Gracias por su maravillosa lista de reviews, me hacen suspirar de felicidad. Gracias chica/os, de verdad espero que este capítulo les guste, di lo mejor de mí para esto. Lamento mucho la tardanza que tuve en esta ocasión, sinceramente ninguna excusa o explicación serían lo suficientemente creíbles para demostrar lo mal que me siento por tardar. Pero estoy infinitamente agradecida con su fiel apoyo a esta historia mía y suya.

Sin más, disfruten.

Declaimer:

Naruto NO es mío, es de Masashi Kishimoto.


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Episodio

XXVIII

La madurez de la oveja

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Hubo momentos en los que pretendí no verlo.

Incluso si no quisiera admitirlo, era muy obvio para no hacerlo.

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Los cerezos habían florecido esplendorosamente en los alrededores, el viento mecía las copas llevando consigo los pequeños pétalos en una lluvia rosada que a su vez lograba perfumar el ambiente. El estanque del patio se movió cuando los peces carpa nadaron velozmente en el manto acuífero. Los pasos de un par de personas resonaron sobre la suela de madera que cubría los pasillos de la vieja y tradicional mansión. Un joven de cabellos castaños se detuvo en el porche y con un poco de elegancia se giró haciendo sacudir su traje de marca en el proceso.

Sus ojos eran duros y calculadores, después de todo en sus jóvenes hombros se cargaba el peso de un nombre que todos conocían y por el cual el mundo entero lo tenía en la mira desde pequeño. Mismo nombre que le separaba de su hermano y ahora lo obligaba a permanecer al lado de la chica de azulados cabellos largos que hacía unos minutos se le había presentado como su futura esposa.

Esa delicada muchacha, había permanecido impasible, con una sonrisa en sus labios pálidos que él pretendió no culpar de los extraños latidos de su corazón.

¿Sucede algo?—indagó con un soprano tan claro y puro.

El susodicho entrecerró los orbes y dio un paso en su dirección.

Hana—la llamó—, ¿realmente estás de acuerdo con esto?—preguntó mirando de un lado a otro, después de todo si alguno de los sirvientes o, siendo peor aún, su padre lo escuchaban hablar sobre esto estaba muerto.

¿De acuerdo en qué?

No te hagas la desatendida, hablo sobre nuestro matrimonio—repuso frunciendo el ceño—, tú estabas planeando ir a Nagasaki, ¿verdad? Después de la graduación del instituto, tú y la novia de Uchiha querían ir a la universidad ¿no?, Si aceptas este absurdo convenio entre familias, no podrás irte a ningún lado, tendrás que renunciar a todo y permanecer junto a mí. Te quedaras estancada.

Ella lo miró fijamente un par de minutos, repasando concienzudamente sus palabras. Atinó a bajar la cabeza y la campana del arreglo para su tocado, el cual armonizaba perfectamente con su kimono blanco de estampados rojos, tintineo.

Está bien Hiashi—conversó tranquilamente dejando de lado la formalidad con la que siempre le había hablado desde que los presentaron cuando tenían trece años, alrededor de unos cinco años atrás.

¿Qué?

Estoy feliz de poder convertirme en tu novia oficial—levantó el rostro y sonrió brillante hacia él—. Para ser sincera, no me sentía bien ocultándole nuestra relación al Tío, pero dado que se ha decidido de esta manera. Estoy feliz.

Pero…

Hiashi—interrumpió levantando una mano y el castaño la observó con las cejas alzadas.

Hana mostró una expresión muy férrea y segura. Una mueca que él jamás le había visto, ni siquiera cuando estaba con Mikoto.

—…

Yo, por mi propia voluntad y por mi propia fuerza, he decidido permanecer siempre a tu lado. ¿No puedes simplemente aceptarlo? Estoy segura que te puedo hacer feliz.

Ella se veía tan segura y valiente. Que cualquier flor o rayo de sol no se le compararían. El corazón del Hyuuga saltó dentro de su pecho, retumbando una y otra vez, tratando de salir del interior de sus costillas para correr a las manos de esa mujer que le sonreía tan felizmente, como si estuviera segura de que podía proteger su futuro y el de él.

Se sintió genuinamente enamorado de ella.

Tanto que casi podría asegurar que ambos permanecerían juntos hasta morir de viejos. Una vida sin ella no parecía ser una opción.

No, no es que se tratase de opciones.

Simplemente no había otro camino.

Abrió los ojos y por un minuto estuvo desorientado, no obstante, logró distinguir las formas del techo. Ladeó un poco la cabeza y vio los aparatos a los que estaba conectado para monitorear su estado. Se enderezó con cuidado y un par de gotas le mojaron las mejillas, inmutable pero incrédulo al mismo tiempo se llevó la mano con la intravenosa hasta los mofletes para tocar aquellas lágrimas traicioneras que le salían sin permiso.

Hacia tanto que no soñaba con su esposa.

Esa vez había sido un recuerdo de su pasado, que se disfrazaba de sueño, el que le había arrojado a un mar de sentimientos tan extraños. Hana siempre fue tan brillante y tan hermosa. Que incluso en sus ilusiones oníricas no se le podía hacer justicia. Ella había sido una mujer valiente y un poco terca, así como también algo frágil. Era un precioso tesoro del que nunca se sintió completamente merecedor y el cual había perdido un fatídico día en que quitó sus ojos de él.

Su flor había perecido en un invierno que jamás abandonó su corazón. Sabía que no era correcto, pero cada vez que veía a Hinata, no podía dejar de sentirse tan terriblemente enrabiado. Su hija crecía cada día y cada vez se parecía más a su mujer; tanto que sólo podía pensar en que debido a ella Hana ya no estaba más en ese mundo. Que ya jamás podría verla, no podría escuchar su voz cada vez que quisiera, ni presenciar como poco a poco envejecía a su lado.

Ella jamás volvería.

Se había sentido tan avergonzado de odiar a su propia sangre, y es que nunca pudo ver los ojos de Hinata como antes, luego de la muerte de Hana; cada vez que le miraba, sólo era capaz de echarle la culpa y se sentía la peor escoria en el mundo por eso que para redimir tales pensamientos tan estúpidos, y de paso honrar la causa del sacrificio de su esposa, había decidido proteger a Hinata, incluso de sus propias decisiones. Él se encargaría de hacer que ella tuviese una buena vida, aunque no estuviera de acuerdo con sus órdenes. Hinata era débil, frágil y no podría sobrevivir si le dejaba cargar con un peso que no soportaría. Por lo que Hanabi, que era más parecida a él, tendría la fuerza que su hermana mayor no poseía para llevar el deber de la familia Hyuuga.

Aunque esto era un poco injusto, siendo que la menor de las hermanas era como él, tarde o temprano ella lo comprendería…

Al menos eso pensaba.

Hinata había demostrado nuevamente que Hana dejó al marchar una parte muy latente de sí. Una hija con una voluntad tan fuerte como la que solía tener a su edad. Pero, aun así, no quería notarlo. Pues no deseaba equivocarse y tratar de confiar ciegamente en algo que no estaba seguro fuera a funcionar. Hinata no era Hana, y no quería que ella sufriera al darse cuenta que su fuerza era solamente pasajera. El querer estar con Sasuke Uchiha y el decir que lo amaba y estaba dispuesta a lograr cualquier cosa para que les aceptara, eran solamente un capricho infantil.

Esos niños no conocían el dolor de amar realmente a alguien y el miedo de poder perderlo en un descuido, y dudaba que de verdad conocieran la crueldad del mundo real. Pese a que ese arrogante muchacho le había soltado groseramente esas palabras el otro día.

No las creía.

Sólo él podía proteger a Hinata. Sólo él podía evitar que ella llorase sangre. No iba a entregar la vida de su hija a un chiquillo malcriado. Ellos sólo eran un par de mocosos. Era lo suficientemente viejo para saber que fracasarían a penas intentasen caminar en esa cuerda floja llamada adultez. Y antes de ser testigo de un inminente desastre, lo detendría desde la raíz.

No podía volver a fallarle a Hana.

No dejaría que Hinata fuera herida aún si debía volverse un villano para su hija.

Él no estaba equivocado, ¿verdad? pero si lo estaba ¿qué era lo que tenía que hacer?.


El sonido de las cigarras atravesó el patio del instituto y las nubes se abultaron en el firmamento creando un campo de algodón blanco en él. Las voces de los estudiantes era un murmullo que le llenaba los oídos mientras escribía con la tiza en la pizarra. Se detuvo un segundo al terminar de dibujar las letras blancas en la superficie oscura y luego de suspirar profundamente, apretó los nudillos y afianzó su mirada para girar y encarar a los miembros de la clase.

—Estos son los puntos del viaje de generación, el hotel y las pertenencias esenciales están en la lista que Sakura-san les acaba de pasar. El permiso necesita ser rellenado y firmado por sus padres o un tutor responsable, cuando lo tengan pasen a dejárselo a Kakashi-sensei en su cubículo—indicó tranquilamente—, si tienen alguna duda pueden acercarse a los miembros del consejo. Trataremos de resolverlas sin problemas—miró la libreta que tenía sobre el estrado del profesor y luego retomó—. Ahora en referencia al punto de la distribución de presupuesto para este viaje será…

Continuó con su labor, no podía dejar que su mente estuviera divagando cuando tenía cosas que hacer. Por otro lado Sasuke, que le había estado observando desde el fondo de la clase, desvió la mirada hacia la ventada.

Pese a que habían pasado tres días desde que se llevó a Hinata de la habitación de su padre. Aún no habían podido lograr ningún avance, puesto que el progenitor de la ojiperla se había negado rotundamente a recibirlos, prohibiéndoles incluso el ingreso al cuarto del hospital. Claro que se hubiera pasado esa regla por donde no le da el sol desde el comienzo, sino fuera porque el muy terco había dispuesto un par de guardias de la empresa para que custodiasen la puerta. Ridículamente se negaba a escuchar a su hija y ni siquiera Neji, quien era el único que podía ingresar al lugar por ser su asistente, fue capaz de convencer al Hyuuga mayor de escuchar razones.

Hiashi no quería creer que ellos podían sobrellevar las consecuencias de sus actos. Aunque el primo de la peliazul había dicho que realmente lo había sopesado, lo cierto es que ese obstinado hombre no quería aceptar los hechos.

Era su manera de ser infantil.

Al menos así lo veía él. Pues aquello no era más que el capricho egoísta de un mocoso, y es que el patriarca de la familia podía ser tan quisquilloso por las viejas heridas de su corazón. Que hasta resultaba irónico lo desesperado que se veía al inventar excusas para controlar la vida de su hija. Ciertamente no conocía que clase de dolor y terror había pasado el mayor al perder a su esposa y tampoco era capaz de comprender del todo su necedad de desacreditar los esfuerzos de su oveja. Sin embargo, al intentar ponerse en sus zapatos para entender sus acciones, de alguna forma, por muy qué le costara admitir, sentía empatía hacia su meta.

Proteger a Hinata.

Sea o no de la manera correcta, ese era el fin de todas sus crueles acciones. La forma en que Hiashi Hyuuga amaba a su hija, era tan severa que a veces parecía que le odiaba. No obstante, Sasuke lo sabía.

Hiashi sí que amaba a su hija.

Y así como la amaba, también le era evidente darse cuenta de que todo lo que hacía, por más cruel y disparatado que sonase era por una cosa.

Porque tenía miedo de perderla.

Hiashi posiblemente había quedado traumado con la muerte de su esposa. Todo siendo originado por el hecho de ser quien era, un peso que quizás nunca comprendió hasta que le arrebató algo importante tan cruelmente.

Se protegía a sí mismo mintiéndose respecto a que la mejor manera de cuidar a Hinata era controlando y planeando cada aspecto de su vida. Ponerla en una caja de cristal lejos de las punzantes cosas que podían lastimarla. Pero lo que él no sabía, es que la oveja no había nacido para estar encerrada en una jaula de cristal como un ave. El lobo había aprendido que ella era capaz de cambiar y que si permanecía su lado, esa mujer que antes era débil, tenía toda la fuerza del universo para defender su felicidad de lo que se apareciera delante.

Ella era fuerte y valiente.

Era un sol que lo arrastraba y él no estaba molesto en dejarse llevar por esa luz. Por lo que sin lugar a dudas, no retrocedería ni vacilaría.

Con garras y dientes el lobo defendería su derecho de estar con la oveja.

Hizo una breve reverencia la abandonar la oficina de la directora, se despidió educadamente de los pocos maestros que todavía quedaban en la oficina y después se dirigió a la sala del consejo. El evento del viaje de generación, era el último que ella organizaba. Pues en dos meses más la comitiva de segundo año, es decir el futuro consejo estudiantil, tomaría lentamente sus responsabilidades, incluso la graduación sería en su mayoría hecha por ellos.

Se despidió de algunos alumnos que pasaban a su lado y luego de un par de minutos por fin pudo llegar a su oficina. Ninguno los miembros estaba ya, no obstante el sitio no estaba solo.

Sasuke se encontraba recargado sobre la saliente del ventanal mirando como los miembros más jóvenes del equipo de beisbol practicaban, a fin de cuentas acababan de retirarse los de tercero esa semana. Se volteó cuando escuchó los delicados pasos de su novia, que le eran muy fácil de reconocer y la encaró.

Se veía muy cansada.

—¿Terminaste?

—Sí, sólo recojo un poco el escritorio y podemos irnos al hospital—observó atentamente como ella movía papeles de aquí a allá.

Él suspiró y sacudió la cabeza ligeramente, luego se acercó a la oveja sigilosamente y atrapó sus manos con las suyas hábilmente.

Hinata sintió que su corazón saltó descontroladamente.

—¿Sasuke?

—Sólo quédate quieta un segundo—ordenó tocándole las mejillas que se calentaron inmediatamente. Recorrió todas sus facciones como si estuviera midiéndolas para hacer una réplica de su rostro. Pasó la yema de sus dedos por los rosados labios y como si estos le hubiera llamado estampó los suyos sobre ellos.

La besó.

Suavemente y al mismo tiempo con intensidad. Por todo lo que estaba pasando, no habían tenido ningún contacto últimamente y eso lo estaba volviendo loco.

Movió la cabeza de lado a lado para apoderarse mejor de ese dulce néctar que ella proveía para él. Pasó sus manos por la cintura de la peliazul y pegó sus cuerpos más de lo que era decentemente permitido. Ella inconscientemente pasó sus brazos por el cuello del Uchiha y dejó que sus dedos tenazmente se enredasen en su cabello.

El lobo mordió gentilmente a la oveja.


Observó fijamente las burbujas del caldero, y mecánicamente lo meneó con el cucharon que sostenía en su mano izquierda. Estaba tan distraída que ni quiera se daba cuenta que ya era hora de apagar el fuego o el curry se echaría a perder. La verdad es que su cabeza no dejaba de darle vueltas al asunto de su hijo. Sasuke le había dicho que no se metiera y que el mismo podría lograr que las cosas acabasen como debían, pero ninguna madre es feliz al ver a su niño en problemas. Por mucho que aceptara que él había crecido tanto en ese último año, lo cierto era que deseaba hacer algo para ayudarlo; las heridas que se estaban creando en silencio, él no sería capaz de verlas hasta que le molestasen al respirar.

Mikoto sabía que Sasuke y Hinata estaba sufriendo por las acciones del padre de ésta, pues a pesar de todo eran jóvenes e inexpertos, con una voluntad y motivación digno de admirarse, más su enemigo era un adulto amargado. Ese viejo terco, se reusaba a dejarlos caminar juntos por el sendero de la vida, que si bien no podía ser un cuento perfecto de cenicienta, no había merito en desear un final feliz para siempre, porque el por siempre de esas historias no era real.

La vida era hermosa porque los errores les permitían tener cicatrices de sabiduría y el modo de adquirirlas sin arrepentimientos, era permaneciendo al lado de la persona que el corazón escoge para estar a su lado.

Hana le había dicho aquello cuando intentó fervientemente que ella peleara por sus sueños, aunque al final se mantuvo firme en aceptar los deseos de su familia. Pues su mayor sueño era permanecer al lado del hombre que amaba y formar una vida con él, lo demás sólo estaba por adhesión.

Últimamente venían a su mente muchos momentos y palabras que compartió con ella. A veces los recuerdos la ponían tan nostálgica que en silencio entraba a su habitación y cogía su viejo álbum escolar para ver la brillante sonrisa de su amiga en los retratos de antaño. En efecto, Hinata cada vez se veía más y más idéntica a Hana. A veces acariciaba la foto y se ponía a platicarle que eran afortunadas de haber dado a luz a un par de chicos tan lindos y que no se preocupara donde quiera que estuviera, pues su hijo se encargaría de hacer feliz a su niña.

Escuchó la puerta principal abrirse y automáticamente miró el reloj, vio que ya marcaba las nueve menos un cuarto. Incluso fue consciente de que la comida estaba a punto de echarse a perder; velozmente apagó la estufa y se apresuró a reparar el desastre.

—Estoy devuelta—exclamó desde la entrada el motivo de sus preocupaciones.

—Bienvenido—contestó moviéndose en la cocineta.

—Mamá, ¿se quemó el curry?—Indagó entrando por el umbral que conectaba el comedor y la cocina.

—No, sólo lo olvidé un momento en el fuego—sonrió.

La puerta principal sonó de nueva cuenta no mucho tiempo después.

—Estamos en casa.

—Disculpe la intromisión.

Sasuke se giró sobre su eje en un movimiento mecánico, y vio a su hermano mayor entrar junto a su esposa.

—Oh mi… querido, no les esperaba hoy—Mikoto se mostró sorprendida genuinamente. Cogió un trapo para limpiarse las manos.

—Sí, lo sé, lamento venir sin avisar—el moreno hizo una leve reverencia con la cabeza, misma que su esposa imitó para con la familia de ambos.

—Nii-san, Chisa-san—saludó a su típica manera el menor de los azabaches.

—¿Regresaste del hospital?—naturalmente que estaba al tanto de lo que sucedía con él y con Hinata, después de todo, Sasuke le había llamado el otro día para preguntar unas cosas.

—Sí la hora de visita terminó, dejé a Hinata en casa antes de regresar.

—¿No quiso verla otra vez?

—Ese viejo es muy necio—rezongó.

—Ya veo.

—Bueno, hablemos de eso después niños, son muy raras la ocasiones en que les tengo a los dos juntos desde la boda, su padre llegara tarde por una reunión, pero nosotros podemos comenzar sin él. Chisa-chan ¿me ayudas a poner la mesa?

—Claro que sí—sonrió dispuesta a acercarse, sin embargo Itachi le detuvo al tomarle del codo y tirar de ella para volverla a su sitio junto a él. La muchacha atinó a sonrojarse—, estoy bien—susurró con los labios pegados a los dientes.

—Aun así, no debes esforzarte.

Tanto Sasuke como Mikoto se voltearon a ver por el extraño comportamiento de Itachi.

—¿Sucedió algo querido?—cuestionó cautelosamente la madre de ambos Uchiha. Pues tenía un ligero presentimiento.

—La razón por la que venimos sin avisar mamá, es porque hay algo que quisimos decirles cuanto antes, aunque me sabe mal que papá no esté presente—sonrió apacible, con una luz que compartía junto a su avergonzada esposa. Mikoto sintió que el corazón se le llenaba de alegría y llevándose las manos a la boca le miró muy emocionada.

—No puede ser, es lo que… Chisa-chan tú… ustedes…—sus ojos se llenaron de lágrimas, y las palabras batallaron para salir de sus labios. Sasuke no entendía su reacción por lo que miró descolocado a su cuñada.

—Así es mamá—asintió llevando su mano con la alianza hacia el vientre plano de Chisato—, vamos a tener un bebé—soltó orgulloso pero tan tranquilo como sólo él sabía hacer.

—¡Kya!—gritó la mujer emocionada—, ¡Oh mi Dios! Estoy tan feliz por ustedes mis niños—se apresuró a abrazar a su hijo mayor y besarle las mejillas con regocijo, después hizo lo mismo con la pelinegra, pero con cuidado por su condición—, ¿Cuánto tienes?

—Estoy de tres meses—sus propios orbes estaban húmedos—, acaba de confirmárnoslo el médico.

—Oh cariño, pero que gran noticia.

—Sí, estamos muy felices.

—De modo que…—musitó Sasuke acercándose sigilosamente a su consanguíneo mientras ambas mujeres intercambiaban emotivas palabras—. ¿Voy a ser tío?

—¿No estás feliz?

—Sólo espero que se parezca a Chisa-san—sus labios se torcieron hacia arriba. Itachi meneó la cabeza, pero aun así sabía que esa era su manera de felicitarlo.

Incluso si la vida se ha detenido para algunas personas. El mundo entero continúa girando sin que nadie pueda evitarlo.

La vida no espera a nadie.


Caminó con cuidado para dejar sobre la pequeña mesa de su cuarto la charola con el par de platos de ramen instantáneo. Se pasó una mano por los cabellos que lograban escaparse de su coleta y clavó sus ojos jade en el desparramado rubio que se encontraba recostado en su cama, leyendo la guía para el examen de la universidad sin muchas ganas. Ella frunció el ceño y puso las manos en jarra.

—Se supone que debes leerla con atención, no hojearla como si fuera una revista de chismes idiota—regañó arrebatándosela.

El rubio respingó por el asalto de su novia y la miró ligeramente escandalizado.

Habían decidido comenzar a estudiar juntos después de la escuela de repaso, pues aunque la Haruno no necesitaba hacer más de lo que normalmente hacía para estudiar, caso contrario pasaba con el muchacho de ojos azules. No era muy conocido por ser el más inteligente, aunque era bueno sólo en el beisbol la mayor parte del tiempo, como había decidido entrar a la universidad de Shibuya era indispensable que estudiara más duro que los demás.

—Sakura-chan—masculló enderezándose sobre el colchón. Dibujó un ligero mohín y sus ojos se entrecerraron tanto que se parecían a los del zorro de peluche que estaba sobre el lecho femenino.

—¿Ya respondiste los apartados que te marqué?—cuestionó regresando las páginas.

—Sí, lo hice-ttebayo

—Hmm—encontró la sección donde lo había dejado antes de ir a preparar los potes instantáneos y leyó cada una de las respuestas—. Te equivocaste en dos de los problemas, ¿ves?—volteó el empastado para mostrarle—, tienes que usar está formula y sustituir esto en ésta parte para resolverlo—se sentó bajo uno de los extremos del mesón blanco y cogió su bolígrafo para escribir lo que estaba diciendo—, si lo haces así, te ahorraras el despeje final, ¿ves?

—Oh, así que era eso, pensé que estaba mal por lo que borré ese procedimiento—silbó rascándose la mejilla.

—¿De qué estás…?

—Mira, aquí se ve lo que borré, al menos un poco-ttebayo—estiró un dedo para apuntar la esquina del cuadernillo.

—Sí que eres idiota no borres nada aun cuando creas que está mal—gruñó, aunque estaba sorprendida de que hubiese acertado a la primera.

Naruto se encogió de hombros mientras la pelirrosa revisaba el resto de los ejercicios. Tenía uno que otro error en algunos, pero en su mayoría estaban perfectamente hechos. Si continuaba así, al contrario de lo que otros esperaban, el Uzumaki podría ser capaz de lograr buenos resultados en las pruebas de admisión. La verdad es que Naruto no era un idiota, sino que en realidad era bastante inteligente; sin embargo la mayor parte del tiempo el disfrutaba de hacer el tonto y jugar en lugar de concentrarse. Si le pidiesen diagnosticar su condición, ella acertadamente diría que sufría de dispersión de la atención.

—Vale, no lo haré—se tumbó de espaldas nuevamente.

—¿Te sucede algo?

—¿Eh?

—Has ignorado por completo el ramen instantáneo, pensé que te encantaba.

—Me encanta-ttebayo—aseguró—, pero estoy muerto de cansancio, no me puedo mover más ¿Y si me alimentas?

—¡¿Ah?! ¡¿Quién te crees que eres?! ¡Come tú solo!—riñó deteniéndose antes de tomar su porción para empezar a comer.

—Sakura-chan.

—¿Y ahora qué?—bufó.

—¿Crees que Hinata-chan y el Teme van a estar bien?

Ella se calló un momento, sinceramente no esperaba ese tema de conversación. A veces Naruto podía sacar a colación cosas de las cuales ella no era completamente consciente, pero que a los ojos de zorruno chico no pasaban desapercibidas en lo absoluto. Miró con seriedad sus humeantes fideos.

—Sasuke-kun ha cambiado desde que está con Hinata—exclamó dirigiendo sus orbes a los del blondo—. Estoy muy segura que podrán superarlo, después de todo sí él pudo enamorarse de ella, es porque es la chica correcta, no dejará que nada se interponga entre ellos.

Ciertamente todos estaban preocupados con la situación de sus amigos. Pero, lo único que ellos eran capaces de hacer, dado que prácticamente estaban atados de manos, era esperar.

El lobo de una manera u otra seguiría al lado de la oveja.


Cerró la puerta del coche luego de que Tente terminara de salir. Se quedó parado ahí un par de minutos, mirando sin ver realmente la manija cromada y luego, dejando escapar una sonora exhalación se viró. Sólo para ser atrapado por la intensa mirada oscura de su novia. Quien apretó los labios y sin darse cuenta frunció las cejas. La muchacha alzó una mano para tocar el rostro de Neji y este percibió su fresco tacto. A pesar de que los primeros días de junio eran tan calurosos, ella no parecía ir acorde a la estación. También recordó que a pesar de estar tan ocupada con sus deberes en la facultad de la universidad ella, día tras día lo acompañaba a visitar a su tío. Incluso le había dicho que no iría a la conferencia del viernes por estar con él durante la operación de marcapasos que ya había sido programada para esa fecha. Definitivamente ella era increíble. Se había mantenido a su lado y lo había aceptado de nueva cuenta aun cuando él le lastimó en el pasado por su obsesión con la familia a la que pertenecía.

—Deberías descansar—exclamó la castaña cruzándose de brazos al separarse—, vas a la facultad y de ahí te pasas directo al hospital a seguir las ordenes de tu tío ¿sabes que eventualmente él aceptara verla, no? Quiero decir, no tienes que insistir cada día que deje a Hinata hablar otra vez.

—No es de ese modo. Tanto Hinata-sama como yo, somos conscientes de que Hiashi-sama es demasiado testarudo para retractarse de sus palabras. Aunque sea irreverente de nuestra parte, sólo podemos seguir presionándolo a aceptar que hable con ellos.

—¿Él de verdad no se compadecerá?

—Hiashi-sama nunca ha podido ser del todo honesto. Seguirá aferrado a su orgullo hasta que podamos hacerlo cambiar de parecer. El hecho de que no quiera ver a Hinata-sama ni a Uchiha, es precisamente el indicio de que esto es posible si presionan en los puntos correctos. Él no quiere admitirlo, pero Hinata-sama tiene razón en su petición y promesa.

—¿Quieres decir que él es consciente de que los planes de Hinata funcionaran con el tiempo, pero no desea aceptar esa posibilidad?

—Sí.

—¿A caso es un niño?

—Hiashi-sama ha vivido grandes pérdidas, el dolor que se desprendió de ellas afecta su corazón constantemente. Ninguno de nosotros ha podido superar completamente los golpes que ha recibido la familia, pero él ha tenido que hacer a un lado su lado más débil para continuar adelante. De alguna manera es como solía ser yo. Incapaz de expresar sus emociones.

—Entonces él sólo va a reprimirlo y excusarse en esa idea falsa de que sus decisiones son lo mejor para el futuro.

—Sí.

—¿Crees que algún día vaya a darles una oportunidad?

—No lo sé—negó suavemente—, pero sólo es necesario un pequeño empujón para conocer la resolución a este problema.

La balanza se movía constantemente, el más mínimo cambio podía traer consigo diversas posibilidades.

Nada era seguro, ni lo bueno ni lo malo.

Sin embargo, las cosas sucederían como debían suceder.


La portezuela del centro de lenguas se abrió de par a par dejando salir a los chicos y chicas que a él asistían. Conversando entre ellos, podía percibirse lo bien que se llevaban. Hanabi les miró sin mucho interés, ajena de las sensaciones que podían vivirse cuando no se poseían demasiadas preocupaciones. Movió la cabeza de lado a lado haciendo bailar sus cortos cabellos, no vio por ningún lado el coche que siempre la recogía.

Su cartera vibró y bajó la vista al tiempo que sacaba del bolsillo colateral su móvil.

Hanabi-sama, el coche se ha estropeado. Por favor espere pacientemente mientras enviamos un repuesto.

Leyó velozmente el mensaje y sus labios se torcieron al tiempo que rodaba los ojos. Genial, ahora llegaría tarde para cenar. Aunque no le apetecía de todas manera. Después de todo, su hermana y su primo no decían mucho al comer juntos en la mesa. En realidad se notaba que estaban exhaustos.

Su padre siempre fue complicado.

Pero ahora sí que parecía estar poniéndoselo realmente difícil a su hermana. No obstante si Hinata se daba por vencida, demostraría que no había alcanzado sus expectativas nuevamente. Y no es como que debiera llenarlas, a quién le importaba eso, sin embargo, no quería que la Hyuuga mayor retrocediera.

Porque ella era su ejemplo a seguir.

—No puede retroceder si quiere ganar.

—¿No han llegado por ti?—preguntó una voz masculina a su flanco derecho. Ella giró medio rostro impasible.

Un chico de su edad le miró como quien no quiera la cosa mientras metía las manos en los bolsillos del pantalón de su uniforme y se acomodaba unos audífonos azules alrededor del cuello. Su encrespado cabello castaño armonizaba con sus ojos negros. Llevaba una mochila amarilla cruzada por el pecho y sus zapatos negros pateaban ligeramente unas piedras que se habían salido de la jardinera.

—No veo por qué deba contestarte.

—Huh, vaya sí que eres fría Hyuuga—silbó llevándose las manos esta vez detrás de la nuca.

—¿Cómo sabes mí…?

—Hemos estado en la misma clase desde quinto de primaria, no eres alguien fácil de ignorar Hanabi Hyuuga.

—¿Quién eres tú?—giró completamente hacia él.

—¿Estás curiosa?

—No me gusta que otros se adelanten a mí, así que habla de una vez—gruñó.

—Konohamaru—exclamó mirando la vía llena de coches por un segundo, como si pretendiese darle un poco de misterio al asunto —, Konohamaru Sarutobi es mi nombre—sonrió despreocupado.

Hanabi sintió que sus pupilas se contraían, ¿Pero qué clase de payaso acababa de conocer?

Ciertamente las cosas normales, no eran divertidas.


El tren se movió con su clásico sonido metálico. Por la hora los vagones estaban a reventar de gente. Era él día más caluroso hasta ahora registrado y según el canal meteorológico las probabilidades de que esto se extendiera por más tiempo eran altas. El ruido que provocaban las voces de las personas y el débil sonido de la música de una nueva banda que sonaba por los altoparlantes, que anunciaban las paradas, hicieron que su cabeza se sintiera sobrecargada. Un par de gotas de sudor mojaron la base de su nuca y la camisa del uniforme se pegaba por el líquido corporal. Su espalda estaba pegada contra el cristal de la puerta y ni siquiera podía moverse al estar tan apretujada. Sus mofletes estaban ligeramente sonrosados y la sangre en ellos aumentaba cada vez que Sasuke respiraba sobre su cabeza. El morocho la había empujado al hueco entre sus brazos y la entrada para cuidarla de que algún imbécil quisiera pasarse de listo en su pequeño trayecto hasta la estación cercana al hospital universitario. Su pecho era tan escandaloso que se sentía mal porque no era momento para estar feliz por la cercanía de su lobo personal.

—"Linea Mauronouchi, estación Nishi-Shinjuku*, Linea Mauronouchi, estación Nishi-Shinjuku"—una agradable voz femenina comunicó haciendo una pausa en la melodía que se auscultaba y la cual algunas estudiantes de secundaria tarareaban cerca de ellos.

—Hinata—llamó el Uchiha para que despabilara, la mencionada pestañeó aturdida y se giró con torpeza, hubiera quedado algo atorada con el suelo del metro si no fuera porque su novio la empujó suavemente al sostenerla de la cintura.

—Gracias Sasuke—musitó cuando se hubieran alejado lo suficiente del tumulto que salía en los escasos minutos de la parada del metro.

—No vayas a soltarte, es peligroso—advirtió cogiendo su mano y entrelazando los dedos para que no fuera capaz de escapar o soltarse—, dame tu bolso—ordenó mientras caminaban hacia las escaleras.

—¿Eh? Puedo llevarlo yo misma.

—Estás un poco mareada ¿no?—masculló al detenerse frente a un afiche de publicidad sobre el parque temático de Disneyland. Con su mano libre le tocó las mejillas que se colorearon de inmediato—. Estuviste un tanto errática en la escuela e ibas distraída en el tren, quizás es fiebre, deberíamos regresar ahora—expresó moviendo su extremidad hacia la frente de la peliazul para verificar su temperatura corporal.

Ella se estremeció.

—No, no es nada Sasuke, además mañana operan a mi padre, no quiero que esto se aplace más.

—Vale, será como quieras—rezongó—, pero si comienzas a sentirte mal te llevaré a rastras hasta emergencias.

—No… no creo que haya que exagerar.

—No estoy exagerando—el lobo la observó estoicamente serio—, voy a hacerlo.

La forma en que lo dijo, Hinata esperaba que fuera broma. Pero Sasuke nunca bromeaba, él era muy circunspecto sobre ello.

—Vale—asintió derrotada, pero feliz por su preocupación.

El ojinegro la cuidaba en su peculiar forma como siempre.

Las puertas se abrieron justo cuando se posicionaron frente a ellas, algunos pacientes junto a sus respectivas enfermeras salieron cuando ellos entraron. Como siempre la recepción era bastante concurrida, la encargada les miró y sonrió saludándolos discretamente. Después de todo ese par de estudiantes iban todos los días, le correspondieron la atención y luego siguieron de largo. Caminaron por los pasillos para tomar las escaleras que los llevaría hasta el piso de siempre. Después de todo, usualmente no tomaban el elevador porque no era necesario.

Como era típico, el personal y los familiares de los pacientes iban de un lado a otro. Sin embargo en una de las vueltas que debían dar, Hinata se detuvo secamente y Sasuke sintió que su brazo se estiraba ligeramente por la acción de su oveja. Se giró con claras intenciones de cuestionar sus acciones, pero las palabras murieron en sus labios al ver que su pequeña novia miraba fijamente en dirección paralela a ellos.

Un poco curioso siguió la trayectoria de los orbes perla y alzó una ceja al ver lo que la tenía tan absorta. Ante ellos estaba lo que el moreno supuso sería un problema más adelante.

Una pequeña niña totalmente desconsolada.


Pasó la última página del contrato que el encargado de la empresa le había dado a Neji para que el presidente revisara. Normalmente las personas tenían que descansar cuando estaban hospitalizadas, pero Hiashi Hyuuga no conocía ese concepto. Había aceptado que Neji dispusiera de un representante provisorio en la junta directiva, pero todas las decisiones seguía tomándolas él. Estiró una mano si despegar su mirada de las letras y el castaño menor dejó caer un bolígrafo en la palma de su tío.

Firmó elegantemente.

—Envíalo cuanto antes a la empresa y pide que junten los documentos para traerlos aquí el sábado por la tarde.

—Como ordene Hiashi-sama—asintió recibiendo el documento.

—¡No me importa si es una orden o no! ¡Voy a entrar!—ambos miraron la puerta por donde se escuchó semejante alboroto.

—Señora, espere, señora—respondió uno de los guardias, un par de palabras más se escucharon y entre amenazas y reclamos la puerta se abrió dejando ver a la curiosa recién llegada.

—¿Quién es usted?—preguntó Neji al ponerse de pie.

—Lo siento jefe—se disculpó el hombre que no había podido pararle los pies a la recién llegada.

—Ha sido mucho tiempo Hiashi, veo que sigues con esa expresión aún de viejo.

—Mikoto Uchiha—expresó impávido—, nunca hubiese imagino verte hoy.

—No habría sido necesario hacerlo de esta manera—apuntó al guardia—, si tan sólo no fueras semejante viejo terco.

—Jefe…

—Está bien, déjalo estar—alzó una mano.

—Entiendo—hizo una reverencia antes de cerrar la puerta. Neji no lo mostró pero estaba confundido.

—Vaya—silbó la morena—, pensé que no dudarías ni un segundo en echarme.

—No tientes a la suerte, dado tu relación con mí esposa, no puedo hacer eso.

Ella se cruzó de brazos.

—¿Es así? Vaya honor.

—Neji.

—¿Sí?

—Retírate—mandó cerrando los ojos con estoicismo.

—Como ordene—asintió y se alejó, no sin antes mirar nuevamente a esa mujer.

Definitivamente era pariente de Sasuke Uchiha.

—Entonces, yendo directo al grano…—comenzó ella una vez se hubiera quedado solos. Hiashi observó a la vieja amiga de su mujer. Ella también había envejecido como él, pero aún quedaba rastro de lo que solía ser cuando iba al instituto. Fue como si pudiera ser capaz de alucinar ligeramente con aquellos días en los que solía ver a Hana caminar al lado de Mikoto por los pasillos del colegio.

—…

—Puedes decirme, ¿Por qué es que se lo estás poniendo tan difícil a nuestros hijos?

La verdad es que aunque Sasuke le había pedido que no se entrometiera, ya no aguantaba más quedarse al margen.


Miró de un lado a otro un tanto ofuscado por los constantes chillidos y berreos de la menor, esa chiquilla no pasaría de los siete años seguramente. Pero mientras él pensaba que era algo molesto y problemático tratar de consolarla lo suficiente para para que detuviera sus lágrimas y pudiera decir que le sucedía, Hinata no parecía percatarse del lio en el que se estaban metiendo. Le sobaba la espalda maternalmente a la pequeña de cabellos oscuros y cada vez que ésta alza el rostro descompuesto en llanto ella le sonreía cálidamente.

—Está bien, está bien, no llores, nosotros te ayudaremos, pero primero dinos tu nombre.

—Yo…no… puedo—lloró sorbiendo con la nariz ruidosamente—, mami me…dijo que… no hablara con…extraños.

Genial.

Sasuke rodó los ojos. No es que estuviera en contra de esa estúpida regla que todos los padres imponían, de hecho él probablemente la pondría también a sus propios hijo, pero modificada en gran medida.

—No somos extraños, yo soy Hinata y este chico es Sasuke, vamos, mira, con eso ya no somos extraños—la niña trató de contener los gimoteos para verlos con sus enrojecidas gemas esmeralda—, ¿cómo te llamas?

—Nana—su pechito subía y bajaba. Los grandes surcos de sus ojos no se detenían.

—Nana-chan, es un nombre muy bonito.

—Mi mami me dice Nan-chan.

—¿También quieres que te llame así?—la pequeña asintió con las mejillas rojas y los ojos irritados.

—Porque cuando mami me llama así, sé que todo está bien.

—Vale, te llamaré Nan-chan.

—¿Por qué estabas aquí?—preguntó Sasuke inclinándose al lado de su oveja. Nana lo miró y luego atinó a llorar otra vez. El moreno descompuso su rostro.

De verdad que no podía hacer nada cuando una chica lloraba, ni siquiera cuando ésta era una niña de primaria.

—Nan-chan, sólo dínoslo, trataremos de ayudarte.

—Mi mami… mi mami, está herida—soltó y Sasuke inmediatamente volteó a ver a Hinata.

—¿Está herida? ¿Por qué Nan-chan?

—Mami siempre me dice que debo mirar por donde camino, pero es que era la tienda favorita de papi, papi no quiere a Nan-chan porque es una chica mala, él quiere más a Waka-chan, la hermanita de Nan-chan—lloró. La peliazul sintió que su corazón se estrujaba.

Eso sonaba muy familiar.

—¿Cruzaste sin mirar?—el azabache suavizó su voz. Nana asintió con fuerza.

—Un coche iba a golpear a Nan-chan, mami solo quería salvar a Nan-chan. Pero mami, ya no se movió cuando cayó al suelo, mami tenía sangre en su estómago, Nan-chan no sabía que hacer—el Uchiha pronto comprendió la gravedad del asunto y de reojo observó a la oveja. Quien tenía los ojos aguados por las lágrimas—. Yo maté a mami.

Esa niña era como ella.

—Nan-chan tú no tienes la culpa de eso—la ojiperla estiró sus brazos para abrazarla—, tu mami estará bien, ella te salvó porque te ama mucho, más que a su vida.

—Onee-chan eres mentirosa.

—No, no estoy mintiendo, yo sé que tu mami te ama mucho, por eso quería que estuvieras a salvo. Porque la mami de Onee-chan hizo lo mismo—aseguró dejando escapar sus lágrimas.

—Hinata—murmuró Sasuke mirándola con una expresión indefinida, para ella debía ser doloroso decir esas palabras. Pero sabía que no era porque siguiera pensado que eso era su culpa, sino porque aquello no era algo que sólo ella sufriría.

Las madres eran seres que pensaban igual.

—¿Dónde está la mami de Onee-chan?

—En el cielo.

—¿Mi mami también va a ir al cielo?

Su corazón se rompió, pues no sabía cómo responder a aquello. Mentir no era una opción para la oveja, pero tampoco tenía la manera de contestar con seguridad esa pregunta.

Y el lobo tampoco podía ayudarla.


Trató de levantarse de la cama con ayuda del aparato donde colgaban su suero intravenoso y miró despectivamente a la mujer que se había quedado callada frente a él cuando hizo amago por auxiliarlo.

—¿A dónde vas?

—Necesito caminar por lo menos una vez al día mujer.

—¿No vas a contestar?

—¿Por qué debería seguir tu absurda discusión?

—No es absurda, tú sabes bien que tengo razón.

—No veo de qué manera eso es posible—se dirigió hacia la puerta.

—Ay pero que terco eres Hiashi, tú sabes que Hana no hubiera aprobado que le hicieras semejante cosa a su hija. Ella siempre siguió el camino que escogió por sí misma, debería dejar que Hinata hiciera lo mismo.

—Y el camino que mi esposa eligió la llevó directo a la tumba. No voy a dejar que eso suceda.

—Mi hijo va a cuidarla y tampoco es que ella sea débil—lo siguió firme.

Ella era la razón del porque Sasuke era tan terco.

—¿Al menos sabes cómo es que él pretende cuidarla? ¿Sabes que incluso están pensando en casarse?—Mikoto abrió los ojos de par a par. Eso último sí que no lo sabía—, son sólo unos niños y sin embargo pretende jugar a ser adultos.

—Aun así, no puedes hacerles esto. Hinata no es como Hana.

—¡Lo es!—alzó la voz en medio del pasillo donde se cruzaban algunas vía. Un par de enfermeras los miraron—, ella es como su madre, cada día… cada día, se parece más y más a Hana, cada día, veo a mi esposa en ese rostro y cada día tengo miedo de que desaparezca como ella—confesó.

—Pero, por ese miedo está intentando controlar su vida. Los hijos no son muñecos que puedas manipular para que sigan tus deseos, aún si lo único que quieres es protegerla, debes dejar que ella sufra lo que tenga que sufrir.

—¿Tú qué sabes? Nunca has perdido a nadie, no sabes lo que se siente.

—¡Lo sé! Tú perdiste a tu esposa, yo perdí a mi mejor amiga ¡Claro que lo sé!

—No voy a dejar que ella sea herida, yo… no podría mirar a Hana otra vez si eso pasa—apretó la quijada—, ya le fallé al culpar a nuestra hija de su muerte, no puedo permitirme decepcionarla más.

—¿Qué es lo que necesitas Hiashi? Dime ¿qué necesitas para darte cuenta que esta no es la mejor manera?—el Hyuuga la miró sermonearle otra vez—. Si continuas así, ella ya no esperara tu aprobación y se marchara de tu lado. Tarde o temprano ella se irá y no querrá volver junto a alguien que le aprisiona con una correa—hizo las manos puño—, y mi hijo la seguirá, yo no sé cómo será el futuro para ellos, pero conozco a mi hijo, Sasuke se aferrara a ella para no perderla.

Eso también le daba miedo.

—Yo…

—¡No!—un grito desgarrador hizo que tanto ellos como los demás presentes voltearan hacia el sitio del que provenía. Hiashi avanzó tan rápido como su condición se lo permitió y Mikoto lo secundó.

Enfermeras, pacientes y médicos se acercaron a la zona de conmoción y tanto la Uchiha como el Hyuuga se sorprendieron de ver a sus respectivos hijos en el medio del caos.

Mikoto se llevó las manos horrorizada hacia la boca para cubrir su grito ahogado al ver a su segundo hijo forcejeando con un hombre muy alterado. Detrás de ellos, obviamente lo que el morocho trataba de proteger, se encontraban una aterrada niña en brazos de una descompuesta Hinata hincadas en la entrada de las escaleras.

—¡¿Pero quién diablos creen que son?! ¡¿Por qué protegen a esa niña?!

—¡Ya cállate bastardo!—ladró el joven furioso hasta los huesos.

—¡Papi!

—¡No me llames papi! ¡Por ti… por tú culpa… por tu culpa Shizuka está…!—no estaba en sus cabales, Hiashi lo sabía sin siquiera pensarlo demasiado.

Alguna vez fue como él.

—¡Onee-chan!

—¡No llores! ¡No tienes derecho a llorar! ¡Por ti Shizuka ya no volverá más!—lloró el hombre totalmente destrozado.

—¿Cómo puede decirle semejante cosa?—preguntó indignada Mikoto dispuesta a entrometerse. Cuya idea también se le paso por la cabeza a Hiashi. Él, que había pasado por lo mismo, sabía que ese sujeto estaba cometiendo el peor de los errores justo ahora.

—¡No, Nan-chan no tiene la culpa!—Hinata apretó los dientes.

—¡Tú…!

—¡Cállate!—aquel grito no había sido del lobo, esa orden había salido de los labios de la oveja. Separó a Nana de su lado y luego de darle una pequeña caricia en la cabeza se levantó firme. Se acercó hacia el destrozado padre y alzando el rostro, todos fueron testigos de una expresión tan cargada de emociones y valor que el mutismo se instaló cuando levantó la mano derecha a la altura de su cabeza para tomar impulso y justo después propinar una fuerte bofetada al sujeto.

Tenía que regresarlo a sus cabales.

Hiashi abrió los ojos de par a par.

—¡...!

—No puedes llamarte a ti mismo padre si haces esto, Nan-chan no necesita a un cobarde que no puede sobrellevar esta desesperación. Sé que es doloroso, lo sé muy bien, pero tu hija te necesita, no puedes…

Sintió que su vista se desenfocaba.

—Hinata…—Sasuke notó algo extraño en ella.

—¡Tú qué sabes!—dio un manotazo para apartarla bruscamente de él.

El cuerpo de Hinata se tambaleó hacia atrás.

—¡Onee-chan!

—¡Hinata!—el moreno empujó al hombre hacia un lado para correr tras la silueta de la oveja que se desvanecía en el filo de las escaleras.

—¡Hinata!—la muchacha alcanzó escuchar la lejana voz de su padre llamarla desesperadamente.

Luego sólo fue consciente de un par de brazos que la protegieron de un muy doloroso impacto que sacudió todo su interior. Olor a oxido con sal…no, olor a sangre, llegó también en menos de un segundo.

El alboroto se desató cuando la oscuridad la engulló.

¿Por qué sentía tanto sueño?


.

Continuara

.


Acabé por fin.

Lamento muuuucho la demora, tenía la cabeza hecha un lio por la escuela, entré en una temporada de nada de inspiración para esta historia. Por lo que en alguna especie de recompensa traté de darles una pequeña historia SasuHina para amenizar la espera. Say Goodbye Dear Stray Cat está recibiendo buena aceptación así que las invito a leerla. Bien, ahora sí trataré de traer el siguiente más rápido, de alguna forma cuando uno se acerca al final es que empiezan las crisis de escritor.

Así es chica, El lobo se nos va muy pronto. Pero siempre agradeceré todo lo que esta historia y sus maravillosos personajes me han brindado, así como la hermosa gente que ha estado conmigo en esto desde el comienzo o desde la mitad Jajaja.

Espero que les haya gustado este capítulo, intenté el mejor de los resultados. Muchas gracias por sus comentarios y para las que me preguntaban sobre Cuando Madures, si, la voy a terminar este año, muy pronto subiré el siguiente capítulo para volver a tomar el hilo, solo pido paciencia. Dejen sus opiniones, serán bien recibidas como siempre, incluso si es un reclamo por tardar tanto, lamento los errores trataré de corregirlos después :x

1* La Linea Marunouchi (東京地下鉄丸ノ内線 Tōkyō Chikatetsu Marunouchi-sen?) es una línea del sistema del Metro de Tokio, Japón. La ruta tiene forma de U, corriendo de la Estación Ogikubo en el oeste de la ciudad por el distrito comercial y administrativo de Shinjuku hasta el centro comercial Marunouchi, rodeando después la Estación de Tokio para volver a Ikebukuro. El rojo es el color de esta línea, y sus estaciones llevan la letra M seguida por un número. Una rama dependiente de la línea va a Honancho; sus estaciones llevan una m minúscula. Su número de planificación de línea es el 04.

Estación Nishi-Shinjuku es la que queda, justo detrás del hospital Universitario de Tokio.

Sin más que decir.

Akari se despide.

Yanne!