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Cogí aire con fuerza incorporándome de nuevo para encontrarme de lleno a una comprensible mirada. Una mirada que sabía exactamente lo que pasaba por mi cabeza en ese instante.
-Tengo que verlo… -susurré.
Capítulo 26: Caminos que se volverán a cruzar
No fue fácil, aunque en realidad en mi vida nada parecía serlo, pero por fin, después de mucho buscar, preguntar e indagar lo encontré.
Y Quinn estaba allí a mi lado dispuesta a sujetarme si me desmoronaba o simplemente dándome su apoyo, aquel que siempre ofrecía y que yo pocas veces aceptaba.
Nos encontrábamos justo en ese momento en uno de los centros de acogida de aquella ciudad en la que por fin habían reconocido el nombre de mi madre y por tanto el de mi hermano. No nos dieron muchos detalles, o más bien ninguno, solo buscaron su nombre en el ordenador y después nos dijeron que esperásemos.
Y en eso estábamos, sentadas en aquella triste sala en un lugar aún más triste esperando para saber cómo se encontraba Matt.
Aun no me hacía a la idea de tener otro hermano, de todo por lo que tendría que haber pasado siendo tan pequeño. No sabía cómo sentirme, tenía un cumulo de emociones dentro de mi difícil de explicar. Dolida, molesta, furiosa, triste, impaciente, preocupada, todo eso y mucho mas se arremolinaba en mi interior haciéndome casi colapsar, solo habían dos cosas que me mantenían medianamente cuerda, Quinn y aquel pequeño niño que parecía ser mi hermano.
-¿Qué tal el trabajo? –pregunté de repente haciendo que Quinn me mirase confundida, era evidente que no se esperaba ese tipo de pregunta, pero necesitaba distraer mi mente de alguna manera y me acababa de dar cuenta que no sabía apenas nada de su vida.
-Bien… -dijo lentamente- Estoy muy contenta en esa empresa y trabajo en algo que amo, no puedo pedir mucho más –explicó.
Asentí distraídamente mientras comenzaba a morder mi labio de manera pensativa.
-¿Tienes ganas de ir a Nueva York? –indagué.
-Muchas –dijo entusiasmada con una sonrisa en su rostro- Me encanta esa ciudad y así estaré más cerca de aquí. Londres es bonito, pero demasiado lejos de la gente que quiero –susurró esto último.
-Te comprendo –murmuré intentando no darme por aludida con esa explicación, aunque era inevitable esperar que entre esas personas que quería tener cerca de ella estuviera yo.
-¿Qué vas a hacer el año que viene? –preguntó de repente- Vas a ir a la Universidad o… -dejó la pregunta en el aire mirándome con curiosidad.
-Me han aceptado en Stanford para estudiar artes escénicas –murmuré con la voz apagada siendo consciente de lo que eso significaba justo en ese instante.
-Al otro lado del país… -susurró con un leve todo de devastación.
-Si… -suspiré- Es una de las mejores universidades y creo que cambiar de aires me vendrá bien.
-San Francisco es muy bonito, te gustará –aseguró.
-Eso me han dicho –dije de manera escueta.
La vida parecía llevarnos por caminos separados constantemente, no acabábamos de llegar al punto en el que las dos coincidiéramos, en la que por lo menos tuviésemos la oportunidad de tener algo más, pero eso no terminaba de ocurrir, si no era por una cosa era por otra. Aun así no pensaba rendirme, Quinn era una persona muy importante para mí y sea como fuera quería que estuviera en mi vida.
-¿Son ustedes las que han preguntado por Matt Corcoran? –las interrumpió de repente una voz.
Alzamos la cabeza mirando a una señora de unos 50 años observándonos con el ceño ligeramente fruncido.
-Si –dije rápidamente incorporándome para colocarme a su altura.
-¿Pueden acompañarme a mi despacho? –pidió amablemente- Allí hablaremos con más tranquilidad.
Fruncí el ceño dirigiendo mi mirada hacia Quinn que solo me asintió levemente dando por válida aquella propuesta.
-Por supuesto –dije rápidamente.
Caminamos detrás de aquella señora por aquel lugar sin saber muy bien a que nos íbamos a enfrentar, provocando que los nervios comenzasen a invadirme aún más.
-Soy Amanda Maslow, directora de este centro de acogida –explicó sentándose ella también frente a nosotras al otro lado de un voluminoso escritorio- Según me han comentado estaban ustedes buscando a Matt Corcoran, ¿Puedo saber el motivo?
Me removí algo incomoda antes de responder.
-Es mi hermano. Su madre, Shelby Corcoran es también la mía –expliqué.
-¿Así que usted es Rachel Berry? –murmuró más para sí misma que para nosotras- Sinceramente, me sorprende encontrarla aquí dada su historia con la Srta. Corcoran.
-A mí también, no se crea –dije después de un largo suspiro.
-La Srta. Corcoran me comentó que usted podría venir en cualquier momento, pero no estaba segura del motivo por el que vendría, así que ¿Podría explicarme para que quiere ver a Matt?
-Solo… -carraspeé sin saber muy bien que responder porque sinceramente ni siquiera yo sabía muy bien porque quería verle, solo… quería hacerlo- quiero conocerlo –dije por fin- Al fin y al cabo es mi hermano, quiero asegurarme que está bien.
-Comprendo –murmuró la Sra. Maslow asintiendo levemente- Pero desgraciadamente me temo que no puede verlo –sentenció.
Alcé una ceja ante eso sin entender muy bien el motivo por el que no podía y esperando algún tipo de explicación.
-¿Y eso por qué? –se adelantó Quinn a preguntar antes que yo.
-En estos momentos Matt se encuentra en una casa de acogida pendiente de una posible adopción por esos mismos padres –explicó escuetamente.
-¿Tan rápido? –pregunté confundida.
-Es un niño pequeño, es fácil encontrarle un hogar aunque no siempre tenemos esa suerte.
-¿Y no puedo ponerme en contacto con esos padres para verle? Quiero saber que está bien –dije en un gruñido sin darme cuenta.
No me fiaba, había visto demasiadas cosas y sufrido otras tantas para saber que nunca nada era tan fácil, alguna pega tenía que tener y quería asegurarme concienzudamente que aquellos padres eran adecuados para mi hermano.
-Técnicamente ellos han firmado un consentimiento de visitas semanales para que Matt vea a su madre, pero la decisión de si usted puede verlo o no solo les concierne a ellos –explicó sin cambiar su semblante serio.
-¿Pero puede darnos algún medio para poder hablar con ellos, no? –preguntó Quinn rápidamente frunciendo el ceño.
-No puedo facilitarles esa información, lo siento.
-Tiene que estar de broma –espeté sin poder contenerme sorprendido a todos a mi alrededor- Solo quiero ver a mi hermano, ¿Es eso tan difícil?
-Bueno… -carraspeó ligeramente incomoda- Puedo ponerme yo en contacto con ellos y comentarles lo que desean –propuso.
-Perfecto –solté mirándola fijamente.
Ella se removió sintiéndose algo intimidada.
-¿Ahora? –dijo dubitativa.
-Por supuesto –dijo Quinn alzando una ceja y lanzándole una penetrante mirada.
-Claro, claro –murmuró cogiendo el teléfono y marcando rápidamente para después esperar a que le respondiesen- ¿Sr. Hummel? Soy Amanda Maslow, directora del centro de acogida… No, no ocurre nada, es solo que quería comentarle una cosa –nos miró de reojo antes de continuar- ¿Se acuerda de la hermana de Matt? ¿Rachel?... Si, esa misma –esperó unos segundos antes de continuar- Resulta que la tengo ahora frente a mí, desea ver a Matt si eso fuera posible… Claro, lo comprendo perfectamente… Si, solo quiere conocerlo y asegurarse de que está bien, nada más… Por supuesto –miré a Quinn de reojo intentando encontrar alguna respuesta en su mirada y lo único que encontré fue una leve tranquilidad, cosa que consiguió que me relajase levemente- De acuerdo, disculpe que le haya molestado. Adiós.
Después de que colgase la miré expectante esperando algún tipo de respuesta, cosa que no tardó en llegar.
-¿Y bien? –pregunté rápidamente.
-El Sr. Hummel ha dicho que no hay problema alguno, conoce vuestra historia y le parece bueno para el niño conocer a su hermano. Me ha permitido facilitarles su dirección para que acuda usted a verlo cuando deseé –explicó.
Pestañeé varias veces sin terminar de creerme que hubiese sido tan fácil, a lo mejor después de todo la vida me daba un pequeño respiro.
Después de darle las gracias a la Sra. Maslow no tardamos en ponernos en camino a la dirección que nos había dado.
Quinn conducía con seguridad por aquella ciudad mientras yo me aferraba a su cintura perdida en mis pensamientos. ¿Qué iba a decirle cuando lo viese? ¿Sabría que existo? ¿Quería en realidad formar parte de su vida o solo quería asegurarme que estaba bien? Miles de preguntas a las que tenía que encontrar una respuesta si no quería golpearme con la dura realidad antes de tiempo. Suspiré y me agarré más fuerte a Quinn, cerrando los ojos intentando relajarme.
En cuanto nos detuvimos los volví a abrir mirando a mí alrededor algo confundida. Nos encontrábamos a las afueras de la ciudad en una de las urbanizaciones de lujo de las que hacía gala esa zona y justo frente a una gran casa de un tono amarillo, con su valla blanca y su césped cortado con exactitud.
-Parece que tienen dinero –murmuró Quinn bajando de la moto.
-Eso parece –susurré.
Que tuviesen dinero no me aseguraba el bienestar de Matt ni mucho menos.
Caminamos lentamente por aquel camino empedrado mientras los nervios me llenaban cada vez más y no podía evitar mover mis manos intentando eliminar esa tensión que creía en mi interior. Pero todo parecía relajarse levemente cuando la suave mano de Quinn agarró la mía justo antes de llamar a la puerta. La miré de reojo, primero nuestras manos y luego a ella recibiendo una suave sonrisa que consiguió que mi corazón se tranquilizase momentáneamente.
Después de aquello nada fue como pensé que iría. La puerta se abrió mostrándonos a un extraño pero encantador hombre llamado Kurt que no dudó en dejarnos pasar al interior sin dejar de hablar de lo encantado que estaba de que estuviera allí.
Me sentía incomoda, no podía describirlo de otra manera, no solo por el hecho de conocer a mi hermano sino por toda la atención y entusiasmo que me estaba dando aquel hombre.
No dejaba de hablar mientras nos llevaba por la casa hasta el salón y yo no podía dejar de mirar a mi alrededor, observando todo cuidadosamente y esperando encontrarme con Matt, cosa que no ocurrió pero si me di cuenta de muchas cosas.
Como por ejemplo lo bien decorada que estaba la casa y que le daba un aspecto hogareño que llegaba a transmitir a todo el que pisaba aquella casa, pero a pesar de ello no dejaba de haber en cualquier rincón al que mirase juguetes, libros para niños, pinturas para colorear y cualquier cosa que te pudieses imaginar que fuese a utilizar un niño.
-Mi marido Blaine ahora mismo está trabajando pero se va a emocionar en cuanto le diga que viniste –dijo Kurt captando mi atención de repente.
-¿Tu marido? –pregunté algo confundida, eso no me lo esperaba, aunque aquel hombre muy heterosexual no parecía.
-Si –dijo él lentamente- ¿Es eso un problema? –miró durante un segundo nuestras manos entrelazadas.
-Oh, ¡no! Por supuesto que no –dije rápidamente- Yo también tengo dos padres gays –sonreí suavemente- Solo me sorprendió.
-Comprendo –murmuró Kurt- Llevamos mucho tiempo pensando en adoptar, formar una familia… -suspiró levemente- Y cuando vimos a Matt, nos enamoramos –sonrió emocionado.
-¿Sabéis… -carraspeé- sabéis su historia, no? –pregunté algo temerosa.
-La directora nos informó de todo, no te preocupes. Pero eso no nos importa, él es un niño increíble a pesar de lo que ha tenido que vivir en su corta edad.
Asentí distraídamente mirando a mí alrededor de nuevo. Quería verle, no quería estar allí hablando con ese hombre aunque me tranquilizasen sus palabras, pero la ansiedad crecía cosa que no pasó desapercibida a Quinn
-A Rachel le gustaría ver a Matt –susurró sacando a Kurt de su verborrea.
-¡Por supuesto! –dijo emocionado levantándose del sofá- Ahora mismo está durmiendo la siesta pero puedes verlo sin problemas.
Comenzó a caminar por la casa subiendo por las escaleras hacia el piso de arriba mientras Quinn y yo lo seguíamos aun agarradas de la mano hasta que de repente se paró frente a una puerta mirándome con una dulce sonrisa en su rostro.
-Le preparamos una habitación para él en cuando nos dijeron que podíamos acogerlo –explicó abriendo la puerta con cuidado.
Cogí aire durante un segundo y Quinn apretó mi mano mostrándome su apoyo. Entonces caminé lentamente hasta que pude ver el interior de la habitación.
Era una habitación de niño normal, con sus juguetes, sus peluches esparcidos por ella y en la cama en el medio de la estancia una pequeña figura se resguardaba bajo las mantas. El corazón se me detuvo durante un instante e instintivamente caminé hacia él soltando la mano de Quinn que quería darme mi intimidad.
Me acerqué hasta que pude verlo con total claridad. Se encontraba totalmente dormido abrazando a su osito de peluche. Era hermoso. Su pelo corto y castaño parecía algo rebelde debido a las vueltas que debió de dar en la cama pero su semblante era totalmente tranquilo. Me recordaba a mí misma cuando era apenas una niña y no pude evitar que una triste sonrisa apareciese en mi rostro.
Lentamente besé su frente intentando no despertarlo y me di la vuelta abandonando la habitación.
-Le cuesta bastante dormir por las noches –explicó Kurt cerrando la puerta con cuidado- Por eso lo hemos acostumbrado a que duerma la siesta.
-¿Por qué le cuesta dormir por las noches? –preguntó Quinn confundida atrayéndome hacia ella y arropándome entre sus brazos.
-Tiene miedo a la oscuridad y aunque le dejemos la luz encendida no consigue dormir. Le hemos dicho que cuando pase eso venga a nuestra cama a dormir, pero es bastante tímido e introvertido y no se atreve –suspiró con cansancio- Así que a mitad de la noche siempre venimos a ver como está y si está despierto lo llevamos con nosotros.
Quinn asintió levemente mientras yo me encontraba con el rostro oculto en su pecho intentando contener las lágrimas que amenazaban con salir producto de toda la tensión acumulada.
Después de unos segundos en los que conseguí tranquilizarme regresamos de nuevo al salón.
-Estamos esperando a que aprueben la adopción de manera oficial, nos encantaría que Matt se quedara con nosotros –comentó Kurt.
-¿No os preocupa que por todo lo que pasó se vea afectado de alguna manera? –preguntó Quinn.
-Si nos preocupa, pero si ocurre estaremos ahí para apoyarlo. Es un niño maravilloso y lo queremos mucho y creemos que con amor todo se puede solucionar.
No todo. Pensé automáticamente pero me limite a callarme. Aquel hombre parecía querer de verdad a su hermano y a cuidarlo como si fuese suyo y la verdad es que no podía pedir algo mejor para él.
-Me gustaría poder verlo más veces, si no te importa –susurré de repente sin ni siquiera ser consciente de donde salió ese pensamiento.
-¡Por supuesto! Queremos que formes parte de su vida, creo que le vendría muy bien tener a una hermana mayor que le cuide –sonrió cálidamente.
Después de aquello no pasó mucho más, nos intercambiamos los teléfonos para mantenernos en contacto y le di las gracias por ser tan amable.
Antes de que me diese cuenta ya estaba subida en la moto de Quinn con los ojos cerrados y respirando calmadamente por primera vez desde hacía tiempo. Por lo menos algo iba bien en mi vida.
Ni siquiera fui consciente de hacía donde iban hasta que un ruido diferente al de la ciudad me sacó de mi ensoñamiento. Abrí los ojos mirando a mi alrededor confundida, aquello no era el camino a casa.
Pero la sorpresa inicial fue resulta en cuando Quinn se desvió de la carretera internándose hacia un viejo camino que tan bien conocíamos ambas.
Minutos después el lago, nuestro lago se alzaba frente a nosotras. No había cambiado nada, solo nosotras lo habíamos hecho y eso me hacía plantearme lo efímera que era la vida.
Sacudí la cabeza y miré a Quinn con una interrogación en mi mirada pero ella no me dijo nada, simplemente sonrió y cogió mi mano tirando de ella hasta el borde del lago.
Me miró, me penetró con la mirada más bien mientras se desnudaba frente a mí quedándose en apenas ropa interior y con una traviesa sonrisa en su rostro. Ella seguía siendo la misma, la misma chica que me enamoró con sus locuras.
Sin más comenzó a meterse en aquel agua sin dejar de mirarme mientras yo me había quedado paraliza con una tonta sonrisa en mi rostro.
-Voy a tener que fingir que me ahogo de nuevo para que vengas –preguntó divertida.
Negué con la cabeza mientras me reí y lentamente comencé a desnudarme, pero cuando iba a quitarme la camiseta unas imágenes sacudieron mi mente. Mi cuerpo demacrado, la cicatriz de la bala, el asco que sentía por mí misma. Y todas esa imágenes solo consiguieron que me bloquease totalmente, no estaba preparada para exponerme de esa manera ante Quinn o por lo menos eso creía.
No pasaron ni dos segundos o eso me pareció cuando sentí las suaves y frías manos de Quinn sobre las mías, haciendo que la mirase y recibiendo una dulce mirada de su parte.
-Eres preciosa, siempre lo has sido para mí Rachel –susurró.
Cerré los ojos cogiendo aire y la miré, estaba preparada.
Sin decir nada y con una dulzura y lentitud que me abrumó comenzó a despojarme de esa ropa que no iba a servirme para lo que íbamos a hacer a continuación. Mientras retiraba mi ropa no dudó en acariciar mi piel, deleitarse con ella de una manera totalmente dulce, como queriendo transmitirme lo hermosa que le parecía. Llegó un momento en el que sus manos se deslizaron a mi estómago e inevitablemente hacia mi cicatriz y en ese momento me tensé de nuevo sin poder evitarlo.
-Shhh –susurró haciendo que la mirase a los ojos de nuevo- Todo está bien Rach –dijo totalmente segura.
Asentí levemente y cogió mi mano entre la suya comenzando a internarse en aquella fría agua, siempre mirándome, ni un solo segundo dejó de hacerlo.
En cuanto el agua nos cubrió por completo yo me relajé completamente dejando que aquel agua acariciase mi cuerpo al igual que la mano de Quinn acariciaba la mía.
-Echaba de menos este lugar –susurró- Pasé mucho tiempo aquí pensando cuando estabas desaparecida y cuando estabas con Britt e incluso cuando estabas en el hospital.
-¿Por qué venias aquí? –pregunté acercándome un poco más a ella.
-Me recuerda a ti, a nosotras. Es nuestro lugar –dijo en apenas un susurro.
Mi cuerpo acabó pegándose al suyo bajo aquella agua, mi piel se deslizaba contra la suya acariciándola sin poder evitarlo.
Ella cerró los ojos durante un instante, disfrutando de nuestros cuerpos unidos.
Era el momento de abrir nuestras almas, de exponernos totalmente y enfrentarnos a la realidad.
-Te quiero –susurré acercando mi rostro a escasos centímetros del suyo.
Abrió los ojos y me miró entre asustada y sorprendida.
-Te quiero –respondió suavemente mirando mis labios durante un segundo para después volver a mis ojos.
-Pero yo me voy a San Francisco y tú a Nueva York –murmuré.
-Y está Rebecca –volvió a mirar mis labios.
-Si… Rebecca –suspiré levemente.
-La vida parece que nunca nos va a dar una oportunidad –mi mano se deslizó a su cintura mientras hablaba.
-Pero aun así no voy a rendirme –le aseguré transmitiéndole con la mirada toda la determinación que era capaz en ese momento.
-Lo sé –una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
-Algún día conseguiré que estemos en el mismo punto a la vez –afirmé- Y en ese momento no pienso dejarte escapar.
-Yo no quiero escapar Rachel –y eso fue todo lo que necesité para destruir esa distancia que nos separaba.
Mis labios tocaron los suyos con una suave caricia. Apenas los rocé deleitándome con ese momento pero la atracción, nuestra atracción, la cual no podíamos controlar pudo más que la dulzura y enseguida nos vimos envueltas en una lucha de labios, lengua y caricias. Nuestros cuerpos estaban completamente pegados y nuestras bocas se movían al compás de la de la otra. Fue un beso intenso, desesperado y sobretodo necesitado. Necesitábamos tanto esa liberación de lo que sentíamos que cuando nos separamos con nuestras respiraciones agitadas y los corazones golpeando con fuerza contra nuestro pecho supimos que no había vuelta atrás.
Quizás ese no era el principio de algo o incluso el final, solo era una muestra de nuestro amor, un recuerdo de lo que sentíamos que necesitábamos expresar a pesar de todos los obstáculos que se presentaban frente a nosotras.
-Vamos –susurró cogiendo mi mano y nadando hacia la cascada.
No necesitaba decirme hacia dónde íbamos para saberlo. Un segundo después las dos nos sumergimos completamente en aquella agua y buceamos por aquella apertura que seguía en su sitio, inescrutable. Esta vez no me resultó tan difícil llegar, quizás las prácticas de canto me habían ayudado a aguantar más la respiración pero cuando salimos de nuevo a la superficie y vi de nuevo esa hermosa cueva el aire abandonó por completo mis pulmones.
Estaba aún más hermoso que en mis recuerdos, el agua cristalina recorría todo el lugar excepto un tramo donde se podía subir con facilidad a las piedras. La luz se filtraba por los recovecos de las rocas chocando contra el agua dándole a todo un aspecto mágico.
Me giré mirando a Quinn intensamente, no necesitábamos palabras, ni siquiera gestos, las dos sabíamos lo que iba a ocurrir a continuación y las dos estábamos seguras que lo deseábamos con todas nuestras ganas.
Nuestros labios se volvieron a encontrar y esta vez las manos no se mantuvieron quietas. Las mías no dudaron en agarrarse a su cintura cogiéndola con fuerza para pegar todo lo posible mi cuerpo al suyo mientras que las suyas no estaba quietas, se movían por mi espalda acariciándola con suavidad y de repente estaba en mi estómago haciendo lo mismo y exactamente con la misma dulzura.
A pesar de la pasión, de la necesidad que nos abrumaba todos sus gestos eran de una calidez y dulzura difícil de explicar. Todo lo que hacía, tanto sus besos, sus suaves gemidos contra mis labios y sus caricias decían una sola cosa; te quiero.
Deslizándonos por el agua y sin separarnos un solo instante llegamos al pequeño resquicio de rocas que nos permitía mantenernos fuera del agua sobre una lisa losa de piedra. Con cuidado Quinn cogió mi cintura alzándome hasta que quedé sentada sobre la piedra perdiendo momentáneamente sus labios sobre los míos.
Abrí los ojos mirando sus pupilas dilatas con la respiración agitada mientras ella me miraba desde el agua todavía colocada estratégicamente entre mis piernas. Nos quedamos así durante unos segundos, disfrutando del momento y penetrándonos con la mirada hasta que no pude más y colocando mi mano en su nuca hice que se alzase hasta que nuestros labios se encontraron de nuevo.
Mis labios se deslizaban contra los suyos en una danza sensual de pasión que no tardé en acompañar de mi lengua que rápidamente se deslizó hasta rozar la de Quinn y en ese justo momento las dos nos perdimos.
Se alzó completamente subiendo sobre la piedra y sujetándome por la parte baja de la espalda fue deslizándome hacia atrás hasta que quedé completamente tumbada en aquella piedra con su cuerpo mojado y semidesnudo sobre el mío.
En cuanto sus caderas se ajustaron contra las mías un suave gemido escapó de mi garganta sin ni siquiera ser consciente de ello, pero de lo que si fui consciente fue de como los labios de Quinn se separaban de los míos deslizándose por mi mandíbula hasta mi cuello.
Mi cuerpo se arqueó ante su toque sintiendo como sus pezones rozaban los míos sobre la fina tela de nuestros sujetadores.
Estaba nerviosa, no podía evitarlo. No solo por el hecho de estar haciendo esto con Quinn por fin, sino también porque desde mi secuestro no había dejado que nadie llegase a mí de manera profunda y de hecho, en esos momentos tampoco les había dejado.
Si había mantenido relaciones, pero siempre era yo la que tocaba, la que hacía disfrutar a la otra persona, nunca dejaba que me tocaran, ni siquiera llegaba a desnudarme. Eran polvos rápidos salidos del alcohol o de la necesidad de ese contacto físico, de ese sentimiento de querer sentir algo aparte de dolor y en esos momentos, lo que menos sentía era esa reticencia a ser tocada. Más bien todo lo contrario, a pesar del miedo quería que Quinn me tocara donde nunca una mujer me había tocado, quería que me amase como sabía que nadie iba a ser capaz de hacerlo, simplemente quería disfrutar de ella.
Mi mente regresó a la realidad cuando el cálido aliento de Quinn se sintió en el borde de mi sujetador. En ese instante abrí los ojos fijándolos en los de la rubia que me miraba con una pasión desbocada esperando cualquier tipo de gesto para continuar.
Cogí aire escuchando mi corazón desbocado y asentí levemente con la cabeza.
Quinn no necesitó más para deshacerse de aquella pequeña prenda que le estorbaba y sin dejar de mirarme a los ojos comenzó a mover su lengua alrededor de mi pezón, pero sin ni siquiera rozarlo muy lentamente, como torturándome.
Y lo hacía, estaba martirizándome de placer deseando solo que siguiese adelante, como me hiciese suya como siempre había sido borrando cualquier rastro tras de sí de cualquiera que hubiese disfrutado de mi cuerpo creyéndolo suyo.
De repente su boca se adherido a mi pezón chupándolo suavemente y provocando un fuerte gemido que salió de lo más profundo de mi.
Ahí no acabó la cosa, Quinn siguió deleitándose con mis pechos, lamiéndolos con detenimiento, chupándolos y adorándolos de una manera increíble.
Me estaba sintiendo totalmente amada y lo demostraba con cada gemido que se escapaba por mis labios, cada caricia en su pelo incitándola a seguir o incluso cada vez que clavaba levemente mis uñas en su piel abrumada por el placer.
Pero quería que la cosa fuera recíproca, quería hacerla sentir tan bien como ella lo estaba y demostrarle todo lo que la quería pero en cuanto intenté incorporarme levemente para poder ponerme sobre ella se separó suavemente de mis pechos impidiéndome que lo hiciese.
-Déjame que te ame –dijo en un susurro casi suplicándome con la mirada.
¿Cómo negarse a algo así? Con la respiración aun entre cortada asentí levemente dejándome caer de nuevo quedando totalmente tumbada mientras Quinn regresaba con delicadeza a mis pechos.
Pero no tardó mucho en comenzar a bajar lentamente, dando besos a cada trozo de piel que se encontraba a su paso hasta que llegó a mi cicatriz. Me tensé levemente alzando levemente la cabeza para mirarla encontrándome con su penetrante mirada mientras besaba con una delicadeza exquisita cada milímetro de la cicatriz.
Mi pecho se hinchó ante el sentimiento que me invadía. Sentirme de esa manera, amada y deseada no había pasado en demasiado tiempo, de hecho solo lo había conseguido una persona y esa persona ahora mismo estaba sobre mí, haciéndome el amor como nunca antes me lo habían hecho.
Cuando terminó de besar la cicatriz no dudó en seguir bajando dando besos a mi piel mientras sus manos ya se ajustaban a mis muslos acariciándolos de arriba abajo hasta que acabó situándose justamente frente a mi entrepierna.
Su boca se detuvo en el borde de la ropa interior, lamiendo justo en ese borde durante unos segundos, y por momentos haciendo que bajase un poco más, solo levemente, lo justo para volverme loca.
Mi cadera se movía sin control buscando cualquier tipo de fricción que me aliviase y mis manos se aferraban a su pelo incitándole a que continuase, o más bien suplicándole.
-Por favor… -dijo entre gemidos.
Nos miramos durante un segundo pero fue suficiente para saber que no queríamos detenernos y mucho menos en esos momentos.
En un rápido movimiento se deshizo de lo que quedaba de mi ropa interior exponiéndome totalmente ante ella.
No voy a mentir, el miedo, aunque levemente seguía ahí, pero por poco tiempo porque en cuanto noté su aliento y su boca a apenas unos centímetros de mi intimidad todo lo que tenía en mi cabeza voló por la ventana.
Ahora solo podía pensar en ella, en cuanto la necesitaba.
Mi agarre en su pelo se intensificó, incluso le clavé las uñas levemente haciéndola gemir con suavidad y provocando una vibración que chocó contra mi clítoris y que me derritió totalmente.
Lo siguiente que supe era como sus labios estaban en todas partes. Mi cuerpo totalmente sensibilizado se sentía colapsar mientras el placer me invadía.
Mientras la boca de Quinn se deleitaba con mi clítoris llevándome al paraíso yo simplemente me limité a gemir, a retorcerme y disfrutar hasta que el inminente orgasmo me golpeó.
Grité tan fuerte que las paredes de aquella cueva me devolvieron el grito mientras los estragos de aquel maravilloso orgasmo me dejaban prácticamente inerte sobre aquella roca, respirando pesadamente y sintiendo mi corazón explotar. No solo del placer sentido, sino de mucho más, de todo lo que Quinn me había dado.
Quinn no tardó en colocarse sobre mí con suavidad, desperdigando besos por mi cuello de manera pausada mientras esperaba que me recuperase.
Cerré los ojos durante un minuto intentando calmar mi corazón y me aferré a ella no queriendo dejarla escapar, pero no quería pensar en eso ahora mismo, solo quería disfrutar del momento.
Volví a abrir los ojos encontrándome con la más dulce mirada que había visto en mi vida.
-¿Estás bien? –preguntó con suavidad mientras una cálida sonrisa adornaba su rostro.
-Nunca he estado mejor –murmuré en apenas un susurro haciendo que su sonrisa creciese aún más.
No podía dejar de tocarla, de besarla y no quería hacerlo así que volví a atrapar esos labios con los míos de la manera más dulce de la que fui capaz en esos momentos.
Aquello no iba a quedarse así y no lo hizo.
Un par de horas después y en absoluto silencio volábamos por la carretera dejando atrás nuestro paraíso y regresando a la realidad.
Sabíamos que lo nuestro no podía funcionar, no en esos momentos por lo menos, pero como le prometí yo no me iba a rendir. Me tocaba luchar por ella y aunque tuviese que esperar durante ellas, no iba a parar hasta que estuviésemos juntas, de nuevo.
Nuestras vidas se volverían a cruzar y en ese momento, nada me iba a detener.
Fin
Quizás no es el final que esperabais, o quizás sí, no lo sé, pero lo que si sé es que este es el final adecuado para esta historia. No era el momento para que estuvieran juntas y hacerlo sería forzar la situación. He intentado cerrar las cosas, que todos los temas queden aclarados (si no es así por favor decírmelo) y alargar mas esto solo haría complicar las cosas y no es lo que quiero. Esta historia siempre ha sido complicada, no solo escribirla sino imagino que leer ciertas partes y quería un final acorde a la situación.
Pero no desesperéis todavía queda el epílogo y cuando lo leáis, espero que se os quite la posible decepción al leer este final.
PD: Que al final me decidiese a escribir esa escena de ellas en la cueva es gracias a Sor Rock, así que darle las gracias xD
