Esta historia contiene una trama relacionada al incesto y a la violación, por lo que podría ser sensible para algunas personas.


El viaje hacia la estación fue en su mayor parte silencioso, el oficial al volante únicamente se limitó a cerrar mi puerta con rudeza, manteniendo una actitud imparcial en todo el camino. La estática de la radio lograba distraerme a ratos; asesinatos sin resolver, robos en tiendas cuyo perpetrador seguía prófugo. Ahora yo era uno de ellos. El simple hecho me hacía querer vomitar.

— Aquí Weselton con la sospechosa — noté que hablaba de mi persona, quise acercar mi cuerpo hasta la ventanilla pero las esposas me impedían cualquier acción —. No mostró resistencia al arresto.

— ¿Qué hay de la hermana? — una voz femenina se dio a escuchar por el comunicador.

— Probablemente sea llevada a servicios sociales; ya es mayor de edad pero debemos descartar algún trauma emocional o forcejeo físico.

¿Anna en un centro de ayuda? ¿Qué le harán, qué le dirán? ¿Le impedirán verme por los años que pasaré en este lugar?

Al llegar me hicieron despojarme de todas mis pertenencias en una pequeña sala para luego tomar cada una de mis huellas y plasmarlas en un pequeño trozo de cartón. La tinta negra manchó parte de mis zapatillas, dejando un rastro de cada uno de mis pasos al caminar.

— ¿Nombre? — una mujer robusta introdujo mis datos en un ordenador, no se dispuso siquiera a observarme, manteniendo la vista en la pantalla azulada titilante.

— Els... Elsa Gillespie — estaba dudando incluso de mi propio apellido.

— ¿Edad?

— Veinte.

— ¿Posee trabajo alguno? — negué con lentitud, los últimos años nos habíamos ingeniado bien con el dinero de la herencia.

— No, yo… No puedo hacerlo debido a mis estudios — no se mostró muy convencida pero tampoco quiso indagar más de lo necesario, sabía que alguien más se encargaría de ello.

Me encaminaron por un montón de salas más, cada una más surreal que la otra. Luego vinieron las pruebas de genética. Un hisopo áspero tomó muestra de mi saliva para guardarlo en conjunto con dos pequeños tubos con sangre, mis iniciales estaban escritas en rotulador marrón.

Luego de lo que creí horas llegué finalmente al pabellón de reclusos, abriéndome paso entre hombres alcoholizados y cocainómanos, acusados de violencia familiar y alguna que otra prostituta. El guardia me empujó hasta la celda, desapareciendo luego de pasar la llave y hacer callar a los que profesaban alabanzas desagradables relacionadas con mí físico.

Me alivió la idea del poder estar sola, no soportaría compartir el lugar con alguien más. El lugar era apenas de un pequeño recinto de 2x2, había espacio suficiente para una cama y un lavabo el cual parecía no haberse limpiado en años. El olor a putrefacción llegaba al grado de el no poder respirar.

Apoyé mi cuerpo contra la pared, los gritos de los demás prisioneros se combinaban con los sollozos de sus familiares. Al menos ellos tenían a alguien con quien pasar sus penurias. Había una pequeña ventana que solo pude notar al deslizarme hasta el piso, no era lo suficientemente grande para que la luz natural iluminara la sala pero sí como para indicar el paso del día a la noche. Tres barrotes oxidados impedían la huida hasta el exterior, algo completamente innecesario debido al ancho del cristal, pero que sin duda no parecían haber detenido al anterior ocupante.

Todo parecía suceder a gran velocidad, y de la misma manera en que me habían encerrado sin problemas me indicaron que pronto iba a ser llevada a la sala de interrogación. Me ofrecieron disponer de la presencia de un abogado más yo no quería involucrar a nadie más en toda esta situación. Era más que capaz para valerme por mi misma.

— ¿También van a hablar con Anna? — no obtuve respuesta, supuse que de haber hablado iba a confirmar mis dudas.

El interrogatorio era como estar en una de las tantas sesiones con Kai, la ansiedad y el nerviosismo flotaban en el aire, combinándose junto al sudor que se acumulaba en mi sien. Una simple mesa amarillenta me separa de dos oficiales frente a mí, sus nombres están grabados en su placa pero mi vista parece nublarse antes de siquiera tratar de leer. Detallo el hecho que me observan con asco, como si mi delito fuese comparable a un homicidio de primer grado. Ambos se encuentran demasiado cerca, lo suficiente como para estar incomodada.

— Di... ¿disculpe? — los sonidos se disipaban en mis oídos, impidiéndome escuchar con claridad. No había escuchado en lo absoluto sus palabras, como si no se dirigieran a mi persona.

— Anuncié que esta entrevista será grabada y registrada — solo en ese momento noté una pequeña grabadora sobre la mesa —. ¿Tiene algún problema con ello?

— N... No — como si hubiese elección.

Uno de ellos presiona entonces el interruptor para luego leer en voz alta el número del caso seguido de la hora y la fecha. Lo siguiente que hace es presentarse.

— Quien le habla, Detective Hans Westergard. A mi lado, el Detective Olaf Arnalds. Frente a nosotros la acusada. ¿Quiere identificarse por favor?

¿A quién le habla? ¿A otros oficiales? ¿El juez o jurado del caso? ¿Anna tendrá que verme tropezar con mis palabras y cada uno de mis movimientos erráticos? Rodeo mi pecho con mis brazos.

No. No pienses en eso ahora.

— El... Elsa Gi... — mi voz era débil y desigual— Elsa Gillespie.

— ¿Sabes por qué estás aquí, Elsa? — Hans parecía ser el líder de todo el interrogatorio, dejando a Olaf como un simple testigo. Su cabello era de un tono rojizo, un poco más oscuro que el de Anna, y sus ojos verdosos evitaban verme por más tiempo del necesario.

— Sí.

Guardé silencio esperando a que alguno de mis verdugos hablara hasta que un simple ladeo de cabeza me indicó que debía proseguir.

— Por... Por abusar de mi hermana menor — mi boca se llenó de un sabor amargo, la bilis acumulada en mi estómago amenazaba con salir. Froté mi rostro mientras veía como murmuraban entre sí; no podía dejar de pensar en Anna, en que quizás estaba asustada aguardando por mi regreso frente al pórtico, con sus brazos rodeando sus piernas y las lágrimas deslizándose por sus mejillas.

— ¿Dónde estaban sus padres cuando ocurrió todo esto? — por primera vez dudé en hablar acerca de la ausencia de mis padres, no tenía la certeza de si su muerte empeoraría toda la situación.

— Ellos murieron... — aclaré mi garganta — Fallecieron hace 3 años.

— ¿Se valió de su ausencia para aprovecharse de su hermana?

— ¡No! — mis manos golpearon con brusquedad la mesa — ¡Eso no sucedió! Yo jamás... Anna... Yo...

Me desplomé en la silla incapaz de enfrentar la situación, las luces fluorescentes hacían que toda la escena pareciera surrealista, sacado de alguna película de acción; suspiré escuchando como la grabadora regresaba la cinta, dándome algunos segundos para escuchar mis declaraciones con claridad. No lograba reconocer mi voz en la grabación, tampoco asimilaba mi reflejo en el cristal que dividía las dos salas. Mi característica trenza estaba despeinada, los mechones caían sobre mi frente impidiéndome la visión, mi pálida piel me hacía lucir anímica y los cortes en mis muñecas empezaban a arder. Me rasco sin delicadeza por sobre el material de mi camiseta llamando notablemente su atención. Sin duda había abandonado mi sentido de pertenencia hacía ya mucho.

Antes de proseguir me piden que hable sobre los antecedentes de mi vida. Mi fecha de nacimiento, el transcurso de mi escolaridad, la relación con mis padres antes de su muerte; cuestionan incluso mi salud mental y entonces hablo de cada una de mis citas con Kai. Quizás creen que solo un psicópata sería capaz de tal acción. Admito que yo misma causé las heridas en mis brazos, sintiendo escalofríos al ver como escribían tendencia a auto mutilarse en grandes letras rojas.

Al cabo de unos minutos empiezan las preguntas sobre Anna, limitándome a responder contando únicamente los hechos normales de nuestra vida.

Menciono la noche en que murieron nuestros padres, la forma en que Anna actúo al enterarse y la depresión con la que tuvo que afrontar los siguientes tres meses. Hablo de sus calificaciones, de cada una de sus actividades extra-curriculares y sus horarios de escuela. Me abstengo de mencionar su falta de amigos en los últimos años y el hecho de que yo era su única interacción social.

Finalmente, luego de que Hans escribe una y otra vez en su libreta, hace la pregunta que temía escuchar. Noto cierta repugnancia en su voz.

— ¿Cuándo fue la primera vez que hubo algún tipo de contacto inadecuado con Anna?

No sabría responder con seguridad su pregunta. Todo empezó en ese ático, no sabía lo que hacía, no comprendía el inmenso daño que nos hacía a las dos. No había sido la victimaria, siempre la víctima.

Pero también estaba el otro lado de la historia, el que siempre me esforcé por ocultar. Había sobrepasado la línea la noche en que empecé a ver a Anna en una forma más allá del puro amor fraterno, cuando imaginé su cuerpo reaccionando a mi tacto. Me había convertido en el monstruo que siempre odié y aunque lo negase, lo cierto era que yo era la única culpable de ello.

— Responde — mí silencio se había extendido más de lo requerido. No sabía formular ninguna oración, me sentía indefensa, expuesta ante el mundo que siempre traté de evitar.

El primer contacto fue nuestro beso la noche luego de que tuvo su cita con Kristoff. ¿Debía mencionarles eso? El beso me había tomado de sorpresa y al mencionarlo sabía que inculparía a Anna en todo esto. Debía protegerla y para lograr eso necesitaba mentir, tergiversar la naturaleza romántica de nuestra relación para hacerme quedar como un ser enfermo y despreciable.

— No… No logro recordar — todo empezó a desmoronarse la semana de su cumpleaños, ¿o fue antes de que eso ocurriese? No tenía noción alguna de las fechas y todos los eventos estaban distorsionados y borrosos. Sabía con exactitud lo que quería decir y hacer, pero mi mente decidió no procesar mis acciones —. Hace tres ¿semanas? No… No salgo mucho de casa, t-todos los días son iguales. No sé…

— Reportes de vecinos indican que en las últimas dos semanas se han escuchado gritos y discusiones provenientes de su casa, la última de ellas tuvo como consecuencia la huida de Anna en una forma descrita como "desesperada y con indicios de haber estado llorando" — hojeó su libreta en busca de más información —. El oficial indicó que al momento de apresarla dio la orden para investigar la casa, encontrando a Anna en su habitación y con varias heridas físicas. ¿Admite usted que no solo abusó sexualmente de ella sino que se valió de su fuerza para obligarla a cometer dichos actos?

— ¡Yo jamás maltrataría a Anna de esa forma! — sentí como mi cuerpo sucumbía al cansancio. Necesitaba pensar, calmar un poco mis emociones para seguir con esto.

— ¿Entonces cómo explica la causa de su huida y de sus heridas? Se hace daño a usted misma, ¿quién nos asegura que está en su completo raciocinio al tratar a los demás?

— Estábamos discutiendo y... Discutíamos casi siempre pero todo volvía a la normalidad. Ella no quería escucharme, y-y la obligué a...

— ¿La obligaste? ¿A qué te refieres con eso?

— ¡No! Yo no le hice nada malo, solo quería que me escuchara y…

Mi voz fue callada por mi llanto, deslizándose por mis mejillas hasta gotear en la mesa. Solo quería que esto acabara, quería regresar a casa o en su defecto pudrirme tras las rejas por lo que hice. Quería ser feliz, quería tener una familia.

Quería a Anna. Quería como nunca a Anna.

Empecé a golpear mi cabeza contra la mesa, mis uñas arañaban mi cráneo y mi llanto hacía todo menos cesar. Estaba desesperada, nunca creí verme involucrada en todo esto y de todas las consecuencias de nuestra relación el estar acusada por abuso sexual nunca fue una de ellas. Debí incomodarlos al llorar en tal magnitud pues ambos se alejaron unos centímetros para decidir cómo abordar mi reacción y lograr que me calmase.

— Déjame a solas con ella — el detective Arnalds se dignó finalmente a hablar —. Ve y tómate un descanso.

La puerta se cerró tras Hans y la ausencia de su persona me hizo respirar con un poco de tranquilidad.

— ¿Elsa? — me estremecí al sentir como Olaf se arrodillaba a mi lado. De cerca se veía como una persona joven, tres o cinco años mayor que yo, y aunque el peso de cada caso podía notarse en su rostro no dejaba de portar una cálida sonrisa — ¿Quieres mucho a Anna?

No respondí, aunque moría de ganas por hacerlo.

— Hace unos minutos fue interrogada en otra estación — peinó su cabello ennegrecido hacia atrás —. ¿Estás segura que no tienes nada más que contarnos?

Guardo silencio.

— Anna comentó lo que tu padre les obligaba a hacer cuando eran pequeñas, la presunta complicidad de tu madre y el que aceptó tener una relación consensuada contigo por ser tú su único apoyo. ¿Es eso cierto?

Siento como todo el aire que retenía se escapa de mi cuerpo. Solo puedo sentir los latidos de mi corazón en mis oídos. ¿Les dijo la verdad? Olaf debió notar cierta sorpresa en mi mirada.

— Todo esto complica más el asunto — hace un ligero ademán que me indica guardar silencio —. Verás, el incesto es ilegal en este estado y el hecho de que sean dos chicas aumenta la pena hasta incluso diez años de prisión. El juez puede considerar el historial previo de abuso infantil como un desencadenante de todo esto, lo que rebajaría en cierto punto la condena pero lo más seguro es que apenas sean unos pocos meses.

Mi cuerpo se congeló al escuchar sus palabras. Anna iría a prisión… No, ella no puede. Toda su vida acabaría si la llevan a ese lugar, sus sueños, su vitalidad. No puedo permitir que arruinen su vida de esta manera. Pronto siento como mis mejillas se humedecen nuevamente.

— ¿Y si admito que sí abusé de ella? — mi estómago se contrajo — Ella no puede ir a ese lugar. Déjenla libre, llévenla a terapia si quieren pero no la encierren por mí culpa.

Mi culpa. Todo había sido siempre mi culpa. El dejar que papá me tocase y no decirle a nadie, el no haber protegido a Anna todos estos años, el alegrarme por la muerte de mis padres en ese accidente, el haberme enamorado de mi hermana, el haber profanado mi cuerpo al flagelarme a tal nivel…

— Eso ya depende de cómo lo vea el juez — me extendió un pañuelo para secar mi rostro —. Hay un sinfín de posibilidades de aquí al juicio.

Olaf dio por acabado el interrogatorio mientras apagaba la grabadora y le pedía a un guardia que me escoltase a mi celda. Lavé mi rostro y brazos en el lavabo, y me acurruqué en la desgastada cama dispuesta a pasar la noche en vela. El juicio sería temprano por la mañana.

Aún había mucho que esperar.


Un capítulo largo, sin duda el más largo que he hecho hasta ahora. ¡Ya casi nos acercamos al final! Espero les haya gustado y por favor dejen un review, eso me anima a seguir escribiendo. Decidí añadir a Olaf en una forma humanizada porque siento que es muy tierno y él y Hans juegan al policía bueno - policía malo (además había visto un vídeo de Josh Gad cantando una nueva canción del corto de navidad y me dije ¿por qué no añadirlo en este capítulo?).

Gracias por leer :)

Reviews:

Una persona mas: Hacer sufrir a la gente es mi especialidad, qué puedo decirte. Espero te guste el capítulo y ¡gracias por leer!