Veintiocho: Confusión.

Al colocarse en el tatami, Aoi observó con mucha atención a Haruto, quien movía las manos casi de forma imperceptible, en claro signo de nerviosismo. Se preguntó si Hiroshi le comentó de lo que podía ser capaz…

Sacudió la cabeza. Su amigo nunca haría algo semejante.

—¿Listos? —inquirió el árbitro enmascarado, mirando a ambos por turnos —¡Comiencen!

Antes que Aoi supiera qué pasaba, se sintió incómodo.

Húmedo.

Fijó los ojos en Haruto, cuya expresión de concentración era atípica en ella (al menos por lo que decían los datos de Kuroi) y frunció el ceño, haciendo una floritura para aparecer en su diestra una larga katana de hoja delgada. Al prepararse para atacar, vio a su oponente hacer un mohín de disgusto, antes de aferrar la varita mágica en la diestra y una kunai en la zurda.

Momento, ¿ella podía…?

El primer hechizo pasó rozándolo por la izquierda, ya que apenas pudo procesar el detalle que tenía enfrente antes de moverse por mero instinto. Al menos algo bueno salía de tener por líder de equipo a una hinoichi que lanzaba llamaradas en todas direcciones sin avisar.

—Cerca —musitó Sorairo en el mirador, arrugando la frente, incapaz de comprender.

Su prima normalmente no tomaría desprevenido a alguien como Aoi, ¿qué estaba ocurriendo?

—¿Así que de eso estabas hablando? —oyó que preguntaba Hikari.

Con discreción, Sorairo giró los ojos hacia los dos miembros de Nagareboshi que estaban allí, junto a su sensei, aunque casi enseguida, por mera costumbre, sus ojos se quedaron en Hiroshi, a quien vio asentir sin decir palabra y sin dejar de observar el tatami.

¿Qué estaba pasando allí?

—Me sorprende —comentó Hikari, mirando a su compañero de equipo no con desconcierto, sino con serenidad —Más considerando que sus elementos no se llevan.

—Ella me lo pidió… Demasiadas veces —acotó Hiroshi con cierto fastidio.

—¿Le servirá contra Aoi–san? —inquirió Hyumaki con voz dudosa.

Hiroshi se encogió de hombros.

En el tatami, los combatientes estaban de lleno metidos en un duelo mágico que, de manera increíble, dejaba como juego de niños aquel que tuvieron Hiroshi y Subaru, aunque los hechizos no fueran ejecutados con la misma rapidez. Lo sorprendente era que Haruto, que según sabían los informantes presentes, había sido de las más rezagadas de su generación en Hoshikino, pareciera conocer prácticamente todos los conjuros que contrarrestaban a los de Aoi, lo que a él, por cierto, empezaba a enfadarle.

—¿De dónde sacaste el arsenal mágico, Haruto–san? —preguntó, lanzando otro rayo de luz.

Haruto no contestó enseguida. Agitó la varita y el ataque de Aoi se desbarató, como si hubiera chocado contra un domo invisible.

—De donde se sacan todos los hechizos, ¿sabes? —soltó ella, lanzando la kunai.

Aoi blandió la katana y las armas chocaron, desviando enseguida la kunai a su derecha. El chico se preguntó si ella le arrojó el arma por desesperación, pero cuando la vio sacar una shuriken y afianzarla con firmeza con la mano izquierda, supo que no debía tomarla a la ligera.

—Pero los ninkei no puedes aprenderlos si no eres de un clan —aseguró.

Dejando a Haruto levemente sorprendida por el comentario fuera de lugar, Aoi alzó la katana y se lanzó al ataque. No se detuvo ni cuando Haruto lanzó la shuriken, se limitó a ladear la cabeza, aunque sintió un roce en la mejilla.

Eso solo confirmaba sus sospechas.

—¿Ambidiestra? —Sorairo se giró hacia Kuroi —¿Por qué no lo sabíamos?

—Líder, si no lo sabías tú…

—¿Eso qué tiene que ver?

—Es tu prima; por lógica, cualquiera creería que lo notaste en algún momento.

El silencio se hizo en el mirador donde se hallaban los equipos novatos y sus senseis. Sorairo se veía con ganas de quemar a Kuroi lenta y dolorosamente.

—¿Y por ser su prima debo saber cada mínima cosa de ella? —espetó finalmente.

—¿Sabes qué? Es una lata explicártelo ahora, líder. Mejor veamos el combate, no vayamos a perdernos algo importante.

Sorairo refunfuñó y miró de nuevo el tatami.

—Justo cuando Haruto–chan empezaba a caerme bien… —musitó Hokuto.

—¿Hablas en serio? —se sorprendió Sekai.

—No, ¡solo bromeaba! Haruto–chan es simpática.

—Pobre Haruto–chan, lo que tiene que aguantar… —musitó Hebi, que como buena practicante de artes marciales, respetaba a quienes la vencían limpiamente.

—¿Soy yo o Haruto–chan le cae bien a otros, aparte de nosotros? —soltó Hikari.

—¿Es raro? —preguntó a su vez Hiroshi.

Hikari negó con la cabeza, aunque tomó nota mental de que Hiroshi, increíblemente, no veía inusual que su alborotada compañera fuera apreciada por gente que normalmente no convivía con ella y, por lo tanto, la conocía más bien poco.

Un sonido metálico particularmente fuerte puso a todos en alerta.

Aoi había ido intercalando pases de katana con encantamientos, lo cual ponía a Haruto en aprietos, haciéndola reaccionar rápida pero erráticamente. Los conjuros de la castaña ya no estaba cerca de dar en el blanco y por lo visto, hacía rato que se le habían terminado las armas.

Al menos eso pensó Aoi al embestirla con su katana y chocar contra la última kunai que parecía quedarle a su contrincante.

—Le haces honor a tu posición —aceptó Aoi, sonriendo de lado.

Haruto parpadeó repetidas veces, con aire sorprendido, antes de volver a concentrarse.

Esa reacción, según el chico, era de lo más extraña, pero la dejó pasar. Ejerció más presión con su katana, al tiempo que concentraba su energía mágica para realizar un mahojutsu elemental simple, el cual actuaría sobre las shuriken que llevaba en una bolsa colgada a su cintura. Pero al cabo de unos segundos, deshizo el encuentro entre su katana y la kunai de Haruto, tanteando con la mano libre el interior de su bolsa. Lo que sintió lo dejó atónito.

—¿Pretendías algo mojando mis shuriken? —quiso saber.

Observó a la castaña con detenimiento, Ahora comprendía por qué su líder se desesperaba tanto al tratar con ella, pues no podía ver una lógica en sus acciones. Sin embargo, eso no iba a detenerlo, no cuando tenía la inusual oportunidad de ascender de rango pese a ser un novato.

Volvió a concentrarse para realizar el mahojutsu elemental que tenía planeado, en tanto Haruto daba unos pasos hacia atrás y agitaba la varita con un ademán firme. Enseguida, las kunais y shuriken que antes arrojara contra su rival, volaron en su dirección. Ella, moviendo la varita cual batuta, dirigió las armas sin ningún problema a sus respectivas bolsas. A esas alturas, Aoi estaba más que impresionado. Y por los amortiguados sonidos que le llevaban desde el mirador, no era el único.

—Haruto–chan tiene que enseñarme a hacer eso —soltó Hokuto, sonriendo.

—Es un hechizo convocador simple —indicó Hikari, sonriendo de lado ante la cara incrédula del resto de los novatos a su alrededor.

—¿Estás bromeando? —espetó Sorairo, desdeñosa —Un Accio es demasiado directo para…

—¿Para que el objeto convocado sea dirigido? —concluyó Hikari, ya sin sonreír. Sin que nadie se lo explicara, Hiroshi y Hyumaki dieron un diminuto paso hacia atrás, alejándose de su líder —Permite que te recuerde, Sorairo, que los mizunobis son inusualmente diestros en los mahojutsos de movimiento. La teoría es que, controlando un elemento tan flexible como lo es el agua, lo demás les parece pan comido.

—¿Y?

Hyumaki se encogió un poco, con una ligera mueca, mientras que Hiroshi meneó la cabeza de forma apenas perceptible, sin desviar los ojos del tatami.

—No eres tan lista como indica tu expediente —indicó Hikari, encogiéndose de hombros de forma tan despreocupadamente falsa que ahora también el resto de los novatos se pusieron en guardia —Y me sorprende que, estando ligeramente en contra de la estructura de ciertos clanes mágicos, no puedas comportarte como la pariente que eres e interesarte un poco por la suerte de tu prima que, dicho sea de paso, está a punto de vencer a tu estratega.

—¡Haruto nunca…! —comenzó Sorairo.

No pudo terminar la frase. La mirada airada y penetrante de Hikari la cortó en seco, sintiendo que se quedaba sin aliento ante semejante expresión mostrada por una joven que, por lo general, apenas se alteraba.

—Haruto nunca perdería contra un tetsunobi —completó Hikari, sonriendo de nuevo, pero esta vez de manera sarcástica —Tiene ventaja elemental y, aunque no lo creas, sabe más sobre hechizos poco comunes que todos los aquí presentes, excepto quizá nuestros senseis.

—¿Cómo puedes estar tan segura?

—Yo se lo dije —intervino Hiroshi de pronto, sobresaltando a todos, ya que apenas se había movido lo suficiente como para apoyarse en el barandal y mirar mejor el combate —Hikari —llamó con tono firme —Está hecho —avisó.

La aludida se apresuró a colocarse justo a laderecha de su compañero, observando qué era lo que había captado su atención. Alcanzó a ver la mueca de asombro de Aoi al tantear las bolsas donde cargaba sus kunais y shuriken, las cuales goteaban.

—¡Ah, con que de eso se trata! —exclamó Uma repentinamente, con los labios apretados de tal modo que se notaba su intento por contener la risa.

—¿Sabes que hizo? —se interesó Hebi, curiosa.

—Espera, deja que Haruto–chan gane su combate y te lo explico.

Hebi asintió, un poco fastidiada, regresando su atención al tatami.

En ese momento, Aoi volvió a atacar con su katana, abriendo y cerrando los dedos que sostenían su arma, solo para darse cuenta de que estaba ligeramente húmeda. Sin detenerse a pensar en el motivo, lanzó un tajo con tal rapidez que dudó que su rival lo esquivara.

No se equivocó. Haruto intentó evitar el golpe colocándose de perfil, pero no logró hacerlo antes de que la hoja rozara su antebrazo, que no tardó en sangrar. Haciendo una mueca de dolor que casi enseguida desvaneció, la chica frunció el ceño, lanzó un par de hechizos con la varita y con la mano libre, realizó una floritura aparentemente sin sentido.

Aoi eludió los hechizos con un encantamiento escudo y volvió a la carga, usando la katana a una velocidad sorprendente, sin querer admitir que comenzaba a impacientarse más de la cuenta. Haruto no estaba resultando tan fácil de vencer como presagiara Sorairo. Cierto era que no le creyó del todo a su líder, más porque la información reunida por Kuroi la contradecía en varios puntos, pero le resultaba incomprensible que la joven fuera tan hábil al enfrentarlo, más si no tenía armas con las cuales detener su espada ninja de forma efectiva.

Armas… Apenas lo recordó, el estratega de Chi maldijo mentalmente y tuvo que alejarse del rango de alcance del puñado de shuriken que Haruto le lanzó. Sin embargo, eso causó que girara y tuviera que perderla de vista por un segundo, mientras reorganizaba sus ideas. Debido a eso, casi no vio venir el siguiente ataque.

Casi. Un destello en su visión periférica lo puso en alerta y por instinto, cubrió la hoja de la katana con magia y la alzó, justo a tiempo para que contra el arma chocara una esfera azulada. Se quedó atónito por un segundo, viendo que la esfera estaba compuesta por un remolino de agua que giraba sin parar, antes que, frente sus ojos, incrementara su volumen y se ladeara hacia su derecha, lo suficiente como para que el filo de la espada ninja dejara de contenerla y pudiera estrellarse en su hombro.

El dolor de aquello no tenía comparación, aunque lo que más le sorprendió fue sentirse de repente acalorado, sediento… Seco. Respirando con dificultad, se llevó la mano izquierda al hombro golpeado, empapado y caliente, antes de decidirse a usar sus shuriken con magia ordinaria, blandiendo la varita.

Pero las armas arrojadizas no salieron de sus bolsas. Aoi se quedó tan sorprendido ante eso que lo tomó completamente desprevenido el hechizo aturdidor que lo golpeó por el lado izquierdo de la cara y lo tiró al suelo. Un pasmado silencio se hizo en el lugar, aunque solo duró unos pocos segundos, antes que el árbitro se acercara al caído y lo examinara brevemente. Se aclaró la garganta al enderezarse.

—Aoi, estratega de Chi, no puede continuar —anunció el árbitro con solemnidad —La victoria es para Haruto, elemento sorpresa de Nagareboshi.

—Listo, ya acabó, ¿qué hizo? —preguntó Hebi con rapidez.

Los demás novatos en el mirador también mostraron su curiosidad, aunque Sorairo fingiera estar atenta a cómo los sanadores sacaban a Aoi del tatami en camilla.

—¿Sabes qué materias optativas llevó Haruto–chan en Hoshikino? —inquirió Uma, dirigiéndose exclusivamente a su compañera de equipo, aunque sabía que tenía más público.

—Pues… No, no la recuerdo bien de la escuela —admitió Hebi, avergonzada.

—Yo sí. Me abordó un par de veces, preguntándome por unas fórmulas.

—¿A ti? Espera… Tú llevaste… ¿qué, tres optativas?

—Cuatro —corrigió Uma, sonriendo de lado —Ahora, ¿cuál crees que tenía en común con Haruto–chan? Tomando en cuenta cómo es ella, la respuesta es fácil.

Casi todos los demás novatos se hicieron la misma pregunta. Lo cual era raro, considerando que eran de la misma generación que Haruto.

—Alquimia —para sorpresa de todos, fue Hiroshi quien contestó.

—Exacto —Uma, frunciendo el ceño, siguió su explicación —En Alquimia te enseñan Química, con la cual los mahonashin explican varios de los fenómenos que suceden a nuestro alrededor. Haruto–chan era muy buena en esa asignatura, o eso escuché, nunca me decía sus calificaciones —el informante de Zoo agitó la cabeza —Como sea, una de las cosas que aprendemos allí es que los mahonashin nunca habrían podido transmutar nada en oro porque carecían de magia, la cual es uno de los ingredientes secretos de la Alquimia. Con la poción o el hechizo indicado…

—¿Eso qué tiene que ver con…?

Uma miró a Sorairo de mala manera y ella, por lo visto, recordó que era un ninja de fuego como ella, y uno muy temperamental, por lo que torció la boca y se calló.

—Haruto–chan inhabilitó los mahojutsus elementales que Aoi–kun hubiera aplicado en sus armas —indicó Uma, sonriendo cuando notó que pocos entendían de qué hablaba —A ver, cuando Sekai–san peleó contra Pinku–san, ¿cómo movió sus armas?

—¿Con magia? —indicó Hebi, escéptica.

—Sí, pero no era magia ordinaria, ¿verdad, Sekai–san?

—No, era magia elemental —confirmó la informante de Ginga.

—Exacto, porque es más fácil manejar así las cosas hechas con el elemento que manejas. Por eso los tetsunobis son prácticamente invencibles en peleas con armas. Seguramente Aoi–kun puso unos cuantos mahojutsus elementales en su arsenal para poder usarlo sin tener que ocupar las manos, ¿o me equivoco?

Uma miró al resto del equipo Chi, cuyos miembros asintieron de mala gana.

—La Alquimia es transmutación de la materia. De toda la materia —indicó el hinobi, orgulloso de mostrar los conocimientos que tenía, con lo cual los demás recordaron que, de hecho, era de un curso superior al suyo en Hoshikino —La magia no escapa de ese principio. Haruto–chan oxidó los mahojutsus de Aoi–kun

—¿Oxidó los mahojutsus? —dejó escapar Subaru, visiblemente atento, aunque confundido.

—Ajá. ¿Saben qué le pasa al metal cuando se oxida?

—¿No estabas hablando de magia? —espetó Sorairo.

—Magia elemental —recalcó Uma, ignorando el mal humor de la hinoichi —El óxido de un metal es diferente al metal en sí. En este caso, Haruto–chan usó su propia magia elemental para alterar la de Aoi–kun, ¿por qué creen que sus bolsas de armas estaban todas mojadas?

—Oxidó los mahojutsus de nuestro estratega —soltó Kuroi, comprendiendo por fin la expresión, para luego fruncir el ceño —¿Por eso no usó ningún shuriken?

—No podía, al menos no con magia. ¿Vieron el último pase de varita que hizo? Apuesto todas mis túnicas a que también oxidó las shuriken.

—¿Y eso qué? —quiso saber Sorairo —Un arma oxidada es incluso más peligrosa. ¿Por qué…?

—¿Por qué no la usó? Otro principio de la magia es que tu mente influye en la ejecución. ¿Alguno hizo el nivel Saigo (1) de Encantamientos? Supongo que sí, porque no estarían aquí si no hubieran siquiera aprobado el nivel Saisho (2).

Hikari levantó la mano, intuyendo a dónde quería llegar Uma. El resto de los novatos, poco a poco, mostró su respuesta afirmativa como mejor pudo. Y era lógico, ya que Encantamientos resultaba una materia imprescindible en la vida diaria de los alumnos de Hoshikino, sin importar la profesión que eligieran al graduarse.

—¿Entonces…? —comenzó Tsuru, con un tono de voz que indicaba lo recelosa que se sentía de su propio pensamiento —¿Haruto–chan se aprovechó del efecto de la magia convencional?

—Eso creo. La magia convencional funciona en lo que está en condiciones "normales" —Uma enfatizó la última palabra con ambas manos, moviendo los dedos para entrecomillarla —Si se alteró alquímicamente lo que vas a hechizar, la magia convencional no sirve, no al primer intento. Por eso Aoi–kun no pudo hacer nada con la varita, olvidó ese principio. Hiroshi —llamó el hinobi inesperadamente —¿Tu amigo llevó Encantamientos?

El aludido asintió, frunciendo el ceño, claramente disgustado porque creyeran que Aoi no había sido un estudiante destacado en Hoshikino.

—Ah, entonces seguramente tu compañera lo sacó de quicio y no recordó lo básico.

—Haruto–chan tiene esa… peculiaridad —indicó Hikari con mesura.

—¿Qué cosa?

Haruto acababa de llegar al mirador, acomodando la varita en la funda que le colgaba a la cintura y sacudiéndose la túnica. Miraba a su alrededor con genuina curiosidad, para luego fijarse en su equipo y su sensei.

—¿Estuve bien? —preguntó enseguida —Aoi–kun es muy bueno, ¿saben? Creí que casi me…

—Haruto —llamó Tenshi con su ecuánime voz —¿Por qué no fuiste a la enfermería?

—¿Eh? ¡Ah, esto! —la castaña llevó una mano al corte del antebrazo que le hizo Aoi —No es nada, ¿sabe? La katana estaba envuelta, pero como iba rápido…

—¿Envuelta? —se extrañó Hikari.

Haruto asintió enérgicamente con la cabeza.

—La envolví en agua para oxidarla, ¿sabes? —aquello confirmó la anterior explicación de Uma, lo cual sorprendió a varios, aunque no tanto como lo que siguió —Pero no completé el proceso porque usé el agua para el Uzusuikyuu (3).

—¿Ya te apropiaste de ese mahojutsu? —se escandalizó Sorairo.

—¿Eh? No, yo…

—¡Eres el colmo! ¡Ni siquiera la usas como es debido!

—Pero… Sorairo, el mahojutsu estaba…

—¡No importa! No vuelvas a usarla, ¡nunca!

—Tensai, controla a tu alumna —indicó Tenshi con voz apenas audible.

Contrario a la costumbre, la sensei de Chi no discutió, sino que apoyó una mano en el hombro de Sorairo con increíble fuerza, antes de apartarla del grupo.

—¡Eso fue estupendo, Haruto–chan! —felicitó Hebi enseguida.

La nombrada, dando un respingo, dejó de mirar a Sorairo y se enfocó en la estratega de Zoo, dedicándole una vaga sonrisa de agradecimiento. Se veía un tanto decepcionada, aunque nadie podía adivinar la razón.

—¿En serio? —inquirió la castaña tímidamente.

—¡Claro! Aoi no sabía ni qué hacer.

—Un verdadero elemento sorpresa no es predecible al cien por ciento —indicó de repente Same, sobresaltando incluso a sus propios compañeros de equipo.

—¡Es verdad! Eso me dijo Hiroshi–kun una vez, ¿sabes?

Same hizo una visible mueca de aversión ante la mención del estratega de Nagareboshi, para luego asentir en silencio y no dijo más al respecto.


(1) En japonés, saigo literalmente significa último.

(2) Saisho quiere decir el principio, el primero.

(3) El vocablo está compuesto por uzu (remolino), sui (otra de las pronunciaciones del kanji de agua) y kyuu (pelota). Su significado aproximado sería Pelota de Agua en Espiral.


5 de junio de 2013. 9:07 P.M. (Hora de Aguascalientes, Ags. México).

Eh… ¿Alguien recuerda este fic? No lo creo, la verdad (Bell rueda los ojos). Como sea, a veces me pongo a transcribir el borrador, solo por diversión, intentando avanzar para ver si, escribiendo directamente en Word, me da más inspiración y logro terminarlo. Porque vamos, en la Saga HHP he dado spoilers monumentales de este spin–off y quiero alcanzarlos, ¿qué opinan?

De hecho, este capítulo fue directamente escrito en la computadora, ya que aquí se quedó el borrador en papel. Como ya tenía el emparejamiento, solo desarrollé la pelea, demostrando el por qué un elemento sorpresa de un equipo ninja no debe ser tomado a la ligera.

Seguramente nadie esperaba que Haruto le ganara a Aoi, ¿o sí? Aproveché que no mostré la pelea de Aoi en la primera eliminatoria, aunque se dio la explicación de por qué es tan bueno con las armas. Sin embargo, Haruto es, literalmente, una sorpresa andante, y subestimarla le costó caro al estratega de Chi. Falta saber la razón por la que Sorairo no quiere que Haruto use su nueva técnica, aunque tratándose de la kunoichi de fuego, debe ser una tontería. Y por si se lo preguntaban, sí, Haruto se decepciona porque en vez de una palabra de ánimo, Sorairo le muestre cuánto la fastidia.

Me entusiasmé con la explicación de Uma, lo admito, pero más o menos ya tenía pensado todo ese rollo como parte de la razón por la que Haruto venció a Aoi. Seguro con eso también se acordaron que Uma es un rezagado (alguien que entró al Escuadrón Ninja al hacer el examen de admisión por segunda vez), y seguro no fue mal estudiante, al menos no en Alquimia, ya que todavía recuerda todas esas cosas. Además, su explicación reveló que Haruto, en la escuela, también llevó esa asignatura, todo porque no me resulta difícil imaginarme a la castaña en un aula llena de pociones y convirtiendo piedras en diamantes (por dar un ejemplo).

En cuanto al nombre que da Haruto al que ahora es su mahojutsu… Bueno, pienso que encaja con su personalidad (¿quién no imagina a esa chica jugando con una pelota de vez en cuando?), además de ser bastante descriptivo.

Cuídense mucho y nos leemos a la próxima.

Nota al 23 de junio de 2015: este capítulo está dedicado a HikaruWinter, debido a que es su cumpleaños. ¡Muchas felicidades!