Buenas Tardes, ante todo gracias por sus comentarios, aun quedan bastantes capítulos, esta historia tiene mucho que contar, es un poco triste pero vale la pena leerla, pero también tiene muchas cosas lindas, la escribió Vallemar y los personajes son de Suzanne Collins, nada me pertenece, solo la adapto por diversión.

CAPITULO XXVIII

PRIMROSE

Atrapados en una relación imposible, vivíamos los dos intentando pasar los días, tratando de ignorar el hecho de lo infelices que éramos. Aunque parezca extraño, yo lo llevaba mucho mejor. Seguí con mi plan de ser una buena esposa, de llevar la casa y de atender las cosas de Gale lo mejor que podía. Al principio, él parecía esmerarse porque las cosas marcharan bien entre nosotros, se mostraba atento, complaciente y muy cariñoso. He de reconocer que aquello me hacía sentir recelo y muchas veces me costaba tolerarlo, e incluso me desesperaba y me asustaba, porque comenzaba a sentir cosas por Gale y eso me producía temor y desconcierto. Me gustaba cuando sus ojos se oscurecían, cargados de deseo, mientras me observaba, también me gustaba que me demostrara su interés por mí y me halagaba que intentara en todo momento acercarse, buscar mi compañía y procurar que yo me sintiera a gusto con él. Cada vez se hacía más sencillo relajarme y dejarme llevar, aunque a veces sucumbía a mis recuerdos, y sentía que lo odiaría siempre. Así se lo hice saber a Mags, quien me escuchó pacientemente, una tarde cualquiera en la que estábamos en mi habitación. Conocedora como era de las vueltas de la vida, también supo reconocer que mi corazón se estaba ablandando y me lo hizo ver. Ella tenía razón, incluso comenzaba a aceptar que yo había tenido gran parte de la culpa y aunque no justificaba sus actos, empezaba a comprender sus razones. Pero todo aquello duró poco, un buen día, él volvió a cambiar. Sin ninguna razón aparente, regresó el Gale frio, abusivo y depredador al que tanto odio le tenía. Cada día que pasaba se mostraba más distante y huraño, mientras yo no podía entender qué había motivado aquello y cualquier sentimiento que hubiera despertado en mí, mermaba rápidamente.

El tiempo pasaba y mi barriga cada vez era más grande, ya tenía ocho meses de embarazo, y me sentía bien, fuerte y sana.

Una noche, yo estaba en el estudio viendo la televisión, Dora ya se había marchado y Gale no había llegado aun, seguro dormiría fuera, algo que se había convertido en habitual las últimas semanas. Me levanté para ir a la cocina a buscar algo de comer, y justo cuando atravesaba el pasillo entre la cocina y el estudio, se abrió la puerta. Yo me sobresalte y tiré al suelo el vaso y el sándwich que tenía en la mano.

- ¡Gale!, -dije al percatarme que era él- me asustaste, -miré al suelo- ¡por Dios, que desastre he hecho!

Traté de agacharme para recogerlo mientras él se quedó en la puerta mirándome, sin hacer nada para ayudarme.

- ¿Puedes echarme una mano por favor?, -exclamé mientras le miraba desde abajo- no soy muy diestra con esta barriga.

- La verdad es que te has puesto como una vaca, -escupió, volviendo al mismo talante de nuestros primeros meses de matrimonio-.

- Es lo normal cuando una mujer está embarazada ¿no?

Le contesté verdaderamente enfadada, él siguió de largo sin ofrecerme su mano y sin hacer nada para ayudarme, incluso, me dio la impresión de que tropezó conmigo adrede cuando pasó a mi lado.

- ¡Ten cuidado!, -le grité-, ¡casi me tumbas!

- Eso… deberías caerte, -soltó enfadado, cuando se giró de nuevo para mirarme-.

- ¿Qué estás diciendo?

El se acercó con rabia, y se inclinó sobre mí. Su rostro estaba muy cerca del mío. Me asusté muchísimo, pensé que su intención era pegarme. Cuando habló, su aliento delató la enorme cantidad de alcohol que había ingerido.

- Lo que oíste, deberías caerte y perder a ese monstruo que llevas dentro.

- ¡Cállate estúpido!, -espeté, tratando de ocultar el enorme miedo que sentía-, ¡estas borracho!

- Sí, estoy borracho, ¿y qué?, -volvió a escupir las palabras-, hoy quería ahogar mis penas.

Traté a duras penas de levantarme del suelo. Por fin lo logré, había vidrios por todos lados, Gale había pisado sobre el vaso que yo había tirado y el jugo que se había derramado, amenazaba con dejar una fuerte mancha en la alfombra. Decidí no recoger nada y marcharme a mi habitación, pase por al lado de él lo más rápido que pude, pero me siguió, cuando ya estaba junto a la puerta, logró alcanzarme y me sujetó fuertemente por el brazo.

- ¿A dónde vas?, aún no he terminado de hablar.

- Déjame borracho insolente, -volví a gritarle- no me pongas ni un dedo encima, nunca más te lo voy a permitir.

Me solté de él con fuerza, lo empujé, y en vista de que su equilibrio no era muy bueno, logré tambalearle. Enseguida entré en la habitación y cerré la puerta con llave. Él empezó a golpear cada vez más y más fuerte, mi corazón estaba sobresaltado, sólo deseaba que se callara y se marchara, pero él seguía del otro lado, gritando y golpeando.

- Ábreme de inmediato. Tú eres mi esposa, yo tengo derecho a estar en esa habitación, es también mí habitación. Ábreme, zorra asquerosa, no voy a permitir que sigas humillándome, ya te lo dije, ¡tú eres mi mujer!, ¡mí mujer!, -gritó incluso más duro y con énfasis-. ¿Quieres estar sola para seguir soñando con él, verdad?, pero no es tuyo, él le pertenece a otra mujer, se casó, ¿sabes?, hace muchos meses que lo hizo. Si no me crees, pregunta a tu amiga Annie. Tú no le importas, ni tampoco el bastado que llevas dentro, no eres más que una puta, una vulgar con quien se acostaba para satisfacer una necesidad, eres para él, lo mismo que Glimmer es para mí.

Confesó que la señorita Cooper era su amante, aunque no me sorprendió nada, eso era algo de lo que me había dado cuenta desde el principio, pero había preferido no darme por enterada, a fin de cuentas, realmente a mi no me importaba en lo más mínimo. De pronto se calló, cesaron los insultos y los golpes en la puerta, yo me acerqué a ver si escuchaba algo, pero no, parecía que ya se había cansado y se había retirado a dormir su borrachera. Entré al baño a lavarme la cara, necesitaba despejarme con un poco de agua fría, tomé una toalla y salí nuevamente a la habitación. Cuando terminé de cruzar la puerta del baño, vi que la otra puerta, la que conducía al pasillo, estaba abierta. La expresión de sorpresa de mi rostro debió ser escalofriante, más aún, cuando al otro lado de la habitación, sentí sonar unas llaves, me giré y ahí estaba Gale.

- Maravillosa idea la de guardar las llaves de cada una de las habitaciones de la casa, -decía mientras hacía sonar el manojo de llaves desagradablemente-.

- ¿Qué haces aquí? -le grité-.

- Vengo a dormir con mi esposa.

- Vete ahora mismo o llamo a la policía.

Se carcajeó y empezó a remedarme burlonamente.

- ¿Y qué piensas decirles?, llamo para denunciar que mi esposo a entrado en la habitación y quiere acostarse en mi cama para dormir conmigo.

- ¡Gale… te lo advierto!, -exhorté firmemente, mientras lo veía caminar en dirección a mí- sal de aquí ahora mismo.

- No. –Respondió con sorna-.

Intenté correr hacía la puerta, pero no pude, él fue más rápido que yo y volvió a agarrarme del brazo con mucha violencia. Intentó besarme a la fuerza, con una mano me sostenía por el brazo para que yo no pudiera moverme y con la otra mano, intentaba sujetar mi cara. Yo le golpeaba fuertemente con la mano que tenía libre, pero él no parecía inmutarse en lo más mínimo.

- Bésame, bésame como te vi besarle a él, fornica conmigo como lo hacías con él -decía- no vas a seguir burlándote de mí.

- ¡Déjame en paz, suéltame Gale, suéltame!

Me empujó contra la pared y se me fue encima. Me estaba haciendo daño en la barriga. Yo seguía gritándole que parara, e intentando soltarme, pero todos mis esfuerzos eran en vano.

- Quiero que me desees como a él, quiero que seas mi mujer. Quiero tocarte, quiero besarte y que tú desees más de mí. Voy a demostrarte que yo soy más hombre que él, después de que me tengas dentro, olvidarás hasta su nombre…

Yo apartaba mi cara con asco, no sentía más que repulsión ante sus palabras.

- Dime que me quieres, -volvió a gritarme, al mismo tiempo que golpeó la pared- Dímelo.

Yo le miré con odio y le escupí en la cara.

- Nunca voy a decírtelo, no te quise antes, no te quiero ahora, y nunca te querré. Yo soy suya y de nadie más, -yo seguía gritándole cosas y forcejeando, mientras él seguía forzándome- eso es algo que nunca vas a poder cambiar.

- ¡Cállate!, -me gritaba-, nunca volverás a estar con él, nunca. No voy a permitir que vuelvas a engañarme en tu vida.

- Yo nunca te he engañado estúpido. Tú me obligaste a casarme contigo, a arruinar mi vida, a dejarlo, pero no puedes obligarme a que te quiera y menos como lo quiero a él. Él es el padre de mi hijo, ¿y sabes qué? yo quise este embarazo, fui yo la que lo provocó, porque lo amaba y deseaba un hijo suyo más que cualquier cosa en la vida, y no me hubiera importado tenerlo sola. Si he aguantado todo esto ha sido sólo por mi hijo, porque si no me hubiera matado, preferiría mil veces estar muerta que estar contigo.

No sé por qué le dije todas esas cosas, ahora estoy segura que no era el momento, pero no pude contenerme. Toda esa rabia que había estado tratando de esconder durante tanto tiempo, tomó vida propia, saltó avivada por la chispa de sus maltratos.

Él no me soltaba, pero tampoco decía nada. Al fin sus manos se abrieron y me dejó libre. Me dio la espalda, pero cuando creí que había acabado, volvió a voltearse, ahora con la mano derecha levantada. No tuve tiempo de hacer nada. Sentí un dolor inmenso en la mejilla, me tambaleé y caí al suelo. Ahí, él siguió golpeándome, una y otra vez, sin parar, con sus puños cerrados e incluso con sus pies. Yo lloraba y trataba de proteger mi abdomen, en dónde estabas tú. Le gritaba que parara, pero él no me hacía caso. Desesperada, levanté inclusive más el tono de mi voz y apelé a la única persona a quien sabía Gale respetaba.

- ¡Gale, estoy embarazada! Si pierdo a mi bebé por tu culpa, vas a tener serios problemas, mi padre jamás te lo perdonará, ni aún contándole lo que quieras contarle sobre mí, y te juro que si algo le pasa a mi hijo, no voy a detenerme ante nada para hundirte en el infierno.

Por fin los golpes pararon, abrí los ojos y ahí estaba él, de pie junto a mí, con los brazos todavía levantados y jadeando por el cansancio y la excitación. Yo traté de levantarme, pero no pude, me dolía todo el cuerpo y sentí un dolor muy fuerte en el bajo vientre. Estaba muy asustada y volví a gritarle.

- Llama de inmediato una ambulancia desgraciado perro, no me encuentro bien, -él no hacía nada, ni decía nada, volví a gritar- ¡por favor Gale!, llama a la ambulancia ahora mismo.

Me miró desconcertado, echó un vistazo alrededor de nosotros y luego salió de la habitación. Unos segundos después, escuché la puerta de la entrada. Se había marchado y me había dejado sola.

Tenía que llegar hasta el teléfono, debía pedir ayuda. Di Gracias a Dios de haber obligado a la señorita Cooper a colocar un teléfono en mi habitación. No podía levantarme del suelo, así que me arrastré unos metros hasta el teléfono y marqué el número de emergencias. Pedí una ambulancia y al colgar, llamé a Mags.

Me quedé en el suelo, inmóvil, esperando a que llegara la ayuda. Yo les había dicho que estaba sola, que le pidieran al portero que les abriera la puerta del apartamento, siempre tenían una llave abajo por si ocurría alguna eventualidad.

Por fin llegaron, al escucharlos entrar les grité.

- Estoy en la habitación, por favor dense prisa.

Entraron dos hombres, seguidos del portero, el señor Walter, un hombre mayor, muy educado y agradable. Enseguida los dos hombres bajaron la camilla casi al ras del suelo y me subieron en ella, me pedían que no me moviera, yo insistía en que tenía ocho meses de embarazo, como si no se notara mi enorme barriga.

Vi a Walter y le dije ya casi sin aliento

- La señora Mags, mi amiga, está en camino, ¿puede decirle a que hospital me han llevado por favor?

- Sí señora, no se preocupe, voy a tratar de localizar al señor Hawthorne e informaré a la señora De Abernathy en cuanto llegue. -Contestaba él, visiblemente consternado y desconcertado-. Esté tranquila por favor, todo va a salir bien.

Mientras me subían a la ambulancia, escuché como Walter comentaba.

- No me imagino quien pudo golpearla así, yo no he dejado entrar a nadie extraño. El señor Hawthorne se va a poner furioso cuando se entere que han entrado para robar en su casa y que han agredido a su esposa.

¿Creían que había sido un robo?, ¿por qué creían eso? Yo quería aclararlo todo, decir que había sido Gale, pero casi no podía hablar, me dolía muchísimo el vientre, además de todo el cuerpo.

No sé en qué momento llegamos al hospital, perdí el conocimiento en la ambulancia de camino. Cuando abrí los ojos, estaba en una cama extraña, en una habitación que no conocía. Desorientada me miré los brazos, tenía mangueras y puyas en las manos, supongo que de suero o algún otro medicamento. Cerré los ojos y los volví a abrir, ¿mi barriga?, no estaba.

- ¿Mi hijo?, ¿qué ha pasado con mi hijo?, ¿dónde está mi hijo?

Gritaba desesperada, mientras intentaba levantarme. Una voz conocida me sujetó con fuerza y me dijo.

- Tranquila Katniss, tú hija está bien, ahora la están alimentando.

Era Mags, la miré buscando en su cara la verdad, no quería darme cuenta luego de que me estaban diciendo una mentira piadosa.

- Te digo la verdad, -me dijo ella adivinando mis pensamientos-, sabes que yo nunca te mentiría con una cosa así.

- Quiero verlo Mags, quiero verlo ya, ¿está bien?

- Sí, nació sana y completa. Fue prematura, pero ha estado unos días en la incubadora y ahora está totalmente fuera de peligro y creciendo mucho.

- ¿Es niña?, -le dije sonriendo-.

- Una niña preciosa, -me contestó ella-.

- ¿Estuvo unos cuantos días en la incubadora?, -le pregunté desorientada, no sabía si había escuchado bien-, ¿cuánto tiempo llevo inconsciente?

- No has estado del todo inconsciente, -me contestaba ella, tratando de tranquilizarme- pero si has estado sedada, perdiste mucha sangre y estabas muy nerviosa, así que te han hecho dormir mucho para que recuperaras fuerzas. Estabas muy débil cuando te encontraron en el apartamento, han pasado casi dos semanas.

- ¿Tanto tiempo?, -le dije sorprendida- ¿y quien a cuidado de mi niña?

- Han cuidado de ambas en el hospital, además, yo no me he separado ni un momento de vuestro lado.

La miré con los ojos llenos de lágrimas, la quería tanto y tenía tantas cosas que agradecerle…

- Gracias Mags, -le dije sinceramente-, no sé qué hubiera hecho sin ti.

- Ahora tranquilízate, -me dijo ella con dulzura-, voy a pedir que nos traigan a la niña, pero debes prometerme que vas a estar muy calmada.

- ¡Sí, te lo prometo!, -dije desesperada y suplicante – tráemela por favor, quiero verla.

Mags se fue y volvió unos minutos más tarde contigo entre sus brazos.

- Aquí está la princesa del hospital.

Suavemente te deslizó hacía mi, poniendo mucho cuidado en lo que hacía. Cuando te miré, supe con certeza que existía el amor a primera vista, porque de inmediato quedé prendada de ti. Eras tan linda, tan suave y olías tan rico. No podía creer que ya estuvieras conmigo, que salieras de mí, y que tu padre y yo hubiéramos logrado algo tan poderoso y tan puro.

- Es curioso que la llamaras Princesa, -le dije a Mags, mientras te miraba –. ¿Sabes que así me llamaba su padre?

- Es lógico, ambas son unas princesas -me dijo ella sonriendo-. ¿Qué nombre le vas a poner?

Preguntó, mientras yo me cercioraba de que estuvieras completa, dos manitas con sus 10 deditos, dos piecitos con sus 10 dedos, orejas, ojitos, boca, nariz, todo perfecto.

- ¡Primrose!

No lo dudé ni un momento.

- Se llamará Primrose.

- Es un nombre bellísimo, con fuerza y carácter, digno de esta preciosa bebe. Me gusta, ¡Primrose!

Una hora más tarde, entró una enfermera.

- Vengo a llevarme a la princesa, es hora de su baño y de su cambio y luego de su comida.

- ¡No por favor!, no se la lleve, -le dije casi suplicándole- yo puedo hacerlo.

- Permítame señora, usted está muy débil todavía, y ya tendrá mucho tiempo para ocuparse usted sola de su niña, -insistía la enfermera, mientras te cogía de mis brazos-, ahora deje que yo me encargue, le prometo que se la traigo muy pronto.

No me quedó más remedio que ceder, aunque no fue fácil hacerlo. La enfermera salió por la puerta, y yo no podía evitar sentirme inquieta y triste porque te separaran de mi lado.

Mags se levantó del pequeño sofá en donde se encontraba sentada y se acercó a mi cama.

- Querida, -comenzó a decir en un tono severo, como quien va a tratar un tema delicado-, sé que seguramente no es el momento más oportuno para preguntarte, pero necesito saber lo que pasó, llevo 15 días esperando escuchar tu versión.

- ¿Mi versión?, -le pregunté sin entender que me estaba preguntando-.

- Sí, -me afirmó ella-, la policía ha estado investigando, al parecer, durante unos minutos en los que el portero de tu edificio salió para ayudar con unos paquetes a la señora del tercer piso, un ladrón se coló. No saben cómo entró al apartamento, -hizo una pausa, y me miró como si ella no creyera aquella historia-, supuestamente, una vez estuvo dentro, te golpeó brutalmente a ti. Gale denunció el robo de algunas prendas, dinero en efectivo y objetos de valor del apartamento, y mencionó que tenía varios enemigos, que se había ganado a consecuencia de su trabajo y que varios de ellos podrían ser capaces de ello con la sola intención de hacerle daño. La Señorita Cooper corroboró su historia, declaró que ella se encontraba trabajando con él en su despacho, en las oficinas principales del Capital City Bank y del grupo Everdeen. El portero, recordó luego muy convenientemente, ver salir a un hombre sospechoso poco antes de que llegará la ambulancia, pero con el ajetreó de lo ocurrido, simplemente lo había olvidado. Declaró que llevaba una gabardina y sombrero y que no le había visto la cara en ningún momento y no podía decir de quien se trataba.

- No entiendo de donde han sacado una historia tan absurda, no existe ese ladrón, -dije a Mags, quien ya esperaba esa respuesta-

- ¡Lo sabia!, ha sido Gale, ¿verdad?

- Por supuesto que ha sido él, - respondí indignada-.

- Tienes que denunciarlo, debes contar la verdad, ese cerdo casi te mata a ti y a la niña. –Llevó las manos a su boca con desasosiego –.Y pensar que yo casi llegué a sentir simpatía por él. No me puedo creer que te alentara a arreglar las cosas entre vosotros. Gale Hawthorne es un monstruo despiadado…

Justo cuando Mags terminó de hablar, se abrió la puerta intempestivamente, era Gale.

- He venido tan pronto como me han llamado para decirme que te habías despertado,

Hablaba como si hubiera estado verdaderamente preocupado por mi estado de salud, incluso parecía seriamente afectado. Su aspecto estaba muy desmejorado. A pesar de sus ropas, como siempre impecables y sin macula alguna, y de su presencia bien cuidada, su rostro estaba demacrado y evidentemente había perdido peso. Parecía angustiado, cansado. Algo lo estaba consumiendo. Me pregunté que sería… ¿estaría lamentándose de no haberme matado cuando tuvo oportunidad, apartando así el bulto que lo alejaba de su camino? ¿O estaría torturándole el hecho de que aún no había despertado y todavía había una posibilidad de que me hubiera asesinado y en ese caso todo su mundo se derrumbaría?

- ¿Cómo estás? ¿Te sientes bien?

Preguntó, acercándose tentativamente a mi cama.

- ¿Qué haces aquí?, -le increpó Mags, llevada por la ira de la conversación que manteníamos antes de que él entrara-.

- Vine a visitar a mi esposa. -Le respondió él en un tono grosero, que casi parecía una advertencia-. Le agradecería que me dejara a solas con ella. Usted no tiene nada que hacer aquí. Meta sus narices en otra cosa…

- ¡Ah no, eso sí que no!, yo no voy a dejar sola a Katniss contigo, -le dijo Mags enérgicamente-. No me he movido prácticamente del hospital en todos estos días, y no lo haré hasta que no lleguen sus padres.

- Señora, le agradezco que salga de aquí, -le contestó él subiendo un poco más el volumen de la voz- no me obligue a ser grosero con usted, quiero estar a solas con mi esposa.

- ¡No!, no me voy a marchar...

- ¡Estoy empezando a perder la paciencia!

- ¡Ya basta!, -grité, mientras miraba fijamente a Gale-, Mags, déjame a solas con él, voy a estar bien, no te preocupes.

Ella miró a Gale lanzando una advertencia sin palabras.

- Está bien, pero voy a estar fuera, -se detuvo en la puerta, volvió a mirar a Gale-, y estaré muy cerca.

Gale esperó a que Mags cerrara la puerta tras de ella y se acercó hasta la cama. Su cara denotaba preocupación y desesperación, sus ojos azules, parecían vidriosos, como si en ellos se estuviera desatando una tormenta de sentimientos. Trató de tomar mi mano entre las suyas, pero yo no lo dejé. Bruscamente la quité, mientras lo miraba con odio.

- Está bien, -dijo alejándose un poco y como si se tratara de una riña tonta de pareja-, entiendo que estés molesta. –ahueco la cara entre sus manos, estrujando sus mejilla. Se veía impotente, con su autocontrol perdido –. Lo que pasó…

- ¡¿Lo que pasó…?! -Grité indignada-. ¡¿Pero qué pasa contigo?! ¡Casi me matas a mí y a mí hija!, por tu culpa ella estuvo en peligro.

- Nuestra hija, -dijo él, acentuando sus palabras-.

- No, mi hija, -le grité yo-.

- Es nuestra hija, y seguirá siendo así toda la vida.

- ¡Estás loco si crees que yo voy a permitir que te acerques a ella!, no cuentes con ello.

- La patria potestad es de los dos, intenta alejarme de ella, y voy a peleártela en tribunales, -hizo alarde de sus maquinaciones, recuperando su tono de seguridad y soberbia alarmantemente-.

- ¡No te atreverás a hacer nada de eso!, -le contesté, incluso con una sonrisa en la boca, ridiculizando sus intenciones-. Ningún tribunal va a darte la custodia de una niña que intentaste matar aun antes de que naciera.

- ¿Y quién dice eso?, -me respondió con el cinismo que le caracterizaba-.

- ¡Yo lo digo…! Tú me golpeaste y luego me dejaste a mi suerte, sabiendo que casi no podía moverme y que me encontraba muy mal.

- ¿Tienes testigos de que fui yo? Porque a mí nadie me vio entrar al edificio, -seguía manteniendo el mismo tono de antes, además de una tranquilidad que asustaba-, en cambio sí que me vieron en la oficina.

- ¿Y quién es tu testigo?, -respondí con sorna, tratando de mantener la misma calma que él- ¿tu amante?

- Mi secretaria… -me corrigió –. Y el portero de mi oficina, y el del edificio, que no me vio entrar hasta después que te habían traído al hospital, y la misma policía, que fueron los que me localizaron en la torre de oficinas del Capital City Bank, para avisarme lo que te había sucedido.

No podía creer lo que estaba escuchando, ni entendía como podía manejarse de aquella manera. Me di cuenta, de que aún después de todo lo que había pasado durante todo este tiempo con Gale, yo, incluso ahora, no podía entender quien era en realidad ese hombre.

- ¡Eres un cerdo!, -escupí mis palabras, mirándolo con incredulidad-.

- Puede que tengas razón, - contestó irónicamente-, pero aun y así, sigo siendo el padre de la bastardita, y eso cariño, es razón suficiente para retenerte a mi lado.

- ¡¿No pensarás que me voy a quedar contigo después de esto?! -Vi en sus ojos esa mirada, esa perturbadora mirada, vacía, fría, cínica y llena de maldad-. ¡Sí, sí que lo piensas! ¿Verdad?

- No querrás que tu hija crezca bajo la estigma de una familia destruida, ¿cierto?, y tampoco te gustaría que un tribunal termine decidiendo que debería crecer a mi lado y no al lado de una madre con una moral dudosa.

-¡Maldito loco!, nadie va a creerte.

-¿Estás segura? Yo soy la victima aquí y puedo demostrarlo…

-Mi padre…

-Don Andrew ya ha sido informado de lo sucedido. Él tiene grandes enemigos, enemigos poderosos que me ha endosado a mí, por ser quien ejecuta sus decisiones. Cualquiera de ellos pudo haberte hecho esto en venganza y él es muy consciente de ese hecho. Nunca pensaría que yo sería capaz de dañarte, -me dio una sonrisa lobuna –. Él sabe todo lo que te quiero. No dejará que aproveches esta situación para culparme y lograr librarte de tus obligaciones. No es la primera vez que enredas, inventas cosas y dices mentiras para salirte con la tuya.

-Tú eres el que te comportas de esa manera. Eres tú el que maquinas, mientes e inventas cosas.

-Pero yo lo hago bien y no dejo cabos sueltos. ¡En cambio tú… eres francamente una pésima confabuladora!

- ¿Qué es lo que quieres?, -pregunté incrédula-.

- Que te quedes a mi lado, tú y la niña, como hasta ahora.

- ¡Yo te odio!, - grité- lo sabes.

- Sí, lo sé, y no me importa, -contestó aún sin perder la calma-. Te propongo un trato. –lo miré con expectación –. Tú sigues a mi lado y cierras tu linda boquita, y yo no vuelvo a tocarte, ni a molestarte nunca más. Dormiremos en habitaciones separadas, como hasta ahora. Tú cumplirás con tus compromisos sociales como esposa, y yo cumpliré con los míos como tú esposo, pero en la intimidad no tienes ni siquiera que dirigirme la palabra. Yo tendré que pasar mucho tiempo fuera de viaje, por el trabajo y podemos poner de excusa a la niña para que no tengas que acompañarme, a nadie le parecerá extraño. Siempre que respetes nuestro trato y no me expongas públicamente como un cornudo, yo pasaré casi desapercibido en tu día a día.

- ¿Y qué te hace pensar que yo voy a aceptar algo así?, te recuerdo que no tienes nada con que chantajearme. Gale está casado con Delly, ya no puedes tocar a su familia, y… ¿amenazarme con contar mi dudoso pasado moral?, ¡francamente!, no subestimes mi inteligencia, para hacer eso tendrías que contar bajo qué condiciones me obligaste a casarme contigo y se haría evidente que Primrose no es hija tuya. No creo que eso te deje en muy buen lugar. Por otro lado, me importaría un bledo que lo hicieras. Si crees que me preocupa parecer ruin o mezquina delante de mis padres o de cualquier otra persona, estás muy equivocado.

- Yo soy la víctima, -contestó como si lo creyera de verdad-, tú me usaste para tapar tus errores, yo sólo soy un hombre engañado.

- Que crean eso no me importa, -le dije sonriendo irónicamente-, es más… me resultaría liberador, eso te deja fuera de mi vida y fuera de la vida de mi hija.

- ¡Nuestra hija!, te recuerdo que es nuestra hija. Estas casada conmigo, la niña es mía también. Piensa lo que te propuse, te conviene, te aseguro que es la mejor opción que tienes si no quieres perder a la niña y que se crié sólo a mi lado.

- ¡No podrás hacer eso!

- ¡¿Quién sabe?! Puede que no, pero también puede que sí. Tengo muchas posibilidades de que un juez me entregue a la niña a mí, -decía aquello con tanta seguridad, que verdaderamente lograba asustarme-, a su padre. ¿Estás dispuesta a arriesgarte? Es cómo jugar a la ruleta rusa, mitad de las posibilidades para ti y mitad de las posibilidades para mí. Soy un hombre a quien le gusta arriesgar y no me importa jugar al todo o nada. –llenó sus pulmones de aire, con desasosiego y apretó los ojos inclinando su rostro a un lado –. Yo no tengo vida si no las tengo, -sus palabras parecían estar cargadas de sentimientos, de emoción contenida – No me queda más salida que apostar, da igual en qué condiciones. Me conformo con tenerlas cerca de mí. He perdido todo lo demás, es lo único que me queda. Si no lo tengo, mi vida habrá acabado.

Estaba refiriéndose a qué exactamente. No podía ser que se tratara de algo sentimental, no tenía sentido, casi nos mata a las dos. Era absurdo tratar de entender sus palabras, no tenía ningún deseo de indagar en su alma, estaba cansada de intentar comprender qué lo motivaba y francamente, me producía miedo, terror de mirar en su alma oscura y atormentada.

- ¡Sal de aquí Gale, vete ahora mismo!

Justo cuando terminaba de decirle que se marchara, entró inoportunamente la enfermera contigo en un carrito cuna, Gale te vio y sonrió.

- Aquí está mi niña. –estiró los brazos hacía ti y dijo a la enfermera, regalándole una de esas sonrisas que lograba que todas las mujeres cayeran rendidas a sus pies –. Permítame por favor, quiero cargarla.

Él te sacó de la cuna, y yo me sobresalté.

- ¡Cuidado!, por favor tráeme a la niña, -solté desesperada- ¡dámela ya!

- Tranquila, -me contestó con falsa dulzura- en tu ausencia, he sido yo quien ha cargado y cuidado a nuestra hija.

- Ha sido la enfermera, no tú.

- Te equivocas, he pasado mucho tiempo con ella, de hecho, está acostumbrada a mí, -dijo mientras miraba a la enfermera que aún estaba prendada de su rostro de ángel- ¿verdad?

- Es cierto señora, -respondió ella soñadora, si supiera que es Lucifer- no se preocupe, es común que las madres primerizas sientan esa aprensión, pero debo decir que su esposo es un hombre encantador, ha sido un padre muy dedicado, adora a la niña, y la niña a él, se tranquiliza entre sus brazos. Todos en el hospital estamos conmovidos por ver como cuida de ella. Ha cambiado incluso sus pañales e insiste en darle de comer él mismo. Hombres así son difíciles de encontrar.

- ¡Te lo dije! Es mi niña, la adoro, y nadie puede separarme de ella.

Dijo esa frase mientras me miraba con una extraña sonrisa, entre sarcástica e irónica, pero que cualquier otro que no lo conociera de verdad, vería como encantadora y cariñosa. Entendí que había movido sus fichas, se aprovechó de mi estado para hacer ver a todos que era un padre y un esposo abnegado, de hecho, la imagen que siempre habíamos dado ante todos era esa. Gale era considerado como el esposo perfecto. Un hombre intachable moralmente, al que no se le podía hacer ningún reproche. Su secretaria era su amante, pero dudaba que eso fuera evidente para nadie más, como bien había dicho antes, era minucioso con los detalles, sabía cómo protegerse. Por otra parte, yo había alimentado esa leyenda, sobre lo maravilloso que era él, al comportarme en público como una familia perfecta. Sí hasta Portia enamorada de ese animal, y dejé que el demostrara todo su amor por mí delante de la gente.

Se acercó a la cama y te deposito con cuidado en mis brazos. Acarició tu cabello, mientras te miraba con devoción, mientras yo lo observaba horrorizada.

-Es difícil enfrentarse a alguien que tiene tanto y todo por perder –murmuró cuando la enfermera se había marchado para darnos intimidad–. No te enfrentes a mí Katniss, no tendré piedad, no tengo alternativa.

Me dio un beso en la frente y salió de la habitación como una exhalación, dejándome inquieta, perdida y terriblemente angustiada.

TERTULIA

En la sala todas llorábamos como lo habíamos hecho en la madrugada anterior. Yo no podía creer lo sucio y maquiavélico que era ese hombre, al que yo siempre había creído mi padre. Yo le admiraba, y me sentía orgullosa de ser su hija. Siempre había procurado que me quisiera y que él también se sintiera orgulloso de ser mi padre, y ahora estaba descubriendo cosas horribles, cosas tan feas, que creí que me volvería loca.

Miré a mi alrededor, todas las mujeres lloraban, incluso mi padrino y mi tío Haymitch, tenían los ojos brillosos. Mi padrino se levantó de la silla en donde estaba sentado con mi madrina, a quien sujetaba de la mano.

- ¡Maldito sádico!, -gritó-, aún no puedo recordar esa historia sin querer matarlo. Gale debió haberlo hecho la primera vez que le puso una mano encima a Katniss. ¡Gracias a Dios! mi hermano nunca supo exactamente como nació la niña, porque no lo hubiera aguantado.

Mi madrina se levantó y le abrazó.

- No lo hubiera hecho, tienes razón, por eso mi amiga no se lo dijo nunca. La ira de Gale hubiera sido incontenible y nadie hubiera podido detenerlo. Lo habría buscado y se lo habría hecho pagar, lo hubiera matado con sus propias manos.

Él le devolvió el abrazo, y ella recostó el rostro en su pecho, mientras él acariciaba dulcemente su cabello.

- Siempre me he preguntado, ¿por qué?, -volvió a decir él- ¿por qué ocurrieron esas cosas tan horribles?

Mi abuela sollozo más fuerte, temblando con desesperación, con dolor, con rabia.

- Yo me siento tan culpable, ¿cómo pude permitir que ese monstruo se llevara a mi nenita?, -por un momento perdió totalmente el control, aquella parte en especial la había afectado mucho-. Era mi niña pequeñita, -continuaba diciendo, mientras con cada frase su llanto se hacía más agudo y su voz se llenaba de culpa-, y su padre la quería tanto, ella era su tesoro.

- Mami, mamita, -mi tía Johanna se acercó a ella con ternura, y le sujetó las manos-, tú no lo sabías, no te culpes, sabes que Katniss los quería muchísimo. Ella los perdonó, sabía que lo que habían hecho, era sólo por creer que era lo mejor, -levantó la cara de la abuela y la obligó a mirarla- ¡mírame mami, por favor! Tú sabes que a ella no le gustaba que te sintieras culpable. En nombre de ella, vamos a tratar de terminar esto con entereza y valor. Prim nos necesita a su lado para acabar la historia -hizo una pausa- en especial a ti.

Me acerqué a ella y sujeté su mano. Estaba conmovida por el inmenso dolor que sabía que estaba sintiendo. Mi tía asintió, aprobando lo que había hecho y mi abuela apretó mi mano y me miró con amor. Yo acaricié su rostro, y ella me beso en la mejilla. En aquel beso, parecía estar pidiéndome disculpas. En ese momento sentí su amor más que nunca, como podía explicarle que yo no tenía nada que perdonarle. Durante toda mi vida, ella ocupó el puesto de mi madre, se sacrificó por mí, aceptó vivir bajo el mismo techo de aquel hombre al que aborrecía, a quien odiaba tanto, sólo para mantenerse a mi lado. Si había alguna culpa que pagar, ella ya lo había hecho con creces. La abracé con mucha fuerza y le dije que la quería, ella me devolvió el abrazo y así tuve fuerzas para seguir leyendo.