Capitulo 28: "La Primer y Ultima Noche".
Con percances, peleas, y lágrimas
nuestro amor siempre será fuerte.
Se inclino buscando sus labios con la mirada fija en los ojos castaños que lo observaban minuciosamente, expectantes, a causa del nerviosismo. Poso los de él en los femeninos que eran tan suaves como la seda y delicados al igual que el pétalo de una rosa, ella era la cosa más exquisita de toda la tierra, sí, lo era. Subió su mano grande y fuerte recorriendo lentamente las curvas que se encontraban bajo su cuerpo, pasando por su estomago plano y las costillas, hasta llegar a su pecho tomándolo suavemente. Gruño ronco al sentir como podía llenar su mano sin siquiera apretarlo, toda ella era pura suavidad, inocencia y fuego, jamás hubiera pensado que encontraría en toda su maldita existencia a alguien como su mocosa, tan pura… impetuosa…
«Tan deliciosa.»
La sangre resonaba en sus oídos como un torrente incontenible mientras que su cuerpo ardía de deseo por ella, tuvo que recurrir a todas sus reservas de voluntad para no deshacerle las lazas del vestido y poder saborear así una parte todavía más grande de de ella. No, no podía hacerle aquello, tenía que ser delicado, lento, suave, para no alarmarla ni mucho menos asustarla, sabía que esto era nuevo para ella no podía ser brusco y hacerla suya en ese instante así sin más.
El sabor de su boca lo hizo gemir. La sensación de su aliento confundiéndose con el de él cuando la lengua de Kagome se deslizaba por su cavidad haciéndolo sentir la sensación de ese jugoso baile dentro de su boca provocando avivar el calor que por momentos parecía lava recorriendo sus venas quemándolo por dentro, gracias a ella y el calor que Kagome despedía de su cuerpo quemaba como acero caliente… hirviendo, se pregunto si seria mas fuerte cuando se encontrara sin ropas bajo su cuerpo, entregándose a él como lo estaba haciendo ahora.
«Eso sería más que delicioso.»
Sí, mucho más. Mordisqueo el labio inferior de la joven percibiendo la agitada respiración de ella golpeando su rostro con fuerza, el pecho que subía y baja con una velocidad que lo hizo sonreír. Se encontraba agitada, perturbada… excitada. Movió su mano masajeando suavemente el pecho que aun se encontraba bajo su mano y la vio arquear su espalda de una manera rápida, las mejillas se le había teñido del cálido rojizo que tanto le gustaba mientras que no se animaba a abrir sus ojos, manteniéndolos fuertemente cerrados, ella era tan inocente.
Kagome sintió que le daba vueltas la cabeza ante el delicado movimiento de la mano de Inuyasha sobre su pecho, torneando con suavidad el todo poco de ella que se encontraba bajo su mano, provocándola. Un ansia sumergida en lo más profundo de su ser amenazaba con tomar posesión de ella conforme como Inuyasha suscitaba en su cuerpo sensaciones y sentimientos que Kagome nunca había conocido anteriormente. No comprendía esas desconocidas sensaciones le eran confusas y abrumadoras.
Electrizantes. Angustiosas. Y la hacían desear más de él.
El hombre acerco su rostro al cuello de ella besándola con suavidad aspirando el delicado aroma a rosas con flores tan suave como dulce, succionando, como cuando se encontraba dormido, la tersa piel de la joven que soltó un suspiro de satisfacción mientras que colocaba sus manos en los hombros de él descendiéndolas por los musculosos bíceps de su guardián. La caricia era tan delicada y lenta que parecía hacerlo con temor, bueno, eso era normal ya que la joven nunca antes lo había hecho. Él era el único. Su único hombre. Descontrolado por los pensamientos que golpearon su mente de manera brutal, la tomo desde las costillas sentándola en la cama para así poder besar sus labios con ímpetu, tensando los brazos alrededor de su espalda acercándola más a él de lo que ya se encontraba. Kagome sintió la desesperación de él al besarla en los labios como si quisiera beber de ella la última gota de amor que podía dar, aturdida por los golpeteos de su corazón, lo abrazo desde el cuello sintiendo bajo sus manos los músculos de la espalda de Inuyasha amoldándose a sus manos. ¡Por Dios! Si todo él era puro musculo solido y viril.
Casi asfixiada por la potencia de sus besos se separo de él tomando grandes bocanadas de aire con la mirada lánguida y brillosa, llena de deseo, se la clavó en las pupilas doradas que se encontraban oscurecidas por la excitación que lo mareaba haciéndole doler la erección que se despertó con una vehemencia única cuando su dulce mocosa comenzó a moverse suavemente en su pecho, acariciándolo con su pequeño cuerpo, pudiendo notar como los pecho de de ella descendían para luego subir lentamente. Cerró sus ojos mientras que tensaba la mandíbula con fuerza conteniendo el deseo de arrancarle la ropa de un tirón y dejarla desnuda enfrente de él para poder saciarse de ella de una vez, pero sabía bien que nunca podría saciarse de su sabor… de ella.
Las caricias de Kagome eran delicadas, inexpertas, pero como lo volvían loco, parecía que por minutos perdía todo el poco control que tenia, eran increíbles, estimulantes. Lograba que se sintiera viril, fuera de control. Pero esas simples cosas que por momentos lo hacían perder la razón no lo llenaban, no, no podían, necesitaba más, quería tocar cada rincón de su cuerpo, cada pedazo de piel que se encontrara expuesta de ella.
Con la mirada fija en la de ella la despojo de sus ropas provocando que Kagome se observara atónita y soltara un grito ahogado. Se observo con los ojos como platos sin soltarse de él teniendo los antebrazos aun en los hombros del hombre. Cuando al fin decidió alzar su mirada buscando la de Inuyasha y preguntar qué había sucedido, se quedo sin aliento al verlo sin ropas ante ella, con una sonrisa tan lobuna que la hizo estremecer.
– I…
– Tú lo provocaste… – sentencio ronco sin dejar de sonreír. – abstente a las consecuencias.
Presiono un poco hasta que ambos cayeron, ella de espaldas y él sobre ella, a la mullida cama que los recibió de lleno haciéndolos rebotar como si fueran resortes. Ella con el corazón en la boca se tenso mientras que el hombre volvió a besarla, pero con una delicadeza que la embeleso. Tenía pensado que él la iba a tomar en ese preciso instante de manera brusca pero cuando la beso con esa devoción que jamás sintió, se calmo, él no pensaba hacerle daño, no, podía confiar en su guardián, en su tosco y bruto hombre. La acurruco en sus fuertes brazos sin dejar de besarla, haciéndola sentirse en un lugar tan protegido, como si esos brazos jamás permitieran que algo malo le pasase… ohh… solo su Inuyasha podría hacerla sentir como en las nubes, como si siempre hubiera pertenecido a él.
De pronto y siendo consiente recién de cómo se encontraban, abrió los ojos asustada al sentir la erección del hombre en uno de sus muslos, se sentía duro, grande, y fuerte, como él. Sus mejillas se tiñeron de un furioso rojizo al tiempo que cerraba sus ojos con fuerza al sentir como su corazón latía sin descanso alguno, bombeando sangre con una velocidad abrumadora que le retumbo en los oídos. Pensó en calmarse rápidamente pero le fue imposible ¿Cómo olvidar que algo tan grande y firme se encontraba encima de ella? ¡¿Cómo?! Trato de controlarse, de controlar los vertiginosos latidos de su corazón que no dejaban de golpetear su pecho con fuerza asustándola más de lo debido… todo se veía temeroso, y horrible, lleno de cosas que ella no comprendía haciéndola arrepentirse a último momento, pero, cuando en su propio pecho percibió que no solo su corazón latía acelerado, sino que también… el de él. ¡Inuyasha, también se encontraba nervioso! ¿Pero no lo había hecho antes ya? ¿O seria por otra cosa? A seguro que era otra cosa… sí, capaz que estar con ella lo hacía sentir las mismas sensaciones que Kagome ¡si, era eso! Inuyasha se sentía igual que la penmerlin. Eso la hizo suspirar. Bien, ella no era la única nerviosa por la situación que se encontraban, eso era reconfortante.
Luego de calmarse notó que sentir el peso del hombre sobre el suyo era maravilloso, no opresivo ni asfixiante, sino esquicito y deliciosamente pesado. Su piel contra la de ella era la sensación mas única de todas, tan abrumadora que era difícil describirlo con palabras. Lentamente cerró sus ojos cuando lo vio acercarse a ella, pero cuando noto que se tomo su tiempo en besarla los abrió descubriendo que él se encontraba contemplándola tan de cerca que no pudo evitar sonrojarse. Su mirada ávida la recorrió paulatinamente casi acariciándola, contemplando, sus pechos, la piel expuesta, su virginidad, eso lo hizo sonreír.
– ¿Por qué sonríes? – inquirió con la voz trémula.
– Porque me hace feliz estar contigo.
Volvió a besarla mientras que tomaba nuevamente su pecho, pero esta vez, desnudo apretándolo suavemente sintiendo la piel caliente y lo suave que era. Kagome gimió entre el beso sin poder contener su cuerpo, al sentir la poderosa mano de él envolviéndola, rosando con delicadeza la punta de su pezón haciendo que se endureciera por el simple contacto, la inquietaba. Desvió sus labios de los de ella bajando lentamente por su mejilla llegando hasta su cuello para luego seguir por la clavícula y llegar a su destino: su pecho. Ella lo observo con sus ojos grandes y expresivos, mostrando el miedo que sentía por el acercamiento del hombre. Inuyasha alzo su seria mirada encontrándose con los ojos de ella clavándolos en los de él, resuelto a continuar con su acometido, la chica trago con fuerza al verlo abrir su boca y atrapar su pezón sin siquiera decirle. Quiso replicar algo pero fue demasiado tarde ya que cuando iba a pronunciar palabra él ya estaba estimulando su pezón mientras que con su mano libre acariciaba el otro, gimió al sentir esa ola de calor que la golpeo de lleno perturbándola, de sus ojos pequeñas lagrimitas brotaron cuando la lengua de él lo aprisionaba con los dientes, llenándola de un placer que ni siquiera conocía.
Le beso los pechos, levantando la cabeza brevemente para admirarlos con los ojos salvajes antes de volver a recorrer con la lengua sus turgentes pezones que se volvieron aun más rígidos con su contacto. Tiro de ellos con sus labios mientras el placer le azotaba el cuerpo, que se tensaba ante cada leve gemido sin aliento que arrancaba la garganta de su mocosa. Volvió a mirarla. La imagen de su cabeza echada hacia atrás en un lánguido éxtasis le hizo temer no poder ser gentil al tomarla. Apretó los dientes a medida que la pación lo inflamaba.
Todo aquello era tan nuevo para ella que no sabía cómo debía reaccionar, sintiéndose indefensa ante el placer que él le proporcionaba, lo observo mientras que su cuerpo no dejaba de removerse, inquieto, por el placer que sentía ¿Qué era ese ardor que la consumía? ¿Ese extraño e intenso anhelo que Inuyasha despertaba en ella? no llegaba a comprender esas confusas sensaciones que la aguijoneaban de placer su cuerpo entero mientras una ardiente humedad se acumulaba entre sus piernas.
Los plateados cabellos cubrían su rostro cayendo desordenados a los lados de él provocándole leves cosquillas cuando la joven se movía, y suspiraba siendo arrastrada por el placer que la consumía por completo, haciéndola perder la razón. Cuando él al fin dejo de torturarla de esa manera tan maravillosa para la chica, jadeo sin poder contenerse, Inuyasha relamió sus labios arrastrando con su lengua un pequeño hilito de saliva que corrió de su labio por la voracidad del estimulo en su pezón, se acerco a ella y delicadamente poso la comisura de los labios en los femeninos con suavidad para luego separarse irguiéndose, de rodillas ante ella, dejándola estupefacta ante la visión de su increíble cuerpo.
Abrió sus ojos desmesuradamente sintiendo como el pánico de verlo sin nada más que su bronceada piel, provocaba que las venas de su cuerpo se helaran de la impresión. ¡Por Dios, él era tan grande! que creyó la partiría en dos cuando la virilidad de él entrara dentro de ella. Lo había sentido en su muslo… pero no se imaginaba que era así como en verdad se vería, tan… imponente, viril… grande.
Eso era TAN grande…
Inuyasha era pura virilidad y firmeza, mostrando todo lo hombre que podía llegar a ser.
Y brusco también.
– Inuyasha… – jadeo sin creer todavía que se encontraba de esa manera con él. –… yo… eso… ¿m-me dolerá? – inquirió dubitativa.
Lo vio sonreír con ternura al tiempo que se inclinaba hacia ella, sin tocar su cuerpo, estirando su mano hacia su cabello y acariciando su abundante flequillo.
– No… no te dolerá. – le susurro de la manera más tierna que nunca antes había usado. – lo prometo.
Le susurró dejándola embelesada por lo aterciopeladas de sus palabras. Se inclino completamente sobre ella, haciéndola sentir como el calor del cuerpo masculino la abrazaba por completo de una manera que jamás pensó pudiera provocar el simple tacto de dos cuerpos desnudos.
Jamás hubiera imaginado que luego de tantos percances, tristezas, lágrimas, descubrimientos y peleas ella podría terminar así con su guardián, con ese hombre que era bruto por donde se lo mirase, tosco por naturaleza y valiente por herencia, porque de algún lado tuvo que haber sacado esa valentía. Sus ojos se miraron infinitamente por un minuto o tal vez horas diciéndose mil promesas de amor con solo encontrar sus ojos… aunque… como le gustaría escuchar de esos rudos labios varoniles un "te amo". Una simple palabra de amor, para saber que sus sentimientos eran correspondidos… que no se estaba equivocando al entregarse de esa manera a él… de esa única…
Le sonrió…
Una sonrisa tan sincera y llena de amor que la deslumbro, sus ojos lo observaron desorbitados mientras que su corazón era apresado por un puño invisible. Esa sonrisa no era como las otras, era distinta, podía sentirlo, había algo que esa sonrisa la hacía única y singular… ¿pero qué?
Lo vio alejarse apenas sin borrar esa sonrisa que la hipnotizaba. Le abrió las piernas con las rodillas recargando todo su peso en los brazos que estaban extendidos a los lados de la cabeza de la joven que sintió su corazón latir sin piedad dentro de su pecho siendo consumida por el terror de lo que estaba a punto de suceder. Sus miradas jamás se separaron, haciendo que por minúsculo que fuere, se sintiera un poco más tranquila ya que esa abrazadora mirada dorada de alguna manera la llenaba de paz. La punta del sexo masculino roso contra el de ella haciendo que Kagome moviera su cabeza hacia atrás gimiendo del placer que ese simple rose le causo. Inuyasha tenso la mandíbula haciendo acopio de todas sus fuerzas para no perder la razón y ser brusco con ella, frunciendo su ceño y cerrando sus ojos buscando lentamente la entrada a ese lugar tan virginal, de la chica que nadie más que él estaba a punto de explorar. Abrió los ojos de súbito al encontrar la entrada de la cavidad femenina que se podía sentir húmeda a causa de la excitación y la observo intensamente, tenía los ojos entrecerrados por el calor que la consumía por dentro, mientras que su frente, como también su cuerpo, se veía algo húmeda pero no perlada.
– Escúchame bien – le dijo con la voz más profunda que nunca antes en su vida uso, clavando su mirada de fuego en la chocolate de ella. – tu jamás serás de nadie más… de nadie… solo mía. ¿Entiendes?
La joven asintió consolidatoria y algo temerosa.
Lo vio tomar impulso y sin contenerse cerró los ojos con fuerza esperando sentir el dolor del que tantas veces había oído ya. Pero lo único que sintió fue una erupción en una oleada de escalofríos que le quemo el cuerpo entero, haciéndola jadear con fuerza. No era dolor lo que sentía sino más bien, placer, y nada más. Confusa por ese sentimiento que apenas comprendía abrió los ojos castaños que se encontraban cristalizados por la pación que sentía, mostrándolos, también, con un opaco que le pareció demasiado tentador a Inuyasha que se encontraba contemplándola conteniendo la respiración a causa del esfuerzo. Podía sentir como claramente las paredes de la cavidad de la chica lo envolvían por completo, humedeciéndolo, abrazándolo con un calor que parecía más fuerte que el del potente fuego, su mocosa era tan suave y caliente que lo mareaba… al igual que ella.
– ¿Inuyasha?
Él la contemplo con infinita devoción.
– ¿No… no debería doler?
– Te dije que, no dolería. Te lo prometí.
En realidad, sí, tenía que dolerle, pero jamás dejaría que su mocosa sufriera el dolor de un encuentro tan único como ese, y decidió utilizar su magia para evitar cualquier dolor que ella pudiera sentir. Al menos sino podía protegerla de Naraku quería protegerla de él y de ese encuentro.
La vio sonreír de la manera más tierna que jamás había visto y su corazón se detuvo.
– Yo también soy feliz… Inuyasha… porque estoy junto a la persona que más amo en la faz de este universo loco y retorcido.
Se quedo mudo ante la declaración de la chica ¿dijo…? ¿junto a la persona que ama? ¿O abría escuchado mal? Demasiado consternado por las palabras de la joven la observo infinitamente sin siquiera moverse, hasta que sintió como una nueva ola de satisfacción lo saco de su reflexión. Ella se había movido. Le clavo la mirada llena de lujuria que sus orbes doradas podían transmitirle mientras que de un solo movimiento se empujo contra ella llegando hasta el límite de su cavidad húmeda como caliente, ella jadeo arqueando la espalda contra el cuerpo de él que gruño al sentir la suave piel desnuda de la joven rosarse con la masculina, excitándose con cada gemido que la chica soltaba cuando él la embestía con fuerza. Sus acometidas eran lentas y poderosas haciéndose profundas llegando hasta el límite de la penmerlin. Kagome se aferraba con todas sus fuerzas al cobertor que se encontraba bajo ella mientras que Inuyasha la penetraba una y otra vez sin tener descanso, movió su cabeza hacia los lados pensando que si seguían así moriría por la pación de él… de ella.
Alzo sus piernas abrasándolo con ellas desde la cintura para acercarlo más a ella y así penetrar más profundamente, se observaron con miradas lánguidas, casadas, llenas de amor. Sin quedarse atrás Inuyasha la tomo con una mano de la cintura mientras que salía de su interior para volver a penetrarla con las caderas gruñendo por la satisfacción que eso le causaba mientras que ella jadeaba y gemía como una gata, busco con su mano libre la de ella encontrándola aferrada con fuerza al cobertor de la cama, hizo que se soltara con lentitud y entrelazaran sus dedos a la altura de la cabeza de la joven que lo observaba con los ojos entrecerrados. Su frente comenzaba a perlarse por los movimientos que con cada minuto que pasaban se volvían mas rápidos como desenfrenados, sus respiraciones eran fuertes y agitadas, con sus cuerpos moviéndose con frenesí, dándose placer mutuamente. Ya casi descontrolado junto con su mente nublada por el éxtasis que sentía, soltó la cintura de la chica atrapando su otra mano que se entrelazó con la de él al igual que la otra y en su misma altura haciendo las embestidas más fuertes, mas friccionadas, llenas de pación… mas rápidas.
Sentir el cuerpo pequeño de la penmerlin bajo el de suyo con sus pechos rosándose con el pecho duro del hombre, lo volvía loco. Escucharla gemir su nombre entre el éxtasis y la agonía lo excitaba más y hacia que se moviera más rápido. Toda ella era la cosa más deliciosa que había probado, sin pensarlo dos veces se inclino hacia Kagome embistiéndola con fuerza besándola con ferocidad, enredando su lengua con la de la muchacha, mesclando sus alientos, respirando asfixiadas bocanadas de aire, transmitiéndose esa pación que solo ellos dos podían darse… ella era puro fuego y él pura pación mesclas que solo dos personas podían juntar. Sintiendo que faltaba demasiado poco para llegar al clímax que tanto ansiaban los dos, comenzó a moverse con mucho más frenesí que antes, acometiendo sin descanso desenfrenado y perdido por el éxtasis. La abraso con fuerza desde la espalda pegándola a su cuerpo sintiendo como se derramaba dentro de ella, la escucho jadear casi sin aire y supo que igual que él… llego al clímax buscado.
Sus respiraciones eran rápidas, como demasiado agitadas, tomando bocanadas de aire grades y desmedidas, bañados en su sudor con pequeñas perlas en sus frentes, hombros y otras extremidades. Inuyasha que aun seguía abrazando a Kagome por la espalda y hacia varios minutos que se mantenían así, unidos aun, abrasados como también agitados escondió su rostro entre el cuello y el hombro de la joven que ya había calmado un poco su respiración, para escuchar en su oído la ronca voz de Inuyasha.
– Te amo… más que a nada en el mundo.
Continuara…
N/A: ¡¡GRACIAS TOTALES!! xD POR SUS REVIEWS. Como siempre digo, "serán pocos, pero muy bonitos" de verdad me encanta como me alientan a seguir con esta historia n,n y AMO que sean largos. Ahh… que feliz soy y… ¡¡cumpli!! n.ñ que buena onda, yo que pensé que no iba a poder actualizar, esta tarde me la pase pensando en el fic hasta que llegue a mi casa y lo escribi. USFF… en fin, mucho no tengo que decir con respecto al cap de hoy, solo que los lemons no son mi fuerte, como podrán darse cuenta, u.û asique sino les gusto… ¡lean el próximo cap! Que va a estar mucho mejor que esté. Bueno, no lo quiero hacer extenso (como siempre) a la nota de autora asique… me voy a dormir y… ¡sueñen con Inu! Jeje n.n
La alegría es lo mejor que un ser humano puede dar,
es poder ser creado de vida en el alma.
Dulce Kagome Lady.–
