Hellow! Otra vez por aquí. Tan solo quiero decirles que disfruten de las sospechas è.é

RanKudoi: toda excusa es justificable, no problem XDDD que deje que? tranquilos a quien? MUAHAHAHAHAHAHAHAHA no me conoces, el relleno no me gusta XDDDDDDDDD por eso principalmente pongo los días, para que puedas ver cuantos días han pasado sin nada que suceda (?) jajajaja Kazuki y Kizuna son adorables. ¿Qué les haré? Leelo y verás XDDDDD por fin las amenazas a Mamoru empiezan a tomar forma ;) ¡qué lo disfrutes!

Humana: jajajaja aiko, pues ni idea... no lo recuerdo (?) jajajajaja hace tiempo que no estudio, te suspenderían seguro (?)

dragonslayerlaxus: cuánto tiempo! XDDDD jajajajajajaja lo de 20 cm es un detalle (si no lo cuentas no lo hubiera sabido (?)) XDDD *O* me encanta cuando alguien se declara mi fan! Gracias por tu review *O*

20 de Diciembre.


Por los Años IV: inicio de la tercera generación

Pesadillas

Pasar la noche abrazados era la mejor manera de sentirse el uno al otro. Asami se quedaba abrazada a él con la mano encima de su pecho y la cabeza al lado de su corazón. Mamoru la rodeaba con un brazo por la espalda y con la otra la cogía del cuello y la mejilla como si fuera a besarla en cualquier momento. El chico seguía sin poder conciliar el sueño. Debía de hacer algo para terminar con esa amenaza que rodaba alrededor de Asami. ¿Cómo? Sin darse cuenta acarició la mejilla de Asami que dormía plácidamente, o no tanto…

— Mamoru duérmete —susurró casi sin voz. El chico giró la cabeza para verla de reojo. Ella abrió los ojos soñolientos y lo miró con cansancio—. ¿Qué ocurre?

— No puedo dormir —respondió él volviendo la vista hacia el techo.

— ¿Por qué? —preguntó ella incorporándose un poco para ver su mirada.

— Tengo un caso un poco complicado —susurró él—. Duérmete, vamos.

— Cuéntame… —Asami sonrió en la oscuridad—. Tal vez pueda ayudarte.

— A ver… —Mamoru pensó un poco para ver cómo podía hacerlo sin darle ningún detalle—. Hay un compañero en la policía que ha recibido una amenaza perfecta. No hay huellas, ni errores en la caligrafía, ni errores de dialecto. Lo recibió en la comisaría. El culpable pasó por en medio de todos los policías completamente desapercibido, dejó el sobre encima de la mesa y volvió a irse sin ser reconocido por ninguna cámara de seguridad, cosa que nos da a entender que se conocía perfectamente el lugar. Con el análisis de la tinta tampoco hemos obtenido ningún resultado positivo, pues es un bolígrafo barato que se podría encontrar en cualquier sitio. Lo único que tiene ese sobre es un poco de perfume, que alguien me dijo que podría ser para disimular y hacer que las pistas fueran hacia una mujer.

— ¿Qué ponía en la carta? —Asami volvió a tumbarse de nuevo e intentó pensar en alguien con esas características.

— Que se encontraran en un sitio a solas —respondió Mamoru—. El único error que cometió el culpable en esa carta era que no dijo ni un día ni una hora para el encuentro, y que también metió el sobre bajo una montaña de papeles, cosa que hace que el policía tampoco sepa cuando le enviaron ese sobre.

— Demasiado perfecto puede ser que sea de dentro de la policía.

— Eso tendría sentido, puesto que lo citó en un sitio de muy fácil acceso, pero también muy abierto a la vista de todos, haciendo que le fuera imposible no ver a posibles acompañantes si quisieran proteger su vida —añadió él.

— ¿Eso es lo que lleva a la policía de cabeza? —Asami lo besó al cuello.

— Detente, no hagas eso —susurró Mamoru.

— No se me ocurre nada más, y puesto que no vas a dormirte…

El grito de Kizuna hizo que los dos se apartaran y se incorporaran de golpe.

— ¿Pero qué le pasa ahora? —Mamoru salió de la cama y se giró hacia Asami—. Duérmete.

— Como si pudiera hacerlo ahora —se quejó Asami—. Ando pensando en la gente que pasa desapercibida en una comisaría.

Mamoru rodó los ojos y luego volvió a mirarla. El jersey de tirantes que llevaba tenía una tira caída hacia su brazo, haciendo que Mamoru tuviera tentaciones de olvidarse de Kizuna. El chico se giró ruborizándose en la oscuridad y salió apresurado pensando en cosas que le hicieran quitar esa imagen de la cabeza. La chica acabada de levantar podía ser mucho peor que cuando se iban a dormir. Se fue a la cama de Kizuna y corrió la pequeña cortina hacia un lado asustando a la niña que estaba llorando. Ella, en cuanto lo reconoció, se abrazó a él con fuerza. Mamoru tiró de ella cogiéndola en sus brazos y salió de la habitación. Miró hacia un lado mientras la niña intentaba tranquilizarse y encontró a Kazuki al medio del pasillo observándolos.

— Kazuki vuelve a dormir, vamos —susurró Mamoru.

El niño negó con la cabeza levemente.

— Monstruo —señaló hacia su habitación.

Mamoru alargó su mano hacia el pequeño que se acercó corriendo para cogérsela. Cuando Mamoru volvió, Asami estaba sentada en la cama, apoyada en el cabezal de la cama. Kazuki se soltó de él y se subió en la cama corriendo para abrazarse a su madre.

— ¿Qué ocurre, Kazuki? —preguntó Asami abrazándolo.

— Monstruo —respondió él casi sin voz y cerrando los ojos. Los brazos de su madre se sentían tan calientes.

— El único monstruo aquí eres tú, pequeño —Asami se rio mientras le acariciaba la cabeza—. Ya verás cómo no hay ninguno.

— Qué día llevamos todos, ¿eh? —Mamoru se rio débilmente sentándose en la cama mientras Kizuna se echaba a llorar más fuerte—. Tranquila, Kizuna.

— La mujer que hizo daño a Kizuna sigue ahí —dijo ella entre sollozos.

— ¿Mujer? —Kazuki miró a su hermana sorprendido—. ¿Pelo largo…?

— Sí, pelo largo —la niña lo miró confundida. Jamás habían tenido el mismo sueño—. Y por aquí —puso sus manos en la frente dando a entender que llevaba flequillo.

— Ropa de flores —añadió el niño.

Kizuna afirmó con la cabeza lentamente, mientras Mamoru y Asami se miraban confundidos.

— A Kizuna la cogió del cuello… aún le duele…

Mamoru soltó a la pequeña y le puso una mano en el cuello, haciendo que ella se apartara.

— ¿Kizuna te duele? —preguntó Mamoru. Ella afirmó con la cabeza. Mamoru pulsó el interruptor para prender la luz, pero esta no se encendió—. ¿Un apagón? —Mamoru frunció el ceño hacia Asami. La chica cogió el teléfono móvil de la pequeña mesa que había al lado y lo acercó a Mamoru. Menos era nada. Mamoru utilizó la luz para ver el cuello de la pequeña. Tenía marcas en su cuello de haber sido agarrada por alguien. Eran huellas demasiado grandes para que la niña se lo hubiera hecho a sí misma en un intento de calmar su dolor de garganta. Mamoru miró a Asami que afirmó con su cabeza preocupada—. Quedaros aquí —susurró el hombre.

Asami cogió a Kizuna y a Kazuki y tiró de ellos hacia fuera de la cama, en una esquina, mientras Mamoru cogía la pistola de la mesa pequeña que tenía al lado y la cargaba. Se aseguró de que Asami y los niños estaban en completa oscuridad. Asami los estaba abrazando, protegiéndolos con su cuerpo. Mamoru marcó los números del teléfono, llamando a emergencias, mientras se giraba. Delante de él había una figura en medio de la oscuridad. Mamoru levantó la pistola hacia ella. El pelo largo hasta su cintura, flequillo que le cubría por completo hasta las cejas, cabizbaja… su vestido largo hasta los pies era de color blanco con manchas que Kazuki y Kizuna habían confundido con flores. Iba descalza y sonreía con malicia.

— Detente… no avances… —dijo Mamoru haciendo un par de pasos hacia atrás, terminando sentándose en la cama, mientras veía que la mujer avanzaba hacia él.

Parecía completamente loca de la manera con la que se movía. Los pies lentamente inseguros y cojeando, los brazos quietos… tenía algo en la mano derecha, que levantó hacia su cara. Por suerte la habitación era grande. Mamoru disparó el arma hacia un lado y la mujer se detuvo.

Asami notaba que los niños estaban temblando después del disparo de Mamoru. Intentaba tranquilizarlos en susurros, pero no podía saber lo que estaba ocurriendo con él. Giró un poco la cabeza para ver, cosa que hizo que los niños también pudieran ver lo que ocurría, aunque estuvieran agachados al suelo.

— ¿Quién eres? —preguntó Mamoru—. No hagas nada o disparo a matar… —tenía el teléfono encendido y de seguro ya lo habían escuchado y grabado en el teléfono de emergencias. 'Hattori Mamoru eres idiota' se dijo a sí mismo—. Estás en la casa de un policía. Vuelve por dónde has venido —cuánta más información diera en voz alta, más rápido los de emergencias iban a actuar—. ¿Qué haces con eso? —la mujer sonrió con tanta frialdad que hizo que en la espalda de Mamoru recorriera un escalofrío.

Prendió un mechero, iluminando su cara y haciendo que los niños gritaran y Asami se quedara por completo bloqueada. Se podía ver su cara desfigurada por las sombras del mechero que tenía en su mano, pero aún así, Mamoru no sabía quién era. No recordaba haber visto a una mujer con sus facciones tan terroríficas a la luz de un simple mechero automático. Justo cuando pensaba que no podía ir más lejos, el mechero cayó al suelo lentamente, produciendo una fogata al medio de la habitación, con enormes llamas que hicieron a Mamoru cerrar sus ojos doloridos. Disparó sin darse cuenta y entonces escuchó algo corriendo hacia la puerta de salida.

— Como si fuera a dejarte escapar —Mamoru iba a seguirla, pero se detuvo al lado del fuego que empezaba a apagarse. Había algo al suelo. Un papel negro, escrito en letras plateadas que no pudo leer. El fuego se apagó de golpe mientras Kizuna y Kazuki seguían gritando y Asami se giró hacia ellos para intentar calmarlos. Mamoru levantó su arma hacia la puerta mientras ponía el teléfono a su oído para hablar con la trabajadora de las llamadas de emergencias.

— Tranquilos, tranquilos —Asami intentaba calmar a los dos niños tan bien como podía, pero los dos no dejaban de gritar y llorar asustados. Les acarició la cabeza levemente intentando calmarlos, pero ninguno de los dos parecía satisfecho con eso. Asami se notaba temblando por dentro. El fuego la había dejado completamente desconcentrada—. Se ha ido, chicos. Se ha ido. No va a volver, ¿me habéis oído? No va a volver —Asami los abrazó de nuevo. Kizuna sollozaba desesperada y Kazuki temblaba, haciendo un sonido con su garganta que a Asami le estaba preocupando demasiado—. Kazuki tranquilo. Todo está bien —intentaba que su voz sonara lo más convencible posible, pero ellos ni siquiera la escuchaban—. Tranquilos.

— La policía está de camino —dijo Mamoru cerrando la puerta de la habitación—. Esperemos que lleguen pronto —se acercó a ellos, asegurándose de que la puerta no se abría. Sin luz y estando él solo, no se atrevía a ir a buscar a alguien que se había atrevido incluso a dejar una nota en el suelo. Iluminó el lugar débilmente con el teléfono y sonrió intentando tranquilizar a todos—. Kizuna, tranquila, ya pasó —la niña se había agarrado a Asami con tanta fuerza que podía ver los dedos de la pequeña emblanquecidos—. ¿Cómo está Kazuki?

— Nada bien —Asami lo miró preocupada, mientras apartaba el niño un poco de ella para verlo en la cara. Mamoru puso la luz del teléfono cerca del niño para verlo bien. Estaba demasiado pálido y parecía mantener la mirada fija en algún lugar. El ruido que Asami había estado oyendo eran los dientes de él apretados con fuerza y moviéndose con lentitud. Parecía estar al borde de un ataque de pánico—. Kazuki se ha ido. Ya se ha ido, no pasa nada —Kizuna se soltó de Asami y se apartó de ellos quedándose en la esquina—. ¿Qué ocurre, Kizuna?

Mamoru miró hacia la puerta. Seguía cerrada.

— Kizuna no quiere que mamá y papá se enfaden —susurró la pequeña entre sollozos.

— No pasa nada, Kizuna —Mamoru le acercó la mano para intentar calmarla, pero la niña se apartó—. ¿Qué ocurre? —Mamoru puso el teléfono iluminándola a ella. Estaba muy ruborizada, con la cabeza agachada y tenía sus manos apretadas en su regazo, estando arrodillada. Habían cometido un error en la educación de esos niños. Eran demasiado asustadizos. Mamoru sonrió lo más cálidamente posible y la cogió de la mano tirando de ella. La abrazó con fuerza—. No pasa nada. Esto es normal, pequeña —Kizuna sollozó de nuevo—. Tranquila.

Mamoru la abrazó con fuerza, mientras se miraba de nuevo la puerta. Cerrada. ¿Qué había sido eso? ¿Quién era esa… mujer? ¿No sería 'ella'?

— Mamoru, Kazuki no se encuentra nada bien —Asami le habló con un temblor en la voz, haciendo que él la mirara—. ¿Qué hacemos?

— Tranquila, déjalo respirar un poco a ver si se calma —Asami dejó de abrazar al niño, para tumbarlo en sus brazos.

— Kazuki —le acarició la frente en un intento desesperado de llamar su atención, pero el niño seguía mirando al infinito y temblando.

Pasaron varios minutos en los que Mamoru seguía vigilando la puerta cerrada, abrazando a Kizuna y Asami intentaba calmar a Kazuki. En algún momento el pequeño se durmió, dejando de temblar, y haciendo que Asami le comprobara el pulso. En cuanto vio que el niño se encontraba bien, Asami lo acercó a su pecho mientras se apoyaba aliviada en la cama. Mamoru sonrió al verla.

— ¿Mala noche? —preguntó.

— Y creía que eras tú el que la iba a tener mala —respondió ella—. ¿Quién era?

— No lo sé, de momento esperemos a que llegue la policía para ver si sigue en nuestra casa —Mamoru rodó los ojos—. Me pregunto cómo ha podido entrar con tanta facilidad. Es una casa alejada y cerramos con candado.

— Tal vez la haya echado al suelo —suspiró Asami.

— Estaba despierto, lo habría oído —Mamoru arqueó una ceja hacia ella.

— ¿Entonces? —Asami lo miró preocupada, girando un poco la cabeza que había dejado caída encima de la cama.

— No lo sé, ya lo veremos —Mamoru la miró con tristeza. Luego la besó en la frente—. ¿Estás bien?

— Cansada de ser la perseguida —respondió ella—. Me preguntó si esta mujer tiene algo que ver con lo que Rai dijo acerca de 'ella'.

— No lo creo —Mamoru intentó desmentirlo, pero su cara decía lo contrario. Asami sonrió, haciéndolo ruborizar.

— Eres un ángel, en serio —susurró ella—. Pero sigues sin poder mentirme, ¿te preocupa entonces que esa sea la realidad?

— Un poco —Mamoru sonrió—. Al menos ella no te ha drogado.

— Sí, pero nos ha hecho pasar un mal rato —añadió Asami.

Ruidos en el pasillo les hizo callar a los dos a la vez. Mamoru apartó a Kizuna de su lado y Asami la cogió en uno de sus brazos, poniéndola de espaldas a la puerta. La puerta se abrió y apareció alguien con una linterna que los dejó sin poder ver.

— ¡Quietos! —gritó un hombre.

— Soy Hattori Mamoru de la policía —dijo él levantándose con las manos en alto—. Yo llamé a emergencias.

— Están aquí —dijo el hombre.

— Seguimos con el resto de la casa —dijo otro.

— ¿Estáis bien? —preguntó el hombre acercándose a ellos.

— A oscuras y asustados —se rio Mamoru.

— Da la sensación de que se ha ido, pero hemos visto rastros de sangre en el pasillo. ¿Estáis heridos? —preguntó el hombre.

— Seguramente es de esa mujer —dijo Mamoru—. Disparé contra ella, así que es lo más probable. No hay luz en la casa, tal vez la cortara antes de entrar. Y ha ido primero a atacar a los niños.

— ¿Están bien? —preguntó el hombre arrodillándose a su lado.

— Sí, más o menos —Asami sonrió tristemente—. Al final hemos conseguido tranquilizarnos entre todos.

— Vacío —el otro hombre entró en la habitación acompañado de otros tres policías.

— Gracias. No me apetecía nada tener que ir a perseguirla yo solo —Mamoru se rio.

— ¿Tanto miedo daba? —el hombre sonrió sarcástico.

— No es eso —se quejó Mamoru medio ruborizándose—. Esa mujer llevaba un mechero y ha hecho un… oh, es cierto… ¿Asami?

— Estoy bien, estoy bien —ella se rio—. Te olvidas pronto de mí.

— Cierra el pico, estaba más concentrado en lo que ha dejado atrás —se quejó él encarándola.

— Oh, claro —Asami giró la cabeza.

Mamoru sonrió.

— Ha hecho como una especie de llamarada con el mechero y al apagarse ha aparecido un papel negro con letras plateadas, por eso he preferido que vinierais —dijo él señalando al suelo.

Todas las linternas se centraron allí. Uno de los policías sacó su teléfono móvil e hizo una foto al lugar.

— Bueno, de momento es mejor que llamemos a la central para que venga más gente —suspiró el primer hombre—. Necesitamos luz y a los científicos investigando la sangre y lo demás.

— Gracias —Mamoru sonrió sentándose en la cama de nuevo—. Asami te presento a Hashimoto Kei.

— Un placer, aunque hubiera sido mejor en otras circunstancias —sonrió ella débilmente.

— El placer es mío —el hombre hizo una reverencia hacia ella.

.

Pasada casi toda la madrugada, habían conseguido restaurar la luz. Kazuki se despertó sobresaltado cuando se prendió. Kizuna no había conseguido dormirse en ningún momento mientras seguía sollozando.

— Tranquilo —Asami lo abrazó antes de que pudiera asustarse al ver que había policías por todo el lugar, haciendo fotografías y demás.

La inspectora Takagi Miwako se acercó a ellos con pesadumbre y cansancio.

— ¿Estáis bien? Me han avisado en seguida cuando llamasteis —dijo la mujer.

— Sí —Asami sonrió fugazmente.

La mujer policía se arrodilló al lado de Kizuna.

— Deberíais de ir a algún otro sitio para intentar descansar —susurró.

— No creo que la casa de Tokio esté segura, tampoco —suspiró Mamoru.

— ¿Qué tal en mi casa? —la mujer sonrió—. Los niños deberían poder descansar.

— No te preocupes, estaremos bien —respondió Mamoru levantando las manos, después de ver la cara negativa de Kizuna. Tampoco hacía falta molestar a nadie—. También podríamos ir a casa de nuestros padres, pero…

— También podría estar vigilada, ¿no? —terminó Miwako.

— Te-chan creo que dijo que tenía una sesión de fotos nocturna hoy, así que seguramente estarán despiertos —Asami miró a Mamoru.

— Buena idea —Mamoru arqueó una ceja y se cruzó de brazos—. Vayamos a la casa de un cantante chiflado que nadie sabe dónde vive desde que se casó.

— Yo sé dónde vive —se rio ella—. Me lo dijo con la condición de que Shouta-oniichan y los demás de los Bullet Junior no se enteraran.

— ¿Tetsuya-ojiichan? —Kizuna pareció aprobar la idea.

Mamoru rodó los ojos y se dejó caer en la cama.

— Me rindo.

Asami se rio.

— Pero Kizuna… —dijo la niña cogiéndose con fuerza al brazo de su madre.

— ¿Qué ocurre? —Miwako sonrió tiernamente y vio como la niña se ruborizaba e intentaba esconderse.

— Vamos a tener que coger la ropa de Kizuna —Asami sonrió hacia la pequeña—. Está bien tener miedo, Kizuna. Es algo normal.

— Sí, lo que no era normal era lo tuyo —se rio la mujer.

— Oye, somos hijos de nuestros padres, era algo normal eso —Asami se encogió de hombros—. Además, los libros de psicología criminal siempre me parecieron más tentadores por estar prohibidos por mis padres.

— Ya —Miwako entrecerró los ojos hacia ella haciendo que Asami se riera.

Habiendo hecho fotos al cuello de Kizuna, en dónde aún se podían ver marcas de dedos agarrando su cuello y asegurándose de que Asami no veía lo que había dejado en el suelo, los cuatro salieron de la casa y fueron acompañados con un coche patrulla hacia el bloque de pisos de Yuki y Tetsuya. Kazuki había afirmado no recordar nada de lo que había sucedido y Mamoru y Asami suspiraron un poco aliviados al ver que no iba a recordarlo. En cuanto habían contactado con el cantante, el chico les había dicho que estaba volviendo a su casa y que los esperaría a fuera. Cuando llegaron allí, él ya les estaba esperando, sentado en el bordillo de la puerta de entrada.

— ¿Qué ha pasado? —preguntó el cantante.

— Luego te cuento —Asami sonrió mientras entraban con los niños a su espalda medio soñolientos.

— ¿No sabéis descansar durante al menos la noche? —preguntó el cantante—. En serio me pregunto el motivo por el que siempre os pasan estas cosas a vosotros.

— Yo sigo preguntándomelo también —se rio Mamoru.

— Aunque a nosotros nos atacan mis fans, no sé qué es peor en realidad —Tetsuya habló con el ceño fruncido. Estaba claro que ese tema le enojaba, así que ni siquiera Asami se atrevió a preguntar.

En cuanto llegaron al piso, Tetsuya les llevo a una habitación para que dejaran descansar a los pequeños y se fue a avisar a Yuki. Volvieron los dos a la parte de abajo del apartamento con Yuki vestida con un pijama de color azul cielo con el dibujo de Bugs Bunny en él.

— Como os riáis os aniquilo —dijo ella.

— ¿Por qué deberíamos de reírnos? —preguntó Mamoru parpadeando confuso.

— Es mi hermana, ¿vale? —Yuki se cruzó de brazos intentando cubrir el dibujo—. Dice que eso les gusta a los niños y cada vez que viene aquí me roba todos mis pijamas y me deja estos —Mamoru intentó cubrir su boca para no reírse, mientras desviaba la mirada—. Como te rías, voy a darte —el chico se mordió el labio inferior y negó con la cabeza para darle a entender que no iba a reírse—. ¿Y qué ha pasado?

— Bueno… —la pareja se miró de reojo.

Yuki arqueó una ceja.

— ¿Os han vuelto a atacar? Pero bueno, ¿es que no podéis ni descansar un solo día? — la chica suspiró largamente, haciendo que Asami y Mamoru se miraran unos segundos. Definitivamente Yuki y Tetsuya eran almas gemelas—. Bueno, descansad, yo me voy arriba, que mañana trabajo.

— Gracias —Asami sonrió tiernamente.

— Hazme un favor y no te metas en más líos —se quejó ella mientras subía las escaleras.

— Como si yo escogiera que me atacaran, 'Bunny' —sonrió Asami con frialdad.

Yuki ni siquiera la miró. Siguió hacia arriba y se encerró en la habitación, enojada. Tetsuya se rio.

— Le has dado bien —el cantante le guiñó un ojo—. Bueno, yo también ando agotado, así que, la casa es vuestra, chicos. Si necesitáis algo, no hace falta ni que lo pidáis.

— Está bien —Asami se giró para irse, viendo que Tetsuya y Mamoru se enviaban miradas preocupadas.

— ¿Me dejas hablar a solas con tu prometido? —preguntó el cantante forzando su mejor sonrisa. Asami sabía que era forzada, pero él la hacía mucho mejor que Mamoru. Ella afirmó con la cabeza y cerró la puerta de la habitación en dónde estaban los niños durmiendo. Asami se tumbó al lado de Kazuki y estiró su brazo para coger a los dos pequeños y protegerlos. La verdad estaba muy cansada—. ¿Y bien? —preguntó Tetsuya en voz muy baja, asegurándose de que ella no podía oírlos.

— Seguramente es 'ella' —susurró Mamoru en el mismo tono de voz. El chico le contó todo—. En el papel ponía algo así como 'no te has presentado a nuestro acuerdo, este es tu castigo'.

— Entonces has conocido a 'ella' —Tetsuya rodó los ojos—. ¿Y? ¿La reconoces? ¿Has podido saber lo que quería o algo? —preguntó. Mamoru negó con la cabeza.

— Se ha largado antes de que pudiera preguntar nada y no tenía la vista muy perfecta, así que tampoco he podido verla bien, que digamos —Mamoru suspiró—. Pero creo que la he visto en otro sitio, aunque tal y como estaba vestida parecía el típico fantasma de películas de miedo, como Sadako.

— Ah, eso… —Tetsuya sonrió débilmente—. ¿Os ha hecho daño?

— A nosotros no, a los niños —susurró Mamoru—. Es como si pretendiera hacerme daño a través de ellos.

— Así que no pretende matar a Asami a la primera, solo pretende hacerte sufrir —Tetsuya frunció el ceño—. Tenemos que evitar que se entere de los puntos débiles de Asami o termi…

— Ya se ha enterado —respondió Mamoru—. Cuando la llevó a Osaka descubrimos micrófonos en la casa, y Asami había estado diciendo a los niños acerca de eso. Además, ya te he dicho lo que ha hecho con un mechero.

— ¿Cómo podemos protegerla? —preguntó Tetsuya—. ¿Qué vas a hacer ahora?

— No lo sé, de momento intentaré descansar un poco y mañana veré como soluciono las cosas —Mamoru bajó la mirada al suelo. Se sentía culpable. Muy culpable—. Gracias por dejar que nos quedemos.

— Anímate —respondió Tetsuya—. Solucionaremos esto del modo que sea, ¿vale?

— Está bien, gracias —Mamoru se giró y se fue hacia la habitación.

Tetsuya observó como cerraba la puerta de la habitación y levantó su mano hacia esa dirección, haciendo como si de una pistola se tratara. Luego hizo el movimiento de disparar.

Requiescat in Pace —pronunció en latín. Se encogió de hombros y volvió hacia su habitación.

Mamoru se quedó apoyado en la puerta. Había podido escuchar perfectamente las últimas palabras del cantante. Miró hacia Asami que parecía haberse dormido rápido por el cansancio. ¿Qué iba a sucederles ahora? ¿Por qué todo el mundo estaba actuando extraño con ellos?

.

Asami se despertó notando su brazo temblar. Miró bajo su brazo y vio que Kazuki se agarraba con fuerza a su jersey. Kizuna estaba al lado de Kazuki sin tocarlo, cosa que hacía que la pequeña no se despertara. Al otro lado de la cama grande, nada. Asami se incorporó observando la habitación. Ahora con luz era mucho mejor que cuando habían llegado, la habitación parecía un poco más acogedora. Había un par de cuadros en las paredes, con fotografías de relámpagos atravesando árboles y una gota de agua chocando contra una cerilla encendida. Asami notó un escalofrío recorrer su espalda al ver ese cuadro. ¿Cómo tenían eso en una habitación en donde el niño podría verlo? ¿Tal vez solo ella opinara de ese modo? En una esquina de la habitación estaba Mamoru con los ojos cerrados, sentado en una silla. ¿Por qué no había podido simplemente venir con ellos en la cama? La cama era suficientemente grande para que los cuatro estuvieran de lado en ella. A su espalda la ventana dejaba pasar el sol de casi mediodía. Asami miró apenada a Kazuki.

— Pequeño, despierta, solo es una pesadilla —Asami le acarició la mejilla y el niño abrió los ojos lentamente—. Solo es una pesadilla.

— ¿Qué ocurre? —preguntó Mamoru acercándose con cansancio hacia ellos.

— Está temblando —dijo Asami—. ¿Qué te ocurre?

— No he podido dormir —Mamoru forzó una sonrisa muy fugaz.

— Papá…—Kazuki se incorporó y se cogió a él. Mamoru lo levantó de la cama, abrazándolo.

— ¿Ya es de día? —Kizuna abrió los ojos.

— Sí, mi amor —Asami sonrió apartándole un mechón del pelo.

— ¿Tenemos que ir al colegio? —preguntó.

— No, hoy no —Asami tiró de su brazo levemente y ella se levantó en la cama. Saltó al suelo cogiéndose a ella, mientras Asami se levantaba y los cuatro salieron de allí.

— Buenos días —Tetsuya sonrió alzando un vaso hacia ellos.

— Vaya, te gusta madrugar a ti también —Asami se rio.

— Nah, prefiero decir que el café me levanta más rápido. Aunque dependiendo del día es el té —Tetsuya se rio mientras volvía sus ojos en el periódico abierto en sus manos.

Todos miraron a la mesa. Había tres platos preparados para comer, un plato completamente vacío y una bolsa de papel doblaba.

— Tengo que irme a la comisaría —Mamoru dejó a Kazuki en una silla y luego besó a Asami en la mejilla.

— Toma —Tetsuya levantó una bolsa de papel cerrada hacia él sin apartar la vista del periódico.

— ¿Qué? —Mamoru frunció el ceño.

— Tu comida, preparada para dar energía —respondió él.

— ¿Cómo?

— ¿No vas a tomar almuerzo después de la noche que habéis tenido? —Tetsuya levantó la mirada hacia él.

— No tenía intención de comer —respondió Mamoru.

— Por eso te doy eso para que te lo comas cuando llegues. Los demás sabía que no se irían, así que… —Tetsuya sonrió satisfecho—, tienen plato.

— Nos conoces demasiado, Te-chan —Asami se rio.

— Podría decirse.

Mamoru empezaba a debatirse acerca de las amistades de todos ellos. No entendía sus pensamientos y ahora, con lo que estaba pasando, aún entendía menos cosas. Pero haberse pasado la noche esperando si los volvían a atacar o no, había hecho que su cerebro permaneciera más tonto de lo normal. 'Coge la bolsa. Tienes hambre y lo sabes'. El olor que venía de los platos le estaba haciendo volver loco.

— Gracias por tu hospitalidad —Mamoru cogió la bolsa y se giró para salir con prisas de allí.

— Hattori —le llamó Tetsuya. Él se giró a mirarlo—. Himitsu me hizo ver algo que tal vez te interese. Ayer no te dije nada, porque todos estábamos un poco dormidos, pero… —Tetsuya sacó un pequeño papel de su bolsillo y lo levantó al aire. Seguía sin apartar la mirada del periódico. Parecía que estuviera hipnotizado por él—. Es una lista de las personas que pasarían más desapercibidas para dar eso —Mamoru la cogió y salió de allí—. No hay de qué —respondió él cuando la puerta ya se había cerrado.

— Discúlpale, no ha dormido nada —susurró Asami.

— No hay nadie que conozca este lugar, así que no entiendo el motivo por el que no debía dormir —Tetsuya la miró—. ¿Cómo estás?

— Cansada de esto —Asami suspiró mientras veía que los niños empezaban a comer el plato que tenían delante. Kizuna se había sentado de rodillas a la silla para poder llegar mejor—. Tener un día de descanso, sin casos ni nada, ¿eso es algo tan complicado?

— Siempre te estás quejando de la mala suerte de tu familia, pero tal vez la familia Hattori también tenga mala suerte —respondió él.

— ¿Qué quieres decirme, Te-chan? —Asami lo miró directamente a los ojos verdes. Llevaba de nuevo una lente de color.

— Bueno, digamos que tampoco te hace ningún bien estar con la familia Hattori. Pero eso ya te lo dije una vez y me podrías considerar pesado por decírtelo una segunda, así que no volveré a decírtelo —Tetsuya volvió la vista al periódico.

— No pienso renunciar a Mamoru, si es lo que me estás diciendo —respondió ella.

— Ese chico dice protegerte, pero la mitad de las veces no lo consigue —Tetsuya sorbió un poco más de la taza que tenía en sus manos—. Asami respóndeme algo… —volvió a mirarla—. ¿Has encontrado jamás un límite? Porque tus ojos me están diciendo que estás llegando a él. Piensa bien en esto y luego respóndeme si tu cuerpo y tu cerebro podrán aguantar otro ataque contra vosotros.

— ¿Aguantar? —Asami lo preguntó retóricamente, pero él afirmó con la cabeza—. ¿Un límite? Te-chan entiendes lo que me estás diciendo, ¿verdad? Tal vez no sepa cuáles son mis límites, pero sé del cierto que no podría vivir sin Mamoru.

— Has estado viviendo sin él los cuatro años en el Laboratorio, el año anterior estuviste escondida, y seis años más en Estados Unidos. No creo que te haga daño vivir sin él una temporada más —Tetsuya volvió la vista al periódico de nuevo—. Te hará bien separarte de los malos ambientes, esta es mi opinión. Ahora tú haz lo que quieras.

— Me ofendes —susurró Asami bajando la mirada.

— Tengo razón entonces, estás llegando a tu límite Asami —Tetsuya la miró preocupado—. Si aún así no quieres alejarte de todo esto, te pido que aguantes todo lo que puedas. Porque ahora dependes también de dos vidas más pequeñas que tú.

— Gracias por ser sincero, pero no he llegado a mi límite, Te-chan. Puedo aguantar lo que venga y más. Mientras esté con él, podré hacerlo —Asami sonrió sentándose en la silla vacía que quedaba.

— Asami, todos tenemos un límite. No quiero ser pesado, así que… —Tetsuya se pasó los dedos por los labios haciendo que los cerraba como si fuera una cremallera. Volvió la vista al periódico y giró la página concentrándose de nuevo en la lectura.

— Vamos chicos comed —Asami sonrió hacia ellos. Los dos habían entendido las palabras de Tetsuya, pero prefirieron no decir ni una sola palabra al respecto—. Nos iremos en cuanto terminéis.

— No tenéis ningún sitio seguro al que ir, Asami —suspiró Tetsuya sin mirarla—. ¿A dónde vais a ir?

— Estamos buscando un sitio, ¿vale? —Asami tampoco lo miró, pero sus palabras hicieron que Tetsuya arqueara una ceja hacia ella. Se había enojado—. Y si no, tenemos a nuestros padres.

— Podéis quedaros aquí, Asami, de verdad.

— Ya os hemos molestado suficiente, Te-chan —respondió Asami con la mirada perdida en su plato—. No podemos molestaros más.

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— Es la misma persona, Mamoru —dijo Heiji en cuanto lo vio entrar por la puerta—. Nos han puesto al corriente —añadió al ver la cara desconcertada que había puesto su hijo—. El mismo tipo de caligrafía y de tinta. La misma delicadeza y el mismo perfume en el papel —Mamoru rodó los ojos. Realmente había sido 'ella' quién había estado en la casa intentando hacer daño a Kizuna y a Kazuki. ¿Por qué? ¿Quién era ella y por qué motivo quería hacer daño a Asami y a los niños? ¿Qué motivo había? Mamoru se acercó a ellos con pereza—. ¿Por qué no nos avisasteis? Podríais haber venido a nuestra casa.

— Precisamente porque eso era lo que no queríamos, molestar a nadie —respondió Mamoru cogiendo el informe que la inspectora le daba.

— ¿Quieres que te pegue? —Heiji arremangó su manga del jersey dispuesto a golpear la cabeza de su hijo, pero el chico ya estaba centrado en los papeles que tenía delante y ni siquiera le hizo caso. Entonces Heiji puso sus manos en su cintura, observándolo atentamente. Mamoru estaba realmente cansado y preocupado. ¿Qué había sucedido con ellos?

— ¿Una peluca? —Mamoru miró a la inspectora—. Entonces, aunque haga una descripción de la mujer…

— No va a servir de nada, Mamoru-kun —respondió Miwako—. De momento yo me voy a descansar. Dejo a tu padre y a Shinichi-kun el resto de la investigación, pero cógete el día libre y vete a descansar de una vez.

— No estoy cansado —mintió él, haciendo que Miwako pusiera sus manos en su cintura mientras lo miraba sin creérselo.

La mujer lo empujó hacia el ascensor.

— No vuelvas hasta mañana, es una orden —dijo ella. Luego lo saludó con la mano como despidiéndose y haciendo que Mamoru pulsara el botón para bajar mientras suspiraba.

Cuando salió de la comisaría, recibió un mensaje de Asami en que le decía que los niños se habían querido quedar con Tetsuya y que ella se iba al colegio de los niños para informar. Mamoru se fue directo al hotel de los Kyogoku, no quería ser molestia para nadie más.

Cuando entró en el hotel, el recepcionista, que ya lo conocía, le indicó hacia el restaurante. Él le saludó amablemente, dándole las gracias y se adentró en la búsqueda de Akira. Lo encontró sentado en la barra, justo delante de su padre que estaba ayudando a los cocineros a limpiar los objetos. Parecía estar molesto, pero Mamoru necesitaba hablar con él. Se sentó a su lado y Makoto lo saludó en seguida, dándole una mirada de advertencia. Mamoru sonrió forzadamente.

— ¿Qué ha ocurrido Mamoru-kun? —preguntó el hombre en seguida.

— Nos han atacado esta noche —respondió él.

— ¿Cómo? ¿Estáis bien? —Makoto lo miró sorprendido.

— Solo ha sido una noche larga, por suerte —Mamoru suspiró—. Intentó ahogar a Kizuna, asustó a Kazuki y dejó una nota que nos ha dado a entender que es alguien conocido.

— ¿Alguien conocido? —Makoto frunció el ceño.

— No como amigo, hace unos días me amenazaba con matar a Asami o a los niños si no hacía algo. Y como no lo he hecho está empezando a impacientarse —respondió Mamoru.

— ¿Quieres tomar algo, Mamoru-kun?

— Un poco de agua, por favor —Mamoru suspiró y él se alejó a paso rápido—. Luego nos vamos en casa de Miyano y me dice algo extraño, que me hizo creer que nos odiaba. Me voy a trabajar y me echan. Este día está siendo demasiado largo.

— ¿Sabes? Deberías de cortar con Asami ya —Akira suspiró sin ni siquiera mirarlo.

Mamoru lo miró confundido.

— ¿Qué te pasa?

— Natsuki se ha ido a otro país por su trabajo.

— ¿Disculpa? —Mamoru parpadeó confuso.

— Te doy el consejo de que te separes de ella de una maldita vez. Solo tendrás problemas si sigues con ella.

Mamoru se levantó del taburete y se alejó a grandes zancadas. Akira ni siquiera lo miró.

— ¿A dónde ha ido? —preguntó Makoto al ver que Akira estaba solo.

— Se ha largado —Akira ni siquiera lo miró a los ojos.

— Akira, ¿qué has hecho?

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Después de llegar al colegio, Asami se encontró con Hiro por la calle y se acercó a él sin pensarlo dos veces.

— ¿A dónde vas tan apresurada? —Hiro hizo su sonrisa traviesa.

— A airearme un poco, supongo —Asami se encogió de hombros.

— ¿Ha pasado algo?

— Ayer nos atacaron y estamos un poco confundidos entre una cosa y otra.

— ¿Otra vez? —Hiro se cruzó de brazos—. ¿No te parece que esto ya llega a pasarse?

— Hiro, lo estás diciendo como si quisiera que cada dos por tres nos hicieran daño —Asami lo miró preocupada.

— Al final eso es lo que parece —se quejó él rodando los ojos—. ¿Puedo ayudarte en algo?

— No, no quiero molestarte más, gracias —respondió ella frunciendo su nariz y luego alejándose a grandes zancadas.

— ¡No te lo tomes tan a mal! —se quejó él—. ¡Pero te recuerdo que hace poco caíste enferma por culpa de eso!

— ¡Cierra el pico, mago! ¡Nadie te ha pedido ayuda!

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Cuando Mamoru estaba regresando en la casa de los Miyano, se encontró con Takeshi por el camino. Andaba concentrado en algo, pero aún así se detuvo unos segundos al ver a Mamoru.

— ¿Va todo bien? —preguntó al verlo enfadado.

— Al parecer no le importamos a nuestros amigos —respondió él—. ¿Y tú? ¿Qué sucede?

— Tengo que ir corriendo con Sara, al parecer Tooichi está haciendo cosas que no son nada normal —Takeshi sonrió tristemente—. Lo siento, por no poder quedarme hablando.

— No importa, también tienes problemas —Mamoru hizo una sonrisa forzada.

— En cuanto lo haya solucionado, os llamo, ¿vale? —dijo él siguiendo el camino.

— Está bien no te preocupes por eso —Mamoru suspiró.

Cuando Mamoru llegó a la casa de Tetsuya, los niños estaban jugando con Tetsuya, persiguiéndolo con trabajo y pidiéndole que se detuviera. Los miró durante unos segundos y sonrió fugazmente. Ese chico no era un peligro. Jamás lo sería. Pero aún así, no podían estar molestándolos, porque terminarían enojándose como los demás.

— Hola, chicos.

— ¡Papá! —los dos corrieron hacia él para abrazarlo.

— ¿Estáis bien?

— ¿Qué haces aquí tan pronto? —preguntó Tetsuya.

— Me han echado del trabajo —respondió él encogiéndose de hombros.

— Qué raro —Tetsuya se rio—. Hablé de lo que me dijiste ayer con Himitsu, ha dicho que intentaría averiguar un poco más, pero no sabemos lo que puede suceder.

— No importa —Mamoru suspiró—. Tampoco hace falta molestar a nadie más.

Tetsuya sonrió.

— No hay ningún problema, porque somos amigos. Hoy por ti, mañana por mí —Tetsuya le guiñó un ojo.

El teléfono de Mamoru sonó. Él lo descolgó mientras los niños seguían abrazados a sus piernas.

— Dime Yui-oneechan.

— ¿Dónde estás? —preguntó ella.

— En casa de Miyano —respondió él—. ¿Por qué?

— Ven ahora mismo al bar con los niños —dijo ella.

— ¿Por qué? —preguntó él.

— Asami me ha contado todo y al parecer ese idiota del hijo de Kaito-san, le ha dicho algo que le ha hecho daño —Yui suspiró—. Así que obligatoriamente venís a dormir aquí hoy.

— ¿Uh? —Mamoru miró el teléfono—. ¿Cómo que obligatoriamente? ¿No quedan más de doce horas?

— ¡Ahora! —gritó ella haciendo que Mamoru se apartara.

— Que sí, que sí —suspiró él con cansancio.

— ¡Ahora he dicho! —gritó ella de nuevo.

— ¡Que sí, que ahora vengo con los niños, narices! —Mamoru cerró el teléfono.

— ¿A dónde? —preguntó Kizuna mirándolo.

— Con Yui-obaachan —dijo él sonriendo—. ¿Quieres ir a jugar con ella?

— Quiero jugar un poco más con Te-chan-ojiichan —dijo ella señalándolo.

— Pero no podemos molestar más a Te-chan —Mamoru se arrodilló y Kazuki se abrazó a él con fuerza—. ¿Qué ocurre, Kazuki?

— ¿Y mamá? —el niño iba escalando lentamente por las piernas de Mamoru para poder cogerse bien a su cuello.

— ¿Quieres ir con ella? —preguntó Mamoru. El niño afirmó con la cabeza frotando las mejillas del hombre con fuerza. Mamoru miró a Kizuna que se quedó mirando callada a Kazuki. Parecía que se estuviera debatiendo en llevar la contraria al niño o por una vez dejar que él decidiera por encima de los dos—. Entonces vamos con mamá, ¿vale? ¿Qué quieres hacer Kizuna?

— Vamos con mamá —dijo ella sonriendo.

— De acuerdo —Mamoru se levantó cogiendo a Kazuki para que no se cayera—. Pesas un poco ya, Kazuki.

— En cuanto Himitsu vuelva del Programa, iremos a investigar con la policía —suspiró Tetsuya—. La persona que está haciendo esto no va a salirse con la suya, ¿de acuerdo?

— No te preocupes, Miyano —Mamoru sonrió—. La policía podrá resolverlo seguro.

— ¿Qué ocurre?

— Tal vez tenga que hacer caso a ese ochenta y uno y no acercarme más a vosotros —respondió Mamoru—. Tal vez sea que estoy pensando demasiado, pero llega un momento en que sé lo que debo hacer. Yo protegeré a Asami y los niños, aunque sea lo último que haga, Te-chan, no se te ocurra olvidar eso.

— Sí, estás pensando de más, pero tus decisiones son libres de mis comentarios. Porque seguirás sin hacerme caso por mucho que te diga yo —Tetsuya bajó la mirada. Mamoru le estaba diciendo que alguno de ellos les estaba traicionando ni siquiera podía defenderse ante eso, porque jamás hubiera creído escucharlo de la parte de Asami—. Pero déjame decirte algo, Mamoru —lo miró directamente a los ojos—. No creo que Asami esté de acuerdo en lo que acabas de decir. Puede que estemos actuando fríamente o que empieces a sospechar de nuestros comportamientos, eso es aceptable, pero Asami no podrá recuperarse de tu muerte, ¿me has oído bien? Así que no se te ocurra morir en el intento. Nosotros habrá algún día en que no podremos estar más a su lado, tenlo presente.

— Tus palabras son aún más hirientes que las de ayer —Mamoru miró a Kizuna—. Coged vuestras cosas —soltó a Kazuki al suelo. Los niños corrieron a la habitación y salieron con sus mochilas en la espalda y arrastrando la bolsa pesada de Mamoru. Él cogió la bolsa para colgarla en su hombro y cogió las manos de los niños—. Miyano Tetsuya, no soy quién para decirte nada, pero creo que sería mejor que te alejaras de nosotros, no sea que eso te salpique demasiado y los medios terminen enterándose de ello.

— Haré caso de tus consejos. Gracias por preocuparte —Tetsuya hizo su sonrisa más fría mientras lo observaba alejarse hasta la puerta y salir. En cuanto escuchó el ascensor cerrando sus puertas con un leve pitido, golpeó la mesa, tumbándola al suelo, con todo lo que había encima de ella—. ¿Palabras hirientes? ¿Quién narices las dice si se puede saber? ¿Qué he hecho para que ese inútil me llame traidor?

Tetsuya observó atentamente la ventana, por dónde la luz del sol iluminaba su casa. Había fracasado por completo. Cuando Asami y él subieron en ese avión para ir a Estados Unidos, cuando él tenía trece años, ella le dijo que en cuanto regresaran, quería presentarles a sus amigos. Tetsuya se había reído de ella, pensando en que una chica con cambios de humor tan repentinos, era muy poco probable que tuviera más amigos que los Kuroba y él, que la aguantaban por ser la que los había unido. Pero ella, solo sonrió diciéndole que quería que todos se llevaran bien, porque eran todos muy importantes para ella. Había fallado estrepitosamente y eso de seguro que Asami no se lo perdonaba.

Se sentó al suelo observando la mesa caída y los platos y tazas rotas. Incluso Yuki sería capaz de enojarse con él, preguntándole el motivo por el que no le había detenido e intentado convencer de lo contrario. Pero él no había podido nunca contra Hattori, y jamás podría convencerlo. Hattori se había ido y tampoco podía cogerlo a la fuerza delante de los niños. Hablar con Asami también estaba descartado, porque Mamoru le prohibiría hacerlo. Tetsuya no era un traidor, ni ninguno de los demás, pero era normal que Hattori Mamoru llegara a desconfiar de todos ellos. Se golpeó con fuerza en su rodilla. Tenía que hacer algo en lugar de arrepentirse. En cuanto Himitsu volviera, se metería de lleno en esa investigación. Iba a terminar cuanto antes con la persona que los estaba amenazando, para poder arreglar las cosas con ellos. Lo haría, aunque fuera lo último que hiciera.


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Próximo capítulo: 'Feliz año nuevo: la verdad sobre Hondou Eisuke'.