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El ascenso del fénix
"Una generalísima no es nada sin su pueblo"
El cielo se torno naranja opaco, las nubes parecían encenderse conforme se revestían de oro y purpura, deleitando visualmente a los habitantes de Villa Salmón. Ahí en las milicias del pueblo, desde temprano en la mañana, Winter Snow prestaba declaración de lo ocurrido en Targoviste, su actitud no pudo ser amedrentada por los guardias que la interrogaban de manera agresiva ante las discordias de una versión y la otra. No eran unos ponies despistados, se percataron rápidamente que tanto la versión de los soldados rescatados, como la versión de la pegaso, gozaban de lagunas porque faltaba un elemento en su relato indefinible. No obstante tuvieron que dejar ir a la supuesta heroína, no podían retener más a una yegua de la que difícilmente obtendrían algo diferente a lo que sostenía con tanta firmeza. Winter Snow fue escoltada hasta la salida, el edificio era de piedra labrada casi en su totalidad, bastante cuadrado, de puertas grandes y de una fachada sin mayores detalles de los que ofrecía la roca. La noticia de las dos docenas de soldados rescatados de los cascos del Conde Mefistófeles llego en la mañana, fermento en la tarde y poco antes de que la luna tomara protagonismo en el cielo ya se sabía en todo el pueblo. En los escalones del cuartel faltaron solo unos segundos para que la pony alada desenfundara su espada y arremetiera contra los ponies que salieron de los arbustos, árboles y esquinas con el fin de hacerle un centenar de preguntas y tomarle fotografías con el flash cegador de sus cámaras. Afortunadamente para los reporteros, Galvorn, hace un par de semanas, se había tomado el trabajo de explicarle a Winter Snow lo que era una cámara fotográfica, para que el incidente en el pueblo minero no se repitiera; de lo contrario los titulares de mañana cambiarían drásticamente, informando de una masacre. La pegaso permaneció en silencio, con un semblante serio y autoritario frente a todo el virulento ruido de los reporteros. Miradas indiscretas se asomaban por las ventanas de las coloridas y pintorescas casas de madera alrededor del cuartel, así mismo, los ponies que paseaban cerca de ahí se conglomeraban a ver lo que estaba pasando. Las lámparas de las calles se encendieron lentamente, y solo cuando el silencio por parte de la heroína se extendió por casi cinco minutos, entendieron que si querían respuestas debían permanecer callados. Winter Snow los observo con desprecio, detestaba el ruido innecesario, así mismo que la acorralaran. No obstante, de inmediato cayó en cuenta de lo que debía hacer. Estos ponies querían escuchar sus palabras, ellos deseaban hacerlas llegar a cuanta yegua y semental hubiese en Equestria.
—Que gloriosos tiempos —musito para sí misma, algo en el ambiente le recordaba sus inicios, es decir, los años que paso elevando su imagen y nombre por sobre los demás. Fue difícil que una recluta, entre miles de los que había en aquel tiempo, lograra resaltar de la manera en que ella lo había conseguido. El recuerdo de esas noches practicando muecas frente al espejo, movimientos de cascos y el tono en que decir las palabras, trajo al corazón de la pegaso la agridulce nostalgia. Recordó las concentraciones de ponies, la manera en que la aclamaban sus soldados ¡Y sus poderosos discursos que lograban despertar la voluntad de quien la escuchara! Oh, la fuerza de esos años, la esperanza en todo su esplendor por concretar deseos que parecían imposibles.
—Ponies, a su llamado yo respondo. Mi nombre es Winter Snow —dijo ella en un tono de voz solemne, colocándose su casco derecho sobre su pecho mientras los reporteros escribían rápidamente en una libreta—. Sé que en un momento dado, ustedes habrán juzgado con pesimismo la situación actual del pueblo. Basándose en el poder militar que poseen los nocturnos de Targoviste y la magnitud de su crueldad. Pero he de decirles que no consideraron una cosa, y esa es la voluntad pony; una voluntad que hoy parece olvidada y que crece a partir del propio pueblo equino ¡Ya que si se quiere obtener fuerza, victoria y futuro, hay que forjar el impulso que hace posibles esas cosas! ¡El pueblo es la herramienta, es el herrero y también metal al rojo vivo!
Los reporteros no entendieron muy bien qué relación había entre la noticia y las palabras de la pony alada, pero sintieron la necesidad latente de seguir escuchándola, reprimiendo cualquier tentación de interrumpirla.
—El reino hoy transita por un camino lleno de piedras afiladas, ¿Qué es lo que el mañana tiene para los ponies? Equestria ha sido mancillada, ideales antinaturales y débiles son hoy artífices del hundimiento inmisericorde del reino más grande, civilizado y milenario de toda la historia que ha tenido lugar en la tierra. Pero el sol nos sigue sonriendo, somos privilegiados cada mañana con su luz, así como la luna nos observa con clemencia durante las noches. Mis ponies, tienen ustedes un valor intrínseco en su condición equina, ¡Alguien quiere destruir ese valor! ¿Qué van a hacer ustedes? No crean en ninguna ayuda que no provenga de nuestro propio pueblo ¡El destino de estas tierras, nuestras familias y amigos dependen únicamente de nosotros!
La pegaso abrió sus alas, se elevó un metro y entonces todos quienes estaban ahí pudieron ver su rostro con claridad. Algunas plumas blancas se le cayeron al suelo, ignoro la vergüenza del hecho y abrió sus cascos delanteros, atrapando la atención de sus oyentes con más intensidad. Hizo una pausa en que todos se hallaron expectantes, casi hipnotizados.
—¿El enemigo es invencible? ¡No, el enemigo no es nada! —grito Winter Snow—. Equestria no ha caído nunca desde su fundación, ¿Por qué habría de hacerlo ahora? Si yo pude rescatar a esos soldados, fue porque no hay pony en Targoviste que pudiera detenerme, mi determinación y devoción a las princesas fueron los pilares de esta pequeña victoria ¡He acabado con esos nocturnos traidores siendo apenas una yegua solitaria y desconocida! El Conde Mefistófeles y sus subordinados son mugre en el casco de todos ustedes y el mío, deben ser extirpados sin miramientos ¡Si el enemigo no tendrá piedad y solo quiere la guerra, entonces conocerán el terror de un reino que no admite su extinción! ¡Nosotros luchamos por el pueblo equino, por la conservación de su existencia y futuro! Equestria es un gigante dormido, pero son solo sus ponies quienes pueden despertarlo, ya que la voluntad equina yace en cada uno de ustedes, en su espíritu esperando a manifestarse a través de un carácter que haga temblar el mundo. Junten sus corazones, ya que compartiremos el porvenir. Mis ponies, el miedo los hace vulnerables, mis ponies, el individualismo los vuelve presas fáciles ¡Valentía y fraternidad! Solo así vencerán ¡Solo así venceremos, porque venceremos!
Los oyentes boquiabiertos sintieron una electricidad recorrer todo su cuerpo, como si albergaran un fuego incandescente y rabioso. El sol se ocultó por completo allá en el horizonte montañoso y entonces Winter Snow levanto su casco al cielo, posicionando el otro sobre su corazón, al instante que las estrellas tomaban protagonismo en el firmamento.
—¡A las armas ponies, a las armas! ¡Nuestro enemigo no es invencible nosotros sí! —exclamo Winter Snow añadiendo al instante—. ¡Equestria por sobre todas las cosas!
Una nueva lluvia de luces bombardeo a la generalísima, esta vez acompañada de aplausos de cascos y vítores provenientes de cada pony. Los pueblerinos saludaron desde las terrazas de sus casas sonrientes y eufóricos. En esa calle, a los pies de aquella escalera en los cuarteles de Villa Salmón, Winter Snow conquisto el corazón del pueblo de la mejor manera que sabía hacerlo: hablando. Rápidamente la noticia y las palabras de la pegaso llegaron por medio de titulares a Yanhover, de ahí a los Pegasus y desde la ciudad en las nubes hasta Ponyville y Canterlot. De la misma manera se fue esparciendo y llegando a otras ciudades importantes como Manehattan, Fillydelphia y Baltimore, captando la atención de cada vez más equestres.
"¡A las armas ponies, a las armas!"
Canterlot
Todo fluía con normalidad en la taberna de Tuis, la cotidianidad y la hermosa rutina del día a día no había cambiado un ápice, no obstante se esforzaba por ignorar el terrible incidente que vivió relacionado con Galvorn y aquella pony extraña llamada Cocoa Cookie. La familia Gant Noir ya no lo acosaba, se rumoreaba que hubo un cambio de poder y jerarquías significativo luego de la desaparición de la heredera Suomi, una desaparición que involucro decenas de muertos en su mansión y en otros puntos céntricos de su influencia. El caso de aquella familia mafiosa sin lugar a dudas era apasionante, pero no para Tuis quien quería evitar problemas, prefiriendo quedar en la ignorancia. El día no había comenzado nada mal, un par de fieles clientes recurrentes pidieron lo habitual y otros circunstanciales se juntaron ahí para charlar. Su prometida, Strawberry, una yegua de tonalidades rosa, lo ayudaba con la limpieza del lugar y de vez en cuando atendía la caja registradora; su presencia ahí alejaba los malos pensamientos como luz purificadora. La barra de recepción brillaba gracias a una nueva capa de barniz marrón, a los asientos pegados a la pared se les había repuesto el acolchado y ayer recibieron el relleno habitual para su despensa. La luz del sol atravesaba las ventanas coloridas, las botellas de los estantes habían sido libradas de su fina capa de polvo y las bisagras de la puerta principal habían sido aceitadas. Si las cosas marchaban así de bien el resto del día, Tuis dormiría con una sonrisa en el rostro junto a su prometida. Sin embargo, sin pecar de pesimismo, Tuis estaba expectante a cualquier discordia que arruinara esta armonía, ya que había una frase que siempre le daba vueltas en la cabeza: Algo siempre tiene que salir mal. Su abuelo la decía cada vez que pasaba algo malo, especialmente si antes de aquel mal todos estaban muy bien. Ahora aquellas palabras eran como un rezo para el tabernero, gracias a ellas se había convertido en un pony escéptico y sobretodo difícil de amedrentar. Dicha frase Tuis la tildaba de profética, cada vez que acertaba.
Algo siempre tiene que salir mal.
La campana por sobre la puerta hizo su regocijante campaneo anunciando clientes. La puerta se abrió en toda su extensión, una silla de ruedas atravesó el umbral cargando a un pony delgado que le faltaba una oreja. No se trataba de ningún otro que Galvorn acompañado de su hermana Fírima, quien empujaba la silla. El mundo pareció detenerse para Tuis, cuando sus ojos se encontraron con los de su amigo, tanto así que quedo casi petrificado limpiando un vaso junto a Strawberry quien atendía la caja registradora. Fírima llevo a su hermano frente a la yegua, quien los saludo cordialmente dispuesta a atenderlos con toda la amabilidad posible. Su sorpresa se podía traducir en curiosidad, cuando aquellos ponies pidieron hablar con su prometido a solas. Tuis rápidamente reacciono ante la pronunciación de su nombre, pidiéndole gentilmente a Strawberry que se ocupara de las cosas mientras hablaba con los recién llegados en la despensa. La pony de tonalidades rosa se inquietó por el matiz misterioso que adopto el asunto, pero asintió con la cabeza y sonrió. Tuis guío rápidamente a los ponies a la despensa del local, la cual se ubicaba junto a la cocina en la parte de atrás. Ahí se podían apreciar varios estantes con provisiones para realizar todo tipo de bebidas alcohólicas, así como comida ideal para servir meriendas baratas pero voluminosas. Tuis encendió las luces del lugar, cerró la pesada puerta tras de sí y rápidamente pregunto:
—¿Qué quieren?
—No me mires a mí —dijo Fírima con un semblante enojado—. Yo hubiera preferido nunca volver a mirarte la cara, ya no eres nuestro amigo, eres un traidor que puso en peligro la vida de mi hermano ¿Qué mereces sino nuestro rencor?
—Fírima tiene razón —convino Galvorn.
Tuis miro la silla de ruedas del corcel.
—¿Estas bien? —pregunto el tabernero con ingenuidad.
—No, no lo estoy. Por eso vine en esta silla, camino más lento que una anciana decrepita. Sin embargo, lo que hace mucho menos llevadera mi condición es sin lugar a dudas que tú hayas sido cómplice para que esto llegara a concretarse. ¿Qué esperabas que me ocurriera Tuis? ¿Creías que los Gant Noir nos harían desaparecer tanto a mí como a mi hermana?
—Yo no esperaba nada, Galvorn. Solo obedecí, y espere con un optimismo forzado que todo saliera bien. No podía hacer nada más, obviamente no quería que te mataran, mucho menos que sufrieras, pero estaba entre la espada y la pared ¡Desesperado y obligado a escoger!
—¡Y escogiste terriblemente mal! —exclamo Fírima con indignación—. Confiábamos en ti, nosotros te queríamos.
—Lo siento…
Fírima apretó los dientes y Galvorn suspiro. Hubo una pausa en que recuerdos pasaron por las mentes de los dos hermanos, recuerdos con Tuis y otros ponies. Ellos se conocieron gracias a sus padres, quienes los metieron en la misma escuela. Ahí vivieron una amena infancia hasta que, producto de una oferta de trabajo, los padres de Galvorn y Fírima tuvieron que mudarse a Trottingham donde empezaron una nueva vida. Sin embargo, a pesar del tiempo y la distancia, ninguno se borró de la memoria del otro hasta su reencuentro hace un par de años ya siendo adultos y ejerciendo un oficio. Costaba creer que algo así estaba pasando, pero trágicamente lo estaba.
—De verdad quiero pensar que no tenías opción —dijo Galvorn, para al instante añadir—. Sin embargo, si estoy vivo hoy aquí es porque si la tenías.
—¿A qué te refieres?
—Sobre mí se cierne un ala protectora, o mejor dicho, se cernía. La pony que conociste como Cocoa Cookie, esa yegua que te amordazo, interrogo y amenazo, de verdad era la generalísima desaparecida de hace mil años. No interpretaba ningún papel, realmente era Winter Snow.
—Eso es imposible —musito Tuis, plantando su mirada en Fírima quien le asintió con la cabeza. La hermana de su amigo no era una yegua muy bromista, de hecho casi se podía decir que detestaba las bromas, en especial si eran crueles.
—De habernos dicho toda la situación con los Gant Noir, estoy seguro que hubiéramos podido salir mejor parados de lo que ahora estamos. La cabeza de la familia, Suomi, desapareció gracias a la colaboración de Winter Snow y un corcel enmascarado. No obstante aun yacemos en la incertidumbre de lo que nos ocurrirá. Seguramente tú también.
—No juegues conmigo, Galvorn —le dijo el tabernero sobresaltado—. ¿Te acabas de escuchar? Es una locura. No creí que vinieras aquí a decir tamañas sandeces con el fin de atormentarme. Claro que no había otra salida, de lo contrario la habría tomado.
—Te acabo de decir que existía una —reitero el corcel en silla de ruedas—. De haber sido sincero contigo, probablemente la hubieras tomado, por eso estoy aquí. No puedo poner todo el peso de la responsabilidad sobre tu lomo. En su momento temí por tu reacción, así mismo que no me creyeras, debí actuar primero.
—No sigas, te lo ruego —dijo Tuis al borde de las lágrimas.
Hubo un silencio digno de un cementerio por casi un minuto, en que Tuis mantuvo la mirada clavada en la puerta, como quien luego de una exposición prolongada a la luz necesita un poco de oscuridad. El tabernero quería creer las palabras de su amigo, contemplar la posibilidad de que no todo era su culpa; pero sentía que había un obstáculo imposible de sobrepasar. Sus labios secos querían pronunciar las palabras que le dieran la razón a lo absurdo, pero simplemente no podían. De ser un pony más sentimental quizá hubiera aceptado, pensó.
—Quiero bits —anuncio Galvorn, rompiendo el silencio sepulcral.
—¿Qué tú, qué? —pregunto Tuis sin mirarlo a los ojos.
—Al parecer no me creerás sin importar lo que diga —inquirió Galvorn—. Así que cambiare de estrategia a una que te represente un martirio menor para ti. Por todo lo que pase, quiero una compensación en monedas de oro, ¿Quieres ser el único responsable? ¡Bien! Que no se diga que no lo intente, Tuis, pero luego mis palabras volverán a tus oídos de una u otra manera.
—Compensación —murmuro el tabernero con aire ausente observando a su amigo. Si, ese era Galvorn, aquel pony que aprovechaba cada oportunidad para hacer dinero incluso cuando eran potrillos. Una medida justa, algo con mucho más sentido y menos estrafalario ¡Lo que necesitaba!—. Está bien.
Los ponies acordaron un monto, siendo Galvorn el principal precursor de que la cifra alcanzara cada vez fronteras más amplias, sin embargo Tuis no emitía queja alguna. Fírima fue una testigo silenciosa del acto, y cuando acabaron se dispuso a empujar la silla de su hermano hacia la salida de la despensa. Se despidieron de Strawberry quien atendía en la barra, le desearon buena suerte y atravesaron la puerta con tranquilidad. Tuis se acercó a su prometida quien al instante le pregunto de qué habían hablado. Tuis solo dijo una palabra: Dinero.
El palacio de Canterlot hoy recibía la visita de Twilight Sparkle, la princesa de la amistad, con el fin de que las tres princesas tuvieran una reunión que involucraba decisiones de Estado e iniciativas que guardaban estrecha relación con la tesorería. La alicornio de pelaje morado ya había asistido a tan exclusivo encuentro en otras ocasiones, pero esta era la primera vez que lo hacía utilizando magia para poder mover sus músculos. Las heridas superficiales que le habían dejado el asalto a Targoviste, con la misión de rescatar a la princesa mi amore cadenza, habían desaparecido gracias a la confiable medicina equestre. Sin embargo aún sufría de heridas internas que le complicaban su vida diaria, a pesar de emplear hechizos muy poderosos para lidiar con ello; en cierta forma, un poco retorcida, se sentía feliz de ser una maga lo suficientemente talentosa para tener esta opción, la cual no tenían sus amigas que aún se encontraban en el hospital. Pero, como era de esperar, tal orgullo la conducía directo hacia la culpa de no poder ayudar a sus amigas todo lo que se esperaría de una hechicera de su reputación. No obstante, este día en específico, decidió apartar por unas breves horas esos pensamientos que la mortificaban tanto, para así colocar todo de sí misma en la reunión venidera. Cuando Twilight estaba frente a las princesas admiraba la manera tan serena en la que se conducían, e intentaba imitarlas con el objetivo de ser una mejor princesa. Tristemente estos últimos días se ponía muy nerviosa por frente a cualquier eventualidad, anunciando el fin caótico de todo, producto de cualquier detalle insignificante que escapaba de su control. Un ejemplo de esto último fue el hecho de que hace tres días, leyendo un libro sobre biología de la biblioteca Canterlot, se encontró con que faltaba una página, la numero trecientos cuatro, la cual busco desesperadamente durante horas en otros libros de biología hasta que Spike, quien le dijo que estaría ahí antes de que oscurezca, reviso el libro que supuestamente le faltaba una página, encontrando que tenía dos hojas pegadas. Lo que debió haber hecho Twilight es ir con el bibliotecario, quien seguramente también lo hubiera notado, pero tomo la decisión más radical e ineficiente abstraída en ello durante horas. ¿Eran quizá efectos secundarios de sus hechizos médicos? Twilight no descartaba esa posibilidad, pero la respuesta que más predominaba entre sus opciones es que estaba preocupada por sus amigas, por ella misma, por las princesas ¡Por toda Equestria! En el horizonte un enemigo se hacía más fuerte y poderoso, cada día y noche que dejaban pasar sin hacer algo más. Temía que todo lo bello, bondadoso y bueno que conocía se manchara y fuera destruido, esa era la verdad que quería creer.
La habitación en la que se encontraba ahora, Twilight, era muy espaciosa y circular. Las paredes eran blancas con pilares y pequeñas estatuas intercaladas, una gran mesa redonda hecha de madera de roble y un gran candelabro de cristal se podía apreciar justo arriba. Había veinte asientos, de los cuales diecisiete estaban vacíos, y los tres únicos ocupados se encontraban en distintos extremos de la mesa, la cual estaba con pilas de pergaminos y documentos.
—Es la primera vez en siglos que nos vemos obligadas a redirigir fondos de esta manera —comento Celestia, firmando un pergamino para al instante colocarle el sello real.
—Si —convino Luna apilando unas hojas—. Pero el ministerio de salud no se hundirá porque bajemos un poco sus cifras, gracias al ministerio de educación tenemos un pueblo sano y con grandes proyecciones a futuro.
—Pero ese ministerio también se verá privado de presupuesto —señalo Twilight flotando un pergamino frente a ella—. No creo que estén felices con esto.
—Sería ilógico que lo estuvieran —dijo Luna lánguidamente—. La situación así lo demanda, el ejército ha funcionado con un escaso presupuesto por siglos, que las instituciones que dependen de la corona lo tengan que hacer un corto periodo de tiempo no significa el fin de ellas.
—Las medidas impopulares no se pueden extender un largo tiempo, ya que generan descontento. Y cuando ya es generalizado hay consecuencias inevitables —dijo Celestia con una mirada evasiva—. Quiero que sepas, Twilight, que tus ideas no han caído en saco roto.
La alicornio purpura asintió, pero Luna no entendía a que se refería su hermana por lo que, con curiosidad, pregunto:
—¿Qué ideas?
Twilight sonrío y dejo lo que estaba haciendo unos segundos.
—Como princesa de la amistad creo que la educación es el medio más eficaz para garantizar una convivencia sana y amigable entre los ponies. Le había comentado a la princesa Celestia algunas medidas que quisiera implementar en las escuelas, con la aprobación del ministerio de educación, para evitar que discordias tomen fuerza cuando sean adultos —dijo Twilight con orgullo, y rápidamente añadió—. Me he usado a mí misma para la base empírica de mis tesis, espero tener la oportunidad de compartirlas con usted, princesa Luna.
—Oh, me encantaría, Twilight Sparkle —declaro la princesa de la noche con una sonrisa.
—Cuidado Luna, parece que nos quieren reemplazar en la gestión del reino —bromeo Celestia.
—¡Nada de eso! —exclamo Twilight preocupada ¿Cómo podían pensar algo así de ella? Las princesas eran irreemplazables, no tenían igual cuando se trataba de administración.
Luna soltó una risa por lo bajo ante el semblante de la joven princesa, se sentía bien tener estas pequeñas pizcas de alegría en el gran platillo lleno de amargura que últimamente está siendo la vida. Los semblantes de las princesas no tardaron en volverse serios y apagados a los pocos minutos conforme su tarea avanzaba, hablando de asuntos de la corona, firmando pergaminos y flotándose documentos de un lado hacia el otro. Celestia pensó por unos instantes en su fénix Philomena, deseo que estuviera ahí para hacerle compañía, la deidad del sol gustaba de contemplar las plumas de su mascota ya que le recordaban el fuego, así como la melena de Sunset Shimmer. En ese momento aprovecho de preguntarle a su querida aprendiz sobre Sunset, si es que había regresado al mundo del espejo o no.
—Sigue en Canterlot —le respondió Twilight—. Quiere quedarse hasta que se solucione el asunto, dice que no podría dormir sabiendo que Equestria se encuentra en semejante peligro. Yo en lo personal me alegro de tenerla cerca, a diferencia de Rarity, con ella si puedo hablar sobre magia.
—Ya veo —mascullo Celestia—. Me gustaría hablar con ella si es posible, yo
—… ¿qué es esto? —interrumpió Luna en un tono de consternación, levitando un pergamino frente a su hermana.
La alicornio del día solo tuvo que leer en encabezado para tener una respuesta a la interrogante.
—Oh, bueno, los viejos cuarteles de la Guardia Secreta aun guardan cosas que nos podrían ser útiles. Aprobé el permiso para su exploración y reparaciones porque algunas zonas se encuentran en muy mal estado.
—¿Y por qué no me lo dijiste? —le increpo la princesa de la noche.
Celestia guardo silencio unos segundos.
—Lo iba a hacer ahora —respondió eligiendo cuidadosamente sus palabras—. Es una decisión que tome hace poco, mira la fecha, firme ese pergamino ayer.
—Pero la iniciativa aparece como tuya —repuso Luna—. No de los ministerios, no de la nobleza, tú figuras como el origen de la propuesta. ¿Cuánto tiempo llevas pensando en esto y no me has dicho? Sabes que todo lo concerniente a… esas yeguas, me importa mucho.
—No creí que el ministerio de obras públicas me daría los recursos para ello —admitió Celestia—. Me lleve una gran sorpresa cuando pude firmar para que todo se pusiera en marcha.
Luna resoplo y se tranquilizó, liberando al pergamino de su levitación mágica, dejando delicadamente sobre la mesa. El ambiente se volvió tenso, sobre todo para Twilight quien pensó que lo mejor que podía hacer ahora, era darles un poco de espacio a las hermanas alicornio, pero afortunadamente el sonido de un casco tocando la puerta disipo la incomodidad que había invadido la habitación. Se trataba de un guardia, quien una vez obtenido el permiso de entrar, entrego a la princesa de la noche un periódico. Luna tenía la costumbre de leer el periódico plebeyo, en lugar del reporte real que leía su hermana realizado por el ministerio cultural. Solemnemente agradeció la virtud servicial de su guardia y le permitió retirarse. Decidió que lo mejor era posponer su lectura hasta que los deberes reales llegaran a su fin, sin embargo basto con echar un vistazo a la primera plana para sobresaltarse y seguir leyendo apresuradamente. Celestia, inquieta frente al semblante de estupefacción de su hermana, se acercó a ella y miro el periódico.
—Imposible —murmuro Celestia quedando boquiabierta.
En el periódico aparecía el nombre de "Winter Snow" en letras grandes, colocándola como protagonista del gran rescate de los veinticuatro soldados. Las princesas estaban al tanto de que tal hecho había tenido lugar, sin embargo no tenían todavía un nombre al que adjudicarle esa hazaña. El titular era:
"A las armas ponies, a las armas"
Esas son las palabras de la gran salvadora de nuestros veinticuatro valientes soldados, quienes fueron capturados en Targoviste tras el heroico asalto para rescatar a la princesa My Amore Cadenza. "No crean en ninguna ayuda que no provenga de nuestro propio pueblo ¡El destino de estas tierras, nuestras familias y amigos dependen únicamente de nosotros!" —Dijo la susodicha, tras haber prestado declaración en los cuarteles de Villa Salmón. Lea a continuación el resto de sus declaraciones y…
Entonces Luna aparto el periódico rezongando completamente furiosa, evitando así que su hermana pudiera seguir leyendo.
—¡Sabía que esto pasaría! —exclamo la alicornio nocturna—. No podía permanecer en el anonimato, quiere de nuevo el poder, ¡Ese maldito monstruo con forma de pony!
—Hermana, estas gritando —le señalo Celestia a manera de pedirle que bajara el tono de voz, pero sus palabras cayeron en oídos sordos abstraídos por el enojo.
—¡Geisterritter! ¡Geisterritter tu ama te invoca! —grito Luna con su voz real, pero no hubo manifestación alguna de su siervo—. Esto no debía pasar, no debería estar pasando ¡debí haber evitado que pasara! Mi deber para con el reino se ve comprometido con su sola existencia, lo correcto en su momento hubiera sido entregar a esa psicópata a los grifos y minotauros. Todavía la odian a pesar del tiempo.
—¿De quién están hablando? —pregunto Twilight Sparkle intrigada, levitando con prontitud el periódico que había quedado sobre la mesa. Tenía la misma información que las hermanas alicornio hasta el momento, no obstante su reacción disto mucho de la de ellas.
—Se llama como la desaparecida generalísima de hace mil años —señalo Twilight sin darle mucha importancia—. ¿Tienen alguna relación con ella? ¿La enviaron ustedes a Targoviste?
—Twilight, es un poco complicado de explicar en estos momentos —le dijo Celestia, mientras su hermana rezongaba por lo bajo tratando de calmarse.
—Esta pegaso logro salvar a veinticuatro ponies sola, nosotras necesitamos un ejército para rescatar a Cadance —dijo la alicornio purpura con asombro—. Si algo importante rodea a esta pony, tengo que estar al tanto. ¿Pertenece a la guardia real? ¿Dónde vive?
—Ahora no es el momento —insistió la deidad del día con severidad.
—¿Por qué no le dices hermana? Cometes un error —increpo Luna con un semblante sombrío. Entonces dirigió su mirada a Twilight Sparkle quien se sobresaltó un poco—. Hay ponies peores que Mefistófeles, mucho peores, y uno de ellos tiene ciudadanía equestre.
—Twilight, dejemos la reunión hasta aquí por hoy. Tengo que hablar con mi hermana a solas —proclamo Celestia, y antes de que su alumna pudiera replicar le dio una mirada que casi le eriza el pelaje. La deidad del día solo usaba esa mirada con su aprendiz cuando hablaba muy en serio, o cuando se decepcionaba con profundidad de ella. La última vez que la vio fue poco antes de la boda entre su hermano y Cadance, posteriormente a haber vociferado la maldad de la que creí en ese momento era su niñera de infancia. El recuerdo de las lágrimas amargas y la tristeza de ese día la trastoco lo suficiente para que abandonara la habitación en silencio, cabizbaja mirando el suelo. Twilight no sabía exactamente lo que había hecho mal, pero, de alguna manera, se responsabilizaba completamente por ello.
Había transcurrido un día, y Twilight Sparkle todavía se veía afectada por lo ocurrido en la habitación de reuniones en el palacio. Ella se encontraba en uno de los grandes miradores de Canterlot, los rayos del sol le daban una sensación agradable en el cuerpo y el aire fresco le sentaba muy bien para disolver su estrés. La capital equina era una ciudad esplendorosa y magnifica, pero solo en Ponyville se podía gozar de un contacto más estrecho con la naturaleza, cosa que Twilight extrañaba. A su lado, su fiel asistente Spike la acompañaba en silencio mirando el paisaje verde y montañoso. El mirador estaba casi en su totalidad compuesto por mármol blanco, salvo el barandal que estaba hecho de oro y los faroles, los cuales eran metálicos y pintados de negro con detalles dorados. La alicornio morada tuvo un pensamiento que se volvió recurrente, como el soplar de la cálida brisa, simplemente no podía apagar su curiosidad respecto a esa yegua que hizo a Luna perder la compostura. Sin embargo tenía que admitir que eso último no era tan difícil como algunos podrían imaginar; aunque la mayor parte del tiempo fuese una pony tranquila con gestos y palabras muy amables. Algo importante le estaban ocultando, no había duda sobre eso, y a pesar de que su maestra la quería mantener en la ignorancia, ella como princesa no podía quedarse al margen de ello.
—Vamos Spike, tenemos que hacer algo —anuncio Twilight dándole una mirada llena de determinación a su asistente.
—Tampoco pensaba quedarme aquí todo el día.
—Enviaremos una carta a Villa Salmón. Hay una pony a la que quiero conocer.
Villa Salmón
Los veinticuatro soldados que habían llegado al pueblo fueron enviados desde los cuarteles hacia Canterlot, con el fin de responder preguntas y ver a sus familias. Para el traslado se puso a disposición de los ponies un barco globo aerostático, nave muy resistente y veloz, que estaba equipada con todas las comodidades posibles, para hacer ameno el viaje a la capital. El barco emprendió vuelo en la mañana, surcando los cielos hasta volverse un punto invisible en el firmamento. Winter Snow había sido recibida como huésped en una casa cerca del puerto, perteneciente a una humilde y amigable pareja de ancianos. El semental era un unicornio de pelaje gris y melena plateada llamado Sprocket, mientras que la yegua era una pony de tierra de pelaje rosa pálido y melena celeste muy blanquecina llamada Lily. Winter veía con buenos ojos tener un lugar en el que dormir, comer y bañarse, pero intentaba no abusar de la confianza y generosidad de los dueños. Ellos se encontraban sentados en una banca frente a la milicia en el momento en que la pegaso habló a los reporteros que la abordaron, y al igual que el resto de los ponies, quedaron bastante impresionados con la fuerza y peso de sus palabras. Al final de aquellas declaraciones, la pony alada entro a la milicia rápidamente, provocando que la conglomeración de ciudadanos se disipara con prontitud. Sin embargo, la pareja de ancianos se quedó en su banca un par de horas más, disfrutando de la tranquilidad nocturna. Entonces, cuando llego el momento de irse a su hogar, vieron a Winter salir de los cuarteles para acto seguido sentarse en las escaleras del edificio. La joven yegua no se veía triste, pero si desamparada, como si ya no tuviera idea que hacer o a donde ir. Sprocket observo con preocupación el rostro a su esposa, y basto con su mirada para ponerla al tanto de sus intenciones. La yegua asintió con la cabeza, sonrío y dejo que su esposo se acercaba a la joven. La pony alada miro un poco desconfiada al semental, pero dispuesta a escucharlo, recibiendo rápidamente un ofrecimiento que representaba la solución a su problemática. Así, Winter Snow, tuvo acceso a una bañera en la que limpiar su ya sucio pelaje y una cama en la que descansar durante la noche, además de una mesa sobre la que desayunar en la mañana. La pareja de ancianos fue tan amable con ella que tomo la decisión de que, si llegaba a obtener el poder nuevamente, les devolvería el favor de alguna forma.
Winter Snow se encontraba en la sala de estar, ojeando los libros que coleccionaba el semental en una estantería. No lograba reconocer ningún título, lo mismo con los autores, pero aun así le daba la oportunidad a cada libro de seducirla. El corcel se encontraba en un sofá verde junto a la ventana, leyendo el periódico mientras fumaba una pipa, la puerta de la casa estaba a su lado y la había dejado abierta para que el humo del tabaco se lo llevara el viento. En el centro de la sala, sobre un sofá mucho más grande pero del mismo color verde, se encontraba Lily tejiendo una bufanda roja bajo la luz de una lámpara, esperando a que se enfriara un chocolate caliente que reposaba encima de una mesa frente a ella. En las paredes se podían distinguir fotografías de la feliz pareja, la mayoría junto a sus hijos quienes ahora estaban en la guardia real.
—¿Han vivido siempre aquí? —pregunto Winter a los ancianos.
—Yo y mi familia y todas sus generaciones hacia atrás, ha vivido del mar desde que Villa Salmón se fundó hace casi trecientos años —le respondió Lily sonriendo, añadiendo—. El abuelo llego aquí siendo un corcel joven.
—Yo crecí en Fillydelphia —dijo el corcel—, vine aquí cuando termine mis estudios de geografía. Conocía a la abuela más o menos a tu edad, nos enamoramos y nos casamos. Desde ese entonces no hemos querido vivir en otra parte de Equestria que no sea aquí, es hermoso despertarse y poder ver el mar.
—Prefiero las montañas —comento la pegaso, sentándose sobre sus cuartos traseros.
—Algunos ponies también lo prefieren así ¿Por qué te gustan más?
Winter pensó su respuesta unos segundos.
—Sé que siempre estarán ahí, no importa cuántas veces mire a otro lado.
—En cambio el mar cambia constantemente, es impredecible ¿No es así?
La pegaso asintió con la cabeza.
—Conozco a muchos ponies que piensan de esa forma —prosiguió Sprocket—. Hay un dicho que profesa, "quienes no soportan la naturaleza cambiante e impredecible del mar, es porque no aguantan que haya cosas fuera de su control".
—No seas tonto abuelo —dijo Lily—. Las montañas también son impredecibles, ¿No has oído de las avalanchas de nieve?
—No todas las montañas tienen nieve —aclaro el semental—. Además no estas entendiendo el punto de lo que digo.
Un corcel pegaso toco la puerta abierta, recibiendo al instante la mirada de todos los presentes. Por su vestimenta azul y gorra donde resaltaba un emblema alado, se podía deducir que se trataba de un mensajero, cuya peculiaridad era que pertenecía al ejército. Rápidamente se disculpó por la intromisión y saco una carta desde el interior de sus alforjas, anunciando que el destinatario era Winter Snow. Los ancianos se inquietaron un poco, ya que no habían dicho a nadie de que tendrían a la famosa pony alada como inquilina, y al preguntarle al mensajero este explico que los agentes de seguridad que patrullan la ciudad le dieron la ubicación exacta de Winter Snow.
—Al menos los servicios de inteligencia no se han deteriorado —comento la pegaso sarcásticamente para sí misma, recibiendo la carta y leer el remitente—. Así que la milicia.
El mensajero se despidió cordialmente de los ancianos y se marchó. Entonces Winter abrió el sobre y leyó su contenido. Aunque el origen de dicha carta era la milicia, no fueron ellos quienes la redactaron, siendo meramente un medio para que llegara a los cascos de la pony correcta.
"Querida Winter Snow.
Mi nombre es Twilight Sparkle. He oído de tus hazañas, creo que has dado una pequeña luz de esperanza al reino, en especial a las familias de aquellos ponies que rescataste en Targoviste. Por razones que prefiero no detallar en esta carta, requiero de tu presencia en el palacio de Canterlot, para que tengas una audiencia real conmigo. Es muy importante que acudas a mí cuanto antes, ya que las materias que he de tratar contigo son muy delicadas. Junto con esta carta he mandado la orden a uno de los fieles servidores de la corona que tenemos ahí, para que te lleve a Canterlot en globo aerostático. Estará esperándote en los cuarteles de Villa Salmón según le he especificado.
Atentamente: Princesa Twilight Sparkle de la amistad."
—He logrado atraer la atención de la poderosa Twilight Sparkle, la grande y temible —dijo Winter Snow, guardando la hoja de papel en el sobre—. He de acudir a su llamado, a una divinidad como ella no se le debe hacer esperar.
—¿Te vas a ir? —inquirió el anciano.
—Sí, así lo demanda la gran Twilight Sparkle.
—Oh, la princesa de la amistad —dijo sonriente Lily—. Quizá quiera premiarte o algo así, si quiere que vayas debe ser por algo bueno.
Winter Snow rápidamente se dirigió a la modesta habitación donde paso la noche y recogió sus alforjas, y en la entrada de la casa se despidió de los amables ancianos.
—Quiero que sepan que han brindado un gran servicio al reino —dijo la pegaso—. Compartirán este momento de gloria con toda su descendencia, les deseo bienestar y que Celestia siempre ilumine su camino.
—Oh, han pasado décadas desde la última vez que vimos a la princesa —dijo Lily—, seria agradable verla por aquí algún día de la semana.
—Abuela, ella se está refiriendo a que Celestia nos ayude con sus grandes poderes divinos, en nuestra vida cotidiana —aclaro Sprocket.
—Eso también sería muy bueno —dijo Lily, abriendo los ojos de tal forma que dio la impresión de haber recordado algo—. Espera un momento, jovencita.
La anciana entro a la casa y al regresar extendió una bufanda roja a Winter Snow. La pegaso había visto a la yegua tejerla, pero no se esperaba de que fuera para ella.
—Para que nos recuerdes —declaro la pony terrestre.
Winter sonrío son sinceridad y se puso la bufanda alrededor del cuello con gratitud.
—Muchas gracias, señora Lily.
Con sus alforjas listas, un obsequio y el estómago lleno, Winter Snow abrió sus alas elevándose a una gran altura en pocos segundos, alejándose del lugar hasta perder a la pareja de ancianos de la vista. En el techo de los cuarteles la pegaso distinguió un gran globo aerostático de tonalidad turquesa, color que le recordó los ojos de Nexus Spectra. Descendió hasta la entrada y entro a la milicia. La sala de recepción se podía resumir en un cuarto con dos escritorios y banderas de Equestria al lado de las puertas. Los ponies que ahí atendían ya habían sido informados de la situación, así que le dieron un número de piso y oficina a los que acudir. Winter subió al tercer piso, ahí camino un poco extraviada hasta una puerta donde se podía apreciar en una placa dorada el nombre de "Daring Swing". Golpeo tres veces la puerta con su casco derecho y a los pocos segundos una voz masculina la autorizo para entrar. La oficina era pintoresca, por dos ventanas entraba la luz del sol, en las paredes había estantes repletos con objetos llamativos intercalados con fotografías y el suelo estaba completamente alfombrado. Casi en el centro, sentado frente a un escritorio, se encontraba el sargento Daring Swing, un corcel viejo de pelaje color miel y melena verde agua pálido. Frente al semental, en otro asiento, se podía distinguir a una unicornio de pelaje color nogal, melena de dos tonalidades de negro y ojos azules.
—Oh, usted debe ser la señorita Winter Snow —saludo Daring Swing levantándose de su asiento, a la vez que la unicornio giraba la cabeza para ver a la recién llegada—. La estábamos esperando, su majestad Twilight Sparkle nos ha puesto al tanto.
—Así es —convino la unicornio sonriendo, para acto seguido levantarse de su asiento y extender su casco derecho a Winter Snow—. Mi nombre es Remy, desde su aparición en los periódicos que he queridos conocerla. Seré la encargada de llevarla a Canterlot.
Los ojos dorados de la generalísima hicieron un contraste delicioso con los orbes azules de Remy. Cuando choco su casco con el de la unicornio, Winter supo de inmediato que estaba frente a una yegua digna de temer, ya que no podía concebir una sonrisa así de falsa y que a la vez, luciera tan sincera.
Targoviste
El conde Mefistófeles, sentado en su trono gótico, miraba con pesar a través de uno de los altos ventanales del salón real, como el corazón de su gran ciudad era objeto de reparaciones exuberantemente costosas. Si la tesorería entregaba cuantiosos fondos a los ministerios de armamento y guerra, un gasto de tal calibre en reparaciones, no hacía sino vaciar aún más las arcas del Estado. Muy enojado se tocaba la cicatriz del cuello, enfadándolo mucho más lo que simbolizaba, que el hecho de haber sido herido ahí. El día anterior había tenido una audiencia con el teniente coronel Danziger, quien como era de esperar, responsabilizo a Myrrina de lo ocurrido en la plaza morada; argumentando que fue su intromisión lo que entorpeció su brillante estrategia de llevar a la intrusa a un lugar abierto donde fuera un blanco fácil. Mefistófeles se tuvo que admitir a sí mismo que había subestimado la situación ¿Pero desde cuando los pegasos son capaces de hacer tanto? Es decir, Night Watch era la pony con alas más rápida y peligrosa que conocía, pero ¿Una diurna con semejantes características? ¡Inconcebible!, había puesto en una misión muy delicada y precisa a un sanguinario que solo sabe volar cosas en pedazos, Myrrina se lo había dicho así. Pero el tablero de ajedrez seguía sobre la mesa y él todavía tenía piezas a su disposición, solo tenía que mover la pieza correcta en el lugar indicado.
Las enormes y pesadas puertas del gran salón se abrieron, entrando una pegaso nocturna vestida con una armadura samurái negra como su capa y portando una menpo en su rostro. La yegua camino por la larga alfombra negra, deteniéndose sobre la sombra del gran candelabro de oro que colgaba varios metros sobre su cabeza. Ahí se inclinó solemnemente y se puso a disposición del Conde.
—¿Cómo se encuentran tus alas, Night Watch? —pregunto el oscuro unicornio.
—En perfecto estado, Myrrina hizo un excelente y sensual trabajo.
—Pocos seres tienen el gran don de curar, como lo tiene ella —alabo Mefistófeles a su hechicera—. Confío en que estés lista para tu misión y que no me fallaras.
Night Watch levanto su mirada, contemplando a su teatral señor.
—He visto la manera en que vuela, he probado su fuerza y reacciones. La traeré a Targoviste, viva como usted desea, para que pague por lo que hizo —dichas estas palabras, Night Watch saco desde el interior de su armadura samurái una gema azul brillante que colgaba de una pequeña cadera—. Sera su voluntad la que predomine esta vez.
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"menpo" es un tipo de mascara samurái.
Este capitulo fue inspirado en el libro "Ha Vuelto" de Timur Vermes.
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