Disclaimer: Frozen no es de mi propiedad, lamentablemente. He tomado prestados a los personajes de esta bella película para esta historia :3.
Castillo en el aire
Epílogo 2: Fiesta de coronación.
Tomados de la mano, salieron del carruaje y se disponían a entrar en el castillo. No eran los únicos ahí, habían muchos dignatarios que ingresaban al enorme palacio.
–Con cuidado –dijo cierto pelirrojo, concentrado en su esposa.
–Hey, descuida, puedo caminar perfectamente –respondió la rubia, tratando de calmar al rey de Arendelle.
Hans trataba de protegerla lo mejor posible. La vio a los ojos para luego bajar la mirada hacia su abdomen notoriamente crecido. No solo debía cuidarla a ella, sino al futuro miembro de la familia.
–No te preocupes, estamos bien –complementó Elsa, tocando su vientre.
–Bueno, bueno, es verdad que a veces exagero –reconoció Hans, rascándose la nuca. Observó el carruaje del que acaban de salir –. Si que se demoran...
–¡Adelántense! ¡Los alcanzaremos dentro! –gritó alguien dentro del vehículo. Se trataba de Anna.
Elsa y Hans se encogieron de hombros y entraron en el castillo de Weselton.
–Fue una pena perdernos la ceremonia de coronación –confesó la reina de las nieves, aferrándose al brazo de su marido.
–No pudimos llegar a tiempo. Espero que Lizzy no nos mate por esto... Es una gran espadachín –opinó el isleño, levemente aterrado.
–El corte que te hizo en el brazo hace tiempo te ha dejado traumado, ¿o me equivoco? –dijo ella con tono humorístico.
El hombre comenzó a reír nervioso.
–C-Claro que no, son ideas tuyas. Aquella vez... solo me distraje –se defendió, desviando la mirada. No se percató de que se había sonrojado.
Luego de una buena caminata por el castillo, llegaron al salón del trono, donde hay una gran pista de baile, música alegre y deliciosa comida. Una fiesta digna para celebrar a la nueva reina de Weselton. Elise hace muy poco cumplió los 21 años, y fue coronada como gobernante del reino oficialmente el día de hoy. Lamentablemente un problema climático impidió de los arendellianos llegaran a tiempo para ver aquel suceso.
Pero bueno, al menos pudieron asistir a la fiesta.
Hans buscaba con la mirada a Lizzy o a John para hablarles. Hace años que no se veían o se contactaban. Elsa, por su parte, no quitaba la mirada de los alimentos que tenía en frente. Típico en una embarazada: Los antojos.
–Vaya, no has cambiado en nada –Hans escuchó una voz detrás de sí.
Al darse la vuelta, se sorprendió y la nostalgia lo invadió.
–¡John, amigo! –exclamó, mientras se acercaba a él –. Ha pasado tiempo...
–Sí... ¿Tres? ¿Cuatro años? Realmente extrañaba a mi mejor amigo –admitió.
–Es bueno escuchar "mejor amigo", al menos no he sido reemplazado –opinó, a modo de juego. Ambos rieron.
–¿Y dónde está Elsa?
Hans giró la cabeza para ver a su esposa, pero ya no estaba a su lado.
–E-Estaba aquí hace un minuto...
–Tranquilo, ahí viene –lo interrumpió John señalando a la rubia, quien volvía al lado de ambos hombres con una bandeja repleta de chocolates.
El antiguo maestro de Hans sonrió al ver el estado de Elsa.
–¡Oh, John, no puedo creerlo! ¡Es un placer verte después de tanto! –exclamó al darse cuenta de la presencia del hermano adoptivo de Lizzy.
–Igualmente, Elsa –dijo este, correspondiendo el saludo –. Enhorabuena por tu embarazo.
Antes de que la rubia pudiera agradecer el gesto, una fuerte voz llamó la atención de todos los presentes.
–Reina Elise de Weselton –anunció un mayordomo.
En el trono, que estaba levemente alejado de la pista de baile, apareció la mencionada. Hizo un saludo y los invitados hicieron una reverencia en su honor.
La chica rápidamente se percató de que sus amigos de Arendelle estaban cerca. ¿Cómo no verlos cuando Elsa destaca en el baile con un bello vestido de hielo? Se acercó a ellos rápidamente. ¡Cuánto los había extrañado!
–Oh por Dios, son ustedes –dijo al llegar con el grupo –. No los vi en la coronación... Creí que no vendrían.
–Tuvimos inconvenientes –dijo Hans, apenado por la situación –. Espero no te moleste.
–¡Para nada! ¡Me alegra que estén aquí! Ha pasado mucho tiempo... Incluso me apena que no hayamos mantenido contacto. La última vez que los vi fue el día de su boda, y eso fue hace casi cuatro años. ¡No he sabido nada de ustedes desde entonces! Pero... ¿Siri y Olaf no han venido?
–Prefirieron quedarse en Arendelle, pero ambos te mandan saludos –explicó Elsa. Lizzy se alegró al oír eso.
–Deberíamos escribirnos desde ahora. Es cierto que no podremos vernos todo el tiempo, pero el contacto por correspondencia servirá para que sigamos hablando luego de esta fiesta –opinó el pelirrojo. Lizzy y John se miraron y asintieron.
–Pues vaya, Elsa... ¡Estás embarazada! –exclamó la reina de Weselton llena de felicidad –. Es increíble, la última vez que los vi se estaban casando, y ahora... dentro de poco serán padres. ¡Es fascinante! Espero tengan un bebé sano.
Elsa se sonrojó ante el comentario. Ella y Hans compartieron una sutil carcajada.
–Agradecemos tus palabras de buena fe, pero nosotros... –la reina de hielo tomó la mano de su esposo – ya somos padres.
–¡Ya llegamos! –Anna interrumpió la conversación. Se unió al grupo junto a Kristoff y dos niñas que iban tomadas de la mano.
–Ven aquí, bebé –dijo Hans, refiriéndose a la niña pelirroja de ojos azules. Ella se acercó y el rey la cargo entre sus brazos –. Les presento a Hayley, nuestra hija.
John y Elise estaban más que encantados por conocer a la linda niña que es heredera al trono de Arendelle.
–¡Hola! –Hayley, aún siendo cargada por su padre, saludó a la gobernante de Weselton y su hermano agitando su pequeña mano.
–Es un placer, Hayley –dijeron ellos al unísono.
Luego su atención se centró en la otra niña. Era rubia de ojos marrones.
Lizzy se inclinó para quedar a su altura.
–¿Y tú, chiquilla? ¿Cuál es tu nombre? –preguntó amablemente.
No respondió. Puso una expresión de miedo antes de esconderse tras la falda de Anna.
–Oh, lo siento, es algo tímida –dijo la princesa de Arendelle –. Es April, hija de Kristoff y mía –le explicó.
–Ya veo –respondió, tratando de ver a la niña, pero ella no tenía intenciones de salir de su "escondite" –. Aún así, es un honor conocerte April.
Hubo silencio por su parte.
–Mi amor –Anna regañó a su hija –, saluda, estás frente a una reina...
–U-Un placer, m-majestad –tartamudeó April, incómoda por la situación.
Hayley le pidió a su padre que la dejara en el suelo. Al estar ahí, tomó de la mano a su prima.
–Papi, ¿podemos ir a jugar con los otros niños? –rogó la heredera de Arendelle, poniendo una tierna cara.
–Claro, pero quédense donde las veamos –dijo Hans, cediendo ante la súplica de su bebé.
–Diviértanse –habló Kristoff, sonriéndole a las niñas.
–Yo prefiero... ir a buscar algo para comer... ¡Como sándwiches! –interrumpió April, rompiendo las ilusiones de su prima.
–Bueno, un sándwich y luego iremos a jugar –ordenó la pelirroja.
–C-Claro... –y ambas princesas se alejaron. Una llevaba a rastras a la otra.
–Permítanme que lo diga, pero la actitud de April me sorprende un poco –opinó Lizzy –. Anna es muy sociable y tiene mucha personalidad... Me extraña que su hija sea lo opuesto.
Anna suspiró con pésame.
–Cuando Hayley era una bebé que apenas podía caminar y hablar, April salía a jugar con niños del reino. Lamentablemente un grupo la molestaba y la trataban mal... Incluso una vez le pegaron –la princesa se detuvo unos segundos –. Tardamos un poco en darnos cuenta de ello. Para cuando alejamos a esos niños de mi hija, ya era tarde. Ahora April es tímida con todos los desconocidos.
–Con Hayley no cometimos ese error –comenzó a hablar Hans –. Tuvimos más cuidado y nos preocupábamos sobre quiénes eran sus amigos, es por eso que tiene mucha más confianza en sí misma que April.
–Pobrecita –soltó Elise, conmovida por el relato de sus amigos –. Espero que ese trauma pronto lo supere. Además aquí hay muchos príncipes que son buena gente, de seguro hará buenos amigos.
–Eso esperamos también –confesó el rubio repartidor de hielo.
–Por cierto Lizzy, hay algo sobre lo que quiero preguntarte –dijo Hans, cambiando bruscamente de tema –. ¿Emilie aún está encerrada?
–Sí... Aunque hice lo posible para que la liberaran no fue suficiente. Estará varios años más encarcelada –contó ella.
–Al menos has hecho un trabajo magnífico con Martin –soltó John, posando su mano en el hombro de su hermana menor.
–¿Martin? –repitió la reina de las nieves –. ¿Cómo está él?
–No sabría explicártelo –declaró la chica pelinegra –. Me encargué de que conservara su título de príncipe ya que no merece perderlo por algo que no fue su culpa, y he sido como una segunda madre para él, pero no parece ser feliz. No tiene amigos, salvo Louis y algunos empleados del castillo, y siempre me cuenta que hablan mal de él por ser hijo de quien es. Me da mucha pena Martin... Ha sufrido tanto.
–Eso es muy triste –dijo Elsa, siendo sincera.
Hubieron unos segundos de silencio, pero Lizzy sonrió de repente.
–Bueno, pero no hay que apenarse. Estamos en una fiesta y hay que disfrutar. Espero que la pasen bien. Si me disculpan... tengo algo que hacer –dijo mientras comenzaba a alejarse.
–¿Vayamos a comer, Kristoff? El olor a chocolate me tiene enamorada desde que entramos.
Ni siquiera espero a que contestara. Anna tomó del brazo a su marido y se lo llevó hacia el festín.
–Yo también quisiera comer algo –dijo Elsa. Hans rio.
–Me extrañaba que no lo dijeras. ¡Hasta te comiste todo lo que había en la bandeja! ¡Glotona! –exclamó mientras le apretaba una mejilla a su esposa. Ella se quejó de dolor.
Ambos fueron a probar la comida.
Mientras tanto dos revoltosas iban de mesa en mesa para buscar sándwiches que comer, pero no encontraban en ningún lado.
–Ya olvídalo –reclamó Hayley, aburrida de la persistencia de su prima –. No hay sándwiches en esta fiesta. ¡Hay que ir a jugar con los otros príncipes! ¿Vamos, vamos, ¡vamos!?
La pequeña pelirroja tiraba del brazo de April con desesperación. La mayor rodó los ojos y asintió. No se le daba bien convivir con otras personas -todo lo contrario a su madre-, pero si de eso dependía hacer sonreír a su prima menor, haría el esfuerzo. ¿Qué tan terrible puede ser? ¡Solo son príncipes! ¡Ni que fuera a jugar con monstruos!
Como imaginó, no era nada del otro mundo, pero tampoco se sentía cómoda. Encontraba increíble que Hayley se desenvolviera tan bien si ni siquiera conocía a los chicos con los que jugaba.
Todos comenzaron a jugar a las escondidas. April ayudaba a su prima a encontrar buenos escondites: bajo las mesas, entre las parejas que bailaban, detrás de algunas plantas y cosas así. Pero April no se preocupaba de esconderse en lo más mínimo. Luego de un rato terminó aburriéndose y se alejó del grupo, tratando de no llamar la atención de Hayley.
Aún tenía hambre, y su estómago la delató.
A falta de ricos sándwiches, tomó un plato y depósito en él un trozo de pastel de chocolate. Luego de eso se sentó en un peldaño de la enorme escalera. Le dio una probada a su comida y se deleitó con el exquisito sabor. Lo que más adoraba en la vida eran los emparedados y los postres.
Casi le da un ataque cardíaco al notar que no estaba sola. Un niño un poco más alto que ella también se encontraba sentado en la escalera. Unos escasos metros los dividían.
El chico parecía triste, pero al sentir que era observado levantó la mirada hacia April con fastidio. Ante esto, la niña rompió el contacto visual y siguió comiendo su pastel.
"Que raro que no esté jugando con los otros príncipes", se cuestionó mentalmente. Luego sonrió ante la paradoja de la situación. "No eres la más indicada para pensar eso", respondió su mente.
Volvió a mirarlo, esta vez de manera más disimulada. No parecía estar disfrutando de la fiesta en absoluto. Incluso April se sintió levemente identificada, pues odiaba los eventos masivos.
Nuevamente el chico se percató de que lo estaban mirando. La pequeña rubia se incomodó al notar que fue descubierta.
–¡Ya deja de mirarme, niñita! ¡Apártate! –gritó, perdiendo la paciencia.
April se sorprendió ante tal actitud. Ni siquiera sus padres le gritaban así. Se sintió muy mal.
Por su parte, él se cruzó de brazos y giró su rostro para dejar de verla. Se mantuvo firme con sus palabras hasta que comenzó a escuchar a esa niña llorando.
Tragó saliva antes de ponerse de pie. Caminó hacia ella y se sentó a su lado.
–Oye... P-Perdona, no quise... –trató de calmarla, pero April cada vez lloraba más y más.
–¡Mamá, mamiiii! –exclamaba, esperando a que Anna la fuera a buscar y le regalara amor maternal para animarla, pero los dos niños estaban bastante alejados de la pista de baile y era imposible que alguien la oyese.
Al niño le entró el pánico. No quería lidiar con padres furiosos.
–Hey, niña, de verdad lo siento. Exageré con mi reacción. No debí gritarte.
April trató de tranquilizarse al oír tales palabras. Lo miró aún con lágrimas en los ojos.
Él buscó entre su saco un pañuelo. Lo tomó y se lo ofreció a April para que secara su rostro.
Lo aceptó gustosa y limpió lo húmedo de su cara.
–Gracias –dijo ella ante tan amable gesto.
–No me agradezcas, es lo menos que puedo hacer después de mi actitud –replicó el niño –. Te pido nuevamente disculpas, pero me sentí algo intimidado cuando me mirabas.
–Oh, es que me parecía curioso que estuvieras tan solo –¿Cuándo habrá sido la última vez que habló así con alguien que no fuese parte de su familia?
Inmediatamente el chico cambió su semblante. Miró con seriedad hacia el vacío.
–Soy rechazado por todo el mundo –le explicó con tono triste –. Mi padre fue el hombre más cruel que el reino pudo conocer, y mi madre fue quien le dio muerte. Mi reputación ante eso no es la que yo quisiera tener.
April no supo que decir. Aún era muy pequeña para comprender ciertas cosas sobre la muerte, así que prefirió inclinarse por el lado positivo.
–Pues yo no te rechazo –dijo con una sonrisa –. ¿Quieres un poco de pastel?
Le extendió el plato y el niño la miró con curiosidad unos segundos. Ante la cordialidad que mostraba no pudo rechazarlo. Lo recibió con una sonrisa triste. Es la primera desconocida que era amable con él.
–Soy Martin –se presentó, aún masticando un poco de bizcocho que tenía en la boca.
–Y yo soy April.
Se mantuvieron hablando un buen rato apartados de la gente.
Elsa, literalmente, devoraba toda la deliciosa comida que se encontraba.
–Hey, deja algo de comida para los demás invitados, glotona –dijo con sarcasmo el pelirrojo que se encontraba observándola –. Tus antojos son terribles... ¡Fue exactamente igual con Hayley!
–Lo sé, pero todo está tan sabroso... ¡y por mucho que coma, no me lleno! –habló para defenderse.
–Engordarás tanto que yo ya no voy a caber en nuestra cama. Tendré que dormir en el suelo... –se burló este.
–¡Hans! –se quejó ante tales palabras.
Él solo rio.
–Bueno, no estoy llena, pero tampoco es que muera de hambre. ¿Quieres que vayamos a bailar, tontito?
Hans aceptó aquella petición.
La rubia se aferró al brazo masculino mientras caminaban juntos hacia la pista de baile.
Se posicionaron y comenzaron la danza.
–¿Te he dicho que bailas terrible? –habló el rey de Arendelle en pleno baile.
Elsa lo miró con desaprobación, pero sin dejar de sonreír.
–Me lo dices cada vez que bailamos –hizo una pausa para mirar sus pies que se movían al ritmo de la melodía –. Sigues siendo muy cruel conmigo –lo vio con malicia –. Olvidas que puedo congelarte cuando quiera –amenazó con una sonrisa burlona.
–Pues si lo haces, la que sufrirá serás tú –replicó el sureño –. Y no me lo niegues, no puedes vivir sin mí –con un suave y audaz movimiento se apegó más a su esposa. Ella se sonrojó.
–Ya quisieras. No creas que tus sueños son la realidad.
Ambos comenzaron a reír y compartieron una mirada llena de ternura. Se amaban a su estilo. El baile continuaba y ellos seguían moviéndose en la pista de baile, sin preocuparse de las demás parejas que danzaban a su alrededor. Sin preocuparse de nada más. Eran solo ellos dos.
–Has roto mi corazón –insistió, ahora con tono más amable –. ¿De verdad me congelarías sin piedad, Copito?
–Claro que no, tonto –le respondió la reina como si eso fuese lo más obvio del mundo.
–¿Ves? Soy esencial en tu vida –presumió, sintiéndose ganador.
Elsa rodó los ojos. Detuvo el baile para plantarle un beso en los labios.
–Pues, sí, eres esencial. ¿Acaso no es obvio?
Y volvieron a besarse, no sin antes compartir una sonrisa. Se separaron en cuanto Elsa soltó un quejido.
–Hemos bailado suficiente –dijo, llevando sus manos hacia su espalda –. Necesito sentarme. Comenzaron a darme dolores.
Hans la ayudó a caminar hacia un asiento. En el trayecto, el pelirrojo tocó el vientre de su mujer.
–¿Te parece si apostamos? –soltó de repente.
–¿Apostar?
–Ya sabes, la misma apuesta que hicimos con Hayley... Decir si el bebé va a nacer con poderes o no –le recordó.
Elsa tomó asiento y suspiró.
–Sabes que si de mí dependiera, no permitiría que tuviera el mismo don que yo. No es fácil vivir con esto... pero reconozco que fue divertido verte perder aquella vez –dijo, cambiando su preocupación por una sonrisa al decir lo último.
–Oh, vamos, ¡no te aflijas por eso! Si tiene poderes de hielo, juntos haremos lo posible para que lo domine –habló para calmarla –. Además Hayley no tiene ese don. Es posible que ni siquiera sean hereditarios.
–Si crees que no tendrá poderes, ¿por qué, aun así, quieres apostar si sabes que perderás? –preguntó ella, sintiendo curiosidad.
–Tampoco es que sea imposible que nazca con tus poderes. Lo veo poco probable, sin embargo hay que estar preparados para lo que sea.
Elsa cerró los ojos y pensó a toda velocidad.
–Está bien, apostemos –aceptó el desafío llena de convicción.
–Estupendo –respondió Hans, sintiéndose satisfecho –. ¿Conservamos las mismas penitencias que acordamos en tu embarazo anterior? Si tú ganas, yo tendré que ser esclavo de Anna un día completo. Si yo gano, comerás tres sándwiches de queso. ¿Trato hecho?
–Trato hecho –estrecharon sus manos –. Será divertido verte nuevamente haciendo todo lo que Anna te ordene –rio maliciosamente.
–No tiene gracia, me hizo ser niñera de April. ¡Tuve que cargarla en mi espalda como si fuese un caballo! –dijo, estremeciéndose por recordar aquello. ¿Dónde fue a parar su dignidad?
–Pero seriamente, espero no tenga mis poderes. Todo se complicaría si fuese así.
–Reconoce que lo que más te aterra es comer queso.
Elsa no pudo evitar sonreír ante ese comentario. "Siempre intentas hacerme sonreír sin importar la gravedad del asunto. Por eso te quiero", pensó.
Quiso darle un beso para agradecerle por todo, pero uno de los mayordomos del castillo arruinó el momento gritando por los alrededores.
–¡Hemos perdido a la reina! ¡¿Dónde está Su Majestad?!
Elsa y Hans se miraron sin entender, luego observaron el resto del salón de baile.
–¿Dónde está Lizzy?
No tardó mucho en llegar a la colina que se encontraba cerca del castillo. Se acercó a dos grandes rocas que tenían los nombres de sus padres. Eran sus tumbas. Elise sostenía dos ramos de flores, uno para cada tumba.
Al depositar las flores, se alejó unos pasos para que ambas grandes rocas estuvieran en su campo visual. Las observó en silencio mientras pensaba en sus padres.
–No son horas aptas para que una señorita ande sola fuera del palacio.
La voz de alguien la sacó de su mundo. Al voltear para ver de quien se trataba, suspiró aliviada.
–Louis... Me asustaste –confesó apenada –. No sabía que alguien me seguía.
–Lo siento si tu intención era quedarte sola, pero si te alejas sin decir nada es normal que me preocupe... y es normal que quiera protegerte.
–Está bien, no tienes que darme explicaciones. Haces lo correcto y... me alegra que me acompañes.
El chico se acercó a ella a paso lento. Hizo una inclinación, mostrando respecto hacia los reyes fallecidos.
–Es un gesto realmente bello de tu parte venir a verlos – reconoció con voz tranquila.
–No podía dejar de venir –confesó con una sonrisa que reflejaba tristeza –. Hoy fue un día importante... Y me hubiese gustado que estén aquí a mi lado.
Louis se arrodilló junto a ella y posó su mano en el hombro de la chica.
–Apuesto a que están muy orgullosos de ti –dijo, tratando de animarla, pero al parecer sus palabras dieron el efecto contrario. Se sintió desesperado al ver la chica que más quería en el mundo comenzaba a llorar –. Elise...
–N-No, descuida, estoy bien –tartamudeó. Con un movimiento rápido secó las lágrimas que caían por sus mejillas y abrazó a Louis –. Gracias por todo el apoyo.
Su voz se oía quebrada, pero sus palabras fueron tranquilas y sinceras. Ella no encontraría nunca a alguien igual a su querido Louis, la persona en quién más confía. El ser que comparte sus alegrías, tristezas, momentos de ira y de miedo.
"Te quiero tanto", pensó la nueva reina de Weselton.
Luego de un rato decidieron regresar a la fiesta de la cual se "escaparon".
–Cuando volvamos... ¿Aceptarías bailar conmigo? Solo una vez –pidió el chico.
Elise lo miró, algo sorprendida por la petición.
–N-No tienes que hacerlo si no quieres. No te sientas oblig...
–Me encantaría –le interrumpió ella.
Lizzy depositó un beso en los labios del chico y caminaron al palacio tomados de la mano. Hace ya un tiempo que confesaron sus sentimientos hacia el otro. Aún no eran oficialmente novios, pero lo parecen. Incluso John les hace bromas y les pregunta para cuándo será la boda.
Les gustaría formalizar su relación, pero ambos son demasiado tímidos en ese sentido y les da algo de pena dar el siguiente paso. Mas, ¿cuál es la prisa? Ambos están muy bien como están. Algún día deberán concretar legalmente su amorío, pero eso no les preocupa ahora.
–Hey, Lizzy –le habló, mencionando el apodo que le puso la pequeña muñeca de nieve. Un apodo tan lindo que terminó por usarlo él mismo –. No te he felicitado formalmente por tu coronación... Quería decirte que lo harás estupendo, reina.
–No lo hubiera logrado de no ser por el apoyo que John y tú me dieron. Gracias –y luego lo miró maldad –. Y no me vuelvas a decir "reina" o te golpearé – amenazó con una sonrisa.
Ambos rieron con ese comentario. El retorno al castillo fue un momento grato para los dos jóvenes.
–Que encanto –opinó Anna desde la lejanía. Hace un rato que ella y Kristoff están sentados comiendo y disfrutando de la música, cuando algo en la pista de baile le llamó la atención: Dos niños intentando danzar. El niño era Martin y la niña era su hija April.
–Están bailando algo apegados, ¿no crees? –cuestionó el rubio, cruzándose de brazos.
–April tan solo tiene cuatro años, ¿y ya actúas como padre celoso? –Anna comenzó a reír –. Al menos hizo un amigo ¡Deja que se divierta!
Al parecer a los chicos les costaba mucho bailar juntos. April no podía seguirle el paso a su compañero.
–No te apenes, yo bailo así porque he recibido clases –confesó Martin al ver que su nueva amiga se preocupaba.
–Yo aún no... Soy terrible en esto –dijo haciendo un puchero.
–No te aflijas, es normal. Aún eres muy pequeña para tener ese tipo de aprendizaje.
April sonrió y siguió bailando un rato más con Martin. Lo hacía pésimo, pero eso no le molestaba al chico, al contrario, le divertía e incluso le parecía tierno.
–Eres muy bueno conmigo –expresó la chica con un brillo especial en los ojos –. ¡Serás mi novio! –declaró.
–¿Q-Qué? –exclamó Martin, parando de bailar. April a su corta edad no comprendía completamente lo que significaba tener un noviazgo, en cambio Martin si que lo sabía. El chico no sabía que responderle. No quería romperle las ilusiones a la primera amiga que tenía en años.
–¡April, hija! –Anna desde su asiento le gritó para captar su atención –. ¡Encontramos un sándwich, es todo tuyo!
Ella no pudo resistirse ante tal oferta. ¡Todo sea por un sándwich!
–¡Nos vemos, Martin! –dijo para luego alejarse de él e ir con sus padres.
Martin atinó a despedirse con un movimiento de mano. Al ver que April ya no lo estaba mirando, soltó un gran suspiró y sonrió. "Así que... ¿esto significa que tengo novia?", pensó con aire divertido.
Hayley dejó de jugar con los príncipes al darse cuenta de que su prima no estaba. Decidió volver con sus padres y comer algo.
–¡Mami, papi! –exclamó la pequeña y Hans al verla la cargó en sus brazos.
–Hola, mi amor. ¿Lo estás pasando bien? –le preguntó Hans, tocándole la nariz.
–¡Sííí! Hay mucha comida y todo es muy divertido. ¡También hice amiguitos nuevos!
–Me alegra oír eso, Hayley –dijo Elsa desde su asiento. Se estaba acariciando su abdomen constantemente.
Hans colocó una silla junto a la de su esposa y se sentó con su hija en sus rodillas. Comenzó también a tocarle la panza a su mujer.
Hayley no pudo evitar bajarse de las piernas de su padre y colocarse junto a la barriga de su mamá. Puso su oído en el vientre de esta.
–¡Se está moviendo! –exclamó feliz –. ¡Mi hermanita se está moviendo!
Hans y Elsa se miraron algo extrañados.
–¿Hermanita? –preguntaron ambos al mismo tiempo.
–¡Sí! ¡Sé que tendré una hermanita! –habló llena de convicción.
Los padres comenzaron a reír.
Hans miró a sus dos mujeres.
–Las amo tanto –dijo, entrando en un estado de dulzura que era raro en él –. Las amo a las dos, y pronto, los amaré a los tres.
Elsa, conmovida por esas palabras, le dio un afectuoso beso a su marido.
–Puaj –se asqueó Hayley ante eso –. Estás mal, papi –dijo cuando cortaron el beso –. Querrás decir que nos amarás a las tres.
Hans abrazó con fuerza a sus chicas. Hayley no estaba tan equivocada, puede que nazca una niña, pero nunca se sabe.
¿Cómo será el futuro miembro de la familia? ¡Muy pronto lo sabrían!
¡Holiwis!
Ha pasado tiempo :3 espero que aún me recuerden (? ¿Cómo están?
Aquí les he traído el segundo epílogo de la historia. Recuerden que serán 3 nwn. Ustedes también pueden poner sus apuestas como lo hicieron Hans y Elsa. ¿Será niña como Hayley dice? ¿O será niño? ¿Tendrá o no poderes? ¡Díganme lo que ustedes creen! Quiero aclarar que ya tengo listo esos detalles y que el género y el asunto del "don" ya están pensados para este nuevo personajillo :3. Para aclarar un asunto de edades, April tiene 4 años y Hayley tiene 3. Por si a alguien le interesa (lo dudo xD), Martin tiene 9.
Bueno, he tardado bastante en subir esto xD. Digamos que he estado ocupada y me he dado unas "vacaciones" de fanfiction, pero este cap estaba listo hace más tiempo, pero por alguna razón la página me trolleaba y no me dejaba subir el archivo TwT. Hoy me cansé y lo hice del modo que no me gusta: Copypaste.
Espero les haya gustado :D. Nos vemos en el próximo epílogo que será el último y daremos por concluida esta historia.
Los quiero *o*
Tapitey.
