Los personajes de SCC no me pertenecen son propiedad de Clamp y la historia tampoco me pertenece es propiedad de Christinne Feehan, espero y disfruten leyendo esta pequeña adaptación que hago sin fines de lucro.
Los ojos verdes de Sakura se abrieron de par en par ante el obvio desasosiego de Tomoyo, ante su elección de palabras.
- ¿Qué quieres decir con que está dando su vida por mí?
- Los Cárpatos tenemos gran longevidad, Saku; es a la vez nuestra bendición y nuestra maldición. Debido a que eres su compañera, aunque mortal, Shaoran elegirá la forma humana de hacer las cosas. Envejecerá y morirá contigo en vez de permanecer inmortal. - Explicó Tomoyo gentilmente.
- Ya muestra signos de cansancio. - Añadió Chiharu. – Se niega a ir a la tierra para dormir apropiadamente.
- ¿Qué quieres decir? - Preguntó Sakura, curiosa. Shaoran utilizaba con frecuencia esa frase, pero todavía no estaba segura de lo que significaba.
- La tierra es sanadora para nuestra gente. - Dijo Tomoyo. - Nuestros cuerpos necesitan dormir de un modo diferente al vuestro. Debemos detener nuestro corazón y pulmones para rejuvenecer. Sin hacerlo, no mantenemos toda nuestra fuerza. Shaoran es nuestro protector. Es uno de los que deben enfrentar a los asesinos humanos y cazar al no-muerto que nos amenaza. Al menos que vaya a la tierra como debe, perderá su gran poder.
Sakura sintió que el aliento se le atascaba en los pulmones. La idea de Shaoran en problemas era atemorizante.
- ¿Por qué no se va simplemente a dormir como se supone que tiene que hacer? Se pasa horas enteras volviéndome loca, hablándome siempre, y añadiendo una amenaza o dos sólo para mantener las cosas interesantes.
- Shaoran nunca te dejaría desprotegida. No puede. Eres su compañera. No puede separarse de ti.
Sakura suspiró, disfrutando la forma en que las dos mujeres la hacían sentir, como si perteneciera al círculo familiar.
- Bien, tendrá que superarlo ya. Insistiré en que vaya a dormir de la forma en que debe. Si no lo hace, no tendré más elección que abandonarle.
Tomoyo sacudió la cabeza.
- Todavía no lo entiendes. Shaoran no puede estar nunca lejos de ti. Le destruiría. No creas que cambiará nada si intentas dejarle. Sólo te apretará más las riendas, Saku. Ni una sola vez, en todos los siglos de su existencia, deseó algo para sí mismo. Pero te quiere a ti. Te necesita.
- Quizás yo no le quiera a él. - Dijo Sakura. - ¿Yo no tengo derechos?
Chiharu y Tomoyo rieron, las notas sonaron como campanas de plata, como agua tropezando sobre las rocas.
- Shaoran no puede hacer nada más que hacerte feliz. Él mora en tu mente. Si no le quisieras, él lo sabría. ¿No puedes entenderlo, Saku? - Le preguntó Tomoyo. – No puedes estar sin él ya y él no puede estar lejos de ti. ¿No lo sientes cuando estáis separados? ¿Cuando él duerme el sueño de los mortales?
Sakura agachó la cabeza, el recuerdo de esa incomodidad en concreto estaba firmemente grabado en su mente. Durante un momento se sintió cerca de las lágrimas. En seguida él estaba en su mente.
¿Sakura? Estoy aquí. La inundó con calidez, con confianza.
Estoy bien, sólo estoy portándome como una tonta.
Acudiré a ti si lo necesitas.
Tu toque es suficiente. Y lo era. Las dos mujeres tenían razón. Le necesitaba tanto si tenía o no la voluntad de admitirlo a alguien que no fuera ella misma. Sintió el roce de dedos, una tierna caricia que pasó por su mejilla y bajó a su boca. Pudo sentir la instantánea respuesta de su cuerpo, la calidez, el ardor, el desasosiego cuando el contacto disminuyó gradualmente a regañadientes.
- ¿Saku? - Preguntó Tomoyo suavemente. - ¿Estás bien? - Dio la vuelta a la mano de Sakura para examinar los nudillos despellejados. - ¿Cómo te hiciste esto? ¿Lo ha visto Shaoran? - Cerró la palma de la mano sobre los raspones de la misma forma que había hecho Chiharu. Al momento Sakura pudo sentir el cálido alivio.
- Por supuesto. - Admitió Sakura, ruborizándose ligeramente mientras recordaba la sensación de la boca sobre su piel. - No se pierde nada. ¿Qué es exactamente el no-muerto? Dijiste que Shaoran cazaba al no-muerto. ¿Estás hablando de vampiros?
- Si nuestros hombres no encuentran una compañera, con el tiempo tarde o temprano pierden su alma ante la oscuridad de su interior. Se convierten en vampiros, cazando a nuestra gente al igual que a los humanos. Deben ser destruidos. - Respondió Tomoyo.
Chiharu tocó el hombro de Sakura para atraer su atención.
- El que me atacó, el que creció como mi hermano, mi familia, mi protector... se convirtió en vampiro. Casi mató a Shaoran. Si Shaoran no hubiera sido tan poderoso, podría haber tenido éxito. Aún así, Shaoran estaba severamente herido. Yo, también, habría muerto, y quizás Tomoyo también. ¿Quién sabe?
- Yukito me contó que había visto un vampiro en San Francisco. Que la mujer con la que tenía intención de casarse fue asesinada por uno. - Dijo Sakura. Se extendió para coger la mano de Chiharu con su mano libre, para que todas estuvieran conectadas. - ¿Podría convertirse Shaoran aún? - Había una nota de miedo en su voz.
- No a menos que te ocurra algo a ti. - Tomoyo examinó los nudillos de Sakura de nuevo. - Hay que limpiar estos arañazos.
- ¿Existe la posibilidad de un niño? ¿Podemos tener niños juntos? - Ahora hubo un temblor distinguible en la voz de Sakura.
Tomoyo intercambió una larga mirada con Chiharu.
- No lo sé con certeza, Saku. - Respondió Tomoyo honestamente. - Eriol me contó algo sobre una mujer que nació de una madre humana y un padre Cárpato. No creció entre nosotros y lo pasó mal para sobrevivir. No hubo nadie que le enseñara, que la amara, que la ayudara a crecer apropiadamente porque su madre se suicidó y su padre se convirtió en vampiro. La niña sobrevivió, sin embargo, y eventualmente descubrió a su verdadero compañero.
Sakura cerró los ojos cansada, frotándose la frente súbitamente latente.
- Así que supongo que si me quedo con Shaoran... y no parece que tenga mucha más opción... podría o no podría tener nunca un hijo. Nunca consideré realmente que tendría todo el cuento de hadas.
- Shaoran está entregando su vida por ti. - Señaló Chiharu gentilmente. - Cuando el sol está alto, los miembros de nuestra raza son vulnerables. Incluso Shaoran. En la tierra, pocos podrían hacernos daño, pero mientras él duerma el sueño de los mortales, no puede ir a la tierra. Cualquiera que encuentre su lugar de descanso podría matarle fácilmente. A medida que pase el tiempo, y pierda más y más el sueño rejuvenecedor, su gran fuerza se debilitará sustancialmente.
- ¿Qué puedo hacer para remediar la situación? Yo no quiero esto. Nunca le pedí esto. No podría soportar que le ocurriera algo porque está intentando cuidar de mí. Es una locura que descuide sus necesidades por velar por mí.
Sakura no pensaba más que en eso. Todo esto era demasiado abrumador. - ¿Una mujer humana ha sido alguna vez antes compañera de uno de vuestra raza? Seguramente no puedo ser la única. Debe haber alguien que sepa que hacer. No puedo dejar que Shaoran se ponga en peligro. - La idea de algún asesino o vampiro tropezando accidentalmente con Shaoran cuando fuera vulnerable era aterradora.
Tomoyo apretó su garra sobre la mano de Sakura.
- Eriol me contó que la compañera de su hermano era humana.
Sakura apartó la mano de un tirón, no queriendo que Tomoyo sintiera su elevado pulso. Tomoyo había usado el tiempo pasado.
- ¿Está muerta?
- ¡No! Oh, no, ahora es una de nosotros. Es como nosotros. - Tomoyo miró fijamente a Chiharu, bien consciente de que Sahoran no les agradecería que impartieran esta información y preocuparan a Sakura.
Chiharu abrazó a Sakura gentilmente.
- Voy a prepararte más caldo de verduras. Estás bastante pálida.
Sakura sacudió la cabeza, respondiendo casi ausentemente, claramente su mente estaba en otra parte.
- No tengo hambre. Aunque gracias, Chiharu. ¿Qué significa que ahora es una de vosotros? ¿Cómo es posible eso?
- Shaoran puede convertirte. - Admitió Tomoyo cuidadosamente. - Ha dicho que no lo hará, que nunca correría el riesgo de que algo fuera mal. Se ha hecho a la idea de vivir como un humano hasta tu muerte. Entonces se marchará contigo.
Sakura se puso en pie, apartando a los leopardos, paseando inquieta.
- ¿Cómo se hace? ¿Cómo me convertiría?
- Debe completar tres intercambios de sangre contigo. Es obvio que ha completado al menos uno, quizás dos. – Tomoyo la observó pasear, nerviosa por haber dicho cosas que Shaoran se había guardado a propósito para sí mismo. – Pero Shaoran ni siquiera ha considerado la idea. Siente que es demasiado arriesgado, y sólo un par de mujeres han sobrevivido a semejante conversión... intactas.
Sakura se tensó.
- Intercambio de sangre. Él ha tomado mi sangre. ¿Qué es un intercambio?
Hubo un pequeño silencio revelador. Y de repente no quiso que nadie dijera nada; el conocimiento estaba ya supurando lentamente a través de sus poros, de su cerebro. Sakura se apretó la mano contra la boca. La idea era tan aterradora, que la empujó fuera de su cabeza en un intento de entender lo que las mujeres le estaban diciendo.
- Por eso veo y oigo las cosas de forma tan diferente. - pensó en voz alta, mirando a las otras en busca de confirmación.
- Y por eso estás teniendo problemas para comer comida humana.
Hubo otro silencio mientras Sakura digería lo que habían dicho. Su mente trabajaba a toda máquina.
- Así que si me convierte, tendría que beber sangre.
Chiharu le pasó una mano ligera y consoladora por el pelo.
- Si, Saku, serías como nosotros en todos los sentidos. Tendrías que dormir nuestro sueño, mantenerte lejos del sol. Serías tan vulnerable y tan poderosa como nosotros. Pero Shaoran se niega a tomar esa elección. Se ha hecho a la idea de guardarse el riesgo para sí mismo.- Lo dijo suavemente, gentilmente, su voz una hermosa mezcla de notas consoladoras, aunque no ayudó.
Los laterales del tráiler se estaban cerrando súbitamente sobre Sakura, sofocándola, aplastándola como había hecho la montaña. Sakura se alejó de las dos mujeres y tropezó hacia la puerta. Tenía que respirar; necesitaba aire. Se lanzó fuera del autobús, deseando correr al interior de la noche, correr en libertad.
Shaoran capto su pequeña figura cuando saltó hacia abajo los escalones, y se empujó a la seguridad de sus brazos.
- ¿Qué pasa, pequeña? - Murmuró suavemente contra su cuello. - ¿Qué te ha asustado? - No invadió su mente, porque quería que confiara en él lo suficiente como para contárselo por sí misma. Si se negaba a contárselo, siempre podía fundir sus mentes.
Sakura enterró la cara en el cuello de él.
- Sácame de aquí, Shaoran, por favor. Sólo llévame a campo abierto.
Él levantó los ojos, negros y furiosos, para encontrar la mirada culpable de su hermana antes de volverse y alejarse del campamento. Una vez fuera de la vista de ojos curiosos, aumentó la velocidad, corriendo tan rápido que los árboles de alrededor se convirtieron en borrones. Cuando se detuvo, estaban un el claro totalmente talado en una ladera rodeada de una arboleda.
- Ahora cuéntame, cielo. - Todavía pensaba permitirle pronunciar las palabras en vez de leer su mente. Quería su confianza. Quería que le dijera voluntariamente que había causado su miedo. - Estaba bajo el cielo abierto. Sólo con las estrellas mirando abajo hacia nosotros. - Con su mano le acarició la mejilla, la garganta, la deslizó hacia abajo por su brazo para encontrar la palma de la mano. Muy gentilmente se llevó los nudillos a la calidez de su boca, al alivio y la sanación que proveía su lengua aterciopelada.
Ella cerró los ojos firmemente, saboreando la sensación. Le había echado de menos en estas pocas horas pasadas. Le había echado tanto de menos que ni siquiera se sentía viva a menos que él estuviera fastidiándola.
- No sé cómo ser parte de algo, Shaoran, parte de ti. - Presionó la frente contra su hombro, temerosa de mirarle.
- He estado sola toda mi vida. No conozco otra vida. Shaoran la mantuvo cerca, calentándola.
- Tenemos todo el tiempo del mundo, cielo. Aprenderás a estar cómoda con una familia, y si es demasiado en este momento, te llevaré lejos de los otros hasta que aprendas a ser parte de mi. No tienes que hacer frente a todo el grupo a la vez si lo encuentras abrumador.
- ¿Qué pasa si no puedo hacerlo, Shaoran? ¿Qué pasa si simplemente no puedo?
La mano de él encontró su nuca, los dedos se movieron en un lento masaje, aliviando su tensión.
- Pequeña. - Dijo con su voz negro aterciopelada, esa que podía dar órdenes al viento y a las mismas fuerzas de la naturaleza. La que le aceleraba el pulso y hacía arder cada terminación nerviosa en su cuerpo. - No hay nada que temer. No puedo hacer otra cosa que asegurar tu felicidad. Confía en mí.
- Podría perderte, Shaoran. Sé que podría. Es mucho más fácil estar sola que perder a alguien. - Su voz fue baja y temblorosa, haciendo que el corazón de él diera un vuelco.
- Ya estás descuidándote. Te aprovechas de mi ignorancia en tus necesidades, en tus costumbres. Algo podría ocurrirte por mi culpa. ¿No lo vez? No lo soportaría.
Silenciosamente Shaoran maldijo a su hermana. Sintió el miedo y la fatiga de Sakura latiendo en ella, en él. Su cuerpo necesitaba nutrición, aunque no podía comer. Era culpa suya. Él le había hecho esto.
- ¿Qué tontería ha estado soltando mi hermana? Tú no eres responsable de mis elecciones. Quiero estar contigo. Vivir contigo, amarte, formar una familia contigo.
Sakura sacudió la cabeza, después se echó hacia atrás para mirarle a los ojos.
- Sabes que nunca podría ser. No te permitiré esto, Shaoran... desperdiciar tu vida, hacerte vulnerable, quizás enfermar. Sé que dormir sobre la tierra de la forma en que duermo yo con el tiempo te debilitará. No lo permitiré. ¿Por qué hacer algo? No necesito protección constante. He cuidado de mí misma desde hace mucho.
Él le respondió de la única forma que sabía, apresurando su boca hacia la de ella. La ráfaga estaba allí, arqueándose instantáneamente entre ellos, humeando y chispeando mientras el hambre se elevaba agudamente y las llamas empezaron a lamer su piel. Shaoran vertió todo lo que sentía por ella en ese beso de fuego, el hambre y la necesidad, su compromiso absoluto para con ella. Después le enmarcó la cara con las manos manteniéndola inmóvil para su mirada escrutadora.
- Mírame, cielo. Quiero que me creas. Une tu mente a la mía y así sabrás que lo que digo es cierto. Deseo esto. No tengo reservas, ninguna en absoluto. Quiero pasar mi vida contigo, envejecer y morir contigo. Sería un maravilloso milagro tener siglos juntos, pero acepto que no puede ser, y no deseo otra cosa. - Se inclinó hacia abajo para besar la comisura de la boca. - No temas nuestra unión. Es lo que quiero con cada célula de mi cuerpo. Es la única cosa que deseo. Seré feliz con nuestra vida juntos.
Sakura se alzó para rodearle el cuello con los brazos, empujándole la cabeza hacia abajo desesperadamente para besarle, moviéndose contra su cuerpo inquieta, necesitándole casi con un hambre de los Cárpatos.
Pudo sentir las lágrimas sobre la cara de ella, y supo que estaba llorando por él, supo que tenía miedo de causarle daño, supo que de un momento a otro podría estar tan abrumada por la idea de compartir su vida que podría escapar.
- ¿Por qué no me contaste lo que estabas haciendo tú mismo, Shaoran? - Murmuró ella contra su garganta. Los dedos de él se movieron bajo la camisa de ella, levantando los bordes hasta que encontró la piel sedosa, las palmas de sus manos ardiente e invitadoras, acariciando el pecho. Ella apenas podía pensar con el fuego que corría a través de ella y el hambre de él rabiando en su alma. - Tienes que prometerme que nunca volverás a hacerlo. Puedo cuidar de mí misma mientras tú estás en la tierra. Me quedaré en cualquier lugar que me pidas que me quede. Prometo que lo haré, Shaoran.
Su boca estaba ahora sobre el pecho y acunó su cabeza contra ella, sus dedos se enredaron a través de el espeso pelo de él mientras el calor recorría su cuerpo.
Ella era seda y satén, cálida miel, y la limpia y fresca esencia de la noche que él tanto amaba. Era todo lo bueno y hermoso del mundo, todo lo que podía desear jamás.
Tiró de los vaqueros para conseguir más de ella. Shaoran estaba consumido por el hambre de ella, con una feroz necesidad de enterrarse en la perfección de su cuerpo. Necesitaba su ardiente y tensa vaina aferrándole para alejar el terrible temor por su seguridad que no podía sacudirse del todo. Apartó los vaqueros lejos de las esbeltas caderas, acariciándola, moldeando su cuerpo con las manos, acunando su trasero con las palmas de sus manos para poder aplastarla contra él, presionándola contra su dura y gruesa erección.
Gimió ante la sensación de ella, húmeda y caliente, llamándola, la salvaje esencia de su cuerpo le reclamaba. Parecía tan frágil que tenía miedo de aplastarla, de perder tanto el control que se olvidaría de su enorme fuerza y le haría daño. Intentó ser gentil con ella, ocuparse de su satisfacción antes de la propia, pero el olor y la sensación de ella era tan excitante que sus instintos animales amenazaban con tomar el control.
- ¿Qué voy a hacer contigo, Shaoran? – Murmuró suavemente contra el pecho desnudo de él. Su boca se movía sobre él, saboreando la piel tan ávidamente como él saboreaba la suya. Había un dolor en su voz. La boca de él inmediatamente se apresuró a cubrir la de ella en un beso largo y embriagador que alimentó las llamas incluso más.
- Ámame a cambio, Sakura. Necesítame de la misma forma en que yo te necesito a ti.
Él estaba en todas partes, sus amplios hombros bloqueaban el cielo nocturno, su respiración robaba la de ella, su cuerpo se amoldaba alrededor del de ella, empujándola a su propio mundo donde nada más se entrometía. - Sabes lo que me haces pasar con tu flagrante desobediencia. - Su boca estaba sobre la garganta, los pechos, una hambre frenética que parecía no conocer límites. - Debes aprender a obedecerme. - Su mano se introdujo entre los muslos, encontrando su ardiente y húmeda aceptación. Oyó su propio gemido cuando su cuerpo se endureció incluso más, una dulce agonía que sólo ella podía aliviar. - Por Dios, pequeña, voy a explotar si no te tomo ahora mismo. - Sus dedos encontraron la vaina femenina, explorando, tentando, volviéndola loca por él.
Sakura estaba besándole el hombro, pequeños mordiscos suaves que no podía evitar, su cuerpo se movía inquietamente con excitación, exigiendo.
- Shaoran, por favor, deja de dar órdenes por una vez y simplemente hazme el amor.
Él la empujó hacia atrás contra un árbol caído, dándole la vuelta entre sus brazos para que pudiera apoyar las manos contra el enorme tronco. Le acarició el trasero, trazando los ángulos, la hendidura, los dos pequeño hoyuelos en la parte baja su la espalda. Impacientemente, Sakura empujó contra él, e instantáneamente se endureció con deseo. Sus manos volaron a las caderas para sostenerla inmóvil, y cuando presionó su punta aterciopelada en la ardiente entrada, el aliento abandonó sus pulmones.
- ¡Shaoran! - Gimió ella, intentando empujar hacia atrás, para tomar toda su longitud profundamente en ella.
- Prométemelo. - Gruñó él suavemente, sus manos acariciaban las caderas, deslizándose sobre el trasero para deliberadamente inflamarla más. La vista de ella, tan pequeña y perfecta, enviaba relámpagos latiendo en su interior.
- Lo prometo. - Escupió bruscamente, incapaz de pensar claramente.
Shaoran extendió los brazos rodeándola para acunar sus pechos con las palmas de las manos posesivamente. Empujó para entrar en su mente incluso mientras sus caderas empujaban hacia adelante para enterrarse profundo en ella. Era incluso más ardiente, suave y apretada de lo que recordaba. Frotó la nariz contra su cuello, los dientes rasparon eróticamente. Sintió el cuerpo de ella aferrándole más duramente con anticipación, y, a pesar de todas sus buenas intenciones, la fiereza en su interior tomó el control; sus colmillos se alargaron y se hundieron en el cuello de ella.
La tomó con fuerza y rápido, empujando profundamente, su cuerpo rodeando el de ella como el suyo rodeaba el de él. Estaba en su mente, alimentando sus imágenes eróticas, su naturaleza salvaje, primitiva y bestial surgió, un lobo reclamando a su compañera, un leopardo sujetando a la hembra en posición sumisa.
Al mismo tiempo era Shaoran, llevándola más y más alto, empujando su placer compartido más allá del éxtasis humano. El cuerpo de ella se estremeció con la liberación, conduciéndole sobre el límite de forma que su cálida semilla erupcionó una y otra vez en las profundidades de ella.
La mantuvo inmóvil, aferrado a ella, no deseando abandonar su conexión física, el sabor de ella. Reluctantemente se obligó a cerrar las heridas de su cuello. Se había alimentado bien antes de aproximarse al campamento, sabiendo que la tomaría antes de que terminara la noche, sabiendo que todavía podría, aunque reluctantemente, tener que matar a Yukito Tsukishiro. No deseaba arriesgarse inadvertidamente a convertir a Sakura, a que algo pudiera ir mal.
Acarició su cuerpo, explorando cada curva. Su boca siguió la línea de la espina dorsal, besando la longitud de su espalda.
- ¿Tienes alguna idea de lo que siento por ti, pequeña, alguna idea en absoluto? - Gruñó él.
Las piernas de Sakura parecían de goma. Quería tenderse en algún sitio. Habían estado levantados toda la noche antes, y no había tenido ni un momento para echarse una siesta. De repente, con todo la intriga, el trabajo, y el salvaje acto de amor compartido, estaba exhausta.
Shaoran lo supo instantáneamente. Lentamente se retiró de su cuerpo, sintiéndose ligeramente despojado. Le avergonzaba que pudiera necesitarla tanto, ansiar su sangre, el sabor de su cuerpo, la sensación de tenerla rodeándole. Tenía que encontrar la forma de mantener un equilibrio entre lo suficientemente amable como para evitar asustarla e imponerle su voluntad para poder mantenerla siempre a salvo a su lado.
Shaoran tiernamente la empujó contra su dura forma, donde Sakura cayó rendida, sonrojándose salvajemente por lo desenfrenada que había sido, suplicándole que la tomara. Se pasó las manos por el pelo, y al momento las manos de él cubrieron sus pechos erguidos, enviando fuego chispeando a los pezones sensible y de nuevo de vuelta a él. Enterró la cara contra su pecho, demasiado cansado para mantenerse en pie por sí misma, y Shaoran instantáneamente la recogió en sus brazos. Cerró los ojos mientras viajaban en un borrón a través del tiempo y el espacio.
Fuera lo que fuera lo que él hubiera dicho a los otros, cualquier cosa que hubiera hecho que ocurriera, estaba agradecida de que el campamento estuviera vacío, excepto por el autobús cuando volvieron, ambos totalmente desnudos. Cuando hacía el amor con Shaoran, se sentía totalmente libre, totalmente desinhibida. Pero una vez estaban de vuelta en el mundo real, su naturaleza reservada se reacomodaba y se sentía dolorosamente tímida.
Shaoran la llevó hasta el sofá cama del tráiler, colocándola entre los cojines.
- Ahora descansarás, Sakura. - Fue un decreto, una orden entregada con una voz que exigía ser obedecida.
Ella le atrapó mientras se movía para alejarse de ella, arrastrándole de vuelta a la cama, a su lado. Su mano acarició los duros ángulos y planos de la cara de él, una gentil caricia que le desarmó totalmente. Shaoran quedó instantáneamente perdido en la satisfacción, el puro placer de tenerla a su lado. Se tendió junto a ella, sólo por unos pocos minutos y la empujó hasta el interior de sus brazos.
