El compromiso
POV Bella
Sentí mi cuerpo cansado y las extremidades completamente flácidas por las sensaciones que me habían golpeado la noche anterior. Giré mi cabeza tratando de acomodarme pero todo se quedó inmóvil al notar que un enorme brazo me aferraba celosamente a su costado. Traté de acurrucarme un poco más pero la incomodidad me había sofocado. Me giré sobre mi propio cuerpo con lentitud y quedé recostada mirando su cara frente a frente.
–Estás aquí– Dije bajito–. No puedo creer que haya sido real todo– Y sonreí.
El pecho de Edward subía y bajaba con cadencia y una bella sonrisa de dibujó en rostro mientras dormía. Se veía tan frágil y perfecto que no quise despertarlo al querer acomodarme más. Sus cincelados labios estabas semi abiertos ahora y su cabello broncíneo alborotado le daba la sensación de salvajismo, no pude evitar morderme los labios. Su delgado pero bien trabajado cuerpo estaba desnudo bajo las finas sábanas de algodón y la luz del día comenzaba a nacer por la ventana donde la torre Eiffel nos saludaba.
–Bella…– Murmuró tan bajo que apenas me di cuenta y giró su cuerpo hacia mí apretándome aún más.
Creyendo que estaba dormido, me dejé abrazar más a su pecho el cual, cubierto de una fina capa de vello me froté contra su piel. Su olor me inundó y cerré los ojos disfrutando la sensación.
–Buen día – saludó besándome el tope de la cabeza.
Alcé la mirada y me encontré con dos brillantes orbes verdes que se escondían sutilmente bajo sus pestañas infinitas y pobladas. Le sonreí como una tonta y coloqué mi cabello despeinado hacia atrás para poder verlo mejor.
–Buen día – respondí y suspiré.
–¿Cómo estás? – preguntó alzándome a la altura de su cara.
–Feliz ¿Y tú?
–También lo estoy – Y tocó mi cara con la punta de sus dedos–. Siento que esto es un sueño y no quiero despertarme.
Me alcé sobre mis codos y lo miré alzando una ceja expectante. Edward seguía acariciando mi cara con la punta de las yemas mientras sonreía sin contenerse.
–¿Piensas que soy un sueño?
–Siempre lo he creído, Bella. Eres definitivamente alguien tan perfecta que no pareces real, sino un sueño.
–Pues soy real– Le respondí –. Y estoy aquí, contigo. ¿Lo ves?
Alcé mi mano izquierda frente su mirada y ambos miramos fijamente el hermoso diamante blanco incrustado en el anillo de oro blanco que me había dado la noche anterior. Nos echamos un vistazo rápido y después comenzamos a reír con alegría y de un momento a otro, nos quedamos callados. Mi mano se deslizó desde su pecho desnudo hasta su cara y ahí, lo acaricié lentamente. Edward se quedó callado y cerró los ojos disfrutando mi roce. Me subí un poco más a su cuerpo y comencé a besarle levemente los labios, un sordo gemido salió de su garganta y apuñó los ojos como aguantando las sensaciones.
Me removí un poco y noté la ligera marca en las sábanas que indicaba que esa noche había perdido mi virginidad, Edward también la había visto y me sonrío con ternura, sabiendo que él había sido el primero en mi vida.
–Bella – Jadeo.
–Dime – Dije besándolo aún.
–Te amo – Y recibió mi boca con más plenitud–. Eres maravillosa y solo mía.
Rozó mi lengua con la suya y en mi vientre, empezó a nacer el deseo por Edward. Instintivamente, alcé mis brazos en torno a su cuello y sus piernas se alzaron levemente en torno a las mías. Se levantó alzándome y chillé riendo mientras colocaba su boca en mi cuello. Me senté sobre sus piernas desnudas y el roce de su sexo entre las mías, envió un escalofrío de placer en todo mi ser.
–Te amo – respondí también –. Soy tuya, toda tuya, lo sabes y también sabes que te deseo, siempre ha sido así.
–Mujer, hablas de deseo y mi cuerpo tiembla por ti– Y me besó la boca mordiéndome los labios.
Mis senos desnudos se quedaron a la altura de sus labios y como niño travieso me miró con una sonrisa pícara. Negué divertida leyéndole los pensamientos y asintió haciendo caso omiso de mis negaciones sordas. Me removí de mi lugar y sentí como la erección crecía bajo las sábanas. Una carcajada salía de nuestras gargantas y mientras trataba de salir corriendo, entornó sus brazos alrededor de mi cintura y con la boca atrapó uno de mis pezones.
Me quedé estática y me mordí los labios sintiendo como la humedad de su lengua mojaba mi piel. No pude evitar comenzar a apretarle lo hombros y hacer la cabeza hacia atrás de manera provocadora; Edward aprovechó la situación para apretarme aún más a su cuerpo y atrapar firmemente mi seno entre sus labios. Sentí plenamente la manera en cómo me mordía ligeramente sin hacerme daño. Subía y bajaba como la noche anterior que habíamos estado juntos por primera vez y de la nada, atacó mi otro seno.
Gemí sin esperarme aquella acción de su parte, jalé su cabello para después verlo a la cara y noté como el verde de sus ojos se volvía más sombrío por el deseo. Me mordí la boca y hundió su cara entre mis dos senos aspirando el olor de mi piel.
–Te necesito, Bella.
–Yo también – Y sonreí–. No sé cómo fui capaz de soportar todo este tiempo sin ti.
–Me vuelves loco, mujer – Y besó mis omoplatos suavemente –. ¿Sabes qué sentí cuando nos separamos todas esas veces?
Me quedé seria y lo despegué de mí para mirarlo fijamente. Edward gruñó por la negación que le había dado pero volvió a besarme nuevamente los pechos y parte de los hombros.
–¿Qué sentiste? – Pregunté tocando su despeinado cabello y pegándolo más a mi cuerpo.
–Que me moría, Bella– Y se subía hasta mi cuello para poder tomar con su boca mi lóbulo lo que me hizo jadear de la excitación.
–Fui una tonta, ¿no es así? – inquirí cerrando los ojos, sintiéndolo.
–No – respondió seriamente –. Yo fui el tonto, siempre quise – Y su lengua recorrió mi cuello haciéndome erizar la piel de mis brazos – Negar lo que sentía por ti. Pero mírame ahora – Pidió–. Estoy como un loco bebiéndote, Bella. No puedo vivir sin ti.
–Eres insaciable, ¿Cierto? – Reí apretándome entre sus brazos.
–¡Oh señorita Swan! No tiene usted la menor idea – respondió riendo–. Y menos cuando se trata de usted, jamás habrá suficiente de ti.
Movió sus caderas rozando su sexo con el mío, lo que me hizo jadear involuntariamente. Me estaba seduciendo y sabía que no era difícil desearlo. Siempre había sido así en realidad, todo el tiempo había deseado a Edward, incluso cuando ni siquiera teníamos horas de conocernos. Recordaba aquella primera fantasía que había tenido en el baño de la pensión cuando llegamos, cuando comencé a tocarme sola con la sensación de que él lo estaba haciendo. Me mordí la boca recordando y apreté los ojos ahogando gemidos.
–¿Te está excitando algún pensamiento, Bella? –Preguntó rompiendo mis cavilaciones.
Abrí los ojos y me encontré con su mirada seductora y verde. Sonreí haciendo un puchero y asentí traviesamente. Mi hermoso hombre abrió los labios sorprendido y a la vez preocupado pero no lo entendí del todo.
–¿Acaso tuviste una fantasía?
–Algo así– respondí sin miedos.
–¿De qué? – Preguntó alzando una ceja en tono celoso.
Reí por los absurdos pensamientos que crecían en su cabeza pero decidí que debía contarle lo que la mi mente maquinaba. No era para más, él y yo estábamos comprometidos y la sola idea de que en algún momento compartiríamos una vida, juntos, me indicaba que si sería la esposa de Edward Cullen, debía ser sin secretos.
–¿Recuerdas cuando estábamos en la pensión y llegamos a Francia? – Y me acomodé mejor en su regazo–. Yo tuve una fantasía.
–Recuerdo ese día – comentó sonriendo–. La primera vez que dormimos juntos. ¿Cómo olvidarlo? –Y su sonrisa pícara resaltó en su delgado rostro–. Pero ¿qué pensaste? – Preguntó.
–Yo… –Y aclaré mi voz–. Mientras tomaba una ducha, fantasee con que abrías las puertas del baño y me hacías el amor mientras nos mojábamos– puntualicé mordiéndome el labio.
Sus ojos se abrieron de golpe y me miró a la cara con firmeza. Su erección crecía más y más tocándome suavemente lo que hacía que la poca lucidez que tenía en mente poco a poco se esfumara.
–Mmm Edward – Gemí tomándolo del cabello–. Puedo sentirte mi amor.
–Quiero complacerte – murmuró cerca de mi cuello.
–¿De qué hablas? – inquirí sintiendo como mi cuerpo se preparaba para él.
–Haré realidad tus fantasías.
Me tomó alzándome lentamente y se paró de la cama conmigo en brazos. Caminamos hacia el enorme baño de la casa. Era de color azul y muy espacioso, tenía tina e incluso un jacuzzi enorme con enormes pedazos de cerámica finamente pegados alrededor. También había un stand enorme con perfumes, cremas de afeitar y demás neceseres masculinos intactos, me quedé sorprendida porque jamás había visitado ese baño, era muy privado y jamás había indagado tanto en la casa, apenas y me atrevía a entrar en la cocina.
Frente a la regadera, había un enorme espejo de cuerpo completo adornado con flores silvestres que estaban pintadas sobre el vidrio. Me quedé estática mirando a mi hombre en desnudez, conmigo en sus brazos y su erección rozándome el cuerpo. Sonrió al notar que lo miraba y el rubor inundó mis mejillas.
–Comienza a bañarte – Y me colocó sobre el piso del baño dándome un beso en la frente–. Volveré en un segundo.
Se retiró dejándome frente a mi imagen desnuda y cerró la puerta sordamente. Me quedé estática y respirando hondo recordando sus palabras.
"Haré realidad tus fantasías"
Me mordí la boca y sentí como las paredes de mi vagina se contraían por la expectación de tenerlo como la primera vez que lo había deseado. Me metí bajo la regadera y comencé a abrir las llaves lentamente para poder nivelar la temperatura del agua. Estaba tibia y agradecí enormemente la sensación que relajaba mis músculos tensos, enjaboné mi cabeza un poco y después retiré los restos de la espuma. Me estaba enfadando por el retraso de Edward, así que levemente decepcionada, me comencé a enjabonar el cuerpo para poder salir. Cuando me lavaba, la cortina del baño se abrió de golpe y un enorme pecho subía y bajaba con deseo violentado que provocó que comenzara a temblar por la expectación. Sus ojos verdes me veían de todos los ángulos posibles. Se acercó a mí con paso firme y me sujetó de los brazos con fuerza provocando que paulatinamente se mojara conmigo, sus brazos se entornaron en mi cintura y su mirada firme se posó en mis senos que se erguían en su leve roce aniquilador.
–¿Ya te ibas a ir? – Preguntó desafiante.
–Yo… Yo…– Tartamudeé–. Pensé que no vendrías.
Negó sonriendo y me pegó a la pared fría del baño lo que me provocó un escalofrío enorme que me hizo temblar. Tomó mis cabellos húmedos en mi nuca e hizo hacia atrás mi cabeza de manera suave mientras el agua nos golpeaba levemente.
–Bella… ¿Cómo iba a ser yo capaz de fallar a mi palabra?
–Edward…– Jadeé excitada–. Amor… No hagas eso.
–¿Hacer qué? – Preguntó bajando hacia mis senos.
–Seducirme– Gimoteé suspirando–. De ese modo tan… Lento. Me…
–¿Mmju?– ronroneo con la lengua en mis pezones.
–Me… Mmm… Estoy… Dios, Edward. Por favor hazme el amor– imploré.
–¿Ahora? – Inquirió con una sonrisa en los labios mientras sus enormes manos se deslizaban por mi piel húmeda.
–¡Sí! – imploré.
Me acerqué como pude a sus caderas para poder sentirlo pero con fuerza sobre pasadora, me empujaba para que de tal modo yo no pudiese seguirlo o sentirlo. Chillé desesperada. Estaba tan excitada creándome expectativas placenteras de lo que podía ser estar de nuevo sintiéndolo en mi interior y aquel pensamiento me hizo jadear involuntariamente. Cuando alzó el rostro noté que su mirada había cambiado, tenía el presentimiento de que era capaz de leerme la mente pero aun así, disfrutaba de hacerme esperar.
–Por favor– Le pedí casi rogando.
–Oh Bella– Dijo sonriendo con malicia– Cuando me dijiste que tenías fantasías conmigo– Gruñó bajo–. Nunca pensé que solo escucharte me haría perder los estribos. ¡Mierda nena! Te deseo – Y me comenzó a besar con la lengua rozando la mía–. Te prometo hermosa, que no te decepcionaré.
Me tomó entre sus brazos y con esa sonrisa suya tan pícara me comenzó a besar con desesperación. Tomó mi cara entre sus gruesas manos y su lengua me mojó los labios una y otra vez y de la nada su mano derecha desapareció de su lugar y se colocó sobre mi ingle. Me sobresalté pero no hice más que gemir y jadear sobre su boca. Edward se sentía tan caliente de las extremidades que no hice más que apretarme contra él. Me miró y con sus ojos me pidió un permiso para continuar algo inesperado. Asentí sin más, confiaba en él plenamente. Colocó su índice y dedo medio entre mis piernas y comenzó a masajearme lentamente haciendo retorcerme de placer. Mi nudo de nervios comenzó a agitarse levemente por las caricias y sin más, sentí como mi vientre temblaba anunciándome que un poderoso orgasmo me abatiría sin control.
–Nena – Gimió mi prometido–. Estás tan húmeda. Vente para mí.
Y sus palabras me arrastraron consigo. Las piernas se me hicieron flácidas y el mundo reventó en miles de pedazos haciendo que me perdiera en dos hermosos ojos verdes. Me sentí tan extasiada gritando su nombre y moviendo las caderas de manera mecánica entorno a sus maravillosos y viriles dedos. Me tomó entre sus brazos y me comenzó a besar de nuevo con desesperación.
–Es tan hermoso verte explotar en un orgasmo, preciosa. Y ahora –Dijo tomándome de una pierna–. Vas a sentirme a mí.
Sentí como ambos pies se alzaban de las baldosas y el agua ahora resbalaba entre los dos. Me mordí la boca al notar que tenía puesto ya un preservativo y que malicioso me miraba atento a la cara.
–Edward… Mmm– Gemí–. Házmelo mi amor…
Gruñó bajo.
–Sujétate hermosa– Y me alzó cerca de sus caderas–. Enrolla tus piernas en mi cintura.
Ansiosa lo obedecí y sentí como su sexo se colocaba en la entrada del mío. Lo miré a los ojos atentamente y de golpe entró en mí colmándome deliciosamente.
–Argg, Edward– Gemí.
Era como si nos perteneciéramos desde siempre y hubiésemos sido creados para encajar a la perfección. Sus caderas se movían dentro de mi primero con suavidad, mucha para mi gusto. Mis paredes se contraían violentamente pidiendo que acelerara más y moví mi cuerpo en un vaivén en el afán de querer sentirlo más.
–No te sueltes Bella, me voy a mover más rápido.
–Hazlo ya. Edward.
Pegó su frente a la mía y subió y bajó dentro de mí haciéndome sentirlo mucho más.
–Míranos nena – dijo jadeando–. Somos perfectos.
Giré la cabeza hacia es espejo y noté como el cuerpo del hombre que amaba y el mío se perdían y unían con exquisitos, lentos y poderosos movimientos placenteros. Yo abría la boca por cada deliciosa embestida que le daba y arañaba su espalda por la capacidad de mi cuerpo, que resistía y recibía gustoso aquella virilidad suya. Busqué sus labios con desesperación y metí mi lengua dentro de la suya, comenzó a jadear cada vez más alto y se detuvo violentamente. Salió de mí con mucha delicadeza pero no del todo, y me comenzó a besar de manera muy húmeda.
–Esto es maravilloso, Bella– Y de nuevo vio al espejo la imagen de dos amantes insaciables.
–Lo sé, mi amor– Jadeé con la cabellera y todo el cuerpo húmedo.
–Quiero sentirte de nuevo– Gimió–. Necesito hacerlo de nuevo.
–Pues hazlo – ordené acalorada.
Y como obediente hombre entró de golpe de una estocada haciéndome gritar su nombre con vehemencia pero esta ocasión no fue lento ni tierno; tomó mis caderas con fuerza clavándome los dedos y moviéndose con mayor rapidez. Los brazos gruesos de Edward temblaban y su boca se ocupaba de la mía, haciendo que todos mis gemidos fuesen depositados en sus labios y así, sordamente salió de mí y puso mis manos contra las baldosas.
–Demonios, nena… ¿Confías en mí?
–Sí-i– temblé.
–Prepárate, mi amor…– Amenazó seductoramente–. Voy a hacer que te derritas.
Y así alzó mi trasero en el aire y comenzó abrir mis piernas a una velocidad normal y de esa forma me penetró de manera mucho más profunda haciendo que mi espalda se erizara y las paredes de mi vagina se apretaran en torno a su sexo. Llegó incluso más de lo que había sido la primera vez haciéndome sentir en mucha más plenitud. Mi espalda era besada y acariciada por las manos de Edward quien de vez en cuando pegaba su pecho contra mí obligándome a arquearme, cosa que disfrutaba porque me hacía sentirme mucho más colmada.
–¡Mierda Bella! – Dijo apretando los dientes –. Que rico se siente.
–Edward… –Gemí poniendo los ojos casi en blanco–. No pares… –Pedí.
Aumentó más la velocidad de sus poderosas embestidas haciéndome gritar y jadear involuntariamente. Mis manos se afianzaban a las baldosas como si de eso dependiera mi vida y mi anillo resplandecía con el leve goteo del agua.
–Mon amour– Dijo excitado–. Te amo, preciosa.
–Te amo, Edward… Mmmm.
Y se detuvo de nuevo. Mis paredes se apretaban un poco más en torno a su sexo y mi prometido comenzó a entrar y salir con lentitud. Me estaba matando. Entraba y salía una y otra vez, una y otra vez me llenaba con plenitud. Dos veces con lentitud y la tercera era una estocada fuerte y dura, sin consentimiento.
–¡Oh!
–¡MIERDA!
Y sentí esa conocida sensación haciéndome temblar el universo. Los senos se me irguieron más y noté como Edward se ponía más tenso a mis espaldas y otro poderoso orgasmo me golpeo el cuerpo. Él seguía moviéndose aun dentro de mí, gimiendo a mis espaldas y masajeándome los senos mientras yo era arrastrada por aquellas emociones y sensaciones tan placenteras.
–Edward… Mi amor... –Jadee–. Me estás matando, cariño.
–Aguanta nena, por favor – Dijo apretando los dientes.
Un tercer orgasmo se avecinaba, sentía que iba a morir entre las cuatro paredes de esa húmeda habitación. Sus manos seguían sobre mis senos y de vez en cuando me mordía la espalda y de la nada a una velocidad mortífera comenzó a penetrarme fuertemente, una y otra vez. Me tomó del hombro para poder apoyarse y halarme hacia atrás para hacer mucho más fáciles las penetraciones y en plenitud gritamos por el éxtasis al que habíamos llegado al mismo tiempo.
–¡Bella! – Gritó liberándose dentro de mí y yo caí rendida entre sus brazos.
Nos quedamos acostados sobre unas toallas limpias en las baldosas del piso y me recosté sobre su pecho escuchando su acompasado corazón. Su respiración estaba agitada pero lentamente comenzaba a aclimatarse. Sus brazos se entornaron a mi cuerpo y comenzó a llenarme de besos.
–¿Cómo estás? – Me preguntó con la voz ronca.
–Bien– Contesté medio adormilada.
Edward río por lo bajo y me apretó más a su lado, yo me acurruqué a su costado sintiendo su cuerpo húmedo.
–¿Fue como en tu fantasía? – Preguntó sin vergüenza pero con una clara sonrisa en sus labios.
–¿Bromeas? – Pregunté en forma seria lo que provocó que se tensara–. ¡Fue increíblemente maravilloso! – y me recosté a manera que estaba sobre su pecho apoyada en mis manos.
–Eres tan hermosa, futura señora Cullen– Y me besó las manos con suavidad.
–Y para ti, ¿Qué tal…?
–¿Fue? –Dijo completando mi pregunta.
Asentí en silencio esperando no haberme creado demasiadas expectativas.
–Bella – Y acarició mi cara con sus dedos largos y suaves–. Hacerte el amor, es una de las mejores cosas que me ha pasado en la vida, después de haberte conocido claro está– Y me besó los labios con ternura–. Jamás había sentido tantas sensaciones juntas y poderosas… – Me miró a los ojos y sonrió–. Te amo tanto Bella, hacerte el amor es como ir al cielo y pensé que jamás conocería el paraíso.
–Edward…
–¿SÍ?
–Te amo como no te imaginas.
–También yo, Bella. Eso jamás lo dudes– Y suspiró–. No sabes que ansioso me pone convertirte en mi esposa.
–Yo también quiero estar contigo, de todas las maneras– Suspiré–. De todas las formas humanamente posibles.
–Y lo estaremos – Prometió.
–Sí– Dije sonriendo– Pero primero… Hay que decirle a Charlie.
–¿Qué crees que opine mi suegro de que me lleve a su pequeña?
Reí por lo bajo y besé su mentón.
–Creo que no le gustará.
–Bueno– dije colocando sus manos alrededor de mi cuerpo–. Tendré que arriesgarme.
–También hay que decirles a tus padres– Comente estirándome.
–Harás tan feliz a mi madre, Bella.
Alcé una ceja expectante y lo miré pidiendo respuestas de manera silenciosa.
–Creo que verte a ti, hará que estalle de alegría.
–Tengo que ir a verla, es cierto. Debe de estarla pasando fatal – Y en su cara se formó un puchero de tristeza.
Lo acaricié y abracé con fuerza dándole mi apoyo y Edward se destensó al sentirme. Como si mis caricias fuesen un bálsamo de ternura que lo hiciera curar.
–Vamos a verlos hoy mismo mi amor, quiero que sepan que nos casaremos.
–Me parece perfecto– Y sonreí.
Se paró lentamente y caminó hacia una de las barras donde había un pantalón deportivo, se lo enfundó e hizo su cabello húmedo hacia atrás, parecía una estrella de comercial hasta en las ropas más sencillas. Me quedé mirándolo extrañada y levemente decepcionada, no quería que si vistiera y mucho menos que me dejara sola envuelta en toallas y en el piso; pero antes de que pudiese decir algo, me tomó entre las toallas envuelta y me cargo en brazos como recién casados. Yo chillé por la sorpresa y Edward sonrió feliz, caminó descalzó hasta el dormitorio y me depositó suavemente en el colchón. Me enredé un poco más entre las ropas y mi hermoso prometido volvió con una de sus camisas y mi maleta. Traté de alcanzarla para vestirme pero me lo impidió.
–Tranquila hermosa, déjame hacerlo yo.
Buscó entre mis pertenencias mi ropa interior y un sostén. De manera silenciosa y con el dedo me ordenó que me girara para abrocharlo. Tomó mis bragas y se arrodilló como príncipe ante mí, extendí la pierna y de manera tierna mientras las subía, marcaba un camino de pequeños besos hasta mis caderas y finalmente, tomó su camisa de lino blanco y la deslizó por mis brazos lentamente hasta que la abrochó.
–Gracias.
–Eres tan hermosa, Bella. Es un placer vestirte, pero sobre todo – Comentó besándome los labios con pasión –. Es más grande el placer cuando te desnudo.
–Siempre robándome el aliento, señor Cullen– Comenté batiendo mis pestañas con sensualidad.
–Lo que sea por usted, señorita Swan – Y besó mi mano con vehemencia–. Dime ¿Tienes hambre?
–Mucha – Respondí sonriendo.
–Entonces…– Dijo alzándome en brazos – Permítame alimentarla, señorita.
Bajamos las escaleras con lentitud y me depositó en el suelo frente al enorme balcón que daba a la torre. Ahí la mesa de enfrente estaba finamente colocada y servida con platillos exquisitos y deliciosos. En el centro, había un ramo enorme de rosas escarlata, las que siempre me había regalado. Como festín había tostadas, jugo fresco, huevos, tocino, bagget, y café; mi estómago gruñó violentamente y no era para más después de toda la agotadora actividad física que había tenido hacía apenas unos minutos. Tomó una rosa del centro, la besó y me la ofreció sonriendo.
–Para el amor de mi vida…– Y me besó la boca–. Ni todas las flores del mundo podrán ofrendar tu belleza.
–Edward… Te amo – Respondí–. Gracias.
–A ti –Comentó– Por haberme dado la mejor noche de mi existencia, por hacerme tan feliz y por haberme dicho que sí. Todo esto, mi amor– Señaló con los brazos abiertos –. Es para los dos.
–Gracias. Todo se ve tan delicioso, mi amor.
–Esta es la razón por la que tardé un poco a llegar al baño– Confesó recordándome que yo estaba molesta ya por su tardanza y alzó la ceja con seriedad.
–Lo siento, no sabía qué hacías esto – Comenté apenada.
–Espero que la espera haya valido la pena.
–En definitiva – Dije enredando mis brazos a su alrededor–. La espera hacia a ti y todo lo demás, siempre ha valido la pena.
Comimos entre charlas, sonrisas y besos. Cuando menos me percaté de que habíamos terminado el reloj apenas y marcaba las 8:45 am. Me tendió la mano y yo se la di sin reparos y volvimos caminando hacia la alcoba de los dos. Cuando crucé el umbral me di cuenta de que ya no me sentía de la misma manera, todo lo bueno en mi vida comenzaba. Se colocó tras mi espalda y me abrazó con fuerza aspirando el olor de mi cabello aun húmedo.
–¿Qué piensas?
–Nada – Respondí sonriendo–. Simplemente que soy feliz.
–Me alegra escucharlo de sus labios, señorita Swan– Y me giró para verlo de frente –. Eso es mi única misión en la vida.
–Me haces feliz, Edward. Me alegra que estés conmigo.
Apretó más sus manos entorno a mi cuerpo y colocó si quijada en la hendidura de mi hombro.
–Tú me haces estar vivo, mi bella flor americana. No hay nada que se le compare a esto mi amor y jamás lo habrá.
–Te amo, Edward.
–Te amo, Bella. Pero – dijo besándome las mejillas – ¿Qué te parece si vamos a visitar a mis padres?
–Eso estaría bien y bueno – comenté haciendo un puchero – También estaría bien llamar a Charlie y Renée. Deben estar preparando la soga de donde colgarán mi cuerpo.
Edward dio una sonora carcajada y me besó los labios dulcemente.
–No te preocupes Bella, que si eso sucede yo voy detrás de ti mi vida. Además– Comentó seriamente–. No quiero quedarme viudo antes de poder siquiera casarme.
–Buen punto, señor Cullen – Y envolví mis manos entorno a su cuello–. ¿Qué haría yo sin usted?
–No lo sé mi vida – Y me alzó en el aire –. Quizás… Estarías mejor.
–No lo digas ni jugando, Edward– Y pegué mi frente a la suya–. Sin ti, ni siquiera estaría viviendo plenamente… Yo no sería feliz o ni siquiera estuviese viva. No sería nada, mi amor.
–Swan – Dijo respirando con brusquedad mi esencia–. ¿Cómo es que logras hacerme sentir tan humano cuando siempre fui un animal?
Sonreí por sus tontas palabras, Edward definitivamente no tenía la menor idea de lo que en realidad sentía por él. Las cosas que pensaba de sí mismo siempre eran mayoritariamente decepcionantes a tal punto que me hacían irritar por sus simples gestos de amargura. Me había decidido a ser feliz por primera vez en mi vida y aquello que teníamos y apenas nacía entre los dos era lo más importante de mí existir. Después de toda deliciosa odisea matutina, nos decidimos por fin cambiarnos para dirigirnos a la casa de los padres de Edward. Lo reconocía, claro que sí pero el hecho de ir a la casa de mis futuros suegros, me hacía sentir como la villana que los había privado de él por al menos una gloriosa noche. Pero no me arrepentía en lo más mínimo, ya que había sido la mejor de mi existencia.
–¿Cómo crees que reaccione tu madre después de que le digamos lo de la boda? – Pregunté mientras Edward me abrochaba el cinturón de seguridad como si fuese una niña pequeña.
Una sonrisa atravesó su rostro bello y me miró con ternura para después darme un beso en los labios de manera traviesa.
–Creo que Esme estará encantada contigo, además no es nada difícil amarte.
Oww.
Sonreí como una tonta, porque simplemente era lo que yo pensaba de él, no era nada difícil enamorarse de él y la prueba nata era que inclusive, antes de haberlo besado.
–Eres tan dulce.
–Soy un demonio Swan– Comentó sonriendo – Eres la única que me ha convertido en un ser humano– Y me besó introduciendo la lengua en mi boca con vivida pasión – y estoy locamente enamorado.
Un jadeo se escapó entre mis dientes. Me sentía como la chica que rompía las reglas y se escapaba con el sujeto malo que todos temen, ahora yo era la mujer del chico malo que en realidad todas deseaban.
Cuando llegamos a la residencia de Los Cullen, una punzada de nerviosismo se instalaba en mi pecho y después bajó hacia mi estómago. Sentí como el simple hecho de ver a Edward descender del Aston Martin, me hacía temblar las rodillas en las meras expectativas y aunque no supe el por qué tenía tantos nervios, al sentir la cálida palma de Edward sobre la mía, aquel temor se disipó.
El viejo mayordomo de la casa nos recibió con una cálida sonrisa, abrazó a Edward con mucha ternura y lo sostuvo ahí por un momento.
–Harold, estoy bien – contestaba a Edward a algo que el hombre no decía.
–Me alegra verlo de nuevo, joven Edward.
–Me alegra estar aquí – Respondió separándose un poco. ¿Mis padres están en casa?
–Sí – Acertó el hombre –. Su madre está en el jardín y el señor Carlisle en el despacho.
–Los iré a visitar, Harold. Ven, Bella. Es hora de que te presentes oficialmente – Y me tomó de la mano para caminar dentro de la pieza.
El hogar mostraba el mismo aire frío que había presenciado la noche anterior durante la cena. Ahora la seguridad estaba en mí, puesto que él ya estaba conmigo y nada nos separaría, ¿quién diría que en menos de 24 horas volvería otra vez pero comprometida? El recorrido hacia la casa fue un poco largo, mis suegros vivían prácticamente en una mansión de cinco estrellas a la cual, había sido invitado la cenicienta que ahora se convertía en princesa.
Caminamos en silencio, la mano de Edward se afianzaba a la mía con naturalidad y elegancia mientras jugaba con la punta de mis dedos. Yo estaba segura de cada paso que daba, honestamente había tenido peores miedos a comparación de lo que era escuchar la aceptación o no de los padres de Edward. Sabía que juntos lo lograríamos todo. Cuando llegamos al final del camino, encontramos una puerta que daba a una pequeña terraza. Un jardín hermoso lleno de rosas rojas escarlatas llenaba el lugar haciéndolo oler de una manera dulzona y relajante.
–Ya veo de dónde salían las rosas– Comenté apretándolo del brazo.
Edward sonrió cómplice y me miró divertido.
–Esme no sabía que las tomaba de aquí.
Abrí los ojos sorprendida mientras aun caminábamos.
–¿Le robabas a tu madre las rosas?
–Eso se escuchó feo – Comentó frunciendo el ceño dulcemente –. Pero no es del todo cierto– Y su sonrisa se iluminó –. Yo también planté de estas rosas, solo que… –Y su mirada se perdió en algún recuerdo suyo –. Desde que comencé a pensar que la universidad no valía la pena y toda esta loca odisea comenzó, yo dejé de hacerlo – y me miró coquetamente – además, si compras rosas no tienen el mismo valor.
–¿A qué te refieres?
–Cualquiera puede comprar rosas, Bella. Pero nadie se atreve a robarlas y mucho menos estas tan especiales, tienen un mayor significado.
¡Oh!
Y al fin, llegamos a espaldas de Esme, se veía tan apacible y tranquila pero uno oscura tristeza la abatía. Noté como Edward se tensaba al mirar así a su madre, era como el simple hecho de que ambos pensáramos al mismo tiempo, qué habría pasado con esa dulce mujer si él jamás hubiese regresado. Y entonces lo vi a los ojos y asentí.
Edward caminó hasta su espalda y colocó suavemente su mano sobre su hombro para no asustarla, Esme se recargó sobre ella con dulzura y sintió la calidez de su mano.
–Lo extraño, Carlisle. No sabes cuánto me hace falta nuestro hijo.
–Ya no más– contestó Edward –. Aquí estoy mamá.
Esmeralda se levantó casi volando de la emoción, las lágrimas de felicidad amenazaron con salir y aquello fue un cuadro hermoso madre–hijo que no me permití romper. Los brazos delgados de la mujer se afianzaron con mucha ternura alrededor de Edward y este, gustoso la aceptó.
–Mi niño– Comentó llorando – Estás aquí.
–Si mamá. Volví.
–Tenía miedo – Confesó gimoteando – de no volver a verte más.
Edward torció la boca y me miró.
–Perdóname, mamá. Fui un tonto.
–No digas eso, hijo. Tú volviste y eso es lo que importa – Y me miró sorprendida–. Bella, ¿tú lo trajiste?
Yo me quedé estática y sonreí mirando a mi prometido. La madre se despegó de su hijo y furtivamente me tomó entre sus delgados brazos apretándome suavemente.
–¡Oh gracias, Bella! Gracias por esto.
–Esme – dije sonriendo– yo no hice nada, él volvió porque quiso.
–Volvió por ti, Bella. Míralo, está fascinado contigo, siempre lo supe.
Alcé una ceja expectante y la miré dudosa.
–¿Siempre?
–Claro–Respondió y noté que mi hombre se sonrojaba–. Se puso como un loco cuando te buscó, lo hubieras visto, no había poder humano que lo detuviera. Y ahora volvió con nosotros, ¡Carlisle! ¡Carlisle!, ven aquí – gritó de la emoción.
El hombre de cabellos rubios y gesto pasivo salió corriendo desde el corazón de la casa con rumbo hacia el jardín en donde nos encontrábamos todos. Su cabello despeinado y su cara desfigurada por la preocupación se destensaron en cuanto miró a su mujer sonriente conmigo en brazos.
–Dios mío, Esme. Pensé que te había pasado algo.
–No – contestó abochornada, sonriendo y conmigo cerca –. Mira lo que la vida nos ha traído– Y me mostró a mí para después girar su cara hacia atrás y Edward quedó a la vista. Los ojos azules del doctor se encontraron con los verdes de Edward y como niños pequeños caminaron a paso rápido para darse un fuerte y honesto abrazo.
Carlisle Cullen, estaba sonriendo y por fin, después de tanto tiempo, lo veía sonreír con ganas.
–Hijo mío, es bueno que hayas vuelto.
–Tenía que hacerlo, papá. Por ti, por mi madre, por Bella.
–Lo sé, sabía que volverías– Y lo miró a la cara con dulzura paternal–. Te echamos de menos.
–Perdónenme – Contestó viéndonos furtivamente a todos– Por haberlos hecho sufrir de tal modo.
Esme me soltó y caminó hacia su familia con alegría en los ojos.
–No, hijo. No tenemos nada que perdonarte, nosotros te amamos y sabremos comprender – Y se corrigió un poco aclarando su garganta – o más bien dicho, trataremos de entender todas las decisiones que tomes, tienes 27 años ya y créeme hijo que siempre serás bienvenido a esta casa.
–Tu madre tiene razón, Edward. Siempre te recibiremos con los brazos abiertos.
–Me alegra escuchar eso – dijo sonriendo y entonces caminó hasta mí y me tomó de la mano con suavidad–. Porque quiero decirles algo.
Me sentí nerviosa y sabía que mi prometido lo había notado, ya que me había tomado con mucha más fuerza y dulzura de la mano. Entendí mientras avanzábamos juntos y en ese instante, que la vida siempre nos había puesto un millón de obstáculos y caminos que nos hacía creer que el mismo universo se empeñaba en destruirnos de un solo golpe, pero a veces, solo a veces, había rachas de buena suerte. O quizás jamás la hubo y este siempre había sido nuestro destino, porque por más que nos separábamos, nos volvíamos a unir. Algunas cosas eran duraderas, otras se esfumaban cual latido de corazón y suspiro, pero siempre habría de tenerlo a él. Mi madre siempre decía que la palabra eternidad unida con amor, era algo fácil de decir, pero complicado de sentir. Solo uno que sentir, cuando la verdadera persona que amaremos por siempre, llegara a nuestro mundo y lo cambiará todo. No era algo físico que explicar, porque no todos sentíamos las mariposas en el estómago o el insomnio del amor añorado.
A mi parecer, todos amamos de forma diferente, unos con ternura y tranquilidad, otros con odio mezclado en pasión y que usualmente terminaba mal y había otros tantos, como Edward y yo, que nuestro amor había crecido en medio de la tempestad, las lágrimas, los engaños y la inequívoca forma de enamorarnos sin rostro, sin identidad y sin fundamentos. Amar por amar o amar por un motivo. Yo no tenía ninguno, solo amaba a mi hermoso hombre de hierro forjado porque así me nacía, no importaba siquiera si tenía un nombre, un apellido o una estirpe azul, siempre amaría a Edward Cullen, solo y totalmente por quien en realidad era.
Y así, frente a sus padres, me besó de las manos y los miró a los ojos fijamente.
–Me voy a casar con Bella. Estoy total e irrevocablemente enamorado de ella y es por eso, que aquí frente a ustedes, reafirmo mi amor por ella, pidiéndoles la bendición a nuestra unión y esta vez– comentó sonriendo – haré esto de la manera correcta, pidiendo a mi hermosa mujer en santo matrimonio.
Esme se quedó callada, en mi mente chasqueé la lengua un poco cohibida por su silencio y noté como los patriarcas de mi futuro marido se miraban el uno al otro. Si, aunque ellos no lo quisieran, yo sería su esposa, estaba decidida, pero en menos de lo que pensé, la señora Cullen, chilló de alegría en su lugar y se abalanzó para abrazarme y darme muchos besos en las mejillas.
–¡Bella!, ¡Hijo! Felicidades mis amores, sabía que me toparía con esto en cuanto las cosas volviesen a la normalidad, ¿no es así, Carlisle?
–Así es – comentó abrazando a su hijo enorme –. Algo nos decía que tu visita no era más que un buen presagio. Felicidades, hijo.
–Gracias, papá– respondió mi chico ojiverde.
–¿Y para cuando piensan casarse? – Preguntó la mujer que ahora lucía un hermoso sonrojo natural en sus sanas mejillas.
Edward y yo nos miramos fijamente y yo no pude evitar sonrojarme.
–Aún no tenemos fechas, pero primero me gustaría hablar con Charlie, el padre de Bella.
–Sí – contribuí –. Debemos hablar con papá antes de siquiera pensar en casarnos.
–Quizás con una llamada, esté bien– Apunto Esme abrazada firmemente a su marido.
Abrí los ojos de golpe, era mala idea pensar en eso, definitivamente no. Ni siquiera había hablado con él desde que me había marchado, así que era mala idea.
–Me gustaría primero hablarle antes de decirle algo – Comenté tratando de apaciguar las aguas.
Edward me miró sonriente y me besó la frente con ternura y entonces leí de sus labios un "Claro mi amor" que comprendí perfectamente.
Pasamos parte de la tarde charlando. Según a palabras de Carlisle, Esme estaba comiendo aún más de lo que lo había hecho en los últimos meses y su estado de ánimo estaba más que saludable. Pero con todas esas emociones juntas en un solo día, al caer la noche, se había quedado dormida en el sillón de la sala mientras bebíamos té. Edward la llevó hasta su habitación y al notar la hora, decidimos que era mejor volver a casa y descansar. Carlisle, me agradeció en privado todo lo que había hecho por él, aunque honestamente no sabía a qué se refería en realidad, yo lo tomé de las manos y me despedí de él dulcemente con un beso en la mejilla, prometiendo que volveríamos en cuanto arreglásemos las cosas con Charlie "Papá oso" Black.
–¿Cómo te sientes? – me preguntó cuándo las luces de la carretera se veían a lo lejos.
–Cansada – Respondí– Pero feliz, ¿Y tú?
–También, mi amor.
–Me alegra que tu madre esté mejor.
–Sí – Dijo acelerando – Yo también estoy contento por ello, es lindo verla sonreír.
–Es más lindo verte sonreír a ti, Cullen. Mírate. Estás irradiando– Comenté riendo.
–Mira lo que provocas, Swan – Y se río –. Hasta parece un sueño – dijo a media sonrisa triste.
Lo miré ceñuda, ¿de nuevo estaba pensando en eso? ¿Por qué creí que me esfumaría?
–Siempre – Comenté rompiendo su atención hacia un recuerdo no muy grato – creo que te pierdes en un lugar al cual no tengo acceso, ¿qué te pasó, Edward?
Apretó las manos entorno al volante y suspiró cansado. Noté que había algo en sí que no le agradaba pero tenía la necesidad de decírmelo.
–Hay cosas de mí que, me hicieron ser así, Bella. No sabes todo de mí.
–Tengo toda una vida para conocerte– Respondí sonriendo y entonces noté como su cara se fracturó en un amargo sentimiento.
–Yo… Bueno, hay algo que quiero confesarte – Y giró el volante hacia la derecha para seguir el camino–. No sé qué pienses en realidad de mí.
–Edward, me estás asustando.
–De acuerdo, no pretendo hacerlo – Respondió– Pero quizás cambies tu forma de pensar de mí.
–Dilo ya – exigí nerviosa.
Pasó una mano por su cabello de manera nerviosa y después me miró furtivamente para después girar su vista hacia la carretera.
–Recuerdas que la primera vez que viajamos juntos en el avión, me preguntaste acerca de ¿por qué tenía problemas con las relaciones?
Claro que lo recordaba, ese día, Edward me había pedido que lo tuteara pero yo no se lo permitía. Vaya que era chica dura.
–Claro, ¿qué ocurre?
–Me hiciste recordar mi pasado, Bella. Un pasado que me hizo vivir una mujer.
¡Oh!
–Dímelo.
Se quedó pensativo y se remojó los labios mientras se quedaba en silencio y nos estacionábamos frente a la casa. Se bajó del auto muy serio y noté que las cosas continuarían dentro de la casa. Una parte de mí se sintió ansiosa, oh no, no quiero más secretos. Tomó mi mano y encendió la alarma del Aston. Subimos en silencio hasta la alcoba y mi mis labios se pusieron aún más rojos por la mordida que les daba.
Me sentó suavemente en la cama mientras se desabrochaba la ropa y miraba por la ventana con las manos nerviosamente colocadas en el bolsillo del pantalón.
–Edward habla por favor, me está matando verte así.
–Bella – Dijo de una forma un poco asustado – ¿recuerdas lo que te pasó en el avión ese día?
–Sí – contesté –. Ese día estabas muy pensativo.
–Ese día – Y su voz se volvió tembloroso de la voz – Yo recordé a Tanya.
Me exalté un poco por el nombre pero no proferí ningún sonido, mis manos se posaron nerviosamente sobre mi regazo y suspiré. Al notar que no diría nada, continúo hablando.
–Esa mujer – comentó como si no le agradase hablar de ello al respecto –. Fue mi novia.
–Edward, no entiendo.
–Espera– Me pidió–. Las cosas no acaban aún, Bella – Y de nuevo camino hacia la ventana. Ella y yo estábamos juntos en la universidad. Me sentía – Y se lamentó – de alguna forma muy bien estando a su lado.
Y lo miré pensativa.
–Yo le iba a pedir que se casara conmigo, Bella. Pero ella me traicionó cuando se acostó con otro hombre.
¡Dios mío!
–¿Y qué ocurrió?
–Lo que debía pasar, Bella. La boté de mi vida y desde ese momento renuncié a todo… Hasta que te conocí.
Mi pobre, Edward.
Me levanté para abrazarlo y besarlo lentamente, quería consolarlo.
–Eso ya no importa, mi amor. No importa nada más, tu y yo estamos juntos ahora– Le repetí con dulzura.
–Bella– Comentó con seriedad –. El hombre que se acostó con ella, fue Jacob Black – Y mis labios se abrieron al par – Y de alguna forma, yo quise buscar mi venganza en ti, pero no se lo dije a nadie… Terminé enamorándome mi amor.
Mis sentidos se agudizaron, ¿cómo era que yo era parte de un pasado que jamás había escuchado? Cálmate Isabella, me dije a mi sola, esto debe tener una explicación, además, él dijo que era parte de su pasado, se acabó todo aquello. De repente, sentí que no debía estar herida. Edward había sido parte de un sinfín de cosas malas, cosas mismas que lo había hecho de ese modo y yo, de alguna manera, lo entendía. No era la indicada para juzgarlo, ni mucho menos culparlo por las estupideces que había hecho mi hermano, en una retrospectiva diferente, en realidad él era otra víctima del engaño. Lo amaba con toda mi alma, así que debía velar por él y entonces, mirando mi hermoso anillo de compromiso, sonreí feliz porque aquel estúpido pasado, lo había traído hacia a mí con toda la pasión guardada y ese corazón violento y ansioso de amor.
–No me odies – Me pidió de rodillas –. Yo te amo, mi amor, te amo con toda mi alma y quiero estar contigo. Eso ahora ya no me importa.
–Ni a mí – Contesté parándolo y apretándolo entre mis brazos–. Te amo, Edward. No me importa más que el presente, no me importa más que tú.
–Pero…
–Escúchame – Comenté sonriendo –. Sé que en realidad te sientes mal por lo que me acabas de confesar pero debo decirte, que me siento más honestamente agradecida que no tengas secretos conmigo. Es más importante para mí, vivir en la cruda verdad pero consciente de con quién estoy que vivir entre fantasías y morir con la verdad mañana.
–Eres grandiosa – Y me tomó del rostro para besarme –. ¿Cómo es que eres tan buena?
Sonreí por los pensamientos que me asaltaron mordiéndome los labios, pasé con la lengua por su rellena boca masculina y la mordí sensualmente.
–Quizás no sea tan buena como dices, mi amor.
–Oh Swan – Gimió –. ¿Qué estás planeando? ¿Acaso intentas matarme? – Preguntó con una mano sobre mi cintura mientras descendía hasta mi trasero.
Me apretó suavemente haciéndome gemir por la caricia y subí mecánicamente la pierna entorno a sus caderas. La parte del zipper de su pantalón comenzó a levantarse levemente por la excitación, provocando pequeños pero sensuales roces entre mi entrepierna.
–Debería cobrármelas todas– Dije apartándome de él mientras un sonoro gruñido se instalaba en su animal pecho.
–No me hagas eso.
–¿Hacer qué? – Pregunté respingando mi trasero en el aire, mientras mis manos desabrochaban la blusa y movía sensualmente mi cabello.
La agitación de Edward se aceleraba mucho más y sentí como el cuarto ascendía en temperatura por su irradiante calor, era la mismísima sensación de estar cerca de una estufa caliente y eso me hizo temblar. Y así, dejé caer mi blusa en el piso frío de la alcoba y quedé en sostén para después dejar el trasero al aire mientras me desabrochaba el pantalón y lo bajaba con las manos con lentitud.
–Le donne mi fanno impazzire (Mujer, me vuelves loco) – Siseo entre dientes.
Me sonreí y mordí los labios lentamente, me quedé frente a él a una distancia un poco alejada y noté como la erección de mi hombre se asomaba entre sus pantalones. Los ojos verdes de Edward era fuego y oscuridad, Dios, cuanto ansiaba perderme en ellos.
–Debería cobrarme todas las cosas malas que han pasado – Y comencé a bajar lentamente el tirante del sostén mostrando gran parte de mi piel.
Sus pupilas se dilataron y de la nada, como encantado con lo que veía, comenzó a desnudarse solo desabrochándose la camisa y dejándome a la visa sus hermosos y bien marcados músculos. Sentí como la combustión interna me quemaban por dentro y por mi entrepierna, comenzó a irradiar el calor del deseo.
–Te pagaré lo que sea, nena. Hazme explotar si es lo que deseas– Comento jadeando.
–¡Oh señor Cullen! No me haga tan tentadora oferta – Y moví más mi trasero –. ¿No ve usted que podría abusar de mi autoridad? – Y metí mi mano entre piernas para rozarme levemente.
Sentí como el fuego me abrazaba al sentirme mis dedos contra mi piel, un sonoro quejido salió entre mis dientes y la respiración de Edward era todo lo que escuchaba aún más agitada de lo normal.
–¡Mierda nena!, harás que me venga con solo verte.
Seguí mi camino entre mi nudo de nervios y toda mi feminidad. Algo delicioso se aproximó hasta mí, hasta que la conocida sensación de placer se asentó en mi vientre bajo haciéndome doblar las piernas con elasticidad. Me recargué a la pared levemente, donde con la otra mano, estrujé mi seno derecho provocándome más placer. Pensé en Edward, en la sensación que me había regalado esta misma mañana, su enorme cuerpo dentro de mí y esos movimientos lentos y sexis que hacía para torturarme divinamente.
–Oh Edward… – Gemí – Que rico.
Y con los ojos cerrados, dos esposas de hierro se forjaron con fuego a mis muñecas haciéndome perder mi concentración. Cuando abrí mi vista, noté que sus hermosos ojos verdes me miraban con deseo, locura, pasión, desenfreno, amo, lujuria, ternura; todo deliciosamente mezclado en un verde ocre que me hizo perder los estribos.
–Te has metido en un problema, Swan.
–Entonces, castígame por ser mala – respondí alzando una ceja.
–Oh nena – sonrió ladino con la erección a más no poder–. No sabes en lo que te has metido.
Me alzó en el aire al ras de sus caderas bien marcadas y noté como el muy listo, estaba desnudo. Yo chillé de risa al sentir su piel contra la mía y de la nada, la tapó con su enorme mano y me miró a los ojos mientras con la otra se ponía un condón.
–Tranquila hermosa– Dijo sonriendo y yo lo miraba desafiante a los ojos–. Sentirás al animal que has despertado, mi amor. Sujétate fuerte – Y me agarró del trasero arrancando mi ropa interior–. Esta bestia te hará gemir.
Y de una estocada, entró en mí colmándome. Con un gritó ahogado por su gruesa mano, jadee mientras me aferraba con la vida hacia su grueso cuerpo viril. El sexo de Edward palpitaba violentamente en mi centro y mis paredes se contraían con más fuerza debido a la velocidad que estaba tomando. Su cuerpo con el mío, mojado por el sudor se resbalaba entre nuestras extremidades y aun así, sentía la necesidad de tenerlo más cerca.
–Bella… –Gruñó – Esto es completamente delicioso.
Su mano se apartó de mi boca y jadee como nunca lo había hecho.
–Ed-edwa-r-rd…
–¿Sí, mi amor? – Y su respiración ruidosa me desconcentró.
–Má-áss.
–Claro mi reina– Contestó sonriendo.
Ambas piernas fueron tomadas en el aire y con sus dos enormes manos, me sujetó por los muslos, en donde sus palmas se apretaron en mi trasero, dejando su mano entera en cada nalga. Estaba tan adentro de mí, que ya lo sentía parte mío. Era la sensación explosiva que me abatía y que hacía que todo mi cuerpo perdiese el control y ahora, donde ambos nos perdíamos, éramos uno solo.
–Mierda nena, como me encanta es-st-oo.
–Edward, ¡Edward! Te amo, te amo – Repetí juntando nuestras frentes.
–Bella, mi niña hermosa, te amo… Te amo… Sé mía siempre… v Gruñó al mismo tiempo que yo sintiendo como su sexo se extendía dentro de mí.
Yo apuñé los ojos, su virilidad era enorme dentro de mi frágil cuerpo, sentía que iba a explotar.
–¡CARAJO NENA! Ya no aguanto más – gruñó.
–¡Argg! ¡Edward!
Y de golpe, ambos explotamos uno dentro del otro. Las extremidades se me entumecieron y tuve la necesidad de erguir la cabeza para sentirme colmada al fin. Se quedó dentro de mí mientras me besaba dulcemente y poco después, salió lentamente, para después llevarme a la cama. Noté con los ojos un poco abiertos, que se iba hacia la habitación del baño y volvía para después recostarse a mi lado.
–Duerme, hermosa. Te amo.
–También te amo, mi amor.
Y me quedé dormida junto al cálido pecho de mi prometido.
–¿Y se puede saber cuándo pensabas decirme que estabas en Francia?
Charlie al teléfono era más pesado que incluso en persona. La sonrisa de Edward estaba totalmente ancha en su bello rostro perfilado mientras jugaba con mi cabello tranquilamente y picaba un waffle.
–Tranquilo papá, no es para tanto.
–¡Oh Isabella Marie Black! Un día de estos… Un día de estos.
–Papá, ¿siempre estarás así?
–Hija, sé que eres una adulta pero jamás dejarás de ser mi niña, ¿entiendes eso?
–Carpe diem, Charlie – Comenté sonriendo.
Edward sonrió y me besó los labios.
–Ladina, pero dime ¿qué demonios haces de nuevo allá?
Me tensé pero me mordí los labios mientras Edward me decía que tenía que atender el teléfono en silencio.
–Vine por una persona.
–¿Edward Cullen?
–Siempre acertando, papá.
–¿Y qué pasó? ¿Cuándo volverás?
–Cuando arreglé las cosas por acá, no creo que tarde demasiado.
–¿Arreglar las cosas? ¿De qué hablas Bella? ¿Te paso algo?
Y aquí iba de nuevo bombardeándome de preguntas.
–La verdad es que si – sonreí al notar que Edward me miraba asintiendo, reconociendo que esa era la señal para decirle a mi padre. Tomó mi mano y me besó los labios.
–¿Qué pasó?
Pasé saliva ruidosamente y suspiré cerrando los ojos.
–Papá…
–No me asustes, Isabella.
–No, no te preocupes por favor. Es que, daré un gran paso en mi vida y quiero tu apoyo.
–Te escucho.
Y entonces entendí que era el momento de decir la verdad, miré los ojos verdes y no sentí miedo.
–Estoy enamorada, papá y me voy a casar con Edward Cullen.
CHAN CHAN CHAN CHAN
Muajaja Charlie sacará el revolver jajajaja
espero que les haya gustado hermosas :D
saludos y nos leemos en el penúltimo capítulo de esta historia :D
