Capítulo
-28-
De sueños y confesiones
Me siento inquieto llevando a Bella cargada como costal sobre mi hombro. He pagado las bebidas que ella ingirió — porque ni loco manejo con alcohol— y la subo al asiento del copiloto, abrochándole el cinturón de seguridad. Ella frunce los labios y está despeinada. Le dejo junto a ella, un pequeño trofeo que se ha ganado en el bar con una insignia que yo ordené que le pusieran.
Primer lugar en Karaoke
Isabella "chica celosa" Swan.
Me siento tan burlesco. Oh, Bella… ¿Qué será de ti cuando despiertes?
Entro al auto y arranco en la carretera… Debo descargar esa canción que se ha propuesto cantar tan alegremente. Después de un rato, ella comienza a despertarse.
— ¿Dónde estamos?
— Ya vamos a llegar a casa, Bella.
— Mmm— murmura y se vuelve a quedar dormida.
20 minutos después, llegamos a Forks. Las calles están ligeramente llenas de gente y yo tardo otros 10 minutos más en llegar a casa. Me estaciono en la acera y salgo para abrir su puerta.
— Ya llegamos — susurro agachado cerca de su cara.
— Mmm… ¿Me cargas? — pide sin abrir los ojos y levantando los brazos.
— ¿No puedes caminar? — inquiero divertido.
— No… Quiero — responde como niña pequeña.
— De acuerdo— sonrío.
La tomo entre mis brazos y ella se aferra a mi cuello, cargando su trofeo. Suspira y abro la puerta con una rápida maniobra. En la sala, mi madre se levanta asustada.
— Edward, ¿qué le pasó?
— No te preocupes, mamá. Está bien— susurro—, solo está así porque tomó de más.
— Pues, ¿Cuánto bebió?
— Dos cervezas y un par de tragos que ni siquiera llenarían un vaso— me burlo.
— Y ¿No la llevaste a comer antes?
— Estaba indignada porque no ordené lo mismo y solo comió una orden de papas que ni se terminó.
— Por eso se le subió tan rápido el alcohol, pobre nena. Quizás no está acostumbrada a beber… Dime que tú no bebiste, Edward… Sabes que es malo manejar alcoholizado…
Me río caminando hacia las escaleras y subiendo con ella en mis brazos.
— No te preocupes mamá, las cervezas que Bella se tomó eran las mías.
— ¿Y por qué se las tomó ella? — alcanza a preguntar.
— Por celosa.
Esme se queda de brazos cruzados sin entender lo que le dije.
Abro la puerta de nuestra habitación y rápidamente, la coloco en la cama. Ella se hace un ovillo en el centro y deja caer perezosamente las manos en las almohadas. Coloco las manos en la cintura y comienzo a negar.
— Bella, debes quitarte los zapatos y cambiarte de ropa. Hueles a cerveza y humo de cigarro.
— Mmm… Yo no… Fumé— contesta enfurruñada.
— Yo sé que no— contesto acercándome a ella y sentándome en el borde del lecho—, pero en el bar había gente que lo hacía— me rio bajo.
— Cámbiame, Edward…
Yo dejo de sonreír.
— ¿Qué dijiste?
— Que… Me cambies…— pide alzando los brazos y dejándolos caer de golpe sobre su estómago y luego intentando levantarlos de nuevo.
¿Quiere que le quite la ropa? Me paro de la cama y comienzo a caminar por la habitación. Me lo planteo, no es la primera vez que yo le quitaría la ropa a Bella. Pero ésta situación es demasiado diferente a la última vez que llegó cansada del trabajo. Ella está tan borrachilla, que me recuerda a cuando yo me puse igual en casa de Alice y ella hizo lo mismo por mí.
Favor, con favor se pega. ¡Bueno!
Me paro por donde sus pies y bajo el cierre de su bota izquierda para descalzarla. Repito lo mismo con el derecho. Me coloco a la altura de su torso y saco lentamente su chamarra, Bella ni siquiera me ayuda ahora, solo es una pequeña muñeca sin voluntad. Bajo hasta sus pantalones y los desabrocho, ahora me devuelvo a sus pies y comienzo a jalar de las puntas para que estos cedan ante mis jalones.
Ella queda en ropa interior, unos pequeños pantys de color blanco y de encaje. Aunque no son tan atrevidos, no puedo evitar pensar que se le ven espectaculares, ya que tiene un cuerpo bonito y llamativo.
¡Basta, Edward! Deja de pensar en ella de ese modo, me regaño mentalmente. Pero al carajo, ¿Hace cuánto que no veías una mujer en ropa interior?
Asiento para mí mismo y comienzo a deleitar mi vista inocentemente. No toco nada, NADA. A pesar de mis pensamientos descarriados y calenturientos, jamás sería incapaz de faltarle el respeto de ese modo. Bueno, a lo que sigue.
Levanto su tórax y la recargo contra mi pecho. Ella me abraza y yo intento quitarle la blusa. Ésta cede lentamente hasta dejarla en sostén. ¡Wow! Esta chica sí que tiene un cuerpo de infarto y tan… Natural. Paso un enorme trago de saliva y aparto la vista. Camino hasta una cómoda y encuentro solamente una camisa mía. Pues a casos prácticos lo importante es que no esté casi desnuda, para su bien… Y para el mío.
Se la enfundo y Bella sonríe. Muevo sus piernas y las meto dentro del edredón. Yo necesito darme una ducha. Entro al baño y me doy un regaderazo rápido. Me pongo unos pantalones de algodón y como ella tiene la otra mitad del pijama, me toca dormirme desnudo del torso. Me meto también debajo de las sábanas calientitas. Se siente bien. Comienzo a cerrar los ojos por el cansancio y giro mi vista hacia mi mesita de noche. La lámpara y el reloj están ahí. Son las 12:56 am, pero hay algo más que me sorprende: hay un nuevo portarretrato.
Parpadeo y enciendo la lámpara a un nivel bajo y la tomo entre mis manos.
Abro los ojos y el sueño se dispersa por la imagen.
Somos Bella y yo en el baile de graduación. ¡La foto de la última noche en la que la vi! Se veía tan joven ahí y tan hermosa. Debo admitir que es sorprendente el cambio que ha habido en ella.
El marco le queda bien y la hace lucir, ¿Mi madre hizo esto? Por supuesto que sí. Yo no me quedé con esa foto, todos los recuerdos de la preparatoria se habían quedado aquí en Forks.
Nuestra primera noche en la luna.
Es lo que dice en la foto. Suspiro con aire nostálgico… ¿Cuándo será nuestra segunda noche en la luna, Bella?
Su abrazo me toma por sorpresa. Una pierna y una mano me atrapan contra su cuerpo. Me rodea con aire posesivo y su ceño se relaja, como si me hubiese estado buscando y el haberme encontrado, significase paz en su interior. Suelto la foto, colocándola en el lugar donde estaba y sin pensarlo, me acurruco contra su abrazo. Acaricio su cabeza y ella me sonríe. ¡Me sonríe! Estoy más despierto ahora. No dejo de acariciar su cabello y lo beso, porque lo necesito.
— Edward… — Murmura.
¿Hablando de nuevo dormida, señorita Swan?
— Dime, nena…
Suspira hondamente y refuerza el agarre de sus miembros.
— ¿Por qué…?
— ¿Por qué que, nena?
Parece molesta y de nuevo me aprieta. Vaya, ella es posesiva en sueños. Su ceño se frunce con enojo y acomoda su cara sobre mi pecho. Mi corazón suena lentamente y creo que escucharlo la relaja.
— Tú eres mío… Edward…
¡Oh!
— ¿Tuyo?
— Shiiii— responde como niña pequeña. Estoy debatiéndome internamente entre pensar si está dormida o está semiconsciente por el alcohol que la domina.
— No quieres que sea tuyo, Bella…— respondo—. Tú no me soportas.
— Tú qué sabes…— murmura.
Pongo los ojos en blanco y beso su frente. Hoy es la noche en la que tendré la mayor libertad en cuanto a cercanía se refiere.
— Lo noto, nena. Tú solo me soportas por compromiso. ¿Te has dado cuenta?
— La pelirroja… Te quería… Llevar a casa… Como trofeo…
Me río.
— Tal vez eso hubiese sido bueno para mí… ¿No crees?
— ¡No! — y me aprieta contra su cuerpo.
— Tú dijiste que yo podía…
— ¡A la mierda lo que dije! — murmura primero y luego grita. Rayos, ¿de verdad está despierta?
Beso su frente y suspiro.
— De acuerdo, nena… Lo que tú digas.
Sonríe y me da un beso en la mejilla. Ese beso me congela.
— Te quiero… Edward…
¿Me quieres, Bella? ¿De verdad me quieres? Un cálido sentimiento se instala en mi pecho… Oh…
La miro detenidamente y acaricio su mejilla. Me quiere. Me dijo que me quiere… Me siento extraordinariamente… Aprieto su cuerpo contra el mío. Es una paz y una libertad en mí que me hace respirar: una revelación… ¿Qué pasa conmigo? ¿Ahora todo tenía sentido? Todos esos estúpidos celos, esa ira contra quienes la buscaban, ese deseo de cuidarla… No era todo tan irracional. Isabella Swan me gusta, ¡Me gusta con un demonio! Es la única chica que ha llamado verdaderamente mi atención y la única que siempre ha valido la pena… Siete años me tomó saberlo… ¡Siete! Oh, Bella y también te quiero… Te quiero tanto… Tal vez sea hora de decir la verdad… Mañana se lo diré… Mañana será el día en que le confiese lo que siento por ella.
Mi nena y yo… Juntos a partir de ahora…
Porque la quiero…
NO ME MATEN Y GRACIAS POR LA ESPERA :*
