CAPÍTULO XXIII
CASI CAYENDO AL ABISMO
Melisa se sentía flotar, ondear con suavidad casi como si su materia estuviera dispersa en el espacio. No podía ver nada, era como si una densa oscuridad afluente e inconmensurable, cobrara posesión indiscreta de sus ojos. Sin embargo, sentía algo a su lado, a alguien, no estaba sola. Más que presentirlo, es la certeza aguda de que alguien está contigo.
Y de pronto sintió que su voz, su pensamiento, su corazón —¡Es difícil definirlo!— podía articular:
—¿Está…? ¿Hay… alguien ahí…? ¿…Hay… alguien…?
Silencio plano, uniforme, regular, ¡sólo silencio! Y de pronto, vino a ella aquella sensación, ese sonido sordo y profundo de la tierra, un afluir incesante, y luces en la oscuridad, brillante, fragante, dorado. « ¡Esa energía!». No podía ver, pero sentía, la imaginaba, la visualizaba, la saboreaba.
Y hasta incluso sintió que podía sonreír; su alma o su conciencia sonreía, sonreía en la oscuridad al percibirla ¡Oh, Dios! ¡Qué sensación tan deliciosa era la que venía a ella! ¡Qué paz tan maravillosa era la que la acunaba y comenzaba a hacer nido en su corazón! Esa energía estaba fluyendo, tan armoniosa y fascinante, sin embargo, no era ella quien la manejaba, ¡no era ella! Y entonces, volvió a articular:
—¿Hay alguien… verdad?
Y la voz vino a ella, suave y plácida a su sentir.
—Melisa… tu conciencia...
—¿Eres tú, verdad? Eres… tú, Daniel.
—¡Vaya! Hace tiempo que no te escuchaba pronunciar mi nombre.
—¿Y qué más quieres? Si no haces más que estar ausente.
— ¡Ha, jaja…! —Risa suave, casi callada.
—¿Dónde estoy? No puedo ver nada.
—Mm… déjalo, es mejor así.
—Quiero verte.
—«Déjalo, es mejor así.»
—¿Estoy desmallada?, ¿verdad?
—¿Cómo lo…?
—¡Pues entonces debería verte! Y debería ver mi cuerpo.
—¿Cómo? ¿Por qué lo dices?
—Pues a veces lo hago, a veces cuando estoy durmiendo puedo ver mi cuerpo y deambular por ahí.
—¡Así que eres consciente de que te desdoblas! ¡Vaya! realmente eres hábil. De todas maneras no se espera menos de ti.
—Bueno, no siempre puedo hacerlo. A veces me funciona y otras veces no. Soy algo inexperta en el tema.
—¡Ja! «Inexperta».
—¿De qué te burlas?
—De nada en particular. No me estoy burlando
—¿Por qué no puedo ver?
—Quizás… porque no estás consciente del todo.
—Sin embargo, creo que puedo despertar. Voy a regresar a mi cuerpo.
—¡No! ¡No lo hagas! Espera un momento.
—¿Por qué?
—…Estas infectada.
—¿Infectada?
—Si… han infectado tu sangre. Y para mi es mejor operar de esta forma.
—¿Operar?
—Voy a curarte. Voy a purificar tu cuerpo vital, y por ende, desinfectar tu cuerpo físico.
—No entiendo.
—Tranquila, déjamelo a mí. Aunque en realidad si necesito un poco de tu ayuda.
—¿Y qué debo hacer?
—Sólo mantener tu conciencia a flote, aquí conmigo. Es por eso que no quiero que despiertes, porque será más difícil para ti, y por ende, para mí, las impresiones que recibirías y los cambios físicos te haría perder el control, y rápidamente la infección de ese tipo haría su trabajo para transformarte.
—¿Transformarme?
—Sí. Y lo que yo necesito es tiempo para trabajar.
—¿Y en qué se supone que me voy a transformar? ¿Algo así como un Hulk o algo parecido?
—¡Ha, jaja!
—No entiendo nada. Pero al parecer ya lo estás haciendo, puedo sentir la energía.
—Bien, tú tranquila, que yo haré el trabajo.
—¿Y por qué se supone que me voy a transformar?
—¿No recuerdas?
—…Eh… Sé que estoy desmallada, pero…
—Bien, es mejor así. Necesito que mantengas tu conciencia conmigo, y que también estés tranquila, en paz, ¿de acuerdo?
—Creo que contigo al lado puedo estar en paz. Pero… ¿Consciente? Creo que si me dejo llevar, puedo perder esta conexión… Creo que podría regresar a mi cuerpo en cualquier momento, se me está haciendo difícil, se que estoy durmiendo, pero no puedo ver mi desdoblamiento.
—¡Tranquila, no te ofusques!
—¿Cómo lo hago…?
—Sólo háblame. Conversa conmigo.
—¡Jaja! ¿Estás seguro? ¡Eso lo hago con gusto!
—Claro ¿Por qué no? Hace mucho que no hablamos.
—Eso es porque tú eres un hombre muy complicado, y siempre estas huyendo.
—¿Y quién crees que es la que me tiene así? ¿Con el alma en un hilo?
—¿Y qué esperabas? ¿No te parece lógico que te busque? ¡Mi vida y las cosas que se me presentan son muy raras! Hay muchos baches tanto en ella como en mi cabeza, y se supone que tú tienes las respuestas. Al fin y al cabo… has estado vigilándome toda mi vida.
—Eh… bueno yo… ¡No! no es lógico ¡Es raro! Porque a pesar de eso, se supone que yo soy un desconocido no deberías tener ninguna afición hacia mi ¡Pero ese carácter tan terco que tienes!
—¡Tú lo has dicho! «se supone», pero no es así. No eres un desconocido. Y el hecho de que hablemos así tan naturalmente, lo demuestra. Se que tú y yo nos conocemos a la perfección, es más que claro, porque eso lo siento en mis venas, cada vez te busco, cada vez que te escucho, cada vez que te siento cerca. Esta espontaneidad entre nosotros dos, es demasiado natural, todo esto es evidente.
— ...
—Puedes jugar con los recuerdos de mi mente, pero no con los de mi alma. ¡Qué te quede claro!
—¡Ay… Oh Dios! ¡Realmente eres terrible! ¡Me tienes de cabeza!
—¡Y ya vas a ver cuando te encuentre!
—Ya, está bien, pero no me amenaces. Vine a socorrerte, no a pelear.
—¿Y quién está peleando? ¡Yo no estoy peleando!
—¡Ah, jaja!
—¿De qué te ríes?
—¡Ay…! De nada Melisa, tranquila. No te alteres.
—¡Yo no estoy alterada!
—¡Ah, jaja!
—¿Lo ves? ¡Te estás riendo de nuevo!
—¡Ya! ¡Ya! ¡Tranquila!
—¡Qué tranquila ni que nada! ¡Ahora sí que vamos a conversar!
—¡Vale! Pero no me asedies con cosas complicadas, que no quiero que me pongas nervioso y me hagas perder la concentración, ¿si?
—¡Si, claro! ¡Eso es mucho pedir!
—¡Ay… Dios! ¡En la boca del lobo me vine a meter! ¡Qué suerte la mía!
—Daniel... ¿Por qué escapas de mí? ¿Por qué… huyes?
—Porque… es el precio que debemos pagar, y tu consciencia lo sabe.
— ...
Melisa se sintió densa y pesada, y de pronto, ¡sus manos!, sintió las manos, flexionó los dedos con suavidad una vez. ¡Su cuerpo!, podía sentirse dentro de su cuerpo, todavía no abría los ojos, los sentía pesados, pero no se dio el trabajo de intentar hacerlo, no quería, ¡tenía una desagradable sensación! El cuerpo pesado, cansado, adolorido, y un fuerte olor a sangre muy penetrante. No, definitivamente no quería, ¿para qué abandonar aquella dulce sutileza para entrar al desagradable mundo de la materia? ¡No! ¡Definitivamente no!
—¿Melisa? ¿Me escuchas?
—Sí… te escucho. Todavía estoy aquí.
—Bien… Así está bien. Tienes que quedarte conmigo.
—Puedo sentirla en mí…
—¿Sentirla?, ¿te refieres a la energía?
—Sí… es dulce, me llena de paz. Creo que hasta puedo escuchar su melodía, aquella callada vibración, casi resulta como una melodía.
—Sí… lo sé. A veces cuando la escuchas, hasta sientes que quisieras quedarte así, por toda la eternidad.
Daniel derramaba manantiales de energía en el cuerpo vital de Melisa, y concentraba todo su poder curativo en las zonas donde las manchas densas y sanguinolentas se concentraban. Estaban por montón en toda su aura, como pequeños nubarrones por diferentes zonas que trataban de intensificarse y esparcirse en todo el cuerpo. Daniel las atendía una por una, sin embargo, cada vez que purificaba en una zona, otro nubarrón aparecía creciendo con mayor intensidad. Entonces él volvía a derramar otro manantial de energía en toda su aura, y volvía a concentrar su poder. ¡Pero Maldición! ¡Nuevamente lo mismo! ¡Purificaba en una zona y otra aparecía creciendo con mayor intensidad! Volvía a derramar otro manantial. ¡Oh, Dios! ¡Esto no estaba funcionando! ¡Sólo estaba retrasando el proceso!
—¿Daniel? ¿Todavía estás ahí?
—Sí.
—Dejaste de hablar de repente.
—Estoy aquí, tranquila. Todo está bien.
—Bien… pensé que te habías ido. No quiero que te vayas.
—No me iré. Estoy a tu lado.
La impotencia comenzó a dominar a Daniel ¡No había forma! Melisa estaba en paz, no era consciente de lo que estaba sucediendo y del peligro que corría, y así era mejor. Sin embargo, era él quien estaba perdiendo la tranquilidad ¡Esto no estaba bien! Tener la vida de Melisa pendiendo de un hilo no estaba bien. Sus nervios comenzaron a retorcerse y entonces miró al vampiro ¡Todo esto era su culpa! ¡De este maldito aparecido! ¡Y todo estaba a punto de irse a la mierda por culpa de esa lacra! Observó la batalla ¡Maldición! ¿¡Acaso Sesshomaru no podía acabar con él!? La rabia y la impaciencia comenzaron a comerle las entrañas, sin embargo, trató de relajar sus nervios, no podía descuidar a Melisa, ni muchos menos por un ofuscación rabiosa. Lanzó un hondo suspiro y nuevamente volvió a desembocar otra fuente de energía sobre ella.
El vampiro se movía con rapidez, aparecía y se esfumaba a cada instante, como si fuera una espectro, era bastante rápido. Sesshomaru estaba quieto en el centro de la habitación, observaba sin moverse, sólo con los ojos.
—¡Jm! ¡Patético! No creas que eso te servirá por mucho —El vampiro apareció a su espalda. Curvó una sonrisa enfermiza mientras las uñas de sus manos crecían aparatosas. Al parecer iba a atacar a Sesshomaru por la espalda—. ¡Tú desagradable olor te delata! —El inugami al instante realizó un movimiento horizontal con el brazo para darle con la garra, pero sólo cortó el aire.
—¿Y qué hay de ti? ¡Vamos perrito! ¿Por qué no intentas atraparme? También eres rápido. Sé que puedes hacerme frente y entretenerme un poco —Sesshomaru entornó los ojos con fastidio ¡Este sujeto era insoportable! ¡Y al parecer se creía la gran cosa! Sesshomaru no pareció indiferente a la incitación y se fue en picada hacia él, igualando su velocidad. Lo agarró del cuello y lo azotó contra la pared, alzó su otra garra para dársela en el rostro y destrozar literalmente su cara, pero el vampiro se le esfumó convirtiéndose en un montón de murciélagos que revolotearon por la habitación. Se aglomeraron en una zona del techo, formando de nuevo el cuerpo del miserable. Estaba pegado arriba como un insecto igual que las pestes que envió antes. El sujeto comenzó a llamarlo, haciendo un gesto con los dedos y produciendo un sonido de chicheo, el que se hace para llamar a los perros.
—¡Vamos! ¡Por aquí perrito! ¡Atrápame! ¿O prefieres que te lance una vara?
—¡Este infeliz! ¡No soporto que se burle de mi amo de esa forma! —pensó Jaken. Ya estaba que lanzaba su ataque flamígero, pero su amo le había ordenado que no se metiera. Se tuvo que comer las ganas.
El vampiro bajó del techo, y siguió con el mismo juego, se inclinó un poco, y golpeando sus piernas con las palmas lo llamaba. Volvió a hacer los gestos con los dedos, y el siseo con la boca.
—¡Por aquí! ¡Por aquí perrito! —Sesshomaru se le lanzó de nuevo encima, el vampiro intentó huir, pero el inuyökai lo agarró con la estola, comenzó a golpearlo con fuerza contra el piso, repetidas veces ¡Aquí! ¡Allá! ¡Aquí! ¡Allá! ¡Sesshomaru lo único que quería era molerlo! Podía ser un sujeto impasible, pero todo tiene un límite, y la sangre ya la tenía a más de cien grados. Si Jaken de vez en cuando lo sacaba de quicio con sus comentarios fuera de lugar ¡Pues entonces que quedaba para este tipo! Lo desenrolló con furia y antes que cayera lo agarró del tobillo con su látigo, y de nuevo comenzó a azotarlo contra las paredes, el piso, el techo, contra todo, hasta incluso rompió paneles, destrozó vigas y paredes con él ¡El techo y con todo arriba, hasta estuvo a punto de irse abajo! Fue más violento que con Ryukoushin, y eso que éste le había hurtado la espada.
Los ataques de Sesshomaru siempre han sido poderosos, hecho que le ha otorgado casi siempre, suficiencia contra un enemigo. Ataques despampanantes pero que siempre han guardado una elegancia, un estilo, una técnica, una limpieza. Pero al parecer ese estilo, en este momento, poco le importaba.
Lo volvió a tomar con la estola, y de nuevo comenzó el azote, no dejaba de hacerlo ¡Realmente quería molerlo a golpes antes de matarlo! El vampiro se había convertido en su saco de boxeo. Sin embargo, ¡El muy maldito reía a carcajadas! Sesshomaru lo soltó y luego comenzó a apuñalarlo repetidas veces con su látigo. En la última apuñalada la espalda chocó contra la pared y cayó sentado. Unos segundos de silencio.
—¿Ya está muerto? —preguntó Jaken. Pero el desgraciado, levantó lentamente la cabeza mostrando su sardónica sonrisa y pronunció:
—¡Ni cosquillas! —Abrió el kimono para mostrar como las apuñaladas sanaban de forma instantánea—. ¡Pero al parecer, al perrito le ha dado rabia! —Sesshomaru no le dio tiempo para reaccionar, lo volvió a tomar del tobillo con su látigo para traerlo hacia él, y alzó el puño para golpearlo, se lo dio en la cara con tal fuerza, que hizo un hoyo en el piso. El vampiro se convirtió en un montón de murciélagos. Apareció en la zona opuesta de la habitación. El inugami se enderezó y lo observó. No tenía la mandíbula rota ni el rostro deformado, a pesar de que lo había golpeado con fuerza, sin embargo, escupió un cuajaron de sangre.
—No me preocupo, hoy bebí una gran cantidad, no me va ni me viene si pierdo un poco.
—¡Pues perderás mucha! —le contestó Jaken con furor desde su lugar. No se había podido aguantar.
Melisa volvió a mover sus manos y se quejo de forma debil, sin embargo, Sesshomaru la escuchó.
—¿Melisa? ¿Me oyes?
Se sentía dar vueltas, flotar, y de pronto… la sensación de sentirse enorme, grande, inflada.
—¿Melisa? ¿Puedes escucharme?
Tenía los oídos abombados, y un pito insoportable le quebraba la cabeza. No podía pensar, ni podía discernir.
—¡Melisa!
Partes de su cuerpo estaban adormecidas, aquellas zonas donde el condenado la había mordido, sentía una especie de hormigueo en aquellas lugares, y… ¡frió!, se sentía congelada. Comenzó a respirar con dificultad, percibía que el oxigeno no llegaba a sus pulmones.
—¡Meli…!
Y entonces trató de abrir los ojos, veía borroso, distorsionado, pero lentamente su sentido de la vista pareció equilibrarse. En ese momento se sintió empequeñecer, volverse diminuta y la habitación agrandarse de forma desmedida, echó de forma lánguida su cabeza hacia atrás, y entones, la vio. La estatua de bronce, titánica, monstruosa, la tenía en su regazo y la observaba con una sonrisa macabra, unos colmillos ostentaba e hilos de sangre caía por las comisuras de la boca. El horror dominó a la muchacha. Había sombras y espectros que se burlaban y sangre por todas partes, la habitación estaba bañada en sangre. El rostro de la muchacha comenzó a quebrarse en lloro y desesperación. Melisa era presa de un delirio y ya no podía escuchar a Daniel.
—¡Oh!, ¡qué bien, ha despertado! ¡Muy bien! Así que no es inmune, sólo es lenta. ¡Vaya! Así que esta princesita realmente necesita que vayan de a poco con ella. Necesita su tiempo. Sin embargo, creo que prefiero ayudarla. ¡De pronto puedo ser muy impaciente! —Alzó la mano para lanzar un extraño poder invisible contra ella. Melisa sintió como si le hubiesen apuñalado el corazón y se fue de bruces al suelo. Sesshomaru, al instante, tomó al desgraciado del cuello, pero se volvió a convertir en quirópteros que se le esfumaron de las garras. Melisa sintió que algo comenzaba a agitarse en su interior, lo sentía en sus venas. Intentó levantarse, pero sentía que no podía dominar su cuerpo. Se recogió, flexionó las piernas, acurrucó los brazos, intentó pararse y cayó de costado, sentía que se asfixiaba, se recostó de espaldas.
—¿¡Pero qué le pasa!? ¿¡Se volvió loca!? —comentó el pequeño kappa desde su lugar.
—Jaken. Sácala de aquí —ordenó, de repente, Sesshomaru.
—¿Eh? ¡Sí!, ¡de inmediato mi señor! ¡Vamos Ah-Un!
—¡Olvídenlo! ¡La familia fenómeno se queda ahí! —El vampiro alzó la mano e hizo una cortina de humo negro en la zona del umbral donde se encontraba Jaken y el dragón. El pequeño kappa intentó penetrarla, pero al contacto su mano sufrió una especie de quemadura.
—¡Amo Sesshomaru! ¡No se puede pasar! ¡Este humo quema! —gritó desde el otro lado.
—¡Maldito! ¿¡Qué estás haciendo!?
—¿¡Qué no recuerdas!? ¿¡Eres desmemoriado o qué!? Ya te lo dije, ella será una de las mías. Así que trata de mantenerte mansito y no interrumpir el proceso.
Melisa observaba aterrada la estatua, estaba encima de ella penetrándola con su espantosa mirada, y de pronto otro golpe en el corazón, Melisa puso rígidos los brazos hacia los lados y enterró las uñas en el piso como si quisiera afirmarse de él. Lanzó un alarido desgarrador y su pecho se alzó en el momento. Ella sentía como si le estuvieran sacando el corazón.
Aquel grito sorprendió a Sesshomaru, lo turbó, lo desconcertó y al otro lado de la cortina de humo, erizó la piel del pequeño kappa e intranquilizó y desesperó a los siameses ¿¡Realmente una cosa como esa iba a suceder!? Daniel observaba el aura de Melisa impresionado, horrorizado. La energía sanguinolenta había devorado casi toda el aura de la chica y él no podía detenerla.
Sesshomaru comenzó a atacar incansable ¡Ya era tiempo de acabar con este maldito! Pero el desgraciado era muy escurridizo, ni los golpes ni su veneno le afectaban, y cuando el inugami parecía atraparlo con su látigo, el maldito se le escapaba convirtiendo en esa bandada de mamíferos nocturnos.
Daniel estaba desesperado, seguía terco proyectando su poder en ella, a pesar de que no funcionaba. Y de pronto, introdujo las manos en el corazón y en el vientre, y sacó la conciencia del cuerpo de Melisa, a la fuerza. Melisa en el plano físico volvió a perder el conocimiento.
—¡Qué bien! ¡La desgraciada se ha vuelto a desmallar! —pronunció el vampiro con molestia.
Daniel volvió a derramar fuentes de energía dorada sobre ella, sobre el corazón, sobre la cabeza, sobre el vientre. La conciencia de Melisa flotaba arriba de su cuerpo, unida por una especie de hilo plateado, que salía del obligo como si fuera un cordón umbilical. Daniel se propuso con todo el ímpetu a acabar de una vez con esta jodida infección ¡Melisa no podía morir! Porque o sino, ¡todo se acababa! Volvió a mirar al desgraciado, que reía y escapaba de las garras del inugami una y otra vez. La rabia comenzó a hacerle hervir las venas, dejó de proyectar energía en el aura de Melisa por unos segundos, y alzó las manos hacia el desgraciado.
El vampiro seguía moviéndose, riendo, mofándose del inuyökai, hasta que de pronto, un haz de luz, refulgente, dorado, salió del piso, el lugar donde posó los pies. No entendió muy bien que fue lo que sucedió, sólo atinó a cubrirse con los brazos; por un momento pensó que aquello era fuego y se descolocó. Sesshomaru avanzó directo a él, también se sorprendió del hecho y por un momento pensó que la autora de aquel ataque había sido la propia Melisa. No se dio el tiempo de observar, sólo avanzó directo hacia el vampiro con la garra alzada y se la enterró en el pecho.
—¡Qué bien! ¡Me has atrapado! —pronunció con una sonrisa—. Debo reconocer que aquella extraña luz me engaño, lograste tomarme por sorpresa —Posó sus manos en el brazo del inuyökai—. Pero no puedes acabar conmigo, soy inmortal.
—¿Estás seguro? —preguntó Sesshomaru sombrío, curvando una sonrisa ladina—. ¿Y qué tal si hago esto? —El vampiro abrió los ojos al sentir la garra de del inugami tomándole el corazón. Y ¡Chas! ¡Se lo arrancó! El vampiro se fue hacia atrás, pero antes de caer, lo tomó del cuello. En una garra tenía el pescuezo del maldito y en la otra, el corazón, aún palpitante. A pesar de eso, el maldito no moría, y todavía tenía fuerzas para seguir con sus bromas.
—¡Oh, Sesshomaru! ¡Tienes mi corazón en tus manos! —pronunció proporcionándole a su voz un tono como de actor de teatro. Al parecer, el punto fuerte de este tipo no era su fuerza física, ni su condición sobrenatural, sino sus socarronerías y bufonadas; sacaban de quicio a cualquiera.
La cortina de humo que tenían aislado al kappa con los siameses comenzó a esfumarse.
—¿No me digas que eso es todo? —preguntó Sesshomaru con su sonrisa sarcástica todavía adornándole los labios.
—¡Error perrito! ¡Esto está recién empezando! —Sesshomaru apretó con más fuerza el cuello del desgraciado, y este no pareció ajeno al dolor.
—¡Ya, ya! ¡Pero no aprietes demasiado! ¡Recuerda que tienes mi corazón en tus manos! —le respondió aún bromeando—. Pero tienes que aceptarlo, ¡dala por perdida! Ella no volverá a ser la misma.
Sesshomaru desvió los ojos por un momento hacia la muchacha, ella seguía desmallada. Volvió a posar sus ojos en él al sentir la toz y la voz ahogándose en sangre mientras hablaba.
—Estarás entre dos dilemas: acabar con ella con tus propias manos, o simplemente dejarte llevar por su beso y entregarte mansamente a los brazos de la muerte.
—¡Jm! ¡Cómo si eso fuera posible! Sin embargo, esto ya se acabó, ¡perdiste! Ahora morirás y toda tu fanfarria ridícula acabará. ¡Disfruta tus últimos minutos de vida! Y llévate este recuerdo a la muerte: ¡Nadie se burla del Gran Sesshomaru!
—No me quejo, he tenido una vida larga, pero… ¿crees que matándome solucionaras el problema? ¡Pues te equivocas, perrito! Una vez hecho no hay vuelta atrás. ¡Boletín de noticias! «No hay cura para el vampirismo» —Sesshomaru empujó el cuerpo del desgraciado y materializó su látigo, con una maniobra lo enrolló y lo descuartizó. La sangre del condenado regó toda una esquina de la habitación.
—¡Hui! —pronunció Jaken con expresión de asco—. ¡Pero qué muerte más asquerosa! —Miró a su amo y notó que ninguna gota de sangre lo había ensuciado a él, sólo su garra estaba manchada y aun sostenía el corazón—. ¡Sin duda mi amo es el mejor! —Sin embargo, Sesshomaru no dejaba de observar aquel órgano en sus manos. Aún palpitaba.
—¡Qué repugnante! —exclamó. Lo apretujó y lo lanzó a un costado con repulsión.
—¡Ay, qué horror! ¡Mi amo tiene su manita manchada! —Y se fue directo hacia Ah-Un y se puso a escudriñar en los bolsos de Melisa que el dragón llevaba a sus costados—. ¡Esto servirá! —Jaken sacó una toalla de manos de color verde.
—¿Melisa?, ¿puedes escucharme?
—¿Quién es?
—¡Soy yo!
—¿Eres tú, Daniel?
—Sí.
—¿Dónde estoy? No puedo ver nada.
—Déjalo así. Sólo necesito que me escuches. Mantente conmigo, ¿sí?
—Me siento extraña. ¿Dónde estoy?
—Tranquila. Estas conmigo. Sólo has el esfuerzo de quedarte. Quédate a mi lado. ¡Escúchame!
—¡No me siento bien! ¡Ah…!
—¡Espera Meli! ¡No te dejes llevar! ¡Necesito que te quedes conmigo!
—¡No puedo! ¿¡Donde estás!?
—¡Melisa!
—¡No puedo! ¡Me asfixio!
—¡Melisa!
Melisa abrió los ojos, al instante que inhaló desespera una bocanada de oxigeno. El iris de sus ojos, por un momento, comenzó a ser víctima de un extraño temblor. De pronto ella sentía que el tiempo avanzaba grosero e irregular, y luego en una lentitud agobiante. Podía percibir que algo se agitaba, rugía dentro de ella, sentía que su rostro se deformaba como el de una bestia. Intentó arrimarse como pudo hacia el altar de la estatua, observaba horrorizada todo. Seguía viendo espectros, sangre por todas partes, y aquella distorsión en el tiempo que jugaba con su mente y sus sentidos.
—¡No! ¡No! —gritaba llevándose las manos a la cabeza.
—¿Pero qué le pasa? ¿¡Lo que dijo ese sujeto realmente es verdad!? ¿¡Se convertirá en un monstruo!?
—¡Jm! ¡Tonterías! —Sesshomaru la observó por un momento, lo que había dicho ese sujeto no le cabía en la cabeza, no le encontraba lógica, y luego pronunció —Sólo es un ataque de pánico, está delirando —caminó un par de pasos hacia ella, pero se detuvo al ver que ella lo miraba consternada, como si él fuera un monstruo.
—¡No! ¡Aléjate! —de pronto gritó, y Jaken contestó al instante:
—¿¡Qué!? ¡Tan malagradecida e irrespetuosa como siempre, mujer tonta! ¿¡No te das cuenta…!? —Pero Sesshomaru lo interrumpió:
—¡Jaken! —Sólo su nombre. El pequeño kappa se calló. Eso había sido un llamado de atención. Al fin y al cabo, Melisa no estaba en sus cinco sentidos.
Ella veía a Sesshomaru con horror, tenía una garra ensangrentada, pedazos de carne regados por el suelo, y la voz grave del inugami resonaba en sus tímpanos.
—«¡Voy a acabar con ese sujeto!» «¡Voy a acabar con ese sujeto!» «¡Voy a acabar con ese sujeto!» Aquella extraña distorsión en el tiempo, y la imagen del inuyökai jugaba con su mente.
—¡No! ¡No! ¡No! —gritaba moviendo su cabeza de un lugar a otro—. ¡Ya basta! —Sesshomaru entornó los ojos. ¿Esto realmente era sólo un ataque delirante? Jaken lo sacó de su pensamiento:
—Amo bonito, tome. Para que limpie sus manos —Le entregó la toalla. Sesshomaru mientras tanto le ordenó:
—Quema los restos de ese maldito —Pausa. Luego…—. Quema todo, todo el castillo.
—¿Qué? Pero amo bonito… ¿no le parece que este lugar es muy grande para mi solito? —le manifestó con timidez.
—Sólo propágalo —le contestó con sequedad.
Sesshomaru caminó hacia Melisa y se agachó para tomarla. A pesar de que ella seguía gritándole que se alejara, y trataba de huir y separarse de él.
—Tranquilízate. O si no te dejaré aquí —respondió con su usual frialdad.
Melisa, de pronto, sintió otro golpe en el corazón y su cabeza se fue hacia atrás, Sesshomaru la tomó antes que se golpeara. Su corazón empezó a latir de forma desmedida y él lo podía escuchar. El iris de nuevo comenzó temblar dentro de sus ojos que se entrecerraban y abrían, y de pronto, sus pulmones se paralizaron. Melisa enterró sus uñas en los brazos de inuyökai, trataba de respirar y no podía; se estaba asfixiando. Sesshomaru la tenía en sus brazos y la observaba apabullado. ¿¡Qué estaba pasando con ella!? ¿¡Qué clase de jodida transformación era esta!? ¡Esto no era normal, y estaba más allá de ser un simple ataque de pánico! La forma en que latía su corazón… sin duda, no era normal para un humano.
De pronto, los pulmones de Melisa retomaron su condición normal y ella volvió a tomar de forma desesperada el aliento, pero al instante otro desgarrador grito alzó desde el fondo de sus entrañas. Sentía como si le estuvieran vertiendo fuego líquido en las venas. Sesshomaru la observaba aturdido y Jaken lo podía ver en sus ojos.
La energía sanguinolenta había devorado toda el aura de la muchacha, y trataba de avanzar con avidez hacia el corazón. Daniel había derramado directo su energía en el corazón de Melisa. Era una lucha constante entre él y ese poder maligno. Esto era definitivo, ¡o el corazón o nada!
La agonía de Melisa pareció calmarse, pero estaba cansada, con la respiración jadeante y miraba a Sesshomaru con los ojos entreabiertos. Y de pronto, ella comenzó a verlo; en el cuello, diminutas, finas, ¡las venas del inugami! Unas ansias intensas, comenzaron a dominarla.
Sesshomaru la tomó de la nuca y la arrimó a su pecho, metió su otro brazo en las corvas de las piernas para tomarla. Ella lo bordeó y de pronto, como la primera vez, comenzó a juguetear en su cuello. Jaken no decía nada, pero observaba con los ojos bien abiertos, ya había visto una escena parecida antes. Pero esta vez, no fueron sólo roces y suaves besos, los dientes de Melisa se asestaron en su piel. Jaken se llevó un brazo a la altura del rostro con sorpresa.
—¡Ay no! ¡Ahora sí que esta se frió! ¡Fue demasiado lejos! —pensó el pequeño kappa. Sesshomaru cerró los ojos y frunció el ceño de forma leve. Sin embargo, tomó su cabeza con suavidad e intentó despegarla. Ella lo soltó, lo había mordido pero no con extrema violencia, sus dientes no rompieron la piel. Melisa estaba confusa, no comprendía con exactitud lo que quería, era como un cachorro perdido; su mordida había sido insegura, titubeante.
Ella se tomaba la cabeza y seguía con ese caos en su mente y con visiones extrañas. Sesshomaru la recostó en uno de sus brazos y con su otra mano, revisó sus dientes. Estaban bien, no había colmillos como los que ostentaba ese desgraciado, y aún seguía oliendo como humano; su olor no había cambiado en lo más mínimo. Si es que estaba a punto de acontecer un cambio, esa transformación todavía se resistía a suceder. Sin embargo, si aquello ocurría, si lo que decía ese tipo era cierto, ¿qué podía hacer él? ¿Llevarla con un monje o un sacerdote? ¿Exorcizarla?
En el momento que Sesshomaru había acercado su mano para revisar los dientes, las ansias volvieron a poseer el instinto de la muchacha. Ese contacto con su boca, el sabor de su piel. Melisa paso de forma leve su lengua por uno de los dedos de Seshomaru. Eso turbó más al inugami, y la alejó, pero ella la sujetó al instante, para acercársela a la boca, comenzó a besar la palma con suavidad. Y sin duda la situación se tornó incomoda para Sesshomaru. Podía enfrentar cualquier batalla y circunstancias dura, pero para lo que no estaba entrenado era para este tipo de situación, ¡Realmente era incomodo!, extraño, y de alguna forma, ridículo.
Ella comenzó a llamarlo, suplicante pronunciaba su nombre. Trepó hasta él y comenzó besar su rostro, su mentón. Él intentó llamarle la atención, así como lo había hecho con Jaken.
—¡Melisa! —Pero ella seguía con sus ansias descontroladas, no atendió ni en lo más mínimo su llamado. Sesshomaru podía ser un tipo duro, autoritario, serio y frío, de esos que con sólo su presencia dan miedo e inspiran respeto, por lo tanto, estaba acostumbrado a desafiar con sólo una mirada, y si era necesario bastaba una palabra o una expresión para regañar. Pero todo esto en este momento parecía ineficiente, y de cierta forma no sabía qué actitud tomar, además, algo parecido a esto ya había ocurrido una vez. Intentaba controlarla, sacando los brazos de su cuello, alejándola un poco, corriendo el rostro.
A Jaken se le hacía extraño ver a su amo de esa forma, en una situación como esta. Una primera vez te puede pillar desprevenido ¿Pero una segunda? Además su amo se caracterizaba por no ser muy tolerante que digamos. ¿Por qué no se la quitaba de encima y ya? ¡O simplemente dejarla abandonada y punto! Al fin y al cabo, se iba a transformar en un monstruo, ¿no? Jaken lanzó un hondo suspiro de resignación.
—De todas maneras Melisa es parte del grupo, y mi amo no es del todo indiferente a ella. No la dejará, si ya se tomó la molestia de venir por ella, aunque diga que sólo lo hizo para acabar con ese tipo ¡Ay… realmente no se qué pesar! Mi señor está lleno de sorpresas —pensó el pequeño kappa.
Melisa seguía buscándolo, actuaba como una desesperada, con la respiración jadeante y no dejaba de suplicar pronunciando su nombre. Pero ni ella misma comprendía lo que rogaba ¿Qué era lo que quería? Su piel… Melisa atrapó el labio inferior de Sesshomaru entre los suyos, y en ese momento el dejó de huir, no quitó el rostro ni la alejó, sólo se quedó así apabullado. El instinto de Melisa siguió ordenando, no era su piel lo que quería, era lo que había debajo de ella, y de pronto… ¡otra mordida! Sesshomaru dio un leve salto y un imperceptible quejido al sentirla; esta vez sí lo había hecho sangrar.
Jaken había dado un pequeño salto, y también, una leve queja al mismo tiempo que su amo, como si lo sucedido le estuviese ocurriendo a él. Estaba demasiado concentrado observando la situación.
Sin embargo, toda esta circunstancia pasó a segundo plano, ya que el corazón de Melisa comenzó con ese palpitar intenso, anormal. Su cabeza se fue hacia atrás, mientras no dejaba de gritar.
