Reencuentros
-Sango, es hoy.
-¡¿Hoy? ¿Estás seguro?
-Si, ¿nos vemos allá?
-Obvio, le avisaré a Miroku y tú ve con Rin. – Le dijo a través del teléfono. Luego de una pausa, continuó – Sessh, hay que decirle a Inuyasha.
-¿Crees que sea lo mejor?
-Tenemos que hacer que esos dos soporten al menos estar en la misma habitación sin pelearse, además, Inuyasha, a pesar de todo, sigue siendo nuestro amigo, tu hermano, así que no podemos no avisarle.
-OK, lo llamaré, nos vemos allá a las doce, ¿entendido?
- O -
Usted será transferido a un buzón de mensajes, deje su mensaje luego del tono.
-¡Buon giorno mi amor, debes estar durmiendo ahora, - dijo ella medio divertida -, bueno, Leo, te llamaba para decirte que ya aterricé y ahora iré por mis maletas. Cuando escuches esto, llámame… Cielos, me separé de ti hace apenas unas horas y ya te extraño… – Caminó por el largo pasillo que llevaba al lugar de recepción de maletas – Vaya, ahí veo una de mis maletas, hablamos más tarde… te amo, arrivederci.
Fue por ella, las tomó y las puso en un carro. Luego caminó hacia la salida donde seguramente estaría su madre, Souta y el abuelo. Estaba emocionada por volver a verlos, tres años sin ver nada de Japón, familia, amigos, conocidos, etc., era bastante tiempo como para sentirse viva. Luego de instalarse en su casa, comería algo y saldría a ver si encontraba a Sango y los demás, y así poder abrazarlos después de tanto tiempo.
Inhala, exhala, no podía negar que se sentía nerviosa por el próximo encuentro. Caminó lentamente por el gran pasillo que conducía hacia a fuera. Una multitud de personas se encontraban ahí, esperando a que llegaran los vuelos internacionales, y con ellos, los pasajeros que eran sus amigos y familiares. Pasó la vista por la gente, toda tan distinta y la vez tan igual a los británicos con quienes había convivido durante los últimos años. Entre todas las caras logró encontrar los dulces y amorosos ojos de su madre. Esbozó una sonrisa radiante y apresuró el paso para llegar a ella.
-¡Mamá! – gritó, lanzándose hacia ella, para poder abrazarla. Unas cuantas lágrimas comenzaron a agruparse en sus ojos y luego cayeron por sus mejillas por la felicidad que sentía.
-¡Kagome, por fin estás aquí! – La muchacha se separó de ella y miró al chico que estaba parado a su lado. Casi tan alto como ella y bastante guapo además, con cabello negro y grandes ojos color chocolate.
-¡¿Souta? – su hermano menor asintió sonriendo y la abrazó. – Wow, ¡Estas enorme y guapo! Las chicas te deben llover – bromeó. Se acercó a su abuelo también, para apretujarlo.
Por estar parada de espaldas a la puerta del aeropuerto, no vio al grupo de personas que entraban en ese momento. Solamente sintió cuando unas grandes manos cubrieron sus ojos.
-Dime quien soy – dijo una voz ronca y conocida. Su corazón comenzó a latir desenfrenado al reconocer al portador de aquella voz.
-¡Sesshomaru! – El chico la soltó sólo para que ella se volteara y lo abrazara fuertemente - ¡Que gran sorpresa! – Kagome miró por encima del hombro de Sesshomaru y vio a sus demás amigos. Sango, Rin, Miroku y…
Uno puede tener muchas cosas planeadas, hasta que Inuyasha aparece en la escena…
Pero a pesar de eso, su reacción no fue la de salir corriendo de inmediato, al parecer el tiempo la había hecho madurar, ya que tampoco tenía el mínimo deseo de pelear con él.
Se acercó a abrazar a Sango y Rin, quienes gritaban, junto con ella misma, por el reencuentro. Luego fue el turno de Miroku, y por último… Inuyasha.
Se quedaron parados, mirándose se frente, recorriendo sus rostros y analizando cada posible cambio en ellos. Todos estaban a la espera que se agarraran del pelo o comenzaran a gritarse, sin embargo pasó todo lo contrario. Kagome esbozó una tierna sonrisa, que contagió al albino. Inuyasha abrió los brazos y la recibió en un cariñoso y fuerte abrazo. Todos estaban realmente sorprendidos, aunque no hicieron ningún comentario, solamente intercambiaron miradas cómplices.
-Es la mejor sorpresa que me podrían haber dado – comentó Kagome cuando se separó de su ex novio – y que pensaba ir luego a sus casa a darle yo la sorpresa.
-Para que veas, Kagome, que siempre estamos informados de ti – comentó Miroku sonriente.
Salieron todos del aeropuerto, los Higurashi se subieron en el auto de Sesshomaru, mientras los demás iban repartidos entre el de Miroku y el de Inuyasha. El Taisho mayor conducía por entremedio de las calles de Tokio, los otros dos autos lo seguían. Kagome iba sentada en el copiloto, apreciando la magnífica cuidad de la que había estado alejada tres años. Tantos colores, aromas y arquitecturas que había extrañado tanto, ahora estaban frente a sus ojos, tal como un sueño. De un momento a otro, Sesshomaru giró hacia la derecha, en una calle que nunca llegaría a su casa.
-¿Hicieron un nuevo camino para llegar a mi casa? – le preguntó al albino, extrañada.
-No…
-Entonces… ¿A dónde vamos?
-Se paciente, ya lo verás.
Unos tres minutos después Sesshomaru detuvo el auto frente al edificio Butterfly, uno de los más glamoroso de la cuidad. Kagome miró extrañada la gran edificación, la elegancia que ésta emanaba la hacía querer entrar ahí con gran magnetismo, sin embargo, sabía que había algo que tenía que saber antes de hacerlo.
-¿Qué hacemos aquí? – Preguntó – Mamá, ¿cambiaste de casa?
No obstante ninguno de los presentes le respondió, sólo se limitaron a sonreír y salir del auto, dejándola desconcertada. No tuvo más remedio que seguirlos, dándose cuenta de inmediato, que sus amigos, que venían en los otros autos, también compartían aquella sonrisa.
-Ya, en serio, alguien dígame qué hacemos aquí.
-Sólo sigue a tu madre, Kag – contestó Sango que se había colocado a su lado.
La señora Higurashi ya se encontraba a pocos pasos de la entrada. Kagome decidió hacerle caso a su amiga, caminó hacia la gran puerta de vidrio y entró junto a su madre. Ella le sonrió y se dirigió al elevador. Subieron hasta el piso siete.
-Debes estar con una intriga enorme – comentó Sonomi divertida por las expresiones que hacía su hija cada cinco segundo. La azabache sólo se limitó a asentir – Entonces deberías partir por leer esto.
La mujer buscó en su bolso lo que parecía ser una carta ya vieja, pero sin abrir. Se la tendió a Kagome para que ésta la abriera y acabara por fin con la tortura de tanto misterio. En el sobre estaba escrito su nombre, con una letra conocida, pero que, sin embargo, no podía recordar. Rompió lentamente el sobre, y sacó el papel de color amarillento que había en el interior. Abrió los ojos como platos, al ver quien firmaba la carta, su corazón latió con fuerza y por un momento temió que le volviera a dar un ataque, pero nada pasó, solo sintió un nudo en la garganta y comenzó a leer el escrito que le había dejado su padre.
Kagome:
Creo que han pasado ya unos tres años desde la última vez que te vi, que hablé contigo, que te abracé y besé. Y créeme que el no hacerlo es un martirio para mi corazón día y noche. ¿Recuerdas la noche en que fui a tu habitación y te dije lo mucho que te amaba y que siempre estarás en mi mente y corazón? Lo hice para que entendieras que es lo que realmente siento y no lo que crees, de que te abandone, junto con tu madre y Souta, por otra mujer.
De seguro ahora te preguntarás por qué lo hice, bueno, pues, para protegerlos, a todos ustedes. Pero para decirte de qué, primero debo contarte una pequeña historia…
Fue el invierno del 88, tu madre y yo nos habíamos peleado de gran manera, a decir verdad, habíamos terminado nuestra relación de cinco años. Llevaba casi tres meses sin verla, ella iba a la universidad de Tokio y yo estaba en Kioto estudiando. Una noche me emborraché y terminé acostándome con la hija de uno de los profesores, deberás de suponer quién es. Bueno la cosa es que no volví a ver a esa chica en mucho tiempo, ya que al parecer se fue de la universidad o algo así. Regresé a Tokio un fin de semana, en un intento desesperado por recuperar a tu madre, y así fue, volvimos a estar juntos, y un año más tarde, cuando ambos salimos de la universidad, nos casamos y te tuvimos, Kagome. Y fue el día más feliz, claro, junto cuando nació Souta.
Luego de lo que te he contado, debes estar imaginando algo, y siento tener que soltarlo de esta manera pero Yumi es tu hermana, de sangre Kag, es mi hija, mía y de Irasue, la chica que ya mencioné.
Su mente quedó en blanco unos momentos, se olvidó de respirar, del misterio de por qué estaba en ese edificio, de su encuentro con su familia, amigos e Inuyasha, sólo podía repetir en su mente aquella frase que la torturaba "Yumi es tu hermana, Yumi es tu hermana, Yumi es tu hermana, Yumi es tu hermana, Yumi es tu hermana, Yumi es tu hermana, Yumi es tu hermana, Yumi es tu hermana, Yumi es tu hermana, Yumi es tu hermana, Yumi es tu hermana…"
Desde un principio la rubia había sido un error, nunca fue concebida a propósito, ahora se daba cuenta que la verdadera huérfana no había sido ella, sino que nada más y nada menos que Yumi.
Me encontré con Irasue un mes antes de que me fuera, me contó la verdad y claro, me dejó muy sorprendido. Sin embargo, lo que ella quería no era sólo que le fuera el padre que siempre quiso para su hija, sino que quería que dejara a mi familia y me fuera con ella. Obvio, le dije que no podía, los amaba y los amo demasiado como para irme, sin embargo ella acudió a un trato peor. Su padre se había convertido en un mafioso, bueno, al parecer siempre lo fue, así que me amenazó para que me fuera con su hija, sino los dañaría a ustedes. Por favor, créeme cariño, que nunca fue mi intensión abandonarlos de esa manera.
Una lágrima cayó por su mejilla, al leer las palabras de su padre. De seguro que si se tratara de otro hombre, no, más bien, otra familia que no fueran los Wada, jamás creería lo que la carta decía, sin embargo, conociendo a Yumi, no cabía duda de que tanto su padre, como su familia habían estado en peligro mortal en esos tiempos.
Sólo te digo una cosa, Kagome, cuídate de los Wada, no son buena gente. Me llevé a Yumi de tu colegio por lo mismo, no quería que te molestara, pues conozco a mi hija, y puede llegar a ser un dolor de cabeza…
"Mi Hija" aquello fue aun más doloroso, una segunda y tercera lágrima cayó, y así sucesivamente, empapando su rostro.
Sin embargo, no puedo dejarte así, en la calle, así que compre un departamento en este edificio para ti, y se que ahora es bastante temprano para que vivas en él, pues sólo tienes doce años cuando estoy escribiendo esta carta, pero cuando la leas, serás una mujer, de veintiún años, como le dije a tu madre. Ella estará administrando el lugar hasta que cumplas la edad para vivir aquí.
Te preguntarás por qué no soy yo quien te lo da, pues porque creo que Magatsuhi Wada (el padre de Irasue) quiere atentar contra mi vida, no estoy seguro, pero ya sabes, si algo me pasa, es por él. Bueno, espero con ansias el día en que nos volvamos a ver, hija mía, ahora pídele la llave a tu madre, y ojala te guste tu nuevo hogar.
Te amo con todo mi ser, y siempre te amaré.
Tu padre.
Se quedó mirando la carta por unos segundos, ahora creía más que nunca en aquellas palabras que alguna vez dijo sobre que la vida puede girar en cualquier momento. Todo lo que creía acerca de su padre hasta entonces fue totalmente cambiado por lo contrario. Levantó la mirada hacia su madre y la observó con los ojos acuosos.
-Él se fue para protegernos – comentó con un hilo de voz. La mujer asintió y se acercó a ella para abrazarla y darle su apoyo.
-Cuando se fue, yo sabía los motivos, sabía que él tenía una hija, y que lo habían amenazado. Traté de persuadirlo para que no lo hiciera, que le avisara a la policía, pero no me prestó atención, así que esa noche peleamos y el se marchó. Claro que sabía que él nos amaba, mucho a decir verdad, dio su vida por nosotros, Kagome, pero igual seguía sintiéndome sola sin él.
-Te entiendo madre – claro, sintió lo mismo estando en Inglaterra sin Inuyasha al comienzo.
-Se contactó conmigo tres años después, cuando me entregó esa carta, para que te la diera, y las llaves del departamento – Sonomi volvió a meter las manos en su bolso y sacó una llave con una hermosa K colgando, y se la entregó – es tuyo, Kagome, ve al número 714.
La muchacha sostuvo unos momentos el pequeño objeto de color plata entre sus manos y luego miró a su alrededor para buscar la puerta que sería su nueva casa. La localizó al final del pasillo, a paso lento caminó hacia ella, pues sentía un poco de nervios. El hecho de que su padre, él, el hombre a quien creyó un maldito por haberlos abandonado, y un mal padre y esposo, le comprara aquel gran regalo, porque no se podía clasificar de otra forma, como signo de ofrecer una disculpa, la había sacado de sus cavilaciones. Frente a la puerta, respiró profundamente, inhaló, exhaló, e inhaló nuevamente. Metió la llave en la cerradura, abrió y lo que apareció ante sus ojos la dejó aún más impactada. El lugar no era un simple departamento, sino que un gran y lujoso loft. Paredes blancas, muebles de color negro y rojo y al fondo, un gran ventanal del cual se podía ver toda la ciudad. Del otro lado de la habitación había tres puertas, y una escala en forma de caracol, que llegaba a una especie de estudio.
Una de las puertas daba a una elegante cocina, con todos los electrodomésticos que cualquiera quisiera, la segunda, era un gran baño, con una ducha y una tina donde se podría dar largos baños de burbujas. Y la tercera puerta era su habitación, que en si no era tan grande, pero si bastante acogedor. Cama de dos plazas, con cobertor blanco, y cojines de color negro. Había unas puertas corredizas que eran el closet y tenía una gran pantalla de plasma. Las paredes estaban pintadas de tal forma que parecían el cielo, contrastando con el cubrecama. Sin lugar a dudas, el lugar debió costar una fortuna.
-Este lugar es hermoso – le comentó a su madre - ¿cómo lo mantuviste en secreto todos estos años?
-Bueno, tu casi no estabas en casa, además, debía hacerlo, pues el departamento no sería tuyo hasta que cumplieras los veintiuno, tu padre me dijo explícitamente que no te lo dijera antes.
-Él… de verdad era un gran hombre…
-Muy bueno.
Minutos más tarde bajó para invitar a sus amigos y el resto de la familia para que subieran a conocer su nuevo departamento. El abuelo y Souta lo hicieron de inmediato, llevándose con ellos, las maletas de la chica.
-Piso 7, número 714 – les indicó antes de que desaparecieran tras la puerta de entrada. El corazón de Kagome estaba lleno de sentimientos encontrados, tanto por la revelación de su madre de aquel regalo, como por el volver a ver a cierta persona que inquietaba sus pensamientos. – Chicos, - se volvió hacia sus amigos – suban, el lugar es fantástico.
-Perdón, Kag, - se disculpó el mayor de los Taisho – pero debo ir a hacer unos trámites a la universidad. Y luego llevaré a Rin a su casa… no podemos quedarnos. Creo que deberías pasar un tiempo con tu familia – comentó al ver la cara de decepción de ella – pero estábamos pensando en que deberíamos salir a celebrar esta noche al Monte de las Ánimas, ¿qué crees?
-¡Si, eso sería estupendo!
En ese momento, un teléfono celular comenzó a sonar. Todos giraron la cabeza hacia Inuyasha, quien en esos instantes sacaba el aparato de su bolsillo.
-Hola, nena, ¿cómo estas? – hubo una pausa en la que se pudo notar que la otra persona contestaba - ¿Ahora? Aguarda, estoy algo ocupado… ¿estás ahí?... Oh, OK, espérame, llegaré en veinte minutos… Sí, sí, pero Kikyo espérame – Al escuchar aquel nombre, algo entro de Kagome se retorció. Inuyasha rió – adiós, preciosa.
¿Eh? ¿Qué estaba pasando? ¿Inuyasha había vuelto con Kikyo?
-Kagome, debo irme, fue un gusto verte de nuevo… - le dijo cuando colgó la llamada.
-¿Irás esta noche? – preguntó la azabache con un tono esperanzador del cual no supo de dónde vino.
-Em, talvez, haré lo posible – contestó haciéndose de rogar. Se acercó a ella y la besó en la frente – Adiós chicos.
-Adiós – respondieron y Kagome se quedó mirando inconcientemente como el auto de su ex novio se alejaba de ahí.
-No te preocupes – le dijo Miroku tocando su hombro para llamar su atención – no es nada serio con Kikyo.
-No estoy preocupada – contestó dándose cuenta de la tontería que estaba cometiendo – por mí bien que siga su vida… Ya, ya, entonces ¿esta noche? – quiso cambiar de tema de inmediato antes de que cierta parte de su corazón revelara algunas cosas que creyó sepultadas hace meses.
-Si – contestó Sesshomaru - ¿vengo por ti a las 10PM?
-Si, perfecto.
Aquella noche…
Llevaba por lo menos una hora arreglándose, claro, se había acostumbrado a estar bien linda y elegante cuando salía con Leonardo, pues él, la mayoría de las veces, la llevaba a lugares sofisticados y de alto prestigio. Usaba unos jeans blancos ajustados, con una blusa sin espalda negra, y zapatos de tacón del mismo color que la blusa. Un par de minutos pasado las diez, el portero la llamó para decirle que la esperaban afuera. Se sentía emocionada, tanto tiempo sin salir con sus queridos amigos y esa noche lo iba a disfrutar al máximo, para recuperar aquellos tres años sin ellos.
Tomó su abrigo y bajó por el ascensor. Afuera la esperaba un lamborghini negro, muy lujoso, del cual se bajó nada más y nada menos que Inuyasha Taisho.
-¿I…nuyasha? – preguntó sorprendida, mostrando su faceta de resistencia, no iba a permitir cometer el mismo error que aquella tarde – ¿Qué haces aquí?
-Sesshomaru se retrasó y me pidió que viniera por ti… - fingió naturalidad, y le abrió la puerta para que ella entrara.
El trayecto entre la casa de Kagome y el Pub donde se reunirían fue en silencio, a lo más, un comentario de cosas como el tiempo, o nuevos edificios que se habían construido en la ciudad. Por lo menos, ahora no peleaban por cualquier estupidez que se les presentara en frente. Eso demostraba la madurez que había adquirido aquel último año sin verse.
Finalmente llegaron al preciado lugar, Inuyasha, caballero como siempre, le abrió la puerta para que ella saliera, y Kagome sólo pudo responder con una tímida sonrisa. Entraron al local, encontrándose con Sango y Miroku, quienes estaban muy acaramelados en unos sillones que habían ahí, y al verlos acercarse juntos, luego de estar una fracción de segundo algo avergonzados, entraron en estado de shock, al no verlos pelear y convivir plácidamente.
-¿No vendrías con Sesshomaru? – le preguntó Sango a la azabache, cuando se levantó a saludarla.
-Si, pero él se retrasó e Inuyasha fue por mi.
Los recién llegados fueron a la barra a pedir unos tragos, en el momento en que Sesshomaru y Rin llegaba. Kagome pidió un Martini e Inuyasha un Whiskey. Volvieron para saludar a sus amigos y se sentaron a conversar. Kagome les puso al tanto de muchas cosas que había vivido en Inglaterra, les contó del libro que había publicado hace apenas unos meses, el cual pronto sería estrenado también en Japón. Por su parte, los cinco amigos le contaron lo que hacían en la universidad, aunque fue Inuyasha quien casi no habló en toda la noche.
El regreso de Kagome lo había turbado bastante. Había vuelto más madura y con aquella madurez traía una belleza incomparable y una sensualidad que atraía todos sus sentidos. Sin embargo, al saludarla aquella noche, la indiferencia que ocultaba un corazón roto se hizo presente.
En todo momento ella evitaba sostenerle la mirada o dirigirle la palabra, sólo estaba concentrada de lo que Sango le contaba. Por alguna razón tenía la necesidad de hablarle, como si hacerlo fuese el oxígeno que le permitía respirar y vivir. El estrecharla entre sus brazos aquella mañana fue algo que le llenó el alma y que ella no rechazara el hecho de que él la besara como saludo curaba de cierta forma la herida que tenía en su corazón por no estar junto a ella.
-Oye, Kagome ¿y te conseguiste algún gringo de novio por ahí? – cuestionó Rin. Esa pregunta lo enfureció y estaba por gritarle que Kagome jamás amaría a otro que no fuera él, cuando…
-OH, no un gringo, pero si un italiano muy sexy – rió con Sango. Los ojos de Inuyasha se estaban volviendo rojos de la rabia, pero trató de parecer indiferente. – o como yo prefiero llamarlo, mi príncipe genio millonario políglota que es heredero de una compañía de cristales. Su nombre es Leonardo Monticello. De verdad el hombre es perfecto, atento, simpático, tiene dos títulos universitarios a los veinticuatro años, sabe hablar chino, japonés, inglés, alemán, y otros más. De verdad, me gané la lotería con él.
Ya apenas escuchaba el ruido de las voces y la música del local, sólo estaba centrado en escuchar con detalle de lo que su ex novia le contaba a sus amigas. Según él, la joven sólo trataba de torturarlo, ¿no bastaba con que Yumi lo hubiese traicionado y ella rechazado? ¿Tenía que recibir otro castigo? No iba a soportar ver a su Kagome… ¿dijo SU Kagome?... con otro. Había oído que los italianos son seductores natos, no quería ni imaginar lo que había hecho mientras estaba en Londres.
-¿Y cómo lo harán con su relación estando tan lejos? – preguntó Rin interesada.
-Bueno, su familia acaba de abrir una cede de su fábrica aquí en Tokio, así que él se hará cargo por un tiempo, mientras ve donde se va a establecer finalmente. Viajará la próxima semana.
-¿Y se quedará en tu departamento? – cuestionó Sango con picardía.
-¡No! – Contestó roja como tomate – Somos de esos anticuados, no ha ocurrido nada de lo que piensan, queremos esperar al momento perfecto…
¿Eso le daba esperanzas?
-OH, - dijeron las chicas con decepción, y luego se mataron de la risa.
-¿Y cómo es él, Kag?
Kagome tomó su bolso y de él sacó su billetera, donde tenía guardada una foto. En ella, salía la chica junto a Leonardo, abrazados junto al Coliseo Romano. Inuyasha miró de soslayo, aunque únicamente la pudo mirar a ella. Se veía tan feliz y como lo contaba la de los ojos chocolate, puso notar que sentía un gran cariño, si es que no era amor, por ese joven.
No soportaba más, debía alejarse de ahí antes de comenzar a una escena de celos de al que, seguramente, no saldría bien. Se levantó, llamando la atención de todos, incluyendo a Kagome.
-Recordé que debo hacer algo, debo irme – dijo con tono parejo – adiós.
Apenas el albino desapareció por la puerta, Kagome se giró hacia su hermano.
-¿Qué pasa con él? Actúa extraño.
-Bueno, es la primera vez, en mucho tiempo, que se junta con nosotros, de hecho desde que te fuiste a Inglaterra – la muchacha lo miró confundida – cuando terminó con Yumi, quedó destrozado, y cuando volvió de Francia, por ese viaje de la universidad, era alguien completamente diferente, un chico frío, sin corazón. Nunca nos contó lo que ocurrió allá, es más, casi dejó de hablarnos, se compró un departamento, se fue de la casa, y consiguió nuevos amigos…
-Él… fue a verme cuando estuvo en Francia – comentó temerosas y todos la miraron expectantes – me contó lo de Yumi y lo mandé al diablo… aquella noche sufrí un paro cardíaco.
-¿¡Qué! – fue un coro.
-No es momento de hablar de eso… Volvamos a Inuyasha.
-Bueno, él se emborrachaba casi todas las noches, no le importaba siquiera que mamá o papá lo vieran así. Hasta que cayó enfermo, muy gravemente, así que le prohibieron beber en exceso.
Kagome quedó en un pequeño estado de shock por lo que le contaba Sesshomaru, ¿de verdad el Inuyasha se ella conocía, aquel testarudo y arrogante, pero tierno y pasional, se había convertido en eso?
Pasaron las horas, y cuando eran más o menos las 2.30AM, decidieron partir.
-Recuerda lo que te dije – le dijo el albino al despedirse – mi padre dará una fiesta en un mes, y estás invitada, junto a tu novio.
Miroku y Sango la fueron a dejar a su casa, se despidió de ellos y entró en el edificio para poder subir a su departamento y dormir. Las puertas del ascensor se abrieron, pero estas casi se cierran nuevamente cuando se quedó petrificada mirando al chico de cabello plateado que estaba sentado en el suelo, apoyado en su puerta, aparentemente dormido. Caminó a paso inseguro hacia él y se arrodilló a su lado.
-Ka…go…me… - la llamó tomando su mano. Ella se exaltó de inmediato.
-¿Inuyasha, por qué estás aquí?
-Ka…go…me… que lindo es el suelo – no había caso de hablar con él, estaba completamente borracho.
No sabía que hacer, se debatía por dejarlo ahí o llamar a alguien para que fuera por él. Miró la hora, ya era muy tarde, así que no tuvo más remedio que ayudarlo a pararse y entrar, para que se acostara en el sofá. Pasó uno de sus brazos por los hombros femeninos y con un caminar torpe lograron llegar al sillón, donde él se sentó, estiró más bien, y se quedó dormido. No pudo evitar enternecerse y sonreír ante la imagen que tenía enfrente.
Fue a su habitación, por unas frazadas, una almohada y volvió a la sala. Se acercó al chico, le quitó los zapatos, desabrochó su chaqueta, aproximó sus manos al pantalón de él, pero de inmediato se arrepintió, no tenía el derecho de hacer eso, ni él, el privilegio de que lo hiciera. Desabotonó los tres primeros botones de su camisa, así podría dormir más cómodo.
-Si tu novio te viera haciendo esto, quizá qué pensaría – aquello la tomó por sorpresa, ¿no se suponía que estaba dormido? Pero antes de que pudiera reaccionar y alejarse de él, Inuyasha la agarró de la chaqueta, para acercarla a él y la besó en los labios.
A pesar de que el beso no duró más de cinco segundos, puso revivir en ambos, recuerdos y vivencias de hace años atrás que se habían perdido.
-¡Inuyasha! – le gritó separándose.
Tomó la frazada, se la tiró encima, sin importarle si había sido fuerte o no y corrió a su habitación.
A la mañana siguiente…
Serían alrededor de las nueve de la mañana, el sonido del timbre la hizo despertar. Se removió en la cama, no queriendo levantarse e ir a abrir, pero en ese momento, vio algo pasar por frente a su puerta. Sólo en ese momento se dio cuenta de que había alguien más en el departamento, aparte de ella. Se levantó de un salto y corrió hacia fuera del cuarto, para ver como Inuyasha abría la puerta, con tan sólo una toalla cubriéndole de la cintura hacia abajo. Pero lo peor de todo fue que… quien la visitaba era…
El príncipe genio millonario políglota que es heredero de una compañía de cristales.
Leonardo Monticello.
Lo sé, sé que quieren matarme por dejarlo ahí y por tardar tanto pero, lo primero, es que quería ser cruel y dejarlos con la intriga jejeje, y segundo, no había tenido tiempo de escribir debido al colegio -o- es una lata.
Bueno que opinan? a mi personalmente me gusto el capitulo, Kagome pudo descubrir que su padre no era tan malo como ella pensaba (y todos nosotros) y reecontrarse con sus seres queridos, ¿que pasara ahora con Leonardo? bueno eso solo yo lo se MUAHAHAHA xD, em pero se viene bueno 1313. Quedan unos tres caps para el final, y no se aun si agregare un epilogo, todo depende de como marche esto.
Quiero darle las gracias por todos sus comentarios, y por agregar la historia a alerta y favoritos (L) de verdad, son las mejores. Ahora sólo díganme que les parecio este capitulo.
Ah, de antemano, les cuento de que no tengo idea para cuando estara el proximo episodio, tan pronto tenga tiempo de nuevo (e inspiracion obvio) para escribir, lo hare, sólo que no se cuando sera eso xd.
Bueno, aqui me despido, que esten bien, besos
Bye.
MRS Taisho-Potter :)
