Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Beta: Isa.


Fatherhood, Formula and Other F Words

Capítulo 28: Primera palabra y Lesiones

—Dios, ha crecido mucho —dijo Jasper, que tenía agarrada a Pequeña para mantenerla quieta, sentada sobre el mostrador en la estación de enfermería—. ¡Di tío Jasper!

Me reí mientras leía los postoperatorios de anoche.

—No te ilusiones, ni siquiera ha dicho papá. Aviéntale un beso, Pequeña.

Puso la mano sobre su boca y luego la empujó como aventando algo mientras se reía. Bella y yo habíamos estado trabajando en enseñarle eso, y era bastante buena, casi siempre lo hacía cuando se lo pedíamos.

—Eres demasiado adorable —dijo—. ¿Cuánto tiene? ¿Nueve meses?

Asentí.

—Sí, los cumplió hace dos días.

—¡Dios mío, trajiste a tu bebé! —dijo Jessica, una de las enfermeras, que se apresuró en acercarse—. ¡Es tan linda!

Sonreí con orgullo al verla hacerle cariños y jugar con mi hija.

—Mi novia vendrá por ella más tarde —dije—. Tiene el día libre así que pensé en traer conmigo a Sofía mientras ella salía a almorzar con una amiga.

—Observa esto —dijo Jasper—. ¡Aviéntale un beso, Sofía!

Estaba actuando como un jodido idiota, pero su buen humor era de esperarse considerando el hecho de que Alice le dijo que sí anoche. Sí, luego de meses de estarlo considerando, al fin había reunido las bolas suficientes para pedirle matrimonio. El teléfono de Bella sonó pasadas de las diez anoche, justo cuando estaba a punto de hacerla gritar mi nombre. No contestó hasta la tercera llamada, pero cuando lo hizo hasta yo pude escuchar con claridad el grito de Alice.

Ya que ambas tenían el día libre, ella y Alice se reunieron para almorzar. Yo ya había avisado en la guardería que Pequeña no iría hoy, así que decidimos que traería a Sofía conmigo aprovechando que no tenía programada ninguna cirugía. Bella vendría por ella en una hora, pero mientras tanto yo disfrutaba de toda la atención que Pequeña estaba recibiendo.

Joder, me encantaba que la gente le dijera linda. Después de todo era cierto.

—A diferencia de tu papá yo sí tengo que trabajar —dijo Jasper cargándola y pasándomela sobre el mostrador—. Adiós Sofía.

La metí al porta bebé que estaba junto a mí en el piso y volví a leer los historiales. No mucho después llegó papá y la sacó de nuevo diciendo que quería presumirla.

—Te la regresaré pronto —dijo—. Además tienes pacientes que atender.

Asentí.

—Iba a hacerlo en un minuto. Supuse que una enfermera querría cuidarla —me reí.

Él besó su mejilla mientras ella agarraba su estetoscopio. La niña amaba las cosas brillantes.

—Pues ahora es mía. ¿Verdad que sí, preciosa?

Cuando se fue me levanté para hacer mis rondas, asegurándome de que todos los pacientes en el piso de cirugía estuvieran bien y checándolos a todos. No fue hasta que estaba revisando a una mujer mayor que me di cuenta que tenía uno de los juguetes de Pequeña en el bolsillo.

No hay necesidad de decir que rápidamente saqué mi celular para enseñarle una foto.

—De hecho está aquí hoy —dije—. Creo que le encanta toda la atención.

—Oh, apuesto que sí —dijo sonriendo—. Tengo un nieto de su edad.

—¿Y ya habla?

No era que me preocupara porque Pequeña todavía no hablaba... pero estaba ansioso porque pasara. Quería oír ese "papi". Después de todo ya tenía nueve meses. Tenía tantos logros ocurriendo a diario, pero lo que más esperaba era esto. El caminar... digamos que no necesitaba que hiciera eso en un futuro cercano.

Asintió poniéndome un poco celoso.

—No empezó hace mucho, pero ahora no se calla —se rió—. Mi hijo y nuera no se dieron cuenta de que una vez comienzan ya no hay nada que pueda detenerlos. ¿La suya ya habla?

—No todavía —sacudí la cabeza—. Balbucea mucho, pero no ha hablado de verdad.

—Ya llegará.

Me paré de su cama para abrir su historial de nuevo y hacer anotaciones sobre su progreso. Estaba recuperándose bien luego de su colecistectomía —cirugía de la vesícula biliar—, y probablemente dejaría el hospital mañana. Luego de revisar a los otros pacientes me fui en busca de papá y de mi niña. Estaba presumiéndola en la estación de enfermería de Cuidados Intensivos. Jasper estaba allí contándole sobre su compromiso.

—Qué bueno, Jasper —dijo papá palmeándole el hombro—. Felicidades. Esme estará emocionada de saberlo.

—Gracias, señor —dijo Jasper—. Y maldición, miré quién regresó por la niña bonita.

Pequeña me estiró sus bracitos y gritó emocionada cuando la saqué de los brazos de papá.

—Bella llegará pronto así que discúlpenme por robarme de regreso a mi niña —dije—. ¿Quién rayos le dio una pluma?

Se la quité de la mano y empezó a llorar porque la quería de regreso.

—Era eso o el estetoscopio —dijo papá—. Además le quite la tinta. Déjala jugar.

Se la regresé y ella balbuceó contenta, metiéndosela en la boca y mordiéndola, aunque la cuidé de cerca para asegurarme de que no fuera a ahogarse. Para cuando Bella me mandó un mensaje diciendo que ya estaba abajo, Pequeña se había aburrido de la pluma y la había tirado, sacando su juguete de mi bolsillo.

—Adiós preciosa —dijo papá besando su mejilla—. Te veré pronto.


Bella me estaba esperando en el recibidor, así que me dirigí allí luego de agarrar el porta bebé y la pañalera. A Pequeña no le gustó que la metiera al porta bebé y se la pasó llorando todo el camino por las escaleras. Joder, odiaba dejarla llorar, pero no tenía otra opción.

—Aww, ¿me trajiste a una nena llorando? —preguntó Bella con el ceño fruncido cuando dejé el porta bebé en el piso. La sacó de ahí y Pequeña dejó de llorar de inmediato—. ¿Qué te hizo papá?

Me incliné para besarla antes de hacerle cosquillas a Sofía en la pancita para hacerla reír un poco.

—No le hice nada —dije—. Recibió mucha atención y ahora sólo quiere que la carguen, así que suerte con eso.

—Oh, genial. Entonces supongo que se ha portado bien.

Asentí.

—Síp, fue presumida a todos en el hospital. Fue declarado oficialmente que es la bebé más bonita del mundo, aunque yo ya lo sabía.

Se rió.

—¡Por supuesto! ¿Cómo ha estado tu día?

—Hasta ahora tranquilo, pero dentro de poco tengo una cirugía. Llegaré a casa como a las siete, aunque puede que llegue más tarde.

—Dejaré un plato en el microondas —sonrió—. ¿Lista para irnos a casa, bebita?

—Adiós Pequeña —dije, soplando un beso en la mejilla de mi niña—. Sé buena con mamá. Te amo.

Después de la plática que tuvimos hace un tiempo comencé a referirme a Bella como mamá, esperando que Pequeña se acostumbrara y algún día le dijera así. Al principio fue un poco raro, pero encajaba bien. Bella era mamá. Siempre.

—¡Tírale un beso a papi! —dijo Bella.

Pequeña me aventó un beso, y aunque parecía idiota, lo atrapé. Siguió balbuceando mientras Bella la ponía de nuevo en el porta bebé, afortunadamente sin lágrimas en esta ocasión. Luego de despedirme de Bella con un beso, subí las escaleras para ver a mis pacientes preoperatorios.


Mi día estuvo normal, lleno de procedimientos simples. Al final ninguno de mis pacientes sufrió de complicaciones, aunque cerca de las cinco llegó un paciente de trauma y estuve atrapado en quirófano por una hora más de mi hora de salida. Cuando llegué a casa Pequeña seguía levantada y estaba muy alegre, así que no fue para tanto.

Comí en la sala viéndolas a ella y a Bella jugar con unos juguetes. Pequeña amaba el juguete que hacía sonidos de animales. Bella tiraba del cordón y Pequeña rebotaba sobre su colita cuando se encendía ladrando o haciendo mu. Los grititos que soltaba me tenían muerto de la risa junto con Bella. La niña era malditamente adorable.

Luego de lavar mi plato me senté en el piso con ellas. Sacamos los bloques y le ayudé a Pequeña a acomodarlos poniéndolos uno sobre otro. Aunque decidió que prefería aventarlos. A mí.

La agarré y la acosté sobre su espalda, le hice cosquillas en su pancita y ella me pateaba con sus piecitos.

—¡Te tengo! —me reí—. No debes lanzarle bloques a papá.

Bella la cargó para ponerla en su regazo y besar su mejilla.

—Di: pero es divertido, papi.

Ladeé la cabeza sonriendo

—Oh, ¿crees que es divertido que me lance bloques? ¿Y si golpea mi hermoso rostro?

—Entonces supongo que serás menos hermoso, ¿no crees? —se rió—. Dile a papá que es un hombre muy tonto.

—¡Papá!

Bella y yo nos congelamos mirando a Pequeña. Acababa de... y me estaba mirando a . Santa mierda, no se trataba de otro balbuceo.

—Dilo de nuevo, bebita —dije, abrí los ojos como platos y sonreí—. Di papá.

Me señaló sonriendo y dijo:

—¡Papá!

—¡Dios mío! —dijo Bella—. ¿Dónde está mi teléfono? ¿Dónde está tu teléfono?

Me pasó a Sofía y corrió hacia el buró para agarrar su teléfono. Besé la cabeza de Pequeña una y otra vez mientras ella seguía repitiendo la palabra. ¿De verdad se refería a mí? No estaba seguro, pero eso parecía. Los libros decían que a esta edad era posible que lo dijeran sabiendo lo que significaba, aunque aún así pudo haber sido sólo un balbuceo. Ya antes había balbuceado eso, pero nunca dirigido a .

—¡Su primera palabra fue papá! —dije—. ¡Santa mie-Dios! Bella, ¿estás grabando esto?

Bella asintió sonriendo sentándose frente a nosotros con su celular alzado.

—¿Quién es papá, Sofía?

Pequeña se rió aplaudiendo.

—¿Yo soy papá? —le pregunté y ella me miró.

—¡Papá!

Me reí levantándola sobre mí, ella sólo agitó sus piecitos.

—Sí, yo soy papá, Pequeña. Dios, eres tan inteligente.

Bella y yo seguimos jugando con ella un rato hasta que llegó la hora de baño. Estaba jodidamente feliz. Mi niña me dijo papá y estaba convencido de que se dirigía a mí. Luego de bañarla y cambiarla la arrullé hasta que se quedó dormida, lo cual no tardó tanto.

La acosté en la cuna besando su frente.

—Gracias, Pequeña. Te amo.

Cuando regresé a la sala Bella estaba en su laptop, pero la apagó cuando me senté. Se recostó contra mí y la envolví en mis brazos besándola.

Cuando nos separamos, sonreí y dije:

—Me dijo papá.

Asintió.

—Así es.

—Creo que ahora sí fue verdad. Incluso me señaló.

Se rió con suavidad.

—Eres el hombre más feliz del mundo, ¿verdad?

—Demonios sí. Ahora intentaremos que diga mamá.

—¿En serio? —sonrió y asentí—. Me gustaría mucho.

—He intentado decirte más seguido así, quizá de esa forma lo entienda más rápido.

—Oh, eso espero —suspiró abrazándome con fuerza—. ¿Y cómo estuvo tu día?

Como siempre, le conté a Bella sobre mi día y ella me contó el suyo. Ella y Alice hicieron planes para salir a tomar y cenar esta semana en festejo por el compromiso. Parecía que la vida iba avanzando con gran rapidez, pero todo de buena manera.


—A leguas se nota que se refería a ti —dijo Emmett mirando el vídeo donde Pequeña me decía papá.

—¿Verdad que sí? —pregunté—. Incluso me señaló antes de que empezáramos a grabar.

Se rió regresándome mi teléfono.

—Eres peor que yo.

—Secundo eso —dijo Jasper mientras comía su hamburguesa.

Rodé los ojos reproduciendo el vídeo de nuevo para mí solo.

—Quizá sí, pero es porque ella es la bebé más bonita de mundo. Es un asunto jodidamente grande. Ya está hablando.

Emmett se rió sacudiendo la cabeza.

—Debería decirle a Rosalie que ponga a Ben al teléfono. No se calla. Muy pronto estarás deseando no haberle enseñado a hablar, de la misma manera que ahora deseas que nunca hubiera aprendido a gatear. Todo regresa para morderte el culo. Marca mis palabras.

Mi teléfono comenzó a sonar, así que me lo saqué de la cadera. Vi el nombre de Bella y rápidamente me lo llevé al oído.

—Hola, ¿qué pasa? ¿Ya llegaron Sofía y tú a casa?

—Edward, yo... lo siento muchísimo —dijo mientras escuchaba los gritos de Pequeña en el fondo—. Aparté la vista un segundo y se paró pero luego... ya no estaba de pie. Es profunda y...

—¿Qué es profunda? ¿Por qué está gritando así, Bella? —pregunté frunciendo el ceño preocupado.

—Sofía se paró, pero perdió el equilibrio y se golpeó con la esquina de la mesita de centro. Tiene una cortada y parece ser profunda. No puedo detener el sangrado. Vamos en camino para allá.

—¿Qué pasa? —preguntó Jasper.

—Sofía se lastimó —dije poniéndome de pie y dirigiéndome a emergencias—. ¿Se desmayó, Bella?

—No, empezó a llorar de inmediato. Saqué el kit de primeros auxilios y le tapé la herida, pero sigue sangrando mucho.

—Los cortes en la cabeza suelen sangrar mucho. Llegarás pronto, ¿verdad?

—Sí, en unos minutos. Lo lamento mucho, Edward.

Respiré profundamente porque sentía que estaba a punto de tener un jodido ataque al corazón. Pequeña estaba herida. Jesucristo, quería tenerla aquí ya.

—No es tu culpa, Bella —dije cuando llegué al mostrador de la entrada—. Necesito que llame al doctor Carlisle Cullen por mí.

Todavía podía escuchar los gritos y llantos de Pequeña. Joder, me estaba matando, pero no quería colgarle a Bella. Jasper y Emmett me siguieron a la entrada, pero tenían que regresar a trabajar así que les dije que yo les avisaría qué había pasado. Para cuando Bella y Pequeña llegaron a emergencias yo ya había conseguido una habitación para examinarla y papá bajaría pronto. Cuando saqué a Pequeña del porta bebé vi que la venda que tenía sobre el ojo estaba empapada en sangre, y por primera vez en mi vida me sentí enfermo al ver sangre.

—Shh, papá te tiene —dije, acariciando su espalda mientras entraba a emergencias con Bella detrás de mí.

—Papá —lloraba aferrándose a mi cuello como si fuera cuestión de vida o muerte.

—Aparté la vista por un segundo, Edward —dijo Bella llorando cuando acosté a Pequeña en la camilla. Agarré unos guantes y le quité la venda para examinar la herida de una pulgada de largo que tenía sobre el ojo. Necesitaría puntadas, pero fue una buena señal el hecho de que no perdiera la consciencia.

Revisé sus pupilas y me gritó. Ambas se veían iguales y reaccionaban bien, otro signo muy bueno.

—No creo que tenga una contusión —dije suspirando con alivio—, aunque necesita puntadas.

Bella asintió secándose las mejillas.

—El teléfono sonó... la deje por un segundo para contestar. Debió ponerse de pie usando la mesita.

—¿Qué pasó? —preguntó papá cuando entró apresurado a la habitación. Básicamente me empujó a un lado para llegar a Pequeña.

—Se paró y perdió el equilibrio golpeándose la cabeza en la mesa de centro —dije—. No tiene signos de tener una contusión, pero... no sé, papá.

Me quité los guantes y tomé la mano de Bella, la apreté con fuerza mientras papá revisaba la cabeza de Pequeña. Llegó a la misma conclusión que yo y dijo que sólo necesitaría un par de puntadas, pero que estaría bien. Aún así el ver a Pequeña herida y llorando me provocaba querer hacerme bolita en posición fetal. Nunca antes en mi vida había estado tan asustado.

—Iré por una enfermera, ¿de acuerdo, hijo? —preguntó papá palmeándome el hombro—. Los accidentes suceden, estará bien. Intenta tranquilizarla para mí. Yo mismo le pondré las puntadas.

Asentí sentándome en la camilla junto a Bella, que tenía a Pequeña en sus brazos. Me pasó a Sofía y limpié las lágrimas de mi hija de sus mejillas rojas. Agarré un pedazo de gasa de la bandeja y le limpié la sangre lo mejor que pude.

—Estás bien, Pequeña —susurré besando el tope de su cabeza—. El abuelo va a curarte.

—Lo siento muchísimo —repitió Bella.

La miré y tomé su mano.

—No es tu culpa. Yo también la he dejado sola en el piso por algunos segundos, así que fácilmente me pudo haber pasado a mí. Demonios, casi pasa, ¿recuerdas?

—¿No estás enojado conmigo?

Sacudí la cabeza.

—Por supuesto que no. Aunque nunca antes había estado tan asustado.

—Yo también —suspiró—. Creí que mi corazón se había detenido al escuchar el golpe y después su llanto. Había mucha sangre.

Pasé mi brazo alrededor de ella, acercándola a mí con Pequeña acurrucada en mi pecho. Había dejado de llorar, pero seguía gimiendo. Al parecer sus manitas se aferraban a mi uniforme con un agarre de acero.

Cuando papá regresó con la enfermera Bella se paró de la camilla y yo me quedé sentado con Pequeña en mi regazo. Ella intentó apartarse y gritó cuando le puso la anestesia tópica primero, antes de inyectarle la lidocaína. Odió todo el proceso, y yo odié tener que detenerla. Ni siquiera pude soportar ver cómo le ponía las puntadas. La mano de Bella estaba en mi hombro apretando con fuerza y ofreciéndome consuelo. Se veía tan malditamente avergonzada a pesar de que yo le había dicho una y otra vez que no era su culpa.

No podía culpar a Bella por esto porque, como había dicho, ya iban varias veces que Pequeña se golpeaba con esa mesa estando bajo mi cuidado. No había necesidad de decir que iba a tirar esa jodida cosa a la basura. Aun con la protección para bebés había lastimado a Pequeña.

—De acuerdo, ya terminé —dijo papá cortando el hilo. Puso pomada antibacterial sobre las puntadas y las cubrió con una venda—. Usé hilo de delgado y la junté lo más posible, de esa forma la cicatriz no será muy notoria. Es joven todavía, así que debe sanar bien.

Asentí ajustando a Pequeña para que pudiera recargar la cabeza en mi hombro.

—Gracias papá.

Sonrió.

—De nada. Cuídenla minuciosamente esta noche, ¿de acuerdo? Le diré a alguien que cubra el resto de tu turno para que puedas ir a casa con ella.

—Lo apreciaría mucho.

Sobó la espalda de Pequeña y besó su mejilla.

—Lamento haberte hecho enfadar, preciosa. La próxima vez que decidas pararte, espera a que esté tu papi o tu mami.

—Gracias Carlisle —dijo Bella.

—No fue nada, cariño —dijo abrazándola—. No te culpes por esto, ¿sí? Los accidentes pasan todo el tiempo y la verdad pudo haber sido mucho peor.


Ya que tenía libre el resto del día, yo llevé a Pequeña a casa en mi carro mientras Bella manejaba el suyo. La verdad no quería dejar a la niña fuera de mi vista. Para cuando llegamos a casa, y después de darle el Tylenol infantil que papá había sugerido, ella ya estaba actuando como si nada hubiera pasado.

—¿Es seguro que se duerma? —preguntó Bella mientras bañábamos a Pequeña en el fregadero para limpiar la sangre seca de su cuello y pecho.

Asentí pasando gentilmente la toallita sobre su pecho.

—Sí, pero por si acaso quiero mantenerla cerca de nosotros cuando lo haga.

Pequeña se rió y salpicó el agua, mojándonos a ambos.

—Ya está actuando como siempre —se rió Bella—. Ya eres nuestra niña feliz de nuevo, ¿verdad?

—¡Papá! —dijo poniendo su mano mojada en mi camisa.

—Sí, yo soy papá —me reí cargándola. Soplé un beso en su pancita haciéndola repetir mi nombre una y otra vez.

Dios, amaba ese sonido.

Luego de secarla y cambiarla, Bella y yo nos sentamos en el sofá con ella dejando la televisión apagada. Mientras Bella sobaba su pancita con suavidad, ella suspiró contenta y lentamente se fue quedando dormida.

—No puedo creer que haya dejado que se lastimara —dijo Bella frunciendo el ceño—. Siempre la cuido muy bien, y la única vez que la dejo sola en el piso, esto pasa. ¿Cómo es que no me odias?

Fruncí el ceño.

—Nunca podría odiarte, Bella. Ahora que está intentando ponerse de pie tendremos que cuidarla mucho más, aunque esa cosa se va para afuera el día que pase la basura —asentí hacia la mesa.

Sonrió un poco asintiendo.

—De hecho había considerado en usar un martillo.

Me reí inclinándome para besarla.

—Me agrada la forma en que piensas. Su crimen debería ser castigado con la muerte, ¿eh?

—Sí. Nada lastima a nuestra pequeñita y vive para contarlo.

—Pero envolverla con plástico de burbujas sigue siendo mucho, ¿cierto?

Se encogió de hombros.

—Creo que lo venden por metro.

Nos reímos suavemente y pasé mi brazo sobre sus hombros cuando recostó la cabeza en mi hombro. Nos quedamos sentados por hora y media viendo a Pequeña dormir. Incluso aunque odiaba con toda mi alma que se hubiera lastimado, Pequeña se había parado por sí sola hoy. Era un gran paso y de verdad no estaba listo para eso. Habría más tropiezos y probablemente unos cuantos moretones, pero tendría que dejarlo que pasara.

Pequeña estaba creciendo y yo tenía la sensación de que me saldrían canas a causa de eso.


Pequeña ha dicho su primera palabra y contrario a lo que muchas creían, no fue mamá. Aun así no pierdan las esperanzas, todo llega a su tiempo.

¡Muchas gracias por todos sus comentarios! ^^

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