Disclaimer: Nada de lo que ven aqui me pertenece, todo es de mi escritora preferida, la mejor de todos los tiempos Stephenie Meyer. Solo algunos personajes que aparecen en este capi son de mi propiedad, ademas claro de la loca trama que me invente con miles de cabezasos y uno que otro chocolate:)
¡AAAAHH! Perdonenme, en serio que todos los dias me acordaba que debia de actualizar ¡Pero no me deba tiempo de escribirrr! NO me habian matado, ni secuestrado ni nada, todo era culpa de la tarea y escuela, una excusa muy patetica lo se, pero esa es la mas pura verdad. Asi que les ruego me perdonen y lean este maxi capi que sera ell ultimo de todoss:/
..Love Story..
Suspira mientras ve como la chica, que antes era una pequeña criaturita que se acurrucaba siempre en sus brazos durante las noches de tormenta, se despide de ese chico que la deja frente a la puerta de su casa y hace ademan de besarla; se consuela con que al menos ella le esquiva y recibe un simple beso en su suave mejilla sonrojada, seguro y ya sabe que se encuentra ahí observando cada uno de sus movimientos como el padre preocupado y sobreprotector que siempre había sido.
– Deja de espiarla –le dice una voz melodiosa justo detrás del sillón donde estaba sentado, maravillándose como con el solo sonido de su voz sentía que su corazón bombeaba sangre por su cuerpo un poco más rápido, una sensación a la que, al parecer, jamás se llegaría a acostumbrar –. Creo que ya es bastante grande como para saber lo que hace, ¿No? –Bella se sienta en uno de los brazos del sofá y entrelaza su mano con la de su marido al tiempo que se escucha como su hija entra por la puerta y se dirige a la sala, donde ellos la esperan.
– Claro, pero es que sigue siendo mi bebé –dice él melancólico pasando una mano por sus cabellos y sonríe recordando el dichoso pasado en el que los niños le daban asco. Todo lo que daría con tal de que eso volviera y no la tuviera que ver crecer.
– ¿Qué están haciendo aquí? Y no quiero nada de mentiras –dijo la menuda chica de rizos cobrizos y ojos chocolate, idénticos a los de su madre, sonriendo mientras imitaba el tono que sus padres solían usar cuando la regañaban. Mueve el pie fingiendo estar impaciente mientras los ve a ambos de manera reprobatoria, siempre era lo mismo cada vez que salía con algún chico; al menos no sucedió lo mismo que la vez que salió con Seth, temblaba con tan solo recordar lo que estuvo a punto de hacerle su padre cuando les descubrió besándose después de su primera cita.
– Nada, Renesmee, si nosotros somos unos santos –dijo Edward mirándola con sus ojos verdes muy abiertos, las ridículas expresiones en los rostros de sus padres la hicieron comenzar a carcajearse como loca, haciendo dudar a sus padres sobre la salud mental de Renesmee.
Ella estuvo a punto de tirarse al suelo de la risa, simplemente no se lograba controlar; paso su dedo meñique por debajo de sus ojos para verificar si su maquillaje no se había corrido a causa de las lágrimas que desbordaban sus ojos. Trató de calmarse y respirar hondo pero el aguantarse la risa solo hacía que esta volviera con una mayor intensidad que antes; después de largos minutos de espera las risas disminuyeron hasta ser tan solo ocasionales risitas que lograba disimular muy fácilmente.
– Oh, sí, claro; en ese caso yo soy el Hada de los Dientes –dijo burlona con las manos en su pequeña cintura.
– Okay, ya, pero no te enojes, Nessie –le respondió Bella usando la frase que Nessie solía usar siempre que la regañaban, arrancando una sonrisa a su rostro con ya apenas algunos rastros de su dulce infancia.
– Ahora, ¡A dormir! –exclamó Edward dándole un beso en la coronilla y abrazándola tiernamente, le dolía demasiado el verla crecer tan rápido.
Renesmee sonrió y corrió con su grácil andar hacia las escaleras para dirigirse a su habitación, se puso su cómodo pijama y tomo el libro que había estado devorando los últimos días, suspiro y se acomodo en su cama y comenzó a leer. Se rio de sí misma al pensar que los personajes principales se parecían demasiado a sus padres, debería de dejar de comer ese chocolate que ocultaba entre los cajones de su ropa y que solía comer todos los días; ya le comenzaba a afectar.
Mientras sus padres subían las escaleras con lentitud, sonriéndose afectuosamente y perdiéndose en los ojos del otro; seguían luciendo como ese par de adolescentes enamorados que fueron ya hace algunos años. Se metieron a su enorme cama y Bella se acurruco en el pecho de Edward colocando su cabeza en su hombro, donde parecía encajar perfectamente; ella busco a tientas en la oscuridad sus labios y el, entendiendo al instante la beso con suavidad poniendo sus manos en su cintura para acercarla más a él; suspiro en su boca y Bella enredo sus manos en su cabello. Y se dejaron llevar por su eterno amor, disfrutando de cada segundo que estaban juntos de esa manera...
– ¡Renesmee Carlie Cullen! No me importa que sea tu cumpleaños, tu tía Alice estará aquí en cualquier y no creo que te guste que se enoje... –justo en ese momento se escucho el timbre de su casa y Bella miro a su hija con ojos divertidos, Nessie en cambio subió como una bala las escaleras para terminar, o más bien comenzar apenas, a alistarse.
– ¡Bells! –chillo esa voz de soprano tan familiar para todos, el delicado rostro de Alice brillaba de la emoción y tenía un pequeña sonrisa en él; detrás de ella aparecieron dos niñas, de unos catorce años, muy parecidas a ella. Una tenía cabello rubio y ondulado con algunas pecas en la nariz y la otra cabello castaño oscuro y lacio, ambas tenían ojos azul eléctrico que lo parecían ver todo –. Ya estás del todo lista, ¿Verdad? –los ojos de Alice se volvieron un tanto amenazadores, pero aun así su vos no perdió ese timbre de diversión, conocía demasiado bien a Isabella como para no sorprenderse por su retraso.
– Ehhh... Bueno, es que Nessie...
– Ya estoy lista, ma –dijo la chica que estaba parada al pie de las escaleras con una sonrisa torcida que la hacía parecerse demasiado a su padre, usaba una delicada falda de colores vibrantes y un simple top blanco con unos tacones no muy altos que habían sido regalo de su tía favorita – Hola, tía Al. Hola, Dolce y Chanel –le dijo a las niñas, que la veían como si fuera una hermosa princesa salida de un cuento de hadas.
– ¡Nessie, feliz cumpleaños! –gritó a todo pulmón dándole un abrazo rompe huesos, luego se fijó en su lindo atuendo –. Al menos a ella si le gusta la moda, ¡Deberías de haberme pedido ayuda con tu peinado, Bella! Al menos ya te había elegido la ropa, porque si no... –tembló con tan solo pensar en lo que se hubiera puesto: unos simples jeans y una camisa cualquiera –. Vayan un rato con Nessie, yo ayudare a su tía con su cabello y maquillaje.
– Sí, mamá –dijeron las mellizas al mismo tiempo, después de felicitarla casi tan eufóricamente como su madre, y dieron saltitos, costumbre heredada de Alice, a donde estaba Renesmee.
– Disfrutas demasiado el torturarme –dijo Bella con voz apesadumbrada caminando un poco jorobada, justo como si la llevaran a condenar; lo cual era lo que sucedería para ella.
– Quizás –respondió Ali con una sonrisa acomodando su cabello puntiagudo, que había sido rizado cuidadosamente, frente al espejo del baño de Bella, donde su "tortura" comenzaría.
El Volvo andaba con su habitual rapidez por las calles del frío y húmedo Forks, Renesmee se asomaba por la ventana, en un intento de no marearse como la última vez que había ido a visitar a sus abuelos, y escuchaba música con su ipod. Sus padres miraban encantados el paisaje recordando su juventud, esos difíciles pero a la vez hermosos tiempos que pasaron. Una pronunciada curva apareció a la vista y Edward dobló a la derecha por un camino más estrecho y mucho menos concurrido, la espesura del bosque comenzaba a invadir poco a poco el camino pero sin taparlo por completo, todos sonrieron en el mismo instante en que vieron la enorme casa blanca de tres pisos frente a ellos rodeada de un luminoso y bien cuidado prado. Esme y Carlisle estaban sentados en una pequeña hamaca que había sido colgada en el amplio porche y tenían sus cabezas, que ya tenían algunas canas, juntas al igual que sus manos.
– ¡Abue! –gritó Nessie en cuanto su padre terminó de estacionar el carro, salió corriendo justo como cuando era una chiquilla y los visitaba, abrazó a ambos eufórica gritando de la alegría, ellos le devolvieron el abrazo rápidamente y besaron su coronilla.
– ¡Mi niña, felicidades! Nessie, pero mírate ¡Ya eres toda una señorita! –exclamó Esme sujetando sus hombros con cuidado y viendo a su nieta, las lágrimas que querían salir siempre que le visitaban querían hacerse presentes de nuevo. La abrazó una vez más y rió un poco.
Saludaron después a Edward e Isabella que veían el reencuentro con ojos cariñosos, todos entraron a la impecable casa que estaba decorada con el exquisito gusto de Esme, que solía ser decoradora de interiores, y se sentaron en la sala para platicar muy amenamente, Carlisle sonreía al ver como el amor entre su hijo y Bella seguía tan presente como la primera vez que los vio juntos.
– ¡Yo voy! –gritó la quinceañera al escuchar el timbre y se oyeron sus apresurados pasos dirigiéndose a la entrada de la casa. Alcanzaron a oír amenos gritos de alegría y de sorpresa, todos entremezclados con carcajadas y varias felicitaciones por parte de los recién llegados–. ¡No, no! ¡Bájame! –chilló ella con la voz más aguda, y justo cuando sus padres llegaron ahí encontraron a David, el mayor de los hijos de Emmett y Rosalie y que compartía un increíble parecido con su padre, cargando a Renesmee como si fuera un saco de papas más ligero que una pluma; se parecía demasiado a Emmett –. ¡Te matare!
Detrás de Rose estaba una niña de largos cabellos dorados y expresivos ojos verdes que miraba la escena divertida, y que en el segundo en que vio a sus abuelos salió corriendo hacía ellos. – Ya quisiera yo que me saludaras así cuando llego, Lilian –bufó Emmett haciendo el herido y recibiendo de inmediato un abrazo y un beso en la mejilla por parte de su esposa.
– ¿Dónde estará Alice? –preguntó Edward extrañado de que no hubieran llegado ella y Jasper aún, normalmente eran siempre los primeros.
– ¡Ya llegó por quien lloraban! –gritó una aguda, quizá demasiado, voz femenina. Alice se quitó los lentes de sol de diseñador que traía y sus hijas hicieron lo mismo con los de ellas, de lo que todos se rieron. Jasper venía un poco más atrás riéndose entre dientes y luego se adelantó unos pasos y le dio un tierno beso a la mejilla de Alice, la cual se coloreó de un rosa pálido.
– Aún no entiendo como hace eso –susurró Bella a Edward, quien se rió por lo bajo.
– ¿Llegó Justin Bieber? –exclamó Renesmee, quien al fin había sido devuelta al suelo, con voz y rostro ilusionado, tratando de hacer enojar a su tía, lo cual si estaba sucediendo.
Alice lanzó una mirada envenenada a su ahijada y bufó indignada. – No, mejor, llegamos nosotros, pero si no nos quieres entonces creo que podrías vivir sin tu regalo de cumpleaños... –dijo fingiendo pena y colocando su mano sobre el corazón, como si de verdad le doliera mucho el decirlo, Chanel asintió y al ver que Dolce no lo hacía pisó a su pecosa hermana con sus zapatos de tacón, ganándose un buen zape del que todos se rieron, siempre había sido de los más divertido ver como se peleaban las mellizas.
– Bueno, como estaba diciendo antes de que me interrumpieran –miró a sus hijas mal pero con su sonrisa que jamás se borraba –. Quizás no te interese cual será el regalo que te dará tu queridísima nina así que... –se fue a sentar al sillón y fingió tomar una revista y leerla, pero en realidad tan solo esperaba a que se acercara a ella a pedirle perdón, justo como siempre lo solía hacer Bella.
– No, tía, claro que quiero saber. Por favor, por favor, por favor... –comenzó a utilizar la misma técnica que le enseñó hace algunos años y no se pudo resistir, se volteo emocionada y la tomo de las manos.
– Primero debes de prometerme que no te desmayaras ni te dará un ataque al corazón –Renesmee asintió, atenta a todo lo que le dijera –. Bueno, como tengo algunos contactos y estos me debían unos favores... –dejó pasar unos momentos para agregarle suspenso, Nessie luchaba por no morderse las uñas –. ¡Te he conseguido boletos para el concierto de Justin Bieber y entradas backstage! –chilló emocionada, segura de que recibiría mil abrazos como agradecimiento.
Pero extrañamente Renesmee no se había movido.
– ¿Estás bien? –le preguntó Dolce, que la miraba curiosa, todos sabían que estaba enamorada de ese chico.
– ¡Aaaaaahhh! –chilló con toda su fuerza estando a punto de perforar los tímpanos de todos los presentes –. ¡Oh por Dios! ¡Gracias, gracias, gracias! –daba saltos por todos lados y bailaba como loca, abrazó a Alice con todas sus fuerzas, ella incluso se puso a saltar con ella; sabía que había escogido el mejor regalo –. ¡Te amo! ¡Veré a Justin Bieber! –no cabía en sí de la emoción, parecía que explotaría en cualquier momento. Tomo el teléfono y llamó a sus amigas para contarles la noticia, quienes se pusieron a gritar tanto como ella y a charlar por horas y horas.
David bufó, tenía una familia de locos. – Creo que he quedado sordo –dijo con una sonrisa que resaltaba los hoyuelos de sus mejillas.
– Bueno, David, ¿Donde está Giselle? –le dijo Carlisle curioso, jamás se separaba de su novia y se le hacía demasiado extraño que no estuviera por ninguna parte.
– Ya llegara, es que tuvo que ir a una práctica de las porristas, o algo así –respondió restándole importancia al asunto. Entonces tocaron el timbre, y David botó del sillón para abrir la puerta a, creía él, su novia.
– Hola a todos –dijo una chica de piel morena y lacio cabello café que le llegaba a la cintura, sus ojos verde claro, su blanca sonrisa era algo tímida. David le tomo la mano y la llevó al lugar que ocupaba anteriormente él para que se sentara a su lado. El traje de porrista blanco con dorado que usaba dejaba ver su bien trabajada figura.
Se pusieron a charlar un poco, Giselle enrojecía ante las bromas de Emmett, a quien le gustaba llamarle su suegrito, y reían ante las ocurrencias que podían llegar a tener todos en esa familia. Jasper estuvo a punto de ponerse a trabajar con Alice por una crisis nerviosa que tuvo de pronto, ya que era un eminente psicólogo, y todos se asustaron por los alaridos que ella pegaba de pronto.
– ¡Cayeron! –chilló Alice levantándose de un salto del sillón donde se encontraba tirada "alucinando". Las caras de shock que todos tenían en la sala la hicieron lamentarse de no traer una cámara consigo en su enorme bolso. Sonrió como siempre solía hacer para que nadie le castigara cuando era niña y se sentó al lado de Jasper, quien tenía una cara igual de atónita que los demás, le había creído cada uno de los gestos que había hecho.
Esme y Carlisle miraron a Alice con una sonrisa mientras Bella y Rosalie reían histéricas ante sus ocurrencias, no importaba cuanto tiempo pasara, ella seguiría siendo la misma loca de siempre, y no harían nada por cambiarlo.
Las gemelas, que estaban en el piso de arriba mirando algunas revistas y hablando por sus celulares, se sentaban tranquilamente, algo que su madre jamás ha sido capaz de hacer, ya que habían heredado algo de la tranquilidad de Jasper también. Dolce prendió la televisión pues ya se sabía todas las revistas de memoria y no le apetecía hacer lo mismo durante horas así que comenzó a cambiar de canales para ver si había algo interesante para ver.
– ¡Déjalo ahí! –gritó Chanel que acababa de colgar con su mejor amiga, y miraba la pantalla como poseída. En el televisor aparecían un par de chicos, uno de ellos usando unas gafas algo anticuadas y en forma circular con una cicatriz en la frente, y el otro un pelirrojo de aspecto desgarbado y andar torpe; ambas sonrieron y se acomodaron para disfrutar de una de sus sagas favoritas.
– ¡No, Harry! –chillaron al mismo tiempo, como acostumbraban a hacer, al ver que Harry, de quien ambas estaban enamoradas, estaba a punto de besar a Cho, a quien consideraban era una maldita pues tan solo estaba con él porque Cedric había muerto. Se sabían los libros y las películas de memoria y aún así no se cansaban de verlas una y otra vez, la primera vez que vieron esa misma escena estuvieron a punto de volar a donde fuera que viviera esa chica y asesinarla con sus propias manos. Y lo hubieran hecho si no fuera porque su padre las descubrió mientras hablaban con la luz apagada y una linterna cuando se suponía debían de dormir.
– Por Dios, ya se deben de saber todos los diálogos –dijo una voz dulce con un tono algo fastidioso que identificaron rápidamente como a Lilian, quien estaba harta de que todas se la pasaran babeando por chicos que lo más probable era que jamás conocerían y ya no jugaran con ella nunca.
– ¡Shhh! –sisearon al mismo tiempo de nuevo sin apartar los ojos de la pantalla hasta que los comerciales comenzaron –. Eso lo dices solo porque eres pequeña, pero ya verás cuando crezcas –le dijo Chanel presumiendo y retorciendo uno de los mechones de su largo cabello negro entre sus dedos, los ojos de Lily se llenaron de lágrimas.
Unos pequeños sollozos se comenzaron a escuchar y apretó con más fuerza su oso de peluche contra su pecho.
– ¡Ves! Ya la has hecho llorar –le recriminó Dolce mirandola mal y abrazando a la pequeña rubia, quien después le sacó la lengua a la pelinegra sin que su consoladora se diera cuenta.
– ¡Hey! Pero me acaba de sacar la lengua, tan solo esta fingiendo...
– ¡No es cierto! –la voz de Lily salió quebradiza como el cristal y se aferró a la ligera chaqueta que usaba su prima.
– Ya, ya, ya. No llores Lily, no pasa nada –le decía con voz empalagosa. Vio que su hermana estaba a punto de abrir la boca de nuevo, pero la detuvo –. Ya lo sé –gesticuló con sus labios sin emitir sonido, la pequeña ya le había jugado esa misma jugarreta antes pero no había caso en involucrar también a los adultos –. Ahora ve a jugar y no le hagas caso a esa amargada –le dijo un beso en la mejilla y le guiñó el ojo, luego salió corriendo a el pequeño cuarto donde había miles de juguetes y se contentó, o al menos por ahora.
Después de despedirse por milésima vez en el día y prometer que les visitarían más seguido, arrancaron en el elegante Volvo que se perdió por la carretera con asombrosa velocidad para volver a su hogar después de un agitado día con la familia; Renesmee sonrió mirando, de nuevo, los tickets que Alice le había dado, los cuales eran dos, uno para Nessie claro y el otro para Alice ya que no se lo perdería por nada porque estaba incluso peor que ella.
El viaje pasó incluso más rápido que el de ida pues Nessie se durmió y Edward aceleró incluso más de lo que acostumbraba pues estaba ya anocheciendo y no querían llegar de oscuras. La casa, no muy grande pero no muy chica, estaba con algunas luces encendidas pero sin movimiento alguno, bajaron apresurados pues comenzaba a llover y se fueron a sus habitaciones para descansar de un abrumador día en familia, algo que podría llegar a ser incluso peligroso considerando como era la de ellos.
– Buenas noches, papá –le dijo dándole un beso en la mejilla ya en sus pijamas, que consistían en un pequeño short rosa con gris y una camisa de tirantes blanca; hizo lo mismo con Bella y fue directo a la cama para seguir con su novela ya que se había quedado en la parte más emocionante; tomo también el teléfono lila que le había regalado su tía Rose en su cumpleaños pasado para hablar con Giselle, que era también una de sus mejores amigas, pues quería que ella también fuera al concierto.
– ¿No vendrás a la cama? –dijo confundida Bella viendo como su marido, que estaba parado aparentemente haciendo nada, miraba a Renesmee cuando ya se hallaba dormida parado bajo el marco de la puerta; le abrazó por la espalda y le dio un beso en la mandíbula y en la mejilla, luego apoyó su mejilla en el hombro de Edward.
Edward acunó el rostro de su esposa con una de sus manos y lo volteó un poco para poder darle un casto beso en los labios, le tomo la mano y miró en sus profundos ojos chocolate en los que siempre se perdía; tomo su rostro entre sus fuertes manos y lo acercó a él con una necesidad apremiante a la que no se pudo resistir pues le tomo por sorpresa aunque claro que no se hubiera negado. Le llevo a su habitación y, sabrá Dios como, se las arregló para cerrar la puerta tras de ellos sin dejar de besarla; recorrió toda la extensión de su cuello con sus labios y de un momento a otro se hallaban acostados sobre la mullida cama.
El fuego que crecía dentro de Bella era tan familiar como la primera vez pero aún así no la dejaba de sorprender por su intensidad.
Ninguno tenía prisa, las prendas comenzaron a desaparecer con una lentitud única. Era simplemente asombroso como sus cuerpos encajaban como si fueran hechos con el mismo molde que había sido dividido en dos partes destinadas a estar juntas desde siempre; ambos sentían una sensación indescriptible cada vez que el otro le acariciaba, ¿Es que podría alguna vez existir algo mejor?
– Te amo –susurró Edward con voz sensual a su oído, la sonrisa que adornaba su rostro se notaba en su voz.
– Y yo a ti –le dijo Bella juntando sus labios de nuevo.
¡Se ha acabado! Snif, que tristeza, de verdad que no me quiero despedir de este fic pero todo lo bueno tiene que, lamentablemente, tener un fin. Y la verdad que me costo a horrores escribir ese mentado final ¡No salia nada de mi cabezota! Ademas de que no estoy del todo convencida pero sentia como que iba a explotar pues e estado algo presionada con mis calificaciones las tareas y la escuela, aun no entiendo por que inventaron todas esas cosas que nos torturan. Bueno, ahora si es definitivo, ya no habra mas actualizaciones aqui... ¡Waaa! Llorare amargamente, es que siento como si fuera parte de mi vida, ya no dire "¡Ah! Tengo que actualizar Love Story" Por que ya se acabo! Okay, estoy al borde de un colapso nervioso asi que mejor dejo de escribir i me boi a dormir como me dice mi mamita:) Por cierto, estoy trabajando en Possibility y haciendo una continuacion para Haunted House, por si a alguien le interesa^.^
¡REVIEW! como regalito de despedida al fic, pliss:( Edward lo recompenzara... ¡Y no sean morbosas!
missangiecullenb:*
