Declaimer: Los nombres de los siguientes personajes son propiedad de la rubia teniña y la W•B. Nombres que no aparecieron en Harry Potter, son propiedad MIA (EmmaPotter15) y de nadie más, si alguno se parece a la realidad es pura coincidencia.
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28
El chillido de muerte
Ya había transcurrido media hora desde que Harry y Hermione se habían quedado atrapados en el ascensor.
Aquella media hora, según Harry, había sido la más larga y pesada de la historia.
Ninguno de los le dirigía la palabra al otro, y como si aquello no fuera suficiente, Hermione siempre se las ingeniaba para soltar una risita irónica de cuanto en cuanto, y culpar a Harry por haber quedado atrapados.
El moreno hacia caso omiso a aquellos comentarios tan mordaces, ya que lo que menos quería era formar la tercera guerra mundial en un cubículo tan estrecho.
Pero la desesperación de Hermione había llegado al ápice, tan así que el ojiverde no podía respirar tan fuerte, ni a cada segundo, ya que como le había explicado Granger, se "ofuscaba más de lo que estaba"
Por lo cual al Gryffindor le resulto algo, incomodo, respirar a cada cinco segundos, para no molestar a la chica Jane.
- ¿Podrías dejar de mover tu varita, por favor? – le pidió una irritadísima Granger, sentada en el rincón del lado derecho.
Harry miro su varita y luego a Hermione - ¿Acaso no puedo si quiera mover mi varita a mi antojo? – espetó algo molesto. Que le impidiera respirar era una cosa, pero esto…por favor.
Hermione adopto una expresión de suma concentración, aquella expresión que tanto la había caracterizado en sus años como estudiante de bruja.
Miro a Harry con suficiencia, y tomando aire, dijo (como si le estuviese explicando a un niño retrasado que dos más dos es cuatro)
- Porque el Lumos de tu varita me fastidia…además, no veo la razón por la que tengas que mover esa cosa.
- ¡Pues es lo único interesante que tengo por hacer! – se defendió el moreno irritado.
Granger bufo con exasperación y dándole la espalda, se alumbro su rincón, sola.
Harry movió la cabeza de un lado a otro. Sinceramente nunca había creído lo irritable que podía ser una mujer en aquellas circunstancias.
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Draco Malfoy miraba ensimismado por la ventana, pensando y pensando.
Pensaba en dos mujeres. Una de las mujeres ya le había sido cotidiano pensarla, ya que desde hace cinco años lo hacía. Pero la otra, no. Era extraño y más para el platinado.
El era un Casanova, un donjuán, un león e infinidades de apodos que se le podría colocar a esta serpiente. Para él no era común pensar en las "presas" que se comía.
Es decir, para él las mujeres solo eran como un "utensilio" de pasión, que descontrolaba los sentidos y provocaba calentura. Para él era común acostarse con 8 mujeres en una semana y luego las "botaba"; y si querían volver a verlo, el solo las ignoraba.
Pero aquella hermosa chica de cabellera de fuego y ojos marrones brillantes, había sido la excepción.
Sí, admitía que no pudo con ella, no se la había llevado a la cama y eso le dolía bastante. Pero con lo poco y mucho que logro en su estadía en la cama, había notado una sensación muy extraña, una sensación de…no sabría cómo explicarlo, ya que sus labios rojos, su cuerpo de modelo y su voz tan sensual, le provocaba que su cabeza diera vueltas y vueltas.
Él estaba acostumbrado a las mujeres finas. De alto prestigio tanto en la calle como en la cama. …l no buscaba sesear su placer en una mujerzuela, no, él siempre buscaba lo mejor: las mejores tenistas, las mejores reporteras, las mejores abogadas o las mejores ingenieras; y eso es solo un tercio de las "mejores" que Draco Malfoy ha tenido en su cama.
No negaba que aquel libertinaje sexual le agradaba mucho pero, así había sido acostumbrado y así se había quedado.
Él sabía que solo había una mujer que quería tener en su cama y la cual no la cambiaría por nadie.
Se había prometido a si mismo, que si la conseguía (como si de alguna presea se tratara) iba a dejar aquella vida de Casanova.
Pero la joven de fuego le seguía revoleteando la cabeza, y ni el hecho de haber sacado a Potter de la vida de Granger, lo hacía sentir bien.
Ginny Weasley se encontraba ensimismado, mirando la fotografía de un joven carirredondo, pálido y de cabello negro.
Sí, ella amaba a Neville Logbottom a pesar de todo, y lo peor era que se sentía tan miserable por lo que había pasado.
Desde la noche en que había desaparecido del apartamento de la serpiente, los recuerdos de una conversación muy sofocante con su madre, diciéndole que era una cualquiera por el libertinaje que tenía en la relación con Neville, se fue volviendo cada vez más fuerte.
Aunque le doliera admitirlo, su madre tenía razón.
Billius Weasley caminaba taciturnamente por el callejón oscuro, pensando en Luna y en su pequeña Dulce.
¿Qué estaría pasando con ellas en aquellos momentos? ¿Lo extrañarían? ¿Luna querría verlo después de todo?
Pateó con ensimismamiento una botella de cerveza tirada en el suelo. …l, todo un auror experto, caminando como un mendigo por las casi desiertas calles de Knockturn.
Mientras caminaba, se tropezó con un hombre, un hombre corpulento y alto.
Su hedor era hediondo: parecido al que emanaba su cuarto, con excepción que no olía a húmedo, si no a excremento de unicornio.
- Lo siento – se disculpo al instante alzando la mirada. Cuando lo hizo, se quedo pálido y tieso al ver el rostro familiar que lo observaba ceñudo.
- ¡Weasley! – bramo la voz, con un tono parecido al de un toro enfurecido.
ºH/Hº
Una mujer que vestía una túnica oscura color azul rey, entraba con apuro al hotel Hilton.
Su cabello oscuro ondeaba al son de su caminar, al mismo tiempo que su túnica rozaba el liso suelo del Hilton.
Todos los huéspedes y empleados del mismo la miraban extraños cuando pasaba por el vestíbulo, seguramente preguntándose a que fiesta de disfraces iría aquella señorita.
Pero a esta no le importaba, es más, era inmune a aquellas miradas, ya que había llegado al hotel con un solo objetivo, y no iba a fallar en el.
Al traspasar el vestíbulo, subió con rapidez las escaleras que conducían al segundo piso, y luego cruzo algunas puertas que llevaban a algunos jugos del hotel.
Caminaba con paso firme y decidido. Su mirada era elegante y misteriosa y el olor que esta emanaba era como de frutas tropicales.
Llevaba en su mano derecha un portafolio negro con bordes dorados, era muy elegante para ser de marca dos.
A sus lados colgaban unas especies de cadenas grises, que a pesar de que se veían muy pesadas, por el paso que daba la mujer eran demasiado livianas.
Su tamaño no era considerable: medía unos milímetros más que el dedo del corazón.
Se dirigía algún lugar inexplicable, un lugar del cual mujer no estaba pensando, ya que sus pies la conducían a él.
ºH/Hº
El reloj de mano del ojiverde marco las nueve en punto: desde hacia una hora se encontraba atrapado con Hermione, sin posibilidad de que los rescataran pronto.
El moreno no sabía si era por el cansancio de permanecer una hora encerrados en un cubículo como aquel, o el hueco profundo que se iba formando en sus estómagos o un milagro de Merlín, pero Hermione había dejado de discutir, o por lo menos en términos medio.
- ¿Crees que nos rescaten? – le preguntó la castaña un poco preocupada.
Por falta de electricidad, el aire acondicionado no estaba funcionando, por lo cual el poco aire que quedaba en el cubículo era sutilmente conservado.
Potter asintió con torpeza, aunque la misma duda le atravesaba la cabeza.
- Claro que sí. Además, como tu dijiste, estamos en el hotel Hilton…aquí nada nos puede pasar.
Hermione asintió para su pesar y miro hacia el techo.
- Desearía que si quiera el aire funcionara – dijo ensimismada y un poco triste.
- Pues…- balbuceó Harry – Utiliza un hechizo.
Hermione negó – Eso lo intente hace 45 minutos, pero al parecer solo funciono el Lumos – el ojiverde se mordió el labio, si no podían utilizar más magia aparte del Lumos… ¿entonces que podrían hacer? ¿Estar esperanzados por el poder no-mágico de los muggles?
Suspiro con frustración, nunca en su vida había deseado tanto su magia como ahora.
- Tengo calor – musito la muchacha quitándose la gabardina. Al hacerlo, dejo a un Harry un tanto atónico, ya que dejo al descubierto una blusa blanca con escote profundo y un ombligo perfecto.
Cuando Hermione noto la mirada irrespetuosa de Harry, lo miro fulminante y agarro su gabardina para taparse un poco.
- ¡¿Goyle?! – exclamó Ron sorprendido por la figura que sus ojos proyectaban.
Un hombre corpulento, alto y gordo, con cara ancha, pequeños ojos negros (como huevecillos de Dozzy) y nariz chata, lo miraba ceñudo.
- ¡Weasley! – volvió a repetir el corpulento hombre. Su aliento no era específicamente a flores silvestres, y Ron pensó que era peor: si oler sus nefastas ropas o soportar el olor de su boca.
- ¿Que haces aquí? – quiso saber Goyle mirándolo de arriba abajo – Hasta donde se vivías en Polonia.
Billius abrió los ojos como platos - ¿Cómo demonios sabes eso? – le preguntó con altanería.
Goyle mostró sus asquerosos y feos dientes amarillos, de los cuales colgaban una especie de gusano baboso, con excepción de que no se movía.
La expresión de Ron al parecer ofendió a Goyle, ya que cerró inmediatamente la boca.
- Los chismes vuelan, Weasley – le respondió Goyle agarrando un enorme y feo maletín de cuero – Sé que te casaste con Lunática Lovegood y tuvieron una hijita. ¿Qué hicieron el día de su 1 aniversario? – Ron no respondió en seguida, ya que se quedo estupefacto cuando Goyle saco de aquel bolso una especie de pipa de madera, aunque ya estaba rucio y amarillo por el tiempo.
Del hueco donde normalmente salía el humo, Goyle saco una especie de cría de algún pájaro negro feo y sin gracia.
- ¿Qué es eso? – le preguntó Weasley cuando había salido de su letargo.
Goyle miro a la cría y después a Ron con aire taciturno.
- Mi única compañía – contestó en voz baja.
Ron se quedo desconcertado ¿La única compañía de Goyle era una cría de pajar negro, feo y sin gracia?
Se asusto un poco y se imagino a él, dentro de unos diez años, con la misma cría en la mano y vestido con harapos sucios y rotos.
Sacudió la cabeza para espejar aquellos pensamientos tan…
- No me respondiste – hablo Goyle luego de varios minutos de silencio. Ahora la cría de pájaro caminaba tontamente por la grande y gruesa palma estirada del hombre.
Ron miro a Goyle y contestó – Bueno…tuve una pequeña discusión con mí…con Luna.
Una sonrisa malévola surco la ancha boca de Goyle – No creo que haya sido tan pequeña como para que hubieras parado aquí…en este callejón – y toco con su dedo índice, la cabeza de su cría.
Los hombres se quedaron en silencio por un largo minuto, hasta que Goyle volvió hablar, con una voz atronadora que le provoco que los pelos de Ron se le erizaran.
- Mira Weasley, tú me caes mal, por ser tan estúpido y haberte juntado con Potter en Hogwarts, pero te voy a dar una recomendación – y agarrándole la mano le puso la cría de aquel animalejo en la palma de su mano – Yo sé que no quieres terminar como yo, oliendo a cigarro, trago y excremento de unicornio – le hablo, sosteniéndole fuertemente la mano.
Ron trató de soltarse, pero era inútil: la fuerza de Goyle le doblaba el número.
- Así que te recomiendo, Weasley, que vayas y te disculpes con tú Lunática, yo se que la quieres y ella te debe estar chillando en el cuarto como estúpida. No cometas el mismo error que yo – y mostrándole de nuevo sus podridos dientes, desapareció camino arriba.
ºH/Hº
Sacando del bolsillo de su túnica una vara larga y pálida, la mujer llegó al final del cuarto piso y comenzó hacer diversas florituras con ella.
Tocaba cada centímetro de una pared blanca como la nieve, al mismo tiempo que murmuraba unas extrañas palabras.
Luego, dio unos pasos hacia atrás y con satisfacción la vio derrumbarse, dejando a su paso un artefacto mediano y dorado.
Apunto con su varita hacia el portafolio y las cerraduras hicieron un sonido pareció a un "crack" y se abrió al instante.
Dejo a la vista diversos pergaminos con tinta y un libro gordo y grueso.
Retirando con la varita cada uno de los pergaminos y el libro grueso, encontró una pequeña llave plateada y brillante.
- ¡Accio llave! – exclamó la mujer y la pequeña llave de plata se poso en su mano.
Con mucho cuidado camino hacia la pared que acababa de derrumbar, y arrodillándose frente al aparato dorado y mediano, introdujo la llave en la cerradura, produciendo que un brillo enseguecedor iluminara el rincón.
Sintió como el suelo a sus pies temblaba un poco y luego se calmaba, quedando intacto como hacia unos segundos.
El brillo de la cajita mediana ceso y con una especie de "clip" soltó la llave.
La mujer la atrajo de nuevo a su mano con el mismo encantamiento de hacia un rato. Guardo la llave de nuevo en el portafolio y en su lugar agarro el libro gordo.
La carátula que cubría el libro era de un color rojo oscuro, parecido a uno de los colores que ondeaba la casa de Gryffindor.
Con paciencia busco por entre las amarillentas páginas un capitulo, el cual estaba dividido gracias a una flor marchita. Dejando caer la flor al suelo, empezó a leer la oración que estaba escriba en griego.
Al terminar, guardo de nuevo el libro y sacando una pluma con su tinta y pergamino, escribió con letra fina y clara unas simples palabras:
"Esta listo"
Y con el movimiento de su varita, el pergamino desapareció.
ºH/Hº
- ¡Te lo juro, puede atraer este papel hacia mis manos! – le replicaba una cansada Hermione.
Hacia unos segundos, Hermione había estado jugando con su varita, pensando en infinidades de hechizos y encantamientos, hasta que hace unos segundos, había atraído un envoltorio de golosina a sus manos con solo pensarlo.
- ¡Pero Hermione! – Le volvía a insistir Harry – Es imposible, recuerda que lo único que podemos proyectar es el Lumos.
La castaña asintió con torpeza – Sí lo sé…pero ¿Cómo explicas que el envoltorio de la golosina cayera en mis manos sin que la hubiera tocado?
Potter se quedo callado, sinceramente para aquello no tenía explicación.
- ¡Ves! – espetó Hermione triunfante – Juro que hace unos segundos, la protección anti-magia desapareció, y por eso puede proyectar el Accio.
El ojiverde se quedo callado.
- No lo sé – fue lo único que dijo.
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Se recostó sobre el espaldar de su silla con aplomo, cerrando los ojos y pensando en Hermione y para su desgracia, también en Ginny.
Solo había algo que estaba contento, y era que por fin podía convertir algo en polvo, y eso lo hacía tan feliz.
Una sonrisa llena de complicidad, surco el rostro del joven Slytherin, al mismo tiempo que pensada y pensaba.
ºH/Hº
- Inténtalo de nuevo – le insistió Potter después de varios minutos de silencio.
- No funcionara – espetó Hermione algo incomoda – Ya lo intente mientras estabas jugando con tu varita – Harry chasqueó la lengua y se dejo tumbar (de nuevo) en el frió suelo.
- ¿Y si no nos sacan nunca de aquí? – volvió a preguntar Hermione más preocupada que la anterior vez.
Harry volvió a negar – No, claro que no, nos rescataran pronto, ya verás.
Granger lo observo ensimismada, como deseando que sus palabras fueran ciertas. Pero luego negó.
- No, ya llevamos una hora y media atrapados aquí y nadie se ha dado cuenta de nuestra existencia – luego se quedo callada y miro la puerta del ascensor, y una ancha sonrisa surco su rostro - ¿Y si gritamos? – opinó la castaña algo esperanzada,
Potter miro a la chica y luego desvió su mirada hacia la puerta. No quería ser el responsable de derrumbar las esperanzas de Hermione, pero tenía que ser honesto, muy a su pesar.
- Estas puertas están blindadas – comentó como quien no quiere la cosa – Y a pesar de que nos gastemos la garganta gritando, no nos escucharían. Pensé que lo sabías – concluyó con un dejo de bochorno.
Hermione asintió cabizbaja – Claro que lo sabía…solo quería que me dieras la lucecita de la esperanza – confesó con las mejillas totalmente encendidas.
A tal respuesta, Harry se sintió como un completo estúpido.
- Ah, yo…- balbuceó algo cohibido – Yo no quería….eh…
- ¡No importa! – exclamó Granger sonriendo fingidamente – Así que solo tenemos que esperar – concluyó irónicamente sentándose sobre el suelo - ¡Como odio esperar!
Harry la miro de soslayo; quería abrazarla y decirle que no se preocupara, que todo estaría bien, que estaba con él…pero…ella jamás se lo permitiría.
Un dejo de ira y frustración impacto al moreno, y deseo con todas sus fuerzas degollar a Draco Malfoy.
Ron había regresado a su "cómoda" habitación en uno de los hoteles más repugnantes de todo el mundo mágico, ubicado en el callejón Nocturno.
Estaba un poco aturdido por lo que Goyle, su antiguo enemigo de escuela, le había comentado.
Dejó sobre el alfeizar de la ventana la cría de aquel animalejo parecido a un pájaro carroñero, que le había dado Goyle.
- Bonito regalo – murmuro a lo bajo oliéndose la mano. Emanaba un hedor a huevos podridos y piel chamuscada; torció la boca y tosió con repugnancia, nunca en su vida había olido semejante cosa.
Se sentó sobre el único pedazo de colchón que quedaba limpio, al tiempo que pensaba y pensaba.
¿Hablar con Luna? Bueno, eso lo quería hacer desde hacía rato pero… ¿Y si lo echaba? O peor aún ¿Y si Xenophilius lo echaba el mismo de su casa? Seguramente no iba a ser de la forma "normal"
Pensar aquello produjo en su cuerpo un grande y largo escalofríos, pero imaginarse un futuro como el de Goyle, sin amigos, sin hogar, sin familia y oliendo a excremento de unicornio, le erizo los pelos.
Deseaba hablar con Luna pero…los miedos lo carcomían por dentro: miedo a chocarse con la realidad y ver que todo está perdido; miedo a perder a Dulce y ganarse el rencor de la única mujer que lo supo comprender; miedo a darse cuenta la clase de persona en la que se había convertido.
Sí, de eso estaba hecho el ser humano, de puros y simples miedos. Miedo a perder el amor, miedo a perder el trabajo, miedo a perder un examen, miedo a reprobar un año, miedo a ver fallecer a las personas que más se ama, miedo a no tener una compañía, miedo a la soledad, el miedo al miedo y por supuesto, el miedo más terrible de todos: miedo a enfrentarse consigo mismo.
Desde siempre ha existido como esa barrera entre el Yo externo y el Yo interno; y es este segundo el cual no deseamos inspeccionar para no inmiscuirnos en un mundo tan oscuro que nunca creíamos haber formado.
Podríamos haber inventado las alfombras voladoras y haber creado millones de protección anti-muggle para los torneos de quidditch. Podía enfrentarnos a criaturas tan siniestras como los dementores, pero no podíamos enfrentarnos a nosotros mismos; ¿Irónico, no? Y no lo hacemos porque sabemos que al hacerlo podríamos perder hasta la cosa más pequeña en nuestra vida, pero la cual ha significado mucho en el camino.
Nos podríamos llamar cobardes, porque eso es lo que seríamos al no intentar enfrentarnos.
Cobardía a perder todo y cobardía al quedarse solo; porque cobarde es aquel que se esconde para no enfrentar sus problemas y deja que otros lo enfrenten por él.
Ron Weasley podía ser una especie de cobarde egoísta, ya que prefería estar lejos de la mujer que ama, al tiempo que se hace daño a sigo mismo e hiere a su hija y a su esposa, el hogar que por tanto tiempo tuvo que luchar.
No quería enfrentarse a la realidad de quedarse solo, y mucho menos quería darse cuenta la especie de monstruo que se transformo al pasar de los años; y si decía que Hermione Granger había sido una especie de traidora y egoísta al haber traicionado a sus amigos….pues él simplemente era un nada en la existencia.
Lavender miraba con tristeza el cabizbajo y húmedo rostro de la rubia.
Hacia media hora que había llegado, y cuando le había preguntado cómo estaba Ron la rubia se había balanceado a llorar.
Por supuesto que Brown no podía creer la clase de…monstruo en la que se había transformado su ex novio, era imposible creer si quiera una parte de aquella historia.
- ¡Y estoy muy preocupada por el, Lav! – sollozaba Luna en medio de su hombro. Cada cuanto daba un hipito seco, lo que provocaba que Lavender se irritara un poco.
- Pero seguro el estará bien – la tranquilizaba su amiga, dándole leves golpecitos en su espalda – Además, tú ni debes preocuparte por un inconsciente como Ron, el que debe estar preocupado es él, no tú.
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Una pequeña llovizna se alzaba sobre la capital francesa, y una pelilasia con el cabello castaño, ojos claros y pómulos rosas se paseaba por las calles de "Bois de Boulogne" (n/a: no se cómo se pronuncia, yo lo encontré en Encarta y me pareció lindo xd) admirando sus extensos e innumerables caminos y lagos.
Eran las cuatro de la tarde y los ciudadanos a pesar de soportar una pequeña llovizna, gozaban de un grado promedio de 2,8; por lo cual el frio era soportable.
Samantha Thomson miraba ensimismada cada lago que cruzaba bajo los monumentales y exóticos puentes de peltre, al tiempo que se tocaba su pequeño vientre con la mano.
No podía creer que tan solo ayer hubiese cumplido tres meses de su embarazo, es que le parecía una completa locura. Cada vez que recordaba el niño (o niña) que llevaba en su vientre, recordaba a Malfoy y lo grandioso que debería ser su vida sin saber de la existencia de una criatura.
Por supuesto que Samantha no sería la que se lo hiciera saber, ya que estaba tan decepcionada que prefería mil veces ser madre soltera a compartir la paternidad de su hijo con una alimaña como Draco. Pero aunque se hiciera la mujer fuerte y que no la toca un rayo, imaginarse el mero futuro sin Draco, le provocaba una sensación de vértigo.
ºH/Hº
Harry no sabía que hacer, estaba desesperado, y se maldecía a sigo mismo por ser tan estúpido.
Hace unos segundos había comentado sobre una pareja que había fallecido en un ascensor; y ahora Hermione se encontraba sollozando en el rincón del mismo.
- L-lo siento…no era mi intención – se disculpaba como por enésima vez, al mismo tiempo que miraba horrorizado como aquel liquido salido surcaba por su rostro.
La castaña no comentaba nada, solo era ella y sus lágrimas.
"abrázala" le decía constantemente aquella vocecilla en su cabeza, que ni en el ascensor había desaparecido. Trago saliva y miro con soslayo la húmeda espalda de la chica a causa del sudor. ¿Y si la abrazaba? Nada perdía con intentarlo…aunque…tal vez una bofetada sería suficiente.
No, no podía arriesgarse a tanto. Había llegado a una "amistad" con Hermione lejos de gritos y malas miradas que no lo iba arruinar por cumplir el simple capricho de una estúpida voz. Aunque aquel capricho no era solo de aquella voz.
Desde que se había dado cuenta que se encontraba encerrado con Hermione en un ascensor, sus más candentes deseos habían saltado a su cabeza, pero difuminado constantemente cuando esta le había dicho que lo peor que le había sucedido en la vida era quedarse atrapada con la persona que más odiaba en el mundo.
Flash Back
- ¡Prefería mil veces haberme quedado encerrada con Gozzila o Voldemort que contigo, Potter! – exclamaba una furiosa e histérica Hermione Granger.
Solo habían pasado diez minutos desde que el ascensor había dado una fuerte sacudida y producido el daño del sistema, y Hermione Granger ya estaba insultando a Harry.
- No es para tanto – protestaba el moreno un poco dolido. Y es que ¿Quedarse con Gozzila?
La castaña resoplo con disgusto – Tú sabes muy bien que desde Hogwarts nos detestamos, o que ¿Ya se te olvido las veces en que me llamabas sangre sucia? O como te burlabas de mí al saber que no podía montar en una escobaba.
Harry se quedo callado y estupefacto. Esas eran las clases de cosas que había Malfoy no él. Quería decírselo y gritárselo a los cuatro vientos pero…Luna le había comentado que lo mejor era no decirle nada.
- ¡Pero cuando despertaste en San Mungo no me recordabas! – Le recordó el moreno un poco molesto – ¡Y ahora me dices todo lo que…paso en Hogwarts!
La castaña bufo con exasperación - ¡Tú nunca esperas encontrarte con tú peor enemigo cuando despiertas de un accidente! – se defendió la Gryffindor algo airada, y sin decir nada más le dio la espalda al moreno.
Fin del Flash Back
¡Claro, y no había sido Malfoy! Ahora estaba más seguro de que Draco Malfoy había tenido mucho que ver con la perdida de recuerdos en Hermione.
Pero aquello en esos instantes ya había pasado a otra estancia, en esos momentos estaba mirando a Hermione y debatiéndose entre abrazarla y no hacerlo.
"Hazlo" le insistía aquella voz, una y otra vez.
Con un suspiro, acerco sus brazos al cuerpo de la castaña y…la abrazo.
Milagrosamente la joven se dejo, es más, volteó su cuerpo para quedar frente a frente con el de Harry; apoyando su húmedo rostro sobre el hombro del joven.
Desde tanto tiempo había estado esperando algo así, aunque él era más ambicioso y quería un beso pero bueno…con un abrazo como esos se confortaba y demasiado.
- Lo siento – le susurro al oído para que lo escuchara claramente – No quise asustarte – Hermione asintió y levanto su húmedo rostro. Aún así, con los ojos hinchados y la nariz roja, se veía hermosa.
- Es solo q-que… – balbuceó la ojimarron viendo directamente hacia los ojos del peliazabache – No quiero…no quiero…ya sabes…terminar así – y lo volvió abrazar.
- No vas a terminar así – le aseguro el joven aferrándola más a su cuerpo.
No sabían cuanto tiempo habían pasado en aquella posición, pero no fue hasta que un golpe seco impacto contra el suelo el cubículo.
- ¡¿Que fue eso?! – preguntó una Hermione muy exaltada.
Por el impacto, los jóvenes se pusieron en pies al instante, al tiempo que sentían aquel mismo golpe chocante, pero esta vez contra la puerta del ascensor y luego las paredes.
- ¡¿Qué sucede?! – preguntaba Hermione desesperada, mirando con los ojos bien abiertos a cada rincón del ascensor.
- Si lo supiera te lo diría – le aseguró Potter, el cual había saco su varita y apuntaba a todos lados, a pesar de que no pudiera utilizar la magia.
Aquellos golpes se hacían más fuertes a cada minuto, y la tención de los Gryffindor's aumento cuando escucharon varios gritos desesperados que provenían de los primeros rellanos.
- ¿Qué sucede? – indagó Granger entre lagrimas, al mismo tiempo que buscaba la mano del moreno.
Harry estaba tan perturbado por notar alguna maldición o conjuro extraño, que no había notado el apretón de manos de la chica.
- ¡Algo está pasando abajo! – Dijo aturdido mientras escuchaba los sonoros gritos de mujeres, niños, ancianos y hombres que ascendían de piso – ¡Y no parece nada bueno!
- ¡¿Qué vamos hacer?! – le preguntó una Hermione envuelta en pánico.
Sea lo que sea que estuviese asustando a los huéspedes del hotel Hilton, ya iba por el piso número seis, lo que quería decir que restaban solo cinco pisos para impactar con el número once.
Potter estaba aturdido y angustiado, sea lo que fuera que estuviese abajo, no podía permitir que siguiera subiendo, pero sin magia era imposible.
Además, tenía miedo de que aquella cosa le hiciera daño a Hermione.
- Tratemos de desaparecer – le sugirió a una castaña aferrada a su cuerpo. Cerrando los ojos trataron de pensar en el pasillo del Lobby, pero fue como querer comer un pastelillo sin dinero.
El fuerte golpe resonó de nuevo en la puerta, pero más potente que las anteriores veces. El golpeteó provoco el sobresalto de la castaña, que se aferraba a un más al brazo de Harry, al mismo tiempo que (al igual que Potter) apuntaba con su varita hacia el otro rincón del cubículo.
- ¡Tenemos que salir de aquí como podamos! – sollozaba la ojimarron mirando a todos lados. El panorama era frustrante: a donde quiera que miraras solo podía ver muros cafés y para colmo, blindados.
- Vamos a salir de aquí –le aseguro Harry apuntando su varita hacia la puerta del ascensor - ¡BOMBARDA! – exclamó, pero ni una chispita roja había salido de su punta.
Resopló con disgustó al tiempo que un horrible, fuerte e insoportable sonido impactaba contra el cubículo.
Era como una especie de chillido infernal, que provenía de quien sabe dónde. Con aquel chillido, las paredes del ascensor se comenzaron a agrietar, formando figuras tridimensionales a su paso.
Un estruendo se unido aquel sonido, lo que provoco que los jóvenes se separaran.
- ¡HERMIONE! – gritó el moreno al no sentir la presión de su cuerpo contra el brazo.
Con inmenso horror vio como el ascensor se comenzaba a estirar y estirar. Se había estirado tanto que ahora era una réplica idéntica del pasillo del Lobby que se encontraba diez pisos más abajo.
Y como si aquello no fuera poco, aquel sonido infernal le retumbaba en los tímpanos y pensó que en cualquier momento sus oídos iban a estallar.
Cuando el ascensor dejo de estirarse, noto, para su desgracia, que al otro lado se encontraba Hermione.
- ¡HERMIONE! – Grito desesperado - ¿TE ENCUENTRAS BIEN?
Hermione se incorporo del suelo y agarrando fuertemente su varita asintió.
- ¡Sí, pero ven aquí! – le suplicó en un sollozo.
Harry asintió, y cerrando los ojos para aminorar aquel chillido de muerte, empezó a caminar hacia donde se encontraba la castaña.
Cuando todas las paredes tuvieron completamente agrietas, comenzó a descender hacia el suelo.
- ¡HARRY, CUIDADO! – exclamó Hermione desde el otro extremo del ascensor.
Harry abrió los ojos justo en el momento en que el piso se comenzaba abrir.
Sus ojos no podían creer lo que a su cerebro le proyectaban:
Un agujero de más o menos unos 40 de ancho, y una ruptura que se iba formando a su alrededor y al lado de Hermione.
Balanceándose un poco vislumbro con gran horror como los pisos inferiores se iban derrumbando poco a poco. Primero eran las escaleras, después los aparadores de los distintos almacenes, los cuales caían con súbito impacto contra las personas.
- ¡AHHH! – grito Hermione al mismo tiempo que Harry levantaba su cabeza.
Si la visión diez pisos abajo era impactante, la visión de enfrente le estaba haciendo competencia:
Hermione se encontraba en una pequeña parte de lo que hacía unos segundos había sido un piso grande y firme.
Las grietas se habían proporcionado tanto que comenzaron a formar pequeños huecos por donde una persona de tamaño normal podría caer fácilmente hacia el vacio.
- ¡HERMIONE! – exclamó una asustado Harry Potter.
No sabía que hacer…no sabía ni que decir.
- ¡Quédate tranquila, ya voy por ti! – claro que tenía que ir por ella, pero la pregunta era ¿Cómo?
Al frente se cernía un agujero de unos 40 centímetros de ancho, y no podía tomar impulso porque estaba en la misma situación de Hermione; y para completar aquel chillido seguía aun presente.
- ¡HERMIONE TIENES QUE SALTAR! – le sugirió el muchacho de grito en cuello.
Desde aquella distancia, pudo ver claramente la expresión de su ex novia, que no era para nada aceptable.
- ¡¿Quieres que salte ese agujero?! – Preguntó atónica señalando la gran grieta que había formado aquel chillido - ¡ESTAS LOCO!
-¡Tú tienes todavía un poco de espacio atrás de ti, si agarras impulso puedes lograrlo! – Le explicó el moreno con la varita en ristre - ¡Y no te vas a caer porque yo te voy agarrar! – Hermione negó tercamente, no se atrevía saltar a tal distancia, ni mucho menos desde tal altura.
- ¡NO, HARRY! – Le gritó la castaña negando con la cabeza - ¡NO LO VOY A LOGRAR!
- ¡Claro que lo vas lograr! –Le aseguro el peliazabache con una sonrisa - ¡Confió en ti! Siempre lo he hecho.
La joven no entendió aquel comentario, pero aún así se siguió negando.
- ¡PUEDO CAER!
El moreno negó - ¡YO ESTARE LISTO…TE ATRAPARE! – pero aún así la ojimarron se empecinaba a no saltar.
- ¡PUEDO CAER EN CUALQUIER MOMENTO! – Le gritó desesperada, mirando con horror hacia abajo – ¡ADEMÁS ESTA MUY ALTO!
- ¡No te caerás si tomas impulso! – le aseguro como por tercera vez el joven. Les quedaba muy poco tiempo si el chillido desidia agrietar el suelo que estaba detrás de Hermione.
- ¡Créeme que si podría saltaba yo…pero me es imposible! – y señalo la parte de atrás.
La chica se mordió el labio inferior, era visible que no sabía que hacer.
- ¿Seguro que me agarras? – le preguntó en un hilo de voz a un Harry decidido.
El Gryffindor asintió – Sí, y cuando estemos juntos desaparecemos.
Hermione negó - ¡NO! La protección ¿recuerdas? – Harry asintió torpemente.
- ¡Sí, pero esto debe ser obra de alguien con magia….si esto funciona también la desaparición! – Hermione miro a Harry y luego a su varita. Estaba dispuesta a comprobar la teoría del chico por su propia cuenta, pero estaba tan asustada que no se le ocurría ningún hechizo.
Fijo su mirada de nuevo en los orbes verdes del joven y suspiro.
- ¿Seguro que me agarras? – le volvió a repetir no muy convencida.
El moreno asintió.
Tomando una bocanada de aire, miro hacia atrás y fue dando un paso a la vez, alerta de cualquier paso en falso.
Cuando había dado veinte pasos, escucho que un fuerte "crac" resonaba a sus pies, y dando un brinco a un lado vio con horror como la parte en la que se encontraba hacia unos segundos, estaba descendiendo hasta caer en el primer piso.
- ¿ESTAS BIEN? – le preguntó Harry muy angustiado.
Granger asintió.
- ¡Muy bien, ahora empieza a correr y salta! – le indicó el moreno.
Con un chasquido de su lengua, metió la varita en su bolsillo.
Suspiro con aplomo y cerro sus ojos. Luego los volvió abrir después de varios minutos.
Al hacerlo se encontró con los esmeraldas ojos de Harry, que extrañamente la lleno de fuerza.
Asintió de nuevo y miro la poca distancia que las grietas le habían permitido.
- ¡Esto no va a funcionar! – espetó en un hilo de voz envuelto de miedo.
- ¡CONFIA EN MI! – Le gritó el moreno extendiéndole los brazos - ¡AQUÍ TE ESTARE ESPERANDO!
Otro suspiro, un leve sollozo, un asentimiento y un impactante estruendo chocando contra el ascensor….
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LUMOS!!
Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas
Wenas, wenas a todos...Espero que esten muy bien, y sorry x la tardanza. Mmmmm, voy hacer algo, k no se si les guste o no, pero es kiero evitarles las tardanzas y k se desconecten del fic...así k como tengo super-mega adelantado este fic en otra pagina, ps colocare todos los chpas restantes hasta llegar al número que tengo en mi word.
Ok sin más, besos, se cuidan.
Emma.
Travesura realizada
¡¡NOX!!
