CAP. 27 Planeando el futuro
Las horas pasaban... le había dicho a Godric que tenía algo muy importante que decirle. Quedamos en el mismo lugar de siempre: junto a nuestro lago.
Durante toda la mañana y gran parte de la tarde estuve pensando en cómo darle la noticia... ¿Cómo se lo tomaría? ¿Le haría tanta ilusión como a mi? Pero... quizás esto no encajara en sus planes... A lo mejor el no quería ser padre tan pronto... Bueno, realmente, eso no disminuía mi ilusión: iba a ser madre. Iba a tener un hijo del hombre al que amaba...
Con este hermoso pensamiento en mi mente me dirigí al lago. Cuando llegué el ya estaba allí, sentado sobre la hierba, esperándome. Eso era una novedad, ya que el siempre llegaba tarde a nuestras citas...
En el momento que me vio llegar se levantó y vino hacia mi.
- Cariño, me dejaste bastante preocupado ¿Qué era eso tan importante que tenías que decirme?
- Verás... creo que es mejor que te sientes.
El obedeció, con cara de no entender a qué venía tanto misterio.
Nos quedamos callados unos segundos, mirando el sol poniente reflejado en la tranquila superficie del lago.
- Bueno, ¿me vas a decir de una vez que es lo que ocurre?
- Esto... Lo que te voy a decir va a cambiar nuestras vidas para siempre... Sobre todo la mía...
- Oye, me estás asustando. ¿Tiene que ver con esos mareos que has tenido últimamente? No será que... has vuelto a enfermar...
Vi la preocupación en su rostro. En ese momento me quedó más claro que nunca que me amaba, tanto como yo a el. Finalmente le miré y sonreí... a lo que el respondió con una mirada de extrañeza.
- Godric, yo... estoy embarazada.
Por un segundo su cara adquirió un color verde nada propio de el. Estaba claro que no esperaba esa noticia...
- ¿Qué?
- Vamos a ser padres.
Poco a poco su rostro recuperó su color habitual, y su expresión de perplejidad se fue tornando en una sonrisa. Vino hacia mi y me abrazó.
- Hel, esto no me lo esperaba... – dijo feliz - ¿Estás segura?
Yo simplemente asentí, y el me besó.
Realmente, le había hecho mucha ilusión enterarse de que iba a ser papá... Eso me hacía inmensamente feliz.
Empezamos a divagar sobre cómo sería nuestro hijo, si sería niño o niña, incluso empezamos a barajar nombres...
En esto se nos fue toda la tarde, y cuando nos dimos cuenta ya había anochecido, y empezaba a hacer frío. Al notar esto, Godric se quitó su capa, y me la dio.
- Ponte esto, no vallas a coger frío...- dijo - Ahora tienes que cuidarte.
Ante este comentario, lo miré con el ceño fruncido.
- Oye, que estoy embarazada, no enferma... – respondí.
Dios... con un novio tan sobreprotector como el, me esperaban unos laaaargos nueve meses.
Volvimos al castillo, y como siempre, al llegar al segundo piso nos despedimos con un beso. Pero esta vez fue diferente: fue el beso más tierno que me había dado nunca. Nuestro pequeño había reforzado aún más nuestra unión.
Después de esto, las semanas comenzaron a pasar a toda velocidad. Tanto Salazar como Rowena estaban muy felices con la noticia de que iban a ser ¨ tíos ¨. Lucy y Sophie también lo estaban.
Hablando de Sophie... al parecer mis sospechas sobre Demian estaban totalmente equivocadas: Sophie estaba muy feliz con el, y el ya no era tan reservado y misterioso. Salía con nosotros a menudo, y llegamos a conocerle mejor.
Esto me demostró que no se puede juzgar a una persona basándose en la primera impresión. Desde ese día traté de ser más amable con el.
En unos meses, mi estado se hizo evidente, y todo el mundo en el castillo se dio cuenta. Algunos me felicitaban, pero había otros que me miraban con desprecio. No era de extrañar: en esta época está muy mal visto ser madre soltera (incluso entre los magos), pero ni a Godric ni a mi nos preocupaba lo que pensaran los demás.
En cuanto a la familia de Godric, la noticia también les hizo mucha ilusión. Vinieron al castillo a visitarnos.
- ¡¡ Qué bien, voy a tener un sobrinito !! – dijo la pequeña Ariadna – Ya no voy a ser la pequeña de la familia. Tendréis que dejar de llamarme pequeñaja. – esta última frase la dijo mirando a sus hermanos mayores.
- Ni lo sueñes, pequeñaja – se burló Merric.
Comenzamos a prepararlo todo para la boda, ya que solo faltaban dos meses para que el curso con Merlín terminara.
Desde entonces comencé a plantearme más seriamente a qué me dedicaría después de esto. Hasta que un día lo decidí: me dedicaría a enseñar todo lo que había aprendido a las nuevas generaciones de magos. Recordé unas palabras que el padre de Rowena decía a menudo: ¨El único modo de conservar la sabiduría es trasmitiendo todo lo que sabemos al mayor número de personas posible¨
Les comenté mi idea a Godric, Rowena y Salazar. Me quedé bastante sorprendida cuando me dijeron que ellos habían pensado lo mismo.
- ¿Qué os parece si montamos una escuela de magia? – sugerí.
- No se, Hel... ¿crees que seríamos capaces de dirigirla? – contestó Salazar, dubitativo.
- Por supuesto que si – continuó mi amiga, entusiasmada – Somos lo bastante hábiles para ello.
- Si. Además creo que todo joven mago y bruja tiene derecho a aprender lo que nosotros hemos aprendido – dijo Godric.
- Pues no se hable más: fundaremos la mejor escuela de magia del mundo – accedió finalmente Salazar.
Le comentamos nuestro proyecto a Merlín. El pareció muy halagado con la idea de que quisiéramos seguir sus pasos.
- Me parece una idea maravillosa. Me alegra mucho saber que las futuras generaciones de magos tendrán un lugar en el que recibir una buena educación mágica. Si necesitan ayuda con este proyecto, estaré encantado de brindársela...
- Pues, realmente no sabemos en qué lugar construiremos el castillo, señor... – dije – Quizás usted conozca un buen sitio.
Merlín se quedó pensando unos segundos, y después nos guió fuera del castillo. Desde allí nos dirigimos al lugar que Merlín tenía en mente. Godric y yo nos miramos sorprendidos al darnos cuenta que Merlín nos había guiado a la orilla opuesta de nuestro lago, justo enfrente del lugar en el que nos reuníamos casi todos los días.
El lugar era ideal. Sería allí donde construiríamos nuestra escuela, con el lago a un lado, y el bosque del otro.
