Nota: ¡Último Capítulo! ^_^ Para los que llegaron hasta aquí: admiro vuestra paciencia. Un abrazo. Para lunapotter (y para los que se hayan hecho la pregunta): no habrá continuación. Creo que Harry tendría un año más bien tranquilo y poco complicado.

Capítulo 26 Últimos días complicados

Cuando iban subiendo al vestíbulo, se encontraron con Eatchy. A los chicos ya se les había olvidado el poltergeist. Snape retrocedió un paso, varita en mano, poniendo a los chicos detrás de él, ya que nunca lo había visto. Pero el fantasma avanzó y se asomó sobre su hombro y exclamó:

-¡Ohhhhhh! ¡Si son los dos tontitos! ¿Siguen aquí? ¡Yo pensaba que se habían ido con el vejete!

-¿Quién eres? –Preguntó Snape apuntándolo-. ¡Identifícate!

-¡Pero que modales! –Se burló Eatchy cruzándose de brazos. Luego se volvió hacia los chicos y voló hacia donde estaban ellos-. ¿Por qué no me presentan a su amigo?

Snape se volvió hacía los chicos con el ceño fruncido.

-¿Me pueden explicar de dónde lo conocen?

Draco y Harry se miraron, y Harry comenzó a explicar, pensando que mejor empezaba por las presentaciones.

-Padrino, este es Eatchy. Eatchy, te presento al profesor Severus Snape. El hace clases en este colegio, enseña pociones.

Eatchy esbozó una horrenda sonrisa, y haciendo un carapálida saludó a Snape moviendo su trasero.

-¡Hoooooooola Profesor Snaaaaaaape! ¡Es un guuuuuuusto conoceeeeeeerlo!

Snape parecía no saber qué hacer, y miraba horrorizado a esa versión todavía más decadente de Peeves. Y, como si hubiese escuchado su nombre, justo en ese momento apareció el susodicho.

-¡TÚ! –Gritó Peeves apuntando a Eatchy con tono acusador-. ¡Ten esto usurpador!

Y Peeves comenzó a lanzarle cuchillos a su némesis, que los esquivaba riendo. Los cuchillos comenzaron a caer en el pasillo, y los chicos se cubrieron la cabeza. En eso se escucharon un concierto de Plops y Cracks, y varios elfos aparecieron y comenzaron a recoger los cuchillos, amenazando a los poltergeist con sus puños, enfurecidos. Finalmente, y para completar el cuadro, varios fantasmas acudieron atraídos por el alboroto. Y fue una suerte, ya que de inmediato rodearon a los poltergeist y agarrándolos del pescuezo comenzaron a darles puños sobre la cabeza mientras se alejaban con rumbo al vestíbulo.

Los elfos terminaron de recoger los cuchillos y desaparecieron también, dejando sólo a los chicos y a Snape, que parecía haberse quedado sin habla.

-¿Me pueden explicar? –Preguntó finalmente.

-Eatchy es un poltergeist, uno como Peeves –explicó Harry-. Usted no lo conocía porque justo llegó cuando usted estaba de vacaciones. Es muy desagradable, y hasta Peeves lo odia.

Snape se quedó pensando unos segundos. Parecía estar atando cabos.

-¿Tiene algo que ver con que el director los dejara calvos? –Preguntó.

-Bueno, un poco, sí –admitió Harry.

-Muy indirectamente –agregó Draco.

Snape negó con la cabeza.

-Mejor cuéntenme todo desde el principio…

Al final, los chicos optaron por contarle todo, desde el proyecto sobre los muggles hasta el día que él llegó, aunque sin ponerse de acuerdo ninguno de los dos quiso contarle cómo el director había lidiado con ellos. A ambos les daba vergüenza. Al final el brujo estaba un poco enojado, y en vez de seguir hacia el vestíbulo para el paseo diario, comenzó a caminar de vuelta a la mazmorra. Los chicos lo siguieron, con un mal presentimiento.

Cuando llegaron, Snape bajó al cuarto de ellos, e hizo aparecer dos cubos de agua y dos escobillas. Los chicos, que lo habían seguido, se quedaron mirándolo.

-Van a pasar el resto del día limpiando esta mazmorra –dijo cruzándose de brazos-. Y si para la noche este piso no está impecable continuarán mañana.

-Pero señor… -Dijo Draco.

-¡Nada de peros! ¡Muévanse!

Los chicos lo miraron consternado, y finalmente Harry mandó al diablo su orgullo y confesó.

-Padrino… El profesor Dumbledore ya nos castigó por eso…

-Pues yo creo que se merecen mucho más que quedarse calvos por un par de días, por traer esa alimaña al castillo. Ya bastante teníamos con Peeves –Declaró Snape-. Y ahora pónganse a limpiar.

El brujo se dio vuelta e iba a irse pero Harry lo retuvo.

-Dumbledore nos pegó con su cinturón –confesó-. De verdad que ya nos castigaron por esto.

-¡¿QUE EL QUÉ?! –Gritó Snape, volviéndose. Miró a los chicos esperando que le dijeran que era broma, pero los dos se habían puesto colorados-. ¿Y por qué no me lo habían dicho? –Preguntó finalmente.

-Porque nos daba vergüenza, ¿por qué más? –Respondió Draco como fuera obvio.

Snape se quedó unos instantes sin palabras, pero finalmente murmuró.

-Bueno, merecido se lo tenían. Supongo.

Pero ya no parecía enojado con ellos, y desapareció los baldes y las escobillas con un movimiento de su varita. Luego se volvió hacia la escalera y dijo "vamos".

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Pasado el impasse, el paseo por el parque estuvo tan agradable como los de los días anteriores. Snape estaba todavía menos comunicativo que otros días, y Harry sospechó que la próxima vez que el director viniera la conversación entre él y su padrino no iba a ser agradable. De hecho, comenzaba a sospechar que el director había omitido la historia de sus calvicies a propósito para no tener que decirle toda la verdad a Snape.

Pero Harry decidió no amargarse. Ya había pasado hacía días y, aunque había sido muy desagradable, Harry hubiera preferido incluso ser castigado de nuevo sin con eso hubiera hecho desaparecer a Eatchy. Pero eso era imposible, claro. Por algo Peeves seguía ahí.

Harry se preguntó por primera vez de dónde había salido Peeves. ¿Habría llegado del mismo modo que Eatchy, convocado por un grupo de ingenuos jugando a la Ouija? A lo mejor salía en "Historia de Hogwarts", tendría que preguntarle a Hermione. Aunque, si saliera en ese libro, Hermione lo habría sabido, y les habría impedido convocar al segundo poltergeist, razonó.

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Ese día el paseo fue corto, debido a que nuevamente se echó a llover. Y, por la tarde, después de almuerzo, Snape se fue a dormir siesta como le gustaba hacerlo cuando no estaban fuera. Intentó como siempre convencer a los chicos de que ellos también bajaran y descansaran un rato (a lo que ellos en general no accedían, reclamando que no tenían sueño), y para su asombro obedecieron sin rezongar. Feliz, se fue a su cuarto para lo que prometía ser una siesta fabulosa, con el suave ruido de la lluvia de fondo.

Harry se extrañó que Draco no reclamara, como siempre lo hacía cuando lo mandaban a dormir siesta, pero le siguió la corriente como de costumbre. Una vez abajo, cuando lo vio sacar su botellita de alcohol comprendió.

-Si te tomas eso, el tufo te va a traicionar –lo previno.

-No me lo voy a tomar así tal cual –aclaró Draco-. Lo vamos a diluir.

Volvió a meter la botellita dentro de su mochila y llamó a Dobby, quien apareció de inmediato.

-¡Dobby! –Lo saludó cordialmente-. Tenemos sed. ¿Nos podrías traer unos jugos de naranja con bastante azúcar?

-Por favor –agregó Harry, que odiaba pedirle cosas a Dobby como si fuera un esclavo.

-Claro –dijo Dobby de inmediato-. ¿Van a desear también algo de comer?

Tras pensarlo unos segundos, Draco respondió:

-Unas cerezas estaría bien. Y si fueran de conserva, mejor.

-Dobby volverá de inmediato –dijo el elfo, y desapareció.

Dobby volvió a los cinco minutos con una bandeja con lo solicitado, que puso sobre una mesita que hizo aparecer. Luego desapareció con una sonrisa y recordándoles que si querían algo más no tenían más que llamarlo.

Draco vertió generosas cantidades de su alcohol sobre su vaso de jugo, e iba a echarle al de Harry cuando el chico, en un impulso de auto conservación de último minuto, puso una mano sobre el vaso tapándolo y afirmando que prefería el jugo solo.

A: ¿Ya vez, cornudo sin fe? ¡Te lo dije!

D: Y yo te dije que esperaras y vieras…

Draco empezó a cacarear y a mover los brazos como una gallina que aletea, y Harry calló en la trampa y sacó la mano de arriba de su vaso. Draco vertió de su alcohol, pero al verle le cara a Harry sólo le puso un poquito.

D: ¿Qué te dije emplumado? ¿Qué te dije?

A: Ok, pero que conste que no lo está haciendo porque realmente quiera.

D: Nadie le puso la pistola al cuello…

-Ahí está Potter… Perfecto para mariquitas… -Le dijo pasándole el vaso, aunque no de mal modo sino en broma.

-No soy mariquita –aclaró Harry, tomando el vaso-. Tan sólo me preocupa que este matarratas nos haga mal.

-Pero que gallina… ¡Si seguí las instrucciones al pie de la letra!

-Sobre todo preparando todo en un lugar tan muggle como la sala multipropósito –se burló Harry.

-Bueno, hice todo casi igual –se defendió Draco-. Y huele a trago, ¿no?

Y como para reforzar lo que estaba diciendo se llevó el vaso a la boca y se tomó un buen trago.

-Ahhhhh –dijo contento-. Está rico. Anda gallina, pruébalo.

Harry se resignó y lo probó. No estaba malo, pero le dejó en la lengua un gustillo medio rancio.

-He probado mejores –dijo finalmente.

-Bueno, es nuestro primer intento –dijo Draco restándole importancia-. Los próximos serán mucho mejores, ¡ya verás!

-¿Los próximos? –Preguntó Harry, ligeramente alarmado.

-¿No creerás que nos vamos a quedar con el primer intento, verdad? ¡Este no era más que nuestro experimento exploratorio!

Harry no dijo nada, aunque estaba cada vez más arrepentido de no haber cortado el asunto desde el principio.

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Snape se despertó de pronto, con un ruido inusual en su mazmorra. Se quedó esperando, y pronto lo volvió a oír. Era lo que había creído escuchar: una persona vomitando, y parecía venir de la sala.

Rápidamente se levantó y salió de su cuarto. Ahí, sobre la alfombra, estaba en cuatro patas Draco Malfoy, frente a lo que presumiblemente era su propio vómito. Rápidamente Snape se acercó a ayudarlo, pero en ese momento escuchó ruidos a su espalda y vio que Harry también estaba vomitando, con la diferencia que había alcanzado a llegar al baño.

Ayudó a Draco a levantarse, y le sintió olor a alcohol y como a naranja. Pero, que el recordara, en el almuerzo no habían comido nada que contuviera naranja, ¿o si?

Ayudó a Draco a avanzar y a sentarse en el sillón. Luego hizo aparecer un paño mojado y se lo pasó para que se limpiara. Hizo desaparecer el vómito con su varita, e iba a ver cómo estaba Harry cuando sintió a su espalda que Draco volvía a vomitar, frente a la chimenea.

-¿Qué les pasa? –Preguntó a nadie en particular-. Yo comí lo mismo que ustedes.

Hizo desaparecer el segundo charco de vómito, y se fue al baño. Pero Harry ya se había repuesto un poco y se encontraba lavándose la boca y la cara. Por el espejo Snape pudo ver que estaba pálido, y al tocarle la frente notó que estaba frío.

-¿Estás mejor, Harry, o quieres seguir vomitando? –Preguntó preocupado.

-Creo que ya estoy mejor –murmuró Harry-. No me queda nada que vomitar.

-Entonces ve a acostarte. Yo llevaré a Draco. Bajaré en un instante.

Harry obedeció, y Snape fue rápidamente a su sala de trabajo y volvió con dos frasquitos de poción. Se los guardó en un bolsillo para poder ayudar a Draco a caminar hasta el baño donde, como Harry, se lavó la boca y la cara.

Cuando por fin estuvieron los dos chicos acostados, con cara de moribundos, Snape les dio las pociones que les había traído y que calmarían sus estómagos. Los chicos se las tomaron sin chistar, agradecidos de cualquier cosa que les aliviara.

Recién cuando la poción hizo efecto, y los chicos se sintieron mejor, Snape comenzó a mirar alrededor y vio la mesita con los dos vasos y la fuente de cerezas. Con un mal presentimiento se acercó a mirar, y no vio detrás de él las miradas alarmadas de Draco y Harry. Acercó su ganchuda nariz a los vasos, que todavía contenían un poquito del jugo, y confirmó sus sospechas. Se volvió hacia sus cargas, enojado, y vio las caras de culpables que tenían.

-¿De donde sacaron esto? –Preguntó enojado.

-Dobby nos los trajo –respondió Draco.

-¿Dobby les dio trago? –Preguntó Snape, indignado, y antes de que Harry lograra explicar lo que quería explicar el brujo gritó-. ¡DOBBY! ¡VEN AQUÍ DE INMEDIATO!

El elfo apareció y, asustado por la voz de Snape, comenzó a golpearse la cabeza con el puño, asumiendo que debía castigarse por alguna cosa.

-¿Tú les diste esto a los chicos? –Preguntó Snape indicando la bandeja.

El elfo abrió grandes los ojos, miró a Snape temblando de pies a cabeza, y lentamente comenzó a asentir. Snape iba a sacar su varita cuando Harry saltó gritando de la cama, y se puso frente al elfo.

-¡No fue él! ¡No fue él! –Gritó Harry.

-Acaba de confesar Harry… -dijo Snape-. Hazte a un lado.

-Él nos trajo los jugos, y las cerezas, pero nosotros le agregamos alcohol. ¡Por favor deje ir a Dobby! ¡Él no sabía!

Snape bajó la varita, y Harry bajó los brazos, más relajado.

-¿Es verdad eso, Dobby? –Preguntó Snape.

Dobby se asomó lentamente desde atrás de Harry, y miró a Snape con sus enormes ojos llenos de lágrimas.

-Dobby sólo trajo jugo de naranja a los chicos porque los chicos tenían sed. Y cerezas porque los chicos querían comer cerezas. Pero Dobby hizo el jugo con mucho cuidado, y el frasco de cerezas le pareció bien a Dobby. Dobby no sabía que a los chicos les haría mal lo que Dobby les traía.

-Está bien, Dobby –Respondió Snape-. Perdóname por haber dudado de ti. No necesitas castigarte, y puedes irte.

-Dobby lo siente… –insistió el elfo.

-Puedes irte –insistió Snape-. ¡Es una orden!

El elfo desapareció, y Snape se concentró en Harry, que ahora que no estaba defendiendo a nadie parecía algo descompuesto. Luego miró a Draco, que parecía querer confundirse con el decorado.

-¿De donde sacaron el trago? –Preguntó.

Ninguno de los chicos se atrevió a decir nada.

-¡RESPONDAN! –Gritó Snape perdiendo la paciencia.

-Lo preparamos nosotros –confesó Draco.

-¿Es cierto eso, Harry?

Harry asintió con la cabeza.

-¿Cómo? ¿Dónde? ¿CUÁNDO?

-En la sala multipropósito –murmuró Harry mirando el piso-. Vimos en un libro de química muggle como hacerlo, y queríamos ver si resultaba. Y creímos que había resultado, pero algo debemos haber hecho mal…

-¿Y de dónde sacaron un libro de química? –Preguntó Snape confundido.

-Lo encontramos cuando estábamos haciendo esa tontería de investigación sobre los muggles para Dumbledore –dijo Draco.

-El Profesor Dumbledore, Draco –lo corrigió Snape. Pero no parecía tan enojado con Draco-. ¿Dónde tienen el libro? –Preguntó.

-Se quedó en el cuarto del director –respondió Harry.

-Pero no hemos vuelto allá en dos semanas –dijo Snape confundido-. ¿Cómo lo hicieron, si no tenían las instrucciones?

-Draco tomó notas –explicó Harry- para lo del trabajo –mintió, al ver que Snape parecía enojado. No iba a echar al agua a Draco, contándole que las había copiado sólo con el fin de hacer el experimento.

-Voy a matar al director… -Murmuró Snape-. ¡Y voy a mandar a sellar la sala multipropósito!

-¡NOOOO! –Gritaron los chicos al unísono.

-¡SE CALLAN! –Gritó Snape. Luego se volvió y miró lo vasos-. ¿Tienen más de esa porquería que hicieron?

Los chicos no contestaron.

Accio matarratas! –Gritó Snape enojado, varita en mano, y de la mochila de Draco salió volando la botellita con lo que quedaba.

Snape la abrió y olió el contenido, intentando identificar, sobre el intenso olor a alcohol, qué podría haber sido lo que les había hecho mal a los chicos.

-¿Se tomaron sólo lo que le falta a esta botella? –Preguntó, mirándola al trasluz.

-Sí, y ni siquiera estaba llena –explicó Harry-. Tenía como tres cuartos.

-No es tanto… -Murmuró Snape extrañado-. No debió haberlos hecho vomitar de ese modo.

El brujo se quedó pensando unos segundos, y luego le dijo a Harry que volviera a la cama. Hizo aparecer un par de baldes vacíos y los dejó junto a sus camas. Luego hizo desaparecer la mesita y la bandeja, y se fue no sin antes advertirles que se quedaran dentro de la cama si sabían lo que les convenía.

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Snape llamó a Winky, y le encargó que se quedara por favor con los chicos, abajo, y que le avisara si algo pasaba, que estaría en su laboratorio. Le pidió además que por ahora no les diera nada de comer hasta que él le avisara.

La elfina obedeció de inmediato, y Snape se llevó la muestra al laboratorio para intentar identificar lo que les había hecho mal.

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Los chicos pasaron una tarde miserable en la mazmorra. Aunque no volvieron a vomitar, y a pesar de la poción, se sentían descompuestos. Y ambos estaban un poco asustados.

Mientras tanto Snape no había podido identificar la sustancia. No estaba seguro del antídoto, así que agarró dos bezoares y se los llevó a los chicos.

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Como sólo quedaban cinco días para el inicio de las clases, Snape decidió castigarlos por el resto de las vacaciones. Tendrían que quedarse encerrados en su cuarto. Los chicos pensaron que no era tan terrible (esperaban algo peor), hasta que Snape hizo aparecer unos muros que formaban dos cuartos pequeños, cada uno con puerta hacia el pasillo en que había quedado la escalera. Los encerró por separado, y cuando la puerta se cerró detrás de él, y Harry vio que en su cuarto no había más que la cama, Harry le gritó a Snape que no tenían ni baño. Entonces apareció en una esquina un balde, y Harry volvió a gritar que no era gracioso.

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Pasado el enojo inicial, Snape no fue tan malvado. Los dejaba ir al baño varias veces al día, y seguían comiendo arriba, con él. Pero se ensañó obligándoles a comer todo aquello que no les gustaba, y llenando más el plato si comenzaban a hablar. Y ni hablar de postre.

Abajo, los cuartos eran verdaderos calabozos. Harry y Draco intentaron conversar a través de los muros, pero al parecer estaban hechizados para no permitir que los sonidos pudieran pasar del uno al otro.

Cuando Draco, aburrido en su cuarto, se puso a gritar a todo pulmón que lo sentía, y que se volvería loco de tedio, apareció en su cama una copia de "Historia de la Magia" por Bathilda Bagshot. Al principio sólo lanzó el libro contra la puerta, pero luego agradeció lo aburrido que era porque le ayudaba a quedarse dormido, y así el tiempo pasaba más rápido.

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El jueves 31 por la mañana, a la hora del desayuno, Snape decidió perdonarlos y dejarlos salir un día antes del encierro. Los chicos sonrieron aliviados, ya que esos cuatro días habían sido una verdadera tortura.

Como Snape todavía tenía trabajo que hacer para tener todo listo para comenzar el año, y en el colegio ya estaban todos los profesores, Snape les dio permiso para que salieran de la mazmorra, a condición de que volvieran a almorzar, a cenar, y que no hicieran ninguna tontería, o él mismo le pediría al director que los dejara dormir por un mes más en sus pequeños calabozos.

Los chicos no querían eso ni por nada del mundo, de modo que se limitaron a pasear por el parque y a bañarse en el lago. Volvieron felices y a tiempo para el almuerzo, pero cuando iban atravesando el vestíbulo para bajar a las mazmorras se les acercó Filch, enfurecido.

-¡USTEDES! –Les gritó-. ¡USTEDES FUERON LOS QUE TRAJERON A ESE DEMONIO! ¡SÉ QUE FUERON USTEDES!

Los chicos quedaron petrificados, el tiempo suficiente para que Filch los agarrara de una oreja y los arrastrara rumbo a su oficina. Los chicos protestaron, e intentaron explicarle que tenían que volver a la mazmorra donde Snape, pero el celador parecía enfurecido más allá de toda razón, y los lanzó adentro de su oficina, cerrando la puerta detrás de él de un portazo.

Los chicos miraron alrededor, y comprendieron la ira del celador: en cada espacio de pared e incluso del techo habían escrito "Eatchy estuvo aquí".

Filch les gritó, y les gritó, y les siguió gritando hasta que casi quedó afónico. Por suerte en un momento dado sonó la puerta, y el celador dejó de gritar para ir a abrir. Era Snape.

-Argus… Que gusto… -Saludó el brujo con una voz suave. Luego miró alrededor, y comprendiendo el problema sacó su varita y desapareció todos los pintarrajeados. Filch le dio las gracias refunfuñando, mirando la varita con envidia y con cierto resentimiento.

-Cuando necesites, Argus… -Dijo Snape guardando la varita-. ¿Ya me los puedo llevar? –Agregó indicando a los chicos.

Filch aceptó a regañadientes, pero antes de dejarlos ir les aseguró que si ese poltergeist se volvía a meter con él, los que pagarían serían ellos.

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La última tarde de vacaciones estuvo más tranquila. Los chicos volvieron a salir, pero como Snape les había devuelto todas las cosas "peligrosas" después del almuerzo (haciéndoles prometer que no las usarían para hacer tonterías) usaron la capa de Harry para atravesar los pasillos y el vestíbulo sin toparse con el iracundo Filch.

Como hace mucho que no jugaban, se fueron al campo de quidditch y pasaron el resto de la tarde jugando a quién atrapaba más veces la snitch. Ganó
Harry, como siempre, pero Draco descubrió que ya no le molestaba.

Esa noche, después de la cena, como no se habían metido en problemas, Snape devolvió la mazmorra inferior a su estado original. Los chicos lo agradecieron, y se durmieron sintiendo que aunque no todo había sido bueno, extrañarían ese verano una vez que las clases hubieran comenzado.

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Por la mañana, el desayuno tuvo una atmósfera triste. Los tres sabían que ese sería el último desayuno que tomarían juntos en la mazmorra, y sentían que lo extrañarían un poco.

Todavía no terminaban cuando escucharon al enano de piedra, y la voz del director. Snape fue a abrir, y el director entró cargado de paquetes, que resultaron ser los libros y las cosas que los chicos necesitarían para el año escolar. Se extrañaron, ya que la lista nunca les había llegado.

-Buenos días señor director –saludó Snape con algo de frialdad-. Ya estaba temiendo que no vendría.

-Te dije que lo haría… -le dijo el anciano con calma-. ¿Estamos a mano ahora?

Snape gruñó, pero luego murmuró "está bien".

A los chicos les dieron permiso para volver a ir al campo de quidditch, y se fueron a pasar ahí toda la mañana. Volvieron a almorzar a la mazmorra, cansados, sudados, y hambrientos. El director ya se había ido.

-Vayan a ducharse… -les dijo Snape al verlos.

-Pero es que queremos volver a la tarde –explicó Harry.

-Sí la revancha… -agregó Draco.

Snape iba a sacar su varita, y los chicos la pensaron mejor y decidieron obedecer.

Algo más tarde, con el pelo todavía mojado, almorzaron. Harry y Draco comenzaron a contarle del juego que habían tenido en la mañana, del juego que habían tenido la tarde anterior, de cómo Draco intentaba hacer trampa, de como Harry era un mentiroso y un fanfarrón… Snape escuchó su cháchara, y fingió que le interesaba. Estaba pensando que tal vez los extrañaría un poco, su desorden en la mazmorra y su constante cacareo sin sentido.

Cuando terminaron el postre (panqueques), se quedaron en silencio. Ya se les había pasado la euforia post-juego y comenzaba el principio de la despedida.

-Bueno… -Preguntó Harry algo incómodo-. ¿Ya puedo llevar mis cosas a la torre de Gryffindor?

-Deja todo ordenado en tu baúl, incluidos los nuevos libros y materiales, y los elfos lo llevarán por ti –explicó Snape-. Lo mismo va para ti Draco. Yo te traje las cosas de casa de tu prima.

-¿Cuándo podré ir a verla? –Preguntó Draco.

-Cuando recobre el conocimiento, yo mismo te llevaré. Por ahora no tiene mucho sentido que vayas.

-Ah, bueno. –Respondió Draco algo desanimado, aunque ya se estaba acostumbrando a no ver a su prima.

Los tres se quedaron unos segundos en silencio, hasta que Snape les recordó que bajaran a dejar sus cosas ordenadas y que luego desaparecieran por el resto del día.

-Bueno, entonces supongo que nos vemos más tarde en el gran comedor, ¿no? –Preguntó Draco.

-Sí. Voy a estar ocupado esta tarde –explicó Snape-. Pueden ir a donde quieran, dentro del castillo y alrededores, y pueden hacer lo que quieran, dentro de límites razonables. Pórtense bien.

Los chicos asintieron, y bajaron algo acongojados a ordenar sus cosas.

Cuando dejaron los baúles cerrados y listos en la mazmorra, Harry se sentó en su cama y miró alrededor.

-No te pongas sentimental, cabeza rajada –dijo Draco, cruzándose de brazos-. Nos vamos a seguir viendo todo el año, y lo vamos a seguir teniendo que aguantar en clases todo el año –agregó apuntando hacia arriba-. Y yo me lo voy a seguir teniendo que bancar de jefe de casa.

-Ok… -Dijo Harry, sonriendo resignado-. Tú ganas. Sin cursilerías.

Y se fueron a disfrutar la última tarde libre al parque.

FIN