Una cama siempre sería más cómoda que un sofá, de allí a que terminaran de ver la película en la habitación de Yami; les había dado frio, y traer mantas les era molesto, pues solo desordenarían la sala para un ratito no más. De hecho, había sido idea de Tea cambiarse de sitio, por lo que el tricolor trato de no verse tan contento con el asunto.
¿Compartir cama con Tea? Eso sería estupendo. Claro que no lo pensaba en ese sentido pervertido que pudo haber tenido alguna vez, desde que le gustaba la castaña, había dejado de pensar así. Sus hormonas no dejaban de interferir en ciertas situaciones y no negaba la gran atracción que sentía hacia ella, pero por su mente no pasaba ningún sucio pensamiento sobre ella. Sencillamente porque Tea Gradner era una chica completamente diferente a cualquiera con la que se fuera encontrado antes, y sentía que pensar así era una falta de respeto a la confianza que ella le brindaba en momentos así.
¿Cuándo se convirtió en un hombre considerado, y hasta sensible? No estaba muy seguro. Pero eso era bueno ¿cierto?
Continuando con lo sucedido esa noche, se mudaron a la habitación de él. Rieron, comentaron, discutieron, bromearon y se divirtieron mucho, los dos sentados lo más cómodamente posible, abrigados bajo las colchas.
Yami no había olvidado su actitud durante esa semana, no había estado bien con la castaña. Pero no sabía si pedir disculpas, después de todo, no había podido evitar sentirse así. Incluso con Tea y sus amigos, principalmente su hermano y su abuelo, quienes intentaban animarlo y de restarle importancia a lo sucedido con su padre, él no podía fácilmente ignorarlo.
Decían que lo hombres no lloraban, pero él lo había hecho esa noche cuando al fin se quedó solo. No habían sido más de unas pocas lágrimas, agua salada llena de su rabia, y que hacían arder su orgullo, el cual estaba herido; pues no podía creer que aún le afectara esa mirada de desprecio, siendo que ya tantas veces la había visto ser dirigida a él. Le dolía todavía, y eso lo enojaba, pues se sentía débil y vulnerable, como si todavía fuese un niño.
Entonces allí entraba Tea, moviendo su mundo y haciéndole redirigir sus pensamientos, dejando de lado su tristeza para centrarse en algo más importante: un nuevo pretendiente.
La llegada de Yugi y los demás chicos no había sido necesariamente una casualidad, él había obligado a Ryou que la siguiera mientras llegaban los demás chicos, para no perderla de vista. El albino ni siquiera pidió explicaciones, notando su creciente mal humor. Horas después, ellos le informaron del retorno de Tea al apartamento, así que preparo algo para que pudieran estar un rato juntos.
Había sido un idiota, sin proponérselo, esa semana. Y debía compensarlo.
Tea había sido muy dulce al aceptar su invitación tan de buena gana y sin reclamos, o preguntas que él, probablemente, no estaba preparado para responder.
Pero el sí tenía ganas de preguntar, saber quién demonios era ese sujeto que la había invitado a salir. Sin embargo, esperaría a preguntarle a su hermano, quien ya lo conocía. En esos precisos momentos, lo que ocupaba sus pensamientos en gran parte era ese estúpido actor que tanto le gustaba a Tea. ¿Celoso? Si, ¿Por qué no estarlo, si Tea lo miraba maravillada y con tanta admiración?
Era muy tonto, pero mientras Joey no supiera nada, estaría bien. Pues no habría nadie que se burlara.
La película termino, volvieron a poner la televisión por cable. Justo en el canal que mostraban estaba por iniciar una película de terror. ¿Cómo convenció a Tea de ver esa película con el siendo que odia cualquier película de miedo? No tenía idea, pero para cuando la película termino, ella aún tenía la cara en su pecho, pero ya no la ocultaba, pues se había quedado dormida.
Ver películas con Tea en la noche siempre terminaba de una manera tan agradable para él.
…
Yugi estaba bastante nervioso, aunque eso solo abarcaba una pequeña parte de lo que en realidad sentía. Era domingo en la mañana, y había quedado en desayunar con Rebecca, pues la chica le quería hablar sobre el viaje a Norte América, para visitar la casa en las montañas que su familia poseía. Ya se estaba acercando el final del mes, y si querían disfrutar de un buen tiempo de estadía, tendrían que partir a más tardar el fin de semana siguiente.
El problema allí era que le daba pánico ver a la rubia, a solas, luego de su cita de la semana anterior.
Se habían topado un par de veces más, pero entonces estaba su abuelo, o el de ella, incluso alguno de sus amigos o algún cliente de la tienda de su abuelo, por lo que no habían estado realmente solos ni habían tenido oportunidad de platicar lo que había sucedido aquella noche…
¡Y es que Yugi no tenía como explicar su comportamiento celoso! Jamás le había sucedido algo semejante, ni había sentido un enojo similar. Se había hecho a la idea de que saldría con Rebecca nada más la vio luego de la subasta, después de todo eran amigos y no era la primera vez que saldrían juntos. No había forma de negar las obvias intenciones con las que la rubia había ofertado y ganado aquella cita, pero no se sentía preparado aun para ese tipo de relación.
¿Por qué? Pues fácil, nunca había tenido una novia antes. Aunque había salido en varias citas durante la secundaria y preparatoria, generalmente no pasaban de eso y la mayoría eran concertadas por sus amigos, quienes no podían dejarlo en paz al verlo solo. A fin de cuentas, no repitió salida con ninguna de esas muchachas, y no hubo alguna que llamara realmente su atención.
Hasta Rebecca, hace unos meses.
¿Para qué negar lo evidente? Estaba claro que algo le estaba sucediendo con la Hopkins desde su cumpleaños, cuando ella solo lo saludo para luego irse con Mokuba. Desde entonces, ese extraño monstruo en su interior fue creciendo, poquito a poquito, hasta que finalmente exploto en ira cuando, en medio de su cita, Mokuba Kaiba aparece, del brazo con otra señorita, pues también estaba en la cita que le compraron en la subasta.
Y es que no solo era la aparición del pelinegro, que de ser por eso Yugi ya se estaba acostumbrando a tenerlo por allí cerca, sino que la atención de Rebecca se vio divida entre Mokuba, su cita, y el mismo. Tal vez ella solo estaba siendo educada, pero él no podía terminar de captarlo completamente; su mente solo procesaba a la chica hablando y riendo con Mokuba, dejándolo casi de lado.
Incluso al recordarlo, su ceño se fruncía inconscientemente.
Mokuba y su cita resultaron querer ver también esa nueva película que había salido varios días atrás, por lo que la rubia decidió que podían verla todos juntos, y ya que a la otra chica no le molesto, terminaron comprando cuatro boletos. Los asientos seguidos, uno al lado del otro.
Yugi jamás había caminado de la mano con alguien, pero en lo que esperaban para entrar a la sala, no soltó la mano de su cita en ningún momento, casi siempre tirando de ella lejos de su compañero de clases. Cuando entraron a la sala de cine, Rebecca casi se sienta junto a Mokuba, pero el la detuvo y en un segundo estaba ocupando aquel lugar, obligándola a sentarse en el asiento de la orilla, lo suficientemente lejos del pelinegro para el poder estar tranquilo.
Además, luego de terminada la función, él se llevó a Rebecca de allí, sin siquiera despedirse de la otra pareja. No fuera a ser que quisieran seguirlos al restaurante también. Solo eso le faltaría al Mutou, quien no estaba de muy buen humor.
Esa noche estaba demostrando porque era hermano de Yami.
Sin embargo, esto no hizo perder la sonrisa en la rubia. La chica lo observaba constantemente, y parecía divertirse al verlo así. Quizás, entendiendo a que venía todo eso. Al menos alguien lo había pasado bien esa noche.
-Hola, Yugi- saludo la chica, llegando a la mesa donde él se encontraba, en un café no muy lejos de la casa de su abuelo- ¿Cómo has estado?
-Bien, Rebecca- el sonrió, un poco tenso- ¿Qué tal estas tú? ¿Tu abuelo?
-Todo bien. De hecho, excelente- ella sonrió ampliamente, cuando iba a continuar, un mesero llego. Ambos pidieron algo para tomar, cuando el mesero se hubo ido, ella continuo, sin perder el entusiasmo- precisamente hoy mi abuelo viaja a Norte América, tiene asuntos que atender allá. Aprovechará para darse una vuelta por la casa de la montaña, y ver que todo esté en orden para cuando nosotros lleguemos.
-Eso es fantástico- Yugi también sonrió- creo que el viaje les hará bien a los chicos. Yami ha estado de muy mal humor estos días, por lo que paso con papá; Joey y Tristan están agotados por el trabajo en el gimnasio y supongo que un pequeño un receso no les caería mal, Duke esta estresado con los negocios y me imagino que Ryou estará contento de pasar esos días con Emma- ambos rieron- un cambio de ambiente será relajante.
-Exacto- sus pedidos llegaron, se distrajeron un poco probando sus bebidas. Poco después, ella continuo- ¿Crees que tendrán algún problema en viajar el viernes al amanecer? Para llegar lo antes posible.
-Mmm, no creo que el día y la hora sean un problema- el tricolor miraba la mesa, pensando en sus amigos. Principalmente en la castaña- pero creo que Tea pondrá algún, pero.
-¿Y cómo por qué?
-¿Cuestiones de dinero? Un viaje a Norte América no es económico y sabes que ella no tiene tanto dinero. Ni siquiera está trabajando aún. Es probable que ella…
-Tu simplemente dile que no me haga poner de mal humor- le interrumpió la ojiverde, frunciendo levemente el ceño- ¿Crees que no estoy enterada de la situación económica de cada uno de ustedes? Sé que, por sí sola, Tea no podría costearse el viaje; ese sería el caso de la mayoría de tus amigos. Cuando lo propuse, ya tenía todo eso en cuenta.
Rebecca prosiguió a explicarle como se haría con el transporte aéreo hasta allá, luego hasta la ciudad más cercana a las montañas y de allí a la casa. Ella cubriría todo lo que sería comida y estadía también, y si sucedía algún imprevisto o emergencia. Que solo se preocuparan en llevar dinero si querían comprar alguna chuchería o recuerdo.
-Eso…eso es muy generoso de tu parte, Rebecca- Yugi estaba sin dudas sorprendido- pero si le digo a Tea que todo el dinero saldrá de tu bolsillo, creo que más rápido me dirá que no.
-Que complicada es Tea- farfullo Rebecca, algo exasperada.
-Tal vez, es que ella suele ser muy considerada y le dará vergüenza que le brinden todo, considerando cuanto costara- el ojiamatista sonrió, teniendo una idea- ¿Qué tal si te ayudo con los gastos? Al menos con los de la comida, ya que el transporte y el hospedaje los proporcionaras tú.
-¿De dónde sacaras el dinero?
Ella lo miraba como si su propuesta fuera imposible, y no le ofendía en lo absoluto. No era de extrañar que Rebecca tuviera ya su propio dinero, siendo toda una genio, iba a la preparatoria solo por diversión, por pasar tiempo con sus amigas. Yugi tenía entendido que la muchacha, a su edad, ya había creado varios programas y software para empresas que requerían máxima seguridad. Ni siquiera Kaiba podría jaquearlo sin tomarse al menos una semana, y antes de ese tiempo el programa ya fuera advertido del intruso, ubicándolo inmediatamente.
El tonto que quisiera jaquear eso lugares tendría al ejército nacional rodeándolo en menos de un par de horas.
No era de extrañar que la chica tuviera tanto dinero a su corta edad.
Pero el, aunque no fuera algo que realmente le importase, era heredero de una gran fortuna que crecía y crecía, gracias al trabajo y los negocios de sus padres; solo necesitaba autorización de ellos para utilizar solo una pequeña parte de todo ese dinero. Si le decía a su madre que era para pasar unos días en Norte América con la nieta de Arthur Hopkins, entonces tendría el cheque en sus manos en menos de lo que cantaba un gallo.
-Se lo pediré a mis padres, solo no le digas a Yami que parte del dinero vino de ellos- Yugi suspiro- entonces sería el quien no quisiera ir.
-Tienes razón. De acuerdo, entonces también le diré a Kisara que les pida a sus padres que pongan una parte ¿Quizás el transporte? Yo podría cuadrar eso con mis padres, usar el avión familiar, pero creo que ella puede conseguirnos algo más pequeño y menos llamativo.
Rebecca comentaba el asunto con completa naturalidad, como quien está acostumbrada a las cosas costosas, de gran tamaño y lujo. El sonrió, con una gotita en la sien. Si solo la gente oyera lo que ella decía… claro que él sabía que en la vida de Rebecca no todo era dinero, la muchacha también apreciaba las cosas sencillas. Como una cena casera a base de fideos instantáneos y películas a blanco y negro con él y su abuelo Solomon.
No negaría que había pasado muy buenos momentos con la joven rubia.
Charlaron un poco más y discutieron unos cuantos asuntos mas sobre el viaje. Cerca de una hora después, Rebecca recibió una llamada y tuvo que retirarse. Cuando se despedía, sonrió a Yugi ampliamente.
-Prométeme que nos veremos de nuevo antes del viaje, aunque sea para dar una vuelta o comer helado- ella hizo un puchero, él se sonrojo.
-Claro, yo te llamare en la semana, Rebecca- respondió, casi balbuceando.
-Bien, entonces te veo luego.
Se acercó y le dio un beso, nada accidental, en la comisura de los labios. Ella se fue sonriendo felizmente, dejándolo allí, colorado hasta el nacimiento del cabello, pensando que, de esa misma manera se había despedido el de ella el día de su cita.
…
A Tristan de verdad le gustaba comer en casa de Joey. Vivir solo no lo había ayudado a aprender a cocinar. Su nevera y alacenas estaban a reventar de comida lista para calentar y comida chatarra; sabia lavar, limpiar, planchar, tender, sacudir, restregar, y casi cualquier cosa que hiciera una muchacha de servicio normal. Claro que no por eso los quehaceres de la casa le gustaran más. Sin embargo, cocinar siempre había sido un reto, o, mejor dicho, obstáculo, en cuanto a la independencia se refería.
Por eso pensaba que, si un día se casaba con Serenity, estaba dispuesto a ser su mucamo, mientras ella le preparara la comida.
La muchacha cocinaba como los ángeles.
No que los ángeles necesitaran cocinar, pero no había nada más celestial en esta tierra, en su humilde opinión, que la comida que preparaba la joven Wheeler. Desde que la chica era muy pequeña la madre de Joey le enseño a cocinar, y desde hacía un par de años atrás, la señora dejaba toda la cocina a merced de su hija, por petición de su esposo e hijo.
-Gracias por invitarme- dijo Tristan, sentado a la mesa, la cual ya estaba lista para que todos comieran.
-Nos has dado las gracias como… muchas veces- el señor Wheeler lo miro, algo divertido- ¿Es tan horrible comer en tu casa?
-No…- el chico se sonrojo, mintiendo.
Si, era algo patético. Comer solo era muy triste, sin siquiera poder probar algo que valiera la pena. Lo que vendían en los restaurantes cerca de su casa no estaba mal, pero podía sentir el esmero que Serenity ponía en su comida; como cuando Tea cocinaba para ellos. Solo que, para el castaño, la comida de la pelirroja era mucho más especial, por otros motivos.
No había avanzado mucho en su relación con la hermana menor de Joey, pero no se desanimaba. Iba lento, pero seguro. La chica había dejado de ignorarlo, luego de la incómoda confesión en la feria, de lo que sentía como si fueran sido muchos meses atrás. Serenity siempre le sonreía, lo atendía muy bien cuando iba a su casa y charlaban cada que podían, en persona o por textos. Y cuando visitaba el gimnasio, se quedaba cerca de él y lo ayudaba con sus deberes.
Sería un tipo tan, pero tan suertudo si ella llegaba a corresponder sus sentimientos.
Pero él no la presionaría, eso jamás. Prefería estar en la friend zone el resto de su vida; tampoco terminaría preguntándose ¿que fuera pasado si…? Por qué él ya se lo había dicho, y aunque ella no le había dado una respuesta en concreto, tenía el presentimiento de que no le era completamente indiferente.
-¿Sabes, mamá? Una amiga de Yugi nos está invitando a una salida, sería el viernes que viene, y nos quedaríamos cerca de una semana o algo así.
-Entonces no es una salida- la señora miro a su hijo- es un viaje. ¿Para donde seria?
-Norte América.
Pudieron ver como la señora Wheeler casi se atragante con el agua que bebía, mientras su esposo escupía efectivamente la comida de su boca.
-¿Para dónde?- se cercioro la mujer.
-Norte América.
-¿Si sabes dónde queda eso?- su padre lo miro, severamente- ¡Eso está al otro lado del mundo! ¿Cómo piensas pagar algo así?
-Ella ha quedado en cubrir todos los gastos- intervino Tristan.
-¿Ah, sí?- el padre de su amigo lo miro con el más claro sarcasmo- ¿y porque esa niña haría algo así?
Tristan y Joey se miraron. Sin embargo, fue Serenity quien respondió.
-Se trata de Rebecca Hopkins, la nieta del arqueólogo Arthur Hopkins. Es amigo del abuelo de Yugi. El señor que…
-¿Te refieres al millonario?- interrumpió su padre.
-Si.
-¿El de la nieta súper inteligente?
-Si.
-Hasta donde sé, tú no te llevas tan bien con ella- la señora Wheeler no se dejó impresionar, siendo desconfiada de cosas tan buenas- ¿Cómo por qué te invito?
Serenity volvió a tomar la palabra.
-A Rebecca le gusta Yugi, supongo que pasar tiempo con él es parte de la idea de este viaje. Y nos invitó a todos para que él no se niegue, y su abuelo le diera permiso. Creo que los padres de Yugi también pondrán parte del dinero.
Con rostros desconfiados, la pareja analizo la situación. Una semana sin Joey, sin que desordenasen la casa, ni se comiesen toda la comida… que ellos amaban a su hijo, claro, pero unos días sin el podían ser relajantes. Además, no gastarían nada, pues, aunque las palabras de aquella niña no fuesen ciertas, ellos no le darían dinero.
-¿Podemos ir?- Serenity hizo un pucherito.
Eso cambiaba completamente los planes. Una cosa era Joey, y otra muy diferente su hermana. Además, estaban hablando de Norte América… no quería que sus hijos se metieran en problemas tan lejos de casa, donde no podrían hacer nada para ayudar y golpear a Joey por irresponsable.
Sin embargo, el primero en ceder fue el señor Wheeler, su esposa lo miro con los ojos como platos.
-Pero si algo te sucede…- entonces miro a Joey y Tristan- los matare ¿Esta claro?
-Como el agua turbia.
-¡¿QUE?!
-Que está claro como el cristal, mi coronel… sargento… papá.
Y aunque la amenaza lo asustaba, Tristan tenía otra razón para estar feliz. Serenity los acompañaría a América.
…
Desde hacía ya bastante tiempo, Ryou estaba acostumbrado a hacer las cosas solo. Siendo sus padres empresarios tan ocupados y el, alguien un poco exigente, pronto tomo la costumbre de ser quien ordenara sus cosas y, en ocasiones, preparaba su comida. A veces las preparaba también para sus hermanos, en especial para Kisara, quien siempre fue la consentida de todos.
Ahora, cuando vivía solo, cocinaba y hacia variedad de quehaceres, tenía a Emma casi dividiéndose por la mitad para intentar a ayudarlo. Lo estaba ayudando a arreglar su ropa en el armario, escogiendo que se llevaría para Norte América, además que estaba preparando el almuerzo.
-A veces me sorprende que cocines- dijo el, jocoso- siendo que Rebecca es un genio y no sabe poner a congelar agua.
Emma quiso mirarlo molesta, pero el comentario de su prima le dio risa, así que sonrió frunciendo el ceño.
-Estas exagerando, claro que sabe poner a congelar agua. No sabe es ponerla a hervir, le cuesta encender la estufa- ella también bromeo.
Ambos estaban exagerando, pero no era mentira que Rebecca no era la más diestra en la cocina. Emma, por otro lado, había estado practicando. Si se iba a casar, no iba a ser una inútil, esperando que Ryou llegara de trabajar a cocinarle. Además, le gustaba atenderlo, y Ryou también parecía contento con ella.
-¿Pero no cocino tan mal, cierto?- ella lo miro con ojos brillantes, esperando su respuesta.
Él se rio y le dio un beso en la frente.
-Para estar apenas iniciando, lo haces muy bien.
Ella celebro sus palabras, lanzándose a sus brazos y besándolo. El la recibió gustoso, sosteniéndola de la cintura e impidiendo que se alejara. Algo mejor que su comida, eran sus besos. Y podía comprobarlo, pues algo olía a quemado.
-¡El pollo!- chillo ella, alarmada- ¡Me distrajiste, Ryou!
-Pero si tú fuiste quien me beso- el la miro confundido.
-Pero me fueras detenido ¿O quieres comer pollo al carbón?
Suspiro, sabiendo que lo mejor era aceptar su culpa, para no enojarla más. Aunque esto podía ser un pretexto para besarla, en modo de disculpa. Sonriendo, camino tras ella hacia la cocina.
