Capítulo XXVIII

Nanami callo desmayada en la arena, su ataque no roso ni por error a Remus que estaba siendo protegido por una burbuja de cristal, cortesía de su segundo al mando Peter; Nami había gritado cuando el cuchillo había salido volando en dirección a Nana, pero la mano de Luffy había logrado pararlo a solo centímetros de la cara de la pelirroja mayor, la cual, ante la impresión, cayo inconsciente. Las cosas no pintaban bien, menos ahora que había mas marines rodeándolos, y apuntándoles con armas de todo tipo. Rebecca que aun seguí siendo presa de aquel mostro temblaba de miedo, no por ella, sino por sus bebés que se habían comenzado a retorcer dentro de ella.

-"Por favor"- la navegante estaba haciendo un esfuerzo sobre humano para no llorar -"déjala ir, tómame en su lugar"- había dejado su arma en el suelo, y comenzó a subir los brazos en señal de rendición -"ella no tiene nada que ver, así que porque no la sueltas, yo soy a la que buscabas ¿no? Mi vida por la de ella ¿Qué te parece?"-.

-"Nami"- susurro Rebecca mordiéndose el labio.

-"¿Quién dice que no es culpable de nada?"- pregunto el almirante -"fornicar con un pirata es traición, engendrar a sus hijos es doble traición"-.

-"Pero como dijiste a los niños no natos no se les puede juzgar"-.

-"Nami no lo hagas"- Luffy susurro, viendo la palma de su mano herida.

-"¿Qué demonios dices?"- la pelirroja apenas giro su cabeza para verlo -"este asunto no te concierne, que tome mi vida, mi libertad, mi todo, pero que la suelte"- dijo molesta -"si la culpable de este lio he sido yo, no me podre perdonar si algo le pasa"- sus ojos se cerraron con fuerza, ya no podía aguantar el llanto -"¡si algo les pasara no podría perdonármelo nunca!"- grito a todo pulmón.

Se oyeron unos aplausos, lentos, llenos de ironía, y después una carcajada que helo a cualquiera que la oyera. Remus aun con su linda rehén se había aplastado en la arena, poniendo a Rebecca en su regazo; la daga que apuntaba a su vientre ahora estaba clavada en la tierra, pues la esfera de cristal, les protegía de cualquier ataque. Su risa fue remplazada por unos murmullos inentendibles, algo así como una nana para apaciguar a la pobre madre que temblaba en sus brazos.

Él había ganado la batalla y con solo unas cuantas gotas de sangre, había sido tan fácil, pero tampoco era para alardear, sabia de antemano que los piratas que tenía enfrente habían hecho escapadas casi milagrosas de embrollos que ni los mas idiotas buscaban. Suspiro, había sido tan fácil, pero un no terminaba, tenia que considerarlo, y considerarlo a grandes rasgos, no quería fallar, no debía fallar, su fiel venganza estaba a solo unos centímetros de la palma de su mano.

-"¿Tu que dices Pit?"- dijo el almirante jugando con el pelo de su víctima.

-"Es una propuesta bastante decente"- se peino el pelo azul, y después miro al resto de piratas -"aunque dudo que una mujer en su estado, llegue muy lejos"-.

-"No habrá problema en este mar, no hay corrientes de aire, no hay tormentas o ciclones"- había comenzado a tejer una linda trenza en el pelo de Rebecca -"pero los mostros que habitan en estas aguas, no dan clemencia"- le dio un leve tirón, haciéndola gemir de dolor.

-"Podemos negociar"- dijo Law rápidamente.

-"Una palabra bastante conocida por ti ¿no es verdad?"- Peter seguía jugando con su pelo recién teñido.

-"Tres super novas, sin trucos"- soltó de inmediato su nodachi -"tres piratas que escapan, con solo un día de ventaja"-.

-"¿Quién asegura que no es una trampa?"- de dentro de su saco blanco saco una liga -"¿Quién me asegura que no irán por refuerzos?"-.

-"¿Quién nos asegura que no iras tras ellos en el momento que nos pongan las esposas?"-.

-"Bien jugado doctorcito"- con un movimiento rápido termino la trenza y le puso la liga -"escoge Pit"-.

-"La rubia y el narizón"-.

-"Yo me quedo, que Nami tome mi lugar"- dijo Sanji dando un paso atrás, negándose dejar a la navegante en medio de todo esto.

Peter les había dado la espalda, estaba dando ordenes para que le acercaran un bote con dos pares de remos, y algo de agua, al igual que pedía unas buenas esposas reforzadas para los tres prisioneros de alto rango, y el esqueleto; no se inmuto cuando un disparo se oyó a sus espaldas, aquel inútil había tentado su suerte. El almirante había apuntado tan cerca de la pierna del cocinero que inclusive le había hecho una pequeña rajadura en el pantalón, muy cerca de la rodilla.

-"¿Qué no oíste?"- pregunto, rascándose con el revolver la mejilla -"la gata se queda, y yo le permito a esta dulzura irse"- con el cañón aun humeante comenzó a picarle los cachetes a la pobre mujer -"tu no me sirves"- comenzó a señalar con la pistola a ambas pelirrojas -"ellas si, así que puedes recibir un tiro del oficial que está detrás de ti, o acatar las órdenes, tú te largas y te llevas a esta vaca inútil, y al narizón"-.

No se discutió más, el pequeño bote ya estaba en la orilla, había una mochila con algo de comida, solo para unas horas, antes de que les dieran caza, y los remos requeridos para cada pirata. Usopp con las piernas tambaleantes camino sin ver directamente a los ojos, a cualquiera que se le atravesara, mientras Sanji camino con paso firme,

-"¿Nami?"- dijo el rubio al pasar a su lado.

-"Soy moneda de canje"- sonrió -"si mi vida puede salvar más, creo que estoy dispuesta a dárselas"-.

-"Hey cirujano de mierda"- el cocinero apenas volteo a ver al mencionado -"espero que ella salga ilesa de todo esto"-.

Rebecca fue empujada al bote, trepándola con brusquedad, que, si no fuera por Usopp que ya estaba montado en la frágil barca, hubiera caído de panza sobre los remos. La mujer se mordía el labio inferior, intentando no llorara más; era su culpa, ella debió de haberse ido con Robin como lo había sugerido la arqueóloga, pero su necedad la había metido en aquel lio. El bote fue empujado por Sanji, que, con una sonrisa, susurraba que todo iría bien, aunque en realidad las cosas estaban bastante enredosas como para saber.

- "¡Dile a mi ahijado que lo amare siempre!"- grito la gata ladrona, caminando hacia el almirante -"que me disculpe porque tal vez no cumpliré mi promesa"- dijo lo ultimo tan bajo que realmente nadie la oyó.

Remus la miraba con hambre, como si fuese un delicioso pedazo de carne asándose a las brasas en un día de verano, como una cerveza fría después de un largo día de trabajo; no le importaba que los demás viera el deseo que aquella pelirroja despertaba en él, que se jodiera la marina y el gobierno, ella seria para él, pues así los dioses lo habían dispuesto. Cuando la tuvo a solo centímetros de él, la abraso con desespero, como si temiera que se esfumaría en un instante; olisqueo su pelo, y con sus enormes manos, acaricio los hombros de la pelirroja.

-"Años soñando este momento"- soltó un suspiro -"años deseando tenerte entre mis brazos"- jadeo apretándola más -"de ti quede prendado desde el primer momento que me viste, con tus ojos chocolate"- soltó una risita casi inocente -"eras solo una bebé y yo ya deseaba que te convirtieras en esto"- se separo de golpe para admirar a su captura -"en la mujer que me daría lo que más deseo"-.

-"¿Y que deseas?"- pregunto en tono seco.

-"Oh muchas cosas, querida"- la giro para que viera a sus demás amigos -"pero primero tengo que deshacerme del resto de estorbos"-.

Peter tomo unas esposas, y aunque eran de piedra marina, no pareció afectarle; esposo primero a Luffy que era el más impulsivo, apretó bien los grilletes, sin importarle que le cortara la circulación al sombrero de paja, de hecho, algo de sufrimiento previo a su ejecución no le haría nada de malo. Llamo a un marine que estaba detrás del grupo, para que lo encaminara al uno de los botes, ordenándole también que no despegara su pistola de la cabeza del mono en cuestión, no se podía predecir a ese tipo. Zoro fue el siguiente, y aunque este no fuese un usuario le pusieron unas idénticas a las de su capitán, de nuevo ordeno a otro marine llevar al infame cazador de piratas hasta un tercer bote.

-"El cirujano de la muerte"- dijo el hombre con pelo de paleta -"¿Quién diría que esto sería más que una alianza?"-.

-"¿Quién sabe?"- respondió aburrido extendiendo sus manos.

-"Sabes"- puso con rapidez los grilletes -"puede que tome algunas fotos de cuando mi capitán viole a la gatita"- apretó con enjundia las esposas -"te las mostrare poco antes de que te ejecuten, así podrás ver que gozo cada momento de su tortura"-.

Law hizo el ademan de dar un paso al frente, y Pit instintivamente retrocedió dos; Trafalgar no iba a atacar, no podía, ponía bastante personas en riesgo si se atrevía. Rebecca, el cocinero y el tirador, aun no estaban tan lejos, aun se podía ver la melena rosa de la futura madre, y algo de humo del cigarrillo de Sanji; sabía que podían ir mas rápido, y que el Sunny no estaba lejos, pero por algo iban atrasando su avance, algo que a simple vista no se podía ver.

-"Morirás"- bramo, encaminándose al esqueleto parlante que aún lo esperaba.

-"Al final todos morimos"- dijo Law, comenzando su caminata.

Frente a él, Remus acariciaba sin pudor el rostro de la navegante, y sonreía como un tonto enamorado, susurraba las perversiones con las que había soñado, desde que supo que "la pequeña gatita" se había convertido en toda una mujer. Sujetaba su cara y la admiraba con vehemencia, para después besar su frente; podía ser todo muy cariñoso, pero en los ojos de aquel marine, se podía ver perfectamente la demencia y el toque de lo retorcido en todas sus acciones. Cuando la tomaba de la barbilla usaba mas fuerza de la necesaria para obligarla a verlo, cuando sus dedos peinaban aquel pelo cobrizo, se aseguraba de arrancarle un par, para que ella hiciera esa cara de dolor minúsculo que mostraba cuando el dolor era pasable; sus dedos se encajaban en sus mejillas dejando marca por unos instantes, y la besaba como un borracho besa a una botella de ron barato.

-"Law"- dijo la pelirroja con una triste sonrisa en los labios

-"Nami-ya"- respondió.

Hubo una pausa en el mundo, el tiempo no corrió, y los malditos marines desaparecieron del fas de la tierra. Trafalgar leyó con cuidado sus labios, y sonrió, hacia mucho que no oía, o mas bien en ese momento, veía a alguien pronunciarle tales palabras dirigidas a su persona. No supo que responderle, solo la miro, como lo hacía cuando quería admirar todo lo que ella era y representaba, le sonrió con suficiencia, y se encamino al cuarto bote que estaba en la playa.

-"Ven"- Remos la empujo para dar inicio a lo que tenía planeado -"asegúrense de que estén en barcos separados, y que partan inmediatamente"- ordeno -"no quiero sorpresas"-.

Nami se giro para ver por ultima vez a sus nakamas y con una sonrisa fue aceptar su destino; no iba esposada, pero si sujetada del brazo, aunque esta vez no era un agarre para nada fuerte, así que fácil se podía liberar, pero aun estaba la incógnita de lo que seria capas el hombre a su lado. Suspiro pesadamente, no sabia realmente lo que quería y aun así se sacrifico por una mujer que hace solo menos de doce meses la consideraba una peste, a la que le deseaba que su ropa favorita se encogiera y su cartera terminara perdida, pero algo en ella cambio, algo en ella nació, y sin duda a pesar de que era pronto para saberlo, o averiguarlo, sus sentimientos cambiaron para bien.

Sus manos picaban recordando lo ultimo que hizo antes de que esa pesadilla empezara, antes de que el mundo se viniera abajo, y su destino fuera incierto. Iba ser la madrina del bebé de Luffy, y Law iba ser el otro ¿coincidencia? Tal vez, pero eso la hizo sentir en aquel momento feliz, cuando Rebe-chan le confeso los sexos de sus criaturas, cuando le conto que su capitán le otorgaba ese privilegio solo porque sin ella jamás hubieran llegado a su destino, no había más alto honor. Sus ojos comenzaron a gotear de nuevo, no debía de llorar, no ahora que sus pequeños ahijados estaban a salvo.

Una mano velluda la hizo frenarse y olvidarse de todo lo que tenía en la cabeza, estaban en un área donde no había estado antes, si mal no recordaba en el área este de la isla. Había pequeños nacimientos de agua, que dejaban salir algo de vapor con olor a azufre; el fondo se miraba con claridad, las piedritas brillaban como si tuvieran diamantina y en cada una de las piscinas naturales. Sintió el filo de una daga en la parte trasera de su cuello, y después frio; con dos simples movimientos la había dejado desnuda frente a uno de los pequeños hoyos.

-"Dúchate"- ordeno paseando su índice por la espalda de Nami.

Sin chistar de un salto entro al agua, no le agradaba la sensación que esa bestia causaba en ella; era una mescla de terror y asco, algo a lo que se acostumbro cuando estaba bajo el mando de Arlong.

-"Capitán"- Pit apareció con Nana en los brazos -"¿Dónde la dejo?"-.

-"En la mesa de piedra, querido Peter"- sonrió acuclillándose frente a la pelirroja menor -"en la mesa de piedra"- repitió.

De dentro de su saco, extrajo una bolsita de terciopelo, que le tendió a la navegante para que la usara; ahí dentro había jabón en barra, con olor a romero, y champú con olor cítrico. La navegante de los sombreros de paja los tomo de mal modo, y le dio la espalda. Sin ordenárselo Pit hizo aparecer un domo de cristal alrededor de la pequeña piscina natural, así su presa no escaparía tan fácil.

-"Explíqueme de nuevo el plan jefe"- Pitt comenzó a molestar a la mujer que yacía dormida en la mesa de piedra -"no quiero ser negativo, pero esto no me cuadra"-.

-"No tiene que encajar al principio mi querido niño"- su mano jugueteo con los cabellos rojos de la mujer dormida -"ni yo sé cómo demonios lo he logrado, pero sí sé que después de esto, la marina tendrá gran ventaja, y la escoria del mundo sufrirá"-.

-"Bueno, aunque esto no funcione, tenemos tres supernovas de la peor generación"- so tono de voz era desinteresado, no le importaba mucho lo que fuese a pasar con esas dos mujeres.

-"¿Cuándo has visto un tiburón falla en su caza?"- pregunto molesto -"yo quiero darle al mundo un arma contra los maleantes, y eso les daré, tomare lo que por derecho me corresponde y veré al mundo convertirse en un lugar mejor desde la sima"-.

Nanami comenzó a retorcerse, despertando de su letargo, aturdida y desubicada, se incorporo sobre la enorme piedra donde esta semiconsciente; la cabeza le daba vueltas y se sentía algo débil, oía voces, pero muy lejos de ahí, voces sucias y llenas de rencor que la traían al presente y al pasado, sin saber perfectamente en donde estaba, ni lo que estaba viviendo.

-"Nami"- dijo en un susurro.

-"Despierta bien, cariño mío"-.

Como un balde de agua helada, esa voz la hizo acomodar todas sus ideas revueltas; estaba en las piletas, sobre la enorme mesa de piedra, y enfrente de ella dos hombres, de los cuales a uno lo conocía bastante bien, como para saber que de ese lio no iba salir ilesa.

-"Tu maldito hijo de perra"- soltó con furia, lista para atacar.

Pero había un inconveniente, sus manos llevaban unos grilletes de piedra marina, lo que la hacia sentirse débil, y no poder usar su fruta de diablo. Si los dioses la odiaban por lo que había hecho en el pasado, esa era forma de demostrárselo.

-"No debes de hablar así"- dijo con burla el almirante -"¿Qué pensaría tu hija de esa boca sucia que tienes?"-.

-"A ella no la metas en esto"- rugió.

-"No querida ella no está en esto"- se sentó a su lado -"por ella, se ha hecho esto"- le acaricio el rostro -"quién piensas que despertara a la bestia ¿eh? Quien crees tú que es la clave para que los mares se enfurezcan, y se traguen la tierra que esta sobre el ¿dime?"- sus ojos azules estaban opacos -"Cuando nació tu abuela dijo, que era la que se tragaría la luna, la que despertaría al mar, la única e inigualable joya vuelta mujer"- soltó una risita -"y me pertenece por ley"-.

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Sus ojos grises no perdían en ningún instante la isla, algo pasaba, que inclusive el agua comenzó a temblar. Como arte de magia la enorme montaña que rodeaba el cenote de agua dulce, fue desapareciendo, dejando después de unos minutos, y varias sacudidas, una isla completamente llana. Fue como si aplastasen una bola de masa con la mano, dejando una tortita de isla que solo sobresalía por sus miles de árboles. Suspiro cansado, aun no lo bajaban a las celdas, lo tenían atado del mástil, para divertirse un rato con él, jugarían "piquen al pirata con un palo" o con una lanza, cualquier cosa larga que pudiese sacarle un ojo.

-"El cirujano del amor"- se rio uno de los marines -"¿Quién diría que te gustarían esa clase de mujeres?"-.

-"¿Qué clase?"- pregunto un chico incrédulo.

-"De las bobas con tetas que se unen a piratas, solo para fornicar"- soltó una risotada, y pateo el suelo haciéndolo casi caer.

Ella no era así, era lista, podía leer el cielo con claridad, podía sentir la humedad en el aire sin necesidad de ningún aparato, ni Bepo siendo un mink que tenia sentidos mas desarrolladas que ninguno, podía sentir esa minúscula variación, que daba paso de una tormenta a un ciclón, de un día nublado, a un cielo despejado en cuestión de minutos. Cerro los ojos, recordando cuando ella dijo que no importarían sus gemidos, que el clima estaba de su lado, y en el momento del primer orgasmo, un rayo partido el cielo, callando su grito ahogado.

-"¡Había fruta podrida en la cocina!"- grito un viejo cargando una canasta.

Perfecto mas humillación, aunque no seria por mucho tiempo, seria un placer cortarles en mil pedacitos y no saber dónde empieza uno y termina el otro. Recibió un tomatazo en la cara, bueno debía de admitir que tenían buena puntería.

-"Al almirante no le molestara"- de nuevo el mas joven de todos vacilo en seguir a sus mayores.

-"Es un pirata qué más da"-.

En efecto el era un pirata, uno de los once super novas de la peor generación, el cirujano de la muerte, capitán del Polar Tang, Trafalgar D. Water Law, ex miembro de los shichibukai, aliado de los sombreros de paja, y amante de la gata ladrona. Y no necesitaba de su habilidad para librarse de esos bastardos en cuestión de minutos.

-"¿Qué edad tienes chico?"- pregunto viendo, que, aunque en su mano hubiera un proyectil, no lo lanzaba.

-"Dieciséis, señor"- respondió aprisa.

-"Oye Ralph no le muestres respeto a esta basura"- el cocinero del barco estaba ebrio -"no será más que carne para tiburones, una vez terminemos con él"-.

Si los marines hubieran puesto mas atención, hubieran notado que uno de los sarcillos del cirujano de la muerte, ya no estaba donde debía; si sus rizas hubieran sido mas bajas, hubieran notado como se oía fuerte y claro un "clic" a las espaldas del despiadado pirata. Si tan solo hubieran seguidos las recomendaciones, de atarlo con todas las cadenas de kairoseki que había en el barco, o lo hubieran metido a las celdas de inmediato, no hubieran sufrido las consecuencias de burlarse de él.

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No están soñando, esta vez no demore mil siglos en subir otro capítulo, aunque admito que estaba listo desde hace más de un mes, pero lo acorte bastante, porque eran más diálogos sin sentido, que no llevaban a ningún lado.

Pero bueno.

Espero y les guste, y estamos a solo tal vez cinco capítulos de ver final a esta historia retorcida, contando el epilogo, que esta vez sí subiré.