hello aki sta el new kap fijo km 100pre..
recuerden ke ni la historia ni los personajes me pertenecen..
nos leemos
Capitulo 26
-Emmett...
Pero éste ya había salido y cerrado la puerta tras él.
Con una exclamación de disgusto, Rosalie dejó la taza de café sobre la mesilla y se puso en pie. Había sido muy torpe por su parte, se reprochó. ¿Cómo iba a comprender Emmett que no se trataba de vergüenza sino de inseguridad? Quizá fuera mejor que no se diera cuenta.
Emmett la habría estrangulado con mucho gusto. Una vez en la cocina, echó una loncha de jamón en la sartén. Era culpa suya, pensó mientras empezaba a chisporrotear. Maldita fuera, era culpa suya. No tendría que haber permitido que las cosas fueran tan lejos. Incluso exagerando, lo máximo que podía afirmar era que ella sentía por él un cariño no exento de cautela. Era improbable que los sentimientos de Rosalie pudieran ir más allá de eso. Si los suyos lo habían hecho, sólo podía culparse a sí mismo y tratar de manejar aquello él solo.
¿Desde cuándo necesitaba proteger su corazón?, pensó con rabia mientras pinchaba la loncha de jamón con un tenedor de cocina. ¿Desde cuándo quería de una mujer, de cualquier mujer, algo más que compañerismo, inteligencia y una cama dispuesta? Tal vez sus sentimientos se habían desbordado un poco, pero todavía no había perdido el control de la situación.
Se sirvió un café solo y bebió un trago. Tenía demasiada experiencia como para perder la cabeza por una chica de mal carácter que no quería otra cosa que una relación sin complicaciones. Después de todo, al principio tampoco él había deseado nada más que eso. Se había dejado atrapar porque ella tenía que afrontar graves problemas y mostraba un valor inquebrantable.
Con el café se tranquilizó. Sintiéndose ya más seguro, sacó del frigorífico un paquete de huevos. La ayudaría todo lo que pudiera con el asunto del robo, se la llevaría a la cama siempre que fuera posible y en eso quedaría todo.
Cuando Rosalie entró en la cocina, la miró con gesto desenfadado. Ella tenía el pelo todavía mojado y cara de buena salud, de haber dormido lo suficiente.
Dios santo, estaba enamorado de ella. ¿Qué diablos iba a hacer?
El comentario intrascendente sobre lo bien que olía que Rosalie estaba a punto de hacer se esfumó. ¿Por qué Emmett se había quedado mirándola como si fuera la primera vez que la veía? Contrariamente a su costumbre, se sintió cohibida y cruzó los brazos encima del pecho. Estaba mirándola como si se hubiera quedado sin respiración.
-¿Algo va mal?
-¿Qué?
Estaba tan aturdido que ella sonrió. ¿En qué estaría pensando cuando lo había interrumpido?
-Pregunto que si pasa algo. Parece como si acabaras de caerte del caballo.
Él se maldijo a sí mismo y se dio la vuelta.
-Nada. ¿Cómo quieres los huevos?
-Revueltos, gracias -dio un paso en dirección a él, luego dudó. No le resultaba fácil exteriorizar su cariño, a lo largo de su vida se había encontrado con acogidas poco entusiastas a sus muestras de afecto. Se armó de valor, cruzó la cocina y le tocó el hombro. Él se puso rígido, ella se apartó-. Emmett... -qué tranquila sonaba su voz, reflexionó. Hacía mucho que se había acostumbrado a ocultar el dolor-. No me resulta fácil aceptar ayuda.
-Ya me he dado cuenta –él cascó un huevo y lo echó en la sartén.
Ella parpadeó para contener las lágrimas que llenaban sus ojos. ¡Imbécil!, se reprochó. Una nunca debía mostrar sus debilidades. Le resultaba difícil tragarse su orgullo, pero a veces era necesario.
-Lo que quería decir es que aprecio lo que haces por mí. De verdad.
Emmett se sentía desgarrado por la emoción. Cascó otro huevo y lo echó en la sartén.
-Ni lo menciones.
Ella se echó hacia atrás. ¿Qué esperaba?, se preguntó. No era del tipo de personas que inspiraban ternura, ni quería serlo.
-Bien -dijo con despreocupación-. No volveré a hacerlo -fue hasta la cafetera y llenó de nuevo su tasa-. ¿Tú no vas a comer nada?
-Ya he desayunado -Emmett removió un poco los huevos en la sartén y luego alargó el brazo para agarrar un plato.
Ella miró su espalda con contrariedad.
-Me doy cuenta de que te estoy distrayendo de un montón de asuntos urgentes. ¿Por qué no dejas que me lleve uno de tus hombres?
-He dicho que te voy a llevar yo -sirvió la comida en el plato y dejó caer éste sobre la mesa sin más ceremonias.
-Haz lo que quieras, McCarty.
Él se dio la vuelta cuando Emmett estaba partiendo un trozo de jamón.
-Es lo que siempre hago -dejándose llevar por un impulso, la agarró por la nuca y cubrió sus labios con un beso largo e implacablemente profundo que los dejó a los dos temblando de deseo.
Cuando acabó, Rosalie se concentró en evitar que le temblaran las manos.
-Un hombre debería mostrarse más prudente -dijo suavemente mientras cortaba otro pedazo cuando la mujer está empuñando un cuchillo.
Emmett soltó una breve carcajada y se dejó caer en la silla situada enfrente de ella.
-La prudencia no es algo que se me dé bien cuando tú estás cerca -dio un sorbo a su café y observó cómo ella se concentraba en dar cuenta de la comida que tenía en el plato. Quizá fuera tarde para reconocer que intimar con Rosalie había sido un error, pero si lograba recuperar el equilibrio de su relación, tal vez pudiera mantener a raya sus sentimientos-. ¿Sabes?, hace años que deberías haber comprado un avión para Utopía -comentó, perfectamente consciente de que el comentario la molestaría.
Rosalie levantó la mirada del plato con deliberada lentitud.
-¿Ah, sí?
-Sólo los idiotas se oponen al progreso.
Ella dio golpecitos con el tenedor en el plato vacío. -Qué afirmación tan fascinante -dijo con calma aparente-. ¿Tienes alguna otra sugerencia sobre cómo mejorar el rendimiento de Utopía?
-Pues lo cierto es -Emmett apuró el café que quedaba en su tasa- que podría decirte varias.
-Ya -ella dejó el tenedor en el plato para no caer en la tentación de clavárselo en el pecho-. ¿Quieres que te diga dónde puedes metértelas?
-Quizá más tarde -él se levantó-. Vamos yendo, ya se nos ha ido la mitad del día.
Rosalie apretó los dientes y lo siguió fuera por la puerta trasera. Pensó que era una pena haber malgastado siquiera un instante en mostrarle agradecimiento.
El pequeño avión biplaza le hizo tragar saliva. Miró las hélices mientras Emmett revisaba los indicadores del panel de mandos antes del despegue. Confiaba en los medios de transporte con cuatro patas o con cuatro ruedas. Esos los podías dominar, pensó, pero en cuanto Emmett hiciera despegar el avión, ella habría renunciado por completo al control de la situación. Fingiendo indiferencia, se abrochó el cinturón de seguridad mientras él encendía el motor.
-¿Has subido antes en uno de estos? -preguntó Emmett distraídamente. Se puso rápidamente las gafas de sol antes de que el aparato empezara a rodar por la estrecha pista de asfalto.
-Pues claro, en el que he comprado -no mencionó el miedo que le había dado ese vuelo. Por mucho que odiara darle la razón, un avión era imprescindible en cualquier rancho de finales del siglo xx.
El motor rugió y la tierra quedó abajo, a sus pies. Tendría que acostumbrarse, se dijo, teniendo en cuenta que quería aprender a pilotar. Dejó que las manos reposaran relajadamente sobre las rodillas y trató de olvidar el miedo que le atenazaba el estómago.
-¿Eres el único que sabe pilotar este cacharro? -esta lata de sardinas con hélices, pensó sombríamente.
-No, dos de mis hombres tienen carné de piloto. No es práctico que sólo una persona pueda realizar una determinada labor.
Ella asintió.
-Sí, desde hace un mes tengo en nómina a un hombre que sabe pilotar, pero yo también voy a tener que aprender.
Él la miró.
-Yo podría enseñarte -Emmett se fijó en que sus dedos no paraban de moverse, arriba y abajo, encima de sus rodillas. Nervios, reconoció con sorpresa. Los ocultaba muy bien-. Estos bichos son pequeños -dijo distraídamente-, pero lo bueno es su maniobrabilidad. Si es necesario, puedes aterrizar con él en una pradera sin apenas molestar al ganado.
-Es muy pequeño -musitó Roslaie.
-Mira hacia abajo -sugirió él-. Es enorme.
Ella obedeció porque no quería, ni por un momento, que él supiera cuánto anhelaba hallarse sana y salva con los pies en la tierra. Su estómago, cosa extraña, dejó de dar saltos en cuanto lo hizo. Sus dedos se relajaron.
ke linda experiencia no? pero encontraran lo ke andan buscando?
hehehe reviews? y lo sabran pronto
noz leemos
bye
