Disclaimer: INK no me pertenece.
Novia imperfecta
por MissKaro
Capítulo 28
A ciegas
Con sus ojos, Naoki escaneó la sala, en la que nadie se daba cuenta lo inapropiado de la actitud burlesca hacia su novia.
Le molestaba de sobremanera presenciar el efecto que tenían en ella.
Se aclaró la garganta sonoramente y las voces callaron. Sato-san lo miró, como consternado, porque sabía que era el único conocedor de su relación con ella, aun cuando era consciente de que Kotoko había cometido algunos fallos.
Simplemente eran ridículos e ingenuos con ese bullicio. Les daría una lección.
—A esa joven que critican —habló en voz firme y grave, misma que sabía causaba escalofríos en los demás—, ella es a quien deben, en gran medida, el tener un trabajo todavía —aseveró, acercándose a ella para quitarle la cafetera y dársela al empleado, que parecía anonadado como los demás. Si el otro se quemaba, lo tenía bien merecido. (Ya que no podía hacer más al respecto.)
Hizo caminar a Kotoko al frente, mientras ella mantenía los orbes color avellana puestos en él.
—Esta joven fue quien inspiró a los creadores de Kotorin, y por quien surgieron varias de las ideas con las que trabajarán en los próximos meses, a través de sus aportaciones —explicó, con una sonrisa de arrogancia—. Así que deben su agradecimiento a ella y no a mí, porque sus trabajos no peligran debido a su influencia.
Nadie dijo palabra y Sato-san asintió, porque era a quien le aclaró eso cuando lo felicitó por su ingenio. Los demás tomaron aquello como un acicate para cortar sus quejas a ella y asentir en su dirección, sin hacer sonido.
—¿La empresa de oji-san se salvará? —cuestionó ella, sin hacer caso a las miradas que recibía, porque lo observaba a él, como desde que empezó a hablar a los otros.
Él afirmó moviendo sus labios, sin hacer ruido, con los ojos puestos en ella.
Kotoko brincó aplaudiendo, celebrando como si el triunfo fuera de ella, extasiada en medio de su felicidad. Esa era la respuesta que habría hecho él mismo, si su actitud fuera de tal modo; igual y su novia podía hacer fiesta por los dos.
Los demás en la sala contemplaron unos segundos a Kotoko, antes de prorrumpir en aplausos.
Unos minutos más y les recordaría la meta que tenían para dos semanas, todavía quedaba el primer gran paso.
[…]
—¡Bienvenido a casa, papá!
Naoki contempló la sonrisa de entusiasmo que apareció en su otou-san tras escuchar las palabras de su hermano, Kotoko y Shigeo-san, reunidos con él en el comedor, para recibir a su padre, que había sido dado de alta del hospital.
Sabía que a este no le sería sencillo cambiar su estilo de vida, pero todos estaban enteramente interesados en su bienestar, tanto como él mismo, con la finalidad de que los hábitos inadecuados no le hicieran volver a la cama de hospital que tanto odió, o irse directamente al otro mundo.
Habían sido expresos, el médico y él, sobre la importancia que tenían los cambios, y su progenitor, con el temor de las consecuencias, se comprometió, manifestando el mismo ímpetu que puso para fundar su empresa y hacerla lo que en la actualidad.
Todos supieron que, cuando Shigeki Irie hizo aquella promesa, no iba a haber algo que le desviara de su meta, aunque el camino fuese de lo más difícil y quisiera tirar la toalla.
Ocuparon sus asientos a la mesa, repleta de cuencos y platos con diversos alimentos preparados por Shigeo-san, quien se esmeró en crear recetas sanas, que implementaría en su restaurante en adelante.
—Los platillos que hay en la mesa son completamente adecuados a la dieta, sanos, pero deliciosos, Ai-chan —informó el padre de Kotoko—, por lo que no sufrirás y podrás comer de lo que gustes.
—En cantidades moderadas —completó Naoki.
Su padre suspiró y asintió. —Me siento tan agradecido con la familia que tengo —expresó emotivo, con una sonrisa.
Él se sintió a gusto de tenerlo nuevamente en casa, alejado del peligro, con su empresa más segura. A su alrededor, los demás sonrieron.
—Me recuperaré para volver a mi vida habitual tan pronto como sea posible. —Miró a su padre, a modo de advertencia—. No me voy a extralimitar, Nao —le dijo éste. —Pero mi lugar es con mi empresa, son mi segunda familia y debo estar para ellos, entiéndelo.
Hizo un gesto de afirmación, tras emitir un suspiro.
—Tomaré el tiempo con calma, a partir de ahora; sepan que quiero vivir para ver a mis nietos y disfrutar de mi jubilación —anunció, haciendo reír a todos, antes de aplaudir observando los platillos en la mesa. —Ahora, ¡gracias por la comida!
Los demás repitieron sus palabras, y pareció que la calma había regresado a su hogar, con todos contentos en compañía de los unos y los otros.
Él se dio cuenta que se valoraban más las cosas cuando se estaban a punto de perderlas, y no quería repetir una experiencia como aquella. Afortunadamente, todo transcurría de modo adecuado; quedaba todavía el asunto por Pandai, aunque confiaba en resolverlo… o involucrarse de lleno… todo dependía del resultado.
Dirigió miradas breves a su padre y Kotoko.
Se daba cuenta que había sueños y propósitos más grandes dentro de uno mismo; podían cohabitar todas las aspiraciones, solo que habría algunas de más peso, que se ubicaban en primera instancia a las demás. Era una jerarquía; ciertas cosas eran más importantes de cumplir que otras y tal vez no era un sacrificio dejar una de lado si se quedaba la otra.
Así como no pudo poner primero la empresa de su padre accediendo a una entrevista matrimonial. O la medicina frente a…
Agitó su cabeza y se dedicó a comer y disfrutar; de momento, lo más importante eran los que tenía allí, consigo, y en ello debía concentrarse.
[…]
Los siguientes días, incluso cargando con la frustración de su padre, Naoki se dedicó a ir a la empresa, continuando con la labor en la que se hizo un compromiso, con la única meta de llegar al primer día del periodo vacacional y dar el banderazo de salida para los próximos retos que viviría Pandai a partir de entonces.
Tenía pensado permanecer allí hasta que los del club de manga y anime hicieran buenas migas con el equipo de Pandai, durante el comienzo de la primavera, y comenzaran a establecerse los primeros trabajos que corresponderían al videojuego de su manga, que ellos incluso estaban desarrollando en anime, para su gran asombro. Todos unos emprendedores aquellos jóvenes.
Si todo salía bien —que iba a hacerlo, siendo positivo—, en las vacaciones de verano saldría el juego, cuando el sexto volumen del manga hiciera su aparición en escena.
Para entonces, su padre ya estaría más involucrado y los empleados en los que iba a delegar, inmersos en sus tareas.
La puerta del despacho se abrió, en lo que él hacía unas notas para algunos de los acertijos que podrían utilizarse con las personas de gran ingenio, y miró para ver quien entraba; seguramente Kotoko, pues nadie más se atrevía a no llamar.
Sonrió irónico.
En efecto, su novia ingresó, con una serie de papeles en la mano, yendo hasta detenerse al otro lado del escritorio de su padre.
—Los exámenes de final de trimestre son la próxima semana —dijo ella en tono exigente, mirándolo desde la poca diferencia de altura que tenía.
Por supuesto que lo sabía, y le daba vueltas a si alguna temática diferente al programa había sido enseñada en ese tiempo, habló con los profesores hacía algunas semanas, cuando dejó de asistir, pidiéndoles la oportunidad de presentarlos aun con las inasistencias.
Lo que le intrigó fue la actitud de ella.
—Piensa en las personas que se beneficiarán con tu sueño. No dejes que tu propósito se vaya a la basura, podrás retrasar el inicio de semestre, pero no perder un año escolar completo.
Ahí el motivo, analizó, poniéndose en pie. Aunque le extrañó que ella pensara que podía tomarse tan a la ligera aquello. Si bien pensaba que tomaría grandes decisiones después del lanzamiento del nuevo juego, no dejaría de tomar las evaluaciones, sería tonto.
Ella extendió la mano con los papeles que cargaba.
—Seiichi-san me dio las copias de sus apuntes escolares —comunicó, aun cuando él no los aceptaba, extrañado y más interesado en el actuar de Kotoko.
—¿Qué?
—Dice que no vale la pena ser el primero si gana la batalla porque tú dejes de competir. Dales un vistazo, es lo único que necesitas. —¿Eso fue sarcasmo de parte de ella?
Tomó los papeles finalmente, mirándola.
—Kotoko —pronunció, con un deje de duda, alargando la mano para coger su muñeca.
—Solo a eso venía —le notificó ella, dándose la vuelta sin despedirse debidamente, ignorando su mano.
Frunció el ceño, observando el sitio al que ella se había ido; debía estar muy molesta por pensar que abandonaría la carrera médica.
Notando su reacción, resolvió, pasara lo que pasara, que no dejaría la carrera; ella tenía razón y él estuvo en un lapsus inadecuado por todas las semanas que llevaba inmerso en Pandai y la presión constante. Su hermano sería quien se encargaría de la empresa en el futuro, además que las cosas tomaban un buen rumbo.
Volvió a tomar asiento e hizo a un lado los papeles, a los que daría una leída más tarde, cuando acabara con lo que tenía.
Golpeó el escritorio con el borrador de lápiz, una extraña conducta para él, tanto como la de su novia.
Había rechazado su contacto.
[…]
Los exámenes finales del primer año de medicina, para Naoki, le fueron extenuantes más por la falta de sueño correcto y el ligero desbalanceo de la rutina escolar, que por lo complicados en su contenido, del cual había dado una revisión con anterioridad. Las anotaciones de Funatsu también sirvieron, pues rellenaron los espacios en blanco que pudiera haber en su cabeza respecto a las últimas lecciones del curso.
Su compañero era del tipo de estudiante que se esforzaba mucho por conseguir lo que se proponía, a base de constancia en largas horas de estudio; la competencia con él por el primer puesto debía ser el propósito que lo movía para continuar, independientemente de que deseara realmente la posición de número uno. Admitía para sí mismo, ahora, que Funatsu era merecedor de mayor reconocimiento, aunque realmente fuera una lástima para el otro que él no requiriera de mucho esfuerzo para hacer las cosas del modo en que debían.
Sin embargo, en la carrera que estudiaban no valía demasiado ser el mejor con las notas, sino era más importante el adquirir las competencias necesarias para el ejercicio de su profesión. Para ello, era admirable el gran empeño que Funatsu podía poner.
Al menos, debido a las prácticas del tercer trimestre en que él no sumaría puntos, su compañero tendría la oportunidad de verse con el primer sitio, del que no se creería merecedor porque él no estuvo presente.
—Hasta el próximo año —dijo al chico de lentes, mientras los dos guardaban sus pertenencias finalizado el último día de las evaluaciones. —Suerte en tus resultados, te lo mereces —reconoció, colgándose el maletín al hombro.
El otro pareció quedarse como estatua tras sus palabras.
Naoki se alejó, calmo, sin mostrar una actitud inadecuada a su compañero por su inmovilidad.
Cuando llegó a la puerta, se detuvo y miró sobre su hombro. —Ah, Funatsu… —emitió en voz alta, atrayendo su atención—. Gracias.
Después, continuó con su camino, directo a Pandai. Estaba en la recta final.
Salió del edificio apurado; la rutina de esos días era despertarse temprano para ir a la universidad, tomar los exámenes que correspondían al día, para emprender rumbo a la empresa, en la que se mantenía hasta tarde, yendo de noche a casa, directo al poco descanso que podía tener.
Era un alivio no tener que preocuparse más por los exámenes de la universidad y tener libertad para centrarse en las actividades que estaban teniendo lugar en la empresa; ya no quedaba prácticamente nada, los juegos habían sido distribuidos a las tiendas de venta, solo estaban los asuntos de la publicidad, que en algunas partes no estaba siendo debidamente empleada y tenían que hacer ajustes.
Los sondeos habían mostrado expectación hacia el juego y se habían ganado el elemento sorpresa ante las demás empresas, cuyos promocionales no salían todavía y el único punto focal era lo que Pandai tenía por ofrecer. Iban bien.
Sus otros pendientes eran en cuanto a la inmersión de los compañeros de club de Kotoko, quienes llegarían ese día, acabados los exámenes para ellos también, y otros detalles superficiales de los juegos a desarrollar a futuro. Ya estaban planeados algunos de ellos, en esbozos, así como las ideas de las figuras reales basadas en los vídeos.
Las personas de la fábrica de juguetes estaban al tanto de aquello y el movimiento iba a buen ritmo, para sostenerse hasta que su padre volviera a mediados de abril.
—Me da gusto ver que tomaras todos los exámenes. —Se sobresaltó un poco cuando Kotoko se posicionó a su lado, obligando a sus pies a detenerse.
Ella lo miró, asintiendo para sí, con aspecto serio.
¿Qué ocurría?
La escuchó suspirar. —Estaba preocupada porque no lo hicieras —dijo ella, curvando ligeramente la boca en una sonrisa, que él notó diferente, extraña.
Le confundió. —¿Kotoko?
—Tendrás que ir a Pandai, no quiero interrumpir. Tengo un examen. —Ella agitó su cabeza y tomó dirección hacia donde estaban los edificios de Sociales.
Arrugó el ceño, mirando la figura de su novia que se empequeñecía. Últimamente no la había visto, porque no coincidían en las horas del desayuno y ella había dejado de asistir a Pandai para concentrarse en sus pruebas, y por las noches ya debía de estar dormida.
Hizo una agitación de cabeza y continuó pensando en las actividades que debía hacer; Kotoko podía esperar, su actuar se debía a los asuntos escolares.
Ella siempre se mostraba diferente con las pruebas.
[…]
—Ya estoy aquí.
Naoki, junto a los demás con quienes se encontraba en la sala, elevaron la mirada.
—¡Kotorin! —corearon los compañeros de club de su novia, mientras que los empleados de Pandai dieron un ligero suspiro, sabiendo lo que se avecinaba.
Kotoko estaría ahí durante las vacaciones y, si bien no era buena en lo que hacía en Pandai, porque era prácticamente una labor diferente a lo que ella acostumbraba, sí servía como fuente de inspiración y de apoyo a los allí presentes.
Además, quería ayudar a su padre, lo había escuchado el día anterior.
—Hola. —Ella agitó la mano, esbozando una pequeña sonrisa. —Estuve en la tienda de videojuegos del centro comercial a unas cuadras y ya no hay ejemplares.
Él asintió, satisfecho con la noticia; era el primer día de venta y no estaban todos los reportes, pero deseaba la similitud con ellos en los demás lugares de venta.
Los desarrolladores jóvenes de Pandai chocaron palmas, sonrientes, antes de enfrascarse con los diseños que presentaban los creadores del manga, al que uno, sorpresiva y afortunadamente, era fanático.
Dio un vistazo a lo que hacían los otros y regresó la atención al lugar en que estaba su novia; asombrándose de notar que se había ido.
Se levantó del sofá en el que estaba y se dirigió a la puerta, asomándose para ver adónde se había ido, y de forma tan sigilosa.
En el pasillo la vio; estaba con Matsumoto, que había pedido la oportunidad de practicar allí durante las vacaciones, para adquirir conocimientos de la rama.
Las miró y percibió que prevalecía la cordialidad en las posturas corporales de ambas, especialmente de su novia, quien antes no se veía muy cómoda en la compañía de la pelinegra.
Eso parecía haber cambiado.
Suspiró, él no podía saber qué tanto lo había hecho en ese tiempo que desconectó de su mundo habitual; solo podía apostar a que lo más chocante era aquello atribuido a Kotoko.
—¿Naoki-san?
Se volvió a los ocupantes de la sala y retornó a su asiento, concentrando su interés en lo que realizaban; aunque, muchas veces, se sentía realmente fuera de lugar entre los seis, cuya jerga se escapaba de su vocabulario.
Eso era lo que conllevaba ser el enlace. Lo bueno era que pronto habría de despegarse por completo.
Observando el dibujo de Kotorin, con su saludo a los "mosqueteros", reparó en un detalle particular… Kotoko no se había dirigido específicamente a él al acercarse.
Frunció el ceño.
—¿Algo va mal? —preguntó Minagawa-san y él negó, deshaciendo el gesto, disimulando su desconcierto en otro tema.
Obligándose a descartarlo para después.
[…]
El sábado, después de estar mediodía en Pandai, Naoki entró a Fugukichi, para tomar un almuerzo en el restaurante de Shigeo-san, de camino a la biblioteca para buscar un par de libros que leer, del próximo año en la carrera.
—Naoki, qué bueno verte —saludó su suegro, desde el otro lado de la barra, que estaba ocupada por completo. —Deja que te llevo a una mesa —ofreció, colocándose el trapo que cargaba al horno.
Hizo una negación leve con la cabeza. —No se preocupe, oji-san, puedo tomar un asiento.
—Le diré a Kinnosuke que vaya a tomarte nota en unos momentos, entonces. —Él suspiró, pero asintió; siquiera que fuese el restaurante del padre de Kotoko le ahorraría el tener que recibir un platillo con menor porción de la que correspondía.
Se ubicó en una de las mesas de la esquina, donde se dedicó a revisar sus correos en su teléfono móvil, mientras esperaba ser atendido. Ese día de la Mimosa, como en Japón nombraban al día de la mujer de las Naciones Unidas, el lema de la igualdad para mujeres que lograba el progreso de ambos sexos, le había hecho llegar un gran número de reflexiones a su lista, mucho de los cuales no había concluido de leer, aun habiendo empezado muy temprano.
—Papá dijo que estabas aquí y que ocupáramos el lugar por la concurrencia del restaurante. —Guardó su móvil en el bolsillo al escuchar la voz de Kotoko entre el bullicio del local, y elevó la mirada, pensando en el uso del plural en su oración.
Sus ojos se encontraron, primero, con su novia, que utilizaba un suéter rosa debajo de unos overoles, y miraba a su lado, a una chica rubia, claramente extranjera, que observaba al frente, donde estaba él.
La joven era de ojos azules cristalinos y utilizaba una bufanda rosa que resaltaba en su vestimenta oscura, la que, a su vez, contrastaba con su piel nívea.
—Ella es Christine Robbins, viene de Inglaterra —dijo Kotoko, señalando a la joven rubia. —Él es Irie Naoki.
Él asintió.
—Gusto en conocerte.
Ella se quedó silenciosa; su novia frunció el ceño, mirando a la chica.
—¿Chris? —llamó Kotoko—. ¿No comprendiste las palabras? —cuestionó en un lento inglés. Puso sus ojos en él. —Dijo que llegó a Japón para estudiar en nuestra universidad el idioma. Que se adelantó varios meses.
—Gusto en conocerte, Christine Robbins —pronunció él, en el idioma natal de la chica, quien no pareció atenderle de nuevo.
¿Sería una chica un tanto despistada como su novia? Observando a Kotoko, no obtuvo una aclaración, porque lucía desconcertada.
Kotoko pasó la mano enfrente de la chica, que pestañeó. —Estoy enamorada —expresó tras un largo suspiro, en un rudimentario japonés. —He conocer… conocido al hombre de mi vida —completó con un poco de dificultad, sin dejar de sonreír.
Su novia entrecerró los ojos mirándole a él, que imitó su gesto, pero más intrigado por la reacción de ella que las palabras de la chica. Muy tranquila.
—¿De él? —Kotoko lo señaló.
—¿Eh? —La inglesa parpadeó, enfocando sus orbes atónitos a Kotoko—. No, él no. ¿Y dijiste que tenías un novio llamado Naoki? Tú eres su novio, ¿no? —cuestionó enteramente en inglés.
Él afirmó con la cabeza.
—Tengo gustos mejores, no te ofendas —comentó la joven, sin causarle molestia, más que alivio de no tener su interés. No obstante, otra cosa era lo que le tenía confundido, la actitud de Kotoko.
—Entonces, ¿de quién te has enamorado? —replicó Kotoko, con mucha calma, que siguió provocándole perplejidad. ¿Dónde estaba la reacción que había tenido con Koujiro y Matsumoto?
—De él, ese hermoso y varonil hombre. —Su novia entrecerró los ojos, mirando por sobre el hombro de él. —Del que se acerca a esta mesa.
—¿Kin-chan? —Naoki se quedó boquiabierto, dándole su atención a la rubia. ¿Acababa de referirse a Ikezawa como hermoso y varonil?
Había que checarle la vista y la cabeza a aquella chica, si se llevaba esa impresión.
Dejó escapar un resoplido.
—¿Kin-chan? —repitió Robbins. —¿Ése es su nombre?
—Sí, Ikezawa Kinnosuke —Kotoko sonrió, como no había hecho hasta entonces—, y es un chico encantador, un gran amigo, leal y honesto, estudiamos juntos y trabaja para mi padre.
—Él no es tan importante —opinó, con los dientes apretados.
—Es sincero y entregado, lo que le hace un buen chico —protestó Kotoko, mirando a Robbins, que asintió con una gran sonrisa.
—¿Qué puedo traerles? —La voz de Ikezawa sirvió para irritarlo más, tras escuchar las palabras de su novia y el modo en que las había dicho, en especial porque parecía muy a gusto con el arribo del cocinero, hasta más agradable de lo que había sido con él.
¿Pasaba algo o se imaginaba cosas?
—Un novio —contestó Robbins, en japonés.
—¿Ah? ¿Qué has dicho? —El pelinegro miró con el ceño fruncido a la inglesa, remarcando más su acento de Kansai. —Kotoko, ¿entendí mal a tu amiga?
—No —habló Robbins—, he dec… dicho… que un novio. ¿Ser… serías mi novio, Kin-chan? —preguntó, sin tapujos, muy decidida.
Él tuvo el gusto de ver el asombro que cruzó el rostro del tipo escandaloso, antes de enrojecer y boquear repetidamente. Kotoko rió.
—¿Qué! —exclamó Ikezawa, y cubrió su boca mirando a los demás comensales—. ¿Qué te pasa? No me gustas. Ni siquiera te conozco. ¿Estás loca?
La risa de su novia menguó.
—Pero servir para conocernos, Kin-chan. Yo soy Christine, y ya sé que tú eres el hombre con el que me casaré.
Kotoko colocó una mano en el hombro de la rubia, sin expresión, en tanto por el rostro del pelinegro pasaban muchos cambios de emociones.
—Chris… ¿no crees que…
—No, yo sé lo que quiero —puntualizó la rubia, sonriendo dulcemente a Ikezawa. —Y lucharé por ello.
Luego se puso en pie y se dirigió a la barra, donde estaba Shigeo-san, recogiendo unos platos, para hablar con él, ganándose una mirada anonada, pero interesada de su suegro. ¿Qué estaría diciendo?
—¿Esa chica de dónde la sacaste, Kotoko? ¿Está bien de la cabeza? —preguntó Ikezawa, dirigiendo miradas subrepticias a la rubia, que seguía hablando con su jefe.
Kotoko se encogió de hombros, con una expresión pensativa.
—En fin. ¿Qué pedirán? —formuló con mucha tranquilidad Ikezawa, tanto que sirvió para aumentar su intriga a todo eso. ¿Era un acto? ¿Dónde estaba la proclamación del otro a su novia? ¿La animadversión dirigida a él? —Por cierto, Kotoko, el juego que me recomendaste hace semanas, que salía esta semana, me gustó mucho. —Ikezawa lo miró a él—. Debo admitir, Irie, que fue bueno venderlo antes, no lo habría comprado si veía más en los estantes.
¿Ikezawa estaba siendo amable con él? ¿Tanto había pasado en su ausencia?
El cocinero carraspeó. —¿Qué desean?
Apenas prestando atención, ordenó lo que consumiría; Kotoko dijo lo que quería, sonriendo a su amigo.
Tuvo una sensación incómoda por dentro, como la que antes reconoció como los celos; además de otra cosa. Pero, era imposible, incluso el pelinegro no estaba incitando a nada y parecía un joven normal; era Kotoko quien, en su cara, le estaba dando lo que parecía mucha atención al chico, después de varios días en que la observara rara y distante con él.
¿Ocurrió algo de lo que no se enteró todas esas semanas?
La rubia reapareció, cortando sus pensamientos ligeramente. Le interesaba que ella pusiera sus esfuerzos en Ikezawa, así de una vez lo apartaba, con seguridad, de su novia.
—Ya tengo trabajo —anunció aplaudiendo. —¡Aquí!
Ikezawa, más que él y Kotoko, demostró una enorme sorpresa. —¿Cómo?
—Si vamos a conocernos, tengo que pasar tiempo contigo, ¿no, Kin-chan? —explicó, encogiéndose de hombros.
—¡Jefe! —gritó Ikezawa, alejándose.
—¡Yo probar lo que me traigas! —agregó Robbins, en voz alta.
Pudo haber reído como Kotoko, si la actitud de ella para con él no le consternara.
Lástima que después de comer se fuera con la otra chica a recorrer la ciudad, ignorándole.
[…]
Unos días después del suceso en el restaurante, en el que parecía que Kotoko había vuelto a la relativa normalidad, Naoki se hallaba en el centro comercial cerca de Pandai, pensando que detrás de todo había algo extraño en su novia.
No podía negar, como dijese su hermano, que a momentos estaba muy callada, pero solo ocurrió después de recibir sus notas, de las que habría de repetir la prueba relativa a las señas, una semana antes de iniciar las clases del siguiente curso, para no tener que llevar la asignatura de nueva cuenta.
Supuso que lo apagado de ella podía deberse a sus resultados, en especial cuando él la condicionó para no fallar; mas no habría de negar que tenía la ligera sospecha que algo más ocurría allí, después de observarla mucho como a un objeto de estudio, y de irla conociendo a lo largo de los casi dos años en que llevaba viviendo en su casa. La había visto en múltiples ocasiones, de diferentes facetas, y notaba que había algo en ella que le impedía estar completamente tranquilo.
Quizá se haría un tiempo para ayudarla con su inminente prueba, de la que él ya conocía todas las señas, lo más básico, que ella debía conocer para el examen. Le había visto hacerlas correctamente en la mitad en enero… tal vez al momento de la prueba el nerviosismo pudo más y le impidió desenvolverse adecuadamente.
En cuestión de dos semanas, si podía, menos, él se apartaría al completo de la empresa de su padre; lo hacía paulatinamente, de momento, pero solo para entonces tendría la disposición de tiempo suficiente para ayudarla. Sin embargo, para las pruebas ella tendría que prepararse desde antes, y la libertad de él coincidía con la semana en que Kotoko tendría su evaluación.
Eso se traducía en hacer espacio en su agenda para los próximos días, antes de su prueba.
Por lo menos, ella había dejado de asistir a Pandai para concentrarse en su aprendizaje, incluso si dejó una estela de nostalgia en algunos de los trabajadores, a pesar de lo contentos que estaban con su partida, por los beneficios que acarreaba su ausencia.
Curvó una pequeña sonrisa, asomándose a la vitrina de una de las tiendas de videojuegos, corroborando que la última caja expuesta al público era tomada por un adolescente.
Las cosas iban para bien, podía ser optimista como Kotoko en eso.
Siguió su camino hacia la otra tienda de allí, y vio pasar varios hombres con bolsas de regalo. Buscando una razón, se puso a pensar en el día que era y se dio cuenta que el viernes, dentro de tres días, sería catorce de marzo, ahí la razón a que algunos pasaran con presentes para hacer cumplir la tradición.
Luego pasaría por una dulcería para adquirir una bolsa para Kotoko, recordando que, en medio de su estrés, ella se apareció en Pandai para llevarle unos chocolates, aunque no fue tanto como el que se ofreciera para darle un masaje, como mucho necesitaba de momento. Sus manos, con algo de brusquedad, se llevaron gran parte de la tensión en sus hombros.
Con unos dulces sería adecuado retribuirle, además de ayudarla a estudiar. Los regalos ostentosos, como parecía pensar su madre, no eran algo muy de él, y tendría que tomarse en cuenta que tuvo la intención de salir y escoger algo para ella, cuando él no lo habría hecho normalmente.
Pensó en lo otro que se le pasó por la cabeza, de que Kotoko podía estar manteniendo distancia ante los últimos eventos de Pandai, para que pudiera concentrarse, pero… admitía que echaba en falta su presencia, los buenos ánimos de ella eran…
Su teléfono sonó, en lo que se detenía frente a la tienda de videojuegos. Atendió distraídamente, mirando al interior del local.
—¿Sato-san? Sí, son muy buenas noticias —dijo a su interlocutor, volviendo a pensar en Pandai.
[…]
A Naoki le daba gusto ver los ánimos alegres que abundaban en la sala de su casa, mientras su padre celebraba la llamada que él acababa de recibir de Sato-san, con los informes de final de semana de las ventas, diez días después del lanzamiento del juego, que tuvo un éxito rotundo en el mercado, al punto de necesitarse los que estaban en bodega, planeados para el mes siguiente. La próxima semana entrarían los demás juegos a la venta, pero ya llevaban una clara ventaja.
—Me comunicaré con Sato, hijo. Él se encargará de la empresa hoy, te mereces un día libre —convino su padre, sacando su móvil con una gran sonrisa, en lo que los otros a la mesa aplaudían, sin prestar mucha atención a su desayuno.
No podía haber iniciado mejor ese viernes, con un éxito alcanzado y una batalla ganada, tras la cual podría ir reanudando sus días habituales, sin la presión que suponía el trabajo de su padre, realmente agotador con lo que había estado ocurriendo últimamente.
Se apoyó en el respaldo de la silla, sintiendo verdadera calma, y luego cogió un poco del arroz de su desayuno, contento.
Era increíble, habían sido las semanas más estresantes de su vida y podía darse un respiro.
Volvería a su vida acostumbrada, de nuevo a los pocos reveses y las situaciones, no tan controladas, con las que se sentía cómodo, pues eran más normales que todos los días que ocurrieron después de la amenaza de infarto de su padre.
Pudo permitirse esbozar una sonrisa, escuchándolo hablar animado con su secretario, y los demás prestando atención, observando la notable mejoría en él, tras las apagadas fechas donde su aspecto era un poco decaído, producto de su estancia en el hospital y el estado de salud. Con reticencia, se había ido adaptando a algunos cambios, y la modificación de la dieta y el ejercicio, surtían sus efectos, si contaba el menor número de pausas que hacía su padre para respirar, en comparación con antes.
Esa excitación podía permitírsela, porque era de felicidad y no estaba haciendo grandes esfuerzos, también porque las grasas de su cuerpo habían ido disminuyendo y los exámenes de tres días antes habían mostrado notables diferencias al pasado, por lo cual era claro que estaba tomándose en serio su recuperación.
No obstante, el semblante diferente de Kotoko comenzaba a ocupar una gran parte de su mente y le daba otra cosa en qué pensar.
¿Qué pasaba con ella?
NA: No sé cuántas veces hice uso de la palabra o cosas relativas a negar.
¿Se le nota la preocupación e interés en Kotoko? ¿Faltaba más o me pasé? Ya eso de que le vaya a comprar por el día blanco ja ja. Lo hizo en Navidad, de todos modos...
¿Y notaron el paralelismo de la situación de Chris y Kin-chan con el principio de Kotoko y Naoki? Es un modo de pensar que podría tener Kotoko; ser novios para conocerse y pasar tiempo juntos con ese mismo objetivo. (Bueno, no requiere pensarlo mucho tampoco).
¿Llegará Naoki a la respuesta? (El chico ha tenido muchas cosas encima, qué bueno.) Habrá que esperar al capítulo 29.
Un abrazo grande, que perdure hasta el martes.
Karo.
adriana bulla: Ja,ja, a ver cómo te trata este capítulo. Puede que te deje con ansias, si no, tendré que esforzarme más en adelante. Llévala bien en el trabajo. Cuídate.
Extractos del capítulo 29:
Kotoko lo miró con la cabeza inclinada e hizo un movimiento afirmativo cuando él repitió sus palabras.
—Naoki-kun, ¿te gusto? —cuestionó ella repentinamente, enfocando sus grandes orbes en él, con la duda plasmada en su rostro.
—¿Qué clase de pregunta es ésa?
Suspiró al verla, por algún motivo, dar un respingo.
Desvió la mirada, sintiendo que su cara aumentaba un poco de temperatura.
—¿Es esto un interrogatorio? —farfulló, clavando sus ojos en ella.
Ella negó y esbozó una sonrisa diminuta, recolocando uno de sus cabellos detrás de su oreja.
Dejó pasar saliva y abrió la boca, sin dejar escapar sonido. Era difícil pronunciar dos palabras; que podían significar mucho, sin embargo.
Chan, chan, chan. El capítulo que sigue se titula: La opresión de lo desconocido.
