Como de costumbre, no puede faltar el descargo de responsabilidad :P Estos personajes no son míos, pertenecen a Stephanie Meyer, y la historia a la genial Hoodfabolous, yo solo traduzco.

Y gracias como siempre a mi leal compañera, Beta y amiga, Erica Castelo por seguir apoyándome y ayudándome a mejorar mi ortografía ;)


Capítulo Veintiocho: Planes de boda de emergencia

Ahora, no era de las que promovían la violencia, ya que me consideraba una especie de pacifista. Por supuesto que he visto mi cuota justa de violencia… y tuve esa única pelea de gatas que involucró a Tanya, pero no era como si fuera por ahí buscando problemas. Ni siquiera pude torturar físicamente al hombre que pasó meses atormentándome. Pero, y por más vergonzoso que fuera, una pequeña oleada de anticipación me recorrió cuando vi a Bree recuperar la compostura y encontrar la mirada furiosa de Rose con la suya.

Mirando alrededor de la habitación, observé las expresiones en el rostro de todos. Alice y Edward compartían el notorio ceño fruncido Cullen, sus ojos fijos en Rose mientras se erguía sobre la chica más pequeña. Todavía estaban molestos por la abrupta partida de nuestra amiga. Jasper intentó, y falló en ocultar la sonrisa divertida que adornó su rostro al mismo tiempo que se recargaba en su silla y cruzaba los brazos sobre su camiseta casi raída, que decía 'Lo que pasa en el refugio de caza, se queda en el refugio de caza'. Sus ojos azules brillaron. Emmett siguió mirando a su plato, su rostro inexpresivo, su tenedor ahora abandonado a un lado de su plato sobre una servilleta de tela.

Agarrando mi pequeño plato con el resto de mi tarta. Vi el drama desenvolverse frente a mí.

"Rose, ¿eh?" Bree preguntó, inclinando su cabeza hacia un lado y dándole a Rose una sonrisa malvada. "He escuchado mucho sobre ti, Rose. Es un placer conocerte. Soy la novia de Emmett." ¿Novia? Él nunca me dijo que Bree fuera su 'novia'. Metiendo otro bocado de tarta en mi boca, mis ojos se dispararon hacia Rose que frunció sus labios. Su rostro lentamente comenzó a tornarse rojo.

"Respuesta incorrecta, perra," respondió, dejándome atónita al agarrar la silla de la chica y jalarla con violencia. Bree dejó escapar un chillido de sorpresa mientras yo lamía mi tenedor, mirándolas con ojos amplios.

"¡Rose, es suficiente!" Edward gritó, agarrando a Rose por detrás y alejándola de la silla. Rose, siendo la perra fuerte que era, se aferró a la silla mientras él intentaba alejarla, volcando eficientemente la silla, arrastrándola hacia atrás por la habitación pateando y gritando. Emmett, salió de cualquier trance en el que estaba y finalmente se levantó, su rostro normalmente jovial, furioso.

"¿Qué demonios crees que estás haciendo?" Le gritó a Rose", inclinándose para ayudar a la pequeña morena a ponerse de pie. Bree se levantó, tratando de fulminar a Rose con la mirada pero pareció más una mueca. Edward siguió forcejeando para retener a Rose. Tímidamente, estiré mi mano y robé la tarta Oreo sin tocar de Jasper. Él ni siquiera se dio cuenta.

Mmmm… tarta de Oreo.

"¿Me dices que estás enamorado de mí y luego te vas? ¿Y cuando vuelvo a casa de Oklahoma ya has seguido con tu vida?" Rose le gritó a mi hermano, sorprendiéndome cuando lágrimas humedecieron sus ojos. La expresión de enojo decayó un poco en el rostro de Emmett cuando vio sus lágrimas, pero rápidamente recuperó la compostura.

"Antes de que me fuera dejaste muy claros tus sentimientos," le dijo con voz más baja y calmada al mismo tiempo que ella finalmente dejaba de forcejear con Edward, limpiando avergonzada las lágrimas de sus mejillas. "Cuando me fui a Memphis tuve tiempo para pensar sobre mi vida y comprendí muchas cosas. Estoy harto de perseguir a alguien que nunca me dará una oportunidad. Estoy cansado de ver a todos los demás enamorándose. Estoy harto de ser el 'exconvicto' que nunca será suficiente para esa persona, la única persona, que alguna vez me ha importado además de mi familia. Hay alguien ahí afuera para mí. Puede que sea Bree… puede que no. Pero ella está ahí afuera por algún lado. Tal vez también hay una persona para ti, Rose. Probablemente haya alguien dispuesto a tolerar tus vanas expectativas y tu necesidad profundamente arraigada de complacer a tus padres. Espero que lo encuentres y espero que te haga feliz. Vamos, Bree. Te llevaré a casa. Estoy seguro que estás lista para salir de una puta vez de aquí." Rose se le quedó viendo a Emmett muda por el asombro, impactada por sus palabras, y con lágrimas cayendo por su rostro.

"Sí," Bree dijo sorbiéndose la nariz, levantando su barbilla cuando Emmett colocó las manos en sus hombros, dirigiendo a ambos para rodear a Rose.

Rose se quedó ahí llorando, y Emmett evitó ver su rostro cuando la rodeó. Luego, algo extraño sucedió. Rose se volvió desesperada, una emoción nada propia de ella. Estiró su mano, agarrando la camiseta de él y tirando de ella desesperadamente cuando trataba de dejar la habitación.

"¡Por favor, Emmett! ¡No te vayas!" Lloró mientras él fruncía el ceño, alejándose de ella.

Emmett y Bree dejaron la habitación con Bree dándole una última mirada furiosa por encima de su hombro. Rose cubrió su rostro con sus manos mientras continuaba sollozando. La habitación se quedó en silencio total, las expresiones molestas y divertidas de pronto se transformaron en unas de remordimiento mientras todos intercambiábamos miradas. Finalmente, rompí la tensión llenando el silencio.

"¿Quieres que le dispare a ella?" Le pregunté a Rose antes de tomar el último bocado de la tarta que le robé a Jasper.

Rose dejó de llorar, sorbiéndose un poco la nariz y comenzó a reírse bajito antes de estallar en fuertes carcajadas. Las gemelas comenzaron a revolotear en mi interior y acaricié mi hinchado vientre.

"No, Bella, no quiero que le dispares," dijo sorbiéndose la nariz, dándome una pequeña sonrisa al mismo tiempo que levantaba con cuidado la silla de Bree abandonada en suelo, enderezándola.

Se sentó mientras cruzaba las piernas con delicadeza por los tobillos, pasando de la barriada a alta sociedad en cuestión de minutos. Edward se le quedó mirando por un momento, probablemente preguntándose si se enfurecería de nuevo y perseguiría a mi hermano. Finalmente, se relajó, rodeando la mesa tranquilamente para tomar asiento junto a mí. Sentí su mano avanzando sigilosamente bajo la mesa al colocarla en donde había estado la mía, acariciando mi vientre con ternura.

"¿Cómo pudiste irte sin decir una palabra, ignorar nuestras llamadas y volver actuando como una perra loca cuando ves al hombre que rechazaste con otra mujer?" Alice dijo con brusquedad, bufando al mismo tiempo que fulminaba a su mejor amiga con la mirada.

Rose se vio avergonzada de sí misma, agachando ligeramente la cabeza antes de encontrar la fría mirada de Alice. "Cuando Emmett se fue, sentí como si mi mundo se derrumbara a mi alrededor. Todo en lo que pude pensar fue en recuperarlo y encontrar a Claire. Y la encontré. Todavía está en el sistema de acogida y mi abogado está trabajando para ponerla en mi custodia." Su rostro se animó considerablemente. Alice y yo le sonreímos emocionadas, la ira y el resentimiento porque Rose nos dejara inmediatamente olvidados y perdonados.

"¿Cree tu abogado que recibirás la custodia? ¿La viste? ¿Has hablado con tus padres? ¡Oh, Dios mío! Lo hiciste, ¿no es así? ¿Qué te dijeron?" Alice parloteó, rebotando entusiasmada en su silla.

"Sí, hablé con ellos," Confesó Rose con un suspiro. "Están muy enojados por mi decisión, mi padre más que mi madre. Creo que ella deseaba en secreto tener a su nieta en su vida todo este tiempo. Mi padre está más preocupado por manchar su reputación en el senado. Después de convencerlo que no iba a ceder en mi decisión, decidió hacer el papel del padre comprensivo. Repudiarme se vería peor para el mundo exterior que darme su apoyo."

Pobre Rose. Se veía muy abatida al expresar la desaprobación de sus padres y la preocupación de su padre por su nombre. En ese momento, supe lo afortunada que era de que Carlisle no fuera la persona que había supuesto que era. "Lamento no haber respondido a sus llamadas y mensajes de texto. Cuando me fui solo quería dejar todo atrás y concentrarme en mi hija."

"Nos alegra que hayas regresado," Jasper habló, dándole a Alice una sonrisa socarrona. "Ahora, ustedes chicas tal vez puedan ayudar a Alice a planear la boda para el año entrante. No sé nada en lo que respecta a arreglos florares y lugares de mesa." Todos nos reímos al escuchar su comentario al mismo tiempo que se estremecía visiblemente, mirando alrededor de la mesa en confusión. "Oye, ¿a dónde se fue mi tarta?" Evité mirar al plato extra encima del mío al cambiar velozmente de tema.

"Entonces, ¿qué vas a hacer respecto a Emmett?" Pregunté, levantándome y recogiendo los pequeños platos de todos, incluyendo el que tenía la tarta destruida de Emmett.

"Yo… no sé," Rose confesó, con una mueca en su bonito rostro. "Sé que no me daré por vencida. Él me persiguió por meses y si piensa que voy a dejarlo ir sin pelear, está muy equivocado. Estoy tan determinada ahora como alguna vez lo estuvo él."

"Bien," dije asintiendo, me disculpé al dejar el comedor. Dejando los platos en el fregadero de la cocina, llevé mi mano a mi bolsillo trasero y saqué mi teléfono, enviándole a mi hermano un mensaje rápido a escondidas.

Dale a Rose una segunda oportunidad y consideraré nombrar a una de tus sobrinas en tu honor…- Bella-

Fue un golpe bajo usar a mis hijas no nacidas para sobornar a mi hermano, pero funcionó. Respondió casi de inmediato.

¿Lo considerarás? Necesito algo más concreto… -Em-

Solté un resoplido después de leer el mensaje. Obviamente, el mal humor de mi hermano se había animado, al menos un poco, desde su partida. Escribí en seguida una respuesta justo cuando Edward vino de entrometido a ver como estaba ya que había estado lejos de su presencia por más de dos minutos.

Sí, lo consideraré. Ahora, deja de ser un idiota y ven por tu mujer antes de que se vuelva a ir y haga una tontería como tú. ¿Cómo te sentirías si vuelves a casa después de huir solo para encontrar a Rose sentada a la mesa con otro hombre, disfrutando de la tarta Oreo de tu hermana? –Bella-

"¿Qué estás haciendo, cariño?" Edward preguntó, poniéndose detrás de mí y rodeando mi cintura con sus brazos.

Sus manos se deslizaron lentamente hacia arriba al mismo tiempo que empujaba mi cuello con su nariz, mi cabeza se inclinó hacia un lado al instante. Mordisqueó la base de mi cuello, sus labios y su lengua subiendo poco a poco a mi lóbulo que metió en su boca. Gemí cuando sus manos encontraron su camino a casa, tomando mis pechos y tentando mis pezones erectos. Edward me pegó a su cuerpo, su dura polla presionando contra mí.

"Mandándole un mensaje a Emmett," gemí cuando empezó a restregarse lentamente contra mí. Mis manos temblaron y casi dejé caer mi teléfono. Ese fue el preciso momento en que Emmett decidió finalmente responder.

Voy para allá. No dejes que se vaya. –Em-

"Creo que lo convencí de darle a Rose otra oportunidad," le dije, dejando el teléfono sobre la isla frente a mí antes que las acciones de mi futuro esposo hicieran que lo dejara caer.

"Quieres que todos sean tan felices como tú, ¿verdad, cariño?" Susurró, masajeando mis pechos con un poco más de fuerza, con su aliento cosquilleando en mi oreja. "Esa es una de las muchas razones por las que te amo tanto. Siempre quieres lo mejor para todos."

Dándome la vuelta, rodeé su cuello con mis brazos y me acerqué para capturar su cálida boca. El sabor de su boca, su lengua y su aliento me hicieron lloriquear. Las cosas apenas empezaban a calentarse cuando Alice interrumpió.

"Qué asco, atragántame con una cuchara," dio una arcada, pretendiendo vomitar al mismo tiempo que me liberaba del beso de Edward.

Él me dio una sonrisa torcida antes de presionar sus labios con dulzura contra mi frente. Alice, Jasper y Rose se quedaron ahí, viéndose más que un poco incómodos por el despliegue de afecto entre Edward y yo.

"¿A dónde van todos?" Pregunté, mientras un poco de pánico teñía mi voz. Si Rose se iba arruinaría por completo mi plan de reunirla con Emmett en una habitación, solos, resolviendo sus problemas.

"A ninguna parte. Rose quiere irse antes que Emmett vuelva, pero le dije que dejara de ser una cobarde, así que supongo que se quedará un rato más. Solo nos preguntábamos si todavía querías ver las revistas de novias. Rose me preguntaba si Edward y tú ya habían puesto una fecha," dijo Alice, ignorando el ceño fruncido de Rose ante la mención de ser una 'cobarde'.

Dejé el abrazo de Edward, dándole un último beso en la mejilla mientras él murmuraba molesto sus protestas. Asegurándole que continuaríamos dónde lo dejamos en un rato, se relajó, un poco. Él y Jasper desaparecieron a la vuelta de la esquina, bajando al sótano, también conocido como 'la cueva masculina' para un muy necesario juego de billar. Vi que Jasper lo palmeó en la espalda de forma amigable y escuché a los dos riendo sobre algo que dijo. Rose, Alice y yo entramos a la sala, sentándonos en el gran sofá al mismo tiempo que Alice agarraba unas cuantas revistas de encima de la pila en la mesita de café. Las pasó entre las tres y al fin respondí la pregunta de Rose.

"No estoy segura de cuándo nos casaremos Edward y yo," le dije a mis amigas, encogiéndome de hombros mientras hojeaba una revista de moda llena de mujeres luciendo extravagantes vestidos de novia de diseñador. "Hemos estado tan concentrados en el embarazo, que en realidad no lo hemos discutido." Rose asintió y las tres buscamos el vestido idóneo para la personalidad y estilo de Alice en silencio.

"En realidad, no me gusta ninguno de estos vestidos," confesó Alice, arrojando una de las revistas sobre la mesita de café con un suspiro de frustración. "Mamá es la que quiere que use un vestido blanco y con perlas. Es solo que ese no es mi estilo, para nada."

"Entonces, ¿qué tienes en mente?" Rose preguntó, abandonando también su revista al quitarse sus costosos zapatos de tacón y metiendo las piernas debajo de ella.

"Imagino un vestido corte princesa con una falda amplia de tul de color azul y púrpura con cristales de swarovski incrustados. Puedo verme girando en ese vestido con una enorme sonrisa en mi rostro. Jasper puede llevar un esmoquin a juego, por supuesto," Alice reflexionó en voz alta, con una alegre sonrisa en su rostro.

Tuve que contenerme de estremecerme ante la imagen del vestido que pintó en mi mente. Pobre Jasper. Usaría ese horrible esmoquin a juego solo para hacer feliz a Alice, y lo haría con una sonrisa de chico de campo en su rostro.

"Bella, ¿qué tipo de vestido tienes en mente?" Rose preguntó, interrumpiendo a Alice de sus pensamientos.

Esa pregunta podía responderla sin dudar. Después que Edward me pidió que me casara con él, mi mente viajó a ese vestido especial, el vestido perfecto con el que me casaría con él.

"Me gustaría casarme con él llevando el vestido de mi madre," le dije a mis amigas en voz baja, mientras observaban mi rostro con iguales expresiones reservadas. Mis ojos bajaron a mi regazo donde miraba mis cutículas arruinadas. "Si el vestido todavía existiese. Cuando era pequeña mi mamá me dejó jugar a disfrazarme con él. Me ponía sus zapatos de tacón y caminaba por la casa con la pequeña cola arrastrando detrás de mí."

Mi voz se perdió mientras el feliz recuerdo se reproducía en mi mente. Tragué el nudo en mi garganta, de pronto echando mucho de menos a mi madre. Olvidando mis cutículas, mis manos se dirigieron a mi vientre.

"Si existiera, ¿dónde estaría?" Alice preguntó con curiosidad.

"Ummm… probablemente en la casa de mis padres. Recuerdo que mi padre hizo que limpiaran el vestido profesionalmente y que lo preservaran después que murió, porque recuerdo que estaba muy molesta porque ya no podría jugar con el vestido. La última vez que vi el vestido estaba en un armario pequeño." Hubo un silencio prolongado mientras mis amigas procesaban mis palabras y observaban mi rostro.

"Deberías ir a casa por tu vestido," Rose finalmente concluyó, levantando una ceja cuando le di una mirada ansiosa.

"No sé si mi padre ya salió de rehabilitación. No he hablado con él en mucho tiempo," argumenté, de repente nerviosa ante el prospecto de hablar con el hombre que se preocupaba tan poco por mí que voluntariamente me dejó vivir con su hermano, a sabiendas de lo enfermo que realmente estaba mi tío Pete.

"¿Sabes dónde esconde la llave?" Alice preguntó, con una sonrisa malvada en su pequeño rostro. Asentí despacio, recordando la llave dorada oculta debajo de la maceta en el porche del frente.

"Sí, si es que todavía sigue ahí. ¿Por qué?"

"Yo digo que vayamos a Mississippi por el vestido de tu madre," concluyó Alice, con Rose asintiendo de acuerdo.

"Están locas," murmuré, con imágenes de las tres entrando a escondidas a la casa de mis padres cruzando por mi mente. "Como dije, no quiero hablar con mi padre y ni siquiera estoy segura que haya salido ya de rehabilitación. Demonios, puede que ni siquiera viva ahí hasta donde sé. Tal vez vendió la casa y se mudó a otra parte."

"Bella, ¿quieres casarte con Edward con el vestido de tu madre o no?" Rose preguntó, con una expresión seria en su rostro. Asentí y ella dijo, "Eso es lo que pensé. Vamos a ir a Mississippi por el vestido, con o sin la autorización de tu padre."

"Estoy de acuerdo," dijo Alice, poniéndose de pie, estirándose y bostezando. "De hecho, voy a bajar a contarle a mi hermano sobre nuestros planes." Ignoró mi protesta, dejando la habitación sin mirar atrás. En ese preciso momento, escuché el sonido de una puerta abriéndose y luego cerrándose cerca en alguna parte. Rose y yo nos volvimos y vimos cuando Emmett entró en silencio a la habitación, mirando dudoso a Rose, que se veía tan insegura como él.

Emmett pasó los dedos por sus rizos oscuros, pasando su peso de un pie al otro. "¿Quieres ir a hablar a alguna parte?" Preguntó. Ella asintió solemnemente y los dos dejaron la habitación. Los observé mientras subían por la escalinata, Emmett por delante de Rose. Sonriendo, imaginé que no pasaría mucho tiempo para que los dos resolvieran sus problemas.

Bajando las escaleras, encontré a Edward, Jasper y Alice enfrascados en una intensa conversación cerca de la mesa de billar. Los ojos de Edward se lanzaron a los míos cuando entré en la habitación y la conversación de pronto cesó, al mismo tiempo que Alice y Jasper se volvían para verme entrar.

"Muy bien, no se vio muy obvio que estaban hablando de mí," dije con un tono mordaz, poniendo la mano en mi cadera.

"Estábamos hablando de Rose y Emmet, preciosa," Jasper dijo con voz cansina, colocando el taco de billar en el soporte pegado a la pared. Se sacudió las manos, la tiza azul manchando sus dedos antes de acercarse al área de la cocina y enjuagarlos bajo el grifo. "Alice está agotada. Voy a llevarla a casa y volveré más tarde."

Los dos se fueron poco después de eso, dejándonos a Edward y a mí solos en el sótano. Él se recargó en la encimera cerca del fregadero, dándome una sonrisa sexy mientras sus ojos subían y bajaban por mi cuerpo. Edward no ocultaba que seguía encontrándome atractiva.

"¿Sabes en lo que he estado pensando desde que te toqué en la cocina?" Preguntó, inclinando su cabeza hacia un lado y lamiendo sus labios rosados. La acción envió ondas de choque justo allá abajo y me moví incómoda donde estaba, el hormigueo tan familiar comenzando una vez más.

"¿En qué?" Pregunté, metiendo la uña de mi pulgar en la boca mientras él seguía mirándome como si fuera algo para comer.

"He estado pensando en esa vez que estuvimos en ese departamento tuyo de mierda. ¿Recuerdas que estabas sentada en esa encimera? Tenía tantas ganas de lamerte… y luego el bebé empezó a llorar," su voz poco a poco se apagó.

"Sí, lo recuerdo."

"Esa es una fantasía frustrada, Bella. Y eso simplemente no puede ser," concluyó, sin quitar los ojos de mi cuerpo. Mi boca comenzó a hacerse agua. La excitación y la anticipación corrían por mis venas, como siempre lo hacían al pensar en un momento apasionado con Edward Cullen.

"Quítate la ropa," demandó, con esa voz llena de autoridad que anhelaba tanto. "Despacio." Hice lo que me pidió, subiendo gradualmente la blusa que llevaba puesta por sobre mi cabeza y arrojando mis leggings a un lado, quedando en nada más que unas bragas y un sujetador azul claro.

"Date la vuelta," ordenó. Hice lo que me pidió, tomándome mi tiempo al girarme despreocupadamente un par de veces.

"Maldición, nena. Eres jodidamente sexy," susurró. Su polla comenzando a endurecerse y a presionar el frente de sus jeans. "Quítate la ropa interior."

Provocadoramente, con una sonrisa de suficiencia en mi rostro, lentamente bajé un tirante del sujetador, y luego el otro antes de desabrocharlo y arrojarlo a la mesa de billar. Él se quedó mirando a mis pechos, sus ojos oscureciéndose y su manzana de Adán subiendo y bajando. Con mucho cuidado, me quité mis bragas, pateándolas hacia él después que cayeron a mis pies. Se agachó, recogiéndolas y pegándolas a su nariz, provocando que lloriqueara.

"Hueles muy bien, nena. Dime algo. ¿Quieres que te haga el amor, o quieres que te folle?" Preguntó, su voz tersa y dulce como la miel. No me tomó mucho tiempo responder. Edward había sido nada más que gentil conmigo desde que se enteró de las gemelas. Echaba de menos la excitación de ser realmente follada.

"Quiero que me folles, Edward," le dije en voz baja, viendo cómo me daba una sonrisa torcida.

"Ven aquí," me dijo, metiendo mi ropa interior olvidada en su bolsillo.

Crucé la habitación y estaba a menos de medio metro de distancia cuando se volvió impaciente, agarrando mis manos y pegándome a él por completo. Chillé por la sorpresa cuando me subió a la encimera detrás de él, como sino pesara nada en absoluto. Separó mis piernas, con sus manos en mis pies presionándolos con firmeza contra la encimera. Sin advertencia, metió dos dedos hasta el fondo.

"¡Ahhhhhh!" Gemí mientras los metía y los sacaba brutalmente, dándome una sonrisita.

Con su otra mano, empezó a masajear mi clítoris con su pulgar con veloces y firmes círculos mientras seguía follándome con sus dedos, con un vergonzoso ruido de succión en algo mojado saturando el aire junto con mis gemidos de placer y su pesada respiración.

"Te gusta cuando follo tu coño con mis dedos, ¿no es así, nena?" Preguntó, dejando de masajear mi clítoris al abrirme más.

No esperó por mi respuesta en balbuceos. Su lengua caliente encontró mi clítoris, moviéndose rápidamente, lamiendo y chupando, mientras sus largos dedos encontraban fervorosamente mi lugar oculto muy dentro de mí. Aferrándome a los mechones color bronce de su cabello, grité, estremeciéndome, corriéndome una y otra vez mientras lo escuchaba chupar de mi cuerpo sin parar.

"También sabes bien," ronroneó, dándole a mi ahora sensible clítoris una última lamida antes de sacar su rostro de entre mis piernas. "Estás muy arriba en la encimera para follarte. Yo digo que bauticemos la mesa de billar."

Me ayudó a subir a la mesa de billar, arrojando su ropa a un lado y me quedé mirando hambrienta a su enorme, larga y dura polla que estaba en posición de firmes. Sonrió engreído, agarrando mis caderas y atrayéndome a la orilla de la mesa. No era el lugar más cómodo para hacer el amor, pero me olvidé por completo de mi adolorido trasero cuando Edward dio golpecitos a mi coño con su polla un par de veces, tentándome y excitándome. Me penetró con fuerza, y un gritó escapó de mis labios cuando empezó embestir mi coño.

"También te sientes bien," gimió, bajando su mano y tentando mi clítoris.

Le gustaba verme jugar con mis tetas, así que lo hice, mirándolo con ojos entornados mientras rodaba mis duros pezones entre mis dedos. Estrelló su cuerpo contra el mío, gruñendo y maldiciendo, las palabras dejando su boca y la sensación de su pulgar moviéndose rápidamente en mi clítoris provocando que gritara y me corriera una vez más.

"¡Mierda!" Gritó, aumentando su velocidad, y apretando su mandíbula.

Se corrió con ganas dentro de mí, con una sarta de obscenidades escapando todo el tiempo de sus labios. Jadeé por aliento, el aire del sótano caliente y oliendo a sexo. Edward se quedó pegado a mí, subiendo y bajando sus manos por el frente de mis muslos hasta que su polla se ablandó y salió de mi interior. Hice un puchero por la decepción y sonrió, ayudándome a bajar de la mesa de billar.

"Ve a limpiarte," susurró, dándome un beso suave en los labios. "Intentaré encontrar algo con lo que limpiar este desastre." Frunciendo el ceño, seguí a su dedo hacia donde señalaba y gemí al ver el desastre que dejamos sobre la mesa de billar.

"Asqueroso," me estremecí, rodando los ojos cuando él se rio orgulloso.

Estaría feliz de dejar nuestra marca en cualquier parte. Agarrando mi ropa, salvo por mis bragas robadas, por supuesto, entré al baño y me limpié tan bien como pude, volviéndome a vestir y sentándome con Edward, completamente vestido, en un sofá. Acurrucada a su lado, pasamos el resto de la noche disfrutando tranquilamente de una vieja película en blanco y negro, finalmente, quedándonos dormidos juntos en el sofá.

Desperté la mañana siguiente frotando el sueño de mis ojos, confundida sobre mi paradero. Mirando alrededor de la habitación, recordé la noche anterior y me pregunté a dónde había ido Edward. No estaba en el sótano. Me puse de pie, bostezando y estirándome, y me dirigí al ascensor, demasiado perezosa para subir las escaleras. Patético, lo sé. Encontré a Edward en la cocina de arriba, ocupado preparando el desayuno, sin huevos a la vista. Vio que entré en la habitación y me dio una sonrisa de disculpa.

"Estaba tratando de terminar de cocinar para que estuviera listo cuando despertaras."

"Eso es muy dulce, cariño, pero preferiría despertar con tus brazos a mi alrededor," le dije, con mis ojos recorriendo su cuerpo. No hubo oportunidad de que respondiera, porque su hermana entró a la habitación sonriendo al ver mi rostro confundido.

"¿Qué estás haciendo aquí tan temprano?"

"Empacado tu mierda," respondió alegremente al robar un pedazo de tocino de la pila que Edward creó sobre un plato. Esquivó su mano tratando de golpearla, rodeando la isla y sentándose elegantemente en un banco junto a mí.

"¿Qué quieres decir con empacando mi mierda?"

"Quiere decir, mi querida hermana," retumbó una voz profunda y alegre cuando mi hermano entró, con su brazo rodeando la cintura de una Rose de apariencia ligeramente desaliñada. Mis cejas se dispararon hacia mi frente al mismo tiempo que jadeé al verlos, Emmett con una sonrisa boba en su rostro y Rose viéndose algo tímida llevando puesta esa estúpida camiseta de tocino y su bóxer de gran tamaño. "Quiere decir," continuó Emmett, colocando sus manos en la cintura de Rose y guiándola a un banco cercano. "Que está empacando tu mierda porque no sabemos cuánto tiempo estaremos en Mississippi. Con suerte, Charlie ya está en casa de la rehabilitación y nos dejará tomar ese vestido de novia sin resistirse demasiado. Pero todos estamos empacando una maleta solo por si acaso él se pone como loco por esos bollos que tienes en el horno." Asintió con su cabeza hacia mi vientre. Alice o Rose obviamente lo pusieron al tanto de mi deseo de robar el vestido de novia.

"Ni siquiera puedo usar el vestido hasta que nazcan las bebés," argumenté con mi insensible familia.

Ignoraron mis protestas y vi como mi primo entraba a la habitación, llevando puestos unos jeans rotos, una camiseta gris y un collar al parecer de cáñamo. La empuñadura de su beretta estaba visible en la cintura de sus jeans y demandé saber por qué iba armado.

Dándole a Alice un rápido besito en su mejilla y sonriendo cuando sus ojos brillaron con alegría al verlo, se volvió para decirme, "Hay una cosa que he aprendido en esta vida, preciosa. En ocasiones es difícil convencer a alguien de hacer lo correcto. Pero me he dado cuenta que tener un arma cerca normalmente ayuda."

Sacudiendo mi cabeza, suspiré pesadamente, apoyando mis codos sobre la barra y dejando caer mi rostro en mis manos. Al parecer íbamos a volver a casa… una casa que nunca quise volver a ver de nuevo. Solo podía esperar que Charlie no estuviera ahí cuando llegáramos, pero algo muy dentro de mí me dijo que lo estaría.


Los planes de boda están en marcha, lamentablemente eso incluye que Bella tenga que volver a ver a su padre. ¿Qué será lo que encontrará? Y aunque no ha de faltar quién quería una pelea de gatas, el encuentro no fue tan violento como esperábamos jejeje, pero al menos Rose la dejó en el suelo sobre su trasero. Ya sé, ya sé, creo que todas nos molestamos con Rose porque no aceptó a Emmett antes, pero errar es de humanos y ella al menos reaccionó y estaba dispuesta a pelear por él, y como Bella muy bien le hizo ver a Emmett, tampoco fue justo que él le restregara a Bree en la cara, ¿no creen? En fin, ya están juntos otra vez, ahora solo falta que Rose recupere a su hija, que Alice y Jasper se casen, que Bella y Edward se casen y por supuesto, el nacimiento de las gemelas. Espero que hayan disfrutado del capítulo y estaré esperando ansiosa sus reviews para saber su opinión y leer pronto el siguiente. Recuerden que sus reviews es lo que mantiene vivo el fandom, lo que anima a las autoras a escribir y a las traductoras a dedicar de su tiempo para su diversión. No les cuesta nada tomarse solo unos minutos y dar las gracias ;)

Muchas gracias por dejar su review en el capítulo anterior: Gabriela Cullen, torrespera172, TashaRosario, DenniChavez, bealnum, freedom2604, Laliscg, PRISOL, aliceforever85, kaja0507, Yoliki, , Esal, alejandra1987, BereB, Rocio, Lizdayanna, Sully YM, paupau1, Claribel, Maryluna, rjnavajas, nydiac10, jupy, Katie D.B, Shikara65, bbluelilas, Tecupi, Manligrez, Fallen Dark Angel 07, patymdn, miop, Brenda Cullenn, tulgarita, Lore, Tata XOXO, Ali-Lu Kuran Hale, glow0718, May Cullen M, Say's, lagie, saraipineda44,

Vrigny, Lady Grigori, Juliana masen, Adriu, Liz Vidal, cavendano13, lauritacullenswan, OnlyRobPatti, maries24, EriCastelo, Isabelfromnowon, andreasotoseneca, injoa, Bertlin, Pili, Kriss21, Pam Malfoy Black, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el próximo, espero que muy pronto.