- Capítulo 28: Los tambores de la guerra.

Solo oscuridad en la noche infinita,

Solo temor de ver llegar un nuevo día,

Solo dolor acompaña tu silencio,

Solo tu mano puede romper este hielo.

Pues tú eres mi cárcel, mi muerte,

Tus manos son mis cadenas, y tus labios son

El camino que me lleva...

Al infierno de tus besos.

Perséfone R.D.

Era la tarde de celebración del fin de los exámenes, los EXTASIS habían acabado por fin, y lo único que podían hacer los alumnos de séptimo era esperar las calificaciones. Y como era costumbre esa misma noche habría un baile de despedida en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.

La tarde era soleada, los terrenos del castillo estaban perfectamente calmados, todo estaba tranquilo, demasiado tranquilo, todo demasiado silencioso para el gusto de Perséfone. Justo la calma que precede a la tempestad.

- Bueno, esto parece haberse acabado – dijo Remus sentándose tranquilamente en una butaca, estirando las páginas de su diario "El Profeta" para ponerse a leer tranquilamente mientras James se tiraba como un peso muerto sobre el sofá de la Sala Común.

- ¡Por fin! Hazte a un lado Cornamenta – dijo Sirius tirándose encima de su amigo y dejándole sin respiración.

- ¡Canuto tío¡Enserio – gritó James brutalmente aplastado por su amigo-, deja de comer que cada día pesas más!

- Tengo que alimentarme bien, este cuerpazo no se forma solo¿verdad Perséfone? – dijo mirándola picaronamente.

- No flipes – dijo ella cruzándose de brazos.

Desde que ellos dos habían decidido que saldrían juntos manteniendo en secreto sus relaciones delante de sus compañeros habían seguido su situación con bastante naturalidad, pero por mucho que habían decidido ocultar, todo el mundo se había dado cuenta de que lo de ellos dos no era únicamente amistad, sino que detrás de esas frases que se proferían el uno a otro había algo más.

- Jajajaja ¡Sirius, que mal que te ha dejado! – rió James mientras Sirius le intentaba clavar el codo en el estómago para que sufriera el máximo dolor físico posible por burlarse de su persona.

- Lo hace para poderme en evidencia, pero sabe muy bien que no puede vivir sin mis carnes – profirió Sirius intentando justificarse.

- Bueno chicos, no sé vosotros, pero lo que es yo me voy a preparar para la fiesta – interrumpió Marlene caminando hacia las escaleras.

- ¡Pero si quedan cinco horas! – exclamó Remus perplejo desde su cómoda butaca, bajando el periódico por primera vez para que todo el mundo pudiera ver su cara de perplejidad.

- ¡¿Cinco horas¡Tendré que darme prisa! – y corrió hacia la habitación como si le la hubiera llevado un vendaval.

Los pasos resonaron en la madera como si hubiera pasado por la Sala Común una manada de rinocerontes. Entonces se escuchó a lo lejos un fuerte portazo.

- Pero que enferma – dijo James -, yo solo tardo, y como mucho, media hora.

- Yo veinte minutos y contando la ducha – dijo Sirius.

- Si tú no te lavas Canuto, siempre hueles a perro muerto – dijo James entre risas, acompañado de sus compañeros Peter, Remus y Liza mientras Sirius si que les miraba con cara de perro.

- Tú eres un hombre – dijo Liza y se levantó también -. Voy a ver que no se haga un estropicio pintándose como una puerta y a dar apoyo moral para elegir ropa interior.

- ¿Puedo mirar? – preguntó James con cara de científico loco.

- ¡Pervertido! – dijo Lily tirándole un cojín a la cara, mientras se reía -. Espera Liza, yo te acompaño. Tengo que darme una ducha.

- Mmm… dejad de decir esas cosas o el que tendrá que darse una ducha seré yo – dijo James intentando seguir a Lily quien se lo impidió con el dedo índice.

- Sí - dijo ella -, pero fría.

- Yo voy a la biblioteca un minuto – dijo Perséfone que se había mantenido un poco apartada de todos con mirada sombría.

- Mmmmm... ¿Perséfone? comenzó Sirius.

- ¿Qué?

- Las clases han terminado.

- ¿Y?

- Que no puede haber nada que tengas que leer, subrayar, comentar, repasar, estudiar o memorizar de forma paranoica.

- Voy a devolver un libro, nada más – y salió por el cuadro de la Dama Gorda.

- Esta chica me preocupa, hoy está muy rara – murmuró James.

- Si... no llevaba ningún libro – dijo Sirius seriamente.

Perséfone caminaba por los amplios corredores de Hogwarts. Ir a la biblioteca había sido la excusa perfecta, y así despejaría un poco su cabeza que sentía atenazada por una gran presión.

Hacía ya varios meses que se sentía así, pero la cosa cada vez parecía ir a peor. Podía sentir como Lord Voldemort intentaba penetrar en su mente, y ella estaba en una constante lucha por evitarlo. Su marca del símbolo Tenebroso dolía más que nunca... él la llamaba insistentemente y ella comenzaba a pensar que pronto le fallarían las fuerzas, o eso era lo que ella creía. No podía llegar a imaginarse que poco a poco se volvía más poderosa e inmune al señor Tenebroso. Pronto el alumno superaría al maestro. Perséfone no sabía todo el poder que podría tener si ella lo necesitara, pero quizás podría igualar a Voldemort...

Pero Perséfone no pensaba en ello, ni siquiera se lo imaginaba mientras caminaba por los pasillos hacia la biblioteca. Quizás cogiera de la biblioteca algo de lectura ligera y fuera a los terrenos de Hogwarts, junto al lago, para relajarse un poco.

Abrió la gran puerta de ébano de la biblioteca y entró en la gran sala bañada de libros y pergaminos por todas las estanterías. La señora Pince no estaba. La joven morena se fue hacia la sección de artes oscuras y buscó entre los libros, pasando la yema de los dedos, acariciando el tomo de los tomos y quitando la gruesa capa de polvo.

Paró en seco en uno de los tomos y lo sacó. Aquel tomo había hecho que sintiera un cosquilleo en la punta de los dedos. El libro era verde y plateado, con una serpiente grabada en una de sus tapas.

- ¿Ves Riddle? Está en tu sangre, no puedes evitarlo.

Rápidamente Perséfone volvió a introducir el libro en su sitio y como un fantasma aparecido de la nada, Snape estaba erguido a sus espaldas.

- Te dije que te apartaras de mí. Solo eres un sucio traidor.

- No soy yo quien traiciona a su propio padre – dijo con una luz de triunfo en sus ojos y una sonrisa de la que se enorgullecería al mismo Judas del infierno.

- Él... él no es mi padre, nunca lo fue.

- Quieras o no al final el mal va al mal, y tú eres mala, Perséfone, eres la esencia de el mal, la hija de las Tinieblas...

- ¡Déjame vivir¡Eres como su propia sombra, igual que él¡Envenenándome la sangre entre susurros¡No me atormentes más! Nunca volveré a su lado, ni al tuyo... ¡NUNCA! No vuelvas a buscarme, no vuelvas a dirigirme la palabra o a acercarte a mí si no quieres que te haga un maleficio que ni el mejor de los magos podrá revertir.

- No puedes evitar ser mala¿verdad? – dijo acercándose, haciendo el espacio entre sus cuerpos cada vez más pequeño, hasta que casi sus narices se tocaban, mientras que la acariciaba el brazo - Lo sientes, esa ira, la sientes fluir por tus venas cada segundo, eres la única que puede hacerme delirar por...

- ¡No me toques! No tienes derecho después de haberte dejado seducir por Voldemort de esa manera tan estúpida. Creí que tú no serías así...

- ¡Tú eres así!

- Yo no mordí esa granada. Yo no lo quise, no lo busqué. A mi me obligaron... – dijo empujándole con tanta fuerza y tanto odio que hasta el propio Snape sintió miedo, las estanterías y el suelo empezaron a tambalearse, temblando ante su poder. Pero mientras decía estas palabras, el labio inferior le temblaba -. En cambio tú sí, y has arruinado tu vida. Espero que acabes tus días en Azkaban. Yo me ocupare de que Lord Voldemort sea derrotado. Esa sucia serpiente que es tu señor irá al infierno del que procede, aunque yo misma tenga que arrastrarle hasta allí.

- No sabes lo que dices estúpida niña, nadie puede derrotar al heredero de Slytherin...

- Quizás la heredera de Slytherin... – dijo con odio y salió como un vendaval por la puerta dejando al moreno con la palabra en la boca.

Perséfone salió de la biblioteca, con paso tambaleante, se sentía débil, insignificante. Creía que de un momento a otro iba a caer al suelo desmayada por el dolor de su cabeza que quería estallarle en mil pedazos. La sombra de Voldemort estaba tras ella... la notaba demasiado cercana.

Las piernas le temblaban y sentía un gran malestar general. Se metió al baño corriendo, y comenzó a vomitar en uno de los retretes, de rodillas ante este. Cuando hubo acabado fue a lavarse la cara con agua y se miró al espejo. No podía tener peor aspecto ni estar más pálida, parecía que al hacerse él mas fuerte, una parte de ella moría, y la parte más oscura contra la que luchaba se hacía cada vez más clara, y él lo sabía.

Algo ocurrió en esos instantes en el espejo. Ella parpadeó una sola vez y al volver a mirar se llevó gran sorpresa. Estaba reflejada, si, pero totalmente cambiada: con un vestido negro bordado, con gran escote y con el cuello hacia arriba, como las capas de los vampiros; en el brazo llevaba un brazalete de una serpiente negra y en el cuello colgaba un collarín que se ajustaba en torno a su piel y que se lo cubría todo. Su peinado muy extravagante, se recogía sobre su cabeza con una corona negra y caía en pequeñas cascadas sobre sus hombros. Sus ojos... rojos. Aquello era en lo que podría convertirse si cayera por completo en las fuerzas oscuras, en una dama oscura de terrible poder. Detrás de ella, estaba Voldemort, con su piel y ojos de serpiente.

Ante esta imagen cualquiera hubiera gritado, pero simplemente se quedó sin palabras. La mano de Voldemort se posó sobre su hombro y en el notó todo su peso, y como la quemaba como una brasa candente. Miró hacia atrás, como en un acto reflejo, pero allí no había nadie, solo estaba ella. Volvió a mirar hacia el espejo y vio la sonrisa sardónica de su padre.

"Perséfone..." habló la figura desde el espejo siseante "Ya que tu no vienes a mi lado, puede que algunos de tus amigos si acepten lo que les ofrezco ¿no crees? Hay que compartir como buenos hermanos".

- ¿Qué vas a hacer?- gritó ella, pero no pudo oír su voz.

"Hoy me apetece jugar. Voy a ponerte una dura prueba... ¿Qué crees que harían tus amigos si yo les propusiera fama, dinero o simplemente poder¿Crees que me venderían su alma, que vendrían a mi lado?"

- ¡No¡Déjalos en paz!

"Osea que te parece buena idea... bien. A cada uno en su mayor tentación... ¿crees que podrás llegar a tiempo¿A quien salvarás primero?"

Perséfone se quedó tan pálida por unos segundos que tuvo la sensación que la sangre no la corría por las venas.

"¡Pero corre, corre a salvarlos! Jajajajajajaja"

"¡Corre estúpida, que no podrás!"

Perséfone corrió y en unos instantes tubo que tomar la decisión más dura de su vida¿A quien de todos sus amigos iba a salvar primero?

Remus se había quedado solo, absolutamente solo en la sala común, ya que James había ido a tomar una ducha y Sirius y Peter habían salido a dar una vuelta. Allí no había nadie más. Fue entonces cuando algo llamó su atención. Era extraño ya que la chimenea no se encendía en pleno verano, pero una pequeña brasa brillaba y le atraía poco a poco.

Lupin se levantó del sofá en el que había permanecido tirado y se arrodilló frente a la chimenea. Sintió como la brasa se apagaba e iluminaba constantemente y una voz melodiosa le hablaba en su cabeza. "Remus Lupin, conoces tu sufrimiento..."

- Mi sufrimiento... – dijo él como hipnotizado.

"No tuviste la culpa de acabar así, en esa situación de mutación continua. Podrías acabar con ese sufrimiento... hay... una manera"

- Hay una manera...

"Toma la mano de tu señor... en las tinieblas caminaremos juntos... juntos hacia una nueva era..."

Perséfone corría y corría por los pasillos, haciendo rechinar sus zapatillas contra el suelo de piedra impecable. No sabía donde estaban todos, no sabía hacia donde debería dirigirse, lo único que sabía era que debería encontrar a Remus, ya que era el primero que sería tentado, el más débil... el más fácil de atraer.

Llegó a la Dama Gorda y justo cuando abrió vio a Remus ante la chimenea del pequeño salón y se abalanzó sobre él, derribándolo sobre el suelo.

- ¡No Remus¡No toques las brasas!

- ¡Él me curará¡Déjame cogerlas! – gritaba Remus pataleando.

- ¡No Remus, no lo hará! – dijo tomándole la cara entre sus manos para que la mirara directamente a los ojos -. ¿Recuerdas¡Tú me lo dijiste¡No puedes curarte¡No hay vuelta atrás!

Remus la miraba asustado, como si hubiera estado ciego y mirara la verdad, como si hubiera estado sordo y escuchara cánticos de ángel... De repente, se echó a llorar, como un niño pequeño, ante el horror de lo que había estado a punto de hacer.

- Tranquilo, no ha pasado nada.

Mientras tanto James estaba en la ducha, sintiendo la presión del agua caliente sobre sus hombros. Así estuvo unos instantes más antes de que su mano alcanzara el cierre del grifo y lo girara. El agua dejó de caer, hasta permanecer en un goteo continuado.

Mientras salía de la ducha y se secaba la cara y el pelo, tapándose la vista con la toalla escuchó una voz melodiosa que le hipnotizó por completo. No sabía de donde podía salir más que del interior de su propia cabeza.

Todo era un poco confuso. Se retiró la toalla de la cara, se giró de nuevo hacia la bañera y vio ante él, entre el vapor, que las cortinas estaban corridas de nuevo. Escuchó el agua caer de nuevo y percibió la sombra de una figura a través de la tela.

Las cortinas volvieron a abrirse de golpe, y para su sorpresa vio a una joven pálida y rubia salir de la ducha como si fuera lo más corriente que pudiera llegar a suceder. Esta se sentó en el borde de la ducha y se tapó con una tela blanca y aterciopelada

"Hola" dijo simplemente.

- Hola – contestó James como hipnotizado y se colocó la toalla en torno a la cintura -. ¿Quién eres... tú?

"Soy la que va a cumplir tus mayores deseos" dijo seductoramente. "¿Qué es lo que siempre has deseado¿Fama¿Dinero¿Poder?" – dijo esto último con un tono de malicia mientras se ponía de pie.

- Lo que siempre he querido... – susurró James como en un sueño.

De repente la figura cambió. Su pelo se volvió rojizo, sus ojos verdes y almendrados y su voz más melodiosa. Lily. Era casi su viva imagen. Aquel ser extraño y cambiante parecía haber leído su mente.

"Yo puedo ser lo que tu quieras..."

"Yo puedo darte todo lo que desees" dijo la extraña dando una vuelta a su alrededor para volver a posarse frente a él.

"Solo bésame... y afronta tú destino" dijo la joven acercándose a él y acariciándole la cara, ofreciéndole sus carnosos labios.

Fue entonces cuando James sintió el roce casi imperceptible de los labios fríos de la joven, fue entonces cuando despertó. Se separó de ella como un rayo, sus pupilas se dilataron de la sorpresa, su vello se erizó, y la expresión de sorpresa que por unos momentos había albergado su rostro se desvaneció dando paso a una gesto de enfado. Por mucho que él quisiera, nunca conseguiría besar a Lily, y menos de una forma como aquella... porque ella no era Lily... faltaba ese brillo que tenían sus ojos.

- ¡Yo quiero a Lily¡Tú nunca podrías igualarla¡Nunca podrías ser como Lily, porque no hay otra como ella¡Ella es única! – gritó cerrando fuertemente los ojos, y cuando volvió a abrirlos ya no estaba.

- ¡Tenemos que encontrar a Lily! – gritó Perséfone a Remus cuando se hubo repuesto -. ¡Apuesto a que ella será la siguiente!

- ¿Pero...¿Pero porque piensas que será ella? – dijo Remus un poco atontado aun.

- ¡Es nacida de muggles! – dijo subiendo corriendo las escaleras.

Cuando Remus tuvo su reacción Perséfone ya estaba dentro de la habitación de las chicas. Echó a correr en la misma dirección, pero cuando pisó el primer escalón una alarma surgió de entre las paredes y las escaleras se transformaron en un trampolín que lo expulsó hacia la Sala Común. En otra circunstancia hubiera sido divertido, pero no en esta.

Perséfone mientras tanto intentaba abrir la puerta del baño de las chicas. La puerta estaba completamente sellada, y Liza y Marlene habían intentado ayudarla con conjuros, pero sin resultados.

- ¡Lily¡Lily! – gritaba Liza aporreando la puerta.

- ¿No funciona el alohomora? – dijo Marlene.

- No está atrancada mágicamente, creo – dijo Perséfone por fin -. Es como si alguien estuviera conteniéndola apoyado al otro lado.

- A la de tres – dijo Liza - ¿Preparadas? Una... dos... ¡tres!

Las tres gryffindors se abalanzaron contra la puerta abriéndola por fin. Escucharon el grifo correr y empezaron a notar algo frío en los pies. Marlene gritó. Todo el suelo estaba encharcado y el agua seguía fluyendo hacia fuera del que se vertía por el borde de la bañera.

Perséfone avanzó rápido hacia la bañera y lo que vio la horrorizó. Allí estaba Lily, bajo en agua y luchando contra una serpiente que intentaba ahogarla. Perséfone metió rápidamente la mano en el agua, pero no pudo alcanzar a la serpiente, ni tampoco a Lily. Lily vio a Perséfone y la miró implotante pidiéndola ayuda, intentando salir del agua para respirar, pero no podía. Una capa, como si fuera hielo se había formado en la superficie del agua, y si no hacía algo perderían a Lily para siempre.

Perséfone tocó la superficie del agua, estaba fría. No es que fuera como el hielo ¡era hielo! No se le ocurrió otra cosa que posar la punta de su varita sobre el agua congelada y gritar:

- ¡Lacarnun Inflamarae!

Una llama surgió de la varita de Perséfone, pero no fue suficiente para derretir la gruesa capa de hielo. Entonces dos chicos irrumpieron en el baño, era Remus y James.

- ¿Cómo habéis…? – preguntó Liza al verlos en la habitación de las chicas donde supuestamente no podían subir. James le dejo su escoba en la mano para que la sujetara como respuesta. Los dos habían subido volando.

- ¿Qué coño está pasando¡Había una tía desnuda que casi me viola en el baño! – dijo James muy cabreado.

- ¡No hay tiempo, Lily se está ahogando! – dijo Perséfone aun intentando que la capa de hielo disminuyera pero sin resultados -. ¡¿Cómo podemos deshacer el hielo?!

Entonces James salió del baño y volvió segundos después con una gruesa lámpara de metal de la habitación, se colocó donde Perséfone había estado momentos antes y comenzó a golpear el hielo con tanta fuerza que hizo un agujero, por donde pudo meter la mano y sacar a la serpiente. En aquellos instantes mientras la tenía en la mano esta le miro a los ojos, pero sin esperar un instante la retorció el pescuezo y la tiró sobre la alfombrilla de baño, donde se deshizo en cenizas.

Nada más desaparecer la serpiente el hielo comenzó a resquebrajarse de manera rápida hasta que James fue expulsado contra la pared de enfrente, cayendo al suelo junto con agua y trozos de hielo. Pero la cabeza de Lily no salió a la superficie y el agua no se movía.

- ¡No joder! – gritó James corriendo de nuevo hacia la bañera y tapando el cuerpo de la pelirroja con una toalla para sacarla fuera. Entre todos la tumbaron en el suelo. Perséfone la miró: estaba pálida, gélida, y en su pelo tenía pegados pequeños carámbanos helados. No pudo resistirlo, comenzó a llorar descontroladamente mientras James la practicaba el boca a boca lo mejor que podía. Parecía que Voldemort se la había llevado como había prometido.

- ¡¡No, Lily no!! – gritaba James continuando la reanimación -. ¡Tú no Lily, por favor vuelve conmigo¡¡¡Lily te quiero!!!

La cabeza de Lily salió propulsada por un movimiento para vomitar todo el agua que había tragado. Comenzó respirar violentamente y toser de forma descontrolada.

James comenzó a reír con lágrimas en los ojos. Se abalanzó sobre ella y la abrazó con fuerza para darla calor. Todos los demás presentes decidieron que lo mejor sería dejarlos solos.

- ¡Dios mío! – exclamó Liza después de escuchar la historia de Perséfone -. ¡Pero no puede ser¡Eso es terrible!

- Lo es – dijo Perséfone ante mirada de todos sus compañeros.

Lo que acababa de contar a todos sus amigos les sorprendió en sobremanera, a todos menos a uno, Sirius. Les había contado que su padre era Lord Voldemort y que era lo que se había propuesto aquella tarde. Sirius le había dicho que lo hiciera, que se quitara ese peso de encima. Estaban en la habitación de las chicas donde les había llamado a todos, y los chicos por supuesto ya sabían subir a las habitaciones de las chicas.

Lily la miraba con expresión de tristeza sentada en la cama, intentando ponerse en su lugar y de comprenderla lo mejor posible mientras James la tomaba de la mano con expresión tensa de incredibilidad. Marlene y Alice se miraban desconcertadas sin llegar a mirar demasiado rato a su cara, y Remus al contrario tenía sus ojos fijos en ella, intentando demostrarla su apoyo. Sirius estaba apoyado en uno de los palos del dosel que formaba la cama escuchando la conversación mientras miraba al fuego encendido para que Lily se secara.

- Sé que todo esto que os he contado os lo tenía que haber dicho mucho antes, pero comprenderéis porque he decidido no hacerlo.

- Pues deberías haberlo hecho – dijo Lily enfadada -. Tú no tienes porque pasar esto sola, estamos contigo.

- Lily tiene toda la razón – dijo Alice.

- Tú no eres culpable de nada ¿no? Entonces no tienes porque sufrir por algo que no has hecho – siguió Liza.

- Y no eres la única que tiene problemas – dijo Remus palideciendo de repente -. Una vez me dijiste que no esta mal en dejar que la gente te ayude en tus problemas. Solo tienes que pedirnos lo que sea, somos tus...

- ...Amigos – terminó James al unísono.

- Mucho más que eso – exclamó Lily -. Somos tus hermanos. Somos una familia, y no dejaremos que nada malo te pase.

Durante toda la exposición de estos Perséfone se había mantenido callada, y no se había dado cuenta de que unas lágrimas de emoción habían comenzado a brotar tenues de sus ojos.

- Gracias chicos. Me siento mucho mejor – dijo ella limpiándose las lágrimas.

Sirius anduvo hasta ella y la arrojo un brazo por los hombros, estrechándola para demostrarla su afecto. Mientras Perséfone miraba extrañada a Marlene que no había dicho nada, parecía echar algo en falta y así era.

- ¿Dónde está Peter?...

- Mi señor Tenebroso, albergo tu poder y me convierto en tu servidor.

"Muy bien Colagusano...y yo te acepto por tanto" exclamó una voz cruel mientras un grito de dolor surgió de la boca de Colagusano por la marca Tenebrosa realizada.