Propuesta


Me despierto buscando el cuerpo que acostumbro abrazar en las mañanas, pero a mi lado solo palpo la tela de las sábanas.

Abro los ojos para cerciorarme. Peeta no está a mi lado.

Me siento sobre la cama y las sabanas se deslizan por mi cuerpo. Tengo mi pantalón puesto, pero mi torso desnudo. No demoro en recordar que anoche quedamos a medias, otra vez, con mi diente de león. De seguro se despertó a mitad de la noche y nos arropó.

Veo la hora en el reloj de la mesita de noche. Pasan de las nueve. Se suponía que deberíamos haber estado en la panadería hace más de 3 horas para ayudar a los que se quedarán en nuestro puesto, a pesar de ser nuestro día libre.

Me levanto para darme una ducha rápida. Ya puedo hasta imaginar el dialogo de los regaños de Renzo apenas lleguemos. De seguro Peeta se adelantó para que al menos uno de nosotros haga acto de presencia.

Regulo la temperatura y me adentro bajo la lluvia de agua caliente, las gotas se sienten bien en mi piel, cierro los ojos para disfrutar de su contacto. Tomo la esponja y el jabón y hago una espuma que distribuyo por mi cuerpo.

Doy un respingo cuando la cortina de baño se abre un poco y veo la cabeza de Peeta asomarse.

Lo veo con los ojos abiertos, sin siquiera atinar a cubrirme (sería ridículo a estas alturas). Su vista se da un paseo de mi cabeza a mis pies y de vuelta, sus ojos se han oscurecido un poco cuando llegan nuevamente a los míos.

-Buenos días – me regala una sonrisa traviesa.

Le parpadeo un par de veces, me extraña que esté tan tranquilo y no histérico por llegar tarde.

-Buenos… días…

Desaparece detrás de la cortina por unos segundos. Tratando de entender que pasa, me quedo viendo su borrosa silueta a través de la tela plástica y escucho que se mueve en el cuarto de baño.

La cortina vuelve a abrirse y esta vez entra por completo, ya desnudo. Sin darme mucho tiempo a reaccionar me rodea con sus brazos, atrayendo mi cuerpo al suyo, y me besa con suavidad, empapándose también.

Sigo aturdida por la situación pero debo admitir que no tengo motivos para quejarme. Me agrada cuando la timidez de Peeta se reemplaza por una versión de él algo más osada y atrevida, reclamando cosas de mí que sabe que no le negaré. Lo siento tan mío, sé que nadie más conoce ésta faceta de él, y a la vez me siento suya, a su completa disposición.

Su lengua se abre camino por mis labios y empieza a incitar a la mía a comenzar esa deliciosa lucha de dominios. Rodeo mis brazos en su cuello, juntando nuestros torsos desnudos, aceptando de inmediato su demanda. Es delicioso sentir el roce se su pecho contra el mío algo resbaladizo por el agua caliente que ya nos cubre a ambos.

Aleja su rostro par de centímetros dejándome acalorada, no precisamente por la temperatura de las gotas de agua. Sin perder su sonrisa se separa de mí e inmediatamente extraño la presión de su cuerpo contra mi piel.

Me quita la esponja y hace un poco más de espuma en ella. Su mirada no se despega de la mía comenzando a pasarla por mi cuerpo. Inicia por mi cuello, mi clavícula, mis brazos. No puedo controlar los suspiros cuando empieza a acariciar mi torso con la esponja y, de ayuda, también pasea su otra mano contra mi piel. Dando un toque cálido con su mano y otro más frío con la esponja.

Intento tener una idea coherente pero mis sentidos se van durmiendo uno a uno. Se toma su tiempo para enjabonar mi espalda, mi cintura y se entretiene en mis pechos por un par de segundos, mis manos se posan en sus anchos hombros para sostenerme, mis piernas empiezan a sentirse como gelatina. Contengo un gemido cuando el agua enjuaga la espuma de mi pecho y besa uno de ellos, succionando la protuberancia ya endurecida de la cima y la mordisquea un poco. Vuelvo a extrañar su contacto cuando se separa y se arrodilla frente a mí para empezar a enjabonar mis caderas y mis piernas.

Si tenía alguna cosa para decir, la olvidé por completo. Me encuentro perdida viendo como él me mira de vuelta, a ratos sus ojos se pasean por mi figura con adoración, anhelo. Las cicatrices que me envuelven parecen ser otro motivo para admirarme más, al igual que las suyas lo son para mí.

Pasa la esponja con tanta suavidad que mi respiración se profundiza y libero uno que otro quejido, apagados por el sonido de la ducha.

Empieza a enjabonar la longitud de mis piernas, pasando por mis muslos y mis pantorrillas, una pierna con su mano y la otra con la esponja. Cambia la esponja de mano y hace lo mismo. Que bese mi vientre y el comienzo de mi pelvis me hace temblar, encendiéndome de deseo. Especialmente cuando empieza a concentrarse en acariciarme por la parte interna de mis muslos y asciende deliciosamente lento. Mis músculos más íntimos se contraen varias veces, deseando que me toque de una forma más íntima, como lo ha hecho tantas veces. Sus besos empiezan a subir por mi vientre mientras se pone de pie, bebiendo del agua que se escurre por mi cuerpo. Sus labios pasan por mis cotillas, regresan a mis senos, mi clavícula, mi cuello y le correspondo hambrienta cuando vuelven a mis labios.

Siento su miembro endurecido en mi vientre. Me alaga en cierto sentido que se haya excitado sólo por haberme tocado y visto mis propias reacciones. Mientras me besa, le quito la esponja. Es mi turno de limpiarlo a él.

Me alejo y hago espuma en la esponja. Sé que ambos nos iríamos a la cama en este momento para hacer el amor de inmediato (o en su defecto, aquí mismo), pero este juego previo es demasiado tentador para dejarlo a medias.

Paso la esponja por su cuello, su clavícula, sus fuertes brazos, ayudándome también con mi otra mano, me entretengo dibujando los músculos de su pecho y desciendo lentamente acariciando sus abdominales, casi burlándome de su miembro ya erguido que ruega por atención.

Utiliza su máximo autocontrol para no lanzarse sobre mí, lo sé porque su piel se estremece con cada caricia y escucho sus suaves gemidos opacados por el sonido de la ducha.

Me arrodillo frente a él y hago lo mismo que hizo él con mis piernas, acaricio las suyas, una con la esponja y otra con mi mano. Miro su rostro contorsionándose, rogando a los cielos para no perder su control sobre él mismo.

De pronto recuerdo uno de los consejos que me dio Johanna, con tanto detalle que en ese momento tuve que contener las arcadas. Pero con Peeta no me parece erróneo ni asqueroso, él es mi pareja, el hombre que amo. Considero que es buen momento para experimentar juntos.

Sin perder mi vista de sus ojos, tomo un poco de espuma y rodeo su miembro que está justo frente a mi rostro. Su respuesta es inmediata apenas empiezo a mover mi mano a lo largo de su longitud; cierra los ojos y libera un quejido contenido cada vez que vuelvo a su base y retomo el camino hasta su punta.

La espuma no dura mucho, las gotas de agua lo enjuagan de inmediato. Cuando el jabón se deshace por completo, me fijo en su rostro sorprendido cuando me llevo la punta de su miembro a la boca y hago círculos con mi lengua.

Él retiene la respiración, aturdido, liberando un ronco gemido cuando rodeo su miembro con mis labios y lo adentro a mi boca hasta donde puedo.

-¡Demonios! Katniss… – casi grita, con dificultad.

Sus reacciones sólo hacen que me encienda más. Empiezo un ritmo con mi cabeza, acariciando su longitud con mi lengua, ayudándome con mi mano desde su base, haciendo movimientos contrarios a los que hace mi boca.

Cierro los ojos y me concentro en la sensación de tenerlo de esta forma. Sorprendiéndolo al igual que me sorprendí yo cuando lo hizo conmigo la primera vez. Sus caderas se mueven un poco contra mí en forma involuntaria y sus jadeos pasan a ser roncos gemidos que trata de detener sin éxito.

Me siento poderosa de controlar de esa forma su placer. A ratos hago movimientos lentos y luego los acelero disfrutando de sus reacciones. Manteniendo mis labios apretados para acariciar su miembro palpitante.

Peeta parece estar controlándose para que no le fallen sus piernas. Lleva una mano a mi cabeza para ayudarme a mantener un ritmo constante.

Abro los ojos para elevar mi vista y ver su rostro sonrojado y aun con sus ojos cerrados, mientras jadea intentos de mi nombre.

Me sorprendo cuando en un movimiento aleja su cadera, sacando su miembro de mi boca y tira de mis brazos para que me ponga de pie. No alcanzo a reaccionar cuando sus labios se estampan en mi boca y su lengua reclama atención por parte de la mía.

No demoro en corresponderle a su demanda, pero me extraña que me haya detenido.

Sus labios se separan de los míos, sus ojos brillan y está jadeante por lo que le acabo de hacer.

-¿No te gustó? – pregunto sinceramente preocupada.

Se ríe por lo bajo y me regala una de sus hermosas sonrisas tímidas.

-Ese era el problema…

Le arqueo una ceja, sin comprender.

-Me estaba gustando demasiado, pero si te dejaba seguir, esto terminaría muy pronto. – dice aún con su tono enronquecido.

Entre risas, rodea mi cintura con sus fuertes brazos y me atrae hacia él para volver a besarme, esta vez más impaciente y demandante. Me dejo atrapar con facilidad y ni siquiera noto cuando apaga la llave de paso para detener la ducha.

Sin dejar de mantenerme cautiva entre sus brazos y sus labios, nos hace salir de la bañera y a trompicones me guía hasta nuestra habitación.

Nuestra risa se entrecorta por nuestros besos. Por estar empapados, en más de una ocasión nos resbalamos casi a punto de caer.

Me deja caer sobre la cama y él se recuesta sobre mí, sin importarnos empapar las sabanas.

Sus labios dejan los míos y renueva el camino hacia mis senos, mi vientre, mis caderas. Hace que mis piernas pasen por sobre sus hombros, flexionándolas, y esconde su rostro en mi intimidad. A pesar de que me sigue avergonzando que lo haga, sentir sus labios besando, succionando y mordisqueando mi punto secreto, hace que inevitablemente empiece a gemir y a retorcerme de placer.

Jadeo intentos de su nombre mientras aferro mis manos a los costados de mi almohada y muerdo mi labio inferior para no gritar. Inconscientemente cargo mis talones contra su espalda mientras elevo mis caderas en movimientos involuntarios hacia su boca.

Peeta gruñe con mis reacciones, acaricia mis caderas, mi vientre y mis muslos, aprieta a ratos cuando, sin ser mi intención, presiono su cabeza entre mis piernas.

Hay un momento en que no puedo contenerme más. Sus deliciosas caricias están lejos de dejarme satisfecha. Lo quiero unido a mí y sentir el peso de su cuerpo sobre el mío.

-Peeta… - jadeo mirando en donde están sus ojos que llegan a los míos, oscurecidos y lujuriosos. – Ven… - mi voz sale ronca en una notoria suplica.

No me hace caso, mi ruego hace que se concentre más en besar mi punto de placer sin dejar de mirarme.

Me vuelvo a retorcer impaciente.

-Ven… Por favor.

Continúa torturándome con su lengua por un par de segundos más y mis manos llegan a su cabello empapado para tratar de alejarlo.

-Peeta, por favor… - casi lloriqueo.

Por fin se aleja de mi intimidad y a gatas empieza a subir sus labios por mi cuerpo hasta que los estampa con fuerza contra mis labios, permitiéndome sentir mi propio sabor. Rodeo su cuello para no permitir que vuelva a alejarse.

Mi intimidad de contraer por la anticipación de sentirlo dentro de mí.

Empieza a acomodarse entre mis piernas y no pierde tiempo para hacerse paso entre mis pliegues mientras me besa. Desde antes de salir de la ducha que mi cuerpo estaba más que listo para recibirlo, se adentra en mí con facilidad, casi resbalando hacia mi interior. Ambos ahogamos gemidos en la boca del otro. Arqueo mi espalda uniendo más mi pecho al suyo y araño sus omoplatos por el placer que se desborda de mí solamente por sentirlo.

-Katniss… - jadea en mis labios y solo con eso siento exquisitos escalofríos partir de mi espina dorsal hasta cada punta de mi cuerpo.

No me hace esperar más y sus caderas empiezan a moverse contra la mía de manera pausada y suave comenzando con esa fricción en mi interior.

Empiezo a subir esa cima ya conocida, cada segundo un poco más, más alto, más sensaciones, más placer, más deseo.

Sus labios se separan de los míos y sus brillantes ojos encuentran los míos cuando pega su frente contra la mía; veo cuando me ama, cuanto me desea, es suficiente para hacerme arder aún más. Su cálido y jadeante aliento choca contra mi boca. Su cuerpo se resbala un poco del mío, ya no sé si es por el agua de la ducha o por la mezcla de nuestro sudor, pero se siente demasiado bien sentir su piel acariciarme de esa forma.

De pronto se detiene, parpadeándome un par de veces. Gruño en protesta pero un extraño sonido me hace parpadearle de vuelta.

Ambos retenemos la respiración para dejar de jadear y afinamos el oído. Es la puerta siendo golpeada y luego tocan el maldito timbre.

Peeta esconde su rostro por sobre mi hombro - ¡Tiene que ser una broma! – ahoga su grito contra la almohada.

Internamente grito lo mismo, pero sin importarme quien sea (muy probablemente Haymitch y Effie) no estoy dispuesta a abandonar el cuerpo de Peeta, después de tantos días sin poder tenerlo.

-¿Está puesto el cerrojo? – cuestiono bajo contra su oído.

El asiente aún escondido contra la almohada.

Todo lo que necesito saber.

Lo empujo, deslizándose fuera de mi cuerpo y rueda quedando cargado sobre su espalda. Queda aturdido un segundo por el cambio de situación y me parpadea mientras me posiciono sobre él con mis rodillas a cada costado de su cadera, ni siquiera necesito guiar su miembro para que vuelva a entrar en mí y muerdo mi labio para contener el gemido de volver a sentirlo resbalándose en mi interior.

Hace una mueca, también mordiéndose su labio inferior y convierte un gemido en una exhalación por su nariz.

-¿Katniss? – susurra.

Empiezo a mover mis caderas sobre las suyas.

-¿Acaso quieres ir a abrir? – susurro entre quejidos mientras me inclino para besarlo.

Me tuerce una sonrisa y recibe mis labios, gustoso. Dejándome clara su respuesta.

Me sostengo por sus hombros y me incorporo para moverme con más facilidad. Sus manos acarician mis muslos y se detienen en mi cadera, donde aprieta un poco y me guía suavemente.

El timbre sigue sonando pero ninguno de los dos le presta atención alguna. Estamos demasiado ocupados perdiéndonos en los ojos del otro y observando las transformaciones de nuestros rostros a medida que mis caderas se elevan y vuelven a bajar contra la suya.

Retenemos a ratos la respiración para ahogar nuestros gemidos que podrían delatarnos.

Peeta se incorpora, sentándose en la cama manteniéndome a mí sobre él. Rodea mi cintura con sus manos, acariciándome mientras continua guiando mis movimientos, elevando sus caderas cada vez que yo desciendo las mías.

Esta posición le da libre acceso para besar mis senos, mordisqueando la cumbre. Debo tapar mi boca con una de mis manos para no gritar de placer y sigo conteniendo mi respiración para no gemir tan fuerte. Peeta hace lo mismo, acallando sus jadeos mordisqueando mi piel frente a él.

Las embestidas se hacen más rápidas y profundas. El hecho que medio nos estemos escondiendo de alguien que quiere entrar a la casa, le da un toque extrañamente atractivo a la situación, como si hiciéramos el amor de manera clandestina.

Peeta estira su cuello para alcanzar mi boca mientras llevo mis manos a sujetarme de sus hombros, atrayéndolo a mí.

Por más que tratamos de suprimir nuestros jadeos es imposible hacer que uno que otro salga en volumen algo más alto del que deseamos, pero eso no nos detiene.

Me siento cada vez más cercana a caer de esa cima de placer que sólo he alcanzado con él.

Ambos nos aferramos al cuerpo del otro, con fuerza, con desesperación.

Llegamos a ese punto en que no podemos seguir besándonos por la intensidad de las embestidas y sólo nos queda observarnos el uno al otro apoyando nuestras frentes juntas.

Peeta cierra los ojos tratando de contenerse para no acabar antes que yo, pero no pasa mucho tiempo hasta que escondo mi rostro en su cuello y muerdo la piel de su hombro para ahogar mi fuerte grito de placer. Una fuerte sacudida de mi cuerpo y los espasmos siguientes le dan la señal para liberarse también. Lleva su boca hasta mi clavícula y es ahí donde ahoga su ronco gemido sintiéndolo vibrar bajo mi cuerpo y palpitante en mi interior.

Nos mantenemos abrazados por un instante que parece eterno. Tan íntimo entre los dos, nadie más pertenece a nuestra pequeña burbuja mientras nos besamos y acariciamos, como consolándonos del placer que acabamos de derramar.

Quienquiera que haya estado tocando el timbre, dejó de hacerlo hace un rato que ni siquiera noté. Tampoco digamos que estaba muy al pendiente.

Ni siquiera le tengo que preguntar a Peeta si quería saber quién era. Me acomoda recostándome a su lado y sus brazos me rodean y acarician a la vez. Las sábanas están empapadas por completo y pronto se enfriarán, hasta que eso pase no quiero salir del precioso abrigo que me hacen sus brazos.

Nos miramos el uno al otro a los ojos, acariciando nuestros rostros como si no hubiese nada más en todo el mundo que nosotros. Susurro un "Te amo" haciendo que Peeta me sonría y me responde con las mimas palabras sin despegar su mirada de la mía.

Nos quedamos perdidos en ese momento por lo que parecen horas.

Luego recuerdo el detalle que me hizo levantarme apresurada.

-¿Deberíamos ir a ayudar a los chicos?

Me dedica una suave sonrisa y me niega con la cabeza – Llamé temprano a Renzo para avisarle que no llegaríamos.

Le arqueo una ceja. - ¿Tenías todo esto planeado?

Su mirada se vuelve juguetona – Algo así… pero mi plan era desayunar primero.

Apunta algo a mis espaldas y volteo para ver la bandeja con tazas y bocadillos sobre una silla y un termo en el suelo, ni siquiera había notado que estaban ahí.

-Tenía pensado despertarte y comer juntos – vuelvo a verlo - Pero como estabas en la ducha, tuve que improvisar. – finaliza con una radiante sonrisa.

Le devuelvo la sonrisa y lo aferro contra mí para que me bese de nuevo.

Nos tenemos que poner en movimiento ya que las mantas terminaron por enfriarse y debemos secarlas pronto.

Peeta vuelve a ducharse y luego, mientras yo me ducho, se encarga de llevar las mantas cerca de la chimenea para secarlas. Por suerte el colchón no quedó tan empapado, pero me tomo mi tiempo con el secador de cabello para dejarlo relativamente seco.

Tomamos nuestro desayuno, sentados en la alfombra de nuestra habitación, como si hiciéramos un picnic y conversamos animadamente entre bocado y bocado.

Hace tiempo que no estábamos ambos solos, disfrutando únicamente de nuestra compañía mutua. Últimamente nos hemos encontrados rodeados de gente, lo cual también ha sido agradable, pero estos instantes de soledad acompañada se han vuelto tan escasos que cada momento a solas con Peeta es un instante precioso.

Para la hora del almuerzo me encuentro haciendo mi guiso con Peeta abrazado a mi cintura y su mentón recargado en mi hombro, jugando conmigo, haciendo que se me caiga el cucharon o algunos ingredientes.

-¡Peeta! – lo regaño fingiendo enojo.

Él se ríe de forma traviesa y simplemente me besa en la parte trasera de mi cuello para luego volver a cargar su mentón sobre mi hombro, quedándose ahí, como una extensión más de mi cuerpo.

Sólo se aleja de mí para poner otro leño en la chimenea. De inmediato extraño sentir su calor sobre mi espalda cuando se aleja, pero apenas termina con eso, regresa para rodearme por mi cintura con sus cálidos y fuertes brazos.

Almorzamos con calma y luego nos dedicamos a ordenar un poco, devolviendo las mantas ya secas a nuestra cama.

Me extraña que, avanzada un poco la tarde, nadie haya llegado para irrumpir nuestra burbuja de calma e intimidad. Incluso nos dio tiempo para volver a desarmar las mantas que acabábamos de acomodar sobre nuestra cama.

Cerca de las 6 de la tarde, parecemos recordar que existe un mundo aparte de nosotros y nos encaminamos a la ciudad para ayudar a los chicos.

Apenas llegamos a la plaza, hay una gran conmoción. Hoy es el último día de festival, donde también se celebra Año Nuevo.

Todos los puestos de la plaza están adornados para celebrar el final del día. Donzel está haciendo equilibrio sobre una silla para adornar el nuestro con unas guirnaldas de flores. Haymitch está en otra silla al otro lado y Effie les da indicaciones para que queden bien situadas en la fachada.

Casi nadie en la plaza parece estar interesado en vender o comprar. Todos se ayudan entre todos para adornar sus pequeñas tiendas. También hay un grupo de músicos en el escenario central que está probando sus instrumentos con los amplificadores.

Miro a mi alrededor y sólo puedo ver gente sonriente, los niños también se ven emocionados revoloteando por la plaza.

Clarisse nos comenta que el día ha sido bastante productivo, hasta que, hace un par de horas, todos empezaron a arreglar las cosas para la celebración. Inspirados por eso, decidieron hacer lo mismo.

Intentamos ayudar, pero dicen que están bien. Arline me dice que Renzo y Johanna están en la panadería y que podrían necesitar ayuda con los pequeños.

Quedo sorprendida al ver a más gente de la que esperaba. Varios ojos voltean a la entrada de la tienda donde hemos quedado atónitos.

Los saludos no se hacen esperar, me descubro entre los brazos de mi madre, Annie, Gale, Marina, Cressida, Pollux… en fin, los mismos que estuvieron para el cumpleaños de Peeta.

La sorpresa es bastante agradable.

-¿Cuándo llegaron? – digo cuando termino de saludar a Beetee.

-Esta mañana. – responde Gale.

-Fuimos a verlos, pero al parecer estaban dormidos… - Comenta Cressida alzando varias veces las cejas.

El sonrojo de Peeta y mío no se hizo esperar haciendo que todos lancen una fuerte carcajada. Eso explica los insistentes timbrazos en la puerta que decidimos ignorar… tampoco me arrepiento mucho que digamos.

No tardan en aparecer los que adornaban el puesto y nos acomodamos como podemos para repartir bocadillos y chocolate caliente para todos. El espacio se hace estrecho pero todos parecen cómodos hablando en grupos por la panadería.

Con Peeta nos quedamos hablando con Gale y su prometida. Marina nos enseña su asomo de pancita de cuatro meses. Tenía poco más de dos cuando Gale vino a contarnos. Se ven sumamente felices, mi amigo no puede dejar de abrazar a Marina y acariciar su vientre que apenas está abultado. Me siento feliz por ambos.

El pequeño de Annie juega con el mayor de Renzo con unos autos en miniatura. La pequeña, sin sorprender a nadie, no se aleja de Johanna que la tiene sentada entre sus piernas en la pequeña mesa de la tienda. Lo que sorprende bastante es que esté hablando con Renzo y él no se sonroje en el intento.

Están conversando entre ellos y la pequeña se acurruca en el regazo de la vencedora.

Por pura curiosidad, empiezo a agudizar el oído en su dirección.

-En serio, se lo agradezco mucho Señorita Mas…

-Johanna. – le corta frunciendo el entrecejo.

Renzo la mira como si le hubiera hablado en otro idioma.

-¿Señ…?

-Que me llames Johanna.

Le parpadea un par de veces.

-Señorita Mason me llamaban en el Capitolio. La próxima vez que te oiga llamarme así te romperé esa cara bonita. – Se inclina y le da un par de palmadas en el rostro – En serio eres muy apuesto y preferiría no hacerlo. – Le ladea la cabeza y le tuerce una sonrisa.

Para mi sorpresa y la de Peeta (también agudizó el oído en la misma dirección que yo) Es sorprendente ver que Renzo no se sonroja a más no poder, por el contrario, se le dibuja una amplia sonrisa mostrando todos los dientes hacia ella.

-Lo siento, Johanna.

Ella le asiente satisfecha. – Así está mejor…

Siento un par de codazos que me llegan en mi brazo por el lado contrario a donde esta Peeta. Donzel se me acerca ahuecando su mano sobre su boca hacia mí - ¿¡Viste eso!? – murmulla apuntando a los otros dos con el mentón.

Peeta se ríe por lo bajo.

-Eres un maldito chismoso – le acuso pero me alza una ceja, obviamente yo estaba cuchicheando lo mismo.

Los minutos se pasan con rapidez y ya pasada las once de la noche, Effie y Clarisse nos empiezan a empujar a todos hacia afuera. Donde el ambiente festivo es mucho más notorio y varios grupos de personas están con sombreros, botellas de champaña y compas esperando la hora de empezar a celebrar.

El grupo de músicos en el escenario central tocan música alegre para ambientar, incluso algunos se han puesto a bailar a mitad de la plaza. El espíritu festivo se nos contagia y varios de nosotros nos unimos aprovechando los últimos minutos que quedan.

Empiezo a bailar con Peeta, pero en un giro él desaparece. Lo busco con la mirada y veo a lo lejos que me mira escogiéndose de hombros y una sonrisa de disculpas. ¿Cómo no? Me lo tenía que robar Johanna. Ella, en una vuelta, me guiña un ojo y me saca la lengua.

Entre la conmoción de gente, siento un tirón en mi muñeca y termino pegada al pecho de Gale.

Ambos sonreímos y empezamos con un par de pasos simples. La música es rápida, así que son varias secuencias de saltos de un lado a otro. Le elevo una ceja, para mi sorpresa no lo hace nada mal.

-No sabía que bailabas…

Tuerce una sonrisa – Tengo mis momentos.

Vuelve a haber un giro y de pronto dejo de tener a Gale frente a mí. Pollux me recibe tomando mi cintura y me guiña un ojo.

Lo quedo mirando extrañada y luego giro mi cabeza para ver Gale que ahora está bailando con Annie. ¿Qué mierda? Recién vengo a notar que hay un golpe de un instrumento en particular que anuncia el cambio de pareja y todos a mi alrededor se revuelven entre ellos.

En medio de giros y varios pasos, alcanzo a ver a Peeta bailando con mi madre, luego Marina, Arline y ¡Ugh! Delly. Por mi parte sigo con Renzo, Donzel, un par de desconocidos y de pronto me encuentro parpadeándole varias veces a mi ex mentor.

-Último día del año. – me grita por sobre la música - Al menos tengo que bailar con mi preciosa. – dice con una enorme sonrisa.

Esa frase me conmueve de una manera impresionante y no puedo evitar sonreírle de vuelta.

De pronto la música se silencia y empieza un redoble de tambores. Haymitch y yo nos detenemos para ver que, sobre el escenario, hay una proyección de una secuencia de números. 30… 29… 28…. El fin de año ya se acerca.

Haymitch me da un golpe en la espalda, empujándome un poco – Iré por Effie, tu busca al muchacho – me guiña un ojo y se pierde entre la gente.

Veo a mi alrededor, pero no hay por donde encuentre a Peeta. El resto de la gente se empieza a reunir con su grupo más cercano, por lo que opto por volver a nuestro puesto de la plaza. La mayoría de mis conocidos ya están ahí, pero no veo a quien busco por ningún lado.

La cuenta regresiva continúa: 21…20…19… - todos a mi alrededor empiezan a canturrear la cuenta regresiva. Ya todos están en parejas, Gale y Marina, Clarisse con Thom, incluso veo a Johanna junto a los pequeños y Renzo. Ni siquiera alcanzo a sorprenderme por que busco desesperada a mi diente de león.

Mis ojos llegan a una cabeza rubia, a un buen par de metros, que gira en varias direcciones. También me está buscando. Cuando sus ojos azules llegan a los míos, sonríe con alivio y empieza a correr hacia mí mientras yo doy pasos para acortar mi distancia de él.

12…11…10…

Ambos chocamos con algunas personas que se nos cruzan pero no nos perdemos de vista el uno al otro, forcejeando a ratos para abrirme camino hacia él

5…4…3…

Justo al momento en que sus brazos rodean mi cintura y los míos su cuello, un gran estruendo se escucha alrededor y la cuenta regresiva se termina.

Los fuegos artificiales comienzan con un hermoso espectáculo de luces que iluminan la oscuridad de la noche.

Me separo de Peeta sin romper nuestro abrazo. Veo su rostro iluminándose con incontables colores de luces. Se ve muy apuesto, dibujándose sombras y brillos aleatorios en su piel.

Sin contenerme, tomo su rostro entre mis manos y hago que se incline para besarme. Es con quien quería terminar este año y comenzar uno completamente nuevo, con él a mi lado.

En sus labios medio me olvido del alboroto que hay alrededor. No me interesan los gritos, las botellas de champaña siendo abiertas, las explosiones en el cielo, sólo quiero concentrarme en él.

Sus labios se alejan de los míos y su frente choca contra la mía para mirarme a los ojos con una hermosa sonrisa adornando su rostro.

-Feliz año nuevo – gritamos al unísono y volvemos a besarnos, escondidos del mundo en nuestra pequeña burbuja invisible.

Empezamos a repartir abrazos por todos lados. Dándome cuenta de la cantidad de gente que nos rodea. A ratos me confundo y termino abrazando más de una vez a alguno de ellos, sin estar segura si lo salude antes o no.

El ambiente es alegre y festivo, no hay caras melancólicas ni tristes. Todos disfrutan de la compañía de cada uno.

Aparece Delly y su hermano para saludar a todos. Debo admitir que debí contenerme las ganas de golpearla cuando abrazó a Peeta, pero se alejó de él tan pronto como se acercó y luego me abrazó a mí, deseándome un feliz año.

Después de una hora más o menos, la plaza empieza a vaciarse, las familias se alejan para una celebración más personal en sus respectivos hogares.

Como era de esperarse, todos nuestros conocidos terminan en nuestra casa para seguir celebrando el acontecimiento.

Gale y Renzo abren un par de champañas y todos hacemos un brindis en conjunto.

Por mi parte voy viendo la cantidad de gente que nos rodean, no había notado cómo cada uno se fue sumando a la lista de seres queridos. Obviamente que algunos son más cercanos, como los chicos de la panadería, Haymitch y Effie, que son los que debemos tratar a diario. Pero cada uno tiene un lugar especial para nosotros.

Al igual que en la panadería, todos se reparten en distintos grupos y comparten distintas historias entre ellos. Es un ambiente agradable y el coro de las risas se escucha por toda la primera planta.

Con el pasar de las horas, es divertido ver a Beetee algo pasado de copas junto con Pollux, contrastando con un Haymitch más sano que una lechuga. Johanna está con Annie y Marina en el sofá junto con los tres pequeños que se van quedando dormidos, parece que aconsejándole a la última sobre maternidad. Cressida, Delly, Clarisse y Arline también hablan animadamente. Peeta se ve animadamente hablando con Gale, Thom, Renzo, Donzel y el hermano de Delly. Tengo muchas ganas de raptarlo, pero supongo que en este día en especial, debo compartirlo. Yo me entretengo paseando por los distintos grupos recopilando distintas anécdotas de cada uno.

Me quedo hablando con mi madre y Effie, es algo gracioso que ambas traten de aconsejarme de distintas cosas. Obviamente mi madre es mi madre, pero Effie también ha sabido aconsejarme en el tiempo que lleva viviendo en el Distrito. Me río cuando empiezan a discutir entre ellas sobre mí, casi compitiendo por quien de las dos me conoce más.

De pronto siento una mano rodear mi cintura, haciéndome dar un respingo.

-¿Les importa? – pregunta Peeta por sobre mi hombro a ambas.

Ellas dejan de discutir y lo miran con una amplia sonrisa.

-Adelante – dice Effie lanzando una risita aguda.

Como si mi diente de león tuviese que pedir permiso, bastaba con que me hiciera un par de señas desde lejos y ambos hubiésemos desaparecido de escena de todas formas.

Se inclina un poco hacia mí – Quiero raptarte unos momentos…

Casi… casi le digo que si vamos ahora nos escucharán en la primera planta, pero hay algo en su mirada que me dice que, lo que sea que quiere hablarme, no tiene nada que ver con lo que acabo de pensar.

Peeta toma mi mano y me guía escaleras arriba. Todos están tan enfrascados en sus respectivas conversaciones que ni siquiera notarán nuestra ausencia.

Ya en nuestra habitación, me hace sentarme sobre la cama y yo lo sigo con la mirada mientras se acomoda a mi lado.

Se acerca para besar mis labios con suavidad, no son como sus besos de la mañana, así que entiendo que no espera que terminemos enredados en las sabanas, por lo menos aún no.

Le sonrió cuando se aleja y sus ojos llegan a los míos.

-Te amo…

-Te amo – respondo contra sus labios.

Toma mis manos entre nosotros y libera un largo suspiro. Siento el ligero temblor de sus dedos mientras acaricia mis nudillos. Lo veo un poco extrañada, su actitud empieza a preocuparme.

-¿Qué pasa?

Sus ojos no dejan los míos y parece meditar sus palabras.

-Tengo algo para ti…

Le parpadeo un par de veces. Se mueve torpemente buscando algo en los bolsillos de su chaqueta.

-Yo no tengo nada… - trato de disculparme.

Me niega con la cabeza – No te preocupes por eso.

Sigue hurgueteando en sus bolsillos y puedo ver claramente que se empieza a impacientar donde no encuentra lo que sea que está buscando. Parece algo angustiado hasta que su expresión cambia a una sonrisa deteniendo las manos en el interior de su chaqueta.

Vuelve a mirarme directamente a los ojos y tomar mi mano con la que tiene libre.

Se despeja la garganta para hablar – Katniss… - su voz tiembla un poco. – Quiero…

No puedo evitar sonreírle por que se demore tanto en hablar, siempre es raro ver a Peeta sin palabras. Que me lo esté tomando con algo de humor parece ponerlo aún más nervioso.

-Katniss… yo…

Saca una pequeña cajita de su bolsillo al fin, abro mis ojos sorprendida mirando el objeto.

Es lógico lo que está tratando de decirme. Empiezo a sentir millones de mariposas revolotearme en el estómago apenas me doy cuenta. Vuelvo a ver sus ojos, fingiendo que aún no sé qué intentará preguntarme. Quiero oírlo.

-Hemos estado juntos varios meses… - empieza con torpeza – Cada día ha sido maravilloso para mi… a tu lado… a pesar que a veces discutamos.

Sonrío sin controlar el brillo de mis ojos.

-Te amo con todas mis fuerzas… y quisiera… - encuentro adorable que empiece a sonrojarse – Bueno… yo…

Es algo irónico que este chico que tartamudea las palabras y se muestra tan nervioso, sea el mismo que esta mañana (o más bien, la mañana de ayer) entró a la bañera conmigo sin ningún pudor.

Traga saliva empezando a abrir la cajita – Yo…Quería preguntarte si…

-Sí… - le interrumpo, ya impaciente.

Me mira confundido - ¿Sí?

-Sí

Sus ojos se turnan entre los míos, creo que no se da cuenta que la cajita se le ha vuelto a cerrar. Me mira dudoso.

-Estamos hablando de lo mismo ¿Cierto? – tartamudea.

-Espero que sí

Nos miramos el uno al otro por unos segundos de silencio. Casi empiezo a dudar de qué pregunta quiere hacerme.

-¿Estás segura?

No puedo evitar reírme de la situación. Creo que debí haberle permitido terminar.

-Si es lo que yo pienso… Sí, estoy segura.

-Si no estamos hablando de lo mismo esto será algo vergonzoso… - me advierte empezando a sonreír.

-Lo sé, pero no hay testigos. – le apunto a la habitación.

Estamos completamente solos aquí a pesar del bullicio ahogado que llega desde la primera planta. Mira alrededor, como si confirmara que no hay nadie más y sus ojos vuelven a los míos.

-Entonces… ¿Sí?

Le asiento con la cabeza.

-¿Te casarías conmigo? – dice al fin, con un evidente nudo en la garganta. Como si temiera que mi respuesta afirmativa fuera para otra pregunta.

Oírle decirlo me hace sonreír aliviada de que se tratara de la pregunta que quería escuchar.

-Sí, Peeta – digo mirando fijamente sus ojos – Si quiero casarme contigo.

Lanza un suspiro entrecortado, todos los músculos de su cuerpo de relajan y en su rostro se le dibuja una gran y hermosa sonrisa. Toma mi rostro con su mano libre y sella mis labios besándome de esa forma que me quita el aliento.

Se aleja lentamente y, como si recién recordara la cajita que tiene sujeta, me la pasa en las manos y me mira expectante para que yo misma la abra. Espera impaciente mientras empiezo a levantar la tapa para mirar su contenido, me rio para mis adentros al ver lo nervioso que está; juega con sus manos y uno de sus pies da varios saltos en el piso.

Abro por completo la caja y me quedo viendo su interior. No es un anillo como esperaba. Es un delicado relicario plateado, con motivos curvados alrededor de una piedra circular justo al centro. La observo más detenidamente… es mi perla. La misma que él me dio en la segunda arena y que me acompaño en su ausencia, aquella que tenía celosamente guardada en mi mesita de noche. Ni siquiera me di por enterada que había sido raptada.

El relicario tiene un pequeño broche y lo abro curiosa. Hay una foto mía y de Peeta en cada costado. Ya con ese detalle mis ojos empiezan a aguarse. Pero una lágrima empieza a dibujar mi mejilla cuando leo un "siempre" al borde de ambas fotografías.

-Es precioso… - digo a mitad de un sollozo.

-Pensé que un anillo te molestaría para cazar… - habla atropellando las palabras – Sé que no es lo común… pero no quise…

Lo callo con un suave beso y rodeo mis brazos por su cuello.

-Es perfecto, Peeta.

Al fin parece tranquilizarse por completo.

Me abraza pasando sus manos por mi cintura y vuelve a besarme.

Nuestros labios se han encontrado tantas veces que no debería ser nada nuevo, pero tiene algo de diferente esta vez. Jamás le dimos un nombre a la relación que compartimos desde hace meses, aunque obviamente hemos sido una pareja… pero a partir de ahora besaré a mi "prometido". Mi futuro esposo.

Se aleja de mí y limpia el par de lágrimas de alegría que se me habían escapado.

-Eres mi prometida ahora… - susurra casi sin podérselo creer.

Sin ser capaz de articular palabra, le asiento con la cabeza, con una gran sonrisa en mi rostro. Suena tan bien con su voz.

Se pone de pie, levantándome con él y chillo cuando me eleva de repente tomándome por la cintura.

-¡Mi prometida! – grita, mirándome con sus ojos brillantes hacia arriba. Sin poder controlarlo, empiezo a reír.

Me baja con suavidad, mientras voy pasando mis brazos rodeando su cuello y mis labios llegan a alcanzar los suyos, nos besamos con suavidad y calma. Con todo el tiempo del mundo.

Apenas sus labios se alejan, me repite varias veces todo lo que me ama y que hará hasta lo imposible por hacerme feliz. No dudo por ningún momento de sus palabras; sé cuánto me ama y ya me hace feliz cada día.

Seco mis lágrimas y Peeta rodea mi cuello con el delicado collar del relicario. Me doy una vuelta por el cuarto de baño y veo mi reflejo. La chica del espejo no puede más de felicidad y concuerda conmigo pensando que el colgante me queda de maravilla.

Nos disponemos a bajar con los demás para compartir la noticia. Grande es nuestra sorpresa de que todos se callen de golpe y se mantengan en silencio apenas llegamos a la primera planta, mirándonos expectantes.

Peeta se ve tan extrañado como yo, obviamente él no lo había comentado.

-¿Y bien? – grita Gale, claramente ya al tanto de lo que estaba pasando escaletas arriba.

Ambos parpadeamos un par de veces hacia todos y de pronto Peeta detiene su mirada acusadora en su amiga de infancia.

-Delly… - empieza a regañar.

-¡Lo siento! ¡No me pude contener! – grita la aludida llevando sus manos a su boca.

Peeta sonríe de medio lado y niega con la cabeza hacia ella.

Había olvidado el detalle que ella se había ido al Distrito 1, de seguro se encargó de hacer que mi perla formara parte del hermoso relicario que ahora adorna mi cuello. Casi siento la obligación de disculparme por haberla querido asesinar cada vez que la veía junto a Peeta.

Las miradas de todos los presentes siguen sobre nosotros esperando la confirmación. Aunque es más que obvia considerando que estamos con nuestras manos entrelazadas y con una sonrisa de oreja a oreja.

Me dirijo a todos y tomo aire para decir: - Le dije que sí…

La reacción no se hace esperar. Un gran alarido y luego los abrazos correspondientes para Peeta y para mí. Felicitándonos a ambos.

Así se marca el final de un año lleno de cambios y el comienzo de uno completamente nuevo por venir. Un misterio por ahora, pero sé que con Peeta a mi lado, puedo permitirme la esperanza de que, pase lo que pase, se puede seguir adelante.


CONTINUARÁ…


N/A

Como que traté de ponerle de todo un poco a este capítulo. Un "toque" de lemon y una buena ración de emociones. Ya preparándonos para las últimas curvas de este fic que espero estén disfrutando tanto en leerlo como yo en escribirlo para ustedes.

Ando con la cabeza algo ocupada y les pido disculpas, otra vez, por la demora. Ojala que su espera haya valido la pena.

Para los que quieran hablarme, siéntanse libres de enviarme algún PM mediante fanfic. Me dejaron un review para que leyera un fic y le diera mi opinión, el detalle es que lo hizo como "guest" y no pude comunicarme.

Con respecto al nuevo fic que estoy trabajando en conjunto con Himeichigo, dejaré una reseña (aun por escribir) al final de este fic. No tengo problemas para alargarme en un capitulo… pero pídanme que haga un resumen o un título… colapso mental…

Un fuerte abrazo a todos aquellos que han seguido este fic y muchas gracias a quienes se toman un par de minutos para dejarme algún mensajito, animándome a seguir. Tambien les agradezco a los que se han ido sumando en el camino.

Un gran abrazo de oso para todos

¡Hasta el próximo capítulo!