Dadle al play. Canción en mi blog.
#28#
La oscuridad se cernía a su alrededor impidiendo vislumbrar nada de lo que le rodeaba. Edward caminaba a tientas con paso inseguro a pesar de apoyarse en su pequeño bastón. No percibía sonido alguno, tan sólo el aroma dulce y embriagante de rosas y arbustos le permitía intuir que probablemente se encontraba en el jardín interior de la casa Cullen.
Sin saber muy bien cómo había llegado hasta allí ni tampoco hacia dónde se dirigía, Edward continuaba su camino. Sus manos palpaban algunos de los robustos troncos de los árboles que se hallaban custodiando los hermosos y fructíferos rosales que a su madre Esme, le encantaba cultivar.
En su último paso, el joven de ojos verdes resbaló perdiendo el equilibrio por unos instantes, pero pudo sujetarse a una de las finas ramas que caían hacia abajo.
-¡Ay! ¡Mierda!- exclamó llevándose uno de sus dedos ensangrentado a la boca. Edward se había cortado la yema de su dedo índice al ir a sujetarse con aquella rama; y su báculo había quedado tirado a ras del abeto-.
Cuando iba a despotricar todo tipo de insultos hacia aquél, los tenues sollozos de alguien, que se encontraba por allí cerca, hicieron que Edward olvidándose su propósito inicial; y se encaminase hacia lo más profundo de aquel inmenso jardín.
A su paso encontró un gran número de mesas redondas todas preparadas para lo que debió haber sido una gran fiesta. Había un sinfín de globos de colores a los lados; sobre las mesas había abundancia de platos con restos de tarta o pastel de chocolate. Y en el centro del jardín, pudo ver una gran carpa toda rodeada de luces blancas donde vio el suelo cubierto de serpentina de diversos colores y formas, junto a gorritos de colores puntiagudos. Sin duda había tenido lugar una festividad pero entonces, ¿quién estaba llorando? ¿Y por qué?
Edward se dispuso a entrar hacia la zona más oculta de aquel inmenso patio. Tras varias vueltas de aquel laberinto verdoso, escuchó nítidamente el llanto desesperado de alguien que continuaba rondando cerca del último árbol.
No pudo distinguir de quién se trataba hasta que no se aproximó hasta allí.
Ante sus ojos se encontraba una joven morena de ojos chocolate; los cuales permanecían tristes sin brillo y enrojecidos; por las lágrimas que seguían cayendo por sus mejillas pálidas.
Se acurrucaba apoyada sobre el tronco de aquel robusto árbol, con sus piernas fuertemente sujetas hacia su pecho y con ambos brazos enlazados sobre sus rodillas.
El dolor y la desesperación se palpaban haciendo que un frío demoledor recorriese todo su cuerpo.
Sin saber cómo ni porqué Edward se aproximó raudo hacia aquella joven que no tenía más de quince años. Y sin decir nada, la envolvió con sus brazos haciendo que su cabeza quedase apoyada sobre su pecho. Donde la muchacha siguió sumida en su tristeza y derramaba lágrimas sin control haciendo que su camisa de color añil se humedeciese allá donde el líquido caliente y salado desembocaba.
Una vez que la chiquilla se hubo repuesto un poco exclamó:
-Lo siento, Edward, te estoy mojando tu camisa- dijo compungida y sujetando sutilmente la prenda para mostrársela- No debí…- Edward la miró a sus ojos y con un leve movimiento de cabeza, le restó importancia-.
-No pasa nada, Bella,- contestó- ahora que estás más tranquila, ¿me dirás a qué se debe esta gran pena, pequeña? ¡ Hoy es tu cumpleaños y tendrías que estar feliz, sonreír! Y en lugar de eso te encuentro aquí sola, abatida, y triste… Por favor, dime qué ha pasado, pequeña, ¿a caso no te ha gustado tu fiesta de tu decimoquinto cumpleaños? ¿Alguien te ha molestado? ¡Ah, ya sé… ha sido Emmet!- dijo levantándose haciendo el amago de dirigirse en busca de su hermano mayor-.
-No, Edward.. Emmet no…- replicó con voz entrecortada y sujetándole fuertemente de la solapa para impedir que se alejase de ella, de nuevo las lágrimas hicieron acto de presencia.
Edward la abrazó fuertemente sobre su pecho, intentando calmar torpemente con sus largos dedos el torrente de lágrimas que seguían inmutables su camino.
-Bella, por favor, dime qué es aquello que te aflige de esta manera…- imploró desesperado- No puedo soportar ver llorar una niña tan tierna y dulce como mi hermanita- dicho esto alzó su cara para que sus miradas quedasen a la misma altura. La adolescente de ojos café se quedó en silencio por unos segundos, sopesando el modo adecuado de explicar el porqué de su llantina-.
-Edward yo…- su timidez le impedía encontrar las palabras para no sentirse tan cohibida ante aquella mirada tan intensa de su parte, la cual no dejaba de enfocarla ni un segundo- es que… echo de menos a mis padres, Edward. Todos los años íbamos juntos a cenar al restaurante de Kachiri y después pasábamos la noche en familia junto a Jake, sus padres los tíos Billy, Jade y sus hermanas Jade y Laila- en su voz se podía sentir una gran tristeza- Y hoy, será la primera vez que ninguno de ellos,…Charlie y Renee no estarán aquí conmigo y… No puede decirles adiós- explicó-.
-Entiendo. Te propongo algo- dijo esperanzado Edward-.
-¿Qué cosa?- preguntó Bella, la cual sintió una gran curiosidad al ver el brillo intenso en sus pupilas esmeralda-.
-¿Qué te parece si cuando tú estés lista fuésemos juntos para visitarlos y así poder despedirte de ellos?- la morena sólo le regaló una tímida sonrisa triste agradecida ante tal gesto tan inesperado-.
-¿De verdad harías eso por mí, Edward?- inquirió sorprendida y mirándole directamente a sus ojos para comprobar si le estaba mintiendo. No podía creer que él, un muchacho al que apenas conocía de unos cuantos meses, tuviese para con ella un gesto tan hermoso y desinteresado-.
-¡Claro que sí!- replicó con convencimiento y un leve rastro de contrariedad ante su sorpresa- Tú eres mi hermanita, Bella. Y haría cualquier cosa por ti, pequeña. Nunca más estarás sola- dicho esto la tomó en volandas y la llevó hacia la casa-.
-¿Qué haces?- `preguntó desconcertada-.
-Vamos dentro; es tarde, hace frío y estás helada; así que, no permitiré que cojas un resfriado por permanecer aquí a la intemperie por más tiempo.- contestó con una gran sonrisa torcida que hizo que diese un vuelco el adolorido corazón de la joven-.
-Pero...- Bella intentó replicar. Mas poniendo dos dedos sobre sus labios enrojecidos por el frío, el cobrizo instauró el silencio en un instante-.
-No te preocupes, no nos verá nadie.- dijo guiñándole un ojo como si hubiese leído su mente- Te enseñaré un pasadizo secreto…- Bella abrió sus ojos como platos por la sorpresa; pero no emitió sonido alguno sino que se dejó guiar en brazos de Edward. Disfrutando del calor que le proporcionaba su cercanía, porque tal y como él había intuido estaba helada-.
Atravesaron la cocina que estaba perfectamente recogida y sobre la gran mesa blanca había todos los platos y cubiertos limpios y secos; listos para ser usados una vez más para otro evento en la casa.
Subieron la escalera del servicio dando una pequeña luz para no caerse, sin hacer prácticamente ningún ruido. Parecía como si el resto de los inquilinos de la mansión hubiesen salido o se hubiesen ido a descansar hace tiempo.
Al llegar al último escalón, Edward giró hacia la derecha y atravesó una puerta enorme de madera, justo después de haber apagado el interruptor de la luz de las escaleras. La sala en la que se adentraron se trataba de la biblioteca del ala oeste, donde podía verse un gran número de estanterías que llegaban desde el suelo al techo; todas repletas de libros de medicina, ciencias, literatura clásica, y moderna en el lado izquierdo; en el lado derecho, estaban llenas de películas de acción, intriga, romance o comedia.
Bella no había estado nunca sobre esta parte de la casa y se sorprendió mucho al ver una sala semejante. Sonrió sin apartar su mirada de todo lo que alcanzaba.
No puedo evitar exclamar:
-En esa biblioteca puedo estar horas y horas…- Edward sólo sonrió y asintió-.
Minutos después salieron hasta un gran pasillo que permanecía débilmente iluminado por lo que parecían ser las luces de emergencia. Probablemente se había ido la luz mientras ambos atravesaban la gran sala anterior.
-Ya hemos llegado.- informó Edward atravesando una puerta y colocándola sobre una mullida cama-, Buenas noches, Bella- dijo besándola dulcemente sobre la coronilla y cubriéndola con la colcha de color azul celeste-.
-Edward…- le llamó cuando éste ya se iba entornando la puerta suavemente-.
-Dime. – respondió regresando a su lado en dos pasos-.
-Quédate conmigo hasta que me duerma..- le pidió con sus mejillas en un rojo borgoña intenso. Pero Edward no lo percibió al estar en penumbra- por favor, no quiero estar sola-.
-Duérmete, princesa, estaré aquí hasta que te duermas…
-¡Edward, hijo!- se oyó la voz de Esme que subía las escaleras-.
Edward se encontraba dormido sobre su piano en una postura muy poco recomendable para su cuello. La noche anterior se había encerrado en aquella sala donde permaneció practicando hasta caer rendido.
Esa había sido su rutina en una semana tras su "cita" con Irina. Todas las noches, una vez se aseguraba que las niñas dormían, se adentraba en la sala del piano donde practicaba durante horas.
-¿Te quedaste dormido sobre el piano?- preguntó extrañada. Lo que provocó que el bello durmiente se sobresaltase y removiese haciendo que las teclas sonasen de forma estridente-.
Mientras su madre esperaba una respuesta con los brazos cruzados sobre el pecho, Edward observaba todo a su alrededor como esperando encontrarse en otro lugar o buscase algo o a alguien.
Una vez escrutó todo el lugar aún medio adormilado, se volvió hacia Esme e inquirió:
-¿Dónde está…Bella?- preguntó en un susurro que no se escuchó- ¿Qué ha pasado? ¿Para qué me buscabas, mamá?- seguido a esto intentó espabilarse un poco y bostezó sin poder evitarlo. Se sentía terriblemente cansado y al mismo tiempo con una inmensa alegría y desasosiego en su corazón a los que no encontraba lógica alguna. Cada noche había estado soñando con la misma joven: Bella; la cual se desvanecía entre la bruma una vez despertaba-.
-Hijo, te estamos esperando para desayunar.- replicó- En tres horas sale el avión y aún no has hecho la maleta.
-¿Avión a dónde…?- Edward no comprendía nada-.
-A Forks.- contestó escuetamente Esme que continuaba esperando que su hijo menor se levantase y saliese de su aturdimiento-.
-¿Forks? Pero…- rebatió-.
-Pero nada, Edward. Anoche estuvimos comentándolo en la cena ¿recuerdas? En unos días comienzan las vacaciones de primavera1, y puesto que Jake nos ofreció pasar una temporada en su casa con su familia, hemos decidido aceptar su invitación. Forks en un lugar tranquilo, apacible, donde las niñas podrán disfrutar de la naturaleza, el aire puro… además, hace tiempo que Billy y Carlisle no se reúnen y seguro que estarán encantados de pasar tiempo juntos, son viejos amigos. Y por último, aprovecharemos para pasar tiempo todos juntos. Y cuando digo todos, me refiero especialmente a ti- contestó lanzándole una mirada intensa- Y puesto que estás libre de compromisos vendrás con nosotros, jovencito.- indicó Esme en un tono que no admitía discusión posible. Edward permanecía atónito e inmóvil sobre el pequeño taburete-. ¡Vamos! ¿Qué esperas? Ve a darte una ducha y después bajas a desayunar, mientras te prepararé el equipaje.
No entendía a qué venían tantas prisas por ir aquella ciudad cuando según le habían dicho llevaban años sin aparecer por allá. Pero a pesar de sus interrogantes, hizo lo que su madre le había pedido. En tan sólo diez minutos estaba listo y trastabilló hacia el piso inferior ataviado con un simple suéter rojo de mangas cortas y unos vaqueros raidos, sus favoritos. Tras varios intentos de peinarse su rebelde cabello broncíneo, lo había dado por causa perdida.
Traspasó la gran puerta de madera que conducía a la cocina. Sara saltó a sus brazos entusiasmada ante la idea de pasar sus vacaciones en Forks; pues, según le había prometido Jake, conocería a la pequeña Kate, su pupila.
-¡Papá, papá! ¿Ya estás listo?- le asaltó esperanzada. Edward besó a su hija mayor en la mejilla y se sentó en una de las sillas que había libres para poder desayunar- ¿Tú también vendrás, verdad?- le volvió a insistir al ver que no contestaba a sus preguntas-.
-Sí, princesa. Iremos todos- respondió con una sonrisa torcida-.
-¡Bien!- exclamó efusivamente y le besó en su mejilla- Pues date prisa, papá, o llegaremos tarde- le apremió segundos antes de salir disparada por la puerta rumbo al jardín. Edward que estaba comiendo el último bocado de su tostada, se echó a reír con una gran carcajada; pues hacía tiempo que no veía a su pequeña tan feliz, y eso le tenía preocupado después de lo que pasó en la casa-.
Justo en aquel momento Carlisle atravesaba la puerta de la cocina con gesto adusto y preocupado en su semblante. Había estado conversando por teléfono con Jacob para comentarle su pronta visita para que todo estuviese listo en la casa Swan el día de su llegada. Pues hacía años que no habían estado por allá.
Pero las noticias que Jake le tenía reservadas no eran nada halagüeñas.
Por lo que continuaba dándole vueltas a su conversación de minutos antes:
«Carlisle…- susurró como si así evitase alterar su ánimo con los datos que le presentaría- Anoche me llamó el doctor Geraldy, y me dijo que la evolución de la paciente Masen es cada vez más crítica…- el señor Black tomó aire y lo expulsó lentamente para serenarse- El plazo de Bella se ha reducido a unos quince días. Mi prima se muere, Carlisle…- al pronunciar la última frase, su voz se rompió-.
El silencio fue la única réplica ante aquello por unos minutos, como si la línea de teléfono se hubiese cortado repentinamente…
-Gracias, Jacob- contestó con dolor en su voz- pero aún no me rindo. Bella es fuerte, joven y con muchas razones para seguir viviendo- expuso atropelladamente como si intentase convencerse a sí mismo más que a su interlocutor- Hablaré con Sam Uley, que es el director del Hospital de Forks -se había trasladado hacía a penas tres meses antes-, para que esté todo dispuesto…
-¿Qué vas hacer? ¿Qué has pensado?- indagó confuso Jacob-.
-Llamaré a Noah, para que prepare el traslado urgente de centro a la paciente Elizabeth Masen. Para ello tendré que contactar con Vladimir para que dé su consentimiento, no creo que me ponga ningún reparo en ello.- explicó conciso el doctor Cullen-.
-Si lo deseas puedo hablar con él yo mismo, nos vimos ayer en la tarde y me dijo que estaría en Washington recopilando nuevos datos sobre Riley Birds; pues está cooperando en la investigación sobre James Cam con Rachel Clearwater- se ofreció ansioso por sentirse menos impotente ante la situación que se presentaba-.
-Bien, de acuerdo, habla con él y le dices que vaya cuanto antes al Washington Hospital Center debe dar su venia al ser su "familiar más cercano"- dijo con resquemor en su voz. No le gustaba para nada tener que fingir que Bella no era nadie para él salvo una más de sus pacientes. Eso le exasperaba a pesar de saber que era por su propia protección-.»
Había estado durante más de dos horas al teléfono intentando convencer a su inflexible amigo para que Elizabeth o más bien, Bella, fuese trasferida de centro médico; pero, finalmente, gracias a su insistencia y el apoyo incondicional de Vladimir, sería trasladada aquella misma noche.
Y logrado su propósito, informó a Sam de las nuevas:
-Sam, amigo, te llamo para pedirte un gran favor…- le acometió sin rodeos el doctor Cullen-.
-Bien, Carlisle ¿en qué puedo ayudarte? Sabes que puedes pedirme lo que quieras y si está en mi mano…- le incitó a continuar el doctor Uley-.
-Esta misma noche llegará una nueva paciente en helicóptero desde Washington, es Elizabeth Masen. Su estado es crítico, en coma…- explicó escuetamente Carlisle-.
-Bien, ¿y cuál es favor que me solicita, doctor Cullen?- preguntó en tono profesional, pues supo que se trataba de algo importante. A Carlisle se le escuchaba nervioso al otro lado de la línea-.
-Esa paciente debe ser llevada inmediatamente a una habitación privada, debe tener las visitas restringidas y sólo tú y tu personal más cercano deben saber que ella está ahí…- continuó serio-.
-¿Pero, por qué? ¿A qué se deben tantas precauciones, Carlisle? No entiendo…- rebatió perturbado Sam-.
-Lo entenderás todo cuando la veas.- Esa fue su única respuesta- Confía en mí y te aseguro que te estaré eternamente agradecido por todo… Gracias, Sam. Nos vemos pronto-.
Se nos acorta el tiempo por segundos o más bien por capítulos… ¿Llegará a recordar Edward a tiempo a Bella antes de que sea demasiado tarde? ¿Cómo se tomarán la noticia el resto de los Cullen cuando sepan dónde y cómo está Bella?
1 No sé si allí celebran Semana Santa…
