"Estrellas De Oriente"
En Contra del Destino
Amy esta fuera de sí ¿Qué sucedió para que perdieras tus sueños e ilusiones? No hagas tonterías huir no solucionará tus problemas… Amy ¡Qué haces en lo alto de ese edifico!... Yael decidió huir lejos pues no piensa acudir a la Torre de Tokio para enfrentarnos… Pero Yael no puedo abandonar a mis amigas… Este es mi destino. Hoy presentamos:
28. Sentimientos al descubierto
Sonaba casi a milagro. De la nada como se enfermó Yael sanó. Amy pensaba cada día más en que Luna tenía razón y más allá de que fuera un ser maligno algo había dentro de ella que alteraba su energía vital como su salud física. Estaba terminando de servirle de desayunar, ya era tarde para la escuela y la niña todavía seguía buscando una tarea que había hecho hacía días y hoy debía entregar. Amy revisó el correo y su gato amarillo se pegó a sus piernas buscando una caricia de su dueña.
- Eres muy empalagoso – sonrió Amy acariciándolo y el gato respondió con su tierno ronroneo
- Y chillón… No olvides eso – le gritó Yael desde la sala
- Aun no puedo creer convencieras al encargado para que me dejara tener al gato
- Le dije que estabas desahuciada y era tu última voluntad y en cuanto murieras el gato se iba – soltó una gran carcajada – Le dije no daría problemas
Pero Amy ya no escuchaba estaba pasmada. Había recibido una carta de Canadá. La arrugó en la mano sin saber qué hacer o decir pues Yael aparecía ya en la cocina
- ¿Te escribió alguien?
- No – contestó con sequedad
- ¿Estás bien? – la miró con cierto recelo pues sabía que Amy nunca era franca
- Sí y vete ya ¿Quieres?
- Sí
Pero Yael no se quedó del todo convencida así que se salió antes de clases para ir a verla. Amy había palidecido, estaba tan asustada y a la vez tensa que Yael podía asegurar más o menos de qué y quién era la carta. Apenas llegó a casa y se encontró con Amy todavía desconcertada, no lograba hilar una idea tras otra hasta que finalmente la conversación entre ellas se volvió torpe y sin sentido.
- Yo quiero – comenzó Yael después de casi una hora de absoluto silencio – Que seamos amigas
- Ya lo somos – musitó como si quisiera que ella no lo oyera
- Y me gustaría confiaras en mí… Es decir me dieras la oportunidad de…
Pero Amy ya no escuchaba nada. Estaba volteada de espaldas Yael con el recuerdo en Canadá. De nuevo veía como imagen nítida a ese chico entrando al hospital y dando saltos de alegría. Le habla de sueños, del poder de alma y el amor mientras Amy reía pues aunque sus teorías podrían estar acertadas su manera de contarlas resultaba demasiado cómico.
- Basta – dijo con voz inaudible
Y como Yael no veía su rostro no se dio cuenta que Amy acaba de peder la cabeza. El silencio se hizo presente, la quietud parecía un buen fondo para un alma en muerte. De la nada rompió con odio la carta en un arrebato jamás visto en ella.
- Termina estas tonterías – gritó antes de salir de la casa
Yael se agachó para recoger los pedacitos de la carta.
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Jordane debía admitirlo, aunque fuera para él, extrañaba a Lita pese a todo se había enamorado de ella y de alguna forma lo vio bien cuando creía que ella moriría pero cuando vio que aquel romance podía durar una eternidad el pánico se hizo parte de él. Emitió un fuerte suspiro y volvió a acariciar a la hermosa gata. Lita no era exactamente lo que ella esperó o imaginó para su vida, pero había algo muy especial en la niña… era la magia de sus hermosos ojos, su manera tierna y dulce de ser, esa inocencia que lo cautivó desde el primer momento…
- No sé qué hacer Luna, ella debe odiarme – rascó la barbilla del animal
"Que tal decírselo" pensaba Luna dejándose llevar por los mimos del chico.
- Y si se lo digo… La amo, de verdad, la amo… Nunca había sentido esto y… Creo menos me hará caso pensará que la busco porque ahora es muy rica…
"Oh sí que se sacar la lotería solucionó muchos de sus problemas pero le dio muchos más… Bueno así no se aburre ¿o no? Y Aparentemente así tú tampoco te aburres y haces maldades" sonrió la gata
- No sabía los gatos se rieran, supongo que eso es un anímate
Se arregló lo mejor que pudo. Sacó del cajón su mejor ropa y su loción especial. Peinó su cabello relamido y antes de salir revisó minuciosamente su persona. Se metió en el saco la carta que intentó escribirle aunque las palabras no tenían mucho sentido en esos momentos.
- Deséame suerte Luna – y el gato emitió un maullido
No podía evitar sentirse contento. Y su sonrisa se desvaneció en cuanto vio que Joshua estaba con ella. Tomaban su mano y hasta le musitaba hermosas frases al oído que la hacían reír. Hecho una fiera se fue contra Joshua, pero los ánimos guardados por largo tiempo no ayudaron mucho a ninguno de los dos. Joshua reaccionó de inmediato de la forma más impredecible. Sin miramientos lo golpeó y ambos desencadenaron las pasiones que por tanto tiempo durmieron en sus interiores. Lita les pedía se detuviera pero ambos estaban tan enloquecidos que hasta la tierna niña se dio cuenta que aquella pelea perdió su sentido
- Que pretendes – repetía Joshua mientras Lita intentaba detenerlo
- Dímelo tú… Te has dedica a robarme lo que me pertenece
Y a esas alturas Lita ya no sabía con certeza si se referían a ella o algo más.
- No soy un objeto – chilló la niña
Dio media vuelta dejándolos que se mataran, pues al final quien tenía la decisión era ella y eso ambos lo olvidaron.
Era de noche ya. Su madrastra trabajaría esa noche. Estaba cansada, demasiado para poder mantener sus ojitos abiertos y a pesar del sin fin de trabajo que tenía se fue a la cama a las siete. Pero la misma preocupación la despertó cerca de las dos de la mañana. Aún no terminaba la tarea y Amy estaba tan extraña desde la carta que el solo hecho de hablarle la molestaba. Era como si sus emociones estuvieran tan confundidas que no hubieran encontrado mejor manera de salir que no fueran con esos estados de arrebato incoherente. Se levantó de la cama.
- Que raro – se fijó en la cama de Amy. No estaba
Revisó el calendario, quizá también trabajaba ella. Volvió a la cama.
- Veamos… Un día sí, dos no… – y las cuentas no le salían ¿Dónde podría estar Amy?
El aire arreciaba haciendo que el cuello de la blusa se levantara sin control alguno. Sus ideas corrían sin control, una saltaba después de otra sin lógica como si de repente hubiera perdido la poca coherencia que le quedaba. La locura se apoderó de su razón y ser. Morir sonaba más sencillo que aceptar se equivocó. Solamente pedía un minuto de silencio, apagar el dolor y poder si quiera decir: Me equivoqué. Más no se trataba de orgullo, sino de ese sentido innato de soledad ¿Cómo iban a cambiar las cosas? ¿Cómo hoy iba a tener quién cuidara y velara sus sueños cuando toda la vida estuvo sola? Se subió encima de la barda de la azotea. La realidad era que no pensaba. Amy Mizuno pedió el sentido, y hasta la meta; fue así como el camino se volvió risorio pues era como avanzar a ciegas sin una verdadera razón mas que la imitación. Recordó las palabras de Yael pero hasta ello le sonaba sin sentido. Cerró los ojos dejando que el helado viento enfriara su rostro. La muerte besó sus labios llamándola a la eternidad, donde ya no sufriría porque no existiría… Y si no sería así, por lo menos no tendría que vivir fingiendo. Quería ser libre, poder ser sin temor a fallar, a que su misma perfección le robara el aliento de vida. Inclinó el cuerpo hacia delante y la caída libre estaba por empezar. La adrenalina contagió a su ser volviéndose su corazón una máquina acelerada. Pero no cayó, abrió los ojos y el vértigo se hizo presente, literalmente colgaba de un edificio de veintitantos pisos
-¿Tratas de escapar? – Y Yael hacía esfuerzos sobre humanos por detenerla
- Déjame ir – gritó Amy y las lágrimas brotaron sin control
- No, no sueñes, no te dejaré…
-¡Suéltame! – gritó Amy
- Por favor ayúdame, no te podré subir sola
- No lo haré y si sigues así nos mataremos las dos
- Bueno espero hagan un descuento en la funeraria porque no te voy a dejar – gritó Yael
- No lo entiendes… Eres una niña y no puedes verlo… Es lo mejor, por favor déjame ir
- Estas escapando y eso no es justo… No es justo – se impulsó hacia atrás buscando hacer que Amy subiera pero la resistencia de la joven era tal que resultó contraproducente – Yo no quiero morir
- Entonces suéltame… Y no me hables de injusticias ¿Es justo que mi perfección sea parte de mi destrucción? ¿Es justo que solamente sirva para estudiar y hoy vea mis sueños deshechos?
-¿Justo? – y Yael enfureció – ¿Es justo apartar tus ojos de la verdad? No puedes ver… Abre los ojos y observa la verdad no lo que deseas ver… Prometiste ser mi hermana, prometiste que seríamos amigas y podíamos confiar la una en la otra… ¡Lo prometiste! – ya estaba desesperada
- Te mentí – contestó Amy son sequedad
Silencio. Y el tiempo eterno que se detuvo para que aquella imagen perdurara en sus mentes hasta el fin de los días. Amy miraba con decisión a Yael pues así como la niña no estaba dispuesta a soltarla, tampoco ella a seguir viviendo entre mentiras y falsedades. Fue entonces que lo recordó con claridad. Sí, Yael habló de la intensidad de las pasiones, poder vivir "Quiero encontrar el valor de ser yo… Pero ni siquiera tengo una idea clara de quién soy, porque quiero llenarme de fuerza para seguir adelante por mis sueños, por mis ilusiones…" eso mismo quería Amy, encontrar un sentido a su vida sentir que gana, y llenarse de triunfos como en épocas pasadas. El valor de ser ella misma. El valor de mostrar quién era sin temor, poder decirle a su madre que estaba aterrada que ya no quería ser médico y hasta quería tomarse un largo receso fuera de la escuela. Poder admitir ante sus amigas que no era perfecta, que se equivocaba tanto o más que ellas… Poder admitir ante sí misma que el amor le ganó, el miedo se apoderó de su razón y la inexperiencia de su corta edad fue más fuerte que todo aquel cúmulo de conocimientos en su cerebro. Silencio. Eterno silencio.
- ¿Tratabas de huir? – por fin había logrado poner a salvo a Amy. Pero Yael estaba segura de que lo volvería a intentar al menor descuido
- Tengo miedo – susurró Amy – Le he fallado a todos y te mentí… No voy a cambiar de idea…
- No es así, has sido una muy buena hermana conmigo y de verdad… Mi amiga…
- No quiero regresar a Canadá… No quiero seguir estudiando y mucho menos pararme en el hospital o saber algo de medicina… necesito tiempo y ya no lo tengo Yael… Déjame morir, deja que por fin pueda descansar y dejar de sentir pena por mí… Déjame ir…
- No eres Dios – susurró Yael aún mirando el suelo
De nuevo Silencio. Amy estaba en una esquina sentada con la cabeza echada hacia tras observando el firmamento. Yael estaba sentada en media azotea con su vista fija en el suelo. Dos almas, dos seres que al final de cuentas era muy similares y que aún así no podían comprenderse. Era verdad, los humanos estaban condenados a la soledad…
- No…
Amaba a ese muchacho, tanto que hasta su urticaria volvió causándole algunos problemas. Pero Jeremy siempre supo cómo hacer que su conciencia dominara a sus miedos. Y el fin de aquel romance de ensueño llegó más pronto de lo que ambos imaginaron. Estaba de guardia en el hospital, Jeremy se despidió, tenía prisa por ir a casa, esperaba una llamada de su hermana desde Montreal. Amy lo besó, fue algo tan instintivo que olvidó penas o su timidez característica. Jeremy sonrió. Quién iba a decir que ésa sería la última vez que lo vería. A los diez minutos Amy oyó un fuerte rechinido de unos neumáticos y el impacto de un auto. Cual fue su sorpresa, cuando salió y vio que un auto acaba de arrollar a Jeremy, corrió a su auxilio y la locura se apoderó de su ser, no pudo actuar, el pánico la dominó…
- Una camilla – lloraba a su lado
Y después de tres horas él había perecido. Amy no pudo reaccionar.
- ¿Y nunca te preguntaste a qué le tenías miedo?
- Un médico no puede tener miedo…
- Un humano tiene miedo a perder a los que ama…
- No hice nada, estaba tan mal que no podía ni siquiera pensar… Pude haber salvado a Jeremy y aunque no lo hubiera podido hacer no quiero volver a estudiar ni regresar a Canadá o si quiera saber nada de nada
- ¿Y no crees es natural? No eres Dios Amy… Estás triste y hasta deprimida, perdiste a alguien a quien amabas y ahora te toca reinventar tu vida porque él no va a volver
Por primera vez Amy lloró, por primera vez aceptó que era cierto y él se había dio. Sintió de nuevo miedo, de perderse en la oscuridad, de que de las manos se le fueran las personas que amaba. Su cuerpo temblaba y sus lágrimas se volvieron un mar de emociones encontradas que por tanto tiempo dejó atrapadas en su alma… Moría lentamente… Yael la abrazó
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No encontró mejor opción. Huirían de todo el mundo, buscarían la forma de ser felices lejos de aquel remolino de sensaciones. Escaparían lejos antes que enfrentarse en la Torre de Tokio y si el Universo entero conspiraba para destruirlas no importaba, no para Yael porque prefería morir por lo que creía y amaba que por sueño quiméricos y falacias.
Discutir sobre lo mismo ya no importaba, sentir pasión o no tampoco era un argumento válido, no lo era para la princesa de la Luna ni para quien en un tiempo se convertiría en el heredero de un legado de terror, pero ¿Importaba algo el destino impuesto por herencia? Sí, importaba para aquellos que decidieron sus vidas, importaba para todos los que vendrían delante y las generaciones que respaldaban ese legado.
- Niega a tu nombre
Más no bastaba con olvidar un nombre o una herencia. No, para un amor, no para prevalecer la paz
- Me mentiste – reclamaba ella como si buscara un punto perfecto para terminar esa ilusión
- Yo no te mentí – se resistía tanto como lo hacía a amarla.
Podían pasar la noche discutiendo, podían revelarse sus íntimos secretos y lo único que de verdad deseaba Serena era detener aquella locura, sacar de su mente a Yael para siempre y volver a vivir su vida, mas su otra parte de alma deseaba dar el paso final, amarla hasta el amanecer, suplicar al universo entero por una triste oportunidad, por un solo segundo para amar como sucedió en aquel beso que rompió con las reglas y con su cordura. Ahora entendía a Haruka y Michiru. Ahora vivía el amor y la desesperanza.
- Somos sólo tú y yo – sentenció Yael en su manera extraña de forzarla a tomar decisiones ya
Pero Yael tenía razón con el tiempo ellas se convertirían en perfectas enemigas pues ambas nacieron para ser el Némesis de la otra. ¿Cómo lograría sentir odio por la persona que le abrió los ojos al paraíso? ¿Cómo tendría el valor de seguir viviendo en esa atmósfera de soledad? ¿Cómo explicar que no podía regresar y tampoco podía seguir adelante con ese amor? ¿Cómo pelear contra la ley natural? Ya no quería pensar, ya no quería saber que existía un mundo aparte de ellas. Quería tomar su mano y llevarla lejos donde nadie más pudiera existir y su amor pudiera ser verdad ¿Pedía demasiado? Pedía tanto como se lo pedía Yael. Ella no podía hacerse la fuerte, endurecer su corazón con algo como esto y hacer que nunca ocurrió para dentro de un par de meses convertirse en enemigas.
- Es verdad, te amo, es verdad, te amo porque todo lo que deseo en el mundo es amarte, porque lo único que deseo es verte feliz y…
- Pero no importa quien ama o quién no – sentenció Serena – No importa ¿Serías capaz de negar tu nombre por mi?
- Sería capaz de todo por ti
Y su cabeza seguía dando vueltas como si aquel estallido aún no cesara. Aquel beso nunca concluyó, ahora se repetía en escalas más intensas y su corazón pedía a gritos por la oportunidad de amar mientras su razón quería detenerse.
- No harás nada ¿Verdad? – adivinó Yael
Negó con la cabeza. No se trataba de eso, se trataba de lo que estaban haciendo, de los deseos que no podían ser cumplidos por ser meros caprichos o tristes utopías. No podía simplemente tomar sus cosas y escapar con ella aunque así lo anhelaba con toda su alma. No iba a abandonar a sus amigas, su familia, el destino del universo por amor… Se trataba de deber…Se trataba de más que amor.
- No importa. Lo que siento por ti es real, tan real como es el sol y existirá como el brillo de las estrellas.
- No es tan fácil – la paró en seco Serena
¡No era tan fácil! No podía Serena estar hablando en serio ¿Alguna vez pensó que no merecía la felicidad? Se trataba de luchar por su propio paraíso, crear una realidad de un sueño perfecto. Y la discusión se acaloró porque Serena no estaba dispuesta a negar quien era por un amor
- No volveré a quedarme detrás de un cristal observando cómo me abandonas – se levantó de la mesa recordando lo que una vez ocurrió en el Milenio
- ¡No estoy diciendo eso!
- Ya lo hiciste una vez y por las mismas razones que hoy me das, quédate con tu mundo, quédate con tus sueños porque yo me quedaré con la responsabilidad de ser feliz… Ya sabes lo que pasará y sabes donde estoy… si nos quedamos tendrás que ser mi enemiga queramos o no… Nuestro destino aquí es morir, una oportunidad te estoy pidiendo una sola oportunidad…
- No puedo… No puedo, nací para defender la tierra, nací para luchar por el amor y la justicia
- Empieza a luchar por tus propias causas y no por las ajenas… No volveré a quedarme viendo cómo te vas con él… No me quedaré a ser tu enemiga.
Y salió del restaurante. Serena trató de seguirla, pero Yael retiró el brazo bruscamente pues ya nada quería más que una respuesta franca y directa. Un sí o un no ¿Mucho pedir? Para Serena sí, se trataba de traicionar todo lo que creyó, para lo que nació y hasta para lo que tantas veces estuvo dispuesta a morir. Yael tenía razón, aquí nunca existiría un mundo para ellas.
- Por favor – y el llanto se hizo presente
- No llores eso jamás resolverá nada y menos tu indecisión
Y se quedó llorando en medio de la calle mientras veía marchar al amor de su vida por una indecisión que quizá le costaría la felicidad…
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Yael se negó a contestar sus llamadas y se negó a admitir que una vez existió, pues la historia como fue contada estaba a punto de comenzar. No hubo una oportunidad para amar, no hubo una oportunidad para cambiar su destino. Cerró los ojos. Deseaba huir deseaba morir en su intento por no tomar partido, quería a amar a Serena y ahora debían convertirse en enemigas. Odió a Michiru, odió a su vida y se odio a sí misma por se quien era.
En el Próximo Capítulo:
-- Pobre Serena siempre pasa algo cuando intenta hablar con Darien y ahora que ha regresado menos puede hablar con él
-- Hotaru irá a una casa de campo pero algo extraño sucede…
-- Rini se ha presentado ante Hotaru algo en ella cambió y Hotaru siente desconfianza
-- No es posible… Hotaru ha muerto en Biotecnología Fox Corp.
C O N T I N U A R Á…
