Código: Guardianes
Capitulo 26
Aprovechando la confusión general por el robo del báculo del templo, los chicos corrieron raudos por las calles para así localizar a los ladrones, es decir, a los chicos de Virio, y recuperar el arma. Decidieron que era mejor que se separaran, a fin de abarcar mayor espacio, mientras Odd les buscaba desde el aire en forma de tucán. Si alguno les encontraba, llamarían al resto vía gema. Se separaron así: Jeremy con Patrick, Ulrich con William, Yumi con Sam, y Aelita con Odd .
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Mientras los chicos buscaban entre el gentío a los hombres de Virio, estos se encontraban ya camuflados entre la población, con el báculo escondido en una casaca la cual llevaba Darko sobre el hombro, todos ellos vestidos con las ropas típicas de la población. Eran un grupo reducido, Darko, Océano, Loren, Inferno y Aza eran los enviados por parte de Virio para recuperar el báculo. El resto estaban enviados de misión.
-Deberíamos volver, ahora que tenemos el báculo a salvo- comentó Inferno, mientras seguían andando. Darko asintió- Si, pero antes debemos asegurarnos de que el báculo que hemos robado es el bueno- dijo, mientras lo agarraba posesivamente.
-¿Cómo haremos tal cosa? Generalmente es el guardián, con su cercanía, el que activa el arma, no nosotros- le dijo Loren- Bueno, ya veremos como la hacemos cuando sea- atajó Inferno, mientras hacía gestos con las manos para quitarle peso al asunto. Siguiendo esas palabras, dejaron de pensar en eso, y se encaminaron a un lugar seguro para poder asegurarse de que aquel era el báculo, e irse a casa.
Caminaron por un rato a través de las calles y canales de la ciudad. Se impresionaron de lo grande que era aquella ciudad, con la selva rodeándola y protegiéndola de casi cualquier peligro. Incluso podían ver que algunos aldeanos tenían como mascotas pájaros tropicales, a los cuales alimentaban con trozos de fruta, mientras recolectaban la propia fruta. Uno de esos pájaros se posó en su camino, mirándoles curioso. Tras sostenerse la mirada unos segundos, el pájaro cacareó, y para su disgusto, vieron como una de los guardianes se acercaba, mientras el tucán se iluminaba ligeramente en violeta, adquiriendo durante el proceso forma humana.
-Maldita sea…- gruñó Inferno, mientras fuertes llamas salían de sus manos, y se las lanzaba. Con un rápido gesto, Aelita levantó un escudo de luz que impidió que ambos salieran abrasados, y, mientras ella les lanzaba otra bola de fuego, él llamó a sus compañeros vía gema.
-Ya te lo dije, Aelita- le dijo Odd, mientras se transformaba en un tigre- me olía a rata de cloaca y acerté completamente- rió, ganándose las reprimendas de sus adversarios, que solo se lanzaron contra él, aunque Aelita logró desviarles con varias hondas de luz- ¿Estáis bien, chicos?- les gritó Aurora, que llegó desde el aire. Tras el asentimiento de ambos, la chica alada, levantó un fuerte viento, y, aprovechando que estaban demasiado ocupados capeando el temporal, Aelita les lanzó bolas de energía, que impactaron contra sus adversarios.
-Tenemos que hacer algo- gritó Inferno, mientras se tapaba la cara para evitar que el aire le molestara en los ojos. En ese momento, el báculo que con tanto empeño vigilaba Darko se iluminó en verde, mientras algunas plantas el lugar crecían y florecían con esplendor. Todos supieron que aquello era señal de que Yumi estaba cerca, y allí estaba la chica, y, tras ella, Sam.
-Maldita sea…- gruñó Océano, mientras generaba una gran muralla de agua y se la lanzaba a los chicos. Estos solo pudieron correr para impedir que el agua les alcanzara, por suerte, Aelita creó otro escudo de luz que impidió que el agua les tocara. Para cuando el agua se hubo ido, los generales de Virio ya no estaban, en su lugar, grandes charcos de agua se disponían por todo el suelo, llegando a algunas partes a embarrarlo.
-Mierda…- bufó Sam, pateando una roca- ¿Alguno pudo ver por donde fueron?- preguntó Yumi . Todos negaron- Ni idea, pero creo que fueron por allá- dijo Sam, señalando en una dirección. El grupo se encaminó hacia donde dijo Sam, pero un hombre les detuvo. Odd pudo reconocerle, era uno de los sacerdotes que estaban en la ceremonia de la coronación, y, por lo que parecía, venía de correr bastante, pues jadeaba con fuerza- Uff…uff…- intentaba hablar, por lo que los chicos le ayudaron a sentarse. Tras darle algo de agua, y, algo más calmado, pudo volver a hablar bien- Ya lograron encontrar el báculo robado- dijo, mientras se reincorporaba. Los chicos sonrieron.
-¿Dónde está?- preguntó Odd- Técnicamente nunca robaron el báculo, solo una copia que se hizo para que la gente lo viera, el real está en otro lado- dijo, mientras se quitaba el polvo de las piernas- La copia, bueno…habrá que hacer otra- dijo, mientras miraba el báculo roto en el suelo.
-¿Dónde está el real?- preguntó Sam- En el templo, por supuesto- le respondió el sacerdote, mientra intentaba levantarse, pero no pudo, ya que estaba bastante cansado- ¿Necesita ayuda?- le dijo Odd, mientras le ayudaba a levantarse
- Tengo que volver a palacio para darle la buena nueva al rey, ya que los sacerdotes de los distintos templos están avisados. Seguramente ya están pregonando la noticia para tranquilizar a la población- comentó el hombre, mientras se encaminaban poco a poco al templo.
Durante el trayecto, se encontraron con el resto de sus compañeros, algo agitados, pues venían con al intención de luchar contra los generales de Virio. Mientras caminaban hacia el templo, y a medida que les contaban lo ocurrido, estos manifestaban sus ansias por darles una buena tunda a sus rivales, ya que estos habían huido, y no sabían si iban a volver a recuperar el báculo. Tras varios minutos andando, finalmente llegaron al palacio. Era enorme, con una gran escalinata para subir, conformado por grandes losas de piedras decoradas finamente, y, en los descansos de las escaleras, a los lados de estos, grandes animales de oro, sobre todo jaguares, custodiaban la entrada. Gracias a su increíble vista, Odd pudo ver a alguien en lo alto, y así se lo hizo saber a sus compañeros.
-Debe ser Siyaj, el nuevo rey- dijo el hombre, mientras miraba hacia donde señaló Odd- ¿Tenemos que subir todas estas escaleras, de verdad?- se quejó Patrick, con desgana- Me temo que sí…- le respondió William, mientras le animaba con un par de palmadas al hombro y una sonrisita en los labios. Tras subir durante un par de minutos aquellas en apariencia interminables escaleras, finalmente llegaron a lo más alto de la misma, donde este les esperaba.
- Me alegra ver que estas mejor, sacerdote- dijo, con una sonrisa, pero se preocupó al verle sudando- ¿Te encuentras bien?- dijo, algo alarmado. El sacerdote le quitó importancia- Estoy bien, mi rey, si pude volver, fue gracias a estos chicos- dijo, señalando al grupo. Siyaj les miró detenidamente- Fueron precisamente ellos los que, de alguna manera, hicieron huir a esos demonios que robaron el báculo, señor- siguió. Al oír eso, el rostro de Siyaj se llenó de asombro- Debéis ser unos guerreros asombrosos, para poder haberlos derrotado- les dijo.
Algunos de los chicos se sonrojaron ligeramente por sus palabras, y dieron un simple gracias- ¿Hay algo que pueda daros por vuestro enorme valor?- dijo Siyaj- ¿Podríamos ver el báculo real, por favor?-preguntó Jeremy. Siyaj miró por unos instantes al sacerdote, quien solo asintió- Desde luego, seguidme- dijo, mientras les hacía un ademán.
Tras volver a bajar las escaleras, y a unas pocas decenas de metros, se erguía otro enorme edificio, casi tan decorado como el palacio, e igualmente defendido por animales de oro en los descansillos de las escaleras, las cuales eran tan largas como las del propio palacio- ¿Pero que problema tiene esta gente con las escaleras?- se quejó, una vez mas, Patrick- ¿Cansado?- rió Aelita. Patrick negó- Sigo sin entender la finalidad de tantas escaleras- dijo él, simplemente.
Una vez subidas todas las escaleras, llegaron a lo más alto. Tras entrar al templo, pudieron ver que era muy parecido a otros que habían vistos antes, con marcas mayas en las paredes y en algunas columnas. En el fondo, vieron estatuas de varios dioses mayas, a cada cual más extraña, algunas eran muy hermosas, pero otras parecían sacadas de una película de terror, demostrando así la gran variedad de dioses que había, como les explicó Asmeya cuando estuvieron en el museo y descubrieron la gran misión que el destino les encomendaba.
-Ahí esta- dijo Siyaj, mientras señalaba al báculo. Yumi enseguida notó una gran energía proveniente del báculo, mientras se acercaban a este.
Una sonrisa adornó su rostro conforme se acercaban al báculo, mientras el monarca les iba hablando y dándoles las gracias por su ayuda, aunque Yumi no le escuchaba. Este era de color verde, con decoraciones de color oro a lo largo de este, la cual era una combinación de letras griegas y mayas. En lo más alto, se podía ver un orbe de color verde. Era realmente hermoso, pensó ella, mientras se iba acercando cada vez más. Se esperaba una poderosa luz de algún tono verde, a ella revestida por una armadura como la de sus compañeros, y a los aldeanos alabándola, creyéndola una diosa. Pero no, nada de eso paso, los chicos podían notar como una gran energía salía del báculo, e incluso una tenue luz verde, que, por suerte, el rey no podía ver.
-Que raro…- murmuró a sus compañeros- ¿Qué sucede, Yumi?- preguntó Odd. Esta solo se encogió de hombros- No lo se, no parece reaccionar a mí-comentó ella- De lo que estoy segura es que es el verdadero, por que cuando Yumi se acercó, brilló- comentó Aurora.
-¿Creéis que ella tenga que hacer alguna prueba para que el báculo la acepte, como con mi gema y la de William?- sugirió Aelita, provocando que Yumi sufriera un fuerte escalofrío- Por favor Aelita, no me recuerdes ese templo…- pidió, mientras se frotaba los brazos.
-Es precioso, eh?- les comentó Siyaj, cortándoles la conversación- Desde luego, es realmente bello…- dijo Yumi, algo apenada- Pero me temo que debemos irnos, esta tarde se celebrará un partido de pelota en conmemoración no solo a mi coronación, sino también por haber echado a esos demonios- dijo Siyaj, contento, mientras les indicaba que le siguieran fuera del templo.
Tras salir de allí y volver a bajar las grandes escaleras, y como les quedaba algo de tiempo, decidieron que darían una vuelta alrededor del lugar, mientras pensaban, además, la causa de que el báculo no reaccionara a Yumi.
-¿Tu madre te dijo algo sobre que el arma no reconociera a alguno de nosotros?- le preguntó Sam a Aelita, mientras andaban. La joven negó- En absoluto, estoy tan extrañada como vosotros- respondió- Puede que tenga que demostrar algo, como valentía, o algo así-comentó William- Es posible, de todas formas, ya lo demostró en aquel templo Azteca- siguió Ulrich.
Mientras paseaban, Yumi seguía pensando por si misma una explicación. Tenía que reconocer que sentía pavor solo de pensar en que podía consistir esa supuesta prueba, y esperaba que no fuera parecido a lo que tuvieron que pasar Aelita y William. Mientras pensaba en eso, no escuchó los gritos de sus compañeros para que fuera con cuidado, y, por eso, recibió un balonazo en toda la cara.
-¡Ouch!- se quejó, mientras se acariciaba la nariz y la cara en general- ¿Estas bien?- le preguntó Sam, mientras se le acercaba un poco y Patrick le pasaba el balón a uno de los niños, el cual se acercaba. Debía tener unos diez años- Lo siento…- dijo este, apenado, acercándose a Yumi.
-No, tranquilo, estoy bien..- le respondió Yumi, mientras se agachaba para verle- La próxima vez ve con más cuidado, ¿vale?- le recomendó ella, mientras le sonreía un poco- ¡Claro!- dijo el niño, alegre.
Tras eso, el niño se fue corriendo de allí, mientras reía y le daba otra patada a su balón, siendo observado por unos instantes por Yumi- Me recuerda a Hiroki- comentó ella al aire- Este chico es más majo- bromeó Odd, ganándose un codazo de Yumi, acompañado de las risas de algunos de sus compañeros- Lo peor es que tiene razón…- murmuró ella, aún entre risas- Reconoce que en el fondo le quieres, y mucho- le dijo William ,a lo que Yumi asintió- Desde luego, es mi hermano- respondió ella.
Tras eso, los chicos siguieron andando por las calles, observando algunos puestos de mercaderes, los cuales vendían desde telas hasta hermosos colgantes, pasando por perfumes, provocando que las chicas se pararan a curiosear, así como ellos, que observaban con igual curiosidad las mercancías, muchas de ellas imposibles de obtener en su época. Pero ese momento fue corto, pues enseguida empezó el griterío, aun así, no era provocado por sus enemigos, ni por algo malo en general sino por el inicio del partido de pelota que el rey había prometido para esa tarde. Tras correr por las calles de vuelta a la plaza donde el rey les había dejado, los chicos llegaron al lugar. Era un pequeño estadio, con cabida para varios miles de personas, tal vez unas 10.000 (1) en total. Tras sentarse en sus sitios, los chicos observaron el terreno de juego, conformado por dos paredes altas, de unos tres metros de alto cada una, con una distancia entre ellas de diez metros, y, en una de las paredes, se situaba un pequeño hueco por el cual debía pasar la pelota para anotar un punto. Debido a la naturaleza del juego, las gradas se situaban en medio circulo en torno a las paredes, quedando estas vistas de perfil (2) .
-Vaya, esto está lleno- comentó asombrado Jeremy- Debe ser su deporte nacional o algo así- le respondió William- ¡Ya empiezan!- gritó alguien, y, casi enseguida, todos miraron al campo de juego. Dos equipos, ambos vestidos igual, solo diferenciados por los colores de sus prendas, que consistían en una camiseta corta y una falda que les llegaba hasta el medio muslo. Uno iba de amarillo y el otro de azul.
-Que raro, no hay arbitro…- comentó Sam, mientras buscaba uno con la mirada- No hace falta uno, mirad- dijo Ulrich, señalando a Siyaj, quien era ovacionado- Yo creo que el que tiene la última palabra aquí es él- comentó Ulrich- Es posible- siguió Odd.
Tras unas pocas palabras del soberano, el partido dio comienzo. Los chicos dieron las gracias de no estar en el pellejo de esos tipos, pues los golpes entre ellos eran constates, y no fueron pocas las veces en las que hubo que separar a más de uno para evitar una trifulca entre los jugadores (3). A pesar de eso, la gente parecía animada, pues el partido era interesante, y, por lo que parecía, no demasiado violento a la vista de algunos a los que preguntaron, lo que hizo que a más de uno le diera un escalofrío- Si les lleváramos a nuestra época, les echarían a los cinco minutos-comentó Patrick, a lo que todos asintieron.
Durante el partido, los chicos se fueron animando, algunos iban con el equipo azul, y otros con el amarillo, animándoles como si fueran sus más fieles seguidores, a pesar de nunca haberles visto antes, y quejándose de cualquier cosa que el otro hiciera y que veían que por esa cosa el resto de aficionados se quejaba. Tras jugar más o menos veinte minutos, el partido terminó, con resultadote 15-12 a favor del equipo de color azul.
-Yo sigo pensando que ese tipo le dio con la mano en vez de con el codo- se quejó Odd- Venga Odd, asúmelo, han perdido, y ya está- le dijo Jeremy, con burla- Claro, como tu equipo no es el que ha perdido…- se quejó el muchacho- ¡Mirad!- gritó de repente William, alarmado. El rey y varios tipos armados habían bajado al terreno de juego, y, mientras los del equipo azul festejaban, los del equipo amarillo estaban con la cabeza gacha, y el capitán de ellos, arrodillado en el suelo, con las manos juntas sobre sus rodillas(3) .
-¿Qué hacen?-preguntó extrañado el alemán. Los peores presagios se cumplieron cuando vieron que uno de los hombres armados sacaba de su cinto una espada, y la posaba sobre el cuello del hombre, quien sonreía, a pesar de su cruel destino- Hay que hacer algo- murmuró Sam, mientras apretaba los puños- Sí, pero ¿Qué?- siguió Jeremy, mientras intentaba pensar en algo.
Mientras pensaba si debía intervenir o no, Yumi se percató del llanto de un niño. Cuando se fijó de donde provenía, el lama se le calló al suelo, pues era el chico que antes le había dado el balonazo, y que tanto le recordaba a su hermano. Sumó dos y dos, llegando a la conclusión de que aquel hombre era el padre del chico. La madre hacía todo lo posible por acallar su llanto, intentando convencerle de que su padre moría por una buena causa, pero nada parecía calmar el llanto del chico. Entonces Yumi tomó una determinación, mandó la historia de vuelta a su casa, y se levantó.
-¡Parad!- gritó, mientras una aura verde la envolvía, provocando que las plantas de la zona crecieran con fuerza- ¿Pero que?- esa pregunta se la hicieron muchos de los que allí estaban, incluidos los compañeros de Yumi- ¡No quiero que su sangre sea derramada para alimentarme!- siguió gritando Yumi, mientras sus compañeros la miraban atónitos.
Pero antes de que ninguno de ellos pudiera hacer nada, Yumi hizo gala de parte de sus poderes al hacer crecer a las plantas del lugar, provocando que todos los presentes se asustaran y se admiraran a partes iguales, además de que el ejecutor de aquel hombre dejó caer su espada al suelo de la impresión.
-Ya la habéis oído, soltadle…- dijo Siyaj, aún sin creérselo- Pero señor…- se quejó el ejecutor- ¡Es una orden de una diosa, obedece!-le gritó su rey, mientras le miraba directamente a los ojos. Mientras eso pasaba, Yumi decidió bajar las escaleras, aún con el aura verde recubriéndola, seguida de sus compañeros. A medida que pasaban entre la gente, esta se iba separando para dejarles pasar, algunos incluso se inclinaban.
Una vez abajo, y junto al rey, todos se arrodillaron ante Yumi, quien se sonrojó ligeramente por ese tratamiento, pero se pudo contener- Si ibais a matarle para darme su sangre, no es necesario, ya me alimenté antes- dijo la chica, mientras observaba al rey- Ahora, cogeré mi báculo sagrado para evitar que lo vuelvan a robar, me lo llevaré a un lugar seguro- dijo ella, mientras miraba al templo por unos instantes- Por supuesto, puede ir cuando usted quiera- dijo Siyaj, en un tono de clara sumisión, pero cuando se iban a encaminar hacia el templo, un fuerte brillo verde se pudo ver por el cielo, el cual se dirigía hacia ellos. Tras un fuerte fogonazo de luz verde, Yumi se vio con el báculo en la mano, y un peto de color verde en el pecho de color verde esmeralda, recubriéndole el estomago había unas escamas de color verde menos intenso, y para las piernas, tenía unas botas altas de color verde igualmente, con algunos detalles florales de color oro por toda la armadura, sobre todo en el pecho y en las piernas. En los brazos no tenía ninguna protección, en su lugar, tenía varios brazaletes de oro con signos mayas y alguno que otro griego.
-Diosa Pachamama (4)…- dijo respetuoso Siyaj- Es un honor recibirla en la ciudad, espero que acepte un banquete para esta noche…- dijo, mientras hacia una ligera reverencia en dirección al palacio. Yumi negó- Para mi sería un placer, pero tengo asuntos que atender con los demás dioses, solo bajamos para presenciar tu coronación, Siyaj- dijo Yumi, mientras se le acercaba.
- Muchas gracias, gran Pachamama, espero que su estadía halla sido de u agrado- dijo Siyaj, con una ligera sonrisa. Yumi asintió- Así es, antes de marcharme, me gustaría hacer una cosa- dijo Yumi, mientras se acercaba al chico de antes. Este estaba muy asustado, con temor a que ella rehiciera daño, pero en su lugar, recibió una palmada en la cabeza- Disfruta de tu padre, ¿me lo prometes?- le dijo ella, mientras se ponía a su altura. El chico asintió- Me alegro, toma esto…- dijo ella, dándole una fruta- ¡Gracias!- dijo el chico, mientras le daba un mordisco a la fruta, haciendo que Yumi sonriera un poco.
Tras eso, y una vez que les dieron las gracias y varios regalos a Yumi, los chicos se despidieron de los mayas, quienes, a pesar de sus poco ortodoxas costumbres, eran gente amable y de gran corazón, al menos los aldeanos, con quienes acabaron compartiendo un par de tragos. Una vez que se encontraron solos, abrieron un porta para volver a casa, pues fue un día intenso, sobre todo para Yumi.
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De vuelta a casa en su época, los chicos vieron a Atenea de reunió con el resto de sus compañeros. Curiosamente, no estaban sus profesores. Cuando les sintió, Atenea se dio la vuelta, con una sonrisa.
-Veo que lograsteis vuestro objetivo, enhorabuena- les felicitó ella- Gracias, reina Atenea- le agradeció Jeremy- ¿Y los profesores?- preguntó Sam.
Atenea asintió- Precisamente de eso quería hablaros, m temo que ya no estarán más con nosotros, les mandé a Asmara para que cumplieran una misión- les dijo ella. Los chicos se asustaron, ¿Qué pasaba para que se tuvieran que ir así, de improvisto?
-¿Recordáis vuestra misión en la antigua Grecia, junto con Hércules, que tuvisteis que parar a los titanes? Bien, parece que su escape no fue algo que puedan hacer ellos, solos necesitaron ayuda- le explicó Atenea. Los chicos fruncieron el ceño, eso no les gustaba.
-Según parece, Virio fue el que les liberó junto a Hades, y, aprovechando que los dioses estaban fuera del Olimpo, entraron y se llevaron un objeto muy valioso… la caja de Pandora, y está claro que no la van a usar para algo bueno- les dijo Atenea.
Entonces, los chicos entendieron la causa de por que sus profesores se fueron, para intentar prorrogar lo que Virio tenga en mente lo máximo posible.
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(1) Según Wikipedia, los expertos en el tema estimaron que, en esta ciudad, hubo entre 10.000 y 90.000 personas en su historia, alcanzandose el extremo superior en su etapa más gloriosa, más o menos a partir del 900 D.C.
(2) Las medidas me las he inventado, usando un poco la lógica en cuanto a como debía ser el campo, las gradas y las medidas y formas de todo en general
(3) Aquel equipo que perdiera tenía que pagar un alto precio por la derrota, que era la vida del capitán en tributo a los dioses. Estos partidos, por tanto, no eran considerados como entretenimiento como tal (aunque lo fueran en parte) sino como un ritual religioso sumamente importante para mantener a los dioses contentos
(4) Pachamama era una deidad antigua bastante importante en esta cultura, parecida a la Demeter griega, y diosa de la tierra y de la naturaleza. Tiene una historia muy trágica, que os aconsejo que veáis pues es muy enternecedora y un claro ejemplo de madre y mujer trabajadora que saca a su familia adelante.
Como la diosa, Yumi tubo que demostrar que era una persona buena y considerada, pero en momentos de necesidad puede mostrar una cara mucho más dura, aunque después sea una persona, como ya he dicho, incluso tierna, peo si se la enfada, puedes prepararte para recibir toda su ira.
Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad , decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan, que pertenece a Doctor Who.
