CAPITULO 27

Serena pensó que su mundo se desintegraba a su alrededor. Cuanto más se enteraba acerca del asesinato, más se aterrorizaba. Darién inmediatamente le ordenó a una Ami arrepentida que saliera de la habitación, despues procedió a informarle de los detalles. No se guardó nada, le dijo todo, por lo que Serena estaba agradecida. Si ella se enterase de esa noticia por otros ella habría cuestionado la validez de sus comentarios, pero oyéndolo de su marido, ella supo que él contaba la verdad.

Se puso una camisa de lana y la túnica rojo-oscura, se paró delante del fuego, pero aun así se sintió helada hasta los huesos, no pudo evitar que sus miembros temblasen. Era como si su peor pesadilla se hiciera realidad. Había soñado eso frecuentemente, casi todas las noches después del ataque, que sucedía una y otra vez. Le había llevado toda su fuerza y coraje para ahuyentar esos sueños horrorosos, pero ahora no era un sueño. Alguien había sido asesinado y castigado con una cicatriz semejante a la suya.

Su atacante había vuelto?

La mano de Serena se apoyó en la cabeza de Rook y Darién había notado que desde que le había informado del asesinato, ella y Rook no se habían separado.

"Ningún daño te sucederá a vos," Darién le aseguró.

Ella sacudió la cabeza, aunque él sintió las dudas de ellas y ese sentimiento de inseguridad lo enojó.

Un golpe en la puerta la sobresaltó y Rook inmediatamente saltó delante de ella, tomando una posición de defensa, emitiendo un gruñido bajo.

Darién caminó hacia la puerta, abrió admitiendo a Jedite y a Andrew.

Ellos conversaron en voz baja en la puerta, Serena se sentó cerca del fuego, Rook se extendió sobre sus pies. Ella acarició su lomo oscuro, sus ojos fijos en las llamas. Se había asustado con la noticia del asesinato, se había asustado más cuando se enteró de los detalles. Su atacante estaba cerca? Planeaba hacerle daño? Qué quería él de ella?

Revivió el miedo que siguió a su ataque. Había pasado muchas noches en vela preguntándose, esperando, observándolo. Esas noches fueron pasando hasta que los recuerdos y los detalles se debilitaron en su memoria. Pero ella verdaderamente nunca había confrontado el miedo que causaba las pesadillas y ahora tenía ese miedo una vez más.

Se escondería o finalmente lo enfrentaría?

Jedite y Andrew se aproximaron con Darién, ella se puso de pie.

"Tomaremos turnos custodiándote," Darién dijo. "no debes ir a ningún lugar sin uno de nosotros a tu lado."

Serena comenzó a sacudir la cabeza con sus primeras palabras. "No," ella dijo con la insistencia de una mujer tenaz.

"No?" Darién dijo, irritado porque ella rechazaba su orden y la preocupación por su seguridad.

"No seré un prisionero en mi propia casa."

Jedite y Andrew sonrieron ante su coraje, Darién tuvo que admitir que se enorgullecía de su posición desafiante. Pero existía el hecho de que ella podía estar en peligro, y él no estaba dispuesto a correr riesgos con la vida de su esposa.

"No eres una prisionera," él la calmó. "Pero hasta que este asunto pueda ser resuelto a mi entera satisfacción tendrás la compañía de uno de nosotros no importa a donde vayas."

"Tengo a Rook," ella dijo objetando.

Rook ladró y la rozó para confirmar su presencia.

"De lo cual estoy muy contento," Darién dijo con una palmada leve sobre la cabeza del perro. "Pero es un guerrero lo que quiero al lado tuyo, es un guerrero lo que tendrás."

Ella intentó protestar pero él levantó su mano. "No oiré nada más. Jedite, Andrew, o yo seguiremos cada uno de tus movimientos y si intentas desobedecer mi orden te hallarás encerrada en este cuarto hasta que yo decrete lo contrario."

Ella se dio cuenta que era inútil discutir con él. Era mejor obedecer, era mejor enfrentar sus propios demonios directamente incluso si uno de ellos fuese su propio marido. "Como desees, mi Lord."

De repente Ami apareció en la entrada vacilante a entrar. "Perdón, mi Lord y mi Lady."

Darién le indicó entrar moviendo su mano y luego miró a Jedite. "Dile que no me tema."

Jedite se rió. "Después del modo en que estallaste y le gritaste esta mañana, esto es imposible."

Darién sacudió la cabeza con disgusto, miró a Ami. "Vos no me temerás y ya no serás la criada de mi esposa."

Eso causó jadeos de sorpresa en ambas mujeres.

Jedite se rió con más ganas.

Darién gruñó por lo bajo lo que causó que Rook hiciera lo mismo.

"Ella se va a casar con Jedite, por lo tanto no es más una criada," Darién informó.

Serena lanzó sus brazos alrededor Ami. "Por qué no me dijiste eso?"

Los ojos llenos de lágrimas de Ami mantuvieron su mirada en Serena. "No creía que era real."

"Qué?" Jedite exclamó.

Andrew y Darién lo observaron con sonrisas, disfrutando ese momento.

"Yo soy una criada, y vos no," Ami dijo, girando para enfrentar a Jedite.

"Y Qué importa eso? Yo te amo."

"Verdaderamente?" ella vacilantemente preguntó.

"Verdaderamente," él le dijo sellando su promesa con un beso sincero.

"Te buscaré otra criada personal para vos," Darién le dijo a Serena.

"No necesito una," ella dijo.

"Yo continuaré ocupándome de ella," Ami insistió.

"Ya no eres una criada," Jaideite agregó.

Ami fue inflexible. "Deseo trabajar al lado de mi Lady."

"No," Jaideite ordenó firmemente.

"Imposible," Darién dijo.

Serena sonrió, caminó hacia Ami y con un guiño de ojo dijo, "Nosotras seremos amigas."

"Si, mi lady, claro que sí," Ami dijo.

Los tres hombres miraron escépticamente a las dos mujeres sonrientes.

Ami sonrió pero habló con Serena. "Pienso que el desayuno ya está listo. Vamos a ver que han preparado para llenar nuestro estómagos."

"Una buena idea," Serena respondió, juntas caminaron en dirección a la puerta, Rook las siguió por la mención de la comida. Ellas hicieron una pausa y Serena miró atrás." Cuál de ustedes será mi sombra?"

Andrew se apresuró a unirse a ellas. "Yo tengo el honor," él dijo, extendió un brazo para cada una de las mujeres, ellas aceptaron ser guiadas por él.

"Le voy a hallar a este galán una esposa que se ocupe de que él no seduzca a ninguna otra mujer," Darién insistió.

"Yo te ayudaré," Jedite agregó con un brillo determinado en sus ojos.

El único tema de conversación en el desayuno fue el del asesinato. La muchacha todavía tenía que ser identificada. Muchas personas habían ido a mirar el cuerpo, pero sólo por curiosidad, pero nadie la reconoció. Aún era una extraña, nadie reclamó o habló de una mujer que faltase en la fortaleza o en los terrenos circundantes al castillo. Lo cual estimuló aún más los chismes.

Quién era ella y de dónde venía?

Mientras Darién hablaba con Andrew y Jedite sobre el asunto, Serena y Ami mantenían su propia conversación.

"Dónde pusieron el cuerpo?" Serena preguntó en voz baja.

"Permanece en los establos por el momento, mi Lady."

Serena quería corregirla y pedirle simplemente que la llamase por su nombre como Jedite hacía con Darién, pero ella sabía que eso llevaría tiempo, entonces no mencionó nada "Pienso que sería sabio que fuera a verla."

"Para qué?" Ami preguntó.

Serena sacudió la cabeza. "No sé. Sólo sé que me rehusó a sentirme asustada en mi propia casa y no esconderé mi cabeza en un pozo mientras esta fortaleza podría estar en peligro."

"Es un alma muy valiente, mi Lady."

"Terca, más bien, " Serena dijo con una carcajada.

"Pero cómo lo haremos con uno de ellos." Ami señaló con un gesto de su cabeza a Jedite, Andrew y Darién que estaban reunidos conversando — "... siempre cerca vigilando?"

Serena estaba contenta de ver que ella se incluía en el plan. Ella podía ser valiente pero sería agradable tener una compañera a su lado para enfrentar esa pesadilla.

"Muy Simple," ella dijo, deslizándose fácilmente fuera de su silla sobre la tarima. "Nosotras nos vamos ahora."

Ami la siguió silenciosamente, las dos mujeres se escaparon silenciosamentr hacia la cocina donde Rook se les unió, habiendo terminado su comida mientras los tres hombres estaban absortos en su conversación, ignorando su partida.

Serena se aproximó a los dos guardias aportados en las puertas del establo como si ella tuviese todo el derecho del mundo de estar allí. Ami iba a su lado, con la cesta de remedios en un brazo.

Los dos guardias las miraron extrañamente.

Serena sonrió dulcemente, frotándose las manos y luego las metió debajo de su capa. "Parece más un frío de invierno que de otoño."

Ambos hombres asintieron su acuerdo.

"Vine a atender el cuerpo," ella dijo.

El guardia más joven pareció entender y dio un paso al costado. El otro guardia permaneció donde estaba, todavía escéptico.

"Ella va a preparar el cadáver antes que lo entierren," el guardia más joven dijo.

Resultó ser una explicación razonable y el hombre dio un paso al costado.

"Si hay algo que necesite, mi lady...," el guardia más joven ofreció.

"Gracias," Serena dijo, "pero pienso que tengo todo."

Serena y Ami temblaron cuando la puerta se cerró detrás de ellas, permanecieron muy juntas, sujetándose las manos. Había completo silencio, los caballos no hacían ningún sonido, ningún pájaro podía ser oído gorjeando en las vigas y no había gatos persiguiendo ratones en el establo. Era como si todas las criaturas vivientes estuviesen mostrando su respeto a la muerta con su silencio. Las dos mujeres hicieron lo mismo — el único sonido era el de sus dientes rechinando mientras ellas caminaban hacia donde el cuerpo cubierto yacía, no lejos de la entrada del establo.

Se quedaron quietas reuniendo coraje. Entonces lentamente, con las manos todavía temblando, Ami colocó la cesta en el suelo lejos del cuerpo. Juntas se aproximaron al cadáver y juntas retiraron la manta.

Ellas jadearon cuando sus ojos recayeron sobre la mujer fallecida, la manta se deslizó de sus manos mientras daban unos pasos atrás, Ami susurró, " Santa Madre de Dios... es Mina."

"Cómo?" Fue la única palabra que Serena pudo decir, la repitió varias veces.

"No entiendo," Ami dijo, lágrimas fluían por sus mejillas.

"Cómo ella ha podido llegar aquí?" Serena finalmente preguntó pero realmente no esperaba ninguna respuesta.

"Qué haces, esposa?" Una voz enojada respondió.

Serena y Ami tropezaron mientras se apuraban para girar y enfrentar al Diablo. Jedite estaba a su lado, sacudiendo su cabeza mientras miraba fijamente a Ami.

Serena ignoró el enojo de su marido, con una voz temblorosa dijo, "Su nombre es Mina y ella era una criada de la fortaleza Donnegan."

"Estás segura?" Darién preguntó, apresurándose a su lado. Jedite se unió a él y ambos hombres usaron sus cuerpos gigantes para bloquear la imagen del cuerpo mutilado.

Ami sacudió la cabeza, secándose las lágrimas. "Es Verdad, mi Lord, es Mina."

"Cómo, Darién?" Serena preguntó, como si él supiera a respuesta. Después de todo, el Diablo no sabía todo? "Cómo ella había llegado hasta aquí?"

Darién respondió, como ella sospechaba que haría. No había nada en la fortaleza que sucediese sin su conocimiento.

"Acabo de ser informado de que la llegada de tu padre y tu madrastra es inminente. Sus carros ahora está subiendo la cuesta."

"Por qué Mina llegaría antes que ellos?" Ami preguntó.

Jedite lo explicó. "Uno de los guardias nos dijeron que el padre Fiore llegó muy tarde anoche poco antes que la muchacha, le informó a los guardias que una muchacha estaba por llegar para hablar con él. Estaba muy oscuro para que el guardia pudiera decir mucho sobre la mujer excepto que ella era gorda."

"Mina," Mina confirmó tristemente.

Ami era la único presente que no notó que Serena había empalidecido considerablemente.

Darién inmediatamente fue a su lado, poniendo su mano sobre su brazo. "Ven, vamos a conversar," él dijo, con un gesto de su cabeza hacia Jedite el guió a Serena rápidamente fuera del establo.

Darién caminó con ella hacia su cabaña, el aire frío devolvió el color a su piel pálida. Ella escondía algo y a Darién no le gustaba que ella guardase secretos o que ella no se sintiera suficientemente confiada como para compartirlos con él.

"Por qué querías ver el cuerpo?" él preguntó, aunque su primer pensamiento fue el de gritarle y exigirle que nunca más lo asustase desapareciendo de esa manera. Darién se había sentido aterrorizado cuando había mirado hacia el lugar donde ella había estado sentada sobre la tarima para descubrir que ella se había ido. Su terror se intensificó cuando no pudo ser localizada dentro de la fortaleza y se volvió completamente loco cuando descubrió que ella había ido a los establos.

Había estado agradecido porque el mayor de los guardias había decido que él debía ser informado de la presencia de Lady Serena en el establo.

Serena respondió honestamente. "Quería confrontar mi miedo." Admitir su propia debilidad trajo lágrimas a sus ojos, entró a la cabaña apresuradamente, yendo a encender la leña en la chimenea y varias velas.

Darién la siguió, pero permaneció mudo, permitiéndole que se ocupase de esas tareas, sabiendo que Serena necesitaba ese tiempo para recuperarse de sus emociones y enfrentarlo con coraje. Él habría preferido que ella se refugiara en sus brazos. Pero ella quería confrontar su miedo y él la ayudaría.

Finalmente cuando ella encendió la última vela él preguntó, "Enfrentaste tu miedo?"

Ella sacudió la cabeza y una lágrima cayó por su mejilla.

Él ya no podía mantener la distancia, en un instante la tuvo entre sus brazos, apretándola contra su cuerpo. Sus lágrimas silenciosas se hicieron un sollozo y luego un llanto angustiado que rasgaba su corazón.

Él la alzó en sus brazos, caminó hacia la cama, sentándose con ella en su regazo. La sujetó como a una criatura y la dejó llorar.

"Me siento una idiota," ella dijo entre sollozos.

"No sos ninguna idiota," él le aseguró. "Tienes todo el derecho a temer."

"Yo pensé que todo había acabado..." ella dijo.

"Para vos eso ya acabó. Nadie te dañará, te lo prometo."

Ella sabía que su palabra era como un decreto y que él la mantendría segura — pero, cómo podría hacerlo si ella no le contase toda la verdad a él? Antes que su decisión pudiera ser tomada, un golpe suave sonó en la puerta, Andrew asomó su cabeza después que Darién permitiera su entrada.

"Lord y lady Donnegan llegarán en breve."

"Dónde está Rook?" ella preguntó nerviosamente a Andrew.

El perro oyó su nombre, asomando la cabeza en la puerta. Ella lo llamó y salió del regazo de Darién para abrazar firmemente al perro.

Darién sacudió la cabeza hacia Andrew y él discretamente se retiró.

Serena se puso de pie, su mano apoyada en la gran cabeza de Rook. "Debo prepararme para recibir a mi padre y mi madrastra."

"Iré con vos hasta la fortaleza," él dijo, queriendo sondear más profundamente el miedo que estaba escondido y que él estaba seguro que ella no compartía con nadie. Había algo sobre esa noche que ella nunca había contado — a nadie — era eso lo que causaba que su miedo creciera.

Pero ya no más — ella se lo diría a su marido y confrontaría sus demonios personales delante del Diablo irlandés.

Serena refrescó su rostro con un poco de agua para sacar los restos de lágrimas y acomodó su cabello rubio para esconder su cicatriz—o como su madrastra frecuentemente la llamaba, su vergüenza.

Era extraño pero desde que Darién había descubierto la cicatriz ella ya no se encontraba obsesionada con ella. Frecuentemente su marido corría su cabello a un lado y mordisqueaba su cuello, encima de la cicatriz. Él no parecía ofendido o asustado por la cicatriz y ella se sentía aliviada de que él aceptase esa marca tan fácilmente.

Ella y Rook bajaron las escaleras, entraron al gran salón mientras la conmoción de la llegada de sus padres sonaba afuera. Ella se apresuró a subir a la tarima donde estaba su marido, donde Andrew y Jedite estaban sentados en la mesa larga, pareciendo desinteresados, pero estando extremamente alertas.

"Ven, debemos saludarlos," ella dijo ansiosamente a su marido extendiendo su mano a él.

Darién se levantó de su silla, la agarró en sus brazos, levantándola con facilidad para depositarla en la silla cerca de la suya.

"Esperarás sentada su llegada," él ordenó con una voz que ella sabía que debía obedecer.

Eso enfurecería a su madrastra y no complacería a su padre. Ese pensamiento trajo una sonrisa a su rostro solemne.

"Rook, se va a quedar con Andrew," Darién ordenó firmemente, el perro obedeció, adoptando una posición orgullosa a su lado.

Lady Tsukino y Lord Kenji entraron por las puertas dobles con una correntada de viento. Cuando ellos alcanzaron la tarima, sus cabellos estaban despeinados y sus ropas cubiertas con una fina capa de polvo.

"Qué linda bienvenida me ofreces," Lady Tsukino dijo en un tono de reprensión y le envió una mirada de disgusto a Serena.

La mano de Darién descansaba sobre la de su esposa, él le dio un aprieto para tranquilizarla.

Lady Tsukino de manera poco inteligente continuó reprendiendo a su hijastra. "Yo sabía que no tenías buenos modales." Ella tomó una respiración y atacó al Diablo irlandés. "Él por lo menos tiene la excusa de ser un bárbaro, pero vos..."

Serena se levantó de su silla en un instante, sorprendiendo a todos en el cuarto y dejando perplejo a su marido con sus palabras.

"No te atrevas a insultar a mi marido con tu lengua vil. Estás en mi casa ahora y mostrará respeto por mi marido y todos aquí o no serás bienvenida."

Un silencio muy pesado colgó en el aire, mientras todos contenían la respiración con anticipación.

Lady Tsukino permaneció boquiabierta, sus ojos muy abiertos con perplejidad y descreimiento.

Para acrecentar esa situación incómoda, Serena corrió su cabello hacia atrás de sus hombros y cuello, exponiendo su cicatriz para que todos la viesen.

Su madrastra jadeó y su mirada azorada fue primera hacia su marido y luego hacia Lord Darién.

Darién se levantó lentamente de su silla. Sus hombros derecho, su pecho hinchado.

Todos en el cuarto dieron uno o dos pasos atrás Serena se sintió con ganas de salir corriendo, pero luchó contra ese impulso, colocando su mano con firmeza sobre la suya.

Darién sujetó su mano firmemente. "Tenemos varios asuntos que discutir, Lord Kenji, antes que yo decida si permitiré que se quede en la fortaleza de Shanekill."

Lord Kenji pareció encolerizado pero lidió con sus emociones enfurecidas más sabiamente que su esposa. "Estoy seguro que podemos resolver sus preocupaciones en un instante y disfrutaremos de una visita amigable."

"Vamos a ver," Darién dijo.

"Mientras tanto, tal vez mi esposa y yo podríamos aposentarnos en algún lugar donde podamos refrescarnos después de este viaje tan largo y cansador."

Serena casi se movió para hacer lo que su padre solicitaba, pero el apreton firme de su marido la mantuvo quieta donde estaba.

"Primero conversamos," Darién ordenó. "Lady Tsukino permanecerá aquí en el gran salón hasta que nosotros hayamos acabado."

Lord Kenji pareció listo para dejar escapar su rabia. Fue Lady Tsukino quien permaneció tranquila esa vez. "Yo hablaré con mi hijastra."

Darién inmediatamente la corrigió. "Hasta que le que ofrezca a mi esposa una disculpa por la amenaza de su mensajero tiene prohibido hablar con ella."

"Usted... Usted..." Lady Tsukino encontró difícil poder hablar, estaba muy furiosa por esa orden.

Andrew y Jedite se rieron, varias otras risas pudieron ser oídas en el cuarto.

"Esto es una afrenta," Lord Kenji protestó.

"Concuerdo — y es una afrenta por la que pagará muy caro," Darién le advirtió, las risas inmediatamente cesaron.

"Rook," Darién dijo y el perro se apresuró a ir a su lado. "Cuida a tu ama." entonces Darién envió una orden muda a Andrew para que se uniese a ellos dos. Darién se inclinó, colocó un beso suave sobre sus labios y le susurró a su esposa, "Mantente ocupada y fuera de problemas hasta la cena. Tus padres se habrán ido o estarán arrepentidos cuando vos vuelvas."

Ella sonrió, valientemente lo besó profundamente delante de todos y con voz fuerte respondió, "Como desees, mi Lord."

Él la observó pasar al lado de su madrastra sin una mirada o una palabra, salio por la puerta del frente con Andrew y Rook a su lado. Se sintió seguro sabiendo que ella estaba en buenas manos. Entonces volvió su atención a las visitas.

"Póngase cómoda, Lady Tsukino. Comida y bebida le serán provistas. Lord Kenji, usted se unirá a mí y a Jedite," él dijo.

El hombre bajo y regordete empalideció considerablemente, precedió a los dos hombres fuera del salón.