Descargo responsabilidad no poseo vampire academy
Capitulo27
(1 de octubre de 2015)
PDVD.
Su cuerpo era tan pequeño y tan frágil, pero a la vez tan fuerte y guerrero y la prueba de ello era el hermoso bebe que dormía bajo su piel. Mi niña de cabellos marrones se removió un poco pero no lo suficiente para salir de su sueño. Mire su cuerpo y me deleite de cada espacio de él, nunca ni en mis sueños más loco me habría podido imaginar tenerla de nuevo en mis brazos y más con mi hijo dentro de ella.
Para mí los niños siempre fueron un sueño el cual quería alcanzar pero después de perderla, perdí también el sueño, hasta hoy, aun no puedo creer que vaya a ser padre y sobre todo aun me parece surrealista que sea la mujer a quien más amo que lo lleve dentro de sí.
Un golpe leve se sintió en mi costado y busque el factor, no lo encontré, volví a mirar a la mujer que tenía en mis brazos pero nuevamente sentí otro golpe solo que esta vez vi como la panza hinchada de mi esposa se movía, me quede quieto, se me olvido como respirar y mis palmas sudaban, mi mirada quedo fija en su panza y efectivamente esta volvió a moverse, mis ojos se hicieron agua, ese era mi pequeño tesoro pateando a su madre, nunca en mi vida había visto algo tan hermoso y perfecto a la vez.
Rose se movió y comenzó a sobar donde nuestro hijo la había pateado, sus ojos aún estaban cerrado pero sus manos pasaban por el lugar donde tenía incomodidad, no me moví, no quería despertarla y hacer desaparecer este momento, ella con voz baja comenzó a cantar una canción turca y pronto nuestro hijo se calmó, ella soltó un suspiro y abrazando una almohada volvió a caer dormida.
No sé cómo lo hizo y si de verdad lo hizo, ella estaba dormida pero aun así ella fue capaz de calmarlo. Fue la cosas más hermosa y confusa que había tenido el placer de presenciar, Rose no se volvió a mover y continuo sumergida en el placer del sueño, yo por mi parte no tenía sueño, al revés tenía muchas preguntas y sobre todo una en particular.
Me levante con cuidado y me puse la ropa de la noche anterior, arrope bien a mi esposa, pues el otoño había llegado y la temperatura estaba comenzando a bajar, bese su templo y murmure un ''te amo'' en su oído. Me levante y estire el cuerpo, pensé que estaría adolorido pero era todo lo contrario, me sentía vivo y lleno de energía. Camine descalzo por el piso de madera y fui a buscar mi teléfono.
Lo encontré en la sala, no recuerdo haberle dejado ahí pero no preste atención, marque un número familiar y al tercer añillo respondió.
- Ozera – la voz de Lissa sonó desde el otro lado con sueño, creo que interrumpí a alguien de su sueño.
- Lissa, soy Dimitri – la línea se quedó en silencio por un momento hasta que se escuchó un suspiro.
- ¿Cómo estas Dimitri? – su voz paso de ser perezosa a ser un poco más cálida, Liss era de las pocas personas que nunca me dio la espalda, ni siquiera cuando sabia el daño que había causado a su mejor amiga.
- muy bien, gracias por preguntar – dije – Liss te llamo porque me gustaría saber ¿tienes algo que hacer el día de hoy?
- Trabajar – ella dijo como '' Hola, es algo lógico''
- de acuerdo – dije pensando un momento – Liss, sé que es de última hora, pero necesito que viajes a Colorado, hoy mismo, si se puede quiero que tomes el siguiente avión – la línea se quedó en silencio y escuche mover algo aunque no sabía muy bien que era.
- ¿es Rose allí? ¿Verdad? – su voz era calidad y casi podía decir que soñadora.
- ¿Cómo lo sabes? – pregunte.
- porque no soy cirujana, ni arquitecta ni menos abogada, soy una ginecobstetra, y a no ser de que te hayas equivocado de número, deduzco que me llamas por qué quieres que vea a Rose – ella hizo una pausa y luego agrego – mejor dicho y en pocas palabras, tú quieres que revise a Rose y les diga el sexo del bebe – me quede en silencio, esta mujer era adivina o algo por el estilo.
Adivina, no era la palabra, ella sabía, por supuesto, ella siempre supo, al parecer yo había sido el único que no, sentí ira con ella, recuerdo que la llamaba a diario desde que Rose se fue y le rogaba que me digiera donde se encontraba, pero su respuesta siempre fue la misma '' no se a donde fue, ella se fue sin decirle a nadie'' todas las personas que conocían me habían mentido y eso era algo que no creo poder perdonar, sin embargo no dije nada, sé que Lissa no dijo nada por petición de Rose, pero igual yo estaba en el derecho de saber. Tome una inhalación profunda y con voz baja le dije.
- veo que estas enterada de todo, por lo cual omitiré la historia, solo necesito saber si vendrá o no – sé que fui duro, pero ella sabía la existencia de mi hijo antes que yo y a decir verdad me sentía traicionado.
- Dimitri lo siento… - ella comenzó pero la detuve.
- ¿vendrás o no? – no quería comenzar a gritar pero si no colgaba la llamaba eso sería lo que iba a pasar.
- si – ella dijo con voz temblorosa – necesito una clínica y todo listo, llegare en las horas de la tarde.
- tendrás todo para esa hora - cerré el teléfono sin decir un adiós, sé que ella no tenía la culpa pero no por eso me sentía menos engañado.
- no te enojes con ella – una voz como la seda hablo detrás de mí, deje mi celular sobre la superficie y fingiendo una sonrisa me di media vuelta para hacer frente a mi esposa – y no me sonrías falsamente Dimitri, sabes que odio eso – esta vez sonreí de verdad, amaba sacar de sus casillas a mi mujer.
- Lo siento Roza pero no puedo, es solo que me siento un poco traicionado – dije agachando mi cabeza, ella no dijo nada, levante la vista para encontrarme con una Rose llorando a moco tendido.
- ¡Lo siento mucho! – ella dijo, me quede perplejo, hace menos de un minuto ella era dulce como la miel y solo agacho mi cabeza por un segundo y cuando la levanto ella parece la llorona, no sabía qué hacer, no entendía que le pasaba hasta que recordé a mis hermanas ¡Hormonas!, con esa iluminación corrí a donde ella estaba y la tome en mis brazos.
- no lo sientas Rose, yo soy el que lo siente – bese sus cabellos sedosos y ella se apoyó en mi pecho – no quiero que pienses que me has traicionado, entiendo por qué ocultaste tu embarazo y estoy bien con ello.
- ¿no me odias? – ella pregunto con sus ojos grandes llenos de lágrimas, sus mejillas estaban sonrojadas y ella nunca lucio más hermosa. Besando sus labios cálidos murmure.
- no podría odiar a la mujer que amo – una sonrisa se dibujó en esos carnudos labios que tanto amaba iluminando el lugar.
Nos quedamos en los brazos del otro, simplemente disfrutando de nuestra cercanía, su calor y olor era embriagador tanto que quería embotellarlo y guárdalo para toda la vida, sin embargo un pequeño intruso anuncio que tenía hambre.
- tiene hambre – Rose dijo como masajeo su creciente abdomen.
- ¿el? ¿O más bien tú tienes hambre? – pregunte levantando una ceja.
- ambos – ella rio – pero debes darme crédito ahora debo alimentarme por dos – solté una carcajada, no importa que argumento tuviéramos, la lógica Rose siempre estaría presente.
- ven, les hare algo de comer – entrelace nuestros dedos y la lleve por la casa, al llegar a la cocina Rose se sentó en la isla mientras yo saque todos los ingredientes para hacernos el desayuno.
- ¿Cómo has hecho para vivir solo todo este tiempo? – Ella pregunto mirando la limpieza del lugar – nunca fuiste muy casero por así decirlo.
- tengo una empleada Rose – dije batiendo los huevos con la harina – ella viene 4 veces a la semana y limpia todo y de vez en cuando me hace de comer, por lo general ceno por fuera o preparo algo rápido – ella hizo una mueca sabiendo que comer fuera de casa nunca fue lo mío.
- por eso es que estas tan flaco – ella dijo en tono de madre, sonreí, amaba cuando era así conmigo.
- si esa es mi escusa, ¿cuál es la tuya? – pregunte de verdad interesado de saber a dónde fueron todas su curvas. Ella no dijo nada y por un momento creí que ella no iba a responder, pero después de unos minutos con voz demasiado baja hablo
- cuando me entere de que estaba en embarazo fui muy feliz, pero aun así me sentía vacía y deprimida – ella me miro tratando de trasmitir su dolor, lo entendía, yo había pasado por lo mismo – mi apetito fue muy bajo por no decir que desapareció, por lo general los primero meses de embarazo en las primíparas como yo perdemos peso y eso sumándole mi falta de alimentos me hizo perder más peso del que tenía permitido.
-¿Qué has hecho entonces? – pregunte, no quería escuchar por lo que paso, pero tenía.
- con mis padres y yo tomamos la decisión de internarme en un centro de anoréxicos – mis ojos se abrieron no creyendo lo que escuchaba – estuve allí dos meses y fueron los peores meses de mi vida, lo único que me mantenía en pie era nuestro hijo.
- ¿Cómo hicisteis para salir de allí? – ella me dio una sonrisa melancólica y respondió.
- estaba por entrar en el cuarto mes de gestación cuando una noche no podía dormir, me sentía rara y pensé que era por la comida que había ingerido tan tarde, así que me levante pero cuando lo hice sentí un movimiento, algo que jamás había experimentado, me sentí conmocionada, alegre y temerosa todo a la vez, me quede quieta y al cabo de unos minutos volví a sentir y esta vez sabía bien que era y quien lo producía, ahí me di cuenta que no era solo yo y que tenía por qué luchar – mi esposa termino el relato con una sonrisa cálida en su rostro que me calentó todo dentro de mí.
Me hubiera gustado estar ahí, ver cada etapa, poder presenciar como su abdomen se fue hinchando con el paso de los días ¡joder! me hubiera encantado estar presente en sus estados de ánimos, no importaba lo que hubiera sido, me habría encantado poder haberlo vivido a su lado. Lo bueno de la situación es que ahora ella está aquí y podre ver nacer a mi hijo y seré testigo de cada paso que dé y al final del día cuando valla a la cama lo hare en los brazos de mi esposa. Ese pensamiento me dio ganas de llorar de felicidad.
Después de nuestro momento emotivo continue haciendo el desayuno que mi esposa no demoro en devorar, típico de ella, cuando su plato estaba limpio se excusó y se fue a organizar, yo deje todo limpio y la seguí, el cuarto olía a jazmín con fresa, seguí el olor y me llevo al baño.
Al entrar todo el lugar estaba lleno de vapor, me retire de mis ropas y entre en la ducha con mi esposa, ella no salto ante mi contacto, todo lo contrario ella recostó sus cabellos húmedos en mi espalda y dejo que la bañara, di Shampoo a su cabello y ella cerro los ojos deleitándose con mis caricias. Cuando enjuague todo su cabello tome el jabón e iba a lavar su cuerpo pero ella me detuvo.
- ¿Qué pasa? – pregunte, ella agacho su cabeza y negó con ella, parecía avergonzada, pero no entendía de que – háblame Rose ¿Qué tienes? –volví a preguntar levantando su barbilla con mis dedos.
- mi cuerpo ha cambiado – dijo con voz baja.
- lo se Rose ¿Por qué te sientes mal por eso? – mi ceño se frunció, era lógico que todo en ella cambio.
- no Dimitri no hablo del bebe – la vi tomar un respiro y me explico – mi cuerpo ha cambiado ya no es el cuerpo perfecto al que estás acostumbrado.
- no entiendo ¿qué me quieres decir? – ella resoplo y mirando a su abdomen explico.
- ya no tengo la piel perfecta como antes – ella puso una mano en su parte baja del abdomen y allí en un tono más claro habían unas pequeñas marcas, parecía como la piel de un tigre – se llaman estrías y me han salido, cuando nuestro hijo nazca puede que sean más visibles - ella agacho su cabeza en vergüenza, yo me quede en silencio no entendiendo el punto.
- ¿Qué pasa con que hayan salido? ¿Acaso es algo malo?
- no, pero es anti estético, no sé cómo quedaran después del embarazo si más oscuras o pueden que queden así de claras.
- ¿te avergüenzas de ellas?
- no tanto de ellas, si no de lo que pienses de ellas – ella levanto su mirada y la clavo en la mia – ya no tendré el cuerpo que tanto amabas, tendré grasa y estas cosas horribles.
- ¿piensas que dejaras de ser hermosa? – sentí ganas de reírme, pero me abstuve, no quería invocar a sus hormonas locas. Ella asintió mordiéndose el labio, yo en cambio la tome en mis brazos y llevándola a mi pecho le dije – eres hermosa, con o sin ellas, y si ellas están ahí es porque has decidido regalar vida, una vida que me ha dado la mayor felicidad – la separe y mirando a sus hermosos ojos le dije con toda la verdad que podía – te amo Rose, y no porque tu cuerpo cambie unas cuantas cosas dejare de amarte, para mí siempre serás la mujer más sexi que camine por la tierra y no tendré ojos para nadie más, no quiero que te avergüences de tu cuerpo y cuando lo hagas piensa en cómo me pones – moví mis caderas para enfatizar el punto – mi amor por ti va más allá de lo físico, en unos años yo pasare de ser alto y guapo a ser un viejo alto, gordo y posiblemente calvo – ella se rio de mi lógica.
- ¿y a ti quien te dijo que eras guapo? – pregunto ella con diversión en su voz, el tema anterior quedo olvidado. Por el momento.
- oh querida… - tome su labio en los míos y le di un pequeño mordisquito – tu, cada vez que te hago el amor – su cuerpo se estremeció y su piel se erizo. Amo tener ese efecto en ella.
- Mmm, creo que he impulsado mucho tu ego – ella ronroneo como fue bajando su cuerpo buscando mi más que prominente erección – creo que debería ser un poco más callada a la hora de hacerlo.
- creo que… - me corte como ella tomo mi pene en su boca, sus dientes rasparon cada vena y me hizo subir al cielo, me apoye en el baldosín del baño como mi más que hermosa esposa me dio una mamada que jamás olvidare.
Uff, si esto no era el cielo, entonces no sé qué lo era, Rose estaba de rodillas con sus manos en mis muslos y su más que experta boca en mi pene, mire hacia a bajo y lo que vi me hizo culminar, Rose tenía la mirada clavada en mí y nunca antes había visto sus ojos tan grandes y tan expresivos, las orbes que normalmente eran de color café, estaban negros como la noche, la muy zorra paso sus dientes por mi punta lo que me hizo llegar en su boca, la tome de su cabeza y me enterré por completo regando mis semillas en ella, como siempre bebió todo de mí y luego con su lengua limpio mi punta.
- Joder, cuanto te extrañe – dije como ayude a poner a mi esposa de pie, ella tenía una sonrisa diabólica en sus labios, ¡Dios era hermosa! Ella no respondió solamente me beso, su beso era erótico y lleno de lujuria, mi pene volvió a la vida. La voltee e iba a penetrarla cuando la sentí salir de la ducha riéndose a carcajadas.
- arréglatelas solito amor mío – ella dijo como se puso una bata.
- Roza… - gruñí frustrado, mi polla la necesitaba urgentemente, pensé que iba a entrar de nuevo pero solamente me tiro un beso y dijo.
- eso es para que manejes tu ego – y con eso salió del baño dejándome solo y con ganas.
La ducha que antes era caliente paso a ser congelada, pues necesitaba una ayuda con la gran erección y no iba a utilizar mi mano cuando tenía a mi esposa para complacerme, pero bueno al parecer ni la una ni la otra iba a tener por lo cual me conforme con la ducha fría. Cuando mi amigo se durmió salí y me vestí, decidí que unos simples vaqueros y una chaqueta de cuero bastarían, peine mi cabello y aplique un poco de la loción que tanto amaba mi mujer.
Cuando estaba listo tome las llaves del carro, el dinero y salí en busca de mi esposa, la encontré en la entrada admirando la naturaleza, me detuve un momento y al admire, ella tenía un vestido materno que llegaba hasta sus pies, era de color coral, en su cuello era una cruz y era su única joya, su cabello estaba en ondas y la mitad de el en una descuidada trenza que la hacía ver más hermosa, su gran estomago se forraba con la tela haciéndome dar ganas de pasar mis manos por él, su rostro era natural como tanto amaba. Ella lucia perfecta.
Camine hasta donde ella y la tome en ambos brazos, ella se rio como si fuera una colegiala enamorada, yo tome sus labios en los míos y bese la perfecta forma de ellos.
- debemos de irnos, Liss debió de llegar ya – asenti y la seguí hasta el carro, abrí la puerta de ella y con una sonrisa de agradecimiento ella entro, fui a caminar hasta mi lado hasta que alguien me llamo.
- Dimitri – me voltee para encontrarme cara a cara con Karlie. Ella estaba vestida con un precioso vestido color azul y su cabello estaba recogido en una elegante cola de caballo.
- buenas tarde Karlie – salude amablemente - ¿Cómo te encuentras?
- bien – ella dijo con una sonrisa dulce - ¿podemos hablar? – ella pregunto amablemente. Mire el carro y vi que Rose nos observaba con detenida atención, su cara era en blanco, no revelando nada. – No tomare más de 3 minutos – ella se apresuró a decir cuando me vio vacilar.
- está bien – accedí. Camine con ella hasta estar a un paso prudente del carro y la deje hablar.
- quería disculparme por lo de anoche, no fue la forma de hablarte ni hablarle a tu esposa, lo siento.
- no tienes por qué disculparte – me apresure a decir, pero en realidad lo dije por cortesía.
- lo sé – ella dijo mirando hacia el horizonte - ¿sabes?... – comenzó – pensé que teníamos una oportunidad, digo ambos somos divorciados y pensé que podríamos tener un nuevo comienzo, claro no pensé que ella volvería a parecer y menos embarazada ¿Quién es el padre? – mis ojos se abrieron como sentí la bilis subirme por la garganta.
- mira Karlie – dije con voz suave – siento que hayas pensado eso, pero yo nunca te di un indicio de que quería ser algo más que tu vecino o un amigo, además jamás te dije que me divorcie, y por último él bebe es mío – ella me miro por un momento como si yo fuera un acertijo del cual a ella estaban privando.
- sabes algo Dimitri, las historias de amor no tienen una segunda parte.
- ¿Qué quieres decir? – pregunte con los dientes apretados.
- que cuando uno se ama de verdad nunca se separa, y os veo que ustedes sí estuvieron separados por algo que no se ni me interesa saber, pero si ella fue la que se fue es por algo que has hecho y debe haber sido algo malo, así que a lo que me refiero es que ella siempre tendrá la espina en su interior – sus ojos eran fríos y calculadores como siempre, solo que esta vez no me parecieron atractivos si no un poco… irritante.
- Mira Karlie – dije con voz tan baja y amenazante como pude – que tu experiencia en el amor haya sido una mierda no te doy el derecho de que critiques u opines en la mia, si tienes razón yo cometí el error y como dices fue malo, pero para tu dolor ella volvió y me perdono ¿pero qué me dices de ti? ¿Tu esposo te perdono y volvió? – ella se quedó calla y vi que mis palabras le estaba haciendo daño – lo tomo como un no, entiendo que odies y no creas en cosas como el amor pero es tu problema, porque tu no tuviste un final de cuento de hadas no quiere decir que yo tampoco, porque si ves a la mujer sentada en ese carro, ella volvió para quedarse y no solo eso, ella volvió para formar una familia, una familia de la cual careces – mis palabras fueron su detonante, ella saco su mano y callo sobre mi mejilla, el golpe fue duro pero descuidado.
- ¿Cómo te atreves? – ella dijo con odio en su voz, fue un golpe bajo lo que le había dicho pero ella se lo busco, nadie se mete en mi vida y menos cuando Rose esta en medio. Iba a responder pero alguien lo hizo por mí.
- ¡hey perra! – tanto Karlie y yo nos dimos la vuelta para encontrar a una mujer embarazada muy pero muy cabreada – nunca y escúchame bien, nunca vuelvas a ponerle la mano a mi esposo – Karlie sonrió e iba a responder pero antes de que tuviera la oportunidad de decir una monosílaba el pequeño puño de mi esposa conecto con su nariz fracturándola y de eso estoy seguro por el sonido tan repúgnate que se escuchó.
- ¡Perra! – Karlie exclamo con dolor.
- Dios me moría por hacer eso desde que la vi – escuche decir a Rose en voz baja – ahora, espero que te quede claro, no intentes juzgar nuestra vida con la patética escusa de la tuya – mi esposa se agachó hasta estar a la altura de Karlie que ahora estaba en el suelo sosteniéndose la nariz y con voz como el hielo le dijo – te vuelvo a ver cerca de mi familia y una nariz rota será el menor de tus problema.
- ¿miedo de un poco de competencia? – Karlie prácticamente escupió, Rose por su parte rodo sus ojos.
- querida has tenido 6 meses para meterse en su cama y por lo que he visto no has sido capaz, así que para mí no eres nada.
- ¿Cómo estas tan segura? – pregunto ocultando su humillación.
- porque si fueras alguien para él, anoche mientras me hacia el amor hubiera mencionado tu nombre y no el mío – y con eso mi mujer se puso de pie sin una segunda mirada y tomando mi mano fuimos de nuevo al auto.
Cuando estábamos en la intimidad del auto mire a Roza, ella tenía las mejillas coloradas y su respiración era agitada, se veía tan sexi, Rose siempre fue una dama pero creo que hoy la habían sacado de sus casillas.
- deja de mirarme – ella dijo con una sonrisa en sus labios.
- no puedo creer que la hayas golpeado – Roza se encogió de hombros y respondió.
- escuche todo y no me gusto como hablo de nuestra relación – ella me dijo y algo dentro de mí se encendió.
- ¿piensas que sería capaz de serte infiel de nuevo? – me dolió decirlo, pero me dolería más si su respuesta era ''si''.
- no – ella dijo sin vacilar, sentí un peso que se levantó de mis hombros – confió en ti ciegamente y a decir verdad no solo lo hice por sus palabras sino también por la forma tan atroz que me miro anoche, y eso que estaba en mi casa – mi esposa se rio y luego me dijo - no pienso dejar que nadie se meta en nuestra familia y menos una rubia postiza como esa – sonreí como encendí el auto y me puse en marcha, no estaba de acuerdo a que mi esposa se rebajara de esa manera pero no puedo mentir si digiera que no me gusto, me hizo sentir amado pero sobre todo protegido.
Llegamos a la clínica en unos minutos, pues lo bueno es que la casa no estaba muy lejos, no necesite regístrame ni nada, al entrar el jefe ya sabía a donde nos dirigíamos, con la mano cogida con la de Rose camine por la clínica y tomando el elevador llegamos al piso 5, el jefe dijo que la Dra. Ozera nos esperaba en maternidad y con una sonrisa amable se marchó. Al entrar una rubia sonriente nos recibió o mejor dicho se lanzó a mi esposa.
- Dios te he echado tanto de menos – Lissa dijo con lagrima en sus ojos – no te vuelvas a ir.
- no lo hare, lo prometo – mi esposa dijo – además hace 4 meses nos vimos, no ha pasado tanto.
- habla por ti – ella dijo a lo que yo estaba de acuerdo. Liss noto mi presencia y me saludo tímidamente.
- Hola Dimitri – yo sonreí y bese amabas de sus mejillas.
- ¿cómo estas Liss? – pregunte.
- feliz de verlos – ella asintió a mi dándome a entender que todo está bien – ahora ¿Cómo está mi paciente favorita?
- cansada y caliente – Rose dijo con una sonrisa pícara que hizo mis pantalones apretados.
- bueno eso está bien, pero me refiero a él bebe – tanto Rose como yo soltamos una carcajada al ver el color carmesí de las mejillas de Liss.
- estamos bien Liss, últimamente se encaja mucho pero no hay nada que una canción no calme.
- es normal – dijo Liss configurando todo – ahora ponte esta bata y cuando estés lista estaremos esperando por ti. – Rose asintió y se fue a cambiar lo cual no le tomo mucho.
- odia estas cosas – ella dijo como me paso sus cosas.
- te ves hermosa – dije besando su mano.
- se supone que digas eso – ella me giño un ojo y se montó en la camilla.
- ok, vamos a ver a mi ahijado – Liss oprimió un gel baboso en el gran estomago de mi esposa y esta se estremeció, ella tomo una varita y la puso sobre su panza, los ojos de Liss se abrieron como dos esferas que amenazaban con salirse de sus órbitas, sin embargo no dijo nada – todo es correcto, el crecimiento es de acuerdo a sus semana y sus órganos son perfecto – Liss tecleo algo y luego dijo -¿quieren escucharlo? – yo estaba sosteniendo la mano de Rose y ella la apretó en aprobación.
- nos encantaría – dije, Liss asintió y oprimiendo unos botones la sala se llenó del sonido más hermoso del mundo, una lagrima rodo por mi mejilla, no podía creer que el milagro de la vida fuera tan perfecto, su latido era rápido, demasiado rápido, algo raro para un bebe y era muy desacorde, un latido no iba a la mitad hasta que nuevamente se escuchó.
- ¿su latido es normal? – pregunte con miedo.
- sí, es perfecto, pero ahora les tengo que dar una noticia.
- ¿Qué pasa Liss? ¿Mi hijo está bien? – mi esposa pregunto con termo, el mismo que tenía.
- más que perfecto – Liss rectifico – pero no es un hijo.
-¿Qué quieres decir? ¿Es una niña? – mi pecho se hincho de la sola idea de una mini Rose, para mi sorpresa Lissa negó.
- Rose, Dimitri, ustedes no están esperando un hijo.
- ¿Qué quieres decir? – Mi esposa dijo divertida – hola ¿y lo que tengo adentro que es? – Liss se rio y lágrimas caían por su rostro.
- Rose, estas embarazada de dos bebes – mis ojos se abrieron al igual que los de mis esposa – felicidades a ambos, están esperando mellizos…
'' mis amores el fin está cerca, espero les guste la sorpresa de mellizos, en el próximo capítulo se darán cuenta por que no fueron gemelos como muchas querían o pensaban''
