Antes que nada, quiero aclarar que esto es ficción. No es lo que yo creo, y no quiero que nadie se lo tome como una ofensa a sus creencias. Es un capítulo de un fanfic.


"Sabes el nombre pero no la historia. Lo que hizo, pero no por lo que ha pasado. Sabes donde está, pero no de donde viene. Le ves riendo, pero no sabes lo que ha sufrido. Deja de juzgar, saber el nombre no significa conocer realmente."


Este, es un resumen ambientado de lo que la señorita Shi, concubina principal del maestro Soo le contó a Pucca.

¿Has oído aquel relato? Seguramente sí. Un hermoso Ángel expulsado del cielo porque fue demasiado soberbio para seguir allí, y al igual que Ícaro voló demasiado alto.

Bien, esta historia es algo similar.

Cuando la expulsión ocurrió un nuevo mundo se fundó: el infierno. Este y el cielo eran gobernados por entes muy poderosos. Más, aún quedaban los espíritus, inferiores a ellos, vagando sin rumbo por la eternidad.

El cielo dijo haberse apiadado de ellos, creando así nuestro mundo.

Los espíritus podían ir y venir libremente, convivir con los mortales siempre y cuando siguieran las reglas que el cielo y el infierno fijaron.

No interferir con el destino de los seres humanos.

No interferir con los asuntos del cielo o el infierno tengan en la tierra

Si se materializan como humanos deben vivir y "morir" como tal.

Lectores, dejenme contarles cosas sobre los espíritus.

Desde que se crearon hasta nuestros días, solo seis han muerto, porque pueden hacerlo; pero es demasiado difícil que eso pase, sobre todo porque ninguno quiere renunciar a su inmortalidad.

Ellos, juntos con los angeles y demonios, debido a su naturaleza no aman ni sienten deseo. Son emociones propias de nosotros, necesarias ya que nuestra existencia es limitada y debemos reproducirnos. Ellos, en cambio al ser básicamente inmortales no lo necesitan.

Cuando los reinos se dividieron y el tercero se creó, "Kim" ya estaba ahí. Hasta ahora todo lo que había conocido eran guerras, órdenes y sistemas; pero los humanos la maravillaron a ella y a una minoría de espíritus.

Era un grupo de inicialmente diez personas, una verdadera ironía ya que no representaban ni el 8% de todos los espíritus.

A pesar de sus continuas encarnaciones, Kim y Soo se conocían, pues ambos eran parte de esa minoría.

Entonces sucedió. Conoció al soldado griego, se sintió agradecida con él, pero había muerto y ella debía hacerlo también si quería esperar y buscarlo, así que se suicidó en la tierra marchándose al cielo a esperarlo.

Pasaron los siglos, ella siguió buscándolo por cada vida que pasaba, se enamoró de él, rompiendo así las leyes de su naturaleza. Esperaba por Leng otra vez, esta vez aparecería en Korea a finales del siglo XX, Soo quiso ayudarla, y varios años antes descendió a la tierra sin perder su forma de espíritu, consagrándose como fundador de la aldea Sooga y alrededores. Kim logro burlar la situación y pronto Pucca nació.

Los demonios se molestaron por interferir con el humano y su vida. Se presentaron en una audiencia con el cielo, el jefe se molestó, pies no permitiría que la falla de la creación se juntará con su representante en la tierra (el alma pura de Leng) Se inicio una cacería, todos le dieron la espalda a Kim, salvo un pequeño grupo de espíritus que detestaban la guerra, ellos se volvieron sus protectores. Molestos, ambos reinos enemigos hacen una alianza, la falla debía ser detenida. Mientras Kim celebraba con Leng y sus hermanos el nacimiento de Pucca, los ocho espíritus, ya que Soo estaba en la tierra también, son acorralados por el cielo, y obligados, bajo la amenaza de perder su inmortalidad, a colaborar en la alianza del cielo y el infierno. Funcionaria, ya que Kim confiaba en ellos, y no dudaría en aceptar cualquier obsequio disfrazado que le dieran. Pese a su voluntad, se dirigieron una noche a la casa de ella, fingiendo hacer una visita a ella celebrando el nacimiento de su hija y la falsa victoria. cada uno llevo un regalo.

-Las cosas no podrían estar mejor que ahora- dijeron.

El acuerdo era sencillo, le entregaban el veneno y se largaban. Al usarla, pensando que era otra cosa, ella se debilitaría tanto que su alma ocuparía menos lugar en su cuerpo, y un demonio podría entrar. Ellos eran destructivos por naturaleza y esa parte del plan fue diseñada por ellos, que al fin y al cabo, lo único que buscaban inicialmente era impartir un poco de dolor a los seres de la tierra.

Kim asesinó a Leng, a quien amaba, y por un momento perdieron el control de su cuerpo; a Sun Bae, su hermano; y por poco a Pucca, su hija.

Al ver tantas brutalidades los espíritus arrepentidos se reunieron con el maestro Soo y le contaron lo sucedido, estaban dispuestos a pagar con lo que sea con tal de reparar su error.

Soo quedó horrorizado y de ofreció a ayudar en la emboscada que harían cuando los angeles escoltaran al débil alma de Kim a la prisión del infierno.

-No, quedate- dijeron -Ellos aún creen que estás de su lado. Puede que no sobrevivamos y si es así alguien debe salvar a Kim de otra forma, eres el más inteligente de los diez, y no mereces morir, tu no hiciste nada de cualquier manera.

La batalla duro sólo unas horas, ninguno pudo resistir al temible ejército de ángeles. Sin embargo, lograron hacer un acuerdo, tuvieron que rendirse y entregarse para firmarlo. Ni demonios, ni ángeles intentarían hacer daño a la bebé, al menos hasta que cumpliera la mayoría de edad. Mientras tanto, la vida de Pucca fue bendecida, ya que nunca tuvo que soportar lo que los demás humanos tenían, que eran las jugarretas del demonio.

18 años transcurren desde ese pacto.

18 años de silencio en los que Soo no pudo decir nada, aunque la culpa y la impotencia lo carcomían. A medida que Pucca crecía su angustia se iba haciendo cada vez mayor, y cerca de cumplir la mayoría de edad, su miedo y desesperación aumentaban.

Llegó el momento, un chico apareció en Sooga, su apellido era Khan, y él, junto con los demás espíritus que manejaban la academia se dio cuenta de que fue enviado por los demonios. La mayoría de ellos eran fieles al cielo, así que nunca a nadie le contó lo que planeaba hacer o habló de lo sucedido. Esa impresión y todo lo que se vio forzado a callar se cobraron de su mente y perdió la cordura, a menudo imaginaba que sus fallecidos amigos estaban con él, era una forma en que su arrepentido subconsciente los mantenía vivos. Con las voces planeaba las cosas, con ellos hablaba mientras buscaba voluntarios para cuidar de Sooga.

Soo sabía que Pucca aún no corría peligro, porque el cielo estaba demasiado obsesionado con respetar los precios y acuerdos, Pucca aún no era mayor. Así que si se aparecían ellos, en vez de usar a Sangming como intermediario, dañarían a cualquiera que fuera parte de la vida de Pucca.

RR ese día le dijo que los tíos de ella habían desaparecido, fue entonces cuando supo que todo había empezado desde hace tiempo.

Quería que ayudar, tenía que ayudar, se lo debía a las voces, a Kim, a Pucca; por eso fundó el equipo, buscando contar aún con el apoyo del cielo, fingiendo que estaba de su lado y que hacía su papel como protector de la aldea.

Se sentía un cobarde, pero ya no más. A medida que los acontecimientos se fueron dando, y él veía que el destino de los habitantes de Sooga iba volviendo al cauce que fijó el cielo, se inquietaba más. El destino de Pucca que el cielo fijo después de la batalla era que se quedara atrapada en la dimensión de los demonios, pero se adelantó, justo ahora, por el pacto ella no debía sufrir, y el cielo permitió que la ayudaran. Mientras tanto Tobe había abierto el portal, Soo ya tenía todo planeado, no pensaba ser condenado a siglos de inmortalidad y arrepentimiento, ya no más. Antes de marcharse, dejó una carta para Shi, su concubina; sabía que al contarle toda esa historia iba a ser penado por el cielo, y necesitaba que aún estuviera de su lado si quería salvar a Tobe, tampoco podía hacerlo al revés, porque luego de que el ángel cobrara el precio el moriría, he ahí el motivo de la carta.


Dale este mensaje a Pucca, Shi:

Ese espíritu, Aiko, Kim, como te apetezca llamarle, tu madre Pucca. Seguramente, después de hablar con tus tíos debiste odiarla, pero ahora ya sabes la verdad, si de verdad aún necesitas un blanco en donde descargarte, hazlo en mí, odia mi memoria, porque no fui lo suficiente valiente para defender lo que se que es justo, y no hablo de hace 18 años, pude hacer algo incluso ahora en vez de escribir esta patética carta. Pero temo a los demonios, temo al cielo y a ser condenado por el. Pero no temo por ti, porque eres demasiado poderosa, más de lo que cualquier humano puede imaginar, hija de un espíritu y el alma más pura que ha existido y aún tienes inmunidad, el cielo te cuidará hasta que cumplas veinte. ¡Vence a los demonios! No te quedes como yo. ¡Salva a tu madre! Ha estado privada de verte crecer martirizándose tal vez más que yo con cada recuerdo de ese día. No la odies.

¿Cómo vencerlos? Te preguntarás. Cambia tu destino, ya diste el primer paso, no moriste en el infierno, ahora el cielo tiene que buscar otra alternativa, fijala tu, bajo tus términos, toma tu la desicion, paga un precio y haz un trato, están locos por eso. Define bien que es lo que pagarás. Puede que ellos regresen pronto, debes ser inteligente, estar preparada, haz memoria de los entrenamientos que lleve contigo, te enseñé todo lo que pude para este momento: acultar tu alma, hacer posiones fugaces, todo, dependiendo de la situacion en que te encuentres algo te servirá. Recuerda, no debes perder más de lo que ganas. Y no te preocupes por tu padre, que él volverá a reencarnar, está a salvo.

-Fragmento de la carta del maestro Soo.


...


El chico quería a la chica. La chica lo quería a él.

Su amistad de verdad era hermosa,

todo marchaba sobre ruedas. Pero él

aún se sentía arrepentido.

Sentía que jamás podría compensarla a ella por lo que hizo.

Ella era demasiado buena, aunque lo ocultase mucho y se hiciera la dura.

Él en cambio era un sentimental sin cura

pero sólo con ella, sólo con su amiga.

¿Como podría pedirle disculpas?

¿Acaso de verdad existiría con que hacerlo?

Ella le había regalado tardes enteras de felicidad a su arrepentida mente.

Pero él y sus demonios aún no estaban en paz.

Sin embargo, cada tarde que él pasaba a su lado

no podía evitar sentir la tranquilidad que necesitaba.

Él era feliz con ella.

Su conciencia tenía miedo.

NO DEBÍA ENAMORARSE DE ELLA.

No debía sentir cariño de esa forma.

Por confundirse la ultima vez

él había logrado quebrarla de nuevo.

La amaba como amiga, la amaba como hermana,

no había duda.

Pero se rehusaba a lastimarla más.

El jamás permitiría eso otra vez.

¡El se alteraba por no pedirle perdón aún!

¿Cómo?

Las horas de la semana pasaban,

él dedicaba al menos una de ellas para pensar en lo que le daría.

¡Tenia que ser algo especial, era para ella!


Él era bueno en muchas cosas,

al menos una le serviría.

Silencioso, reservado hasta el final

¿Como ella al pasar de los días iba a poder descubrirlo

pensando en ella?


Él fundió su espada. De nuevo era su favorita.


Querida, si tan solo te hubieras dado cuenta, no estaríamos en este embrollo por vez consecutiva.