La noche había caído para cuando Snape había llegado a la Mansión Prince, una extraña sensación lo recorrió de pies a cabeza al encontrarse una vez más dentro de ese lugar. Una mezcla confusa de dolor y alegría lo invadió. El saber que ahí había vivido su fallecida madre y que también ahí había sido muy feliz con Eleonor Dilarun, el mismo lugar donde ella había perdido a su hijo y condenado su vida. Su nostalgia que se remontaba hacia un pasado que el hacia tiempo que intentaba enmendar. Y porque no decirlo también olvidar.

Mas sin embargo le había fallado, no le había podido salvar la vida, la había visto agonizar y no pudo hacer nada para evitarlo, esa mujer que fuera su paz y alegría por mucho tiempo, había dado la vida por el hacia ya muchos años ahora ya hacia descansando en el cementerio familiar Prince. Era su última vista a la mansión, no deseaba volver a ese lugar, quería dejar su pasado atrás y comenzar una nueva vida.

Eso era lo que su Liánhuā representaba para él, la posibilidad de comenzar de nuevo. Bajaba por las enormes escaleras con destino a salón principal, acariciaba el frio barandal, como si se tratara de una caricia, pero mas bien era una despidida a su manera, se detuvo en el descanso de la escalera, aquel donde giraba esta, se voltio para ver el retrato de la familia Prince que colgaba de la pared, en ese retrato su mamá apenas era una niña de solo 15 años, sus abuelos parados uno junto al otro en posiciones rectas detonaban orgullo y altivez, frente a ellos justo en medio su hija única era una copia casi exacta de su abuela, desde el porte hasta los rasgos mas finos de la cara, con la pequeña diferencia de que podía advertirse un brillo en su mirada.

Eileen Prince seria la única que lograría escapar del oscuro sendero impuesto por la noble y antigua casa de los Prince, pero escapar había tenido un precio muy alto, Elieen había sido expulsada y repudiada por su familia. Todo por haber seguido al amor de su vida y padre de su hijo, mismo hombre que años mas tarde acabaría con su vida…

-Sacrificaste tantas cosas por mi… - el retrato de Eileen le dedico una sonrisa, ella era una razón mas por la cual el debía comenzar de nuevo, se lo debía principalmente a ella. Bajo el resto de las escaleras, camino con paso lento hacia la puerta principal. Con su rostro imperturbable tomo la manija, giro y abrió, dio un ultimo vistazo a la casa, si sintió melancolía, tristeza o anhelo, no lo demostró, esa mascara de hielo que siempre usaba contenía todas sus emociones…

15 de enero, 4 pm. Las tres escobas.

-Eres la primer chica puntal que conozco Weasley – dijo en su habitual tono egocéntrico Malfoy mientras se ponía de pie y corría la silla adjunta a el para que ella tomara asiento. – Luces hermosa.

-Llámame Ginny – pidió la chica, no se inmuto ante el alago del joven, no era de ese tipo de chicas que con unas cuantas palabras podían endulzarle el oído. – Gracias – le tendió el abrigo que 15 días atrás el joven le prestara.

Cientos de miradas se centraban en ellos, todos los jóvenes del colegio que estaban esa tarde presentes en el mismo lugar, no daban crédito a lo que sus ojos veían, parecía tan surreal aquella escena, pero los dos tenían en común esa facilidad de ignorar olímpicamente a la gente.

-Y bien Malfoy dime a que se debe esta invitación – ordeno Ginny mientras leía el menú para seleccionar su comida.

Draco levanto una ceja, no esperaba que ella fuera tan directa – Digamos que me interesas y me gustaría que nos conociéramos – atajo el con arrogancia. Draco sabia de su popularidad entre la población femenina y no concebía que alguna chica no estuviera interesada en el,

Ginny sonrió con burla, miro unos segundos a los ojos a Draco, después de todo había cosas que nunca cambian. – Y supones que yo estoy interesada – no pregunto, era una afirmación.

-Estas aquí – explico Draco como algo obvio.

-Estoy aquí por que debía traerte tu abrigo y mas tarde tengo un compromiso aquí mismo, no te creas el centro del universo Malfoy. – contesto mientras cerraba su carta.

Draco sonrió de lado, en verdad le gustaba esa chica cada vez mas, era de las pocas o mas bien contadas que no se le ponían como tapete, se respetaba y valoraba y esas eran cualidades para admirar. – ¿Ya decidiste que vas a ordenar? – pregunto dejando zanjado el otro tema.

Ella asintió con la cabeza, Rosmerta se acerco al escuchar a Draco, se dirigió hacia ella – dime Ginny

-Azado en pancela, crema de calabaza y jugo de calabaza ha y una ensalada con especies por favor Rosmerta – ordeno amablemente, se sintió observada por Draco y lo encaro - ¿Qué? – pregunto al mirar la cara de asombro del chico.

Draco jamás había escuchado ordenar tanta comida a una chica, por lo general siempre eran ensaladas acompañadas de un pequeño trozó de carne, pero esa pelirroja acababa de ordenar como si fuera una vagabunda, vaya comía hasta mas que el, si no fuera porque el había comido cientos de veces en Hogwarts pensaría que no la alimentaban bien – Nada – mintió – lo mismo que ella Rosmerta – ordeno.

-¿Por qué Medimago? – pregunto la pelirroja.

Draco pensó un poco, se recargo sobre su respaldo, con su mano estirada sobre la mesa comenzó a dar pequeños golpes con su dedos sobre esta – Cause tanto mal en un tiempo, que creo que es mi forma de pagar – no quito la vista de encima de la chica.

Ginny no esperaba que se sincerara con ella y la respuesta la había tomado de sorpresa – Vaya – fue todo lo que atino a contestar y dio un sorbo a su limonada.

-¿Jugadora profesional? – pregunto el.

-Vuelo desde los tres años, cuando por error Charlie dejo su escoba en la sala – afirmo ella – mas sin embargo mis padres no están de acuerdo, dicen que no es una carrera con un futuro prometedor y que encima es peligroso – confeso algo triste.

-Lo que pasa es que ellos no te han visto volar – la animo el, se quedaron en silencio unos minutos – ¡vas a escaparte Weasley! – no era una pregunta, era una afirmación, Draco hizo cuentas rápido, 14 de febrero caía en jueves, y seria por la mañana durante sus clases.

Ginny no se inmuto solo sonrió como respuesta. Ella iba a presentar esas practicas y no habría poder humano que se lo impidiera.

-¿Cómo lo aras? – pregunto muy interesado Draco mientras se inclinaba hacia ella.

-Saldré la tarde del miércoles por el sauce boxeador, conduce a la casa de los gritos – pensó un momento – le pediré a Harry que venga por mi para aparecernos en Londres, de ahí me dirigiré en tren hasta la ciudad de Holyhead en el norte de Gales y me hospedare ahí, mi prueba es a las 8 de la mañana. – hablo muy emocionada ella. Omitió la parte de que Harry le prestaría su capa invisible y el mapa del merodeador para que no fuera descubierta.

-Parece que será un viaje caro y largo – dijo con cuidado, no pretendía incomodarla.

-Bill y Charlie ya me han mandado dinero para los pasajes, serán 40 galones de oro – dijo algo angustiada de repente – y George ya pago mi hospedaje e hizo la reservación – lucia alegre.

Draco medito sus palabras, le asombraba que sus hermanos adultos y responsables le ayudaran a atravesar medio Europa solo con destino a un lugar que no conocía y todo a espaldas de sus padres. – Debe ser genial tener hermanos que te apoyan – concluyo.

-Es genial ser un Weasley – dijo llena de orgullo.

Draco solo asintió, de repente frente a esa pelirroja humilde se dio cuenta que ella tenia mas que el, en momentos como esos Draco envidiaba a familias como esas, ahí estaban sus hermanos ayudando a la mas pequeña a cumplir sus sueños, 40 galones era mucho dinero, sabrá Merlín lo que les costaría a ver juntado ese dinero y de lo que seguramente se privarían, sin mencionar el hospedaje todo por apoyar a la pelirroja.

-Ginny – la llamo - ¿Me permites llevarte?– no supo porque lo dijo, pero así lo sentía, no lo medito, solo lo pidió.

Ella no pudo evitar sorprenderse y dejo de comer - ¿Por qué?

- Me gustaría acompañarte – confeso el – yo vengo por ti y yo te traigo nuevamente, es un viaje largo y no deberías hacerlo sola. – no la miraba, fingía interés en comer su estofado.

-Pero… - no sabia que decir la chica.

-A demás me gustaría ver tu primera vez volando en ese campo, así yo podre presumir que fui el primero en verte volar con las Harpías – le guiño un ojo y volvió a fingir concentración en su platillo.

Esa noche en las mazmorras.

Hermione cepillaba su cabello mientras meditaba en la carta que acababa de recibir esa tarde proveniente del ministerio, debes en ves miraba el reloj, ya era tarde, no sabia nada sobre Severus desde que le regalara la caja, y de eso ya tenia dos semanas, sus clases la estaba impartiendo el profesor Sproug. Miro una última vez el reloj y suspiro resignada a la idea de que ese día tampoco sabría nada sobre su paradero. Se dirigió hacia su cama y se quito la bata quedando tan solo en la camisa de Snape que seguía usando como pijama, estaba por arroparse cuando escucho abrirse la puerta, las antorchas de la sala se prendieron dejando ver a Severus.

Snape se quito su capa y la colgó, desabotono sus primeros botones de su levita y se giro hacia la chimenea sin mirar hacia la cama.

Hermione contuvo el aliento, quería parecer dormida mientras miraba sus movimientos.

-Los dormidos respiran Hermione – puntualizo Snape mientras se dirigía hacia la cama y se sentaba en una orilla frente a ella.

-Mmmm – fue todo lo que contesto, estaba llena de emoción de verlo pero no lo demostraría, también estaba molesta.

-¿Cómo has estado? – le pregunto mientras acariciaba su mejilla.

Hermione de desconcertó ante tal gesto – Bien – se limito a contestar.

-Necesito hablar contigo – informo el.

-¿A caso no lo estamos haciendo? – ironizo ella-

El sonrió y ladeo la cabeza – Hermione…

-Severus… - interrumpió ella.

El se paro y comenzó a caminar de un lado a otro, repentinamente nervioso, no era tan fácil como el había pensado que seria – Ya no quiero estar mas en este colegio – soltó de repente.

Hermione no supo como interpretar esas palabras, de momento su corazón se comprimió y sintió que el la dejaba, tal vez había encontrado una clausula a su matrimonio que le permitía no vivir junto a ella.

-He comprado una casa a las afueras de Londres, es una mansión pequeña, pero hermosa – Hermione no le respondía, tal vez ella no quería irse con el. No sabía como entender su silencio.

Ella solo lo miraba, ahora sabia que había hecho tanto tiempo afuera, no hablo, parecía que esto era el adiós, no sabia que decir sin sucumbir al llanto, mientras ella ya no visualizaba su vida si el, al parecer el ya había planeado una nueva vida donde ella no figuraba.

Snape era una persona ya madura y no se andaba sin rodeos, así que inhaló profundo, como sin con eso tomara fuerzas – He conseguido un local muy bien ubicado en el callejón Diagon, pretendo vender pociones, la casa ya esta equipada… Hermione – acorto la distancia y tomo una mano de ella – tienes un futuro prometedor…

Ahí estaba, se estaba despidiendo pensó ella, pero no lloraría, no frente a el.

-No puedes encerrarte en este castillo, suena bien y ambicioso que quieras especializarte en varias ramas pero se sincera contigo mismo Hermione, puedes ser mas y tienes la capacidad de hacer la diferencia, debes buscar entrar en el Ministerio, gente como tu es la que se necesita en el poder – La miro con orgullo – No quiero que por causa mía te eclipses en este castillo - la miro profundamente a los ojos – Ya he renunciado a Hogwarts y si tu quieres, hoy mismo podemos irnos.

La miro con añoranza, cariño, amor y esperanza - ¿Qué dices Hermione? – espero su respuesta…