¡Por fin llego con la actualización de As Long! Madre mía lo que me llevó actualizarlo xD Este capítulo ya parecía "La historia interminable" jeje. Pero tranquilos, no es el final de la historia ni mucho menos. Todavía queda un largo camino por delante y espero que os guste recorrerlo conmigo ^^ Sin más demora os dejo el nuevo capítulo.

¡Ah, se me olvidaba! Alguien que quiero mucho me regaló hace poco un video trailer del fic, por si queréis verlo, aquí os dejo el link: (quitadle los asteriscos que van en el medio, sino no os deja. Si no se los ponía no podía poner el link ^^): ht*tp*:/*/ww*w.*yo*ut*ub*e.c*om/wa*tc*h?feature=player_detailpage&v=R9aa8Khntac ¡Gracias Argen por tremendo regalo! ¡Es precioso!


Disclaimer: Glee no me pertenece, de lo contrario ya habrían cantado esta canción xD.


Capítulo 28: Give Me Everything:

Mercedes abrió rápidamente la puerta delantera de su casa para encontrarse de frente con el chico que ella menos esperaba.

- ¡Hey! – le saludó.

Su rostro se iluminó y una sonrisa enamorada se formó en sus labios.

- ¡Hola! – respondió Sam Evans, entrando ya en la casa.

Depositó un beso inocente en su mejilla derecha y miró a uno y otro lado, tratando de averiguar si había "moros en la costa".

- Mamá está arriba – susurró su novia, entendiendo lo que su chico trataba de hacer - ¿Tú no habías quedado con Debbie?

- Sí. Está con Andrew. El chico que...

- Sé quién es Andrew. Debbie me habló de él – le respondió Mercedes.

- ¿Debbie te hablo de él? – Sam abrió la boca, asombrado – Yo tardé un año en que me lo contase. No es justo.

- Es que yo soy digna de confianza – dijo, burlona.

- Ya...

Sam negó con la cabeza, frunciendo sus labios, disgustado.

- Sentémonos un ratito... ¿Tienes prisa? – Mercedes entrelazó sus dedos con los del chico y tiró de él hacia el salón.

- Puedo quedarme unos minutos, pero tengo que estar en casa antes de que los niños se duerman.

Entraron ya en el salón, sentándose en distintos sofás. Su madre estaba arriba, pero podía bajar en cualquier momento y no quería que los pillase besuqueándose en el sofá de su salón.

Sam, nervioso, empezó a jugar con sus propias manos.

- ¿Qué te ocurre?

- Nada. Es solo que... Jamás había estado en tu casa cuando tu madre está. Lo de ayer no cuenta, obviamente.

- Solo hablamos, Sam. No estamos haciendo nada malo – le tranquilizó su novia.

- Lo sé. Pero... es como... No sé. Me siento vigilado.

Mercedes se echó a reír al oírlo y él no pudo evitar que sus mejillas se tiñesen de la vergüenza.

- No te rías. No es gracioso.

- Sí lo es – dijo ella – Mamá no te va a comer. No te preocupes.

- No estoy tan seguro.

- No tengo pensado hacerlo.

Los chicos giraron sus cabezas a tiempo de ver como la madre de Mercedes entraba en el salón.

- Buenas tardes, Sam.

- Buenas... buenas tardes, señora Jones – Sam se levantó del sofá rápidamente.

- ¿Adonde vas, mamá? – pregunto su hija al ver que ella llevaba el bolso.

- Me ha salido un compromiso, pero regresaré pronto. Quince minutos... Veinte como mucho.

La señora Jones miró fijamente al novio de su hija, le hizo un gesto para que regresase a su asiento y le apuntó con el dedo.

- Nada de subir a su habitación, jovencito.

- No pensaba... – trató de decir Sam.

- Eso espero. Aquí estáis perfectos. Cuando regrese quiero veros en el mismo sitio en el que estáis ahora, ¿entendido?

- Sí, señora Jones – respondió él, tragando saliva.

- Hasta luego, cariño – Su madre le lanzó un beso a su hija antes de abandonar el salón.

- Hasta luego, mamá.

Sam y Mercedes guardaron sus posiciones hasta que oyeron por fin el motor del coche de su madre. Éste se alejó calle abajo y en menos de cinco segundos, Mercedes se había levantado de su sitio para saludar a su novio como hacía siempre.

- Esto está mejor – le dijo, regalándole un beso que lo dejó sin sentido.

- Pero ella dijo... – protestó Sam, una vez había conseguido liberarse de ella.

- Mamá dijo "Cuando regrese quiero veros en el mismo sitio en el que estáis ahora". Cuando regrese, Sam... – Mercedes se rió observando su reacción.

- Oh, que despistado. No lo había visto de ese modo.

- Ya veo... Bésame, anda – le pidió.

Su novio lo hizo, atacando sus labios y acariciándolos.

No había pasado más de un minuto cuando él volvió a detenerla.

- Creo que he oído un coche – consiguió decir, mientras sentía los labios de su novia en su cuello.

- Estás paranoico, Sammy. Dijo quince, veinte minutos... No han pasado ni cinco.

- Deberíamos parar, Mercedes. Te lo digo en serio – le dijo, alejándola de él y sentándola a su lado en el sofá – Quiero que tu madre me acepte y así no lo conseguiré nunca.

- ¡Está bien! – Le dijo, regalándole un último beso suave en sus labios – Aguafiestas.

Ella volvió a ocupar su sitio en el sofá de enfrente, cruzando los brazos en desacuerdo.

- No te enfades conmigo – le pidió él.

Pero ella no le contestó, torciéndole la vista.

- Quiero que me vean como el novio perfecto para su hija – trató de explicarle.

- Eres el novio perfecto, Sam.

- ¡Pero quiero que tu madre lo vea!

- Ya...

- Prometo compensarte por ello.

- ¿Sí? ¿Cómo?

- No sé, ya se me ocurrirá algo. Mientras tanto, ¿Por qué no me cuentas sobre ese Solo de las Locales?

- ¡Oh Dios, Sam! ¡El Solo! ¡Quiero ese Solo!

La expresión de enfado se borró rápidamente de su rostro. Sam se rió al ver su reacción. Siempre sabía como hacerla olvidar.

- Lo sé. Te lo mereces.

- ¿En serio lo crees?

- Claro que sí. Con tu fuerza y tu voz ganaremos las Locales.

- Pero primero tendría que ganarle a Rachel, Santana, Kurt y Artie – le dijo.

- No te será difícil – Sam le restó importancia, alimentando sus esperanzas.

- En las competiciones por el Solo de los Nacionales no gané. Rachel fue quién lo hizo.

- Ya, Mercy. Pero... ¿Quién era el jurado esa vez? Jessie St Jerk.

Mercedes afirmó con la cabeza, recordando fugazmente como Jessie la había llamado perezosa delante de Will Schuester.

- Ésta vez no estará Jessie St Jerk, Mercy. Ésta vez tendrás ese Solo.

- Rachel es la preferida del señor Schue. El Solo será para ella, Sam, como siempre.

- Cometería un gran error. Si así lo hiciera otra vez.

- Eso es lo que tú piensas.

- Estoy seguro de que no soy el único que lo piensa... ¿Has escogido ya las canciones?

Mercedes asintió con la cabeza, sonriente.

- ¿Sí? ¡Oh! ¿Y cuáles son? – preguntó Sam, ilusionado, enderezándose en el sillón.

- Es una sorpresa – se rió la chica - ¿Vendrás a ver las pruebas, verdad? Me gustaría que las escuchases.

- No faltaría a ellas por nada del mundo – le respondió con una sonrisa.

Mercedes se levantó para correr a abrazarlo, pero la mano que él elevo enfrente de ella la detuvo, haciéndola sentarse de nuevo.

- Te compensaré. Lo prometo – dijo de nuevo.

- Más te vale – respondió Mercedes, oyendo como su madre llegaba de nuevo a casa.

Sam le dedicó un gesto a su novia al más puro estilo "¿Lo ves?"

- ¡Ya estoy de vuelta! – chilló la Señora Jones entrando por la puerta.

Se demoró unos segundos, dejando las cosas en la mesa de la cocina y luego se dirigió al salón, esperando encontrarse a su hija besándose con su novio. Sin embargo, en lugar de ello, ambos seguían en sus mismas posiciones. Al parecer, no se habían movido. Sus cabellos y sus ropas permanecían en perfecto estado, contrario a lo que ella había esperado.

La señora Jones se limitó a saludar a su hija y a mirar de reojo como Sam movía sus manos, nervioso. Quería confiar en él. Necesitaba confiar en él. La felicidad de su niña estaba en manos de ese chico y ella esperaba que él nunca llegase a lastimarla. Mercedes se merecía lo mejor y si ella creía que Sam Evans era lo que ella quería y necesitaba, su madre no sería quién se lo impidiese.

- ¿Me acompañáis a la cocina? Necesito ayuda con las bolsas.

- Claro, señora Jones – Sam se levantó rápidamente con una sonrisa de oreja a oreja.

Los dos la siguieron hasta allí.

No les llevó mucho tiempo pues solo tenían dos bolsas que desempaquetar. Una de ellas contenía unos pasteles de chocolate que la señora Jones le ofreció para que se los llevase a sus hermanos.

- Mercedes me habló de Stevie y Stacy. Vi los pasteles y me acordé de ellos.

- No puedo aceptarlos, señora Jones – le respondió él, rechazándoselos.

- Claro que puedes. Es un regalo y los regalos se aceptan. ¿Entendido?

Sam miró a su novia, y Mercedes lo alentó a que los aceptase.

- Muchas gracias, señora Jones. No era necesario, de verdad.

- ¿Te quedas a cenar, Sam? – preguntó la madre de Mercedes haciéndose la distraída mientras colocaba uno de los botes de café en el armario de la cocina.

- No... No puedo. Tengo que volver pronto a casa para bañar a mis hermanos. De hecho... debería irme ya.

- Oh, que lástima. Bueno... Lo dejamos para otro día.

- Sí, claro.

- Le acompaño hasta la puerta, mamá.

La señora Jones asintió con la cabeza, agarrando el azúcar de la mesa.

- Adiós, Sam. Espero que vuelvas pronto por aquí.

- Hasta otro día, señora Jones.

Mercedes lo agarró de la mano, tirando de él rápidamente para sacarlo de allí. A punto estuvo de perder uno de los pasteles por el camino con las prisas.

- ¿Has visto? – le preguntó, radiante de felicidad – Quería que me quedase a cenar.

- Para que papá te conociese – le explicó su novia.

- Oh – Sam abrió la boca, asombrado – No lo había pensado.

- Menos mal que te negaste.

- ¿No quieres que conozca a tu padre? ¿Es un asesino en serie o algo así? – dijo, divertido.

- Es dentista – le tranquilizó su novia.

- Ah, bueno... Mis dientes son perfectos. No habría problema.

- Sam... – protestó.

- ¿Qué?

- No hagas chistes ahora.

- ¿Por qué no quieres que le conozca?

- Porque es demasiado pronto.

- Pero conozco a tu madre – le recordó él.

- Porque nos pilló anoche.

- Es decir... que si no nos hubiese pillado, ¿todavía nos estaríamos escondiendo? No es justo.

- ¿Se lo contaste tú a tus padres? – le recriminó ella.

- Bueno... No. Pero no es lo mismo.

- Tienes razón, no es lo mismo. Tus padres y tus hermanos me conocen, pero no saben qué significo para ti.

- ¡Stevie y Stacy sí lo saben! – chilló él.

- ¡Stevie y Stacy son niños! – Mercedes le acompañó en sus gritos.

- No sabía que deseabas "conocerles" de verdad, Mercy. Podrías habérmelo dicho.

- Lo siento.

- Más lo siento yo. Odio que nos peleemos, sobretodo cuando no podemos reconciliarnos en condiciones – le dijo, con voz seductora.

- Te adoro.

Sam le dedicó una sonrisa y luego, le regaló un beso inocente en su mejilla.

- ¿Eso es todo? – Preguntó ella, malhumorada – Sam Evans, bésame en condiciones.

- Tu madre está en la cocina – se excusó, agarrando el pomo de la puerta con la mano que no llevaba los pasteles – Sabes que...

- De eso nada – le respondió.

Y acto seguido, le plantó un besó que lo dejó sin aliento.

- Veo que hemos invertido los papeles. Ahora tú eres el chico bueno y yo, la chica mala que tienta a su novio para cometer locuras... ¡Me gusta!

- ¿Locuras? ¿Qué tipo de locuras? – preguntó, arqueando la ceja.

- Los chicos buenos no hacen preguntas de ese tipo.

Mercedes le echó la lengua, burlona. Y luego le empujó levemente hacia el exterior.

- Quizás lo descubras esta noche en tus sueños.

Sam vio como su novia le guiñaba un ojo y luego cerraba por fin la puerta. Giró sobre sus pies y se dispuso a regresar al motel. Ahora, con unos pasteles demás.

- Eres mi perdición, Mercedes Jones.


Jacob Ben Israel esperaba intranquilo a que el Señor Herbert diese por finalizada la clase de historia. Observaba cada cinco segundos el reloj que pendía de la pared delantera de la clase, justo encima de la pizarra. Pero los minutos pasaban tan lentos... No veía la hora de que la aburrida clase terminase por fin, para poder atacar nuevamente a Samuel Evans, ésta vez para informarle y no para entrevistarle.

Informarle sería decir poco... Jacob sabía que tenía en sus manos la posible muerte del quarter back suplente. Solo quedaban cinco minutos y el mundo de Sam Evans cambiaría para siempre.

Volvió a mirar por enésima vez las fotografías que guardaba en el sobre que ocupaba su mesa de clase. Las había sacado esa misma mañana. Recién levantado había desayunado, había salido de casa directo al McKinley y cuando menos se lo había esperado, había cazado una noticia delante de sus narices. La mejor de todas, si podía decirlo.

El timbre de clase sonó y Jacob se apresuró a recoger rápidamente sus cosas, antes de que Sam Evans se le volviese a escapar.

- ¡Sam Evans! – le llamó, tirando de sus pantalones mientras corría detrás de él.

- ¿Otra vez tú? Te dije que no quería volver a verte, Israel.

Sam siguió caminando sin perder tiempo, directo hacia el final del pasillo, chocándose con todos los alumnos que venían en dirección contraria.

- ¡Tienes que oír esto, Evans! ¡Necesitas oírlo! – chilló Jacob, agarrándolo del brazo y tratando de tirar de él.

Sam se giró de improviso, levantando el puño en alto, dispuesto a descargarlo sobre el judío.

- ¡No! ¡No! – se quejó éste, escondiendo su rostro bajo sus brazos.

- ¿Sabes lo que conseguiste con ese rumor? Me echaron del trabajo y estuve a punto de perder a mi novia. No quiero que vuelvas a acercarte a mí, ni tampoco a ella. ¿Me has oído? ¡Déjanos en paz! – Sam se dio la vuelta, dispuesto a seguir ya su camino.

- Demasiado tarde – susurró Jacob, captando su atención.

- ¿Qué has dicho?

- He dicho que ya es demasiado tarde para eso, ¿Ves este sobre? Aquí dentro tengo información de lo que hacía tu novia ésta mañana a primera hora.

- Tonterías.

- ¿No quieres saber lo que ha estado haciendo?

- No. Confío en ella – Sam se giró de nuevo, harto ya de la situación.

- ¡Ha ido con su madre al médico! – chilló Jacob, siguiendo su camino.

- ¿Al médico? Con... ¿Con su madre? – Un sudor frío recorrió su cuerpo.

- Sam... Tu novia está embarazada – le soltó, lo más calmado que pudo, mientras le entregaba el sobre con las fotos.

- Mientes – Su piel palideció por completo y su cabeza comenzó a dar vueltas sin parar.

- Es verdad, Sam. Lo siento mucho.

- ¡No! No lo sientes – gritó, cabreado – Estás disfrutando con todo esto. ¡Siempre lo haces! Y no te importa a quién lastimes. ¡No te importa nadie! No quiero tu estúpido sobre. ¡Métetelo por donde te quepa!

- Pero... – Jacob pretendía disculparse de verdad, pero Sam le arrojó a la cara el sobre, y salió de allí lo más deprisa que pudo.

Entró en los lavabos de la segunda planta y se encerró en uno de ellos, deslizando su cuerpo hasta llegar al suelo, escondió su rostro entre sus piernas flexionadas, mientras las rodeaba con sus brazos.

Embarazada.

Mercy estaba embarazada.

Iban a tener un bebé.

¡Dios mío! ¡Un bebé! ¿Qué iban a hacer? Sam pretendía ser el novio perfecto, pretendía que los padres de su novia le aceptasen y ahora... ¿Qué pasaría ahora? Le odiarían, le echarían la culpa y tenían razón. No sabía como habían llegado a esos extremos, jamás se habían acostado sin protección. ¡Jamás! Pero como había sucedido ya no importaba. Una nueva vida venía en camino. Una nueva personita llegaba al mundo.

Un bebé.

Su bebé.

Solo de ellos dos.

Ahora tendría que dejar de estudiar y trabajar duramente para sacarlos adelante. Pero él era tan joven...

Aunque quería llorar, su cuerpo no se lo permitía. El miedo que sentía en ese momento se lo impedía. Miedo al fracaso, miedo a no poder hacerse cargo de ellos, miedo a que pensasen los padres de ella y los de él sobre lo ocurrido. Miedo a perderla.

¿Dónde estaría ella ahora?

Miró el reloj, tratando de situarse en el tiempo. Faltaban diez minutos para que la clase de biología se acabase. Había pasado tanto tiempo en ese baño que ni se había dado cuenta. Debía levantarse ya, si quería llegar a tiempo para hablar con ella antes de que entrase en clase de química.

El timbre volvió a sonar diez minutos después y Sam corrió cuánto pudo para llegar a tiempo. Los alumnos habían empezado a salir de clase de biología, pero Mercedes no se dejaba ver por ningún lado. ¿Dónde se habría metido? Quizás se sentía mal, quizás no había ido a clase después de todo.

Sam sintió como alguien le tocaba el hombro con un dedo, girándose hacia la derecha para no descubrir a nadie.

- Has picado – se rió su novia, una vez Sam se había girado ya hacia la izquierda – Siempre picas, Sammy.

Mercedes esperó a que una sonrisa se formase en el rostro de su chico pero eso no sucedió. Tampoco la besó, ni la abrazó. Ni siquiera le agarró la mano como hacía siempre. Y la expresión de su rostro no pronosticaba nada bueno.

- ¿Qué ocurre? – le preguntó, preocupada.

- Necesito hablar contigo.

- ¿Sobre q...? – consiguió decir, antes de verse arrastrada hacia los aseos de la primera planta - ¿Ésta es tu forma de recompensarme por lo de ayer? – Preguntó divertida – Me gusta, Sam... Pero no quiero llegar tarde a clase y...

Sam cerró la puerta de los aseos y espero a que ella se sincerase. Cosa que no sucedió.

- No me has traído aquí para que nos besemos, ¿verdad? – Su mirada no reflejaba que aquello fuese a producirse – Sam, estoy empezando a preocuparme. ¿Ha pasado algo? ¿Tu familia se encuentra bien?

- Escúchame – dijo él, muy serio.

- Claro que te...

Sam tomó su pequeña mano entre las suyas e hizo que lo mirase a los ojos.

- Estamos juntos en esto. Necesito que lo tengas claro.

- ¿A qué te refieres? – Mercedes no podía estar más confusa.

- Reconozco que cuando lo supe, mi mundo se vino abajo. Quería tener hijos contigo, Mercedes. Hijos tan bonitos como Tommy y Annie. Nunca pensé que sucedería tan pronto... Pero bienvenido sea, Mercy. Saldremos adelante tú, yo y el bebé. Dejaré el instituto y trabajaré sin descanso. Será el bebé más querido y el más hermoso y...

Mercedes abrió los ojos como platos.

- ¡Alto ahí! – Su novia soltó su mano de las de él, llevando ambas a su cintura - ¡Sam Evans! ¿De qué bebé me estás hablando?

Si las miradas matasen, Sam Evans estaría más que muerto ahora mismo.

- De... del nuestro, Mercy - ¿Por qué sentía que su novia le saltaría encima en cualquier momento? – Jacob me dijo que...

- Jacob, claro – Era obvio que se trataba de otro de sus rumores, pero ésta vez había llegado demasiado lejos – Por Dios, Sam. Después de todo lo que causó con el rumor de tu "supuesto trabajo , ¿cómo pudiste creerle de nuevo?

- Entonces... ¿Entonces no lo estás? – preguntó el chico, con el corazón en un puño.

- ¡Por supuesto que no!

Sam no hizo nada para disimular el alivio que sentía.

- ¿En serio pensabas en tener hijos conmigo?

Y el alivio que había experimentado se había convertido en vergüenza en tan solo dos segundos. Y sus mejillas rojas claramente lo indicaban.

El chico asintió con la cabeza y Mercedes le rodeó el cuello con sus brazos.

- ¿Y pensabas dejar el instituto? Por... ¿Por nosotros?

- Bueno... De todas formas, con mis notas no habría llegado muy lejos.

Sam sintió como la chica le golpeaba el hombro con su puño izquierdo.

- ¡Ay!

- ¡Eso por menospreciarte! Y esto... – le dijo, tirando de él para besarlo.

- ¿Por qué? – preguntó él, una vez ella había detenido el beso y lo abrazaba recostada en su pecho.

- Porque te quiero – le dijo, separándose de nuevo y mirándolo a los ojos – Porque pensabas renunciar al instituto por nosotros, aunque jamás te hubiese perdonado por ello. Ni yo, ni tus padres. Porque no saliste huyendo cuando creíste que estaba embarazada como lo habrían hecho muchos. Y porque sé que serías el padre perfecto.

Sam la apretó contra su pecho, dejando un beso en su pelo.

- Recuérdame que no vuelva a creer nada de lo que me diga Jacob Ben Israel.

Mercedes se rió, separándose ya de él y miró el reloj que llevaba en su mano derecha.

- ¡Genial! Me he perdido la clase de química – le dijo, triste – Se suponía que tú eras el chico bueno que se encargaba de que su novia fuese a clase.

- Lo siento. Es que... pensé... De todos modos, ¿para que fuiste al médico entonces?

- Mi madre me acompañó al ginecólogo. Pero tranquilo, solo era una visita de rutina – le tranquilizó.

- ¿Estás bien?

- Estoy perfecta – Mercedes volvió a enredar sus dedos en el cuello de su novio.

- Sin duda – le respondió él, antes de regalarle un beso dulce.

- ¿Y ahora que hacemos? Te has perdido matemáticas.

- ¿Qué te parece si ensayamos esos pasos de la canción? – le propuso Sam, en un intento de seducirla – "Give me everything", Mercedes.

- ¿Y tú eras el chico bueno? – se rió su novia.

- ¿Quieres conocer al malo? – preguntó Sam, haciéndole cosquillas en su cintura.

- Quizás... – le respondió, escapando de sus manos y refugiándose dentro de uno de los baños.

- ¿Te escondes de mí? – preguntó Sam, aguantando la risa.

- Las chicas buenas no dejan que el chico malo las atrape – se oyó del otro lado de la puerta.

- Pero tú no eres una chica buena, Mercedes Jones – dijo él, apoyado su mano sobre el marco.

- No. No lo soy – se rió, abriendo por fin la puerta y dejándolo entrar para una sesión de besos intensa.


- ¿Dónde estabais? – Preguntó el Señor Schue al verlos entrar por la puerta del gimnasio, agarrados de la mano – Hace diez minutos que os esperamos para el último ensayo.

- Algo me dice que ya han ensayado la coreo por sí solos – dijo Artie, arrancando las risas de todos los miembros del Club Glee.

- Ya no tenemos tiempo. En unos minutos esto se llenará de alumnos. Preparad las posiciones, vamos. Sam, Mercedes, poneos aquí. Artie, Quinn al otro lado. ¡Vamos! ¡Vamos! Corred, venga.

- Tranquilo, señor Schue. Todo saldrá bien – le tranquilizó Finn, ocupando su posición en la parte de atrás, con Rachel.

- Además, da igual que lo hagamos bien o mal. Jamás conseguiremos que alguien se apunte al Glee. Somos unos perdedores.

- No digas eso, Noah – dijo Mercedes, dándose cuenta al momento de cómo lo había llamado.

- Mercedes tiene razón – Quinn la cubrió rápidamente – Si no lo intentamos, no lo sabremos.

Pero ni la misma Quinn impidió que una sensación de malestar anidase en Sam. Puck era uno de sus mejores amigos, pero la confianza que tenía con su novia le provocaba unos celos terribles. Tratando de disimularlos, agarró a su novia por su cintura, colocándose ya para la canción.

- ¿Qué ocurre? – le preguntó ella, acariciando sus manos.

- Nada. Estoy bien. No te preocupes – respondió él, dejando un beso en su cuello.

Los estudiantes del McKinley ya empezaban a llenar las gradas. Jacob Ben Israel no tardó en entrar por la puerta, observándolos desde lejos.

- Yo lo mato. Te juro que lo mato.

- Si lo hicieses, irías a la cárcel, Sammy. Y yo no podría estar lejos de ti. Simplemente, ignórale.

El señor Figgins pasó por su lado, buscando el micrófono. Will Schuester ya había abandonado el escenario y ahora ocupaba su lugar en las gradas con la señorita Pilsbury.

El director les hizo una seña a los chicos, preguntándoles si estaban listos. Ellos le respondieron mediante sonrisas y finalmente, agarró el micrófono para dirigirse al público.

- Buenos días, estudiantes del William McKinley High School. Esta semana tendremos remolacha cocida y ensalada de col en la cafetería.

Todos los alumnos empezaron a abuchearlo.

- Y ahora os dejo con los chicos del Club Glee que nos interpretarán un tema de un perro. "Give Me Everything" Démosles un aplauso.

Figgings ocupó su lugar en las gradas, al lado de Emma y las luces del escenario se oscurecieron unos vatios.

La música comenzó a sonar y Artie empezó a cantar su parte, mientras Quinn, colocada detrás de él, acariciaba sus hombros.

Me not working hard?

Yea right picture that with a kodak

And better yet, go to times square

Take a picture of me with a kodak

Took my life from negative to positive

And I just want y'all know that

And tonight, let's enjoy life

Artie, Brittany, Samuel

Sam y Britt se unieron a él, cantando el estribillo, mientras sus parejas giraban, colocándose delante de ellos y deslizándose sobre sus cuerpos hasta tocar el suelo.

Tonight I will love love you tonight

Give me everything tonight

For all we know we might not get tomorrow

Let's do it tonight

I will love love you tonight

Give me everything tonight

For all we know we might not get tomorrow

Lets do it tonight

Let's do it tonight

Grab somebody sexy tell 'em hey

Give me everything tonight

Give me everything tonight

Give me everything tonight

Give me everything tonight

Mercedes y Santana acariciaron las espaldas de ambos, mientras ellos terminaban el estribillo, y Quinn se sentaba en la silla de Artie a la vez que él continuaba con su parte.

Excuse me

But I might drink a little bit more than I should tonight

And I might take you home with me if I could tonight

And I think you should let me cause I look good tonight

And we might not get tomorrow

Sam levantó la pierna derecha de su novia y la pegó por completo a él, mientras clavaba sus ojos en ella y le cantaba la última parte de la canción. Brittany hacía lo mismo con Santana mientras Artie acariciaba las piernas de Quinn con sus manos en sus guantes.

Tonight I will love love you tonight

Give me everything tonight

For all we know we might not get tomorrow

Lets do it tonight

I will love love you tonight

Give me everything tonight

For all we know we might not get tomorrow

Lets do it tonight

Lets do it tonight

Grab somebody sexy tell 'em hey

Give me everything tonight

Give me everything tonight

Give me everything tonight

Give me everything tonight

La canción terminó y todos los estudiantes del McKinley se levantaron exaltados.

- ¡Sí! Oh, sí. Sí. Dámelo todo, Rachel Berry. ¡Dámelo todo! – gritó Jacob Ben Israel.

Rachel se escondió detrás de Finn, mientras bajaban ya las escaleras.

- ¿Crees que nos hemos pasado? – le preguntó Will a su novia, al observar las reacciones de todo el público.

- A Figgins le ha gustado – le respondió ella, señalando como el director seguía de pie, aplaudiendo como loco.

- Podría haber sido peor... – dijo Will, encogiéndose de hombros.

Lentamente, todos fueron dejando el gimnasio. Aunque algunos todavía seguían sentados en sus gradas, esperando a que se vaciasen por completo.

- Quinn... – gimió Artie, todavía con la ex Cheerio en su regazo.

No se habían movido ni un milímetro. Todos sus compañeros se habían bajado ya del escenario y se habían ido del gimnasio, pero ellos seguían aún allí, tratando de solucionar el percance que Artie tenía en los pantalones.

- Artie – Ella pensó en levantarse, pero todavía quedaba gente en las gradas que podía ver claramente que era lo que les sucedía.

- Lo siento, Quinn, de verdad. No sé como ha pasado – Artie intentó esconder la vergüenza que sentía, pero sus mejillas sonrojadas no le ayudaban – Levántate Quinn, deja que me vaya.

- De eso nada. Si me levantó, se darán cuenta y les daremos otra razón para que se rían de ti... de nosotros. Sácanos de aquí, llévanos fuera del escenario.

- Quinn – protestó el chico.

- Vamos, Artie. Nadie se dará cuenta.

- Se darán cuenta de que no te has levantado. Se darán cuenta de que todavía sigues sentada en mis rodillas. Lo supondrán.

- Entonces, démosles de que hablar – le dijo, guiñándole un ojo – Vamos, sácanos de aquí.

Todavía asustado, Artie los hizo rodar fuera del escenario y del gimnasio mismo, llevándolos por el pasillo hasta el primer aseo que encontró.

- Siento haberte tratado como un trozo de carne, Quinn – El chico soltó un suspiro profundo cuando ella se levantó por fin de la silla – Es solo que... Hace tanto que no...

- Sí, entiendo.

- Y estabas tan hermosa que...

- No pasa nada, Artie. De verdad. Me halaga en realidad. Hacía mucho tiempo que no me sentía deseada.

Artie se relajó un poco, todavía sonrojado.

- Puedes... ¿Puedes salir ahora? Para que pueda calmarlo.

Quinn abrió los ojos como platos.

- ¡No! ¡No, Quinn! ¡No me refería a eso! – chilló, pero la chica ya había girado sobre sus pies y había abandonado los baños.

- La hemos hecho buena... – dijo él, observando disgustado, su abultado miembro.


Las horas habían pasado rápidamente y la tarde había llegado ya a Lima.

Sam se encontraba en el supermercado de los Cooper, reponiendo los tomates en la zona de las verduras. No le gustaba su trabajo, pero tampoco lo odiaba. Allí era tratado debidamente y no había ningún Max que lo insultase o le hiciese la vida imposible. En media hora más, saldría ya y se iría a casa de Kurt para ensayar con los chicos el Mash Up de la semana. Finn les había pedido que mezclasen dos canciones de Bon Jovi para poder recuperar a Rachel por completo. Kurt se había encargado del vestuario y Sam lo único que tenía que hacer era salir del trabajo y llegar a tiempo para aprenderse los pasos de la coreografía que Mike había montado para ellos.

Mercedes también había quedado con las chicas para ensayar, pero no le había dicho que canciones cantarían. Sería toda una sorpresa para ellos. Ese día no la vería, tendría que esperar al día siguiente para poder besarla de nuevo como había hecho esa mañana en los baños del instituto.

Suspiró, mientras descargaba de la caja el último tomate.

Esa mañana había hecho el ridículo gracias a Jacob Ben Israel. Después de todo, ¿Por qué seguía creyendo todo lo que le decía? De algo estaba completamente seguro, y era que esa sería la última vez que lo escuchase. Casi había sufrido un infarto al saber que Mercy podría estar embarazada. Ellos, padres tan jóvenes... Pero lo habrían hecho bien. Sam estaba seguro de ello. Y el bebé habría nacido recibiendo todo el amor del mundo.

- ¿En serio pensabas en tener bebés conmigo?

Sam volvió a enrojecer, recordándolo. Sí, quería tener bebés con ella. Bebés tan hermosos como Tommy y Annie, aquellos niños que habían conocido en el parque al que él la había llevado. Sam quería tener un futuro a su lado, un futuro lleno de felicidad. Y lucharía por ello, día a día. Habían tratado de separarlos cientos de veces, les habían insultado, les habían tirado granizados y a él lo habían golpeado hasta casi no poder respirar. Pero Sam no pensaba darse por vencido. Estaba enamorado de ella, la quería y sabía que jamás habría mujer en el mundo que lo amase tanto como él la amaba a ella.

Sintió como un dedo le tocaba el hombro derecho y creyendo saber quién era la persona que tenía detrás, se giró hacia el lado contrario con una sonrisa de oreja a oreja. Al parecer, Mercedes había podido pasar a verle.

Pero no era así. Sam observó como Debbie Cooper lo miraba, sonriente y la sonrisa que él había tenido segundos antes, desaparecía ya de su rostro.

- ¡Vaya! Veo que te alegras mucho de verme... – le dijo la chica, observando su mueca de desilusión.

- Creí que eras Mercedes.

- Me lo suponía.

- Es que ella siempre... Bueno, da igual. ¿Qué te trae por aquí?

- Es el supermercado de mi padre – le respondió, con una risita nerviosa.

- Ya... Pero tú no vienes mucho por aquí y... ¿Por qué estás tan contenta?

Desde que se había girado para verla, Debbie no había dejado de sonreírle. Y sus ojos brillaban tanto como sí...

- ¡Oh Dios mío! ¡Lo habéis hecho! – chilló.

- ¡Baja la voz! – le dijo, tratando de no romper a reír – No lo hemos hecho.

- Mentirosa... – se rió su amigo, burlón.

- Bueno, sí. Lo hicimos.

- ¿Cuándo? – quiso saber.

Debbie se mordió el labio inferior. Ella no acostumbraba a contar sus intimidades, pero necesitaba hablarlo con alguien y cuando había podido darse cuenta de ello, sus pies habían terminado llevándola a ver a Sam al supermercado. Era su mejor amigo y en el fondo, todo había sucedido gracias a él.

- Ayer. Cuando te fuiste – le respondió, feliz.

- ¡Oh Dios mío! – chilló él de nuevo.

- Baja la voz, ¿Quieres que todos se enteren?

- Vale, vale. Perdona. Me alegro tanto por vosotros, Debbie – Sam la abrazó con cariño, mientras ella no podía parar de sonreír.

- Tengo más cosas que contarte.

- ¿Más? – Sam la miró, preocupado e intentó quitarle hierro a la situación - ¿Acaso os ha gustado tanto que queréis hacer un trío y estáis buscando una tercera víctima? – le preguntó, guiñándole un ojo y apartándose un poco por si ella le respondía con su puño.

- Muy gracioso, Sam. Muy gracioso... – respondió Debbie, tratando de que su mente no le recordase la pesadilla que había tenido la noche anterior – No es eso...

- ¿No? – Sam arqueó una ceja, esperando la noticia.

- Andy me ha pedido que me case con él.

- ¡Oh Dios mío!

- Te he dicho que bajes la voz – Debbie tapó su boca rápidamente con su mano derecha.

- ¿Y tú que le dijiste? – le preguntó Sam, una vez liberado.

- Le dije que sí.

- Debbs, sois demasiado jóvenes para casaros.

- No me importa, Sam. No quiero estar lejos de él por más tiempo y ya he perdido demasiado.

- Tienes razón. Yo no soy quién para juzgarte. Me alegro muchísimo, Debbie, de verdad – Sam la abrazó de nuevo, apretándola contra él. Al final, Andrew y Debbie habían alcanzado la felicidad que ambos merecían y ahora se iban a casar. Ya nada podría salir mal. Sam deseó con fuerza que Mercedes y él tuviesen su misma suerte.

- No hagas eso o me meterán en la cárcel por violar a menores de edad – le dijo ella, divertida, arrancándole una sonrisa – Gracias, Sam. Gracias de verdad. Todo te lo debemos a ti. Nos salvaste, me salvaste a mí.

- ¿De qué?

- De la soledad – le respondió triste, recordando el no tan lejano pasado.

Sam volvió a abrazarla, dejando un beso en su pelo rojo.

- La soledad no estaba hecha para ti, Debbs. Naciste para amar.

- Sí – dijo, reposando su cabeza sobre su pecho – Soy tan feliz, Sam. Andy me quiere. Me quiso desde niño. ¿Te lo puedes creer? Que tontos fuimos. ¡Que tonta fui!

- Muy tonta, sí.

Debbie se separó de él y le atizó en el brazo como respuesta.

- ¡Ay! ¡Ya estamos! Mira que eres bruta... ¿A Andrew también le tratas así? – preguntó, divertido, recibiendo una mirada asesina por parte de ella - ¿Se lo habéis dicho ya a tu padre?

Debbie negó con la cabeza.

- Lo haremos esta noche. Andrew vendrá a cenar a casa.

- Te deseo toda la suerte del mundo.

- ¡Gracias! ¿Y tú? ¿Te arreglaste con Mercedes?

- Sip.

- Me alegro. Tú y yo nos merecemos un poco de felicidad de vez en cuando, Romeo.

Sam la miró, comprendiendo porqué razón Debbie era su mejor amiga. Sabía escuchar, era agradable, simpática y le hacía reír. Ojalá nunca llegase a perder su amistad.

- ¿Quieres oír el nuevo rumor de Jacob Ben Israel?

- Ilumíname.

- Mercy está embarazada.

Debbie abrió la boca y los ojos a punto de salírsele de las órbitas. Y se llevó una mano al corazón, protegiéndose de un posible infarto.

- ¡Jesús! ¿La has dejado embarazada? ¿Pero en qué diablos estabas pensando? ¡Oh Dios! Y me lo dices tan tranquilo.

- ¿Tú me escuchas cuando te hablo? Te he dicho que es un rumor.

- ¿Seguro? ¿Se lo preguntaste? – le dijo, aún con la mano en su pecho.

- ¡Claro que se lo pregunté! ¡Y también le demostré mi apoyo! Créeme, mi reacción fue peor que la tuya. Mi mundo cambió en tan solo un segundo. Mis manos empezaron a sudar y las piernas no me sostenían. Creí de verdad que íbamos a tener un bebé. ¿Te imaginas, Deb, un bebé? – Su rostro se iluminó con una sonrisa.

- Quizás algún día, Dios os bendiga con un hijo, pero ahora es demasiado pronto – se rió ella.

- Ya te digo.

- No vuelvas a hacerle caso al Israel ese. Te lo aconsejo por tu propia salud.

- Creo que ésta vez he aprendido la lección – la tranquilizó Sam.

- A ver si es verdad... Nos vemos luego, Sam. Tengo que comprar unas cosillas para la cena y tú, deberías estar trabajando en lugar de estar aquí parloteando con la hija del jefe.

- Gracias a ti solo me quedan diez minutos para irme.

- Bueno, pues... disfruta de ellos – le dijo, guiñándole un ojo y desapareciendo por el pasillo de al lado.


- Llegas tarde – le recordó Finn, abriéndole la puerta de su casa.

- He tenido que pasar por el motel para buscar a mis hermanos.

Stevie y Stacy entraron en casa de Kurt, chocando sus diminutas manos con las de Finn Hudson.

- Hola Stevie. Hola Stacy.

- ¡Hola Finn! – le saludaron los pequeños, corriendo hacia el comedor.

- ¿Por qué los has traído? - le susurró el moreno.

- No tenía quién los cuidase. Mercedes y Quinn están ensayando con las chicas.

- Es cierto... Pasa, anda. Ya casi está todo listo.

Entraron en el salón, donde habían movido todos los muebles para poder ensayar en él.

- ¿Queréis comer algo, niños? Acompañadme a la cocina y os regalaré un vaso de leche y unas galletas – les dijo Kurt, recibiendo un gracias de parte de Sam.

Los niños lo siguieron y los demás aprovecharon para hablar del mash up y de la ropa que Kurt les había buscado para la ocasión.

Minutos después, los chicos empezaron a ensayar la coreografía. Artie delante de todo, Finn, Mike y Blaine detrás de él y Puck y Sam al fondo.

La música sonaba mientras ellos trataban de que Sam aprendiese sus pasos.

- Puck... aléjate más. No haces más que chocarte conmigo – protestó el chico a la cuarta vez.

- Vaya... ¿Te molesta? – le preguntó, chocándose con él de nuevo.

- ¿Qué te pasa? ¿Lauren te ha rechazado de nuevo?

Puck no le contestó. Lo empujó con todas sus fuerzas, mientras Finn y Mike se movían para sujetarlo.

- ¿Qué os pasa? ¿Os habéis vuelto locos? – Artie los miraba, alucinado.

- Eres un hijo de puta – le soltó Puck, intentando deshacerse del agarre de Finn.

-¿Yo? ¿Qué te he hecho? – preguntó Sam, confundido. Al parecer, no conocía a Puck tan bien como pensaba.

- Cabrón...

- ¡¿Qué te he hecho?

- Chicos, calmaos un poquito. Stevie y Stacy están en la cocina con Kurt. Os pueden oír – les recordó Blaine.

- ¡Que lo hagan! Así sabrán como es en realidad su hermanito adorado – gritó Puck, tratando de soltarse.

- Puck, tío. Cálmate – le pidió Mike.

- ¡La ha dejado preñada! – chilló el judío, dejándolos a todos en shock.

- ¿A Mercedes? – preguntó Artie, sabiendo que esa cuestión estaba totalmente fuera de lugar.

- ¿Cómo pudiste? – dijo Puck, mirándolo como si quisiese matarle – Has arruinado su futuro, cabrón.

- ¿Quién te lo dijo Puck? – preguntó Sam, en tono descansado.

- Jacob.

Todos esperaron, deseando oír que tan solo se trataba de otro de sus rumores.

- Es mentira – les dijo – Yo también me lo creí, pero es mentira.

- ¿Es mentira? No... ¿No está embarazada? – pregunto Puck, aún con miedo.

- No, Puck. No lo está.

Todos suspiraron aliviados en la habitación.

- Que susto, madre mía – dijo Artie, a la vez que Mike asentía con la cabeza.

- Yo mato a Israel. ¡Lo mato! – gritó Puck.

- Te ayudaría con gusto – le secundó Sam.

- Siento haberte empujado, colega. Es solo que... por un momento... pensé que se repetiría de nuevo la historia – Puck trató de disculparse, ofreciéndole la mano.

- No te preocupes. Yo hubiese reaccionado igual – respondió Sam, aceptándola.

Todos vieron como sus amigos se daban el apretón de manos.

- De todos modos, quiero que sepáis que si hubiese sucedido así, habría estado con ella y con el bebé. Jamás me habría desentendido de ellos. No soy así. Y... y la quiero. Estoy enamorado de ella.

- Lo sabemos, Sam. No hace falta que aclares nada – le dijo Finn.

Sam asintió con la cabeza, observando la reacción en el rostro de Puck. Había algo en él que le hacía desconfiar. Algo que todavía no lograba averiguar que era y esperaba no llegar a hacerlo nunca.


- Habéis estado demasiado callados en la cena.

Dan Cooper se levantó de la mesa, llevando a la cocina los platos en los que habían cenado. Andrew y Debbie lo siguieron hasta allí, ayudándole con las demás cosas.

Andrew esperó a que los platos estuviesen sanos y salvos encima de la mesa para soltarle la noticia.

- Señor Cooper, he venido a pedirle la mano de su hija. Quiero casarme con ella – le dijo, tan rápido como pudo.

Dan lo miró con los platos aún en su mano. Los había dejado ya en la mesa, pero aún sentía la necesidad de ponerlos a buen recaudo. Miró también a su hija, que esperaba inquieta, su respuesta.

- ¿La has dejado embarazada, chico?

- No, no. Señor Cooper, no. Se lo juro – respondió Andrew, nervioso. Debbie apareció a su lado, agarrándole de la mano.

- Ya me parecía a mí... – les dijo, regalándoles una sonrisa – Claro que te concedo la mano de mi hija, Andrew. Eso no se pregunta.

Dan dio un paso adelante, abriendo los brazos para capturarle en un fuerte abrazo.

- Bienvenido a la familia.

- Gracias, señor Cooper.

- Llámame Dan, chico. Te vas a casar con mi hija, por fin.

- ¿Por fin? – Debbie llamó la atención de los dos.

- ¿Pensabas que no lo sabía, cariño? – Su padre la abrazó a ella ahora – No podéis engañarme. Sé que os queréis desde hace años. Quizás mucho antes de que vosotros os dieseis cuenta. Solo esperaba que algún día llegase este momento.

Dan Cooper se separó de su hija y comenzó a abrir las puertas del armario de la cocina.

- ¿Qué buscas papá?

- Ese champán que traje del supermercado el otro día, cariño. Esto hay que celebrarlo por todo lo alto.

Debbie miró de reojo a su prometido, mientras éste observaba divertido como su padre ponía la cocina patas arriba.

Jamás había pensado que su padre reaccionaría así ante la noticia de su boda. Todavía tenían que contárselo a los padres de Andy, pero al menos, las personas que mas quería en el mundo, su padre y Sam, ya lo sabían y los apoyaban en todo. Sonrió aliviada y observó como Andrew se agachaba levemente para dejar un beso en su mejilla. Estaban juntos, agarrados de la mano, viendo como su padre se volvía loco buscando una botella de champán. ¿Qué podía salir mal?


Y hasta aquí el nuevo capítulo de As Long as You're there. Esto ya parece La Historia interminable xD Si quieres leer la pesadilla que Debbie no quería recordar, buscad entre mis fics el titulado "Despertar" xD. Si te ha gustado el capítulo, házmelo saber con un Review ^^ Hasta la proxima :)