8. Héroes
Pasaba
el canal cada tanto, escuchando distraídamente los anuncios o los
diálogos de los programas. Con los pies colgando en el respaldo y su
cabeza colgando del asiento, veía la televisión tratando de
distraerse y no aburrirse. No había mucho que hacer, Tomoyo se había
ido a comprar unas cosas y no quería que Eriol viera su sorpresa de
aniversario, y por su parte, ya tenía todo preparado para esa noche,
y había hecho parte del aseo de la casa, por lo que ya no había más
que pudiera hacer.
-Bueno, quizá la cena- pensó al tiempo que
volvía cambiar el canal.
-Empieza la tercera temporada de Héroes,
la nueva serie de Warner Channel, a continuación…-se escuchó el
spoiler en la TV al mismo tiempo que se escuchaba un abrir y cerrar
de la puerta.
Tomoyo al verlo sobre el sillón de la sala, con
esa postura tan peculiar sonrió. Sabía que estaba aburrido, ella
igualmente se había aburrido de ir sola a comprar lo que necesitaba
para esa noche pero no tenía de otra si quería sorprender a
Eriol.
Dejó las cosas en la cocina y se acercó al hombre con
quien compartiría el resto de su vida dentro de unas cuantas
semanas.
-Eriol…- le llamó seductoramente desde atrás del
sillón.
-Dime amor- le miró interesado.
La joven se
recargó sobre el respaldo del sillón, viendo con interés la serie
que comenzaba. Eriol al verla distraída, la jalo hacia sí, logrando
que cayera sobre su cuerpo. Ambos se miraron a los ojos y
sonrieron.
-Te importa si nos sentamos correctamente, no me
acomodo viendo la tele de esta forma- sugirió.
-Tengo una mejor
idea, que te parece si dejamos de ver la tele y hacemos otras formas-
habló con picardía mostrando a su vez una mirada seductora.
Sabía
que no podría decirle que no, pero debía hacerlo, debía mantenerse
firme si quería que la sorpresa de esa noche no se arruinara. Pero
en el instante en que la besó, supo con certeza que no podía
negarse. Suspiró derrotada y se levantó de inmediato.
-En verdad
quería ver el inicio de esa serie, dicen que esta interesante-
reprochó falsamente molesta.
Eriol sonrió como sabía que a ella le encantaba, apagó la tele y se levantó del sillón para después encerrarse toda la tarde en la habitación que compartían. Con más de una idea se había dirigido a aquella habitación pero sobretodo con aquella que agradecía a cierta serie por que en efecto, aparecieron en cuanto necesitaba ayuda, en cuanto se moría de aburrimiento y se afligía por no tenerla a su lado.
