Los personajes en su mayoría son de Stephenie Meyer, salvo algunos cuantos que salieron de mi alocada cabecita. La historia es completamente mía.
– Capítulo 27 –
NI UNA SOLA PALABRA
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Se puso el casco mientras subía en la motocicleta, no tenía más tiempo que perder si pretendía llegar a su cita en tiempo y forma. Arrancó de golpe pero se vio obligado a frenar buscamente cuando un Audi le cortó el camino. John murmuró una maldición por lo bajo, tenía que bajarse de la nube en la que se encontraba o iba a terminar causando un accidente grave.
No le dio casi tiempo de reaccionar, frente a él se personificó una rubia cabellera que reconoció en el acto. La mujer salió del auto con prisa y a decir verdad no tenía cara de buenos amigos, más bien parecía estar bastante enfurecida.
—¡¿Estás demente o quieres morir?!
—Llevo prisa, Lauren.
—No me había dado cuenta – aseguro con sarcásmo.
—Por cierto, ¿qué estás haciendo aquí?
La rubia soltó una risita burlona mientras se cruzaba de brazos.
—¡Oh, nada! Se me ocurrió que tal vez podría arrollar a un motociclista distraido ¡¿Qué demonios crees que hago aquí?! No me digas que olvidaste que nosotros dos tenemos un asunto que resolver.
¡Maldición! Se le olvidó por completo.
Se suponía que esa mañana Lauren y él debían ir a hablar con un hombre que aparentemente fue cliente de Gianna Dawson. Claro que John no fue su primera opción pero como James estaba practicamente internado con el equipo clínica y Emmett hacía un rastreo al igual que Jacob él se ofreció a acompañarla en esa ocasión. Era más seguro así que ir solo por su cuenta en busca de un desconocido.
—Tendrás que disculparme pero ahora no puedo. Surgió algo importante que debo resolver.
Ella entrecerró los ojos con cautela, sabía que algo estaba sucediendo.
—¿A dónde vas?
—Iré a ver a mi informante, tiene novedades para mi – explicó él rápidamente sin dar demasiados detalles.
—Te acompaño – Lauren dio media vuelta para regresar al coche pero John no se lo permitió.
—Estás loca si piensas que lo harás, tú debes ir con ese tipo – explicó el muchacho ofendido por la petición de ella –. No estamos jugando, Lauren. Si alguno de esos pandilleros ve a un poli de verdad todos saldremos en malas condiciones, tanto Sonny como nosotros dos.
—Sabes que tenemos reglas, John. Nadie sale solo a ninguna parte, mucho menos si sabe que correrá cierto riesgo a donde va – su voz era dura, aspera y sin una pisca de temor. Él también comenzaba a irritarse, sobre después de mirar el reloj y comprobar que ya era tarde.
—¿Desde cuándo corre eso para mi?
—Desde que tu jefe decidió meter la nariz en los asuntos de otros, ¿nos vamos ya?
John, viéndose derrotado, asintió levemente mientras volvía a encender su motocicleta. No podía seguir perdiendo tiempo valioso discutiendo con ella, no mientras Simón lo estaba esperando con noticias.
El camino fue más largo de lo que le pareció en un principio, él iba adelante a una velocidad considerablemente alta pero no lo sufientemente rápido como para llamar la atención de la patrulla de camino mientras que ella lo seguía en el coche a una distancia importante por si alguien los observaba. Lo último que Luren pretendía era poner en peligro a John con su presencia pero tampoco pensaba dejarlo solo ante la situación.
El hombre se detuvo frente a unos edificios abandonados en la parte más baja del Bronx, sinceramente ese lugar era un poco tétrico. Ella se detuvo a una cuadra de distancia de la moto de John, lo suficientemente lejos como para que nadie la viera pero no demasiado como para socorrerlo de haber problema alguno.
En ese momento su móvil comenzó a sonar, ella atendió la llamada al ver el nombre en la pantalla.
—Entraré mientras que te quedas en el coche, no te muevas – pidió John, ella lo observó mientras él fingía estacionar la moto.
Si alguien lo observaba nunca creería que hablaba por teléfono.
—Cuando todo esto termine volverás a la escuela, chico.
Él no pudo evitar rodar los ojos, era el mismo cuento que venía diciéndole su madre desde siempre.
—Pareces mi madre, Lauren. – ella lo vio alejarse de la motocicleta para entrar al edificio abandonado –. Ahora, mantente oculta. No quiero que nadie te vea, si algo sucede te llamaré.
—Está bien, ten cuidado.
—Siempre lo tengo.
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Los sonidos provenientes de la cocina lograron despertarla de su profundo sueño, todavía medio dormida miró el reloj notando que eran casi las diez. Giró en la cama tratando de despertarse completamente y con un suspiro estiró el brazo para tocar a Edward pero él no estaba ahí. Confundida levantó la cabeza para encontrar solo la almohada vacía.
Se sentó en la cama y recorrió la habitación con la mirada en su búsqueda pero tampoco habían señales de Edward. Mientras reunía fuerzas para pararse divisó la camisa de Edward del día anterior sobre una silla, la tomó para llevarla a su rostro y sonrió al sentir el perfume de Edward, de su piel, ese aroma único perteneciente al hombre que amaba. Entonces volvió a dejar la camisa sobre la silla y se dirigió al baño para asearse.
Siguió los sonidos que la habían despertado hasta llegar a la cocina, allí encontró un hombre en vaqueros, descalzo y sin camisa. Ese hombre estaba sacando el pan de la tostadora, apagando la cafetera y dando vuelta los huevos en la hornalla, todo a la vez y lo hacía todo con una maestría envidiable.
Una pequeña sonrisa se formó en los labios de Bella, era increíble cuanto lo amaba, y cada día lo hacía un poco, si es que eso era posible. Cuando Edward la vio sonriendo en la entrada de la cocina, rápidamente dejó lo que estaba haciendo para acercarse. Los brazos de Bella se enroscaron a su cuello cuando él la atrajo por la cintura, ambos se sumieron en un beso dulce y lento separándose minutos después. Edward la ayudó a sentarse en una de las banquetas de la cocina mientras él siguió con lo suyo bajo la atenta mirada de su chica.
—Por un momento creí que te habías marchado. No estabas en la cama.
Edward le sonrió sin dejar de hacer lo que estaba haciendo.
—Claro que no – sirvió los huevos en su plato –, mi turno no comienza hasta el mediodía. Se me ocurrió que podría hacerte el desayuno y así llevártelo a la cama pero tú has arruinado mis planes, Isabella – le riñó dándole un casto beso en los labios, ella sonrió.
—Son casi las diez, es un poco tarde para desayunar.
—Lo sé pero no arruines mi trabajo de horas... – Bella negó divertida mientras que Edward terminaba de colocar el desayuno completo en la encimera para después sentarse a su lado.
—Está muy bueno – alabó ella.
—Fue un placer – rió –. Entonces, ¿qué planes tienes para más tarde?
—Iré a almorzar con Paul, hace mucho que no tenemos un momento para nosotros con toda esta locura... – se cortó de repente, pero Edward entendió de qué hablaba –. Después pienso ir a ver qué novedades tiene John, en estos momentos él y Lauren deben estar con ese presunto cliente de Gianna Dawson. Esperemos que ese hombre pueda poner un poco de luz en este asunto. ¿Qué harás tú?
—Tengo una cesaria programada para el mediodía, y otras tres para la tarde. Desde ahí solo me ocuparé de la consulta además de alguna otra emergencia que aparezca. – se detuvo repentinamente, tomó aire y continuó –. Bella, quiero preguntarte algo.
Ella lo miró intrigada.
—¿Qué pasa?
—Llevo tiempo con una idea rondando mi cabeza... – admitió Edward dejando los cubiertos sobre el plato y volteando para quedar frente a ella, Bella imitó el movimiento –. Nosotros llevamos ya varios meses saliendo, ya sabes, sólo saliendo, y me parece que es hora de ir un poco más lejos.
—¿A qué te refieres?
Creía tener una idea de lo que significaba pero prefirió esperar que Edward lo explicara, después de todo tampoco quería hacerse falsas ilusiones.
—Bella, ¿quiéres ser mi novia... oficialmente? – su voz denotó cierto temor pero también una ferrea convicción.
Él llevaba semanas pensando en eso, estaba seguro de que no había mejor momento para dar ese paso que el presente. La castaña sintió como la emoción crecía dentro de ella, él quería oficializar su relación, y ella también. Lo quería desde mucho atrás pero en aquel tiempo creyó que Edward no estaba listo para eso.
—Claro que si – casi gritó con una enorme sonrisa en el rostro, Edward también sonrió mientras que la atraía hacía sí en un abrazo.
—Gracias.
—¿Pensabas que iba a decir que no? – ella arqueó las cejas con sorpresa cuando un pequeñísimo tono rosáseo se acumuló en las mejillas de su ahora novio. Era tan tierno.
—Bueno, después de todo lo que pasó... no podía estar completamente seguro de tu respuesta.
—Cariño, yo te amo, más que a nada. Además, nosotros llevamos cuatro meses viéndonos, reconociéndonos. Tal vez debimos haber formalizado hace tiempo.
Edward rió alegremente ante la pícara sonrisa de la que era su novia.
—¿Te he dicho ya cuanto te amo?
—Hoy no, pero puedes decírmelo ahora – sugirió tomándolo por el cuello sin borrar su sonrisa.
—Te amo.
Sin más que decir los dos se perdieron en un beso, su primer beso como una pareja nuevamente y esta vez por tiempo indefinido.
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Observó como un joven moreno y alto, aunque bastante delgado, ingresaba al mismo edificio por una entrada secundaria. El chico se movió tan rápido que ella no tuvo tiempo de verlo correctamente, aunque sin dudas ese tenía que ser el amigo pandillero de John.
Los siguentes minutos pasaron con lentitud, Lauren no dejaba de mirar el reloj de su muñeca controlando el tiempo exacto que tenía el chico dentro de ese lugar. Después de los veinte minutos inevitablemente comenzó a preocuparse, él no daba ningún tipo de señal y aunque por un lado era algo bueno ella no podía no quedarse tranquila. Iba a darle cinco minutos más y entonces se pondría en marcha.
El móvil sonó otra vez, era John.
—¿Qué sucede?
—No sé, no lo entiendo. Llevo más de veinte minutos dando vueltas y Simón no está por ninguna parte.
—¡Eso no puede ser posible! – exclamó con sorpresa –. Lo vi entrar al edificio poco tiempo después que tú y no ha salido.
—Entonces, ¿por qué no aparece?
Los dos sabían la respuesta, algo iba tremendamente mal.
—¡Sal de ahí! ¡QUIERO QUE SALGAS DE AHÍ EN ESTE MOMENTO! – chilló presa del pánico. No sabía si John iba o no armado pero aunque lo estuviera tampoco estaba segura de que el muchacho pudiera enfretar una emboscada.
—¡Lo veo! ¡Estoy viéndolo! ¡SANTO DIOS! – gritó de repente sobre el teléfono – ¡ESTÁ MUERTO, LAUREN! ¡Tiene la garganta abierta!
Solo en ese momento Lauren pudo sentir el terror en la voz de John, su amigo estaba muerto y él estaba viendo su cadáver en ese preciso instante. La cabeza de la agente comenzó a trabajar deprisa, si el chico estaba muerto y ella lo había visto entrar... ¡Oh, cielos! Eso solo significaba que el asesino estaba también ahí. La persona que mató a Simón estaba en el mismo edificio abandonado en el que se encontraba John.
—¡MIERDA!
Se bajó del coche a toda velocidad, ya no le importaba mantenerse oculta, únicamente le importaba cubirle la espalda a ese chico. Corrió hasta el edificio pero se detuvo a un lado de la puerta, entonces sacó su arma para después entrar definitivamente.
Sabía que John estaba por algún lugar, y tal vez el asesino de ese pandillero todavía estuviera ahí también. El tiempo corría en su contra pero aún así no podía precipitarse o acabaría cometiendo un error.
Necesitaba pedir refuerzos, llevó su mano izquierda hasta el bolsillo de su pantalón y maldijo internamente al notar que estaba vacío. Con el apuro no se dio cuenta de que dejó olvidado el móvil en el coche, eso significaba que estaban solos y que dependía de ella sacarlos a los dos con vida de ese maldito lugar.
Subió las escaleras con cuidado, haciendo el mínimo ruido. Si el asesino se encontraba con ellos en el edificio lo último que pretendía era alertarlo de su presencia. Internamente se preguntó dónde estaría John, esperaba que ya fuera del allí pero como no tenía el móvil no podría comprobarlo.
Fue entonces cuando lo escuchó, alguien se movía unos metros delante de ella. Tuvo el máximo cuidado al asomarse para observar. Un hombre vestido con una gorra de baseball roja y una cazadora azul, llevaba también unos lentes grandes muy oscuros que cubrían en gran parte su rostro. Él se movía con agilidad y gracia, alerta, cuidadoso.
No era John, tampoco era el mismo chico que vio entrar, por lo que Lauren supo enseguida que ese era el hombre que buscaba. No necesitaba bajar la mirada hasta el arma para comprobarlo aunque de igual forma lo hizo.
Se acercó lo más que pudo procurando no ser notada pero cuando vio que él se tensaba, por instinto, Lauren también lo hizo. El maldito ya notó su presencia.
—¡ALTO! ¡Suelta el arma y pon las manos detrás de la cabeza! - el hombre se detuvo dándole la espalda, y levantó los brazos pero no tiró el arma – ¡TE HE DICHO QUE SUELTES EL ARMA!
Él hizo el ademán de agacharse para dejar la pistola en el suelo pero entonces se volteó hacia ella dispárandole. Lauren, que reaccionó de una manera efectiva, se lanzó a un lado fuera del trayecto de las balas mientras que también tiraba del gatillo. Pronto ambos comenzaron a dispararse sin tregua, las balas iban de un lado a otro de la habitación, y tanto ella como él se ocultaban detrás de algo que los protegiera.
—¡No te servirá! – gritó ella cuando él dejó de disparar, según sus cuentas se había quedado sin balas. Igualmente no se movió un milimetro hacía él, se quedó dónde estaba recargando su arma –. Será mejor que salgas con las manos detrás de la cabeza, y ni siquiera pienses en hacer algún numerito porque no me temblará la mano para meterte una bala en la cabeza. Si es que casi lo estoy deseando.
Él rió suavemente, ¡Diablos! Le gustaba esa mujer, siempre le gustaron mucho más las chicas que daban guerra que las otras tontas, ¿será por eso que la rubia siempre le llamó la atención? Era una lástima que se pareciera en nada a lo que buscaba, de lo contrario ya le habría puesto las manos encima mucho atrás.
—Creo que no me has escuchado, es tu última oportunidad. ¡Rindete o lo lamentarás!
La risa sonó mucho más fuerte en ese momento, ese miserable loco estaba jugando con ella. No iba a salir de su escondite, no iba a rendirse. Estaba claro que él buscaba pelea, y eso era lo que ella le daría.
Se movió lentamente teniendo cuidado de no quedar expuesta, y se acercó hasta donde estaba. El hombre comenzó a disparar otra vez pero para ese momento Lauren estaba demasiado cercar. Ella se abalanzó sobre él golpeándolo con el filo de su arma y haciéndolo caer al suelo, el arma que sostenía salió fuera de sus manos.
Cuando el hombre intentó recuperar su pistola se vio impedido por un cañón que presionaba sobre su cabeza.
—Debiste haberme hecho caso – aseguró Lauren irácunda, tenía unas ganas locas de volarle la cabeza por todo el daño que causó pero aún así se contuvo porque sabía lo que era correcto.
Él sonrió imperceptiblemete antes de girar su rostro para mirarla a los ojos, y para que ella pudiera ver con claridad su rostro. Lauren abrió los ojos con sorpresa, con terror, quedando tiesa en su lugar. El arma tembló en sus manos sin que ella pudiera ser capaz de controlarlo. Ahora no tenía lentes ni gorra por lo que podría observarlo con claridad.
Podía ver tanto su rostro como su cruel sonrisa.
—¡Oh, Dios mio! No... no... no puede ser... ¿Tú...?
Se sintió increiblemente satisfecho con esa reacción, por la expresión de su cara la había sorprendido muchísimo. Era capaz de ver sus sentimientos en ese rostro lívido... temor, furia, asco, negación, odio, miedo... Era bastante divertido la verdad, ver como ella, una mujer tan centrada y racional, se quedaba estática al ver su verdadera cara.
—¿Sorprendida? Podría decirte que todo es un error, que estás sacando conclusiones apresuradas pero me parece que ya no tiene caso. No serías tan estúpida como para creertelo, ¿verdad?
—¿Cómo... puedes...?
El hombre rodó los ojos, claro que podía y era por esa misma razón que lo hacía: por el hecho de poder. Pero ya era suficiente de charla, basta de juegos.
—¡Lauren! – gritó John apareciendo repentinamente por el otro lado del lugar, y se quedó quieto en su sitio al ver como ella apuntaba su arma a un hombre que estaba tirado en el suelo.
La rubia giró su cabeza, como un robot, para mirar al muchacho que se encontraba a gran distancia de ellos. Antes de que alguien pudiera hacer o decir nada más, ese hombre encontró su oportunidad y la tomó, aprovechó el descuido de Lauren producto de la interrupción de John y agarró el arma del suelo para apuntarle directo al corazón.
Cuando ella reaccionó ya era demasiado tarde.
—Fue un placer trabajar contigo, preciosa – aseguró con una sonrisa diabólica y, ante la mirada atónita de John, disparó.
—¡NOOOO!
La escena transcurrió como en cámara lenta, él vio el momento exacto en el que la bala impacto en el pecho de la mujer antes de que ésta se desplomara en el sucio suelo.
El asesino movió su blanco de la mujer al muchacho que se tiró a un lado en cuanto los impactos de bala comenzaron. Sin dejar de disparar caminó en reversa marchándose lo más pronto posible de ese lugar, sabía que no corría peligro pues ese inútil chiquillo no tenía ni la menor idea de quién era él realmente. Y era justo eso lo que le había salvado la vida.
—¡Oh, Dios mío! ¡Oh, Dios mío! ¡Lauren! – exclamó John cuando llegó a ella desplomándose en el sucio suelo del edificio en ruinas, trató de tocarla pero se detuvo sin saber qué hacer.
La joven enfocó su mirada gris en él mientras que unas pequeñas lágrimas brotaban de sus ojos, sus labios se movieron aunque ninguna palabra salió de ellos. John, saliendo de su estupor, se quitó rápidamente la camisa y la enrolló presionándola sobre la herida sangrante. No tenía idea de qué hacer con una herida de ese calibre pero sabía que debía evitar que ella se desangrara.
Con una mano presionó la camisa en su pecho mientras con la otra llamaba a emergencias. Y no pudo más que implorar ayuda viendo como esos ojos grises se cerraban sin que nadie pudiera evitarlo.
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Paul ingresó al restaurante veinte minutos más tarde de la hora pactada, había tenido serios problemas al momento de dejar la OCF debido a que todos los miembros del equipo parecían haber desaparecido al correr de la mañana. Bueno, no es que desaparecieran, cada uno estaba envuelto en sus obligaciones para con el trabajo y con la investigación.
Igualmente dejó atrás esos pensamientos mientras le daba su nombre a la coqueta recepcionista que no dejaba de mirarlo de una manera inequívoca. La chica le sonrió antes de afirmarle que su acompañante ya lo estaba esperando en su mesa, seguidamente lo llevó hasta la mesa en donde su prima lo esperaba para comenzar el almuerzo. Bella también sonrió con diversión cuando notó la mirada que le daba esa morena a su primo pero no hizo le comentario alguno, ella le dio un beso en la mejilla contenta de verlo porque lo había echado de menos en el último tiempo. Paul tomó asiento frente a ella.
—Deberías pedirle su número antes de irnos – ya no se aguantó las ganas de molestarlo.
—Tal vez, ya veremos – murmuró ignorando la burla de su prima.
—Es guapa y me pareció bastante interesada – continuó con el mismo tono de voz –, puede que hasta sea la indicada.
Su primo era excesivamente reservado con el tema de las mujeres, incluso más que ella y eso era decir bastante. Paul nunca había sido dado a mantener relaciones largas, al menos no desde que dejó de ser un adolescente, por lo que Isabella siempre decía en broma que veneraría a la afortunada mujer que lograra echarle el lazo.
—Si, seguro – comentó él tomando la carta del menú –. Siento haber demorado, tuve problemas para dejar la oficina.
El comentario indudablemente terminó con el ambiente de bromista.
—¿Pasó algo grave?
—No, claro que no. Necesitaba a alguien que dejar a cargo antes de salir, James estaba de reunión y Lauren se marchó con ese chico, Collins. Tenía que esperar a que alguno de los dos apareciera para irme.
Bella asintió, sabía que no cualquiera podía quedar a cargo del equipo ya que se necesitaba cierto grado de permanencia para tener ese honor, y aquellos que lo hacían eran los que más tiempo llevaban en la organización. Generalmente siempre eran o Paul o James, y en última instancia Lauren si no había nadie más.
—¿Lauren? – intentó ella con una curiosidad que se evaporó al ver a su primo negar.
—Todavía no se sabemos de ellos, es bastante pronto igualmente.
La castaña suspiró.
—Si, es verdad. Entonces, ¿cómo va todo?
—Encaminado... – confesó el hombre en un principio –. Estamos tratando de encontrar alguien que pueda brindarnos más información sobre Gianna Dawson, esperemos que Lauren consiga algo con eso.
—¿Y Aro Volterra?
Paul bufó sin ocultar el resentimiento que sentía hacia ese hombre, Bella no lo culpaba porque ella también le tenía un profundo odio.
—¿Qué puedo decir que no sepas? Está en las sombras pero al acecho, esperando algún error para abalanzarse sobre nosotros más rápido que un pestañeo. Además está convencido de que Edward Cullen es el Merodeador, no quiere ni escuchar alguna otra opinión al respecto.
—Me lo imaginaba – suspiró ella – ¿Es qué acaso no se da cuenta de que las evidencias no coinciden con su teoría? Las pruebas lo demuestran.
—Sabes que eso no es tan así, las pruebas son confusas... aunque... – levantó la mano cuando ella iba a contradecirlo – coincido contigo en el hecho de que nada es seguro, y él lo sabe pero no le importa. No tengo que decirte que no me agrada Cullen, mucho menos después de lo que sucedió entre ustedes, pero eso no significa que deba pagar por algo de lo que podría no ser responsable. Hablamos de dos cosas diferentes.
—¿Por qué lo hace?
—Es Volterra, Isabella. Lo hace porque puede hacerlo, porque no le importa nada más que su cuello. Va más allá de si es culpable o no, mucha gente importante está quedando mal vista con este asunto y eso es algo que no pueden permitirse.
—Es un chivo expiatorio.
Paul asintió.
—Exactamente, no importa quién sea mientras que pague por ello. Es asqueroso y bastante ruín pero es efectivo.
—Proteger la imágen a cualquier costo – murmuró para si misma.
Él le tomó la mano sobre la mesa y la apretó suavemente.
—Es pronto para preocuparse por eso, danos un poco de tiempo antes de que comiences a angustiarte.
Ella abrió la boca para contestar pero entonces su móvil comenzó a sonar, inevitablemente se sorprendió cuando vio el nombre de su amigo en la pantalla.
—Dame un minuto – pidió a su primo antes de antender –. ¿Qué sucede?
—Bella... – la voz del hombre estaba apagada, rota.
—Jacob, ¿te sientes bien?
Sin saber por qué un miedo la recorrió de pies a cabeza. Paul la observó con confusión, sin terminar de gustarle su expresión.
—Es Lauren... ella... ella está... – no pudo continuar.
—¿Qué pasó con Lauren? ¡Habla de una vez, Jacob!
—Le dispararon, Bella. Él le disparó.
Isabella sintió como todo a su alrededor se evaporaba, sabía que estaba siendo observada pero no le importó, sabía que su primo le hablaba pero solamente podía ver sus labios moverse. Jacob continuaba diciéndole cosas por teléfono, cosas que no comprendía.
Sintió como Paul le quitaba el móvil de las manos para hablar el mismo, y tampoco le importó. Sólo podía pensar en Lauren, en que otra vez estaba perdiendo a una amiga, a una hermana.
En ese momento solo fue consciente de que su primo la tomaba del brazo para sacarla del lugar. Y Bella, simplemente, se dejó llevar.
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Seguro me odian por dejarlo así pero esto estaba pensado desde el principio. Y yo me siento un poco mal por eso también, porque a medida que desarrollaba la historia Lauren (y Jake obvio!) se fue haciendo uno de mis personajes favoritos... ¡y yo los destrocé a los dos! (¡que mala soy!)
Pero bueno, muchas gracias por todos sus comentarios, alertas y favoritos. Será hasta el próximo capítulo, les mando un beso grande, Lila.
