¡Por fin lo terminé! Realmente este capítulo ha costado lo suyo, hace tiempo que no me tardaba tanto escribiendo un solo capítulo. Puede ser porque estoy pensando en las cosillas que quiero cambiarle al nuevo capítulo de "Terrorista" (que ya está listo, pero como no me convence del todo, no lo publicaré aún). A pesar de todo (incluyendo que mi cerebro está frito después de escribir esto) estoy contenta con el resultado final.
Advertencias: (intento de) contenido erótico. Voy empezar a llevar esta historia a su conclusión, de lo contrario seguirá ahí eternamente (cuando escribí el 10 tenía pensado terminarla en 30, pero a como van las cosas, no creo que lo logre, posiblemente se extienda varios más). El drama habitual (¿o un poco más?). Sousuke, nuestro tsundere favorito (tengo que ir quitándole lo tsundere, pero eso tomará todavía un poquito más).
Enjoy!
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Blow my… mind
Volvía a repetirlo, el rostro serio del médico no podía vaticinar nada bueno. Por un momento quiso pensar que el padre de su capitán era así de serio por naturaleza, pero el pesimismo que lo invadía no hacía más que repetirle que todo se había acabado, que su debut universitario no podría ser en ese torneo. Podía escuchar el tic-tac incesante del reloj que adornaba la pared del consultorio; su respiración agitada, hasta el sonido que hacían las hojas de papel al rozar una contra otra en manos del médico que, sin temor a exagerar, tenía el destino de Makoto en sus manos. Tragó saliva y apretó los ojos un momento, entonces sintió una mano posarse sobre la suya. Cuando levantó la mirada se encontró con la sonrisa de Aimaru. Sonrió también y fue entonces cuando el padre de Aimaru continuó.
—Tienes los tendones del hombro bastante inflamados, pero el daño no es irreparable, no te preocupes —Makoto expulsó todo el aire que había estado conteniendo y se echó para atrás en la silla —Sin embargo, lo recomendable en estos casos es guardar reposo al menos durante dos semanas —¡dos semanas!, no podía estar hablando en serio. ¡El torneo estaba a la vuelta de la esquina! —Pero, si eres tan terco como Aimaru —continuó —he de suponer que no vas a obedecerme.
—Makoto es nuestra esperanza para superar a Waseda este año, papá —intervino Aimaru —No podemos ganar sin él —por un momento pensó que el capitán estaba exagerando un poco, pero supuso que se trataba de un intento por convencer a su padre —Si pudieras recetarle algo para el dolor…
—Lo haré, por supuesto. Y aún en contra de mi voluntad, te daré un medicamento más fuerte para que tu hombro pueda soportarlo. Sin embargo, deja que te advierta lo siguiente, Makoto-kun: luego del torneo deberás guardar reposo total, además, vendrás al consultorio para terapia física. No podemos permitir que un descuido acabe con tu carrera como nadador. ¿Estamos de acuerdo?
—Sí, doctor. ¡Muchas gracias, de verdad! —exclamó Makoto, emocionado —Prometo no volver a excederme con el entrenamiento —el médico esbozó una ligera sonrisa.
—Estoy seguro de que Aimaru no dejará que te vuelvas a exceder de esa manera. Créeme, he visto morir el sueño de muchos, no quiero ver uno más, mucho menos el del kohai de mi hijo. Entonces bien, puedes recoger el medicamento en la farmacia —le entregó un trozo de papel con la receta —Debes guardar reposo total durante estos tres días. Escucha bien, Makoto, es muy importante. Si no lo haces, puede que no seas capaz de nadar.
—Lo entiendo, lo haré. De nuevo, muchas gracias —se despidieron del Dr. Nitori y salieron del consultorio mucho más relajados.
—¡Ah, la tensión me estaba matando! —replicó entonces el mayor —Demonios, no sé por qué mi padre siempre tiene que ser tan dramático. En fin, me alegro de que no se tratara de un daño irreversible. Creo que tendré que estar más pendiente de ti a partir de ahora —añadió, pasándole un brazo por encima de los hombros. El gesto tomó por sorpresa a Makoto, ya que no estaba acostumbrado a ver a Aimaru actuar de esa formar tan afectiva. Sin darle mucha importancia, Makoto se dejó guiar por los pasillos. Luego de recoger el medicamento se dirigieron a la universidad. Al castaño le tocaba ahora enfrentar a su entrenador.
Cuando llegaron a la universidad, Makoto, con mano temblorosa, llamó a la puerta. No había prácticas ese día, pero el entrenador Shimabukuro estaba sentado en la silla detrás de su escritorio, rodeado de papeles con gráficos, números y anotaciones. El hombre estaba dando un último vistazo a los datos de las otras universidades y terminaba de ajustar la alineación. El entrenador alzó la vista en cuanto vio aparecer a los dos nadadores. Makoto dio un paso al frente, sintiéndose intimidado y perdiendo todo el valor que había reunido en el camino, en cuanto sus ojos se encontraron con la mirada penetrante de su entrenador. Era como si él ya lo supiera. ¿Sería posible?
—Entrenador Shimabukuro, yo… —Makoto inclinó la cabeza y Aimaru lo siguió.
—¡Todo esto se debió a un descuido mío, entrenador! Si va a reprender a Makoto, tendrá que reprenderme a mí también, después de todo se supone que supervisara su entrenamiento y…
—Bueno, no es como si no lo hubiese sabido ya —dijo —Vamos, levanten la cabeza los dos —obedecieron, pero ninguno de los dos era capaz de mirar al entrenador a los ojos. Eran como dos niños esperando la reprimenda de su padre —¡Makoto!
—¡Sí, señor!
—Tu imprudencia podría costarte no sólo este torneo, sino tu carrera como nadador profesional. Espero que estés consciente de que bien podría dejarte fuera del equipo para el relevo —el castaño agachó la cabeza —Podría estar cometiendo el mismo error otra vez, pero no soy capaz de impedírtelo. Vas a nadar, pero acatarás las órdenes del viejo Nitori después de eso, ¿entendido?
—¡Sí, señor! —respondió.
—Un momento, entrenador, ¿acaso mi padre…?
—Me ha enviado los resultados de los exámenes de Makoto. Sabía que algo andaba mal desde hace varios días; por un momento quise creer que se trataba de mi imaginación, pero entonces lo consulté con el viejo Nitori. Supuse que tarde o temprano Makoto terminaría en su consultorio, así que le pedí que me mantuviera informado. Es muy conveniente, eso del correo electrónico. Como sea, Makoto, ve a casa y descansa, no más prácticas para ti. ¿Lo has entendido? —el aludido volvió a asentir con la cabeza —Créeme que si no obedeces me daré cuenta. Aimaru, necesito discutir contigo algunas cosas, ¿podrías esperar un momento?
—Claro, entrenador.
Makoto se despidió del entrenador y el capitán y se encaminó a su apartamento. Una sonrisa de alivio y satisfacción se dibujó en su rostro por fin. Sentía como si se hubiese quitado un gran peso de encima. Enseguida sacó el teléfono y tecleó un mensaje rápido. Tenía que avisarle a Sousuke que todo había salido bien. Bueno, bien dentro de lo que cabía, pues estaba seguro de que tendría que enfrentar las consecuencias de su imprudencia más adelante. Y es que mantenerse alejado del agua luego del torneo iba a ser una tortura para él. Pero lo soportaría. Porque ahora tenía un sueño que perseguir. Un sueño que había empezado como el "seguir los pasos de Sousuke" y ahora se había convertido en el suyo propio, en un sueño que quería alcanzar porque nadar era lo que lo llenaba de felicidad.
Segundos después llegó la respuesta a su mensaje. Una respuesta que lo hizo sonreír tontamente.
Vamos a celebrarlo esta noche. Tengo que ir a casa y terminar un par de cosas, pero después soy todo tuyo. Tenemos esa enorme casa para nosotros solos hoy.
Esos pequeños gestos del serio Sousuke eran los que lo llenaban de alegría. Los que lo hacían sentirse querido. Los que le hacían olvidar la nube de inseguridad que, de vez en cuando, se cernía sobre su relación. Volvió entonces a su apartamento para terminar un par de tareas que tenía pendientes, vio la televisión un rato y luego se dio una ducha rápida antes de partir al que era su segundo hogar. Dado lo ansioso que estaba por ver a Sousuke, el trayecto se le hizo eterno. No sabía por qué se sentía tan inquieto, quizás tenía algo que ver con lo que había sucedido entre ellos en su propio apartamento. Sólo podía sonrojarse al recordar la forma en la que se habían besado en la cocina. Tan intensamente que casi se había olvidado del dolor en su hombro.
Cuando llegó a la residencia, introdujo la llave en la cerradura y empujó la puerta. Escuchó el sonido del televisor y encontró a Hayato enfrascado en una caricatura acerca de un superhéroe calvo que lo hacía reír a carcajadas. En cuanto el pequeño reparó en su presencia, corrió a su encuentro y lo abrazó. Makoto se sentó junto al más joven mientras este le explicaba de qué iba la caricatura. En ese momento, Miho entró en la sala.
—Ah Makoto, qué sorpresa. No sabía que ibas a venir, iba a llevar a Hayato al club de natación; Goro organizó unas actividades especiales para niños y mujeres embarazadas, ¿te gustaría acompañarnos?
—¡Ah!, bueno, en realidad hoy… —se rascó la cabeza, nervioso. Miho soltó una risita y le guiñó un ojo.
—Entiendo. Bueno, tienen la casa para ustedes dos —Makoto sintió su rostro enrojecer —Sou está en su habitación, llegó temprano y se encerró a terminar algunas cosas del trabajo. Ni siquiera comió, pero quizás tú puedas convencerlo para que lo haga. Nosotros nos vamos yendo —le tendió a Hayato una pequeña mochila —Nuestros padres salieron a cenar. Hace tiempo que no dedicaban tiempo para estar solos, así que los fastidié hasta que me hicieron caso y reservaron una mesa en ese extravagante restaurante marroquí que abrió el mes pasado.
—Ya veo, me alegra escuchar eso —dijo.
—Vámonos, Hayato —el niño tomó la mano de la mayor de los Tachibana —¡Que se diviertan! —Makoto lanzó un suspiro cuando escuchó la puerta principal cerrarse. Miho en verdad era única.
Ahora bien, Sousuke. Se quitó la chaqueta y ascendió por las escaleras que llevaban al segundo piso. Pasó enfrente de la habitación de Chigusa. Ah sí, hace tiempo que no veía a Chigusa. Había escuchado algo de Sousuke que ella estaba saliendo con un chico, pero no sabía mucho más. Había estado tan consumido en la universidad y los entrenamientos – y pensando en Sousuke – que no se había pasado mucho tiempo por la casa. Tendría que saludarla luego. Cuando llegó frente a la puerta de la habitación de Sousuke se sintió extrañamente nervioso, pero llamó a la puerta tímidamente. Escuchó un "adelante" y empujó la puerta. Sousuke todavía llevaba la camisa de vestir y la corbata desacomodada. Tenía la vista fija en la pantalla de su portátil y ¿llevaba lentes? Sousuke volteó el rostro para mirarlo y sonrió. Makoto se sonrojó, el más alto se veía condenadamente bien con lentes.
—¿Qué pasa, te comió la lengua el gato? —Makoto salió de su trance al escuchar la voz del otro.
—Ah… no… e-es sólo que… bueno, no sabía que usabas lentes —Sousuke se quitó entonces los lentes y los colocó sobre el teclado de la computadora, levantándose para estirarse.
—No suelo hacerlo, pero he pasado tanto tiempo enfrente de la computadora que mis ojos comenzaban a sentirse cansados. Supongo que después de todo me veo extraño. O eso piensa Chigusa, dijo "te ves como el tutor personal de un manga que leí hace tiempo", aunque no sé a qué se refería.
—Te ves… muy bien. P-Pero no deberías usarlos fuera de la casa —Sousuke se puso enfrente de él y arqueó una ceja.
—¿Por qué? —Makoto desvió la mirada y comenzó a juguetear con sus manos. Después de todo la cercanía de Sousuke sí que lo ponía nervioso. Tragó saliva y se armó de coraje para verlo a los ojos.
—T-Te ves d-demasiado sexy —soltó, sintiendo que dentro de poco iba a echar humo por las orejas —N-No quiero que nadie más t-te vea a-así… —sintió la mano de Sousuke en su barbilla y pronto sus ojos estaban clavados en los orbes verdeazulados del otro. Sousuke rozó los labios de Makoto con los suyos pero no lo besó. En cambio le susurró al oído:
—¿Tienes alguna fantasía rara con los lentes, Makoto? —el cuerpo del más bajó se tensó, al tiempo que negaba frenéticamente con la cabeza. No quería que Sousuke pensara que era un pervertido o algo así —Porque yo sí —soltó y fue hasta eso momento que Makoto se dio cuenta de que tenía la espalda pegada a la pared. En otras palabras, estaba acorralado entre la pared de la habitación y el cuerpo de Sousuke —Me gusta el look intelectual sexy que tienes cuando usas tus lentes en la universidad.
—¿Eh? ¿Cómo es que tú…? —el más alto sacó el celular del bolsillo y le mostró una fotografía. Recordaba ese momento, estaba en clase de anatomía. Tenía la vista fija en la pizarra, el libro abierto frente a él y jugueteaba con un lápiz —¿De dónde sacaste esa foto? —Sousuke frunció el ceño, como si le molestara recordarlo.
—Me la envió Chigusa. Parece que la hermana de su novio lleva la clase de anatomía contigo. Según me dijo, la chica está totalmente obsesionada contigo —el de ojos verdes se quedó mirándolo, extrañado —"Makoto-kun esto, Makoto-kun lo otro, Makoto-kun es tan amable" —dijo, imitando una vocecita chillona de mujer —O al menos eso dice Chigusa, según ella, siempre que se encuentran le pregunta por ti.
—Oh me pregunto de quién se tratará, no hay muchas chicas en mi clase de anatomía.
—¿Por qué pareces tan interesado? —preguntó Sousuke, pegando su cuerpo más al de Makoto.
—Ah, no, yo sólo… ¡Auch! —¿Sousuke acababa de morderlo en la clavícula? ¡Un momento! ¿Cuándo le había quitado los primeros botones de la camisa? —¡Sousuke! —el aludido depositó un beso en la zona que ahora comenzaba a enrojecerse para después besarlo en los labios. Fue un beso rápido, pero que lo dejó alucinando.
—Olvídate de lo que acabo de decirte, no quiero tener que lidiar con tu club de fans, así que es mejor que permanezcas ajeno a lo que sucede a tu alrededor. Concéntrate en la natación.
—¿Club de fans?, debes estar bromeando —contestó —No es como si fuera popular o algo parecido. Sabes que no se me da bien hacer amigos. Además… —el rugido del estómago ajeno interrumpió su explicación. Poco después Makoto estalló en carcajadas. Sousuke se apartó, sonrojado.
—Oye, oye, no tienes que reírte tanto —replicó, avergonzado.
—Es cierto, Miho me dijo que no has comido nada —habló de nuevo cuando finalmente fue capaz de controlar su risa —¿Quieres que te prepare algo? ¿O quizás prefieres que pidamos algo? ¿Se te antoja algo en particular? —Sousuke asintió lentamente con la cabeza, con un brillo extraño en los ojos —Bueno, ¿qué quieres comer?
—A ti —después de soltar esa frase tan cliché, Sousuke empujó a Makoto hasta la cama. El más bajo se sorprendió cuando el cuerpo de Sousuke se puso sobre el suyo. Una mirada depredadora era lo que veía Makoto en Sousuke. La mirada de un cazador acechando a su presa. ¿Quizás quería terminar lo que habían empezado en su cocina? Estaba nervioso, pero se moría porque Sousuke lo tocara y por tocarlo él también.
Empezaron por un beso. Uno de esos tan característicos de ellos, sensual y húmedo. Siguieron las caricias por encima de la ropa. La corbata cayó al piso, los botones de la camisa de Makoto volaron, dejando su torso descubierto. Sousuke rompió el beso para recorrer aquel pecho definido con su lengua. Detuvo su atención en uno de los pezones, logrando que Makoto se retorciera debajo de él. Makoto no sabía por qué, pero se sentía increíblemente sensible. O quizás es que nunca había consciente de que sus pezones eran tan sensibles. Los dedos de Sousuke apretaron el otro pezón, provocándole una nueva oleada de placer. Sus labios volvieron a encontrarse y Makoto aprovechó el momento para quitarle la camisa y dirigir sus manos al cinturón. Su timidez parecía haber quedado a un lado, dándole paso a un lado salvaje que ni él mismo se conocía. Cuando los dedos del más bajo rozaron su intimidad endurecida, Sousuke soltó un gruñido. Makoto cayó en la cuenta de que no estaba actuando como él mismo y se llevó las manos al pecho, sintiéndose totalmente abochornado.
Sousuke le apartó las manos y entrelazó sus dedos con los de él, llenando de besos su rostro antes de que una mano se escurriera para comenzaran a soltar el botón del pantalón. Mientras las atenciones de la boca de Sousuke regresaban a su abdomen, su mano se encargaba de deslizar el pantalón lenta y tortuosamente. Makoto había comenzado a soltar soniditos vergonzosos, por lo que intentó cubrirse la boca con la mano, sin embargo Sousuke se lo impidió, sujetando sus manos esta vez por encima de su cabeza. Sousuke levantó el torso para mirarlo a los ojos. Esos hermosos y brillantes ojos verdes y esas mejillas sonrojadas lo volvían loco. Pero no era suficiente. Quería tocarlo más, sentir más, pero por encima de todo, quería hacerlo sentir bien, devolverle un poco de todo el cariño que Makoto siempre tenía para él.
—S-Sousuke… —oh, música para sus oídos. Demonios, quería escucharlo más.
Compartieron un beso más antes de que la mano de Sousuke se posara sobre el miembro de Makoto. Otro gemido más se le escapó y estos fueron en aumento cuando Sousuke comenzó a masajearlo un poco más rápido. Ah, se sentía condenadamente bien y la mente de Makoto se estaba quedando en blanco. El toque era lento, delicado, pero Makoto estaba tan sensible que estaba seguro de que se correría en cualquier momento. Apretó los ojos y se mordió el labio cuando sintió un toque frío sobre su… no podía ser, ¿acaso Sousuke estaba…? Los ojos verdes de Makoto se abrieron contemplando asustado cómo la mano de Sousuke se cerraba alrededor de su erección. Sus manos habían quedado libres pero no era capaz de ordenarles que apartaran a Sousuke. Se moría de vergüenza, sí, pero por todos los cielos, ¡que no parara!
—¡A-Ah! —avergonzado, se tapó la boca con las manos. Su espalda se arqueó cuando el pulgar de Sousuke le acarició la punta —¡S-Sou… ah!
—Vamos, no tienes que contenerte, déjame escucharte, Makoto —sus mejillas enrojecieron más. Ahora ambas manos se habían cerrado alrededor de su miembro. Líquido pegajoso comenzaba a brotar. Se avergonzó del poco aguante que tenía, pero miró a Sousuke por fin, suplicándole que lo dejara correrse. La sonrisa en el rostro de Sousuke se ensanchó, cuando notó que sus dedos se cubrían con el líquido blanquecino. Sin embargo era claro que, a pesar de estarse retorciendo por sus caricias, Makoto se estaba conteniendo. De repente sintió la imperiosa necesidad de hacerlo gritar su nombre.
Soltó el trozo de carne endurecido como roca. Makoto lo miró con gesto interrogante. Sousuke no estaba pensando dejarlo así, ¿verdad? ¿Es que quería que lo hiciera él mismo? Pero el más alto no hizo nada, no se movió, sólo se quedó mirándolo con una sonrisa socarrona. Ah demonios, Makoto estaba tan duro que dolía. Pero el gesto de Sousuke era indescifrable. ¿Tal vez era una de sus fantasías verlo masturbarse? Ah genial, ahora estaba pensando como un pervertido. Intentó hablar pero la voz no le salió. Sousuke le abrió un poco más las piernas, sacándole los pantalones y la ropa interior y arrojándolos al suelo. La mano temblorosa del de ojos verdes titubeó un momento. Todo su cuerpo se estremeció cuando sus propios dedos rozaron su carne. Sousuke seguía mirándolo con esa sonrisa.
Comenzó a tocarse, tratando de imitar la forma en la que Sousuke lo había hecho, sin embargo hacérselo él mismo no se sentía ni siquiera la mitad de bien. Con Sousuke mirándolo se sentía más nervioso y por ende sus manos se movían de forma más torpe. Con la mano libre retorció uno de sus pezones, apurando la "liberación" que tanto estaba deseando. Sentía que estaba cerca. Ah sí, se sentiría mucho mejor cuando finalmente lo lograra. Ah, casi, ya casi. Estaba tan cerca. Podía sentir cómo sus dedos comenzaban a humedecerse. Pero…
Sousuke lo había sujetado de las manos, aprisionándoselas una vez más. Makoto lo miró con reproche, pero Sousuke no dijo nada. En cambio se ubicó entre sus piernas. Makoto se estremeció cuando sintió el aliento caliente cerca de su piel hinchada. Sus ojos se abrieron como platos cuando se dio cuenta de lo que iba a pasar a continuación. Un grito le rasgó la garganta cuando la boca de Sousuke se cerró alrededor de su intimidad. Primero la punta, luego llevando más y más carne al interior de su boca. Makoto podía sentir cómo los dientes le rozaban la carne, cómo la boca de Sousuke se movía rítmicamente y cómo su hábil lengua lo torturaba. Inconscientemente sus caderas comenzaron a embestir la boca ajena.
Sousuke. Sousuke. Sousuke. Su nombre se le escapaba entre gemidos que cada vez se volvían más escandalosos, más obscenos. Y eso a Sousuke le gustaba. Demonios estaba tan excitado que su propio miembro rogaba por ser liberado. Pero eso sería después. Ahora estaba concentrado en hacer sentir bien a Makoto. Las manos de Makoto tiraron del cabello ajeno. Estaba a punto de correrse, si Sousuke no se quitaba iba a… pero en cambio Sousuke continuó con el movimiento de forma insistente, hasta que la mente de Makoto se quedó sólo con la sensación de profundo placer que lo invadía.
Por. Todos. Los. Dioses. Makoto arqueó la espalda y se aferró con fuerza a las sábanas sin acordarse en qué momento sus manos habían quedado libres. Una mezcla de gemido, grito y maldición se le escapó cuando finalmente se corrió. En la boca de Sousuke. Ay no. De inmediato comenzó a volver en sí. Apenas y podía respirar y la cabeza todavía le daba vueltas, pero vio cómo Sousuke se tragaba… eso y se limpiaba los restos con la lengua. Su mente comenzó a procesarlo todo a gran velocidad y sólo atinó a ponerse de medio lado, ocultando el rostro en la almohada. Total y completamente avergonzado.
—Vamos, déjame verte —dijo Sousuke, tratando de quitarle la almohada que ahora aferraba con fuerza —Quiero que tus ojos me digan si lo hice bien —¡más que bien, demonios!, pero estaba demasiado avergonzado para mirarlo a los ojos. Es que, ¡se había corrido en su boca! —Anda Makoto, no seas así —repartió besos por su hombro y cuello. Makoto rió y lentamente se volteó, pero todavía no era capaz de mirarlo. Sólo quería que lo tragara la tierra —¿Se sintió bien? Aunque la forma en que gritabas y gemías podría ser una buena respuesta, quiero escucharlo claramente de tus labios.
—¡E-Eres un tonto, Sousuke! —exclamó, lanzándole la almohada. Quedando descubierto por fin, Sousuke se apoderó de sus labios. El sabor salado se coló en su paladar. Rindiéndose, rodeó el cuello de Sousuke con sus brazos, buscando profundizar el beso —N-No t-tenías que… tragar… eso. Yo… ¡en verdad lo siento! Tenía que haberme contenido, debió haber sido muy desagradable.
—Nada que venga de ti es desagradable —contestó, manteniendo su frente unida con la de Makoto.
—P-Pero…
—Makoto —Sousuke tomó el rostro de Makoto entre sus ojos —yo te a…
—Sousuke, ¿tienes un momento? —esa voz. El cuerpo de Makoto se quedó paralizado. Sousuke chasqueó la lengua, enfadado por la repentina interrupción.
—¡C-Chigusa! —exclamó Makoto, tapándose la boca cuando se dio cuenta de que casi había gritado —S-Sou…
—Relájate, no voy a dejarla entrar —murmuró por lo bajo mientras se incorporaba y se acercaba a la puerta.
—Oh, ¿ese era Makoto? ¿Podrías dejarme pasar para saludarlo? Ha pasado un tiempo desde la última vez que nos vimos.
—Tal vez porque últimamente no tienes demasiado tiempo para nada que no sea ese chico, ¿cómo se llamaba?, ¿Tanaka?
—¡Es Takeuchi! —replicó —Como sea, te llegó una carta de la Universidad de Tokio, ¿puedes abrir para dártela? —vio que Makoto ya se había limpiado y sólo estaba terminando de ponerse los pantalones —¿Sousuke?
—Ya voy, ya voy —la chica entró y sonrió ampliamente al ver a Makoto. Le tendió el sobre a Sousuke antes de arrojarse hacia Makoto y envolverlo en un abrazo.
—¡Ha pasado mucho tiempo, Makoto!
—En verdad que sí —contestó el castaño, que todavía se sentía aturdido con todo lo que acababa de pasar —Luces aún más bonita. Parece que es cierto eso de que una chica enamorada luce más resplandeciente.
—Ah, no empieces, ya suenas como papá. Pero tengo que presentártelo, se llama Takeuchi Naoki y… —mientras Chigusa hablaba de su novio, Sousuke se escabulló para preparar la comida. El "ejercicio" lo había dejado aún más hambriento que antes.
Mientras abría el refrigerador en busca de ingredientes se puso a reflexionar. Si Chigusa no hubiera llegado… ¿qué era eso que iba a decirle a Makoto? Yo te a… ¿te qué? Yo te a… adoro. Yo te a… ayudo a limpiarte. Yo te a… ¿podía ser? ¿Podía ser acaso aquella palabra tabú compuesta por tres letras? ¿Eh? ¡¿Eh?!
S & M
Era tarde y su izakaya favorito estaba prácticamente vacío. Sousuke y Rin estaban sentados en la barra y sólo había un hombre más, que estaba sentado en una mesa cerca de la ventana. Una tonada de shamisen acompañaba el sonido que hacía el hielo al rodar por el vaso de vidrio. Se había encontrado allí con Rin luego de que este cerrara la tienda y no habían hablado mucho desde que llegaron. Ese silencio era común en ellos y no era para nada incómodo. De hecho Sousuke se sentía bastante relajado. Lástima que su amigo no supiera apreciar la belleza del silencio.
—Oye Sousuke —lo miró de reojo para que supiera que lo estaba escuchando —¿te pasó algo bueno?
—No realmente. Oh, pues recibí una respuesta de la universidad, si apruebo el examen me dejarán tomar algunos cursos virtuales. Es bastante conveniente para los momentos en los que tenga que viajar por el trabajo.
—A pesar de que son buenas noticias, eso no es lo que te tiene tan feliz, ¿verdad?
—¿Feliz? Estoy igual que siempre, Rin —pero el pelirrojo negó con la cabeza.
—No, no, escucha, te ves más relajado. Es como… ¡ya sé! Esa sensación de frescura que te deja una noche de sexo, ¡sí, eso es! —Sousuke miró a su amigo con gesto amenazante cuando escuchó la risita del bartender —Sousuke, ¡no me digas! —le pasó un brazo por los hombros —¿Te acostaste con Makoto?
—¿Qué? ¡Maldición, no! —apartó a Rin de un manotazo y se bebió todo el vodka del vaso de un solo trago —Deja de decir tonterías.
—¿No? —el pelirrojo lucía decepcionado —¿En serio?, porque a mí me parece que…
—¡No es de tu incumbencia, Rin! —replicó, enfadado —Demonios, ¿por qué tienes que ser tan indiscreto?
—Francamente creo que estás haciendo mucho drama. Digo, ¿qué tiene de mano tener sexo con la persona que amas? —ah. "La persona que amas". La persona que… ¿Quién? Miró a Rin como si a este le hubiera crecido de pronto otra cabeza —¿Qué hay con esa cara de idiota que tienes hoy? No es como si hubiera dicho algo raro.
—No es…
—Oh, ¿entonces no amas a Makoto? —ahí estaba de nuevo, esa palabra tabú. ¿Qué demonios? —¿Lo amas o no?
—Yo no… digo, lo quiero, sí, pero de ahí a decir que lo amo… —Rin rodó los ojos.
—Bueno, sigue diciéndote a ti mismo que sólo lo "quieres". Sigue engañándote, pero escucha, algún día la realidad vendrá para morderte el trasero. Deja de comportarte como un personaje tsundere y admítelo de una buena vez.
—No puedo admitir algo que no siento —su mejor amigo lucía escandalizado, por lo que se apresuró a añadir —O más bien algo que no sé si es lo que siento. Digo, hace tiempo olvidé lo que era "amar" a alguien. No es como si simplemente pudiera decirle "oye, Makoto, te amo".
—A ver, déjame ver si entendí. Te importa, —asintió —lo quieres, —volvió a asentir —estás loco por él —sin respuesta —¿pero no lo amas? —de nuevo Sousuke no respondió —Tu cabeza es un desastre. Y siento que esto se está convirtiendo en un ciclo interminable. ¡Ah, eres tan desesperante a veces!
Quizás Rin tenía razón. Quizás sí era un sujeto desesperante. ¿Significaba eso acaso que quería a Makoto, pero no lo suficiente como para definir ese sentimiento como amor? A veces sí que se sentía como un adolescente inmaduro. Por ahora le era suficiente tener a Makoto a su lado, verlo sonreír para él, conocer esa parte sensual que sólo le mostraba a él. Pero, ¿qué venía después de eso? ¿Adónde iba a llevarlos esa relación? Faltaría todavía un tiempo para que Sousuke se diera cuenta; para que, como Rin había dicho, la realidad llegara para "morderle el trasero".
S & M
Sus mejillas todavía se teñían de color carmín cuando recordaba lo que había pasado. Más bien lo que Sousuke había hecho por él. Se había sentido tan, pero tan bien. Nunca pensó que alguien pudiera hacerle sentir tanto placer. De vez en cuando se preguntaba qué se sentiría "llegar hasta el final". Probablemente sí se estaba convirtiendo en un pervertido y es que había llegado al extremo de "estudiar" material en internet. Manga yaoi. Eso del manga online era increíble para mantenerlo entretenido dado que no podía ir a practicar con los demás. Y más increíble aún eran esas osadas posiciones… ¿cómo podía una mujer dibujar algo así? ¿Podría algún día él intentar todas esas cosas con Sousuke? Ah demonios, sus pensamientos se estaban desviando de nuevo.
Se tendió en el piso de su apartamento, dejando a un lado el libro que, supuestamente, estaba usando para estudiar para el examen que tenía en una semana. No había forma en que pudiera concentrarse. No con el torneo tan cerca y la imagen de aquella noche revoloteando en su cabeza. Ah, moría por nadar un rato, pero estaba seguro de que si lo veían cerca de una piscina siquiera lo reprenderían. No podía arriesgarse a ser retirado del equipo de competición. Mientras rodaba por el piso intentando "enfriar" sus ideas, su teléfono comenzó a sonar. Número desconocido.
—¿Tachibana Makoto-kun? —esa voz se le hacía conocida, pero no podía recordar de dónde se le hacía familiar.
—Sí, habla Makoto.
—¡Ah, gracias al cielo! Habla Sasabe Gendou de Future Fish —ah sí, el hermano de Goro, el hombre del comercial —Miho-chan me dio tu número, espero que no te importe —iba a contestar pero el otro no paraba de hablar —Sé que esto es inesperado, pero necesito tu ayuda urgente, Tachibana-kun, ah, ¿está bien si te llamo Makoto? Bueno, el caso es que el presidente de la agencia vio el vídeo del comercial y quedó encantado con el actor improvisado que nos salvó el trasero ese día. O sea contigo. Quiere contratarte a toda costa. Pero ese no es el punto. Verás, vamos a grabar la publicidad para la nueva colección de una famosa casa fabricante de joyas. El tema es "noches de Arabia" —¿es que acaso estaba de moda? —Es problema es que el vuelo en el que venía uno de nuestros actores fue cancelado, así que no hay forma de que llegue. Sé que es mucho pedir pero, ¡por favor actúa en el comercial! ¡Será la última vez, lo prometo!
Makoto no contestó. Él no era de esas personas que simplemente podía ignorar a otro cuando le pedía ayuda, mucho menos cuando lo hacía de esa forma tan… desesperada. Por otra parte, actuar de nuevo no le hacía nada de gracia. Él no estaba hecho para eso. No tenía la mitad de encanto y carisma que podía tener el sujeto que se suponía era el actor principal, estaba seguro. A él le gustaba mantener un perfil bajo. Pero…
—Lo suponía, que era mucho pedir —Gendou volvió a hablar. Sonaba abatido —Bueno, no hay nada que hacer, tendré que decirle a los de arriba que al filmación se cancelará. Disculpa que te molestara, Makoto.
—¡E-Espere, Sasabe-san! —¿qué demonios estaba haciendo? —Lo… ¡lo haré! Sólo dígame en qué sitio será la grabación y también a qué hora debo llegar.
—¿Lo dices en serio? ¡Sí, lo logramos! —parecía que Gendou hablaba con alguien porque en cuanto Makoto dio el sí se escucharon vítores del otro lado —Bien, pasaré por ti en dos horas, envíame tu dirección en un mensaje de texto. ¿Todavía tienes mi tarjeta?, mi número de celular está ahí. En verdad me salvaste, Makoto. Entonces, ¡nos veremos más tarde! —y colgó.
—¿Qué fue lo que hice? —se preguntaba Makoto —Oh bueno, sólo será una vez más.
O eso era lo que él creía.
S & M
Makoto nunca había estado en esa parte de la ciudad. Ikebukuro no era un sitio al que necesitara ir, por lo que nunca le interesó demasiado. Edificios enormes y cubiertos de luces adornaban el paisaje. Ikebukuro era el sitio donde estaba la sede principal de la agencia de talentos Future Fish. Después de unos veinte minutos en auto, Gendou se detuvo enfrente de un edificio esquinero altísimo, de color gris, así como los edificios de oficinas que había cerca de la universidad. Cuando Makoto levantó la cabeza vio dos enormes pantallas por las que se pasaba un vídeo musical, seguramente de la cantante estrella de la agencia. Cuando entraron Gendou saludó a un par de mujeres que estaban en la recepción. Mientras se encaminaban a los elevadores, a Makoto le pareció escuchar algo que sonaba como a "futura estrella". No le dio importancia y entró al tiempo que su acompañante presionaba el botón con el número 10. Dentro del elevador había fotografías que hermosas mujeres y hombres apuestos. Estrellas de la agencia, supuso.
Cuando salieron del elevador caminaron por un pasillo cubierto con alfombras rojas, hasta que estuvieron frente a un par de puertas de madera. Gendou tocó la puerta y se escuchó un "adelante". La oficina a la que entraron tenía una apariencia extravagante. Muebles con tapices de cebra y leopardo, lámparas de lava, una cabeza de ciervo falsa. Sentado tras su escritorio estaba un hombre de cabello rubio largo, vestido con un traje de color púrpura. En una placa sobre su escritorio se leía "Hazuki Hikaru, Presidente". Porqué lo habían traído ante el mismísimo presidente, Makoto no tenía idea. Pero en cuanto el hombre lo vio, se levantó de su lugar y se dedicó a inspeccionarlo de pies a cabeza. Sus ojos recorrían cada centímetro de su cuerpo, haciéndolo sentir incómodo.
—¿Cuál es su veredicto, presidente? —el hombre miró a Makoto y luego a Gendou, levantado un pulgar en señal de aprobación.
—Perfect. Me alegra saber que aún tienes buen ojo, Gen-chan. Makoto, escuché que nos salvaste el trasero la última vez en Okinawa, tienes mi más profundo agradecimiento —añadió, inclinando la cabeza.
—¡Oh no, de verdad que no fue nada! —dijo —Me alegra haber podido ser de ayuda. Soy algo torpe, así que estaba preocupado por arruinarlo, pero fue una gran experiencia.
—Así que una gran experiencia —Hikaru miró su reloj —Casi es hora, lleva a nuestra nueva joya a maquillaje. Ah y dile a nuestro director que no se olvide de llamarme cuando vaya a empezar la grabación.
—¿Va a acompañarnos? —el rubio asintió con la cabeza —P-Pero es un comercial de treinta segundos, ¿de verdad cree…?
—La diseñadora es una vieja amiga mía, así que quiero asegurarme de que todo sale como ella lo quiere. Confío en que le hayas explicado a Makoto la dinámica para hoy.
—Ah, sobre eso, verá…
—Bueno, ya tendrás tiempo para eso mientras lo visten y maquillan. Anda, no quiero retrasos, sabes que tenemos que hablar acerca de los términos del contrato más tarde.
Makoto no entendía muy bien de qué iba todo aquello, pero siguió a Gendou hasta el elevador. Se detuvieron en el quinto piso y Makoto se vio arrastrado hasta un pequeño camerino donde rápidamente lo desvistieron y le colocaron ropas árabes. Pantalones bombachos de color blanco, un chaleco azul con detalles de oro. Muñequeras de oro, una gruesa gargantilla de oro sencilla. Un poco de maquillaje para resaltar sus ojos y estaba listo para entrar el set de grabación. Todo estaba decorado de una forma que le recordaba el cuento de Aladino. En el centro de la habitación había una gran manta de color rojo intenso, con una gran cantidad de cojines de colores repartidos por el piso. Pidieron a Makoto que se acomodara mientras llegaba su coprotagonista que, según escuchó, era uno de los actores más codiciados de la agencia.
—¡Ryugazaki-san acaba de llegar! —anunció el camarógrafo.
Ah, así que era él. Lo había visto en un par de doramas, era el famoso actor Ryugazaki Daisuke. De figura alta y esbelta, cabello azul eléctrico y unos penetrantes ojos de color aguamarina, Daisuke era una sensación entre las mujeres – y hombres – no sólo gracias a su apariencia, sino también a su encantadora personalidad. O al menos eso decían las revistas. Makoto vio a la maquillista acercarse a él para retocarle los ojos, mientras otro miembro del staff le acomodaba el turbante. Según le habían dicho, el papel de Daisuke era el de un sultán, mientras él era uno de sus fieles sirvientes. Eso explicaba por qué el otro llevaba el doble de joyas que él. En ese momento, Gendou se acercó con el libreto.
—Makoto, deja que te explique rápidamente de qué va esto. Verás, la diseñadora quiere destacar lo erótico y lo prohibido con este comercial, por lo cual el tema gira en torno a "el amor oculto entre el sultán y su sirviente". El sultán va a ofrecerle un collar a su amado, un tesoro de la familia real, forjado por el joyero más famoso del reino. Ah, Ryugazaki-san —Makoto levantó la cabeza al ver que el de cabello azul se acercaba.
—¿Eres Makoto-kun? —hechizado por la encantadora sonrisa ajena, Makoto no pudo más que asentir con la cabeza —Vaya, eres más lindo de lo que decía el presidente. Buen trabajo, Gendou-san, has conseguido un buen co-protagonista. Estoy seguro de que Madam estará complacida con el resultado.
—¡Comenzaremos en cinco minutos!
—¡El presidente Hazuki ya está en el set!
Daisuke se acomodó enfrente de él, mientras tres personas intentaban explicar al mismo tiempo el papel que le tocaba cumplir esa noche. Estaba aturdido y los nervios comenzaban a afectarlo, por lo que apenas había alcanzado a entender un distante "actúa tímido". Bueno, si eso era todo lo que necesitaba, no iba a ser muy complicado. Después de todo era tímido por naturaleza. Las luces se encendieron y la cámara se colocó en su lugar, cerca de los actores. Makoto vio de reojo al presidente, sentado junto al director del comercial. Daisuke le dedicó una sonrisa tranquilizante.
—Todo saldrá bien. Escuché que tienes un talento natural, sólo relájate y déjate llevar. Yo te guiaré —el castaño asintió con la cabeza y esbozó una pequeña sonrisa de agradecimiento.
—¡Y, acción!
Una musiquita árabe comenzó a sonar y antes de que Makoto pudiera hacerse a la idea, tenía el rostro de Daisuke muy cerca del suyo. Sus mejillas enrojecieron al instante cuando las manos de su compañero actor acariciaron su rostro. Ese gesto lleno de amor y ternura, cielos, ese hombre era un actor increíble. La primera reacción del castaño fue intentar desviar la mirada. Entonces vio que el peli azul tenía un hermoso collar dorado, adornado con rubíes y topacios, en la mano. Él se acercó para colocarlo alrededor de su cuello y, mientras lo ajustaba por detrás, sus rostros volvieron a juntarse. Sintió los labios ajenos rozar los suyos cuando Daisuke ladeó la cabeza. Un velo de color rojo translúcido cayó sobre ellos. Makoto escuchó aplausos y vio a Daisuke tendiéndole una mano para ayudarlo a levantarse.
—¡Bravo, bravísimo! —exclamó emocionado el presidente, que se acercó para abrazar a Makoto —¡Damas y caballeros, he aquí a nuestra nueva estrella! —otra ronda de aplausos. Makoto no comprendía del todo qué estaba sucediendo. De pronto alguien lo estaba halando para revisar la grabación.
El castaño estaba tan… ¿cómo podía describirlo?, sorprendido, en shock, desubicado… que no recordaba que todo eso hubiera pasado. Es decir, él podía recordar el collar, el "casi" beso, pero la escena que le estaban mostrando era digna de un cuento de las Mil y Una Noches. Una escena de amor que parecía tan real que asustaba. Su cuerpo debía haber reaccionado por sí solo, porque no recordaba haber puesto esas expresiones tan… condenadamente vergonzosas.
—Sólo me queda decir, ¡bienvenido a la familia de Future Fish, Mako-chan! —exclamó un emocionado presidente, pasándole un brazo por encima de los hombros —Aquí está tu contrato, ¿por qué no pasamos a la oficina para discutir los términos? Lo siento, chicos, la fiesta tendrá que esperar.
Un momento, ¿qué rayos estaba sucediendo? ¿Familia? ¿Contrato? ¡Que alguien le explicara qué estaba pasando!
S & M
—¡Listos! ¡Fuera!
Era la tercera carrera y sentía que el hombro se le despedazaba. Dolía, demonios, dolía mucho. Pero eso ahora no importaba. Esto era por lo que tanto se había esforzado. Y con eso se terminaba todo, ya su hombro podía descansar. Cuando salió del agua sólo escuchó vítores. Sus compañeros se arrojaron al agua y lo abrazaron. No entendía lo que estaba pasando, entonces Aimaru señaló el tablero. Los ojos se le llenaron de lágrimas.
Butterfly stroke – 200 metros – Varones
1 Tachibana Makoto Toudai
Makoto levantó la mirada y vio una mano extendida hacia él. Se restregó los ojos y parpadeó varias veces para asegurarse de que no estaba soñando.
—Buen trabajo, Makoto.
—Haru… —el castaño tomó la mano que le ofrecía su mejor amigo y salió del agua —¡Haru! —se abrazó a él, mojándole la camiseta con sus lágrimas. Haruka le acarició la cabeza, esbozando una pequeña sonrisa. Estaba orgulloso de Makoto.
—Makoto —el de ojos azules señaló hacia atrás. Sousuke estaba de pie junto al entrenador Shimabukuro. A Makoto se le iluminaron los ojos al ver el gesto de orgullo con el que su "hermano" lo miraba. Dio un par de pasos para acercarse a él, pero entonces…
—¡Mako-chan! —exclamaron un par de voces al unísono.
Un par de cabecitas rubias fueron a su encuentro. Hikaru y Nagisa, tío y sobrino; recién se había dado cuenta cuando Nagisa apareció para darle ánimos acompañado por el presidente de Future Fish. Ah sí, ahí estaba su recordatorio de que ahora era "empleado a tiempo parcial de la prestigiosa agencia Future Fish". ¿Cómo había sucedido? Bueno, la verdad es que era una historia bastante cómica.
Este capítulo se escribió gracias a todos los bonitos reviews y PM que he recibido últimamente. Gracias por el apoyo, a pesar de lo lenta que soy para actualizar.
