mirando hacia el suelo. - Siempre buscas alguna excusa para evitarme.

- ¡¿Qué?! No es justo que digas eso… - Dejando caer la bolsa que llevaba al suelo. - Y-yo también… ¡quiero besarte! ¡Tonta! - Se acercó a ella y la besó. El ruido de la feria y los cohetes se desvaneció. Era como si solo existieran ellas dos. Cuando se separaron y volvieron a la realidad, la rubia echó a andar. - ¿Volvemos? Las chicas deben de estar preocupadas. - Cuando se dirigía donde las demás de nuevo la morena la agarró de la manga del yukata, haciéndola girar.

- No es suficiente… - La rubia la miró con una mezcla de miedo y confusión, se soltó del agarre y salió corriendo.

- Vo-voy tirando.. ¡Me vuelvo con ellas!

La morena se quedó atrás, viendo perpleja como su pareja huía de ella. Llevó de nuevo la mano al colgante del anillo. Sintió un enorme dolor en el pecho. ¿Qué era eso? ¿Por qué la dolía tanto? Tras unos minutos se recompuso. Cuando iba a ir con las demás chicas una voz tras ella la llamó.

- Mei Aihara.

- … - Se giró y vió a la compañera de clases de repaso de su hermanastra. - ¿Senpai Shiraho?

- Más allá de la pena que me dé…- Caminó hacia la chica más joven. - hay algo que quiero preguntarte.

- … - Esperó a que continuara hablando.

- Desde el día que te vi, no he dejado de pensar en ti. El sentimiento de querer conocerte se hacía más grande cada día que pasaba. Pero por algún motivo, no fui capaz de leer tu mente y mis días de sufrimiento continuaron. Entonces conocí a Yuzupon y conseguí la oportunidad de acercarme. Creí que lo de estar bajo tu influjo había terminado… - Comenzó a llorar. - Pero por algún motivo, cuanto más te entiendo mayor es mi sufrimiento. Respóndeme Mei…

- … - La miró sorprendida, no esperaba ver llorando a alguien de la familia Shiraho.

- ¿Qué es lo que tanto me obsesiona de ti?

- Uhm… - Llevó la vista al suelo. Cerró los ojos mientras se llevaba la mano al pecho. - Llevo una temporada intentando averiguar qué es lo que seduce a mi corazón… y ahora gracias a ti, lo he encontrado. Tú… - Abrió los ojos para mirarla de frente. - Estás enamorada de mí.

- Fa-fascinante… - Comentó sorprendida, dejando de llorar. - Es muy fascinante, Mei Aihara. ¿Cómo puedes decir algo así tan abiertamente delante de la persona que está interesada en ti? Yo siempre he pensado que no parecías humana… ¿eres una especie de diosa?

- Yo soy…- Volvió a mirar al suelo. - simplemente una chica.

- Seguro que esa parte de ti, es la que ha conseguido enamorarme.

- … - Suspiró y cuando se disponía a marcharse, Suzuran la detuvo.

- Mei Aihara, ¿podrías quedarte un rato más? Te acompañare a casa.

- Las demás… - Fue interrumpida rápidamente.

- Llamaré a Yuzupon para que no se preocupen.

- Haa... está bien.

La mayor de las chicas sacó el móvil y llamó a la rubia. - Ah, ¿Yuzupon? Ahora mismo estoy con Mei Aihara. Hay algo de lo que quiero hablar con ella a solas. Dile a las demás que nos marchamos las dos juntas. - Colgó. Se quedaron las dos en silencio. Mei notaba como la otra chica la examinaba atentamente. A decir verdad tuvo una sensación parecida toda la noche. Pero ahora parecía más intenso, ahora entendía porque la gyaru estaba tan nerviosa. Por fin habló. - Nunca había conseguido leerte, eras un gran misterio. Últimamente, había notado algún pequeño cambio, pero esta noche vi varias grietas en ti. ¿Se debe a que tu corazón fue cautivado por algo? ¿Es por Yuzupon?

- Sí.

- Ella… ¿Te dió el colgante al que has estado aferrandote toda la noche?

- Sí.

- Ya veo… ¿Cuanta gente sabe lo vuestro? - La miró curiosa.

- Mmm Himeko, lo intuye y Matsuri lo sabe de seguro. Y ahora, tú.

- ¿Nadie más?

- Hay dos chicas más, que conocimos en el viaje a Kyoto, ellas nos ayudaron a sincerarnos y comprendernos tanto a nosotras mismas como a la otra.

- Interesante, un amor secreto entre hermanastras. - Se pusó la mano de forma extraña delante de la cara.

- Volvamos ya, no quiero que se preocupen por volver tarde. - Dijo cambiando de tema.

- De acuerdo.

Volvieron caminando en silencio. Shiraho mencionó llamar a sus hermanastros para que las llevaran, a lo que Mei se negó. Al acercarse a su bloque, vio que la luz de su habitación estaba encendida. "Ella está esperando" pensó mientras suspiraba. Se despidió de la chica que la acompañaba y entró al edificio.

- Estoy en casa. - Entrando en el recibidor.

- Bienvenida, Mei. - Se escuchó una voz desde la habitación.

- … - Entró a la habitación y se encontró con su hermanastra de frente, ya cambiada y sentada encima de la cama a lo seiza. Se dirigió al escritorio a dejar su bolsa.

- Como se hacía tarde, estaba pensando en ir a buscarte.

- Creo que te he dejado claro que volvía con la senpai Shiraho.

- Bueno… sí, pero… yo… siento haberme ido de golpe cuando estábamos viendo los fuegos artificiales.

- No tienes que disculparte. - Dándole la espalda. - Eso ya da igual. Cambiando de tema, ¿podrías ayudarme a soltarme el pelo?

- Sí… - La morena cogió un cepillo y se le pasó a la rubia, luego se sentó a un lado de la cama. Mientras la otra chica la peinaba, ella comenzó a quitarse el obi. - Oye, Mei. Cuando has dicho que no era suficiente…

- … Ese tema ya lo he resuelto. - Sin esperarlo, la mayor de las Aihara la abrazó desde atras. - Suéltame, Yuzu.

- No quiero. Yo también quiero asegurarme de algo contigo. Cuando me has dicho que no era suficiente, he pensado que significaba que besarnos no te bastaba. Sinceramente, me ha puesto de los nervios. Sin embargo si es contigo - Se aferró aún más. - creo que sería capaz de hacer otras cosas contigo. ¿Tú que piensas?

- …

- … - La soltó poco a poco.

- A-ahora… - Girándose mientras luchaba contra el rubor y tapándose la cara con la mano. - Besarnos estaría bien… - Yuzu, puso una mano sobre el hombro de la otra chica, haciendo que terminara de voltear y con la otra apartó la mano que tenía tapándose la cara. Y la besó. La intensidad se incrementó, la rubia empujó a la morena, tumbandola sobre la cama y colocándose encima. - Espera, Yu- - La mayor se apartó de la boca y empezó a besarla el cuello, dejando algunas marcas. - ¡Yuzu! Ya nos hemos besado. ¡Para! - Agarrandola de los hombros y separandola.

- No es suficiente...

- ¿Eh?

- Llevo todo el día aguantándome las ganas de estar a solas contigo… ¡No es suficiente! - La más joven se sorprendió. No solo de que la otra chica pasara de evitarla a tomar la iniciativa. También de que parecían sentirse igual. - ¿Te parece bien que nos besemos entonces?

- Haa… sí.

Al día siguiente, al mirarse al espejo, notó algunas marcas en su cuello. Suspiró pesadamente. Ahora debería usar pañuelos o camisas con cuellos lo suficientemente altos para tapar aquel chupetón.

Salió un momento a comprar unos libros. Cuando volvió su hermanastra estaba viendo la televisión abrazada a un peluche.

- Estoy en casa.

- Ah, Mei. Bienvenida a casa.

- … - Miró atentamente a aquella fresa, algo que la rubia notó.

- ¡Oh! ¿No es lindo? ¿Quieres sostenerlo? - Ofreciendolo.

- No. Últimamente ha habido un aumento de objetos extraños como ese en nuestra habitación. ¿Puedes hacer algo al respecto?

- ¿Qué? ¡Pero si son lindos!

- No quiero hacer contacto visual con ellos.

- ¿Huh? ¿Qué tal este? - Señalando uno de los peluches.

- No quiero eso en la habitación.

- ¿Entonces este? - Señalando otro.

- Haaa... ahora se que tus intereses no tienen ningún valor para mi. - Guardo todos los peluches en una bolsa. - Van directos al armario.

- ¡No es verdad! Tiene que haber algo que te parezca bonito. - Dijo haciendo un puchero. - ¡Ah!

- ¿Qué?

- Lo que creo que es lo más lindo, eres tú, Mei.

- … - Volvió a mirar los objetos arrojados a la bolsa. - Terminemos esta conversación.

- ¿Eh? ¿Por qué?

Ignorando por completo las quejas de Yuzu, guardó los peluches en un lugar donde no poder verlos.

Pasaron unos días. Su madrastra no iba a estar para la cena, y decidió salir a comprar algo de comida. De repente y sin previo aviso comenzó a llover. Así que se resguardo debajo de un toldo esperando a que escampara. Otra chica apareció para cubrirse también. Era ni más ni menos que Taniguchi. Al salir no se quitó el anillo, pues pensaba que no se encontraría con nadie conocido. Ahora tendría que esconder su mano izquierda.

- ¡Eh! ¡Presi! - Por acto reflejo intentó guardarse el teléfono.

- Eres libre de usar tu móvil fuera de la escuela.

- Ah… eso es verdad. ¿También estás refugiandote de la lluvia?

- Ah… sí.

- … - La incomodidad de la castaña se incrementaba poco a poco.

- …

- Este calor repentino es asesino…

- Lo es.

- ¿Fuiste a algún lado, presi?

- Sí.

- Ya veo.. - La chica comenzó a mirar el teléfono y a escribir en el. - ¡Me iría al infierno! - Gritó de la nada.

- ¿Eh?

- Lo siento estaba hablando conmigo misma. - Guardando el móvil.

- … ¿Puedo preguntarte algo?

- Claro.

- Cuando Yuzu está contigo, ¿qué tipo de conversaciones soléis tener?

- ¿Qué tipo de conversaciones solemos tener? ¿Por qué preguntas eso?

- … No hay ninguna razón.

- Bueno, solo hablamos de cosas estúpidas. Sobre dietas o nuevos dulces.

- Ya veo.

- ¿Y tú presidenta? ¿De qué hablas con Yuzu en casa?

- … No hablamos de nada en particular.

- Ya veo…

- …

- Sabes, sino fuera por Yuzu, tal vez nunca nos habríamos hablado en estos tres años.

- Es cierto.

Pasaron el rato en silencio, como dijo la chica más alta, sin Yuzu no tenían nada que hacer. Incluso con Mizusawa tenían más afinidad. Se quedaron mirando al vacío pensando en sus cosas hasta que de la nada salió una rubia gyuaru. Sorprendiendo a ambas chicas, que no se habían dado cuenta de que había dejado de llover.

- ¡Heeeey! ¿Porque están ahí las dos?

- ¡Yuzucchi! Te ves como un ángel, Yuzucchi.

- …

- ¿De qué hablas, Harumin?

- No, no es nada.

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