Tengo muchos capítulos preparados, perdonen que me haya atrasado mucho ;).
Capítulo 27: Una conversación.
A mitad de la noche, se sentía sucia y por más que intentaba decirse que todo había acabado, seguía reviviendo los mismos acontecimientos. Apartó las cobijas y se impulsó lentamente hasta que sus pies colgaran de la cama. Necesitaba levantarse y al menos tomar un baño, quitarse toda la sangre y el polvo de su cuerpo. Estaba segura de que podría volver a caminar, si hacía un esfuerzo.
Colocó un pie en el suelo y luego el otro, inspirando fuertemente para convencerse de que podía lograrlo. Lentamente comenzó a impulsarse hacia arriba y resbaló por un momento, pero sosteniéndose de la cama para que sus piernas no cedieran y caer de rodillas. Sus brazos le ardían como si hubiese estado bajo el sol durante horas. Se sostuvo de todo lo que pudo encontrar en la habitación y al entrar en el baño, cerró la puerta tras de sí. Caminó hasta detenerse en el lavabo y alzó la cabeza para mirarse en un pequeño espejo sobre éste.
Al mirar las heridas y marcas que la maldición Cruciatus había dejado sobre su rostro, sollozó una vez más y apartó la vista, abriendo la llave de agua y enjuagándose una u otra vez. Pero eso no borraba ninguna herida.
Retrocedió lo más aprisa que pudo y se apegó a la pared tras ella. Jamás había experimentado algo así y aunque siempre había sido valiente ante las circunstancias, la tortura de la que había sido víctima durante meses, tras la captura que Voldemort había ordenado en su contra y ahora, la tortura que Bellatrix y sus mortífagos le habían hecho pasar, no creía poder soportarlo más.
Caminó hasta la tina y se tomó unos segundos para reconocer ambiente. La tina tenía una ducha y hasta lo prefería de esa manera, siendo incapaz de sentarse en una bañera llena de agua y su propia suciedad. El jabón y otros enseres personales que Snape poseía, parecían haber sido preparados por él mismo. Tenían la apariencia de ser artesanales. Pero no quería pensar en ello, sólo quería limpiar su cuerpo y olvidar que aquellas asquerosas y asesinas manos de Bellatrix, se habían posado alrededor de todo su cuerpo. Una sensación por demás desagradable.
El jabón tenía un aroma dulce, le pareció que era muy parecido al melocotón. Frotó su cuerpo con excesiva fuerza y maldiciendo de vez en cuando, si tocaba alguna herida. Al lavar su cabello, se percató de que tenía un chichón en la parte posterior de la cabeza y apenas podía tocarlo sin que le causara un terrible dolor de cabeza.
Se sentía avergonzada de que una mujer como Bellatrix, pudiera quebrar su espíritu tan fácilmente.
Al salir, tomó la primera toalla que encontró y se percató de que Snape era un hombre realmente organizado. Todo estaba perfectamente limpio y en su lugar. Se preguntó si ese hombre se había divertido alguna vez en su vida. Si alguna vez no había sentido la necesidad de desordenar, solo por el placer de hacerlo. Por supuesto que no.
Y eso le hizo pensar en lo sucedido, horas antes. Se le veía realmente cansado y tan famélico como ella. Como si hubiese pasado días sin comer y sin dormir siquiera. Se había preocupado por su integridad física y la había puesto a salvo, tan pronto había podido. ¿Podía interpretar su acción, como que realmente le importaba tanto como Effy había mencionado anteriormente? Además de aquel extraño beso que le había dado, antes de desearle buenas noches e irse sin explicaciones.
Merlín, se sentía tan mareada con solo pensar un poco. Volvió a recostarse de la misma pared y se dejó caer en el suelo, sentándose para descansar por un momento.
-Ama Minerva...
- Effy. - sonrió ella y de pronto se llenó de lágrimas nuevamente. Apartó su largo y húmedo cabello negro, para mirarla mejor. - qué bueno que no estás herida. Estaba muy preocupada por ti.
- Effy está bien y lo siente mucho por no haber podido proteger a la ama como es debido. Además, Effy le mintió y continuó escribiéndole al amo Snape... acerca de su paradero.
Minerva parpadeó sorprendida y la elfina asintió varias veces.
- Effy sintió mucha culpa de mentirle y desobedecerle, pero no sabía a qué amo obedecer primero. Además, las intenciones del amo Snape eran buenas y sólo quería enterarse de todo, por si la ama llegaba a necesitarlo. El amo Snape apareció en el hostal, el mismo segundo que la ama fue secuestrada. Dijo que había sido una corazonada. El amo Snape tiene días sin dormir y sin comer, pensando en usted y cómo podía rescatarla. Effy creyó que enfermaría, pero el amo no se rindió y ahora la ama está a salvo y en casa.
Aquellas palabras nuevamente, no le permitieron hablar por un par de minutos. Por ello su expresión de cansancio, había tratado de dar con ella durante días enteros.
- Severus te pidió que le reportaras todos y cada uno de mis movimientos...
- Así es, ama Minerva. - sintió que la elfina secaba su cabello con su magia y comenzaba a hilar una crineja con él. - el amo fue con Effy al cuartel y habló con el amo Dumbledore. Le dijo que pese a todos sus intentos por ayudarla, usted seguía desconfiando de él y no sabía como convencerla de que era su amigo y sólo quería derrotar al maligno, tanto como usted. El amo Dumbledore le dijo que debía encontrarla y luego encontrar a Harry Potter y entonces usted le creería.
- Severus...
- El amo Snape le escribió a su tía Luce y visitó la mansión de su madre, visitó Hogwarts, la buscó por todas partes. Effy no está segura de cómo la encontró, pero Effy se encontró el desiluminador que el señor Weasley trajo, en el suelo del salón.
- ¿Arthur?
- No, ama Minerva. La señora Weasley y su hijo, vinieron hace un par de días y trajeron regalos de boda que aseguraron, usted iba a necesitar. El amo tomó el desiluminador con él.
Trató de entender todo lo que había pasado en su ausencia y la elfina, al terminar de trenzar su cabello, le sonrió muy contenta.
- El amo Snape tiene mucho que decirle y estoy segura de que conseguirá que se quede y no vuelva a irse de su lado. Estará segura.
Se puso de pie y tomando la mano de Effy, se dejó guiar de vuelta a la habitación y con un chasquido de sus dedos, el armario de la habitación de Snape se abrió ante sus ojos.
- Effy está segura de que puede encontrar alguna cosa, que la ama Minerva pueda usar.
Casi al amanecer, Severus Snape se puso en pie del sofá donde dormía y volvió a subir las escaleras, abriendo la puerta de la habitación con mucho cuidado. Minerva parecía dormir aún, así que tomó la silla junto al escritorio y se sentó allí, para esperar pacientemente. Había tanto que decir.
En pocas horas, un sol radiante emergió de entre las nubes como si nada hubiese ocurrido y un día común y corriente, como cualquier otro, se suscitara en Hogwarts. Los rayos de sol que se colaban a través de una vieja ventana con blancas cortinas casi traslúcidas, pronto dieron con el rostro de Minerva en la cama.
Ahogó un bostezo y se reincorporó, sintiéndose ligeramente mejor que días anteriores. Miró a su alrededor y se percató de una figura que dormía profundamente, en una silla a su lado. Snape se encontraba dormido y su cabeza colgaba de una forma muy desagradable, luciendo incómodo de mirar. Apartó las cobijas una vez más y alzó las manos, en dirección a la silla. Cerró los ojos y muy pronto, concentrándose lo mejor que podía, la silla se convirtió en un cómodo sofá reclinable.
Hacer magia sin varita, requería de mucha energía y concentración. Además de usarse solo en casos de necesidad.
Sintió que quizá Snape lo necesitaba. Permaneció sentada y esperó. Seguramente despertaría en cualquier momento.
Y así fue. En cuanto el sol se elevó en el cielo, un poco más que antes, los rayos de sol también alcanzaron al profesor de pociones. Se llevó una mano al rostro para despertarse y se movió al sentir que estaba demasiado inclinado en la silla, que podría caerse. Al darse cuenta de que aún no se había caído y que se encontraba en algo mucho menos incómodo, brincó sobresaltado y la mujer no pudo evitar reírse. Se sonrojó al encontrarse con sus verdes ojos.
- ¿Nadie te dijo acerca de lo bien que te ves cuando te sonrojas? - le preguntó Minerva y Snape frunció el ceño, cruzándose de brazos.
- Tú también te sonrojarías si estuvieras a punto de caerte. - le criticó y Minerva se encogió de hombros.
- Yo lo hice. Pensé que estarías más cómodo.
- Sin varita... impresionante. - dijo y la mujer asintió.
- También espero que no te importe lo que hice con tu ropa. - se tomó el tiempo para admirarla. Tenía una de sus camisas de diario pero la había hecho un poco más corta y también en las mangas. Y uno de sus pantalones, seguramente había terminado en aquella falda semi larga, que tenía en aquel momento. Podía ver sus largas y blancas piernas, con un par de raspaduras.
- No me importa. - contestó aún distraído en aquellas raspaduras. - Dime... cómo te sientes, ¿te duele algo?
- Todo mi cuerpo en general y supongo que también mi orgullo, pero imagino que pasará con el tiempo. - dijo y trató de alzar la vista y mirar al profesor de pociones frente a ella. - también creo que es justo que te agradezca por haberme salvado la vida, Severus. Muchas gracias por no haberme dejado morir en manos de esa terrible mujer. Y creo que debería disculparme...
- Soy yo quien te debe una disculpa. - le susurró con una expresión que bien podía interpretar como cansancio. - debí haber manejado la situación en general, de mejor forma. De habernos llevado mejor, esto no habría ocurrido en primer lugar.
- Yo insistí en irme. La única forma de haberme detenido... habría sido que me ataras de la misma forma que ellos hicieron conmigo.
- De todas formas es mi culpa, debido a que no puedes confiar en mí. Si ese no hubiese sido el caso, no nos encontraríamos en ésta situación en primer lugar.
No supo qué decir, tenía razón y la conversación que había tenido con Effy, la noche anterior, le dio mucho en qué pensar.
- Te ves mucho mejor, ésta mañana. - admitió el hombre y fue el turno de la mujer, para sonrojarse ante su mirada sobre ella y si recordaba el cálido beso que había recibido. Trató de concentrarse.
- Desperté a media noche, no podía dormir. Me sentía sucia, asustada, necesitaba remediarlo de alguna forma. Me permití tomar una ducha y creo que tuve una crisis nerviosa en medio del baño. Pero gracias al cielo, Effy estaba allí para ayudarme. Ella entretejió mi cabello. - dijo, tomándolo entre sus manos y acariciándolo con una sonrisa. - y me dijo que tenías algo que decirme, que me sacaría de dudas y evitaría que volviera a irme.
No se había percatado pero sí, la elfina había hecho un buen trabajo y en general, tenía razón.
- Tiene razón en lo que dijo, Minerva.
Esperaba que sus dudas, terminaran de una buena vez. Que lo entendiera.
